Disclaimer: Naruto no me pertenece, es de Masashi Kishimoto.
Advertencia: AU, HashiFemMada.
Track 3: El último vals — Enrique Bunbury.
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Y al final te ataré con todas mis fuerzas,
Mis brazos serán cuerdas al bailar este vals.
Y al final quiero verte de nuevo contenta,
Sigue dando vueltas si aguantas de pie.
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Verla bajo el manto de luces de estrellas era acaso más letal; podía sentirse muy pequeño, muy débil o muy estúpido cuando la miraba como la diosa que era, envuelta en un vestido blanco y una perfecta corona de flores que adornaba su cabello infinito. Él lo sabía mejor que nadie, Hashirama era hermosa y podía ser mortal cuando la mirabas sin preparación previa. Ahí el corazón se le disparaba como un caballo empezando una carrera que no tenía final, le faltaba el aire, las piernas se le derretían y se volvía una masa de mal humor que no comprendía por qué ella lo dejaba tan roto.
Antes de la boda, Hashirama había sido muy insistente; quería que la enseñara a bailar. Y él accedió, nunca le podía negar nada, aunque realmente lo intentara. A Hashirama no le interesaba quedar bien con los demás, pero bailar era lo único en lo que no podía ganarle a Madara, en lo único en lo que él podía instruirla para no hacer el ridículo frente a las doscientas personas que iban a asistir.
—Ellos no van a importar —dijo Madara viéndola sudar después de la primera sesión—. Los únicos que importaremos ese día seremos nosotros dos.
Tomó su mano frente a todos, lo que la hizo girarse desprevenida hacia él. El maquillaje suave no supo ocultar las mejillas encendidas de Hashirama, a causa ya no sabría de qué, si de la vergüenza o de los niveles de alcohol en su cuerpo, que arriba de cierta cantidad de copas siempre hacía que terminaran follando sobre el sillón como tremendos animales en celo. Se había puesto el traje, sólo para ella, los doscientos restantes seguían sin importar. Aunque fuera un gruñón, aunque siempre fuera grosero, aunque Madara fuera una bestia para los demás, Hashirama siempre sabía domarlo y meterle los tacones en la espalda cada que se quería pasar de hijo de puta, como cada tanto tiempo en que se desbordaba de rabia frente a los demás.
El vals sonaba y ahí estaban todos los ingredientes, la escena perfecta, la pieza de boda, el vestido blanco que combinaba a la perfección con el negro de sus ojos y esa estúpida corbata que usaría sólo por ese día para olvidarse de ella por los próximos cincuenta años.
Ninguno habló mientras se movían por la pista como un par de fantasmas. No había sido fácil enseñarle a bailar, pero ya no tenía muchas opciones. Si él no le enseñaba, entonces alguien más lo haría, ¿y de qué serviría negarse el placer de sostenerla en sus brazos, aunque fuera por una pieza, o diez? Y al final, al final de verdad, era posiblemente lo único que les quedara. No había nada que Madara quisiera decir, no se iba a disculpar por haberla dejado durante tantos años, ni iba a decirle lo que Hashirama ya sabía a menos que de verdad fuera tonta, cosa que no era. No iba a recriminarle nada, ni el que se hubiera casado con otro, ni el que se olvidara de los pasos y le pisara los pies cada veinte segundos. No iba a entrar en detalles sobre su ausencia, no iba a romperle el corazón otra vez, ni iba a verla más, y tampoco iba a llorar, porque él no lloraba aunque de verdad quisiera hacerlo.
Podía intentar olvidarla, aunque ya supiera de antemano que era una locura mayor que la de bailar con ella en su boda mientras el pelirrojo echaba bilis por la boca al ver la mano de Madara apoyada en la cintura que conocía desnuda y había besado tantas veces. Podía irse, aunque el espectro de su voz lo siguiera hasta el fin del mundo, aún en donde no había ruido y el silencio lo aturdiera a gritos. Podía ser malo, como lo era ya, perverso, desgraciado, como tantas veces fue, hasta con Hashirama que era tal vez la única que no se lo merecía. Podía, podía, quería creer que podía, aunque no pudiera y lo único que de verdad podía hacer era bailar con ella, esperando que le pidiera que huyeran juntos, y se fueran, y pudieran seguir bailando. Pero eso era algo que Hashirama no iba a hacer. Muy dentro ya lo sabían; hicieran lo que hicieran, ese iba a ser su último vals.
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No sé si tengo que explicar este drabble. Madara y Hashirama eran amantes, y después por equis razón, Madara se fue dejándola durante mucho tiempo. Para cuando él vuelve, ella ya está comprometida con Mito y a él no le queda más que dejarla libre.
