Nota de la autora: Gracias, Parvati Blossom, por ser tan eficaz beta !
Capítulo seis: Encuentros y reencuentros.
― ¿Qué tal va todo por el castillo, Hagrid? ― preguntó Harry intentando acabar con el tenso silencio que les acompañaba desde hacía un buen rato.
Al llegar a La Cabeza del Puerco, habían encontrado a su amigo charlando animadamente con el tabernero, Aber. Al verlos les había saludado eufóricamente, diciéndoles cómo les echaba de menos y cuánto se alegraba de verlos. Sin embargo, al empezar a hablar de cómo les iban las cosas a los unos y al otro, no había sido muy hábil en esconder el resentimientos por el hecho de que "se hubieran marchado" y le hubieran "dejado sólo", remarcando también que, por suerte, Neville, Ginny y Luna solían visitarle a menudo "como haría cualquier buen amigo".
― Oí que McGonagall contrató a Fleur como profesora de Defensa este año ― afirmó Hermione, evitando seguir siendo acusada de mala amiga.
― Sí, ― contestó Hagrid desanimadamente, ― ella se negó durante todo el verano, pero accedió a ocupar el puesto cuando el Ministerio presionó a McGonagall, diciendo que si no era capaz de encontrar a nadie mandarían ellos un suplente.
― Apuesto a que McGonagall estaba tan preocupada porque volvieran a mandar a Umbridge que amenazó con echarle todo tipo de maleficios si no ocupaba ella el puesto antes ― especuló Ron. ― Pero no vive en el castillo; tienen una casa con Bill en Hogsmeade.
― Sí, eso nos ha llevado unos cuantos dolores de cabeza ― explicó Hagrid. ― Tras haber puesto más hechizos y barreras que protejan el castillo, se tuvo que arreglar para que Fleur pudiera salir y entrar cada día.
― ¿Qué ha hecho McGonagall para reforzar las defensas? ― preguntó Hermione, interesada por el asunto. ― Leí sobre unos hechizos que hacían que, para pasar por un camino, tenías que haber sido guiado previamente por la persona que lo había conjurado. Parecido a un fidelio ― añadió al ver las caras de puzzle de sus amigos ― pero para un sitio que todo el mundo sabe ya dónde está y cómo llegar a él.
― Sí, ― confirmó Hagrid, ― la Orden estuvo ayudando con ello. Claro que, como últimamente no se os ha visto ni por aquí ni por la Orden, supongo que es normal que no estéis al corriente...
Los tres Gryffindor intercambiaron miradas.
― ¿Es que no me vais a contar lo que estáis tramando?
― No podemos, Hagrid ― se excusó Harry por los tres. ― De verdad que nos gustaría, pero no podemos.
― Bueno, prometedme al menos que no os meteréis en problemas ― dio Hagrid por concluida la conversación, llegando ya a la puerta del castillo.
― ¡Nunca lo hacemos! ― protestó Ron. ― Son los problemas los que se meten con nosotros.
Los tres amigos se despidieron, y nada más entrar en el castillo Harry sacó la capa de invisibilidad que llevaba (un detalle que olvidó mencionar hasta el momento) y les dijo a sus amigos que ya se reuniría con ellos en el despacho de la directora.
― ¿A dónde crees que irá? ― preguntó Ron.
― Supongo que a ver a Kreacher ― respondió su amiga castaña, no muy convencida.
― ¿Y por qué no podemos acompañarle?
― No lo sé, Ron. Querrá estar sólo. Al fin y al cabo, la última vez que estuvimos aquí fue cuando... bueno, en el entierro. Anda, vamos ― dijo colgando un brazo en el de él, cosa que consiguió que el pelirrojo se ruborizara.
Dieron un largo rodeo para llegar al despacho a petición de Hermione, que había confesado que encontraba muy emocionante volver a caminar a través de todos esos pasillos. Se cruzaron con algunos alumnos de los primeros cursos, que los miraban curiosos y sorprendidos.
Fue tan largo el rodeo que dieron, que incluso pasaron por las mazmorras. Hermione no pudo evitar pensar en que tenía una decisión que tomar. Una decisión que no quería tomar. Recordó sus primeros años en la escuela, y cómo los había llegado a intimidar y asustar Snape, y un escalofrío recorrió su cuerpo al preguntarse qué le podría pasar si el hombre era realmente fiel a Voldemort y lo de pocos días atrás no se trataba de más que una vil trampa.
Ron, notando su estremecimiento (aunque sin comprender sus verdaderas motivaciones) puso una mano encima de la suya y sugirió que fueran ya al séptimo piso.
No había duda de que Minerva McGonagall realmente se alegraba de verles: nada más entrar se levantó y cruzó el despacho apresuradamente para abrazarlos.
Tras excusar a Harry, asegurando que llegaría en "no mucho rato", los chicos tomaron asiento y aceptaron amablemente la invitación de la directora para tomar té.
― No sabéis cuánto se nota vuestra ausencia ― les comentó ésta una vez servidos. ― El único que no se ha quejado es Filch, que asegura que tras haberos ido, tanto vosotros como Fred y George Weasley, disfruta de unas noches muy poco atareadas. Aunque Peeves y la señorita Weasley se han estado ocupando de que no se quede sin nada que hacer. ¿De todos modos, cuál es el motivo de vuestra visita? No es que no me alegre de veros ― añadió con una afectuosa sonrisa al ver que su pregunta había sonado un poco descortés ― pero no es que se pueda decir que habéis estado viniendo mucho por aquí ― explicó, al igual que Hagrid, en tono rencoroso.
― Sí, la verdad es que no es que tengamos mucho tiempo libre para hacer visitas ― explicó Hermione en tono sincero pero con la cabeza medio baja. ― Hemos estado bastante ocupados.
― Sí, ― la ratificó Ron, asintiendo. ― Harry necesitaba preguntarle algo a Kreacher, y probamos con llamarle pero no apareció.
― Es otra de las medidas preventivas. Ningún ser, humano o no, entra ni sale del castillo sin permiso, y me temo que Kreacher no se molestó en pedirlo. No es que se lo hubiera dado después de lo que pasó con Sirius, pues podría haber estado mintiéndome, pero creo que la idea de ver a su amo tampoco le atraía demasiado.
― Y con razón, ― se sumó una voz masculina a la conversación. ― Me temo que el aprecio entre el señor Potter y él es mutuo.
― ¡Dumbledore! ― exclamó Ron al ver el cuadro que acababa de ser ocupado por el viejo mago.
Hermione, al igual que su amigo, se sorprendió y se emocionó, y en falta de un Dumbledore al que abrazar, se abalanzó sobre el pelirrojo. ¿Cómo no había caído en ello? La solución a sus problemas era algo tan sencillo como preguntárselo a él. Si podía, claro, porque no parecía que sus posibilidades de quedarse sola en el despacho fueran muy elevadas...
― Emion, mestás o gando...
― Perdón ― se excusó la chica, sonrojándose.
― ¿Y bien, cómo os va todo? ― preguntó el ex-director. ― La verdad es que esperaba que visitarais Hogwarts antes.
Estuvieron hablando un bien rato con el cuadro hasta que Harry se sumó a ellos (sorprendido también al ver a Dumbledore y preguntándose cómo no se le había ocurrido antes que su retrato estaría allí) y McGonagall se excusó, diciendo no muy convincentemente que tenía asuntos a los que atender. Una vez se hubo marchado, los tres ocupantes pudieron hablar abiertamente.
― ¿Qué novedades tenéis sobre los horcruxes? ― preguntó Dumbledore, mirando a Harry.
El chico se ocupó de ponerle al corriente de lo que habían descubierto hasta el momento, y Dumbledore se mostró partidario también de la idea de que R.A.B. se refería a Regulus Black, aunque no estaba muy seguro de qué significaba la A. ("Probablemente esté tan convencido porque sabe lo mismo que Snape," pensó Hermione.)
― Señor, ― se aventuró a preguntar Hermione, ― me he estado preguntando... ¿y si Voldemort hubiera creado otro horcrux? ― el director abrió más los ojos al escuchar la pregunta. ― Usted dijo que había querido llegar a los siete, y al fin y al cabo, cuando regresó hace dos años tuvo la oportunidad. ¿No?
Dumbledore se quedó mirando (¿o examinando?) a la chica unos instantes antes de volver a hablar.
― Créeme, Hermione ― dijo finalmente ― cuando digo que si lo hubiera hecho, yo lo sabría. No os preocupéis por eso ― dijo mirando a los chicos ahora ― y centraros en destruir los horcruxes, que no es tarea fácil. Es muy importante que no os distraigáis, porque no hay manera de saber cuándo tendréis que enfrentaros a Voldemort. Harry, pídele a algún miembro auror de la Orden, Alastor Moody sería la mejor opción, que os enseñe a batiros en duelo de verdad. Lo que habéis aprendido aquí en Hogwarts hasta ahora os ha podido servir para defenderos ante Voldemort y sus mortífagos, pero no os servirá para derrotarle. Y sobre todo, antes de que llegue ese momento los horcruxes deben estar destruidos. ― Se giró hacia Hermione. ― Todos ellos.
No fue hasta media hora más tarde que los chicos descendieron del despacho, habiéndose despedido tanto de Dumbledore como de McGonagall.
Caminando para salir del castillo, Hermione le había preguntado a Harry cómo le había ido con Kreacher, y él hizo un gesto de desinterés murmurando "luego, luego." En la quinta planta, se habían encontrado a Neville, que al verlos se había quedado de piedra. Les contó que las cosas habían cambiado bastante, sobre todo para los Gryffindor y los Slytherin de séptimo, ahora que ni ellos ni Malfoy ni Snape estaban allí (Neville parecía realmente aliviado con la ausencia del último). Por lo que a Quidditch se refería, Ginny era la nueva capitana, e iban terceros, pero al ver las caras de Harry y Ron se apresuró a añadir que el cuarto lugar era, y con diferencia, para Slytherin.
Tras haberse puesto al día de las novedades y cotilleos (algunos de los cuales Hermione pensó que hubiera preferido seguir ignorando) el trío retomó su camino.
Saliendo del castillo, la vista del moreno no pudo evitar dirigirse a la torre más alta.
― Hermione, ― preguntó, ― ¿has descubierto algo sobre la poción de la cueva?
― No, Harry, lo siento. Debe ser magia muy avanzada y muy oscura, porque no he encontrado nada en ninguna parte. He pensado en la posibilidad de que fuera algo parecido a un Imperius...
― No, ― la cortó él. ― El Imperius dobla tu voluntad. Esa poción... te hacía desear la muerte. En la cueva, yo no quería seguir dándosela ― sus amigos no necesitaron preguntar a quién se refería ― pero tuve que hacerlo porque había dado mi palabra. Es como si hubiera dado mi palabra de que lo iba... de que le ayudaría a morir. Si no la hubiera tomado, no hubiera estado tan débil en la torre...
Ron se apresuró en alejar esos pensamientos de la mente de su amigo. Hermione, sin embargo, siguió pensando en eso. Harry se arrepentía de haber dado su palabra de algo a Dumbledore, porque más tarde eso le había conducido a la muerte. ¿Podía ser que Snape se sintiera de forma similar?
― Y bueno ― la hizo volver Ron a la realidad ― ¿qué tal te ha ido antes con Kreacher?
Harry se ocupó de poner un hechizo muffliato, por si las moscas.
― Kreacher no sabía nada de ningún medallón. Dijo que lo que él había cogido seguía en Grimmauld Place, a excepción de cuatro baratijas que tenía allí y me enseñó. También le pregunté si le había dado algo a los Malfoy o algún otro mago, pero me dijo que no.
― Bueno, ― dijo Ron, ― veo que será cuestión de averiguar adónde llevaba Fletcher los trastos que sacaba.
― ¿No es obvio? ― preguntó la castaña no esperando la cara de sorpresa de sus amigos. ― A Hogsmeade. ¿Por qué si no hubiera traído todo lo que se llevó hasta aquí?
― Sí, ― comentó Harry mostrándose en acuerdo con la hipótesis, ― no creo que le viniera de paso a ninguna parte. ― Miró al cielo, cubierto ya de una capa de estrellas y una gran esfera plateada. ― Creo que será mejor que pasemos la noche en Hogsmeade. Así de paso podríamos ver si encontramos algo de los trastos de Fletcher.
Como propuesta de Hermione, fue Ron, en representación de sus hermanos Fred y George (que, teóricamente, necesitaban material a buen precio para su negocio), quién fue a investigar. Los chicos habían coincidido con Hermione en la idea de que si Harry iba, terminaría siendo él el interrogado.
Así pues, Harry y Hermione fueron a la habitación alquilada en La Cabeza del Puerco, mientras que Ron se quedó abajo en el bar.
Arriba, el moreno le enseñó a Hermione su ejemplar recuperado de Elaboración de Pociones Avanzadas. La chica, sorprendida por la gran euforia de su compañero por tenerlo de vuelta, no pudo evitar lanzarle una mirada de desaprobación.
― ¿Por qué no? ― preguntó él cuando ella le dijo que no le parecía una buena idea haber recuperado ese libro.
― Harry... ― empezó a decir en tono amable ― no me malinterpretes, pero creo que te estás centrando demasiado en Snape...
Harry la miró como si estuviera mirando al mismo Draco Malfoy.
― ¿Qué ocurre contigo, Hermione? Mató... no. ¡Asesinó a Dumbledore!. ¡Por supuesto que me centro en él! Tengo ganas de vengarle, y cuando nos crucemos no dudaré en hacerlo.
― Ya lo sé, Harry ― dijo la chica, explicándose. ― Entiendo que le detestes por lo que hizo, yo también lo hago, pero espero que no olvides que Voldemort es el principal objetivo.
Harry pareció meditar unos instantes, y luego centró sus ojos en los de la chica y habló.
― Supongo que tienes razón en eso. Me he estado obsesionando con lo de Snape... pero no debo dejar que eso le quite importancia a Voldemort ― la chica sonrió. ― Pero no negarás ― añadió cogiéndole el libro ― que conocer unos cuantos de estos hechizos y maldiciones que todos los mortífagos deben conocer no nos irá mal.
― No, ― dijo ella, no muy entusiasta, quitándole el libro de nuevo y abriéndolo, ― pero aún así, no sabemos qué hacen, y no son como para irlos probando con el primero que se nos cruce por delante.
― ¡Eres imposible, Hermione!
Horas después, cuando el pelirrojo volvió a la habitación (con paso algo errante), Harry hacía largo rato que dormía, mientras que Hermione se había quedado despierta estudiando los hechizos del recuperado libro, viendo si por la etimología podía descubrir qué hacían.
― ¡Ron! ― exclamó levantándose para ayudar a su amigo, que no había calculado bien la altura del último escalón y había tropezado. Agarró su mano e hizo que pasara su brazo alrededor de sus hombros, y colocando la otra mano en la cintura del chico le obligó a levantarse, cargando parte del peso en ella.
Consiguió, no sabría explicar cómo, llevarlo hasta el sofá, pero intentando que se sentara cayó y ella con él, quedando medio encima suyo y con sus brazos a su alrededor.
― Hermione, ― dijo el chico pasando una mano por su pelo, ― si no fuera porque la habitación da vueltas y me está mareando, te aseguro que me mostraría más receptivo ante tu iniciativa.
― Oh, Ron, cállate. Es lamentable; estás borracho y tu aliento apesta ― dijo levantándose. ― Túmbate y duerme, ya hablaremos mañana.
― Pero no quiero dormir solo ― dijo tomándola del brazo.
― ¿Per... perdón?
― Vamos, túmbate aquí ― dijo él señalando el diminuto espacio que quedaba libre en el sofá.
― Ronald Weasley, no me obligues a hechizarte para que... ¡aaahh! ― Antes de que pudiera terminar la frase, el pelirrojo la hubo atraído hacia él, haciéndola tumbarse. ― ¡Suéltame, Ron!
― ¡Shh! Duerme, Hermione. Estoy borracho y mi aliento apesta, así que mejor hablamos mañana.
Medio minuto más tarde, el chico se encontraba ya en un profundo sueño. Hermione suspiró, encogiéndose de hombros para luego acurrucarse y dormirse ella también.
― ¡Ahh!. ¡Hermione! ― la despertó un grito la mañana siguiente.
― ¿Mmmphh?
― ¿Qué haces aquí?
― ¿Dónde?
― ¡Aquí, durmiendo conmigo en el sofá!
― Ayer cuando llegaste me tumbaste contigo, así que no sé qué te sorprende.
― ¿Que yo qué? ― preguntó él, incrédulo, incorporándose. ― ¡Auch!. ¿Y por qué me duele tanto la cabeza?
― Se llama resaca, Ronald ― explicó la chica levantándose ― y ocurre cuando alguien ingiere tales cantidades de alcohol que es incapaz de recordar lo que ha hecho.
Dicho esto, la chica se encerró en el baño dejando a un Ron más sonrojado que nunca y a Harry riéndose amistosamente de él.
"Este chico nunca madurará" pensó una vez la puerta hubo sido cerrada. Se acercó al espejo, horrorizada al ver sus pintas tras haber dormido con la misma ropa del día anterior. Optó por una ducha rápida, esperando aclarar sus ideas bajo el agua.
Harry tendría que enfrentarse a Voldemort, no sabía cuándo, y Dumbledore había dicho que "sobre todo, antes de que llegue ese momento los horcruxes deben estar destruidos. Todos ellos." No cabía duda de que "todos ellos" se refería a "los siete". No sólo por el énfasis que había puesto en la frase, sino también por cómo la había mirado mientras lo pronunciaba. Seguramente, cuando le preguntó si podría existir un séptimo, se dio cuenta de que había hablado con Snape.
Tres golpes en la puerta del baño reclamaron su atención mientras intentaba domar el pelo.
― ¿Sí?
― Tenemos que volver, ha ocurrido algo ― escuchó la voz de su amigo Harry desde el otro lado. ― Kingsley ha mandado su patronus.
― Salgo en cinco minutos ― respondió ella, rindiéndose en la pelea contra su pelo y terminando de vestirse.
Antes de que hubiera transcurrido media hora, los chicos llegaban a los cuarteles.
― Creí que te había dicho claramente que no lo hicieras ― se oyó la voz de Remus más agotada y cansada que nunca.
― Perdona entonces por haber querido ir a hacerte compañía ― se oyó responder una voz amarga y a punto de romperse.
― No se trata de compañía, sino de compasión. Llevo años haciendo esto solo, y me las apaño bien.
― Sí, ya lo veo ― dijo Tonks centrando su mirada en las heridas de su cara.
― Bueno, mejor que tú, sí ― contestó él fríamente, mirando las heridas y su ropa rasgada, detalle en que los tres amigos no habían recaído.
La chica empezó a temblar, con problemas por aguantarse de pie. El rostro de Remus se suavizó y se acercó para abrazarla, intentando que se calmara.
― ¿Es que no lo ves? Esta es mi carga, y no quiero que tengas que tratar tú con ella también.
Por sorpresa de los presentes Kingsley, Hermione, Ron y Harry, Tonks luchó por liberarse del abrazo, y al notarlo Remus la dejó ir.
― ¡Tonks!
― ¿Qué es lo que no entiendes tú, Remus? He aceptado esta carga junto a ti, y...
― ¡Basta! ― gritó enojada la voz de Molly Weasley, que acababa de entrar en la sala. ― Nymphadora debería estar recibiendo atención de los curanderos y apoyo por parte de sus seres queridos ― dijo acercándose a ella y echando una mirada mortífera a Lupin ― y no estar aguantando que nadie le restriegue por las narices que ha cometido un error por el cual ya ha sufrido. Vamos ― dijo guiándola hacia la puerta ― te llevaremos a San Mungo. Vamos, Kingsley. Y tú, Ron, ven con nosotros también y ayúdanos.
Ron iba a protestar, pero Hermione negó con la cabeza indicándole que no lo hiciera. El pelirrojo miró entonces a Harry, en busca de apoyo.
― Ve con él, ― dijo Hermione, entendiendo que no quería dejar solo a Remus pero que a la vez quería ir con su amigo a acompañar a Tonks. ― Yo me quedaré. Mandad una lechuza cuando sepáis algo.
El moreno asintió, apresurándose con su amigo a atrapar a los demás, que iban a salir ya por la puerta.
Una vez se hubieron marchado Hermione se volteó hacia Remus, que seguía inmóvil en el mismo sitio que antes. Hermione tocó suavemente su brazo, reclamando su atención, y le invitó a que se sentaran. Decidió esperar a que él dijera algo, dándole el tiempo que pudiera necesitar. Pasó un rato antes de que empezara a hablar.
Recordando el año anterior, le contó que él se había negado a empezar ninguna relación con ella no porque no la quisiera, sino porque creía que ella se merecía algo mejor. Alguien más alegre y sin su problema. Así que cuando finalmente decidieron intentarlo, él le dijo que dejara a parte lo de su licantropía, que no se metiera en eso. Era peligroso, explicó, sobre todo ahora que no tenía la poción matalobos, y no quería que ella saliera lastimada. Ella lo había entendido, y aunque dejando claro que no estaba de acuerdo con su decisión, le aseguró que la respetaría.
Pero esos últimos días ella había insistido nuevamente, cada vez más y más. Y la noche anterior habían discutido por eso mismo. Ella no quería que tuviera que pasar la transformación solo, y asegurando que sabía cómo protegerse ("soy auror, Remus" había dicho) insistió otra vez. Remus se negó, enojado por no tener tiempo para razonar con ella y teniendo que irse ante la amenaza de la luna llena que se alzaba.
Ella, cabezota, le había seguido de todas formas, pero con la mala suerte de terminar encontrándose con Bellatrix Lestrange y Narcisa Malfoy. Hermione se quedó de piedra al oír eso, ya que Tonks no tenía más que algunos rasguños. Remus la alertó remarcando que podía tener algo grave que no se viera a simple vista, y que precisamente por eso Molly la había llevado a San Mungo.
Remus siguió contando lo ocurrido. Cuando él regresó la mañana siguiente y no la encontró se preocupó, y cuando ella finalmente había regresado y le había contado lo ocurrido, él no había reaccionado muy bien.
Hermione preguntó si tenían alguna idea de qué podía haber llevado a las hermanas Black allí, al lado del sitio que Remus usaba para esconderse, ya que se trataba de un rincón alejado y deshabitado. El hombre-lobo confesó que se había estado preguntando lo mismo, ya que era poco probable que le siguieran a él, y aún menos en luna llena. Le aseguró que una vez recuperado investigaría los alrededores de aquel lugar para ver si habían pasado algo por alto.
Pasó medio día, y no fue hasta las cuatro de la tarde que llegó una lechuza de Harry. Les decía que Tonks no tenía nada grave, pero que los curanderos habían querido que permaneciera en el hospital durante la noche por precaución. La señora Weasley se iba a quedar con ella, Kingsley había vuelto ya a su trabajo en el Ministerio y Harry y Ron anunciaban que volverían para cenar.
Cuando empezó a ponerse el sol, Remus se fue a encerrarse de nuevo en su escondite, mientras que Hermione, suponiendo que Harry y Ron tardarían poco en regresar, decidió empezar a preparar algo para la cena.
Efectivamente, sus amigos no se demoraron demasiado, y tras llegar la ayudaron con la cena ("todas las familias de magos tendrían que probar a vivir sin elfos," dijo Hermione, "así se darían cuenta de todo el trabajo que cargan en los elfos") y se sentaron a comer en la misma cocina cuando estuvo lista.
― San Mungo estaba a reventar, y muchos de los heridos eran a causa de Voldemort. Había gente que había sido herida tanto por objetos oscuros como por maleficios. Pasamos horas allí antes de que nos atendieran.
― La culpa fue de ese novato ― lo cortó Ron. ― Vio a Tonks, y como no encontró nada a simple vista dijo que no tenía nada y que esperáramos si aún queríamos que la mirara un curandero.
― ¿Pero no le pasaba nada, no? ― preguntó temerosa Hermione. Harry miró a Ron, y luego de nuevo a su amiga. ― ¿Qué ocurre? ― preguntó al ver que se había formado silencio.
― No lo sabemos. Los curanderos no nos dijeron nada, sólo que querían tenerla en observación toda la noche con algún familiar o amigo próximo a su lado. Pero por el modo en que hablaban entre ellos, creo que sabían que había algo mal.
― Mi madre nos ha dicho que no le digamos nada a Remus ― añadió Ron. ― Dice que mejor no preocuparle hasta que no pase la luna llena. Por eso no te hemos dicho nada en la carta...
Hermione asintió y le dijo que lo entendía.
― Pero Tonks no parecía tener nada. ¿Qué es, alguna herida interna?
― Creo que más bien temían que hubiera sido hechizada, ― explicó Harry, ― pero no sabían cómo.
Hermione volvió a asentir, preguntándose si fueron Bellatrix y Narcisa las que la hechizaron. No sabiendo qué más decir, empezó a comer en silencio.
Sus amigos optaron por hablar de la visita a Hogwarts, y de qué iban a hacer a continuación. Fletcher almacenaba la mayor parte de sus objetos en casa de una señora viuda de Hogsmeade, que se los hacía llegar a un tal Hambledon, un viejo amigo suyo. La mujer había dicho que estaría fuera unos días, pero que si regresaban el viernes por la noche los encontrarían, tanto a ella como a Hambledon, y que estarían encantados de hacer negocios con ellos.
De mientras, pensaron que sería bueno tirar de otra pista que tenían acerca de la copa de Hufflepuff. Al día siguiente, Harry y Ron irían al callejón Diagón, a visitar a una bruja en cuyas manos se creía que había pasado la copa. Hermione no les acompañaría. Después de llevarse algún que otro susto, habían acordado que sería mejor no ir previsiblemente los tres en grupo, como precaución en caso de que algo malo ocurriera. Al fin y al cabo, el resto de la Orden no sabía nada de los horcruxes. No, Hermione se iba a ocupar de investigar un poco más acerca Mundungus Fletcher.
O eso creían ellos, porque la chica tenía otros planes.
Review?
