Nota de la autora: Spoiler, spoiler!
Este capítulo está bastante relacionado con los capítulos 2 y 27 de HP6. Por si no os acordáis, en el 2 Narcisa acude acompañada por Bellatrix a casa de Snape, pidiéndole ayuda por cierta misión que lord Voldemort le ha encomendado a su único hijo. El 27 es el de la torre.
Este capítulo está muy relacionado con esos dos pero no recuerda qué sucedió en ellos, así que si os acordáis podéis pasar a leerlo directamente, y si no, dejadme refrescaros la memoria:
C2: Bella insiste en acompañar a Cissy a casa de Snape. La rubia quiere pedirle a este que le ayude con la misión que Voldemort ha encomendado a Draco, que se deduce que es encontrar un camino para guiar a los mortífagos dentro de Hogwarts y finalmente matar al director ("se deduce" porque Rowling nunca aclara que la misión fuera eso... o sólo eso). Bellatrix aún así, le recomienda que no hable de ello a Snape porque no confía en él, y él responde a todas sus preguntas acusatorias "demostrando" que está del mismo lado que ella. Al final, termina haciendo el Juramento Inquebrantable con Narcisa de que se ocupará de cuidar de Draco y ayudarle en su misión si él no puede. Bellatrix les hace de testigo.
C27: Harry y Dumbledore vuelven de su excursión de la cueva y van a la torre sobre la cual se encuentra la Marca Tenebrosa. Allí Dumbledore y unos cuantos mortífagos tienen un pequeño encuentro mientras Harry permanece inmovilizado bajo su capa de invisibilidad por un hechizo que Dumbledore le lanzó. Draco le cuenta cómo ha conseguido que sus amigos entren en el castillo, y cuando finalmente llega la hora de matarle y no se ve capaz, Snape cumple su juramento.
Capítulo tres: Explicaciones.
― Nunca he traicionado a Dumbledore ― dijo leyéndole el pensamiento.
― ¿Asesinarle no cuenta?
― Como ya le he dicho, Granger, ― dijo intentando no volver a perder las riendas ― no todo es lo que parece. Y antes de que me replique ― añadió al ver que la chica iba a hacerlo ― le contaré por qué está aquí.
Ella calmó su expresión, dándole a entender que estaba escuchando.
― Asumiré que lo que saben usted y sus amigos sobre los horcruxes es que el Señor Oscuro los creó, al salir de Hogwarts, durante los años que pasó desaparecido. Logró seis antes de intentar matar a los Potter, con quien quería culminar su trabajo llegando al séptimo. Uno de ellos lo destruyó Potter, el diario, obviamente sin saber qué estaba haciendo. Otro, el anillo, lo destruyó Dumbledore el año pasado. Y supongo que la noche en qué Draco guió los mortífagos hasta Hogwarts fueron a destruir el tercero, el medallón. No me explico por qué sino Dumbledore se hubiera llevado a Potter fuera de la escuela. ¿Es así?
Miró a la chica, que seguía con sus ojos clavados en él, pero no dijo nada.
― Tomaré eso como un sí. Y sólo le quedarán la serpiente y los objetos de Hufflepuff y Ravenclaw.
Volvió a mirarla, y la chica siguió sin abrir la boca.
― Bien, otro sí. Dejaremos que Potter siga con esa falsa idea. Al fin y al cabo, esos son los que a él le corresponde destruir.
― ¿Qué quiere decir con que esos son los que a él le toca destruir? ― habló por primera vez Hermione.
― Oí bastante de la profecía como para saber que es él y no otra persona quien tiene que destruir al Señor Tenebroso.
― Sí¿pero por qué tiene Harry una idea falsa? ― insistió Hermione.
― El Señor Tenebroso no es un enemigo al que convenga menospreciar, Granger. Tras su vuelta, descubrió que su diario había sido destruido por ni más ni menos que el mismo Potter, y con la vuelta de Slughorn se hizo obvio que Dumbledore y él ya estarían al corriente de la partición de su alma. Así que decidió finalizar su trabajo. Volvió al Valle de Godric, donde el último objeto que pensaba transformar en horcrux había quedado abandonado tras no poder terminar a los Potter. Lo recuperó, y ante la perspectiva de que sus otros horcruxes podrían ser destruidos creó el séptimo, del cual nadie nunca sabría nada con Dumbledore fuera de juego para averiguarlo.
― ¿Nadie excepto usted? ― vaciló la chica.
― Verá, Granger. Ya sabrá que el Señor Tenebroso suele trabajar sólo y no compartir sus planes con más gente de la necesaria. Da órdenes, no explicaciones. Lo que no se si sabrá, es que suele decir cosas entre líneas, cosas que ningún mortífago tiene por qué entender. Así es cómo Dumbledore confirmó que había creado los horcruxes: «Yo, que he ido más lejos que nadie en el camino hacia la inmortalidad» ― lo citó. Hermione ya había oído aquellas palabras; Harry se lo había contado exactamente igual tras la vuelta de la Mansión Ryddle en su cuarto año.
― ¿Y eso qué tiene que ver con ese séptimo horcrux que usted mencionó?
― «Ya nadie podrá descubrir el secreto de mi inmortalidad, no ahora que he llegado al más poderoso» ― lo citó nuevamente.
Hermione se quedó callada. Obviamente, si Voldemort había dicho eso era porque realmente había creado un séptimo horcrux. Levantó una ceja. Eso era si lo había dicho.
― No esperaba que creyera mi palabra ― volvió a leerle el pensamiento. ― Por eso he traído el recuerdo conmigo.
Apuntó a un armario de un rincón del salón y las puertas se abrieron, mostrando una vasija que contenía un líquido grisáceo heterogéneo. Snape se acerco, lo tocó con la punta de la varita y uno de los recuerdos empezó a resaltar por encima los demás.
― Entre.
― Después de usted.
― Entre ― repitió articulando más la palabra.
A Hermione no le quedó otra que obedecer, así que metió la cabeza en la vasija y se dejó caer dentro.
Se encontraba en una construcción de piedra que no se podía afirmar si se trataba de una casa dejada o una cueva. La poca luz que se podía apreciar provenía de pequeños fuegos conjurados en algunos rincones. En un lado de la habitación se encontraba un hombre bajito, rechoncho y con pinta de inseguridad. Tenía la mirada perdida en una puerta.
― Eso, como ya sabrá, es la rata de Pettigrew. ― Hermione miró a su derecha y allí se encontraba Snape, que había entrado en el pensadero tras ella.
Volvió a posar su mirada en el hombre del rincón. Se oyeron voces y se levantó, sobresaltado.
La puerta se abrió de golpe, dejando entrar a un grupo de gente.
― ¡¿Qué?!. ¿Lo hizo él?. ¡¿Él?! ― La voz de Bellatrix Lestrange resonaba en la habitación mientras se tumbaba hacia la puerta que acababa de cruzar para encarar a Snape, su mirada desafiándolo y acusándolo con su dedo índice. ― ¿Se puede saber que pasa contigo, Snape?. ¡Era Draco quién debía hacerlo, era su misión!
― Sí, pero el chico no tuvo en nervio suficiente para ello ― dijo otro de los siete mortífagos que habían entrado. Draco Malfoy vestía su uniforme Slytherin y miraba a los otros ocupantes de la sala sin decir nada.
― ¡Cállate, Amycus! ― reprochó la mujer. ― ¡El Señor estará descontento con Draco por no haberlo matado él mismo al viejo entrometido, y todo por culpa de Snape!. ¡No se puede confiar en él para nada!
― ¿Aún crees que no se puede confiar en mí? ― preguntó Snape, mirándola severamente.
La mujer abrió la boca para replicar, pero antes que fuera capaz de articular ninguna palabra alguien más entro en la sala.
― Señor... ― dijo finalmente, inclinándose ligeramente en forma de saludo. Se apartó hacia un rincón, al lado de Pettigrew. Voldemort la miró y se tumbó para encarar a los demás. Estuvo un rato dando vueltas alrededor de la sala haciendo que algunos de los mortífagos llegaran a incomodarse hasta el punto de no ser capaces de ocultar el temor que su presencia les provocaba. Finalmente se detuvo, delante del joven Malfoy.
― Debo confesar que estoy complacido por los acontecimientos de esta noche, Draco. Estaba empezando a impacientarme cuando parecías no ser capaz de llevar a cabo la primera de las misiones que te encomendé. Veo que al final, con un poco de ayuda de Fenrir, has conseguido facilitarnos una entrada al castillo. Pero he de confesar que también estoy decepcionado. Creí que considerarías un gran honor la otra tarea que te encomendé. Sin embargo, parece que no compartes esa opinión. ¿Dime, por qué no fuiste capaz de acatar todas mis órdenes?
― Señor, ― dijo Malfoy con la cabeza baja, Hermione no sabía decir si por respeto o por temor, ― te ruego que...
― No, Draco ― dijo en tono cortante. ― Nada de ruegos. Has fallado, y eso me lleva a una sola conclusión; no me temes y respetas lo suficiente como para acatar una orden tan simple como quitar una vida.
― Señor, ― intervino Bellatrix, dando un paso hacia ellos, ― el chico ha demostrado antes que sí es capaz de matar por ti. No creo que sea a él a quien deberí-...
― Muerde tu lengua, Bellatrix, no vayas a decir algo de lo que luego puedas lamentar. Mi juicio no está equivocado. No obstante, tienes razón en una cosa; Snape también tiene algo a qué responder. Igual que tú. Los demás iros, y decidle a Narcisa que venga.
Por un momento, pareció que Bellatrix iba a decir algo, pero luego decidió apartar su mirada y guardar silencio.
Gran parte de los que hacía unos minutos habían entrado en la sala ahora salían de ella, dejando solos a Bellatrix, Malfoy y Snape con su Señor. Este volvió a dar vueltas por la sala, mirándolos a todos con su inexpresividad. Al cabo de poco tiempo, aunque a alguno le parecieran horas, Narcisa llegó, mirando confusa a su hermana para luego recaer en la presencia de su hijo y su profesor.
― Según parece, habéis estado reorganizando a mis espaldas la misión que encomendé. ― Habló Voldemort una vez estuvieron los cinco dentro la sala, puerta cerrada. ― Creo recordar haberte ordenado exclusivamente a ti, Draco ― dijo mirando de nuevo al muchacho ― que terminaras con ese viejo entrometido. Y a ti, Severus ― lo miró a él ― creí haberte dejado claro que te informaba de la misión para que no te sorprendiera, no para que te unieras a ella. Pude haberte pedido en cualquier momento que te encargaras tú de Dumbledore, pero tu posición en la Orden me parecía demasiado preciada como para echarla a perder. ― Snape miraba a su señor en silencio, sin pestañear pero sin desafiar con la mirada. ― Ese viejo tenía tanta fe en ti que te había metido en la Orden y convencido a los otros que eras fiel a él. Era imposible que no te enteraras de lo que tramaban. Ahora, en cambio, ya no puedo disponer de tal ventaja. ¿Y todo eso, por qué? ― añadió girándose ahora hacia Narcisa. ― Por el temor de una madre. Deberías haberte sentido orgullosa, Narcisa, de que tal misión fuera encomendada a tu hijo. Pero no, tú decidiste no hacer caso de mis advertencias de no hablar del plan y fuiste a llorarle a Severus para que hiciera el Juramento Inquebrantable y así asegurarte que tu hijo estaría bien, aunque Severus tuviera que ser descubierto. ¿Dime, es que has decidido anteponer tus prioridades a las de lord Voldemort, a quien juraste lealtad?
― Por supuesto que no, señor ― se excusó la mujer. ― Yo creí... creí que sólo buscabais la muerte de Dumbledore, no pensé que también querrías mantener a Severus dentro de la Orden después... Por favor, perdo-...
― No me caracterizo por ser misericordioso, Narcisa. Recibirás tu justo castigo por desafiarme, junto a Severus, tu hijo y tu hermana.
Bellatrix se sobresaltó. Miró sorprendida a su maestro.
― ¡Pero señor, yo ni siquiera estaba allí!. ¡No podía haber impedido que Snape no dejara a Draco...!
Voldemort, aún no parecer muy enfadado por lo ocurrido, tampoco parecía para nada satisfecho.
― Te equivocas, Bellatrix. Sí podías haber evitado que Severus tuviera que matar a Dumbledore. Corrígeme si me equivoco, pero¿no necesita un Testigo todo Juramento Inquebrantable? Deberías haber acudido a mi y contármelo, Bellatrix. No hubiera esperado menos de ti.
» Pero no temáis ― continuó con cara de satisfacción ― no me excederé en vuestro castigo. Aún haber arruinado la mitad de mi plan, habéis conseguido acabar con el viejo. Y llevo tanto tiempo esperando este momento... Ahora podré terminar con Potter sin tener que preocuparme de Dumbledore y su mala manía de entrometerse en asuntos ajenos a él. Y ahora que no está, ya nadie podrá descubrir el secreto de mi inmortalidad, no ahora que he llegado al más poderoso. Había contado con seguir disponiendo de la información que me facilitabas, Severus ― dijo mirándolo. Snape se acercó a él, arrodillándose y bajando la cabeza.
― Os aseguro que no volveré a fallaros de tal manera, mi señor.
― Eso, querido vasallo, te lo aseguro yo. ― Snape levantó la mirada en busca de la de Voldemort. ― Bien, empecemos.
Acto seguido levantó su varita, apuntándole. Hermione se sobresaltó, no por la imagen que presenciaba sino por la mano que se posó en su hombro.
― Creo que ya es suficiente.
Sintió como una fuerza la empujaba hacía fuera el pensadero, y por un instante en que todo se volvió confuso, hubiera jurado oír a un hombre gritar.
Reaccionó al notar como colisionaba contra el suelo del salón en el que se encontraba. Snape se encontraba de pie delante el pensadero, y con un golpe de varita lo volvió a guardar en el armario de dónde había salido. Sin mirarla, dio media vuelta y volvió a sentarse en la butaca en la que rato antes había ya estado.
Ella decidió seguir su ejemplo. Muchas cosas pasaban por su cabeza. Dudas acerca lo que acababa de ver. Ese recuerdo debía de ser de la misma noche en que mataron a Dumbledore. ¿Había Malfoy participado en alguna de las cacerías de los mortífagos ya antes de esa noche?. ¿Si no, qué había querido decir Bellatrix con eso de que ya había demostrado que era capaz de matar por orden de Voldemort?. ¿Y qué Juramento Inquebrantable había hecho Snape con Narcisa Malfoy?. ¿Había Voldemort conseguido realmente un séptimo horcrux? Si era así, debía haberlo hecho antes de que muriera Dumbledore. Le era raro pensar que Voldemort hubiera hecho tal cosa sin que el viejo mago se hubiera enterado. Y lo que más la sobresaltaba¿por qué estaba Snape enseñándole todo eso?
Al volver a la realidad de la habitación, Hermione supuso que había expresado su última duda en voz alta. Snape la miraba seriamente. Se incorporó en la butaca para posar sus codos en sus rodillas y juntar sus manos, en las que había parecido encontrar un interés especial. Dio un suspiro profundo, intentando relajarse.
― Cuando quise unirme a Dumbledore para derrotar al Señor Tenebroso en la primera guerra, obviamente no le bastaron mi palabra y unas cuantas memorias que le mostré. ― Snape hablaba con la mirada perdida, reviviendo ese momento mientras lo contaba. ― Yo le sugerí hacer el Juramento Inquebrantable, para que pudiera estar seguro que no le traicionaría, pero Dumbledore era consciente que a Voldemort no le hubiera importado sacrificar a unos cuantos de sus servidores para llegar a él, así que no lo aceptó. Me dijo que me creía ― dijo poniendo cara de como-si-necesitara-consuelo ― y por eso iba a contar conmigo para según qué, pero que no podía correr el riesgo de aceptarme en la primera Orden sin saber cuales eran mis verdaderas intenciones. Decidí demostrarle que eran las mismas que las suyas.
» Quizás habrá notado que soy un apasionado de las Artes Oscuras ― dijo volviendo de su recuerdo y mirando a Hermione de manera que a la chica se le hizo un nudo en el esófago. ― No por el Señor Tenebroso. Antes de unirme a él ya me dedicaba a estudiarlas por mi cuenta. ― La chica recordó como Sirius había mencionado años antes que Snape, al llegar a Howgarts, sabía más de Artes Oscuras que la mayoría de alumnos de séptimo año. ― Y como experto en la materia, estaba al corriente de qué era un horcrux. Me parecía extraño que un mago oscuro como el Señor Tenebroso no se hubiera sentido atraído por tal cosa, que no hubiera querido crear uno.
― ¿Uno?. ¿No sospechó de más? ― Hermione había desistido hacía rato de intentar esconder que sabía algo sobre los horcruxes. Al principio había creído que quería averiguar hasta qué punto estaba al corriente de ellos, pero viendo que él le había contado todo lo que ella sabía y parecía que aún tenía más que añadir, se dispuso a escuchar lo qué le decía.
― Incluso para un mago oscuro, la partición del alma sigue siendo un acto totalmente antinatural que vuelve menos humano a quien lo lleva a cabo. Nadie hubiera sospechado que ya de estudiante Tom Ryddle era tan poco humano que no le importaba repetir ese proceso hasta seis veces.
» Entre mis compañeros mortífagos ― Snape continuó con el relato ― encontré a alguien más que sabía de su existencia, Regulus, y que además estaba convencido de saber dónde se encontraba el horcrux. Él nunca supo que yo había descubierto lo que sabía. Una suerte, ya que era pésimo en Oclumencia. Cuando el Señor Tenebroso lo descubrió intentando averiguar más cosas, decidió acabar con él sin tan sólo dejarle saber por qué. Mandó a dos de sus otros siervos.
― ¡Regulus Black!. ¿El hermano de Sirius? ― Snape asintió. ― Sirius nos dijo que se había unido a los mortífagos pero que tiempo después había hecho algo con lo que había conseguido que le mataran ellos mismos. ― Hermione se acordó de la nota que Harry y Dumbledore habían encontrado en el falso horcrux, y se dijo a si misma que debía contarle a Harry quién era R.A.B ― ¿Por qué me cuenta...?
"¿Por qué me cuenta todo esto?" era lo que iba a preguntar, pero se cortó cuando miró a Snape y lo encontró de pie delante su silla, mirándola como si se hubiera acabado de dar cuenta de que estaba allí.
― ¿Así que realmente lo destruyó?
―¿Qué...? ― Hermione no sabía realmente qué iba a preguntar. ¿Si lo destruyó? ― ¿Cómo iba yo a saberlo?
Snape pareció encontrar lógica la respuesta, porque sacudió su cabeza y dijo:
― Pensé que usted y sus amigos habrían descubierto ya si lo hizo. Volviendo al tema: le conté todo esto a Dumbledore, y él decidió investigar por su cuenta. También le conté gran parte de lo que sabía sobre Artes Oscuras. Encontró algo que le confirmó mi teoría, porque me dijo que escondiera esos recuerdos en el sitio más remoto de mi cerebro y me asegurara que lord Voldemort nunca llegaba a verlos, o terminaría como Black. Regulus Black. Luego, cuando el Señor Tenebroso no pudo acabar con Potter y cayó, no fue difícil para el Ministerio dar caza a sus seguidores. Algunos afirmaron haber actuado bajo Imperios, otros decidieron dar nombres de otros mortífagos para librarse de Azkaban y otros estaban tan tremendamente orgullosos de lo que habían hecho que preferían pasar encerrados el resto de su vida a fingir estar arrepentidos.
― ¿Y usted?
― Dumbledore respondió por mí. Gracias a su actuación no terminé en Azkaban.
― Un favor que le ha devuelto de gran manera.
Snape no quiso oírla. Quería hablar del séptimo horcrux, y las constantes interrupciones de la chica le estaban irritando. Pero por primera vez, no le podía poner una detención y mandarla a callar como cuando no le importaba nada lo que decía. Ahora debía ser menos ogro para conseguir lo que quería, y era consciente de ello.
― Pasaron unos años de tranquilidad, hasta que el Señor Tenebroso resurgió ― continuó sin más. ― Fue entonces cuando descubrió que Lucius había le pasado a alguien su diario y que había sido finalmente destruido por Potter. También descubrió que Dumbledore estaba al corriente de los horcruxes, asumiendo que lo dedujo al encontrarse con el diario. El Señor Tenebroso temía a Dumbledore en su época de estudiante, y ese sentimiento no ha dejado nunca de acompañarle. En parte, creo que ese fue uno de los motivos por los que mandó a otro a terminar con él ― ignoró la mueca de Hermione. ― Un año tras su vuelta decidió terminar el séptimo horcrux. Se encargó de esconderlo tras la magia más negra conocía y que sólo puede ser combatida con esta misma. De este modo, Potter nunca podría destruirlo.
― ¿Y Dumbledore?
― Planeó el ataque al castillo (y con él el asesinato de Dumbledore) mucho antes de que se llevara a cabo. No le iba a suponer un problema.
― ¿Aunque sea magia negra, por qué no puede Harry destruir el séptimo horcrux? Es hábil en las Artes Oscuras.
― No se confunda, Granger. Potter es ágil defendiéndose contra las Artes Oscuras, pero nunca le han interesado estas en sí.
Hermione le dio un pensamiento a lo último dicho. Al fin y al cabo, era verdad. Harry siempre había sido bueno en Defensa, pero nunca había mostrado tener ningún interés en las Artes Oscuras que fuera más allá de esto. Ni siquiera se había interesado por cómo se creaba un horcrux.
― Pero eso no tiene por qué significar que no es capaz de destruirlo ― le retó. ― Puede apr-...
― ¿Aprender? ― preguntó incrédulo, vacilón, levantándose de la silla. ― ¿Qué posibilidades cree que tiene un mocoso como él contra la experimentada magia del Señor Tenebroso?
― ¿Qué es lo que quiere? ― preguntó Hermione perdiendo los nervios, frustrada. ― Me encierra en este sitio, y aparentemente soy su prisionera porque no puedo salir. Aún así, no me ataca, sino que me hace sentarme a escuchar la historia de su vida. Me cuenta que existe un séptimo horcrux, aparentemente interesado en destruirlo, pero a la vez me cuenta que no vamos a ser capaces. ― Ella misma se había puesto de pie. ― ¿Qué es lo que pretende? Si no me hubiera contado nada que yo no supiera, hubiera pensado que sólo va a intentar sonsacarme alguna información. ¡Pero me ha contado cosas que yo no sabía, así que si va a interrogarme y luego torturarme o matarme ― remarcó mucho esas últimas palabras ― ahórrese toda la cortesía y vaya a ello! Le aseguro que nada de lo que usted y sus amigos puedan hacerme me va a sorprender.
Snape se llevó un par de dedos a la sien para apretarla con furia. Esa chica era imposible, y él tenía demasiada poca paciencia.
Y se estaba quedando sin.
Un impulso derivado seguramente de sus numerosos años al lado de Voldemort le hizo abalanzarse sobre ella con ira, arrastrarla bruscamente hasta la pared más cercana. El cuerpo de ella colisionó contra esta, y Snape le puso las manos en la clavícula.
Todo ocurrió tan rápido que la chica no tuvo tiempo ni de pensar. De pronto se encontraba entre Snape y la pared, y la cara del hombre no era amistosa precisamente. La miraba con los ojos entrecerrados y respirando bruscamente.
― Lo que quiero ― habló, en un tono calmado aún dada la situación ― es que por una vez reprima sus ansias de preguntar y contestar y me deje hablar. ¿Le contó Potter qué ocurrió en la torre, cuando yo llegué?. ¿Qué fue lo que hizo Dumbledore?
Hermione abrió un par de veces la boca pero ningún sonido salió de ella. Cerro los ojos, inhaló y los volvió a abrir.
― Suplicó por su vida ― dijo deseando no terminar ella igual.
― ¿Por su vida?. ¿Le parece Albus Dumbledore el tipo de mago que suplicaría por su vida?
― Ilumíneme ― contestó valientemente la chica, aún con la voz ronca por la mano que le dificultaba la respiración.
Snape disminuyó la presión, aún sin soltarla.
― Yo mismo no alcanzo a entender los hechizos que el Señor Tenebroso puede haber conjurado para proteger su horcrux, y le aseguro que pocos me superan en conocimientos sobre Artes Oscuras. Por algún motivo que nunca me fue confiado, Dumbledore creyó que la persona idónea para ocuparse de él era yo. Pero podríamos decir que las cosas empezaron a torcerse, por motivos que usted es obviamente demasiado inmadura para comprender, y yo me encontré en una posición en la que me era difícil ocuparme del horcrux. Si Potter intenta hacerlo en mi lugar, morirá en el intento y el Señor Tenebroso habrá vencido. Vamos, Granger, conoce la profecía ― añadió al ver su cara de desacuerdo. ― Para desgracia del mundo mágico, Potter es quien puede terminar con él. Así que parece que tengo que ocuparme yo del horcrux.
― ¿Y esto qué tiene que ver conmigo?
― No puedo hacerlo sólo.
Hermione se sorprendió abriendo más los ojos. Él la soltó y se separó un poco.
― Hasta ahora, Dumbledore me había ayudado. No puedo ausentarme lo suficiente del lado del Señor Tenebroso para destruir el horcrux a tiempo sin que él lo descubra. ¿Granger, entiende que ocurriría si Potter se enfrentara al Señor Tenebroso mientras ese horcrux aún exista?
Moriría. No sería capaz de derrotar a Voldemort y fallecería en el intento. Eso parecía tener sentido. Pero aún así...
― ¿No me cree porque maté a Dumbledore, verdad? ― Hermione le miró, y no le hizo falta asentir para confirmar su duda.
Snape apuntó su varita hacia el armario del pensadero para descubrirlo nuevamente. Sin mirar a Hermione, caminó hacia él y volvió a elegir un recuerdo. Se volteó para verla.
― Entre.
Esta vez, a Hermione no le hizo falta que se lo dijeran dos veces.
A la autora le complacería saber que les parece de momento. Gracias!
