Beta:no.

Advertencias: es shonen-ai/yaoi, así que homofóbicos pintan poco aquí; AU, mayor OOC, spoilers, y creo que por ahora está todo.

*Ni AS, ni VK me pertenecen. Sólo la trama de este fic.*

- Blah, blah- diálogos.

- "Blah, blah"- pensamientos.

texto… = flash backs

nº = notas de la autora.

(Blah, blah) = Comentarios del personaje.

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5.- Pacto con el Diablo.

Belial

Las cosas parecían haber regresado a cómo eran antes de la desaparición del alma de su señor, pero ella sabía que las cosas nunca volverían a ser iguales en Sheol. No, su rey había cambiado demasiado para que así fuera. Su tiempo como humano había despertado algo en él que nadie creía que existía: su corazón. Su amado señor había descubierto que tenía un corazón1. ¿Y no era eso irónico? ¡El Diablo tenía corazón! Si hubiera sido uno de esos demonios mediocres y descerebrados que pululaban las zonas superiores del Infierno, habría estallado a carcajadas ante tal idea. Pero Belial (más conocida como el Sombrerero Loco), era un Gran Demonio, una de los Siete Satanes, la Personificación del Pecado del Orgullo y, como la Segunda al Mando del Rey Demonio Lucifer, conocía a su rey y sabía que La Estrella del Alba era en verdad capaz de amar, mas nadie oiría salir ese hecho de su boca jamás. Su devoción hacia su señor no tenía límites (no importaba que él la aborreciera más que a nada en este mundo… y en todos los otros, ella le seguiría hasta el fin de sus días). Por suerte para ellos, su rey era un actor consumado y solamente ella se había dado cuenta de su cambio. Era cierto que seguía siendo tan frío y cruel como siempre lo había sido, mas había un nuevo brillo en sus ojos plateados que le hacía parecer más vivo que nunca. Ella odiaba ese brillo y, al mismo tiempo, podía entender perfectamente el por qué de su existencia, pues su pequeña princesa Kurai (ahora Reina de los Viles) había tocado profundamente lo poco que quedaba de su ennegrecido corazón, y suponía que con su rey y la actual encarnación humana del Ángel Orgánico Alexiel pasaba lo mismo. El recordar lo ocurrido durante la última batalla contra el Cielo casi consiguió que se perdiera en sus divagaciones sobre su noble y pura princesa (para ella siempre sería esa hermosa y rebelde princesita que la cautivó a primera vista), cuando un aura que llevaba milenios sin hacer acto de presencia en el Infierno se dio a conocer de forma bastante descarada.

- "Parece que el hijo pródigo ha vuelto a casa."

-X-

Kaname

¿Cuándo fue la última vez que pisó las tétricas alcobas del palacio del Rey Demonio situado en el centro de Sheol? Diez mil años, al menos. No desde que ella le hizo ver lo que realmente se escondía en su maldita raza, y consiguió que amara la imperfecta belleza que se ocultaba en los humanos. Traicionó a su padre por ella y ahí se encontraba, en el lugar que se juró jamás volver a pisar, a punto de enfrentar a la Personificación del Mal. Si por él fuera, nunca hubiera regresado a ese mundo de pesadilla, pero viejas órdenes aun le ataban a ese lugar, y ni siquiera haciendo uso de todo su poder era capaz de romper la conexión que le impulsaba a obedecer a su creador (los humanos eran idiotas por no entender la belleza de poseer libre albedrío).

- ¿Pero qué tenemos aquí?- aun después de tanto tiempo, esa voz fría y cortante seguía asustándole tanto como la primera vez que la escuchó- no recuerdo haber planeado una reunión familiar. ¿Acaso has venido a suplicar por tu mísera vida?

- No, padre. Eso sólo sería una pérdida de tiempo. Se perfectamente lo que les espera a los traidores y lo único que conseguiría suplicando es una muerte aún más dolorosa- puede que fuera muchas cosas, pero estúpido no era una de ellas.

- ¿Qué deseas conseguir presentándote ante mi después de tanto tiempo? No te creé para que actuaras como un humano… aunque te encantaría ser uno, ¿no?- incluso sabiendo que su padre iba a sacarle en cara su traición, el atacarle verbalmente con su mayor deseo (uno que era imposible para él) le había dolido más que cualquier tortura que le pudieran infligir. El tiempo sólo había logrado empeorar la cruel lengua viperina de su creador.

- Deseo hacer un trato- respondió con más firmeza y valor de lo que realmente sentía (rezaba para que su expresión no lo delatara).

- Parece que lo que necesitas es muy importante para ti, si estás dispuesto a hacer un Pacto con el Diablo para conseguirlo- ahora su tono era uno de diversión, lo que no era bueno para él. Cuanto más interesado estuviera Lucifer, más alto sería el precio a pagar. Su padre era así de retorcido- ¿qué te hace pensar que aceptaré? Sabes que puedo tomar lo que me apetezca de ti y que no hay nada que puedas hacer para impedirlo.

Por supuesto que lo sabía, esa era la razón principal por la que había dudado tanto en regresar; mas, si conseguía convencer al Señor de los Infiernos de que le ayudara, ganaría mucho más de lo que se arriesgaba a perder.

- Tengo eso muy claro, pero estoy seguro de que la información que he reunido y la que puedo conseguir, si así lo deseas, va a interesarte. Después de todo, es un asunto… familiar.

Aunque no lo pareciera a primera vista, sus palabras habían despertado la curiosidad de Lucifer más de lo que su descarada propuesta lo había logrado. Ahora que tenía la completa atención de su padre, debía de tener mucho cuidado con lo que decía o su señor terminaría retorciendo las cosas a su favor (y si eso ocurría estaría perdido).

- ¿Cuáles son tus términos?- casi suspiró de alivio al ver que su rey había decidido colaborar… por el momento.

- El primero, es que me permitas salir de tus dominios sin ser castigado—

- Esta vez- le interrumpió el oscuro monarca.

- Esta vez- era mejor cooperar en ese punto, ya que no habría forma posible de escapar si le llevaba la contraria al Señor de los Infiernos- el segundo, es que me prestes tu poder para romper el lazo que me une al mayor de mis descendientes.

- ¿Eso es todo?- preguntó el moreno con tono aburrido- pensaba que sería algo más… interesante. ¿Y qué me ofreces a cambio de mi ayuda?

- A cambio, te mantendré informado de las acciones de los tres ángeles de alto rango que han decidido irrumpir en mi territorio. Además de un par de detalles interesantes sobre un humano en concreto que comparte más de una similitud con mi 'querido' tío.

Las carcajadas que se le escaparon al Rey Demonio consiguieron helarle la sangre. Su padre se reía tan pocas veces que, cuando lo hacía, ese sonido llenaba de terror a quienquiera que fuese lo suficientemente desafortunado para oírlo. Cualquier cosa capaz de hacer reír a Lucifer no podía ser algo bueno para el resto del universo.

- Así que has decidido aprovecharte de que estás obligado a informarme de la presencia de ángeles en Assiah para tu propio beneficio, ¿me equivoco, mi querido hijo?- una mezcla de sarcasmo y diversión teñía su monótona voz, poniéndole en alerta a pesar de lo cautivante que podía llegar a ser dicha voz. Había llegado el momento de la verdad: era todo o nada- quiero algo más, sólo tus palabras no me sirven. Quiero que me muestres todos tus recuerdos, y más te vale no intentar esconderme nada. También quiero tu promesa, sellada con sangre, de que obedecerás todas y cada una de mis órdenes al pie de la letra durante el tiempo que esté en tu territorio, una vez decida qué hacer respecto a esos ángeles.

No contestó de inmediato. Por una parte, se negaba a darle acceso a su mente y a prometerle obediencia en un pacto vinculante e imposible de escapar, pues no tenía duda alguna de que su padre abusaría de ese privilegio (después de todo, se trataba del Diablo); pero, por otra parte, ¿podía permitirse el no aceptar esas condiciones? La desaparición del mayor de los gemelos Kiryuu había echado por tierra todos sus planes y no tenía nada con lo que tentar al menor (no si quería conservar el cariño de su querida Yuki). Además de eso, conocía perfectamente a su padre, y sabía que, ahora que había captado su interés, iba a pagar muy claro si se negaba a aceptar. Realmente no tenía otra opción (no si quería minimizar el daño que la interferencia de Lucifer podía causar en su vida).

- Acepto- respondió con firmeza antes de tener tiempo de arrepentirse (pues si lo hacía no saldría de allí con vida).

Los ojos plateados de Lucifer brillaron malévolamente durante unos instantes, indicando que su pacto había sido establecido, y una sensación extraña se extendió por su cuello. Sintió como si llevase alguna clase de collar puesto. Esa era la forma que había tomado su parte del contrato, y no importaba lo que hiciera al respecto, no se libraría de esa molesta sensación hasta que ambas partes del pacto se cumplieran.

- Ven- su padre extendió una de sus pálidas manos, indicándole (más bien ordenándole) que la tomara. Le obedeció sin rechistar.

Cuando estuvo frente a su creador se arrodilló a sus pies, mostrando el respeto que (muy, pero que muy en el fondo) le imponía la sola presencia del ángel caído. Al coger la mano que le ofrecía su padre, no pudo evitar maravillarse de nuevo ante la belleza del ser que, en otros tiempos, fue considerado el ángel más hermoso jamás creado por Dios2: pelo negro azabache que parecía azul al darle la luz, piel pálida como el marfil y afilados ojos de plata fundida, combinados con un rostro de extraordinaria belleza masculina y un cuerpo de infarto, habían sido la perdición de ángeles y humanos por igual durante eones (incluso la cicatriz sobre su ojo izquierdo añadía encanto a su ya terrible atractivo).

Como muchos otros antes que él, nunca fue capaz de entender cómo el aniñado Arcángel del Fuego podía ser el hermano gemelo de la Estrella del Alba, los dos tenían personalidades radicalmente distintas, y si se comparaba su atractivo, Miguel era el patito feo y Lucifer el hermoso cisne negro. Mas todo eso se había esfumado de su mente al reencontrarse con su 'tío' (término que usaba aun más raramente que 'padre', y siempre con tono irónico) en la academia. Allí se dio cuenta que de patito feo el pelirrojo ya no tenía nada y que ahora era imposible negar que ambos Príncipes eran hermanos. El inesperado 'estirón' había favorecido al ángel enormemente3, aunque su edad aparente aun era de unos años menos que la del demonio. Debía de ser una tortura para Miguel mirarse al espejo para encontrarse con un rostro casi idéntico al del hermano que tanto parecía odiar… y aun así, todavía quedaba en el de ojos dorados un rastro de inocencia que le distinguía claramente del mayor de los gemelos (como si el llamativo colorido del menor no fuera suficiente para hacerlo).

Una sonrisa cargada de burla se formó en los sensuales labios de su padre, lo que le sacó de sus innecesarias comparaciones, y como si el otro supiera lo que estaba pensando, ese gesto no hizo más que aumentar el daño que estaba sufriendo su ego por tener que rebajarse a una posición tan denigrante y sumisa frente al poderoso demonio4.

- Bebe- ordenó el moreno. No tuvo que decírselo dos veces.

Dejando salir sus instintos más básicos, hincó sus afilados colmillos de la forma más salvaje de la que fue capaz en la muñeca de su creador. Por primera vez en siglos, se permitió ser la cruel bestia que había tratado de suprimir con tal de que ella fuera feliz, y devoró con enfermizo placer ese delicioso líquido carmesí que hervía con el inmensurable poder que su padre tenía a su disposición. Poco a poco, con cada sorbo que bajaba por su garganta, el lazo que le unía a su odiado descendiente fue cediendo bajo la aplastante presión que su señor estaba ejerciendo sobre él, usando como médium la sangre contaminada que ahora fluía en su interior. Incluso estando ebrio de sangre y oscuro placer, fue capaz de sentir como el lazo se rompía y desaparecía completamente de su mente, donde había tratado de enterrarlo durante años. Por fin era libre para enfrenarse a Rido cara a cara como su igual y no su esclavo… y con el poder que la sangre Lucifer le confería, borraría a ese bastardo de la faz de la Tierra.

- Una molestia menos- la voz de su padre le llegó de forma apagada, como si estuviese hablándole desde un lugar lejano- intenta no resistirte demasiado, no estoy de humor para ser amable contigo.

Al principio no entendió lo que su señor trataba de decirle y, cuando por fin lo consiguió, fue demasiado tarde para hacer algo al respecto. La mano libre de Lucifer enredándose en su cabello fue lo último que sintió antes de que la abrumadora presencia del Rey Demonio invadiera su mente, buscando la información que había prometido entregarle y los recuerdos relacionados con dicha información. Lo que para él fue una eternidad, duró menos de un minuto, mas las acciones de su padre le dejaron agotado, a pesar de la cantidad de sangre que había consumido. A duras penas se sentía con fuerza para levantarse, cosa que Lucifer notó (y no dudó en aprovechar, el muy bastardo). Con fingida delicadeza y cariño, el poderoso ángel caído le tomó de la barbilla para obligarle a que le mirara directamente a los ojos.

- Tienes dos horas para abandonar este lugar antes de que mis 'perros' salgan de caza- en un elegante y fluido movimiento se acercó a su oído, susurrando palabras venenosamente dulces, como la Serpiente del Paraíso que llevó a Eva a pecar- sigue jugando con tus peones mortales, pero recuerda que nuestro pacto aun no ha terminado. Si eres un buen niño y dejas a esos tres tranquilos, puede que permita que te quedes con el humano que tanto te fascina, Adán5… ¿o es Kaname ahora?

Decidió no decir nada y se limitó a asentir antes de marcharse de ese maldito lugar de una vez por todas. Cuando más pronto llegase a la academia, más pronto podría a empezar a idear nuevos planes. Aunque su padre se lo había prohibido, tarde o temprano tendría que lidiar con los tres ángeles (que parecían haber bajado a la Tierra para joderle la existencia) y era mejor hacerlo a su manera antes de que Lucifer le arrancase la dichosa promesa sellada con sangre.

-X-

Lucifer

Las horas que siguieron a la partida de su 'hijo' (por llamar a su creación de alguna forma), las pasó revisando y analizando todos los recuerdos que había… adquirido. Aunque interesante, la 'nueva' vida de su rebelde creación le importaba bien poco más allá de mostrarle la evolución de la raza que había creado en un arrebato de furia hacia Dios (en su opinión, los humanos necesitaban un recordatorio constante de que no eran los dueños del universo… al menos en aquel momento era lo único en lo que podía pensar). Nada demasiado útil para él… hasta que llegó a los primeros recuerdos que su hijo tenía de un humano en concreto (uno que fue parte de un set de gemelos malditos, nada menos. Vaya que no eran irónicas las cosas). Pelo plateado y ojos violetas no eran comunes entre los mortales que habitaban Assiah, mas eso no fue lo que le llamó la atención. No, lo que hizo que se fijase en ese humano en especial fue el leve rastro de poder astral que podía sentir en el joven y que era, sin duda alguna, idéntico al de Miguel. Si había una presencia que conocía como la palma de su mano, era la de su hermano gemelo. Su 'otra mitad' (expresión que llegó a despreciar durante su tiempo junto a Rosiel), su hermano pequeño, la otra víctima de la dichosa profecía que tiñó su futuro de oscuridad y sangre, y el ángel con quien compartía las seis alas de nacimiento (aunque la división fue desigual… no que se quejase, pues salió ganando). Miguel siempre fue una parte de su pasado que había decidido ignorar incluso antes de su rebelión y consecuente caída. Siempre tenía algo más importante que hacer que prestar atención a su infantil gemelo, quien subconscientemente detuvo su crecimiento en un vano intento de ganarse su cariño6.

Miguel nunca antes había demostrado interés en los humanos (Setsuna no contaba, después de todo era el Ángel Salvador), así que encontrar a uno con rastros de su poder astral había sido una sorpresa (poco grata). Sentía curiosidad y quería saber que tenía de interesante ese joven para que su hermanito le hubiera dado una parte (minúscula, pero ahí estaba) de su poder. Una idea inesperada y absurda cruzó su mente: ¿acaso Miguel se había enamorado de ese joven humano? Un arranque de furia inundó su cuerpo con semejante potencia que le dejó sin aliento. No entendía a que había venido todo eso y decidió que lo mejor era ignorarlo, pues prefería seguir explorando los recuerdos del vampiro a cuestionar por qué cierta conexión que llevaba milenios ignorando había despertado como alcanzada por un rayo. Cuanto más veía, menos entendía que podía haber visto su gemelo en el humano llamado Ichiru Kiryuu. Lo único 'especial' que tenía el chico era su estatus como cazador de vampiros (no era un secreto lo mucho que Miguel aborrecía sus creaciones) y su inusual colorido. Nada que no pudiera encontrar en otro ángel— otra vez fue asaltado por esa terrible furia, y esta vez le costó aun más controlarse antes de seguir con esos dichosos recuerdos. A medida que el tiempo avanzaba en la memoria de su hijo, mayor se volvía la obsesión que Adán (perdón, Kaname) sentía por resolver el misterio que rodeaba a Kiryuu. Para cuando llegó al punto en que los tres ángeles estaban a punto de llegar a la academia en que su hijo residía, Kaname había quedado embelesado por el humano… y él había desarrollado un odio irracional (casi tan visceral como el que sentía hacia Dios, aunque ese de irracional no tenía nada) hacia el joven cazador, pues había algo en ese chico que le recordaba demasiado a si mismo antes de su caída y de su tiempo como Sakuya Kira. Ese algo le ponía en alerta por razones que no entendía… o que no quería entender.

Pronto vio, a través de los ojos de su hijo, los eventos que habían llevado al vampiro a buscar su ayuda y se llevó una gran sorpresa: Miguel había crecido. Su hermanito ya no tenía la apariencia de un crio de trece años, sino la de un adolescente de dieciocho, y por primera vez en milenos, el pelirrojo realmente aparentaba ser lo que era: su hermano gemelo7. Algo en su interior se rebeló al ver así a su hermano, quien terminaría siendo idéntico a él (color de pelo y ojos aparte) si permitía que su cuerpo creciera un par de años más. Era realmente extraño (y confuso) ver así a su gemelo, pues este nunca había mostrado real interés por tener un cuerpo adulto (podía negarlo todo lo que quisiera y montar todas las escenitas que le apetecieran, pero él siempre supo que Miguel podía seguir creciendo si se lo proponía8). Entonces, ¿qué (o quién) había hecho cambiar al Arcángel del Fuego hasta el punto en que había dejado de reprimir su crecimiento? Tenía una teoría, pero no le gustaba por donde iban los tiros.

- "Creo que pronto tendré que hacerle una visita a mi hermanito"- después de todo, tenía que recordarle a su 'otra mitad' que no era buena idea ignorarle para ponerse a jugar con los humanos. Con esa decisión tomada, por fin permitió que un último pensamiento llenase su mente- "¿acaso ya no deseas que te dedique todo mi cariño y atención, Mika-chan?"

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Editar 20/10/2018

1.- Técnicamente Lucifer se enamora de Alexiel (lo que demuestra que tiene corazón) antes de rebelarse, pero para que esto cuadre con mi historia, digamos que lo suyo fue una obsesión que pasó a ser amor durante la reencarnación anterior a Setsuna.

2 y 3.- Links en mi perfil.

4.- En este fic estoy partiendo de la idea de que los vampiros son criaturas creadas por el demonio, para explicar su origen. Teniendo en cuenta que en esta historia aparecen muchos personajes de la mitología Judeocristiana (la versión de Kaori Yuki, por supuesto), creí que un origen de tema 'religioso' le iba mejor a la trama.

5.- Aunque es un poco cliché, tengo mis razones para que el nombre original de Kaname sea Adán.

6.- ¡Esto es canon! Se descubre en el tomo quince.

7.- Se que me estoy repitiendo mucho, pero eso es porque el tema es importante.

8.- En AS, los ángeles dejan de crecer en cuanto su poder astral llega a su punto más alto, pero existen excepciones a esta regla, como Belial que detuvo su desarrollo físico como mujer de forma voluntaria, o Miguel que dejó de crecer porque inconscientemente creía que Lucifer le prestaría más atención si parecía un niño.

Nos leemos,

Alanna.