BONUS: La lección de Jeycen Dugés
LOS PERSONAJES EN ESTA HISTORIA NO SON DE MI PROPIEDAD AL IGUAL QUE LAS IMÁGENES AQUÍ UTILIZADAS, SI CONOCES A LOS ARTISTAS FAVOR DE INFORMAR PARA COLOCAR LOS DEBIDOS CRÉDITOS
Jeycen es un personaje original de la obra
La chica del paraguas de GabrielaRueda13, la cual puedes encontrar aún en proceso en su perfil.
POV. JEYCEN.
La noche en que mi padre murió era cumpleaños de la pequeña Marinette. Fue la peor noche de todas y no, no lo digo por la tarta de la prima Bridgette.
Recuerdo los llantos nocturnos de mamá, recuerdo su mala cara por las mañanas y la amarga sensación en la boca por ver la silla frente a mí vacía. Cuando Marinette sufría la ausencia de alguien a quien no podía recordar del todo y entonces yo parecía ser el único cuerdo del fragmentado hogar.
Durante años había cumplido con el papel de "hombre de la casa". Había optado por sobreponer la felicidad de mi madre y mi hermana sobre la mía, sin embargo uno no puede evitar sentir, enamorarse y perder la cabeza por alguien único e inigualable. Por eso cuando mi hermana y la chica Bourgeois se habían vuelto amigas había quedado ensimismado con su determinación y su belleza natural. Le había pedido quedarse conmigo, ayudarme a sobrellevar todo aquello que por mi juventud aún no podía comprender.
Chloé se había negado a mantener una relación conmigo, lo que en un principio me había molestado pero que con el tiempo había aprendido a tolerar. Porque resulta casi imposible el estar lejos de ella, el no sentir sus suaves caricias, su perfume caro y picante, su cabello semi-ondulado y brillante que te molesta en la cara al despertar a su lado.
Éramos conscientes de lo que Alya, la mejor amiga de mi hermana, sentía por mí. Recuerdo aún la manera en que sus ojos miel habían brillado con tristeza el día en que Chloé decidió contarle lo que teníamos. Era algo que no habíamos planeado, es decir, no habíamos pensado nunca que un sentimiento de atracción nos llevara al más inmenso cúmulo de emociones jamás explicadas. Y llevarse entre las patas a quienes nos querían del día a día parecía un precio justo para el destino, quien nos había cedido tan bello acontecer.
— ¿Crees que sea buena idea plantearle esto a Marinette? — Me preguntó Chloé mientras acariciaba mi cabello y pasaba mis rizos entre sus delicados dedos — No me gustaría que se lo tomara mal después, deberíamos posponerlo
Suspiré pesado y la miré.
—Marinette está pasando por muchos cambios ahora, Tom y su hijastro acaban de mudarse a casa, mamá se va a casar de nuevo, su último año... Sé que lo soportará, yo podría decirle pero...
—No, no, tienes razón, ni siquiera sabemos si esto durará toda la vida... — Me irrumpió
—Yo quiero estar contigo toda vida— reclamé
— No sé trata sólo de querer, Jeycen... Pueden pasar muchas cosas, puede acabar mal, puedo arruinarlo así como tú puedes hacerlo
—Sé que no vas a arruinarlo...
—No me gustaría que fuera incómodo, no me gustaría que al pasar el tiempo ni siquiera pueda mirarte al rostro, sería terrible tener que fingir que el otro no existe, ahora imagina lo duro que puede ser para tu hermana... Demos un poco de tiempo
—Entiendo, igual sabes que yo te esperaría fielmente.
Pasar las noches fuera de casa para estar con el amor de tu vida puede ser quizá una de las estupideces más grandes que cometes en la juventud, pero Chloé Bourgeois lo valía.
Valía cada sonrisa, cada mimo y palabra de ánimo.
Había aprendido de amores ocultos junto a ella, y Adrien Agreste me enseñaba un poco más cada día. Por eso mismo había creído óptimo apoyarlo, guiarle en el tormentoso camino del descubrimiento del verdadero amor, aún más lo hacía por mi hermana.
— ¿Por qué me has ayudado? — cuestionó el rubio sentado al pie de la escalera en espera de mi llegada. Yo me encogí de hombros.
— Lo supe desde tu primer noche aquí — dije, él me miró impresionado — Sabía que eras sincero, sabía que ella de verdad te importaba, sólo no lo arruines.
— ¿Y si lo hago?
—Más te vale que no, Agreste. ¿Y Marinette?— el rubio se encogió de hombros ante mis palabras
—Bajó a cenar hace un rato, fui a buscarte a tu habitación y no estabas, tú...
—Yo siempre estuve en mi habitación— insistí
Salir con Chloé era cada vez más complicado, implicar a más y más personas nos dificultaba todo. Alya, Adrien, todos mentían por ello y sabíamos que las cosas simplemente no iban a terminar bien. Sin embargo, resultaba ser excitante el desear continuarlo, el esperar hasta el fin, tocar fondo por la persona amada y entender qué es lo que atrae tanto a la gente del amor. Correríamos el riesgo, ¿pero la gente a nuestro alrededor podría hacerlo?
Hay muchas clases de amores, dicen por ahí. El amor de padres, de hijos, entre amigos, el primer amor, el amor de tu vida, el amor prohibido. Todos y cada uno de ellos con lecciones para quien lo viva, y bajo esas lecciones hay también consecuencias por buscar conocerlos.
Yo pagaría algún día por cada una de mis experiencias, sin embargo no pensé que fuera tan pronto...
—Familia, los he reunido aquí para hacer formal mi relación con Chloé Bourgeois, ella es mi novia — Había soltado con gozo tras ver entrar a mi bonita novia. El rostro de mamá era un poema, al igual que el de Tom. Adrien me miraba con temor, pues justo Marinette se había levantado de su lugar sin siquiera soltar palabra. Un amargo peso se dejó caer en la boca de mi estómago.
—Mari, aguarda — habló Chloé — No te lo dije porque yo... Eres mi amiga y pensé que te alegrarías cuando lo supieras — intentó explicarse, mi hermana giró mirándonos con completa molestia.
— ¿Amigas? — Cuestionó sarcástica. Un nudo se formó en mi garganta tras ello y no pude evitar sentirme extremadamente molesto por ello. Ya no sabía quién de los dos estaba siendo más desconsiderado.
—Marinette, por favor... — Le hablé firme.
—No, Jeycen, las amigas no se ocultan cosas así, las amigas no salen con los chicos que le gustan a sus otras amigas. Chloé... Tú y yo no somos amigas — Subió las escaleras azotando la puerta de su habitación tras ella.
Pude ver a Chloé comenzar a sollozar en silencio. Me miró con dolor y despidiéndose cortés salió de mi hogar sin siquiera mirarme a los ojos. Salí tras ella intentando obligar a mi cerebro a darme una respuesta, quería una explicación a todo eso que había pasado. Estaba herido pues no podía creer que mi hermana estuviera tan ensimismada en su bien propio que no se diera cuenta del daño que su veneno provocaba a la gente. Estaba molesto conmigo mismo por no haber hecho caso a Chloé. Estaba mal, TODO estaba mal.
— ¡Chloé! — Le grité a media calle deteniendo su huida.
— Yo lo sabía, Jeycen — se detuvo girando a verme — sabía que esto no iba a terminar bien...
— ¿Qué tratas de decirme?
—Yo no quería que fuera así, no quería perderle... Se acabó...
—Chloe, no... — mi voz se quebró
—Dije que se acabó — soltó amarga y se marchó.
Chloé no contestaba mis llamadas, no me abría la puerta y me ignoraba olímpicamente. Alya había sugerido que no insistiera más, no hasta que ella clarificara todo. Yo no podía dejar de sentirme fatal, y esa pena que sentía por mi hermana no se había convertido sino en puro y quemante resentimiento. Pasaba poco tiempo en casa, la evitaba lo más que podía y esperaba en el fondo de mi perturbado corazón que todo le saliera mal. Todos pagamos por nuestra curiosidad.
Cuando su fiesta había llegado, había optado por ir. No terminaba de convencerme aún de todo aquello, sin embargo ver a Chloé me había restaurado el alma rota. Cuando se disculpó, cuando fue perdonada, cuando aceptó un dulce beso en el que le entregaba todo lo que era y lo que tenía... Cuando volvió a mis brazos y fue mía.
— ¿Qué pasa aquí? — hablé luego de ver a tanta gente reunida en el salón. Marinette corrió a mí con los ojos completamente hinchados y llorosos, no entendía qué pasaba, pero incluso por el rostro de Adrien sabía que no era bueno.
—Marinette, estás confundiendo las cosas — Le dijo Tom.
— ¡No! Ustedes nos mintieron, dijeron que eran padre e hijo... — No pude evitar reírme ante la cara de molestia de todos— ¿Y tú de qué te ríes? — me golpeó el pecho mi hermana.
—No me digas que creías de verdad que él era su padre— Marinette me miró peor de lo que lo hacía, aclaré mi garganta con temor. Joder — Marinette... Tom Dupain, Adrien Agreste... ¿no es obvio?
Marinette enmudeció por completo, yendo escaleras arriba con un aura pesada y adolorida. Adrien fue tras ella en un acto desesperado por consolarla, me encaminé a sus espaldas intentando apaciguar todo. Adrien haló de su brazo con brusquedad a lo que ella se detuvo.
—Marinette, por favor deja de huir — reprochó el rubio
— Estás llevando esto demasiado lejos — Dije ya bastante hastiado
—No puedo creer que estés de su lado — se quejó mirándome e intentando soltarse del agarre.
—Es porque no hay un maldito lado — grité con furia— Tú eres quien está exagerando todo, como siempre...
Marinette se soltó a llorar aún más, cayendo en el suelo completamente devastada. Adrien se agachó a su altura y le abrazó lo mejor que pudo
— ¿Por qué no me lo dijiste? — Sollozó ella— Vete, no te quiero ver, vete
Adrien se levantó y fue escaleras abajo, Marinette lo miró marcharse y luego posó su mirada en mí.
— Estás alejando a todos, Marinette — ella mordió su labio con nerviosismo — y espero entiendas que los demás no sólo ven por ellos mismos, también ven por ti, siempre ha sido así, y eso no lo valoras — solté hostil y fui a donde los demás.
Cuando los padres de Adrien se fueron, el chico no hizo más que correr a brazos de su protector. La escena me calaba en el pecho, era claro lo buen padre que Tom era y eso no podía ponerme más emotivo. Los tres nos sentamos en el sofá, había algunas cosas qué discutir.
— ¿Qué quieres que hagamos entonces, Adrien? — preguntó el mayor. Él sólo se encogió de hombros.
— Supongo que me iré con ellos, además luego de todo esto no creo que sea sano quedarme.
—Entonces te irás... con todo y todo, te irás — intuí, él asintió.
—Sé que lo saben, así que comprenderán que es lo mejor para todos, lo mejor para ella...
— ¿Y vale la pena? — Pregunté — Es decir, ¿al final valdrá la pena? — él me miró detenidamente.
—Eso no lo sé, la vida obra de formas maravillosas —suspiró— será luego de la boda, la mañana siguiente, sin embargo necesito pedirles dos cosas — Tom y yo le miramos — Uno, no le digan a Sabine ni a Marinette, sólo me iré, no quiero angustiarles y dos — sonrió — Por favor sean muy felices...
La boda había sido maravillosa, ver a la persona que amas unirse a alguien y siendo feliz resulta inexplicable. Era como una burbuja colmada de sueños, aventuras, buenos deseos.
Pero las burbujas explotan y la mañana siguiente Marinette lo comprobó.
Adrien se había marchado y con él el corazón de mi hermana...
OK, chicos.
Epsilon12: Me alegra que te guste, ya sabes cuando quieras aquí estamos .
Serena Saori: Un gustazo, tengo varias historias así que no sé específicamente a cuál te refieras, sin embargo te agradezco. Esta está por llegar a su fin , las demás ahí van , poquito a poquito.
Éste especial, como ya lo notaron, le pertenece a nuestro querido personaje prestado, Jeycen.(un recuento)
No ha sido un personaje que haya interactuado mucho a lo largo del fic, sin embargo ha estado en momentos claves (o eso procuro) y he aquí un poco de su sentir. Tengo poca información del chico , así que si quieren conocerlo mejor vayan a leer a Gaby con LA CHICA DEL PARAGUAS.
En fin , éste es básicamente la penúltima parte de la historia, pronto el gran final.
Espero les haya gustado y me comenten qué teorías tienen para el final o qué piensan respecto a nuestro personaje
**La imagen al inicio es la apariencia que su creadora sugiere podría tener.
Bye, bye y nos leemos a la próxima.
