Disclaimer: Naruto no me pertenece, es de Masashi Kishimoto.
Aviso: AU y posible OoC.
Track 2: 700 toneladas - Tan Biónica.
Que lluevan setecientas toneladas de nostalgia,
que vuelvan esos jueves encantados con tu magia.
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La mirada sobre su espalda le hacía sentir incómodo. Intentó ignorarlo al principio, era común que los demás lo observaran con insistencia, aun cuando ya lo conocían. Los que no, seguramente se sentirían curiosos por saber de él, el heredero de su padre, el prodigio, y un montón de otras cosas que a él no le interesaban pero que los demás dotaban de importancia. Sin embargo, la mayoría rehuía la mirada cuando él la regresaba, pero eso no ocurrió con él. Madara atrapó al moreno observarlo varias veces y en ninguna el otro parecía amedrentarse por ser descubierto, e inclusive a veces sonreía como dando a entender que no le importaba.
Uchiha bufó y bebió vino sabiéndose perseguido por esas pupilas castañas, y después procedió a comer un bocadillo acercándose a Izuna que se divertía a costa de las tonterías que sus tíos borrachos decían.
—Sigue mirándome.
Izuna levantó la vista por un momento buscando al acosador de su hermano y sonrió luego de un rato. Madara le había estado mandando miles de mensajes por whatsapp quejándose del misterioso hombre, e Izuna comenzaba a creer que se trataba de las muchas paranoias de su hermano mayor.
—Ya veo por qué te está mirando tanto. Madara, es un maldito Senju.
—¿Qué dices?
—¿No jugabas con él cuando eras niño? Con el que papá te atrapó y te dijo que dejaras de verlo…
Madara miró a Izuna con enfado y confusión. No, él no podía ser Hashirama. Claro, no lo había podido ver bien en la fiesta, con las luces bajas y con la gente bailando en medio de ellos, además de que la vista de Madara ya no estaba en las mejores condiciones.
—¿Estás seguro de que es Hashirama? Hashirama tenía un horrible peinado, y vestía mal.
—Bueno, tú también has cambiado —dijo Izuna alzando una ceja, sin saber si había sido lo correcto decirle quién era a su hermano, recordando que ese Senju en específico siempre lograba descomponerlo un poco—. De hecho creo que lo estoy confundiendo. Puede que sea alguien que haya ido contigo a la escuela. Olvídalo y ya.
Izuna le dio una bebida a su hermano y lo mandó a sentarse, a lo que Madara obedeció sólo por su salud mental. La fiesta era en honor a los cuatrocientos años que cumplía la universidad a la que había asistido, y como uno de los estudiantes más destacados, era un invitado de honor, al que le correspondía hacer un brindis a medianoche. No podía irse a casa y descansar hasta que hubiese cumplido con su deber, por lo que intentó evitar por todos los medios seguir regresando la mirada a ese hombre, fuera Hashirama u otro.
Izuna apoyó a su hermano manteniéndolo ocupado, y casi Madara olvidó el hecho de que estaba siendo perseguido, hasta que se subió al escenario y se aclaró la garganta, y todos los ojos se clavaron en él. Madara no se sentía acomplejado por ello, pero saber que ahora estaba en el ojo público, y que él seguiría observándolo, lo irritaba un poco. Dio su discurso para no hacerse esperar más, y bajó del escenario sintiéndose libre de huir. Claro que, no esperaba que la directora decidiera acercarse a él y pedirle un baile, a lo que aceptó suspirando, esperando que el ser tan paciente le diera la ventaja de ser propuesto para una buena recomendación laboral.
Al término del baile, alzó la mirada y ceñudo observó con mayor claridad a la persona que lo había acosado toda la noche, descubriendo con un poco de vergüenza que en efecto, era Hashirama y que había cambiado demasiado. Tenía el cabello atado en un moño pulcro, y un traje elegante de color gris que combinaba muy bien con su tono de piel, además de que ahora era más alto que él y también parecía ser más musculoso. El moreno sonrió con amabilidad a la profesora y después a él, fijando su mirada nuevamente en Madara.
—Espero que estén pasando una hermosa velada. Disculpen mi atrevimiento, pero los he visto bailar y me he quedado fascinado. ¿Será que puedo separar a la feliz pareja para pedir un baile?
—Por supuesto, Hashirama —dijo la directora, quien evidentemente también conocía bien al moreno—. Si Madara lo permite, claro.
—No hay inconveniente —dijo soltando a la directora y dispuesto a apartarse de la pista, cuando la veloz mano de Hashirama lo tomó de la cintura, haciendo que éste abriera los ojos con desconcierto y se quedara unos momentos congelado.
No pudo emitir palabra de inmediato, aunque sus mejillas se coloraron, ya no sabría decir si de la vergüenza o de la furia, y aún más porque Hashirama parecía no estar advertido de lo que su pareja de baile sentía en esos momentos. El castaño tomó la mano de Madara y Uchiha apretó los labios sintiendo que era arrastrado al comenzar el baile, aunque después e intentando no llamar más la atención, siguió bailando esperando que nadie les estuviera mirando.
—¿Qué demonios haces?
—Bailo. Lo mismo que tú —dijo Hashirama sonriendo, acercándose más a Madara y bajando la cabeza para estar más cerca de su oído.
—Me has estado observando toda la noche —añadió disgustado, apretando más la mano de su interlocutor.
—Estaba preguntándome si era buena idea hablarte.
—Yo estaba preguntándome si eras retrasado. O un asesino, o ambas.
La risa de Hashirama resonó en sus oídos, y por un momento sintió que el corazón le galopaba como si estuviera en un maratón. No creía que verlo después de tanto tiempo causaría ese efecto, el mismo que causaba cuando eran unos pubertos que se juntaban a jugar en el arroyo. La mano de Hashirama lo apretó un poco más contra él, e hizo un giro que lo desubicó por un segundo de dónde estaba. Inclusive para bailar se lograban sincronizar de una manera que Madara no había experimentado jamás, y eso lo abochornaba.
—Así que, ¿vas mucho a bailes?
—Sólo asisto a algunos —dijo con simpleza, tratando de hacer como si no le importara que Hashirama no estuviera explicando su presencia ahí.
—Bailas muy bien.
—Y tú no apestas en esto.
—Tomaré eso como un cumplido.
La pieza terminó mucho antes de lo que le habría gustado a Madara, y como ya no tenía más excusas para estar ahí, soltó la mano del otro y se apartó. Las luces incrementaron y anunciaron que se tomarían un breve descanso de la banda para dar paso a un DJ. Madara arrugó la nariz, no le gustaban los DJ's y la música que tocaban. El reggaetón no era lo suyo.
—En fin, Senju. Algunos tenemos cosas más importantes qué hacer además de stalkear a la gente decente.
Hashirama sonrió nuevamente y asintió, llevando una mano a su espalda para luego reclinarse y en un momento atrapar su mano y besar el dorso de la misma.
—Ha sido un placer, Madara. Espero volverte a encontrar —dijo para después enderezarse e ir hacia la barra de cocteles, dejando a un Madara atónito en medio de la pista de baile, la cual se volvió a llenar de parejas después de unos segundos al escuchar la música volver a sonar.
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Basado en un vídeo que Yall-E nos pasó por whatsapp.
