Sesshomaru seguía caminando, su objetivo era el de acabar con Magatsuhi y recuperar aquella espada que no corta nada pero que con ella había podido revivir a Rin. Por esa razón tenía cierto aprecio por esa espada.

El había permitido que Rin viajara con el esta vez y era por la seguridad de ella. No quería que su enemigo buscara utilizarla de alguna forma.

-Señor Jaken-dijo Rin al ver que el pequeño demonio al fin despertaba.

-Amo Sesshomaru está vivo-dijo Jaken con lágrimas en sus ojos-

-¿Pensó que no iba a vivir?-pregunto Rin inocentemente pero echando más leña al fuego.

-¡no! Siempre supe que el amo Sesshomaru le ganaría a ese estúpido monstruo-dijo Jaken.

-Pero el monstruo sigue vivo y se llevo a tenseiga-le contesto Rin lo cual causo el desmayo del pequeño- Señor Sesshomaru ¿Por qué tenseiga estaba brillando antes de que le fuera arrebatada? –

-Trató de sanar mis heridas-respondió Sesshomaru sin despejar la mirada de su camino.

-Ah…-respondió Rin un tanto pensativa- Gracias por dejarme volver con usted- dijo la joven con su típica sonrisa. Sesshomaru solo le dedico una mirada y eso basto para darse cuenta que ella se encontraba con una herida en su brazo. Camino hasta ella y sostuvo su brazo y lo observo más de cerca.

-Es solo un rasguño-dijo Rin sonriendo- seré mas cuidadosa.

-No pude protegerte-dijo Sesshomaru ocultando su mirada.

-Esto no es nada Señor Sesshomaru-dijo la joven- además yo quería protegerlo a usted.

El demonio la miro sorprendido, se volteo y siguieron caminando. Su personalidad no le permitía corresponder los sentimientos de Rin, pero ella sabía que el también la amaba.

Al otro día Hana se encontraba en una habitación diferente y estaba despertando, se miro un poco extrañada y luego recordó lo que había pasado en la noche.

-Es cierto… ahora esta soy yo-dijo jugando con su pelo. En ese instante Sora entro a la habitación.

-Vine a traerte ropa y para ayudarte a cambiar-dijo Sora con su típica sonrisa, ella siempre había sido de esa forma. Aun en las situaciones más difíciles, Sora intentaba sonreír.

-Es ropa de sacerdotisa-dijo Hana sorprendida al ver el tipo de vestimenta que era.

-Es la única que había que pudiese quedarte-dijo Sora cepillando el largo cabello de Hana- Mira el lado positivo. Ahora podrás lucir como tu madre-concluyo Sora.

-¿Soy tan linda como ella?-pregunto Hana y Sora se sorprendió por esa clase de pregunta.

-Eres igual de hermosa y radiante que Kagome-le respondió con una sonrisa- Recuerdo que tu madre siempre se veía linda con todo lo que usara, un kimono, una yukata o incluso ese traje de sacerdotisa. Tu eres igual que ella.-

Las palabras de Sora provocaron un leve sonrojo en el rostro de Hana y en su interior se sentía emocionada por usar aquel bello traje. Al fin seria igual a su madre.

-Ya termine, te ves mejor con el cabello suelto-dijo Sora. La pequeña corrió a ponerse el traje de sacerdotisa y si le quedaba.

-¿Qué tanto hacen?-pregunto Yue entrando sin avisar.

-¡Oh!-dijo Sora con sorpresa- Hana se está cambiando.

-Ya estoy lista-dijo la joven saliendo- ¡mi príncipe!- grito al ver a Yue y de un salto ya le estaba abrazando por el brazo.

-Oye contrólate-dijo Yue secamente pero no pudo evitar notar que Hana había crecido en todo, incluyendo su pecho el cual estaba pegado a él. Rápidamente la alejo de él causando una pequeña risa de Sora.

-¿Por qué me alejas?-pregunto Hana haciendo un puchero, pero Yue no respondió y siguió su camino al salón principal.

-¿Qué le pasa?-pregunto Hana enojada pero Sora solo sonrió por lo cómico de la situación.

Sora salió de la habitación de Hana, se encontró a Yue en el salón principal y no desaprovecho la oportunidad.

-No es lo mismo ya-le comento Sora.

-¿Qué quieres decir?-pregunto Yue confundido.

-Ahora es hermosa y parece una flor de cerezo en primavera-dijo Sora con toda ilusión.

-No sé de qué me estás hablando-dijo Yue dispuesto a irse.

-Hablo de Hana-dijo Sora y de inmediato Yue se detuvo- Ten cuidado o no querrás hacer algo de lo que te arrepientas-dijo Sora susurrándole al oído.

Yue quedo sorprendido pero al mismo tiempo creía que Sora estaba loca. Jamás podría ver a Hana de esa forma, ella es una niña encerrada en el cuerpo de una adulta.

En ese momento, Hana estaba en el patio de aquel palacio jugando con las flores, y se encontraba pensativa sobre lo que paso. Como podría ella invocar el fuego y sobre todo… tener algún poder.

-¿estas pensando sobre lo de anoche?-pregunto el maestro.

-¡Maestro!-dijo Hana sorprendida por la repente aparición- Si…

-ten esto-dijo el maestro pasándole unos pergaminos a ella.

-Pergaminos…-dijo Hana observándolos con cuidado- El monje Miroku usa de estos

-Cierto, pero esos son especiales-señalo el maestro- por si solos no hacen nada, pero si los combinas con fuego ya es otra cosa.

-quiero intentarlo-dijo Hana tomando uno y lo sostuvo entre dos dedos, cerro sus ojos y se preparo pero nada sucedía.

-Tienes que experimentar los mismos sentimientos que ayer-le instruyo el Maestro.

Hana asintió, se concentro y sin darse cuenta ya lo había logrado. El pergamino estaba en llamas pero no se quemaba, por instinto supo que hacer y lo lanzo a unos arbustos, estos de inmediato ardieron en llamas y en menos de un segundo solo quedaban cenizas.

-Bien hecho-dijo el maestro felicitándola por su increíble esfuerzo.

-¡Lo hice!-grito de emoción la joven

-Que bueno pero el entrenamiento no ha terminado-dijo el maestro sacándola de su mundo.

Ellos entrenaron toda la mañana y parte de la tarde, se podía ver que aunque Hana era una niña en su interior se estaba esforzando mucho por dominar sus nuevos poderes. Era alguien con gran habilidad y muy tenaz, igual que su padre por lo que pudo dominar varias cosas fácilmente.

No era la mejor en batalla pero podría defenderse y para el maestro eso era lo importante. Sabía que el destino de la pequeña Hana era pelear en batalla en algún momento y su deber era evitar que ella fracasara.

-¡Bien ahora defiéndete!- dijo el maestro mientras dirigía varias esferas de energía a Hana. De inmediato ella formo un círculo protector de fuego.

-Bien hecho pero no me has derribado-dijo el maestro sin darse cuenta que uno de los pergaminos en llamas estaba en su tobillo- Olvídalo-dijo al darse cuenta y esto provoco la risa de Hana.

-Parece que se divierten-le comento Sora a Yue.

Los dos se encontraban en la cocina del palacio y esta tenía una ventana que dejaba ver al patio.

-No entiendo porque le enseña a defenderse-respondió Yue.

-Es obvio- dijo Sora.

Sora y Yue solo se miraron sabiendo a que ella se refería perfectamente…