Babbysitter

Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto. La imagen no me pertenece, todo el crédito a su autor. La historia sí me pertenece.

Personajes: Hinata Hyuuga/ Sasuke Uchiha/ Itachi Uchiha

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"Si deseas conocer gente nueva y hacer nuevos amigos, toma la iniciativa"

Andrew Matthews


Capítulo 6

Conociéndolos

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La palabra conmoción era poco para describir lo que sintió al ver a Hinata en los brazos de un joven demasiado apuesto y otro muy atractivo y parecido a él a su lado. Ino los miró unos segundos absorta, hasta que no supo cuál de los dos jóvenes más gallardos que había visto en su vida, carraspeó, intentando captar la atención de la rubia.

—¿Hinata está bien?— intentó que su voz no sonara demasiado chillona, pues aún seguía impresionada. Dirigió sus ojos azules al cuerpo de su amiga y se percató que su cabello estaba húmedo. ¿Pero qué había pasado? Ni en sus sueños más bizarros se le hubiera ocurrido ver a Hinata en ese estado y más aún al lado de ese tipo de chicos. Su amiga era bonita, pero realmente esos jóvenes parecían sacados de una revista de modelos de una reconocida marca de prestigio.

Debía hablar con ella lo más pronto posible, pero se le veía dormir muy plácidamente que Yamanaka sabía que eso tardaría en suceder. ¿Y quién no dormiría así siendo sujetada por aquel hombre? Si no conociera la forma de ser de Hinata, ella garantizaba que se estaba haciendo la dormida para estar así con él. Pero no. No era así. Hinata no era esa clase de chica. La conocía de hace varios años y en cuanto vio que la muchacha de ojos color claro cruzó la puerta del negocio de sus padres, supo que era alguien distinguida y de buena familia.

Tendría por aquel entonces unos trece años, como ella. Ino acompañaba a su madre eventualmente y una de esas ocasiones la vio. Por aquel tiempo la rubia había pensado que era una niña muy taciturna. Con frecuencia la continuó viendo. Saludaba de manera cortés y pedía flores lilas. No hablaba más de lo estrictamente necesario. Muy contrario al carácter de Hinata, Ino desde siempre ha sido una persona muy extrovertida y, como diría Shikamaru, muy habladora y problemática. Pues bien, una vez hizo mención a su característica personalidad. Saludó a la chica de cabello azulado y le empezó a sacar plática. La bombardeó a tal grado de preguntas que Hinata no supo qué contestar primero, a lo que Ino se presentaba y le decía las cosas que le agradaban.

A partir de ese momento, Hinata encontró en Ino lo que le hacía falta en su vida solitaria. Una amiga en quien confiar. Y la rubia descubrió que Hyuuga no sólo era una chica rara, reservada y melancólica, sino también gentil, tierna y de bonitos sentimientos, incapaz de hacerle daño ni a un mísero insecto y sin dobles intenciones. Porque sí, aparte de comunicativa, Ino es muy observadora.

—Pasen chicos— no entendía muy bien la situación, pero algo era seguro: esos jóvenes no podían ser unos secuestradores ni asesinos a sueldo, porque de otra manera en ese momento ya no estuviera respirando. Aparte ninguno de los anteriores mencionados sería tan bueno de llevar en brazos a su amiga de esa forma.

Quitó uno de los cuadernos y libros de Hanabi que estaban en el sillón, para que hubiera espacio para que acomodaran a su amiga ahí.

—Puedes ponerla por aquí.—mencionó, colocando un mechón rubio detrás de su oreja izquierda. No, no estaba coqueteando, pero para una chica tan cuidadosa y pulcra en cuestión de belleza, no podía permitirse que le miraran despeinada. El mayor de ellos puso a Hinata donde se le indicó.

De inmediato fue a traer un par de sillas del comedor para que se sentaran, a lo que Itachi asintió con la cabeza, tomando asiento y Sasuke se quedó parado, ignorando que la rubia les había traído un lugar donde sentarse. ¿Pero es que esos chicos no hablaban? Ella haría que lo hicieran.

—Soy Ino, amiga de Hinata—se presentó, sentándose a un lado de su allegada. —¿Puedo saber qué pasó? ¿Con quién hablé hace rato?—error, demasiadas preguntas para un Uchiha.

Itachi la miró con sus oscuros ojos, sin urgencia por contestarle, a lo que Sasuke observó a su alrededor, para darse cuenta en la modesta condición en la que vivía, hasta hace poco, su primera niñera. Hasta el título le sonaba absurdo. Dentro de lo básico, tenía únicamente lo elemental. Sasuke se preguntó cómo alguna gente podría vivir así. No era una persona sumamente materialista, pero para sus ojos eso era nuevo. El refrigerador parecía ser de un modelo discontinuado del mercado, lo mismo iba para la estufa, la televisión y el comedor. Eso sí, fuera de que no eran ni por asomo de lo último en la línea, todo estaba en orden y limpio.

—Todo fue bien. —fue la simple respuesta del mayor de los Uchiha.

Para la inquieta Ino esa no fue una contestación completa, así que mientras iba por un poco de té de limón que había preparado para su amiga, inquirió.

—¿Trabaja con ustedes?

—Así es.

Abrió la alacena en busca de dos tazas, tomó del mango el recipiente en el que estaba el líquido caliente y lo vertió en ellas. Hablar con esos chicos estaba resultando más difícil que hacer hablar a una piedra, en serio. Eso era alarmante, más porque aparte de su personalidad, se moría por saber qué era lo que había sucedido para que Hinata terminara así, en ese estado. ¿Había tomado? No se había dedicado a olfatearla, pues eso se miraría muy extraño enfrente de los muchachos.

Le dio una taza a cada uno, sin importarle que no las quisieran. No les preguntó si querían. Sasuke estaba por rechazarla, pero la rubia no le miró cuando se la estaba dando, sino que había volteado a con Hinata. La aceptó sólo por el hecho que si no la tomaba, era seguro que la chica lo dejaba caer y realmente él no tenía ganas de quemarse. Suficiente había tenido con el espectáculo que había montado la chica dormida en el sofá.

Miró a la niña acostada en el otro sillón, muy abrazada a su oso morado. Oso Lolo. Se maldijo por recordar ese estúpido nombre ridículo, pero la verdad había sido un poco entretenido ver decir eso a Hinata por celular y después de haber terminado la llamada, salir huyendo, buscando donde esconderse. Había escuchado el nombre de ese peluche dos veces en la noche. Esa chiquilla también la vio de fondo de pantalla del celular de la tímida. Si fuera un poco más pequeña, realmente pasaría por la hija de la joven Hyuuga. Sus facciones eran parecidas, aunque las de la menor eran todavía más redondeadas y los de Hinata prácticamente no nada tenían ya rasgos infantiles. Seguro era su hermana.

—Pero es que a mí me gustan esos calzones que dices que son de abuelita, Ino. —balbuceó entre sueños Hinata, poniendo una mano en su rostro. —Se duerme cómoda con ellos. —volvió a hablar la joven.

A la cara de Ino llegó el rubor. Nunca había oído hablar dormida a su amiga. Bueno, eso lo adjudicó a que no podía saberlo, pues era la primera vez que la veía tan vulnerable y dormida. Volteó a ver a los jóvenes, que era claro que lo habían oído, pero sus rostros no demostraban alguna emoción o esbozo de querer reírse.

Iba a hablar, disculpando el comportamiento de Hinata y esperando que no abriera nuevamente la boca, pero fue muy tarde, ya que la chica murmuró.

—No sé qué hacer Ino. Los dos me dan miedo. En especial Sasuke-san—en el sueño, Hinata hablaba por teléfono con la rubia, expresando lo que había en lo más profundo de su ser. Su ceño se frunció ligeramente —Parece…

Sea cual fuera lo que iba a decir, Ino tapó la boca para salvar la dignidad de Hinata. No sabía si iba a decir algo inapropiado, pero si trabajaba con ellos no era bueno que siguieran escuchando. Dirigió su mirada a la de los chicos y seguían prácticamente igual, sólo que el único cambio fue que Sasuke alzó una ceja. Ino de inmediato supo que él respondía por ese nombre.

Hanabi se removió, incómoda, por lo cual su oso morado se le cayó de las manos y se fue al suelo. Todavía dormida, buscó a tientas a su amado juguete y como Sasuke estaba cerca, tomó la pierna de él pensando que era su oso.

—Querido Lolo, hace falta que comas más, estás muy flaco—musitó Hanabi a su eterno acompañante de sueños. Sasuke hizo ademán de zafarse, pero Itachi lo vio de manera seria.

No era lo más adecuado en ese momento, pero que alguien desconocido—y aunque fuera conocido- se acercara tanto lo molestaba-, nunca había sido bueno a la hora de recibir cariño, y no es que su familia fuera especialista en eso excepto su madre, que a veces le daba por darle abrazos, los cuales aceptaba, no completamente conforme. La quería, pero ni Sasuke ni su hermano eran precisamente afines a ese tipo de contacto. Su progenitora sabía que eran fríos, pero de alguna forma quería hacerles llegar su amor hacia ellos.

¿Pero acaso le había dicho la niña esa que tenía piernas flacas? ¿Qué día era? ¿Día de enfadar a Uchiha Sasuke? Si Itachi fuera más expresivo, daba por seguro que ya hubiera estallado en risas por semejante semblante que se cargaba. Primero la loca aquella diciéndole a su amiga que le daba miedo y luego la otra insultando una parte de su físico. Había a quien heredar, por lo visto la chiquilla también hablaba cuando estaba dormida.

Ino ahogó una risa, al ver que Sasuke parecía querer fulminar con su mirada a todos ahí. Decidió intervenir, recogiendo al oso de Hanabi y haciéndolo llegar nuevamente con ella.

—Hanabi, ese no es Lolo. Este es.— tomó la mano de la menor y la hizo sentir el pelaje del peluche, a lo que de inmediato soltó la pierna de Sasuke para agarrar a su oso.

—Ya es tarde. Nos retiramos. —habló esta vez la profunda voz de Itachi.

La de ojos azules quería saber más de lo que pasó esa noche, pero sabía que ya era tarde y por lo anterior sucedido lo mejor era que se fueran de ahí. Ya cuando se despertara Hinata la investigaría a fondo. Ino asintió y los acompañó a la puerta.

Miró a la chica, que tenía el cabello todo revuelto, un total y auténtico desastre.

—Ah, Hinata. ¿En qué te metiste?—suspiró.

Se asomó por la ventana del apartamento y miró el flamante automóvil último modelo en el que se subieron los jóvenes. Se suponía que iba a trabajar de niñera, ¿no? Pero eso era imposible, no vio ningún niño por ahí. A menos que… No, Hinata no podía estar metida en eso de la mafia. Ella no era una chica mala, quizá un poco influenciable, pero nunca se metería en eso. Eso esperaba.

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El transcurso hacia el carro fue silencioso y rápido, mas al montar en el, el mayor de ellos rompió la quietud, diciendo:

—Hay que portarse bien con ella.

Un prolongado silencio se hizo presente, hasta que Itachi giró a ver a Sasuke.

—Hn.

No se había comportado mal de ninguna manera. Ella sola se buscó lo que le pasó. ¿Quién la mandaba a ponerse borracha en su primer día de trabajo? ¿y quién más le había dicho que se podía meter entre la pelea—juego- de Naruto y él?

Si tenía decencia, lo mejor era que no se parara por su casa mañana.

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Domingo, día de descanso. Para la gran mayoría, menos para Hinata. Estaba en la parada del autobús, esperando la ruta que la dejaba más cerca de la mansión Uchiha. El camión se aproximó, a lo que se apresuró a subir, dejando que pasaran las personas mayores por delante de ella. Colocó su tarjeta en el verificador y se cobró el viaje. Había dos asientos disponibles, pero dejó que las señoras lo tomaran. Una de las ancianas le sonrió, afable. La encomió por ser tan amable y le dijo que era muy bonita.

Hinata sintió enrojecer su cara, agradeciendo el gesto de la mujer. Lo cierto es que era común que la felicitaran por su actitud hacia con ellos y algunas personas—sólo mujeres, señores de más edad y niños- la habían elogiado. Ella sólo asentía, en ocasiones diciendo gracias y en otras simplemente se quedaba en silencio, con un ligero esbozo de sonrisa.

Tomó la barra con su mano derecha y con el brazo izquierdo afianzó más hacia sí su bolso, esperando que no volviera a ocurrir algo como ese percance en el que un tipo le había arrebatado su bolsa y había salido corriendo, dejándola sin el dinero para el mandado de esa semana a Hanabi y a ella.

Por fortuna, Ino en una de sus visitas, había ido al frigorífico y vio que sólo había tres huevos y medio galón de leche, a menos de la mitad. La había regañado y como sabía que ella no aceptaba dinero, fue sólo cuestión de minutos para que su rubia amiga tomara su cartera, para después de media hora aproximadamente, regresar y traer consigo varias bolsas de una frutería y carnicería cercana.

Le había tocado conocer a una excelente persona. Unas semanas después de que se hubo recuperado del robo del que fue víctima, le devolvió en dinero lo que creyó que se había gastado Ino y un poco más. Todo esto a regañadientes de Yamanaka, que no quería aceptarlo, pero lo hizo al ver la firmeza con la cual Hinata se lo había entregado.

Ya iba tarde, así que ansiosa vio hacia el camino. Había tráfico. Lo más seguro que las familias aprovechan y salían al cine, al zoológico o a cualquier otro evento para pasar tiempo de calidad con sus seres queridos. Cuanto extrañaba aquellos días. A su mente llegó su pequeña hermana, ella era su única familia y uno de sus motivos para salir adelante. Saldría con ella pronto, para pasar tiempo juntas y distraerse aunque fuera un poco de la rutina.

Trataba de no pensar en el ridículo que había hecho ayer. Tremendo espectáculo había montado. Todos estaban tan tranquilos, tomando de sus bebidas sin preocupaciones y ahí iba ella, con únicamente dos copas ya estaba hasta atrás. Había recuerdos que los miraba claramente y otros algo borrosos, distantes.

"Sóplame" "N-no" "N-no, quiero vomitar"

Al instante de recordar eso se llevó su mano izquierda, cubriendo gran parte de su rostro, abochornada. Al momento de hacer eso varios pares de ojos se dirigieron a ella, y ella no fue consciente de que atrajo de tal manera la atención de los viajeros.

Pero la culpa la tenía ella y nadie más. Muy en el fondo de su mente sabía que sería una mala copa, por eso mismo con anterioridad había evitado ingerir aunque fuera un poco de alcohol. ¿Pero en serio, con dos copas? Daba pena. Se suponía que ella estaba ahí para cuidar de ellos, no al revés.

Después se había alarmado pensando que el rubio y Sasuke se habían empezado a pelear de verdad por quién sabe qué cosa. Ella, con la cabeza aun dándole vueltas, incapaz de pensar con claridad, se había lanzado como una heroína para impedir que se siguieran golpeando y la noqueada había sido ella.

Genial.

Sintió que le escurrió un líquido por la nariz y se percató que era sangre, luego todo se volvió borroso y, finalmente, oscuro.

No sabía si reír o llorar, por no ser capaz de recordar lo que sucedió después. ¿No dijo alguna imprudencia? Al levantarse del sillón, con una gran cefalea, vio a una Ino furibunda. Le había hecho un interrogatorio y en una de tantas cuestiones, la primera fue si había tomado, a lo que Hinata respondió apenada que sí, porque tenía sed. A los oídos de Ino eso sólo sonó como una excusa barata.

La de ojos como perla le contó a grandes rasgos todo lo que sucedió y, al terminar, miró que Ino tenía entreabierta la boca, asimilando toda la información que su amiga le había proporcionado. Estupefacta, había pronunciado un

"¿N-niñera? ¿De ellos dos? Dime, Hinata, ¿dónde consigo un trabajo igual? "

Vaya que Ino todavía en esas condiciones no dejaba de lado su nata coquetería. Hinata había reído un poco con las ocurrencias de la rubia. ¿Cómo es que ella llegó a pensar que se había metido a alguna pandilla o clase de mafia?

"Créeme, eso es más creíble que seas niñera de esos galanes, amiga"

Realmente tenía toda la razón. Ni ella misma se creía que tuviera ese trabajo, pero por el bien de ella y de Hanabi tenía que hacerlo antes de bajar de ese autobús.

Le había preguntado a Ino si había dicho algo fuera de lugar mientras los chicos la fueron a dejar, pero a la de ojos azules parecieron brillarle en ese momento los ojos, hallando su sutil represalia, todo ello porque no había tomado alcohol con ella.

"No te diré. Quizás pronto lo sepas." Acto seguido silbó y rodó sus ojos, fingiendo demencia.

Luego de decir eso, se fue del apartamento, alegando que su padre la iba a matar si llegaba más tarde a su casa.

Se anunció la próxima parada y supo que era el momento de afrontar a los chicos. Tenía que ser valiente. Bajó y apretó su puño, en señal de victoria.

"Sí se puede, Hinata." Pensó, dándose ánimo. ¿Por qué si no lo hacía ella, quién más?

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El idiota de su amigo rubio sí que tenía energías. No supo a qué hora se fue de la fiesta con Sakura, pero le había estado fastidiando por unas retas que tenían pendientes y, aunque él había dicho un rotundo no, Uzumaki lo tomó como un entusiasmado "Si, querido amigo mío, aquí te espero impaciente y con la comida lista".

Sasuke no se caracterizaba por levantarse tarde, todo lo contrario, pero curiosamente aquel domingo estaba de flojera. Su cama parecía que se adhería a él como abeja a la miel. Sólo recibir esa llamada del estruendoso de su amigo de la infancia lo había hecho levantarse, sabiendo que si no estaba listo, el rubio era capaz de tocar la puerta fuertemente hasta que alguien se dignara de su pobre alma y le abriera.

Naruto sí que sabía cómo ganarse a la gente. No sabía cómo le hacía, pero lo hacía. Prueba viviente era su calmado y serio hermano mayor y su gentil madre.

Se metió a duchar, recordando lo que pasó ayer. Enjuagó muy bien su cuerpo y su cabello con un champú de olor varonil.

"Voy a vomitar"

Sí que era una chica rara. No supo porque, quizás sintió pena por ella, pero le quitó la botella de agua a un pobre diablo que iba pasando por ahí y éste, amedrentado por la mirada atemorizante del Uchiha, optó mejor irse sin hacer gran escándalo por ese hecho. Sakura iba en busca de él, y como no tenía ganas de lidiar con su constante parloteo y sus probables celos, le dio el agua y le dijo que esperara a la chica afuera del baño.

Nunca en su vida había tenido una niñera, pero esa muchacha no podría serlo por asomo. Es más, viendo la hora que era, lo más probable era que ni él ni su familia supieran ya de ella. Aparte se suponía que ella única y exclusivamente iba a ir cuando sus padres no estuvieran presentes o tuvieran algún evento, ¿no? Así que tanto Itachi como él la iban a mirar relativamente poco.

Se terminó de secar con una toalla y se puso un short, para andar cómodo por su habitación.

Escuchó el timbre sonar.

El idiota llegó tan pronto, ¿eh?

Esperó unos segundos, casi oía a Naruto brincar las escaleras de dos en dos para llegar hasta su cuarto y empezar a molestarlo con sus constantes juego-peleas.

Pero ese sonido no llegó, en cambio volvió a escuchar el timbre. ¿Dónde estaba la servidumbre cuando verdaderamente se le ocupaba? Estaba bien que fuera domingo, pero por algo se les pagaba. Bufó. No había elección más de ir él mismo. Su mamá probablemente estuviera regando su jardín, su padre en su estudio viendo algunos asuntos de negocios e Itachi probablemente leyendo en algún rincón de la casa.

Sin molestarse en ponerse una prenda más, se encaminó escaleras abajo para abrir la puerta. Ya sentía que el rubio de ojos azules comenzaba a berrear que le lo dejaran pasar.

—H-hola. —saludó cortés Hinata, tras la entrada. Los ojos se le abrieron desmesuradamente.

Mala hierba nunca muere.

—Eres tú.— dijo con voz seca, sin ninguna emoción en su mirada hacia su interlocutora.

—Soy yo.—incapaz de poder sostenerle los ojos encima, vio hacia otro punto, pero ciertamente la ponía nerviosa ver a un chico con el pecho desnudo, pues era el primero que miraba—dejando de lado la albercada, pues era normal ver gente con esas prendas y, sobretodo, algunas brillaban por su ausencia. —¿Podría… podría cubrirse, por favor?

No.

En realidad no le gustaba hacer lo que le dijeran, pero la joven prácticamente le había aventado su bolso para que se cubriera.

—Pensé que ya no vendrías. —comentó Sasuke, como si nada. El que Hinata le estuviera rehuyendo la mirada lo irritaba. No era ningún exhibicionista, ¿pero es que acaso no había visto algún hombre así antes? Tal vez no un novio ni amante, pero algún primo o hermano seguro sí. —No sé porque te escandalizas, ayer me viste así.

Hinata no dijo nada a eso último, se limitó a preguntar la razón por la cual pensó que no iría ya.

—¿Por qué no habría de venir? Es mi trabajo—se armó de valor para que su voz no sonara temblorosa.

—Por lo que pasó ayer. — dijo, tirando el bolso en el sofá más cercano. Decidió irse a poner la ropa que dejó en su cuarto, dejando sola a Hinata en la sala.

¿Acaso hice algo indebido ayer? A lo que recuerdo no, a menos que... Imposible. En su mente no tenía los recuerdos de cuando iban en el carro o cuando llegaron a su casa, pero se sentía incapaz de faltarles el respeto a algunos de los dos.

Quería imaginarse algún posible escenario, pero ninguno pintaba favorable para ella.

"Me has gustado desde que te vi, Sasuke-san"

"Estás lo que le sigue de bueno, Itachi-san"

"Hace calor, ¡fuera ropa!"

¡Por favor! ¡Ella no era así! Esa manera de ser pegaba más con la rubia de su amiga, sin ofender. De ella había aprendido varios piropos que prefería no recordar, ciertamente.

Mikoto, que había ido por un vaso con agua a la cocina, la vio y se alegró en automático.

—Hinata, que gusto verte por aquí. —el semblante agraciado de la mujer acompañó a las palabras que enunció. —¿Puedo saber a qué se debe tu visita?

—Sí, Mikoto-san. Quiero hablar con usted acerca del trabajo.

La expresión de la madre de los Uchiha cambió tenuemente. Fueron a la cocina por el vaso con agua que quería ella y le ofreció algo de tomar a la Hyuuga.

—Agua está bien, gracias—Hinata tomó el vaso, viendo el agua en su interior para posteriormente tomar de su contenido. —Estaba pensando…

—¿Quieres renunciar, Hinata?—inquirió curiosa la esposa de Uchiha Fugaku. Era lo más viable, pero esperaba que no fuera así. Tal vez era complicado lidiar con dos chicos mayores que ella. —Mis hijos pueden ser algo difíciles, pero son buenos chicos.

Hinata negó más escandalosamente de lo que quiso. Terminó por pasar el agua por su garganta, para no arrojarlo por la nariz.

—No… Verá—jugó un poco con sus dedos índices, como solía hacer más a menudo cuando tenía menos edad. —La verdad es que me gustaría pasar más horas con ellos.

Mikoto se esperaba otra contestación y realmente esa que le dio la chica frente a ella la sorprendió, iba a tomar la palabra, pero vio que Hinata iba a proseguir.

—No me malinterprete, pero realmente necesito el trabajo. Sé hacer algunas recetas de comida, puedo lavar ropa e incluso planchar…

Era el turno de la mujer intervenir.

—Hinata, no te preocupes. Puedes venir cuando quieras y por el dinero no te apures. —miró que la Hyuuga trató de que no la mirara, pero vio que los ojos claros se le estaban humedeciendo. En verdad que era una jovencita humilde y de buenos sentimientos. —Referente a hacer más cosas, ya hay personas encargadas de hacerlo pero si no te molesta puedes hacerlo si alguna vez una no viene.

—¿En serio?— la voz de la chica pareció alegrarse al ver el buen corazón de la mamá de los jóvenes.

—Sí, Hinata. La verdad es que también yo estaba pensando en decirte si querías venir más tiempo. No quiero ponerte un horario fijo porque sé que tienes más trabajo a tiempo parcial pero si alguna vez no te sientes cómoda con alguno, puedes renunciar y venir más tiempo con nosotros—le dijo, haciéndole llegar su maternal calidez.

Hinata sólo atinó a pensar que Mikoto era una de las más buenas personas que había tenido el privilegio de conocer.

La elegante mujer —que no ocupaba de vestir de forma lujosa como ayer para verse así— le sonrió, dejando ver sus bonitos dientes blancos y los ojos cerrados, acompañando el gesto.

—Vamos, te quiero enseñar mi jardín. —tomó el brazo de Hinata y la llevó con ella. —¿Quieres venir?

—Claro—el rostro de Hinata se iluminó ante la sola mención de hermosas flores y plantas.

—¿Te gustan las flores?—cuestionó Mikoto, queriendo conocer más a la chica que le acompañaba. Por su semblante ya conocía la respuesta, pero quería escucharla. Indudablemente, esa señorita tenía cierta similitud a ella cuando tenía su edad.

—Me encantan.

—Parece que nos llevaremos bien, Hinata—anunció feliz la mujer.

La joven Hyuuga se asombraba a cada paso que daba. En el pasado estuvo acostumbrada a la vida ostentosa que tuvo al lado de su padre, pero la decoración de semejante casa era fabulosa, muy afín a sus gustos. La mayor parte se destacaba el blanco, con ciertos contrastes de muebles rústicos, que lejos de restarle vista, le daba un buen ambiente al lugar.

Pronto se adentraron al jardín que con tanto esmero Mikoto Uchiha formó. Todas las especies de flores y plantas estaban en perfecto orden y por color, y eso hacía que destacara todavía más su belleza.

—Es hermoso, Mikoto-san.—exclamó Hinata, extasiada y dejando a un lado su fiel compañera, la timidez.

La señora afirmó lo anterior dicho con la cabeza.

—Es bueno conocer a alguien que sepa apreciar la preciosidad de la naturaleza—completó, mirando que la joven asentía y corroboraba la textura de las plantas y flores. —¿Te gustaría ayudarme a cuidarlo?

Los labios de Hinata se entreabrieron y, dudativa, preguntó:

—¿Puedo?

—Así es.

—Sí quiero. Muchas gracias Mikoto-san.— sabía que el que la bella mujer le dejara auxiliarla a cuidarlo era muestra de confianza, puesto que ella, en el pasado, a nadie se lo había encomendado por falta de ésta.

Mikoto volvió a sonreír afectuosamente. El primogénito de sus hijos hizo acto de presencia, llamándola.

—Buenas tardes—saludó dirigiéndose más a Hinata. —Madre, padre la está buscando.

—Oh, enseguida voy— dijo, despidiéndose efímeramente de la chica y poniendo una mano en el hombro de su hijo, mientras iba pasando por ahí. Se alejó pronto.

—Buenas tardes, Itachi-san.

—¿Estás mejor? —su habitual tono de voz serio, sin casi rastro de emoción le hizo dudar si estaba afirmando o si estaba realizando una pregunta.

¿Pero qué tanto hice ayer? ¿Hice algo tan malo que debería no estar mejor?

—S-sí—sin embargo, su temblor en la voz se hizo patente. ¿Por qué no debería de estarlo?

—Bien—fue su simple respuesta, emprendiendo el camino hacia la un asiento cerca de la gran alberca que tenían los Uchiha. La de cabello negro azulado pensó que bien pudieron hacer hecho la fiesta ahí, pues era mucho más espaciosa que la otra casa, pero sus motivos tendrían para no haberla hecho en ese lugar.

Hinata, sin ser plenamente consciente de ello, le siguió el paso. Quería disculparse por su comportamiento de anoche. Tenía el deseo de disculparse con ambos. Se sentó a un lado de la silla en el que él lo hizo, lo más alejada posible de él. No le importó que le dieran los rayos del sol de lleno en la cara. Con el ceño fruncido a causa del astro rey, expresó uno de sus más sinceros "lo siento".

Itachi había abierto el libro que estaba leyendo recientemente y llevaba un par de líneas recorridas cuando escuchó la delicada voz de la chica.

—No te castigues así—masculló señalando los rayos solares para apuntar a la sombra. —Puedes ponerte aquí.

La fémina asintió y se acercó un poco, sin invadir el espacio personal del joven Uchiha. No supo si la ignoró, pero él ya no dijo nada, limitándose a volver su vista a la lectura. Hinata vio que tenía cierto parecido a Mikoto, sin embargo su tono era levemente más bronceado y poseía unas marcas como ojeras que no le había visto a su madre. Había visto poco a Fugaku, así que pensó que tal vez las heredó de él. Esos rasgos que las muchachas decían que eran sumamente encantadores. Su amiga Ino había dicho que los dos eran bastante atractivos y le preguntó si de verdad no eran modelos de alguna revista o algo similar.

Enrojeció por lo que iba a decir, pero tenía que hacerlo. No era una desagradecida ni nada por el estilo.

—G-gracias por cuidar de mí ayer y perdón por las molestias que les pude haber causado—desconocía si había ocasionado más malos ratos, pero con eso trató de indagar.

Por los siguientes minutos Hinata esperó respuesta. Era más probable que la pared la saludara a que el muchacho le dirigiera la palabra, la verdad.

—Cuida más de ti. Sasuke a veces se pone difícil, pero es buen chico.—momentos atrás le habían repetido los mismos vocablos. Todo eso la llevaba a pensar que algo más había sucedido con el menor de ellos, ¿pero qué era?

—¿Puedo saber que sucedió?

La vista de Itachi había regresado al libro.

—No soy el indicado para decirlo. — dijo exclusivamente, sin girar a verla ningún momento. La chica frente a él no hizo nada que le desagradara directamente a él, pero no sabía que decir sobre Sasuke. Él era el más aludido por que en sus sueños, Hinata había dicho que él le proporcionaba más temor y también porque la niña que estaba en su casa le había dicho que tenía las piernas flacas, indirectamente, claro —Lo que te puedo decir es que no me incomodaste.

¿Qué hice?

—Entiendo. —comprendió que estaba concentrado y no quería seguir incomodando, contrario a lo que pensaba Itachi. A él rara vez le perturbaba la presencia de alguien y ella no era la excepción a la regla.

Algo más importante surgió en su mente. Más relevante que saber que fue lo que hizo la anterior noche y es que para evitar más eventos desagradables tenía que irlos conociendo. Todo sea por preservar su trabajo.

—Quisiera… quisiera hablar un poco más con usted, si no hay inconveniente.

El joven terminó de leer el párrafo en el cual estaba, para después ponerlo a un lado de él y escuchar lo que fuera a decir la chica.

Aspiró una bocanada de aire, tratando de su nerviosismo se fuera a dar la vuelta a otra parte mientras estaba en sus horas laborales.

En cierta forma, los dos la intimidaban, con ese aire de superioridad que los dos emanaban sin ser plenamente conscientes de ello, o quizás si lo fueran. Como sea… Itachi lucía menos frío y una pequeñísima parte más accesible que el menor de ellos.

—Se ve interesante el libro— la cara de Uchiha Itachi fue la misma.

—Es bueno—concedió él.

—Imagino que está por terminar o ya concluyó sus estudios universitarios.—mencionó Hinata, queriendo conversar más.

El de cabello largo se permitió pensar que ya lo hubiera hecho, de no ser porque fue con sus amigos a dar la vuelta a varios países alrededor del mundo. Muchos lo consideraban un genio, de esas personas que todo se les daba hacer sin poner realmente empeño. Pero, ¿de qué servía? Su destino ya estaba marcado.

Lejano a todos los pensamientos que le llegaron en segundos, su respuesta fue demasiado sencilla.

—Estoy en último semestre de la carrera.

Hinata no quería forzar nada, sólo acataría lo que a él le apetecía contar.

—Me gustaría volver a estudiar.— dijo, anhelando aquellos días de estudiante, más para sí misma que para su oyente.

—Por ahora no estudias—fue una afirmación, en lugar de un cuestionamiento.

—¿Uh?—sorprendida por lo que dijo, se compuso—N-no…

No supo si él iba a decir algo, pero no tuvo el tiempo de averiguarlo, pues la madre de él llegó, diciéndole que ahora su padre lo llamaba a él.

—Debo irme.

—Nos vemos, Itachi-san.

Fue una charla breve, pero algo es algo.

La dulce voz de Mikoto la sacó de sus cavilaciones.

—Hinata, si gustas puedes ir con Sasuke y su amigo, están en la sala.

—Sí.

No entendía que iba a hacer ahí, pero iría. Tal vez, sólo tal vez, también podría entablar una pequeña conversación con el menor.

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El escandaloso de Naruto tardó más de lo esperado en arribar a la casa de los Uchiha, pero en cuanto llegó su voz se escuchó hasta lo más lejano de ésta. No por nada le decían el rubio más hiperactivo de todos. El rubio de ojos azules sabía que Sasuke iba a estar él describiría, en sus días, por obligarlo a aceptarlo en su casa ese domingo cerca del mediodía, pero trató de recompensar a su amargado y malhumorado colega con un refresco y unas bolsas de papitas, de las predilectas por él, para que no rugiera nada.

—¿Crees que me comprarás con algo así? —declaró Sasuke, con los brazos cruzados, ignorando los ojos de borrego a medio morir que le puso el rubio.

—Sí.

—Está mal.

—¿Qué más quieres que haga por ti? Llevé y dejé a Sakura-chan sana y salva en su casa ayer.—y no sólo era porque Sasuke se lo hubiera pedido, pues aunque no haya hecho, él lo haría sin rechistar, no importando la hora. Sakura-chan era Sakura-chan, una muy apreciada amiga.

—No importa.

—No seas tonto, Sasuke. No juegues con ella si no quieres nada serio. —en ese momento el rubio se dejó de bromas y lo miró con una seriedad pocas veces vista en su casi perpetuamente risueña cara.

—No me vas a decir que hacer.

Hinata, que había llegado a la sala, escuchó gran parte del motivo por el cual estaban empezando a discutir. Como vio que estaban por iniciar el juego, se adelantó hacia ellos para que cesara su disputa.

—Oh, chicos, ¿van a jugar? Quisiera unirme. —murmuró y al final se arrepintió de lo que dijo. Bueno, en el pasado había jugado el típico Mario Bros, entre otros.

Sasuke la vio y no pudo pensar más que era una entrometida y sigilosa, la verdad es que no la había escuchado llegar.

—Eres la que se la pasó en el baño ayer y que terminó siendo golpeada por Sasuke-teme, ¿no? ¿Qué haces aquí? —el tono de voz vivaz regresó a Naruto. Hinata sintió vergüenza. Lo bueno que no le había dicho borracha o algo así.

Sasuke respondió por ella.

—Viene de visita.

—Oh. Me dijiste tu nombre ayer pero ahorita no lo recuerdo… No me digas, no me digas, lo tengo en la punta de la lengua.

Hinata no vio mal en darle una ayuda.

—Hi…

—Hinata, ¿cierto?—la chica asintió. —Genial, sí me acorde. Por cierto, ¿cómo sigues?

—Bien, gracias.—musitó Hinata. ¿A poco estuvo tan grave el asunto? Sí, se levantó con una gran resaca que fue menguando gracias a un té que se preparó y a una pastilla que le dio Ino—al parecer no estaba tan enfadada como juraba estarlo-.

—No obtuve tu número ayer—dijo Naruto, que lejos de andar ligando, se le daba muy fácilmente el ser sociable y, con ello, obtener nuevas amistades.

—Bueno, eso…

Mientras que estaban en pleno parloteo, Sasuke comenzó el juego, irritado. Bastaba con un perico como para que llegara y se le uniera otra guacamaya, aunque verdaderamente la guacamaya no hablara tanto, sino que nomás escuchaba y decía unas frases cortas.

—¿Van a jugar o no?

—Primero las damas. —cedió Uzumaki. Hinata vio con duda el control remoto y la palabra terror tomó sentido al ver que se trataba de guerras, peleas y matanzas ese dichoso videojuego.

—Pero…

—Dijiste que querías jugar, ¿no?

¿Por qué había abierto la boca? Comenzó la batalla en equipos y no sabía bien de que iba eso, pero parecía que ella y Sasuke formaban parte de un grupo e iban contra otros que estaban jugando en línea.

A Hinata le perturbaba ver la sangre aunque fuera ficticia y tal violencia no le agradaba para nada. Supo que Sasuke estaba fastidiado de que les estuvieran ganando por la culpa de ella, pero no lo exteriorizó. Lo notó por la presión que ejercía en el control. Ese videojuego no le agradaba en lo más mínimo y a pesar de que hacía su mayor esfuerzo por cubrirse sin herir a nadie, los demás sólo buscaban matarse entre sí. El juego con más violencia que había jugado en hacía algunos años con su hermana era The King of Fighters y eso no era nada comparado a lo que tenía frente a la gran pantalla del televisor.

—Eres muy blanda. —indicó Sasuke, que seguía buscando a los tipos para darles caza.

Naruto vio la situación y decidió ayudar.

—Venga, Hinata ¿quieres ayuda?—la chica lo miró agradecida y le dio el control, a lo que se alejó y se sentó en un sillón para verlos jugar. El rubio se apresuró y mató sin remordimiento a los contrincantes y pronto se pusieron en ventaja.

No había dormido mucho, así que pronto sus ojos le pesaron y, finalmente, se cerraron. Soñó que tenía cosquillas alrededor de los labios.

.

.

Después de que finalizaron el juego y pusieron pausa para reanudar otro, Sasuke vio que Hinata había caído de nuevo en los brazos de Morfeo.

¿Pero qué se cree, la bella durmiente o qué? Qué bien hace su trabajo eso último lo pensó con sarcasmo, pues su deber era "estar al pendiente de Itachi y de él". Se dirigió al baño, bufando.

Cuando regresó, vio que el rubio le había colocado unos bigotes con un plumón que usualmente cargaba en su bolsillo, por si se daba la oportunidad de hacer esa travesura infantil que tanta gracia le causaba a ese cabeza hueca.

—Ridículo como siempre.— expuso, parado al lado de los dos.

Hinata se removió un poco y con una mano se rascó los bigotes pintados. Naruto sacó su celular para tomar una foto y tener un recuerdo de eso, aguantándose las ganas de estallar en carcajadas, sin tener mucho éxito, pues dejaba escapar unas cuantas risillas. Tenía demasiadas fotos de diferentes amigos cuyo álbum llevaba como título "bigotes".

—Ya sabes porque lo hago, teme. Hinata me cayó bien. — expresó Uzumaki, siendo completamente sincero. Naruto, al considerar que alguien ya era su camarada, en cuanto tenía oportunidad le ponía los bigotes de la amistad y le tomaba la foto. Cabía destacar desde años que él era el pionero de esa lista. Prefería esconder en lo más recóndito de su mente esa imagen que le mandó ese idiota. La borró de inmediato de la memoria de su celular, pero era más intrincado el sacarla de sus pensamientos.

El de ojos azules se alertó por la llamada entrante de su mamá. Se levantó enseguida y salió corriendo del lugar.

—Si se entera que salí sin recoger mi cuarto, me deja sin desayuno el resto de la semana. Nos vemos, Sasuke— se despidió meneando la mano ya retirado, en lo que se preparaba para contestar la llamada de su colérica madre.

Fue en ese momento que Hinata talló su ojo derecho y observó atenta a su alrededor, asustándose y levantándose de un solo golpe. Nomás faltaba que saliera corriendo para hacerle segunda al rubio loco, pero aquello no sucedió.

—¿Cuánto tiempo dormí?

—Mira la hora.— la respuesta por parte de él y severa expresión, daba a atender que había pasado horas sumida en el mundo de los sueños. Reparó que había un reloj cerca y con alivio se dio cuenta que fueron a lo mucho unos diez minutos. Suspiró. No estaba bien que se durmiera en casa ajena y menos en horas de trabajo, pero de lo malo, había algo bueno.

Se le hacía una tremenda estupidez lo que hacía Naruto, pero era cierto que daba un poco de risa, aunque no exteriorizara absolutamente nada. Los bigotes le daban un aspecto divertido al siempre tímido y serio rostro de Hyuuga Hinata. No era de las personas que se burlara de los demás, pero quizá ese era el karma que se le devolvía a ella.

Recordó que ella había dicho dormida que le tenía más temor a él que a Itachi. Él no le había hecho nada, al menos no aún. Lo otro no estaba directamente relacionado con ella, pero si indirectamente. Su propia sangre le había tomado la pierna y dicho que ésta era flaca. No de forma directa, pero lo había insinuado. Las dos chicas eran unas lunáticas, en serio. Por algo eran hermanas.

La voz de la madre de Sasuke e Itachi se dejó escuchar, en la cocina.

—Estoy preparando la comida, Sasuke, mientras tanto tú y Hinata vayan a dar un paseo a pelusa, está muy abandonada la pobre. —era una sugerencia que sonaba a orden. No quedaba de otra.

Los ojos claros de Hinata le brillaron a causa de la mención de ese nombre.

— ¿Pelusa es el perrito que tienen?— mencionó la Hyuuga, levantándose emocionada.

—Es perra. —corrigió Sasuke.

—Yo quisiera llevarla—manifestó la chica, deseosa de estar cerca de un animal doméstico.

— ¿Estás segura de eso?

—Sí, me gustan mucho los perros.

—Si tú lo dices.

Se imaginaba, por el nombre, a una pequeña perra dulce y tierna. Salieron al patio, Sasuke le dijo que esperara en lo iba por la tan famosa Pelusa.

Escuchó los ladridos de emoción del can y volteó a verla. Esos sonoros ruidos no podían pertenecer a una especie de tamaño pequeño. Definitivamente no.

Ante sus ojos vio al perro más grande que haya visto. Sólo en documentales había sido capaz de verlo. Ese tipo de perros no se miraban en cualquier lado, menos en un país asiático como lo era Japón. Por los informes que había oído, era más común encontrarlos en Europa, más concretamente en Alemania, de ahí su nombre: dogo alemán.

Lo sabía, pero quería corroborarlo.

— ¿Es un gran danés? — cuestionó, con voz suave, observando a la majestuosa mascota. Color negro, distinguido. Sus movimientos eran gráciles.

—Así es. Bien, toma. —le extendió la correa.

Los ojos del perro la encontraron. Trató de ocultar el miedo ante ese perro. Apreciaba mucho su vida y, a pesar de tener ya experiencia en sacar a pasear perros—uno de los trabajos a tiempo parcial que tuvo-, nunca le tocó lidiar con semejante animal. Aún no conocía ni había platicado bien con Uchiha Sasuke, pero ella quería pensar que no era lo suficientemente despiadado como para darle a una Hyuuga Hinata como merienda a su querida perra. Entonces supo que no había que temer, él no podía ser tan malo, ¿o sí? Aparte Mikoto había dicho que ella los acompañara. No diría eso si no estuviera sólidamente convencida de que la mascota le fuera a hacer daño.

Exhaló.

Queriendo extender un poco más su vida, decidió preguntar.

— ¿Hay un parque cerca?—se sintió tonta, pues claro que lo había, en su camino a la casa de ellos lo atravesaba.

Sasuke le clavó la mirada oscura, serio.

—Sí.

Al mal paso, darle prisa.

—Bien. —se acercó para tomar la cuerda y en cuanto la tomó, se plantó lo más fuerte que pudo a sus pies para que la perra no la llevara arrastrando consigo. Se permitió tocarla y vio que era gentil, dejándose acariciar.

Me asusté por nada pensó con sosiego.

—Pelusa bonita— la perra meneó la cola. Mikoto se había encargado de que cumpliera su tarea de guardián, sin dejar de lado la educación para quienes se la merecían. Hinata era una de esas personas.

Miró que las personas a su alrededor se le quedaban viendo raro. Adjudicó ese hecho a que tenía uno de los animales más grandes que hubieran visto y que eran muy escasos por ahí.

El Uchiha posó la vista en la perra y en la firmeza que Hinata imprimía para que no saliera volando con todo y animal.

—No lo haces tan mal. —le comentó.

—Es que hace tiempo trabajé en una agencia para cuidar perros y…— no pudo terminar, pues Pelusa tironeó fuerte para soltarse e ir tras otra mascota que le estaba ladrando buscando pleito. Hinata salió corriendo, sin soltarla definitivamente, pero por el rápido arrastre de la cuerda se lastimó la mano y le comenzó a arder, aun así, desistía de dejarla ir. Cayó al piso y siguió tomándola, importándole poco el daño que se estuviera haciendo.

Sasuke acudió velozmente hacia ella, pero era mejor que soltara a la mascota para que él fuera tras ella libremente.

—Suéltala, iré yo por ella.

—N-no, yo soy la responsable. —pero si terca era poco para describir a esa muchacha.

—Te dije que la sueltes, yo me encargo. —alzó un poco más la voz, logrando que la chica soltara la correa de una vez por todas. Hinata fue perdiendo fuerza y al ser tirada había acabado hecha polvo, no la había soltado sólo porque Sasuke se lo ordenara, sino porque sencillamente no podía más con ese peso. Era en exceso fuerte. Miró como Sasuke se dirigía corriendo a gran velocidad para quitar de encima a su mascota, que viéndola bien, llevaba ventaja sobre su oponente. Como pudo, se sacudió las rodillas, omitiendo que estaban sangrando. El dueño del otro perro estaba sólo mirando, como hipnotizado, incapaz de hacer nada.

Cuando Sasuke hubo apartado a los dos caninos, el otro estaba sangrando y Pelusa tenía varios rasguños, y aunque ninguno de los dos sangraba de gravedad, se notaba que si había que proclamar a un ganador, ese sería sin duda alguna la mascota de los Uchiha.

El otro señor estaba alegando con Sasuke, queriendo obtener disculpas de su parte, pero era claro que no conocía a ese joven. Hinata llegó al encuentro y supo que ella había sido la culpable, por no ser lo suficientemente fuerte para sujetarla.

—Lo siento, señor— musitó Hinata, haciendo una reverencia.

— ¿Y quién es esta bigotona? —profirió con desdén el hombre. —Yo quiero una disculpa tuya.—dirigiéndose al muchacho. Sasuke se paró, cuan alto era y con aire de superioridad le soltó que eso no iba a suceder ni en sus mejores sueños.

¿Bigotona? A lo largo su vida le habían dicho algún que otro insulto, pero nunca ese. Se cuidaba y no era de las que le salieran vellos faciales, y menos alrededor de sus labios. Tentó para constatarlo. Claro, ese señor no podía estar más equivocado.

—S-seré muchas cosas pero bigotona no soy—alzó la voz Hinata, pero sin escucharse muy fuerte. Vaya, la pequeña fierecilla comenzaba a emerger. Planeaba seguirse disculpando pero ese señor era un irrespetuoso y lo que le seguía. —Vámonos, Sasuke-san, Pelusa.

Sasuke iba a darle dinero por los daños causados, pero ese señor petulante se merecía eso y más, había sido un verdadero dolor de cabeza tener que escuchar sus groserías antes de que llegara Hinata con su mostacho, para calmar la situación y tornarla un poco entretenida, al menos para él.

—Deberías verte en un espejo—voceó el viejo, cuando se alejaron más, para que ella lo alcanzara a escuchar.

—Usted también. — y así fueron de regreso a casa, ella con las rodillas raspadas y sangrando, Pelusa meneando de un lado a otro la cola y Sasuke serio, pero viendo los bigotes que tenía Hinata pintados cortesía de Uzumaki Naruto.

—Hn.

—¿P-pasa algo, Sasuke-san?

—No— de cierta forma, no era aburrido verla de aquella manera.

Dirigió su vista y la quitó rápidamente de las líneas dibujadas.

— ¿Tengo algo en la cara?

Hinata se aproximó hacia la ventana de un carro y vio que, efectivamente, tenía bigote. Efectivamente, era una bigotona como la había llamado ese hombre. Volteó a ver a Sasuke, afligida. Quizás en otro momento se hubiera reído, pero no después de ser arrastrada durante como seis metros por un gran perro ni porque se había agarrado con un señor diciendo que no era lo que él decía.

—Sasuke-san, yo no me llevo así contigo.— mas un corte en su antebrazo le llamó más la atención que lo que había pasado arriba de su boca.— Estás sangrando ven, vamos a la casa a atenderte esa herida.- por la conmoción, lo comenzó a llamar de tú, sin ser reparar en ello.

A Sasuke no le interesaba que pensara que era él, pero el ser el responsable de una tontería ocasionada por Naruto Uzumaki no le hacía tanta gracia, tampoco.

—No fu…

Una voz conocida por ambos interrumpió las palabras.

— ¡Sasuke-kun!—una voz aguda llegó a sus oídos. La conocía bien. —Hinata, ¿qué hacen aquí? —miró pasmada a la chica que terminó sangrando por la nariz ayer en la noche. ¿Qué hacía ahí con su novio y solos?

Escuchó un ladrido y vio al gran animal negro enfrente que traía Hinata bajo su mando. Se exaltó y pegó un brinco, a lo que la niñera de Sasuke e Itachi procedió a calmar al can, sobándole la cabeza.—Todo está bien, pelusa.

Enfocó su vista clara en Sakura y se olvidó brevemente del detalle del bigote.

—Hola, Sakura-san. — siguió su camino con la llamada pelusa y los dejó solos.

—Debería de preguntarte lo mismo, Sakura. ¿Qué haces aquí?

Los ojos verdes de Haruno le vieron con reproche, el cual supo ocultar bien.

—Soy tu novia, Sasuke-kun. Pienso que es buena idea conocer a tu familia. —exclamó, queriendo avanzar más en su relación. Parecía que ella era la única que hablaba y, hace algunas semanas, cuando la fémina le dijo que fueran a conocer a su familia como preludio para ella también conocer a la de él, había fallado de forma catastrófica, pues él de inmediato declinó la invitaciٙón.

—Eso lo decido yo—tomó a Sakura del brazo, para llevársela de ahí. En la piel de ella sintió gotear algo y, escandalizada, se dio cuenta que tenía una herida.

—¡Sasuke-kun, déjame ayudarte con esa herida!

—No, Sakura. Estoy bien. Vámonos.

La joven de cabellos rosados, no muy contenta con la decisión de su pareja, optó por no llevarle la contra y guardó silencio, preocupada en parte por la cortadura de su novio.

.

.

Hinata arrastró sus pies como pudo y metió a pelusa por donde vio que el menor de los hermanos la sacó. Se permitió recargar su espalda en la pared y respiró hondo. ¿Así serían los demás días con Itachi, Sasuke y pelusa? De ser la respuesta afirmativa, se tenía que alimentar mucho mejor y comprarse unas buenas vitaminas para tener la energía suficiente para aguantar tal ritmo.

La dulce y nada pequeña perra se había quedado viéndola y posteriormente le lamió la mano. Hinata se arrodilló para estar a su altura y supo que era mal momento, ya que la mascota era muy juguetona y la tenía presa en el piso.

—Hinata-san.

Al oír su nombre, en automático la chica levantó la vista y lo miró de cabeza.

Itachi pensó que era una chica valiente, para ponerse a jugar con semejante animal. Al verlo, sin necesidad de decir nada, la fiel acompañante meneó exageradamente la cola y Hinata supo que para pelusa, Uchiha Itachi era de sus humanos consentidos.

—Itachi-san. —le tendió su mano masculina y ella la tomó, sonrojada, porque él la viera en esa distracción.

Cuando se puso por fin de pie, Itachi vio sus rodillas pidiendo auxilio y le comentó, con voz neutra.

—Esas rodillas ocupan atención pronto. —Hinata quiso negar y decir que estaba bien, pero de repente notó que los oscuros ojos del mayor se posaban cerca de sus labios.

¡Oh, no! ¡Olvidé que los bigotes siguen ahí!

Se tapó presurosa los labios y parte de la nariz con sus manos, diciendo y la voz le salió sofocada

—Ahorita lo soluciono.

Abrió una llave cercana y se puso a enjuagar desesperadamente su piel.

—Sólo te irritarás más. —Hinata lo sabía, claro que lo hacía, pero eso era mejor que andar luciendo esos rayones como orgullosa de ellos. El joven tomó a la perra y se la llevó para ponerla en el sitio adecuado—Te esperamos adentro.

La chica sólo atinó a asentir brevemente, para lavarse las manos y quitarse el polvo que tenía, para luego cerrar la llave de agua cuando él ya no la vio.

Pasó sus manos por su cabello, sintiendo éste alborotado. No tenía su espejo consigo, pero trató de acomodar lo más que pudo y cuando se sintió más manejable, supo que ya era hora de pasar a la casa. No quería parecer la loca de los perros.

Entró al hogar y el rico aroma le sugirió que la comida tenía el mismo sabor. Hinata por las prisas no se había dado el tiempo de desayunar bien, sólo tomó una manzana y se la comió trayecto a la parada de autobuses, pero sí dejó lista la comida para Hanabi.

—Sasuke, Hinata…vengan acá, ya está lista la comida.—anunció lo evidente una Mikoto satisfecha.

Al no escuchar respuesta de su hijo ni de su cuidadora, salió a la sala.

—¿Pero qué pasó, Hinata? —los ojos de Mikoto Uchiha se percataron de las heridas y el mostacho con plumón de la niñera.

— ¿D-dice las heridas o el bigote?

—Las heridas—aclaró Mikoto, aunque a ciencia cierta le intrigaba por qué la muchacha cargaba eso pintado.

—Cuando salimos a pasear pelusa se descontroló al ver a un perro ladrarle y no pudimos detenerla, así que peleó pero no se preocupe, Mikoto-san, pelusa está bien y Sasuke-san igual, no fueron más que unos leves rasguños. —la madre de Sasuke e Itachi se llevó una mano a su boca en señal de sorpresa.

—Pero niña, a ti parece que te revolcaron. —fue rápido por un botiquín de primeros auxilios y se acercó a Hinata, diciéndole que se sentara. La joven no quería importunar más a esa familia, pero no conocía que si ella era terca, la mujer frente a ella lo era todavía más.

Al fin ella accedió y tomó asiento, tras lo cual Mikoto limpió, desinfectó y vendó las heridas con prontitud. —Gracias, Mikoto-san. —se iba a levantar para ir en busca de Sasuke, pero la madre de él le dijo que tenía que estar sentada por un rato, que era lo mejor.

—P-pero él ocupa atención también—quiso seguir diciendo Hinata, pero la mujer la detuvo, explicando que ella igual y que podía ir por Sasuke ella misma.

—A todo esto, Hinata, ¿dónde está Sasuke?—cuestionó.

Hinata se quedó en silencio. Nunca le había agradado ser muy comunicativa, pero eso era asunto serio, él estaba lastimado y ocupaba que le desinfectaran esa cortadura. Además, ¿cómo no iba a saber su mamá que tenía una novia? Seguramente se conocían y se llevaban la mar de bien. Mikoto era muy buena y Sakura era amable, a lo que la conocía. Ambas eran diligentes a la hora de atender las lesiones.

—Está afuera, con su novia.

El rostro de Mikoto cambió. ¿Cómo que su hijo tenía novia y él no le había dicho nada?

El mayor de ellos entró a la sala en ese momento.

—Itachi, ¿en serio Sasuke tiene novia? —preguntó, con voz trémula. Uchiha Itachi continuó en silencio.

Los pasos del mencionado se escucharon con énfasis.

—Llegué.

—Oh, qué bueno que llegaste. —dijo Mikoto.—Dime, ¿cómo está eso de que tienes novia y yo no sabía nada?

Sasuke volteó a ver a Hinata, adusto.

Estupendo. ¿Ella tenía la culpa de que él no le dijera nada a su mamá? Desde luego que no, entonces, ¿por qué se sentía tan culpable y como la más entrometida del mundo entero?

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Fin de capítulo 6


Nota de autor:

¿Qué decir? Pues que estoy infinitamente contenta de los comentarios que recibí, en serio, no me esperaba tal recibimiento. ¡Son tan buenos, de verdad! Me hacen muy feliz con sus reviews y saber que les gusta el fic. Espero que este capítulo les haya gustado, ayer lo comencé y ahora me propuse terminarlo y ya tenía un bosquejo pero tardé tantas horas en terminarlo que no dormí nada, pero vale la pena con tal de seguir con este fic. Díganme, ustedes fanfickers, en promedio ¿cuánto tardan en hacer un capítulo? Que esto que hago no es sano, pero tampoco es sano tener sin actualizar un fic durante años tal como lo he hecho yo :c

Si yo fuera Sakura mando a volar de una vez a Sasuke, pero ella lo quiere mucho :/. Ah que Hinata con sus aventuras, me ha pasado lo del bigote (mi hermano lo ha dibujado) y lo de las rodillas raspadas me sucedió en plena conferencia de la universidad. A veces pienso que mi vida es una comedia, en serio.

Dije que traería la continuación pronto y heme aquí!, no prometo que el siguiente capítulo esté al mismo tiempo que tardé en traer éste, pero si haré un esfuerzo por no tardar tanto. Lo digo porque no quiero quedar mal y porque este lunes ya inicio otro semestre de clases. Y también quiero continuar mi otro fic Complicado Amor, que ya tiene más capítulos que este. Muero de ganas por hacer un fic SasuHina en el universo de Naruto, pero mi deber me dice que ocupo terminar los que tengo por ahora, en fin, iré maquinando que quiero hacer cuando los termine o ir avanzando también en el proyecto y no subirlo hasta que este culminado o apunto de.

Pd: Chicas, no tardé otros nueve años (Hip, hip, hurra!)

Aclaración: A Hinata no le gusta nadie por el momento, sólo hace lo que concierne a su trabajo.

Cualquier duda pueden hacérmela llegar por review y/o mp, como ustedes prefieran.

Nos estamos leyendo, muchos besos!