LOS PERSONAJES EN ESTA HISTORIA NO SON DE MI PROPIEDAD AL IGUAL QUE LAS IMÁGENES AQUÍ UTILIZADAS, SI CONOCES A LOS ARTISTAS FAVOR DE INFORMAR PARA COLOCAR LOS DEBIDOS CRÉDITOS.
Sostenía el pomo de la puerta en la espera de que lo detuviera, que todo lo que pasaba no doliera tanto y el aire volviera a sus pulmones como el alma a su cuerpo.
—Adrien... — él giró a verla, era el final — Te amo...
Adrien despertó de pronto, el sudor escurría por su frente y su respiración apenas podía ser controlada. Miro todo a su alrededor y con tristeza se levantó, era exactamente el mismo escenario que había contemplado hacía nueve meses. Se puso apenas lo que encontró y salió de su habitación en dirección a la cocina del hogar.
—Buongiorno, mio bambino— Habló Gina frente a la estufa, percatándose de la presencia del rubio.
— Buenos días, nonna Gina— soltó desganado sentándose en la pequeña mesa del lugar
—Che succede? Hai dormito mal, niño?— cuestionaba preocupada la mayor, él negó.
—Sólo estoy cansado— soltó.
El desayuno había pasado rápido, lo suficiente como para salir de casa sin siquiera despedirse de Gina con la espera de que no siguiera atormentándolo con su sentir y los recuerdos. Cuanto más se esforzara, más era consciente de que no lo lograría, no podía olvidar su vida en París, la gente que conoció y las experiencias que vivió. Estaba arrepentido de muchas cosas y otras tantas las había bloqueado para no dañar a los que recién comenzaban a formar parte de su vida.
— ¿Te sientes bien?— le preguntó la chica que permanecía a su lado, él solamente asintió .
—Sólo estoy cansado...
— Oh, vamos , siempre estás cansado ¿por qué no vamos a pasear un rato?, así podemos relajarnos — cuestionó ella. Él simplemente volvió a asentir.
Caminaban por la vieja Lungotevere Tor di Nona, vislumbrando las orillas del río Tiber y el puente Sant' Angelo. Se recargaron sobre la muralla de piedra y miraron todo sintiendo la refrescante brisa y la sombra que ofrecían los escasos arboles por ahí. Adrien la miró y pudo pensar una sola cosa, quería besarla. Se acercó a ella discretamente con la intención de robarle un beso, era su novia después de todo.
Su teléfono comenzó a sonar.
—Ciao, habla Agreste— soltó hastiado.
—Hola Adrien, habla papá...
— ¿Papá? Pensé que había quedado claro que ni el título te va y ni yo quiero saber de ti ...
— Adrien, por favor.
—No molestes, Gabriel...— colgó.
El rubio soltó un pesado suspiro ganándose una mueca extraña por parte de su acompañante. Finalmente se atrevió y acercó su rostro al de ella para atrapar sus labios en un cálido beso, cerró los párpados con fuerza intentando ignorar sus infantiles pecas, el color de su cabello y la razón real de por qué estaba con ella. Pero fue inútil, Marinette volvió a su mente y con ella el deseo de tenerla de nuevo, el recuerdo de su cuerpo.
Casi sentía nuevamente el roce de sus dedos con su piel tibia y los besos esparcidos por sus hombros en un afán de memorizarla toda, la estrechez de su feminidad y cómo sentirse ahogado por ella y el ruido aturdidor que emanaba de su garganta le hacían impulsarse más y más. Atrapar entre sus dientes su piel, exigirla de su propiedad por enfermizo que sonara. Poseerla como tantas veces había soñado. Culminar con ella en un destello cósmico e inefable pero efímero y pasional. Y lloró. Lloró porque sabía que jamás encontraría a nadie como ella. Porque ni aquellos besos que le daba su novia lograrían borrar siquiera la sonrisa de Marinette. Su Marinette.
—¿Estás bien?— le preguntó la azabache alterada por la actitud del Agreste menor.
—Lo siento, lo siento tanto Kagami— jadeó, la chica lo atrapó entre sus brazos ocultando el rostro de él en su pecho.
—Yo no tengo nada que perdonarte, Adrien...
—Tienes qué, Dios te pareces tanto a ella y te he utilizado, no mereces esa desdicha, no te merezco yo a ti.
—Lo sé, eso lo sé ...Pero yo decidí tomar el riesgo— él la miró a su par de ámbares cesando el llanto— Ve por ella...
No lo pensó ni dos veces, partió en un taxi con dirección a las oficinas Agreste, ahí vería a Gabriel y con suerte Emilie estaría con él. Bastó con aparecerse para que todo el mundo comenzara a volverse loco con la llegada del heredero Agreste. Una secretaria lo dirigió al despacho de su padre quien estaba previamente avisado de la inesperada visita de su hijo. La puerta se abrió permitiéndole ver a su hijo, él asintió pidiendo privacidad a la dama.
—Me sorprende que hayas venido Adrien. Te llamé pero no pensé...
—¿Quieres mi respeto? bien , entonces harás algo por mí— soltó
—¿Algo? — le miró astuto Gabriel — Te escucho ...
— Quiero volver a París...— respondió con Velocidad. Gabriel le miró sorprendido.
— ¡Dios, Adrien! — Oyeron ambos y giraron la vista hacia la puerta. Emilie corrió en dirección a su hijo abrazándole con fuerza y soltando lagrimillas en su camino— No sabes cuánto me alegra verte luego de tanto tiempo ¿Has comido bien? ¿Todo ha estado bien con Gina? — soltaba ansiosa, Gabriel carraspeó la garganta pidiendo nuevamente la atención.
—¿A qué viene el repentino deseo de volver?— cuestionó el mayor
—A que nunca quise salir de ahí—tensó la mandibula
—Pues lo siento, no puedes volver...
—¡Debes estar bromeando, maldita sea!—gritó exasperado—Vine hasta aquí sin siquiera confiar en ustedes, dejé todo atrás... fui infeliz por su culpa todos éstos años , déjame volver.
—Sí, viniste hasta acá, pero ni siquiera vives con nosotros. Estás con esa mujer haciendo Dios sabe qué , ni siquiera llamas a tu madre , no sabemos nada de ti, Adrien ¿Me exiges cuando no das? Se congruente, muchacho—Adrien giró a ver a su madre quien se mantenía con la cabeza gacha.
—¿Para qué me quieres aquí si de todas maneras te la vives en el maldito trabajo?
—El maldito trabajo te da de comer...
—Sí, bueno por el maldito trabajo te odio, por estas malditas decisiones que tomas sin considerarme a mí o a mamá
—No irás a ningún lado, no está en discusión...
El muchacho se dejó caer en la silla frente al escritorio, las lagrimas comenzaron a picarle los ojos y la impotencia a inundarle el corazón. Se sentía un fracaso, no había cumplido su promesa de quedarse con ella y no se había esforzado ni lo mínimo para volver a su lado. Miró con dolor al mayor que no dejaba de prestar atención a cada acción de su primogénito.
— La amo, es la única mujer que he amado ... — soltó con un sollozo ahogado.
Gabriel no hizo más que mirarle detenidamente y salir casi sin inmutarse del lugar. Adrien soltó a llorar con más crudeza fragmentando el corazón de su madre que se acercó a él intentando apaciguar su congoja. Atrapó su joven rostro entre sus manos y lo escuchó hablar con voz rota otra vez.
—Mamá, por favor ...
Ella soltó una lágrima.
—No hay nada que nosotros podamos hacer, hijo.
—Diecisiete años y nacionalidad francesa, Adrien Agreste...no podemos hacer mucho.
—Por favor, debe haber algo— soltó desesperado el muchacho al hombre de traje que permanecía sentado en su escritorio. Gina, quien lo acompañaba, observaba callada.
—Para salir del país necesitas el permiso de tu padre o tutor y según escucho tus padres se han negado, puedo imprimir el papel y lo que gustes, pero necesitamos esa firma... Si crees que puedes convencerlos...— mencionó entregando el folder al muchacho. Adrien lo abrió y sus ojos se agrandaron de inmediato.
—¿Este es el papel?— mencionó confundido— creo que ...está mal.
—No, así está tu registro, y ahí abajo — señaló— va la firma de tu tutor legal.
Adrien giró a ver Gina.
— ¿Tú sabías esto, nonna?— preguntó, ella no contestó.
La Familia Dugés/Dupain- Cheng había vivido en armonía los últimos nueve meses, habían pasado tantas cosas y surgido tantas sorpresas. Marinette llevaba rato intentando limpiarse una mancha de leche de la camiseta, todos a su alrededor reían pero no ayudaban. Cargó al bebé nuevamente golpeteando con delicadeza su espalda en espera de un eructo que evitara una mancha más desastrosa de la que ya tenía. El timbre sonó y ella no dudó en ir a abrir mientras los demás aguardaban en el comedor.
Abrió la puerta intentando no morir en el intento llevándose una sorpresa mayor. Estaba ahí. Ver a Adrien nuevamente la había dejado helada, el bebé rubiecillo que cargaba comenzó a llorar y ninguno de los dos movía un solo músculo.
— ¿Todo bien, Marinette?— preguntó Chloé quien se acercó a la puerta donde vislumbró a la pareja petrificada y al bebé lloroso— ¡Oh por Dios, Adrien! — jadeo y como invocados el resto de la familia corrió al mismo lugar a ver.
—¡Adrien!— soltaron Jeycen, Sabine y Tom
Adrien estaba ahí, Adrien había vuelto.
Como pudo Chloé quitó al bebé de brazos de Marinette, Adrien observó a todos y luego posó su verduzca mirada en la muchacha que apenas podía creerse que estuviera así. Las lagrimas de Marinette comenzaron a humedecer sus rosadas mejillas, se abalanzó al cuello del muchacho colgándose de él en un abrazo que bien pudo durar una vida entera. Reaccionando él la abrazó de la cintura reconfortándose con su suave e inolvidable perfume.
—Estás aquí, Dios mio, volviste— lloriqueó ella golpeando su hombro con la fuerza que tenía— No sabes lo que te extrañé— él soltó una risilla.
—Soy yo, y te extrañé tanto— Tom carraspeó— A todos, quiero decir— soltó nervioso al notar que todos permanecían afuera.
Miró a la chica, no había cambiado casi nada. Su cabello lo llevaba un poco más corto y aquella ropa holgada le hacía lucir un poco extraña, pero sin duda era ella. El bebé en brazos de Chloé volvió a lloriquear. Marinette se separó de Adrien y exigió al pequeño rubio. Adrien quedó estático.
—Mira, te presento al pequeño Thomas Marín — Le dijo ella acercando un poco al bebé.
—¿E-es t-tu...
Marinette se soltó a reír.
—Oh vamos, Agreste ... Es hijo de Chloé y Jeycen — soltó jocosa. El rubio suspiró de puro alivio— Se casaron un par de semanas luego de mamá y Tom— Adrien miró a la familia.
— Muchas felicidades— posó su mirada ahora en el mayor del lugar— Tom, quiero agradecerte por todo esto, por lo que hiciste por mí todos estos años y por lo que has hecho ahora... Por dejarme formar parte de tu familia, venir y estar nuevamente con la mujer que amo, por dejarme estar con Marinette...
—Tú siempre has sido parte de ésta familia, hijo... — ambos sonrieron.
Listo, se acabó y esta vez no es broma.
Me ahorro los sentimentalismos para la siguiente parte.
Les dije que prestaran atención a los detalles, Tom tenía la custodia del menor, recuerdan? Y Gina lo sabía!
Epsilon12 Casi le atinas, casi jajaja pero sí, fue un reto enorme escribir todo desde la perspectiva de Jey.
¿EPÍLOGO? Maybe... depende de ustedes.
