Nota de la autora/Advertencia: Este capitulo contiene spoilers, grandes spoilers! Así que si no habéis leído HP6, quizás queráis hacerlo y enteraros de las cosas por Rowling y no por mí. Claro que, visto de otra forma... ¿quién no se ha leído todos los HP6?

En el otro capítulo puse horcruxes en vez de horrocruxes, como creo que es en español... pero en vista de que el segundo suena demasiado horroroso, seguiré usando el nombre en inglés. Si a alguien le parece mal... su queja será bien recibida en forma de review.


Capítulo dos: Crueldades


― No se haga la inocente conmigo, Granger.

― ¿Por qué mató a Dumbledore en la torre?

― ¿Qué sabe Potter de los horcruxes?

― ¿Por qué entonces y no en alguna de las otras muchas oportunidades que tuvo? ― Fingió no haberlo oído.

― ¿De qué horcruxes está Potter al corriente?

― ¿Por qué huyó después, por qué no se atrevió a quedarse a luchar?

― ¿Cree que no me atreví a luchar? ― La chica se puso en pie:

― Creo que es un cobarde, y por eso se fue corr... ― el mortífago la empujo bruscamente por el estómago, cortándole momentáneamente la respiración y haciéndola caer sentada nuevamente.

― No hable de lo que no sabe, Granger. No todo es tan fácil como le parece.

― Oh, creo que al final hasta sentiré pena por usted. Tan dura vida de solitario servicio...

En un momento Hermione pasó de estar encarando a Snape a estar mirando las escaleras. La palma del hombre había dejado marca rojiza en su cara.

Él apoyó los brazos en los bazos de la butaca, juntando su rostro al de ella y mirándola severamente.

― ¿Se cree haberlo visto todo, Granger¿Sólo por haber pasado unos meses luchando, como tantos otros han hecho antes¿Cree que por haber estado en alguna pelea, a riesgo de morir o ser culpable de la muerte de alguien, o por haber presenciado torturas ya ha visto qué es la crueldad del Señor? ― La chica apreció que la voz de Snape, aunque fría y distante, provenía de sus más adentros. ― Déjeme enseñarle por la mirrilla que es la crueldad. Son años de esclavitud. Es tener que asesinar a tu próxima familia porque al Señor Oscuro le supone un estorbo. Tener que torturar a las mismas personas a las que has estado llamando amigos y pidiendo favores. Secuestrar, torturar y violar a muggles y jóvenes que no tienen nada con lo que defenderse, que ni quiera alcanzan a entender el por qué de esos actos tan crueles, y la mayoría de los cuales no saben ni de la existencia del que los ha ordenado. Es hacer eso mientras tu moral grita a todo pulmón que no lo hagas, que alguien capaz de ser algo así no se puede considerar persona y que valdría más quitarse la vida y morir en el olvido que ser recordado por tales cosas. ¿Pero sabe qué es lo más cruel de todo, señorita Granger? La frustración de no poderlo parar, sabiendo en el fondo que todos esos crímenes se convierten en pérdidas aceptables ante la perspectiva de qué podría hacer lord Voldemort si algún día llegarse a triunfar y tener que reprimir la justicia a una mera utopía, sin saber si todo ese sacrificio habrá valido realmente la pena. Y sí, señorita. Hacerlo solo. Tomar todas esas decisiones en silencio por no poder asumir riesgos.

Hermione no rompió el contacto visual que el mortífago se empeñaba en hacer incómodo. Estaba procesando la información que acababa de llegar a sus oídos. Snape realmente no le había dicho nada, y para cualquiera que no supiera de qué hablaba esas palabras no hubieran tenido el más mínimo sentido. Sin embargo, la joven bruja tenía una gran capacidad de empatía, y viendo cual era su pasado, entendió a la perfección qué le estaba diciendo el hombre.

Des de hacía tiempo había empezado a sospechar que algo más de lo que era obvio a la vista había en Snape. Algo más que un profesor malhumorado y servidor de Voldemort. Dumbledore había confiado en él, y ella había tenido fe ciega en Dumbledore. Había incluso intentado defender a Snape ante sus amigos. No era que confiase en él, no le había dado motivos para hacerlo, pero al fin y al cabo la amargura que siempre le acompañaba no era tampoco motivo suficiente para creer que el director estaba equivocado.

Claro que la teoría de Hermione cayó a pedazos cuando asesinó a Dumbledore. Entonces sí que tenía motivos para odiar a Snape y considerarlo un enemigo. Dumbledore... ¡cómo había podido! El viejo mago había dado la cara por él, salvándole de una larga y para nada placentera estancia en Azkaban junto a sus otros compañeros mortífagos. Snape se lo debía.

Aunque fuera servidor de Voldemort, las deudas en el mundo mágico eran algo que jamás se olvidaba. Había salvado a Harry de Quirrel y había impedido en sexto año no solo que los otros mortífagos no lo mataron, tarea que había dicho que era para Voldemort, sino también que le dañaran, y todo porque James Potter le había salvado la vida tras intentarse entrometer en los asuntos de los merodeadores. Snape afirmó que sólo lo había hecho para que no le expulsaran, pero en el fondo sabía que de haberle ocurrido algo James no hubiera tenido que pagar por ello, pues el Slytherin ya había sido advertido por el mismo Dumbledore que abandonara sus sospechas de que algo tramaba el grupo Gryffindor.

Se lo debía. Le debía salvarle de un trágico destino. Y no solo no le había salvado, sino que él mismo le había llevado a él.

Hermione sintió rabia. Le costaba creer que después de todo Snape se atreviera a hablarle así, en ese tono imponente pero de victima a la vez. Él no era la víctima.

La mirada temerosa que hasta ahora le había dirigido al mortífago ganó intensidad y se convirtió en desafiante. Snape, al notar que la chica por fin reaccionaba se incorporó separándose de ella para empezar a dar vueltas a la sala.

Necesitaba que lo creyera. No necesitaba que confiara en él, sólo que creyera lo que le iba a decir para que pudiera ayudarle. Estaba cabreado consigo mismo por haberse dejado llevar ante la chica. Era un hombre que siempre se había caracterizado por controlar su temperamento. No era una mala táctica, ya que así evitaba que la gente se acercara demasiado a él y pudiera encontrar algún punto débil del cual ni siquiera él mismo sospechara.

Pensó que lo mejor sería no andarse con rodeos. La chica era lista, no los necesitaba.

― Nunca he traicionado a Dumbledore ― dijo leyéndole el pensamiento.

― ¿Asesinarle no cuenta?

― Como ya le he dicho, Granger, ― dijo intentando no volver a perder las riendas ― no todo es lo que parece. Y antes de que me replique ― añadió al ver que la chica iba a hacerlo ― le contaré por qué está aquí.

Ella calmó su expresión, dándole a entender que estaba escuchando.


Vale, vale, capítulo corto! La verdad es que no pensaba acabarlo hasta que Snape le contara por qué la retiene, pero este me pareció un gran sitio para cortar.

Eso sí, en el siguiente capítulo se lo contará todo, sin cortes publicitarios, y será largo. Las respuestas a vuestros reviews están en otro review puesto por mí.

Y ya sabéis: dejad reviews y os encontrareis con que actualizo antes del próximo fin de semana.