Babbysitter
Disclaimer: Naruto no me pertenece, es de Masashi Kishimoto.
Prefijo: U/A (Universo Alterno)
Autora Original: Aiko Amori
Fecha de publicación: Jueves 15 de octubre de 2009
Género: Romance/Humor
Sumario: —¿Una niñera?— preguntó Sasuke escupiendo las papas. —Sí— respondió feliz su madre. Hinata Hyuuga necesitaba un trabajo. —Cuidará de ti e Itachi— Éste último alzó una ceja extrañado ¡Pero si ya tenía veintiún años! Entonces alguien llamó a la puerta: Era su nueva niñera.
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Capítulo Tres
Hinata, tú puedes
—Chicos, ¿están bien?— habló Mikoto, desconcertada por la actitud de sus hijos. Sabía que ellos eran serios por naturaleza, pero nunca lo habían estado tanto.
Sasuke tenía la piel blanca. Itachi estaba más tostado. Pero en tan sólo un instante, su madre se dio cuenta de que les cambió el color. Ambos se pusieron más blancos.
¡Ni en sus sueños más bizarros estaba que tuvieran una niñera!
Bien, uno que tuvo Itachi de un oso que quería abrazarlo era raro, ¡pero no tanto!
—Cuántos años tiene— soltó Sasuke precipitadamente. No esperaba una respuesta, la exigía. No preguntó, ordenó. Se dirigió a su mamá exclusivamente. Por un momento clavó su oscura mirada en Hinata, que cuando ella lo percibió, bajó abruptamente su cara.
El semblante de Mikoto cambió. Su sonrisa de hace unos instantes se achicó y le dio a entender a Sasuke que tenía que ser más educado. —Tiene quince años— contestó.
«Quince años» «¡Quince años!»
¿Cómo sería que tus amigos se enteraran de eso? ¿Cómo? Cuando tienes quince años. Y más aún, ¡cuando tienes veintiún años! Eso era para jalarse los cabellos.
¿Saben? He escuchado por ahí que Sasuke tiene una niñera.
¿A poco hasta lo baña?
No sé, pero lo que si sé es que lo trae a la escuela
¿Y le lee un cuento antes de dormir? Oh, que lindo.
Sasuke sentía su orgullo caer. Podía hasta escuchar lo que dirían de él en el Instituto. No era que le importara mucho, pero eso ya era bastante. Gruñó por lo bajo y volteó a ver a su niñera. Sus labios se fruncieron en una delgada línea y regresó su vista a dónde la tenía antes.
Me enteré de que el sexy de Itachi tiene niñera. Y yo que creía que se podía cuidar solo. Tan fuerte que se ve. Tan guapo que es. Tan...
¡Uh! No me lo esperaba. Esto sí que está bueno.
¿Y cómo es su niñera?
No me lo van a creer, pero corre el rumor que es seis años menor que él, ¡osea quince años tiene!
Itachi lo tomó con más calma. Mas no por eso dejó de ¨afectarle¨ el anuncio de su madre. De igual manera, su reputación estaba en la cuerda floja. No acabaría de comprender por qué su madre le había contratado una muchacha que los cuidara cuando precisamente él tenía veintiún años. La pudo haber tenido a los seis años o por ahí, pero no ya siendo mayor de edad.
Tenía que presentarse. Sabía que tenía que hacerlo. Sus piernas temblaban como gelatina y si daba un paso, estaba segura que caería. ¿Por qué? ¿Por qué en el anuncio del periódico no decía las edades de los niños? O quizás eran niños, pero se alimentaban muy bien y comían un danonino todos los días... ¡Claro que no!
Algo le decía que ella podía. Que les dijera que ella iba a ser su niñera y que tenían que acatar sus reglas ¿Cuáles reglas? La clave era oírse segura.
Cerró y apretó los puños un poco —algo inusual en ella—, levantó ligeramente el pie derecho dispuesta a avanzar; sintió que pisó algo y, por la distracción, cayó estrepitosamente en el sofá, a unos cuantos centímetros de Sasuke. Su nariz y el resto de su cara se hundieron en el mullido sillón y ahí quedó como por cinco segundos, cuando escuchó hablar por primera vez al mayor de los hermanos.
—Sasuke, te dije que quitaras la bolsa de papas— expuso con conocimiento.
—No dijiste nada.
—Les he dicho que no coman en la sala—esta vez habló Mikoto, llamándoles la atención.
Fue cuando reaccionó. Se levantó tal como cayó, mirando para todos lados. Vio la cercanía que tenía con el menor y se inclinó para atrás. Como si acabara de ver a Chucky. Parpadeó un par de veces y se levantó, muriéndose de pena. Hizo un movimiento con su cabeza, al parecer, para acomodar su cuello.
La señora Uchiha se acercó a donde estaba ella y le preguntó como se encontraba. Hinata en ese momento se estaba tocando la cabeza y asintió, dando a entender que sí, que no había pasado nada.
Los ojos negros de Mikoto fueron a parar al reloj romano de la sala, arriba del televisor. Seis con diez minutos. Ya se estaba haciendo tarde.
Y era en momentos como ése en que Hinata deseaba que la tierra la tragara. Ábrete tierra, por lo que más quieras, y trágame entera. ¿Por qué lo anhelaba? Simple. ¡Ella esperaba cuidar niños! ¡Niños! ¡No adolescentes! ¡Y menos a un muchacho en que estaba ya en edad de casarse casi!
Venga, nunca había salido con sus amigos. ¿Acaso podría tener experiencia en cuidar de dos jóvenes? En ese caso, los elefantes ya volaban por los aires y eran rositas.
Bien, bien. Recapitulando la frase anterior.
a) Hinata no tenía amigos.
b) Bueno, a excepción de Ino. ¡Pero ningún amigo del sexo masculino, que conste!
c) No tiene tiempo para salir. Cuidar de Hanabi, llevarla a la escuela, prepararle comida y ayudarle con sus tareas no era para nada sencillo. Y aunque Ino le insistía en salir, diciéndole que su hermanita menor podía venir, ella siempre se negaba.
Sasuke miraba con detenimiento cada gesto de Hinata. La chica parecía estar en un estado de ensimismamiento, viendo sin mirar. En otro lugar. Que clase de niñera sería. Bufó y cruzó los brazos, posando de nuevo la vista en su progenitora; que igual, estaba muy seria.
Itachi permanecía inmóvil, no miraba a nadie y mucho menos prestaba atención a la situación.
—Itachi, Sasuke— llamó de pronto a sus hijos, para mirar después alrededor del inmueble —¿Pueden llevar a Hinata a dar un paseo por la casa para que conozca mejor?
Si su mamá lo decía, tenía que ser así. No había lugar a réplica alguna por parte de ninguno.
Asintieron, poniéndose de pie. Sasuke estiró los brazos e Itachi su cuello. Ése día era de flojera.
Y ella, ella simplemente estaba amedrentada. Si bien, a penas los conocía, le asustaba el hecho de que tuvieran que estirarse para dar solo un paseo. Efectivamente, todavía le faltaba mucho por conocer la actitud de los jóvenes. A pesar de que ella fuera ya una adolescente. Una adolescente adulta.
Inesperadamente se escucharon unos pasos al fondo del salón, al parecer provenían de la planta alta, bajando por las escaleras. El caminar era pausado, y lograba alterar las emociones de Hinata. ¿Había alguien más en casa? Por lo visto sí. ¿Pero quién?
¿Quién?
¿Quién? ¿Quién? ¿Quién?
¡Basta, Hinata! se reprochó a sí misma por alterarse tanto. Ser tan dramática nunca había sido parte de su personalidad, pero últimamente iba adquiriendo —o bien, descubriendo— algunos rasgos de ésta que con anterioridad ignoraba por completo.
Una ronca voz masculina detuvo los incesantes pensamientos de la Hyuuga. Sin saberlo, atrajo su mochila a su cuerpo, apretándola. Su rostro se pasmó. ¿Por qué tenía que ser así? ¿No podía ser un poco, tan sólo un poco más extrovertida? Hasta ella misma lograba enfadarse en diversas ocasiones por su carácter.
—Mikoto, es hora de irnos—tenía un tinte áustero. Alcanzó a ver como los dos hermanos se giraron para ver a la persona que acababa de aparecer. Hinata no sentía que tuviera el suficiente valor para voltear y mirar al señor —por que seguramente eso era, ya que era casi imposible que un niño tuviera una voz tan recia.
La señora de la casa asintió y sus ojos adquirieron un brillo especial, que ella no pudo deducir.
—Estoy lista— y al terminar de hablar, una sonrisa se surcó en las comisuras de sus labios. Lo que había mencionado con anterioridad era toda la verdad. Tenía un vestido negro y unas zapatillas del mismo color. El cabello lo llevaba suelto, éste era negro con toques azulados, brillante y sedoso. Y aunque no llevaba mucho maquillaje en su cara, se veía hermosa.
Por fin consiguió encontrar el valor que le faltaba para girarse y mirar al hombre.
Lentamente, cuán ratoncillo asoma la cabeza de su escondite, logró mover un poco su cuello y después todo su cuerpo. Distinguió que, ciertamente, era un hombre mayor. Bueno, mayor, mayor, lo que se dice mayor no. Un señor mayor sería como un anciano. ¿Un hombre maduro? Puede ser, pero maduro; maduro le sonaba a plátanos. Sí, cuando un plátano dejaba de ser verde y se convertía en amarillo. Se entiende ¿no? Cuando ya maduró.
Tal vez... ¿Un hombre entre los cuarenta y tantos años? ¡Eso! ¡Eso era lo que más se asimilaba a él!
Aplaudió. Un momento ¿Aplaudió? ¿Por qué rayos aplaudió? Su cuerpo sí que la estaba engañando. Con esto ganó la atención de todos los presentes, que fijaron su penetrante mirada en ella. Ésta oprimió sus manos una con la otra, arrepentida por el acto anterior que ella juraba, no había sido dueña.
Y se lo juraba a sí misma.
Oh, no. Todo el tiempo era lo mismo. Ella era la rara. La peculiar. La inusual, vaya. Cuando la mayoría de las chicas a la edad de doce o trece años se comenzaban a maquillar su cara —a pesar de que fuera horrible, pareciendo que irían a un concurso de Halloween, para saber quién se igualaba más a una bruja— ella no presentaba interés alguno por colocarse cosmético en su piel, es más, hasta le desagradaba.
Igual, si las chicas tenían novio a la edad de once años o menos, ella nunca lo tuvo. Aparte de su timidez, no era algo que le gustara confesar a alguien más —ni siquiera a Ino, su amiga. Que no importaba cuánto la apreciara; ella sabía que su rubia colega era algo boca floja— le daba cierta repulsión la idea de solamente juntar su boca con la de otro chico. El leer tantos libros que entre ellos destacaban la literatura, química y matemáticas, le habían enseñado que al besar a alguien compartías bacterías con ésta.
No era que ella fuera delicadita o fresita. Sólo que con cualquier cosa se enfermaba. Sí alguien estornudaba en frente de ella, aunque éste se tapara la boca, al día siguiente e incluso después de unas horas, ella ya tenía elevada la temperatura o, en otro caso, la garganta infectada.
Para su suerte su salud fue mejorando conforme el pasar de los años. No es que fuera muy sana, pero las enfermedades no la atacaban tan frecuentemente como antes solían hacerlo. Y eso era algo que ella agradecía a Dios.
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Mikoto volteó a ver a Hinata, que desde hacía unos cuántos segundos se había quedado congelada. Desde el instante en que había aplaudido, ella pensó de que lo había hecho para llamar la atención, dar a notar que estaba ahí. Movió la mano derecha y le anunció a su esposo:
—Ella es Hinata, la nueva niñera de Itachi y Sasuke— esperó a que la muchacha se diera cuenta de la situación. Miró que su marido mantenía su posición, tal parecía que no estaba interesado en saludar a la chica. Frunció levemente el entrecejo por tal seriedad. —Hinata, él es mi marido, Fugaku.
Hinata se acercó un poco más y le tendió la mano al hombre mientras saludó. —Buenas tardes, señor Uchiha. —y como era su costumbre, no le llamó por su nombre, sino por su apellido. Ella consideraba que a quién es mayor que tú o a quién acabas de conocer había que tratarlo de usted, debido a que tutear tan rápidamente le resultaba complicado.
Él simplemente la miró serio y elevó pausadamente su mano, juntándola con la de la chica. No dijo nada.
Cuando encontraron el momento oportuno, separaron sus manos para volver cada uno a sus asuntos. Fugaku alzó su mano izquierda para ver su reloj, que era de oro blanco. Seis con veinte minutos. Ya debían irse para llegar a tiempo a la reunión de negocios a la asistiría al lado de su esposa.
Caminó hacia la puerta y la abrió, sin mencionar nada. Mikoto comprendió que ya había llegado el tiempo de irse.
—Volveremos pronto, chicos. Hasta luego.— se despidió haciendo un ademán con la mano e iba a acercarse para darle un beso a sus hijos, pero un murmuro de su esposo la detuvo Ya vámonos.
Hinata iba a preguntar cómo a qué hora iban a regresar, cuando la señora cerró la puerta tras de sí. Que bien, ahora no sé a qué horas regresaré a casa y Hanabi está sola.
Suspiró de forma que solamente ella logró escuchar.
Y ahora no sé que hacer, estoy sola con dos muchachos mayores y no se me ocurre nada.
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Continuará...
N/A: Sé que han de pensar que no tengo excusa para tardarme tanto y hacer un capítulo tan corto y de por sí malo. Pero tengo mis razones.
1) Problemas familiares (enfermedades).
2) Los estudios están más que pesados.´
3) Simple y sencillamente, mi vida es más dura ahora.
Quién sabe si, al hacer esto todavía sigan leyéndome. No sé. En estos momentos mi vida está en crisis, lo admito.
Venga, el próximo capítulo creo que será más divertido. Eso creo, ya que mi vida ahora no tiene nada de rosa, bueno, nunca lo ha sido tanto.
Okashira janet:
Sobre si saldrá Neji, estoy pensando en eso. Tal vez sí, es lo más probable. Aunque por ahora no aseguro nada.
Muchas gracias a ustedes, que me dejan su opinión. Se los agradezco sinceramente:
okashira janet
Fany D. Flowright
LennaParis
citlali
xXBlackxxStarXx
adrifernan19
gesy
AngieHyuuga
koste
Mazii-chan
sxn-lady
betsy-chan
fe-chan-12
Kaorii-chan
Harmonia love
Rieko-sama
pAuL1Naa***
Reika-Deathless
hinasy
angela-hinata
Imani ki´ Nara
rukis
Ren-Tohsaka
princesita
flordezereso
Lilamedusa
hinata08byakugan
Lea Sabaku No
DarkAmy-chan
También en el siguiente capítulo responderé reviews (si es que llegan). Gracias por leer.
Se cuidan y que Dios los bendiga.
Aiko Amori
