Beta:no.

Advertencias: es shonen-ai/yaoi, así que homofóbicos pintan poco aquí; AU, mayor OOC, spoilers, y creo que por ahora está todo.

*Ni AS, ni VK me pertenecen. Sólo la trama de este fic.*

- Blah, blah- diálogos.

- "Blah, blah"- pensamientos.

texto… = flash backs

Texto sueños

nº = notas de la autora.

(Blah, blah) = Comentarios del personaje.

-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-

7.- Poco a poco.

Una hora antes…

Ichiru

Algo no iba bien. Desde que se habían levantado esa mañana para ir a clase, Mikhail estaba inquieto y estresado. No podía encontrar razón alguna para el extraño comportamiento de su compañero de habitación, así que decidió que lo mejor sería no dejar solo a su amigo (quien sabe en qué clase de líos podía meterse sin nadie que le vigilase). Amigo… no recordaba la última vez que había usado esa palabra para referirse a otra persona. El pelirrojo había logrado en un mes lo que muchos (Yuki incluida1) habían intentado (sin éxito) desde la desaparición de su hermano: ganarse un lugar especial en su corazón. Y lo más gracioso de todo era que el joven de ojos dorados lo había conseguido sin proponérselo siquiera. Su primera impresión sobre Mikhail había sido la de un niño bonito con aires de rebelde que haría su trabajo como guardián aun más difícil, mas las palabras de Bárbara-sensei le obligaron a ver que tenían más cosas en común de las que esperaba (y eso que creía que no tendrían nada en común), pero su orgullo impidió que lo aceptara. El sólo necesitaba a su hermano y ningún gaijin le haría cambiar de parecer (¡oh, que equivocado había estado!).

Cuando el director le mandó a buscar a los dos primos (algo le decía que iban a ser tan problemáticos como el dúo de la Clase Nocturna), estaba convencido de que su noche no podía empeorar más… y terminó por gafarse a sí mismo (¡puto Murphy y sus jodidas leyes!). No llevaba ni diez minutos buscando, cuando Kuran salió de la nada preguntándole si había visto a Kain y a Aido. Soltó una sarta de palabrotas, que habría impresionado incluso a Yagari-sensei, al deducir que no sólo tendría que preocuparse por encontrar a los dos Azarov, sino que tendría que estar al tanto de las dos sanguijuelas más problemáticas de la academia (¿qué había hecho para merecerse eso? Ah… mejor que nadie responda. Seguía sin ser su día). Iba a decirle al castaño por donde podía meterse a sus perros falderos, pero se quedó con las palabras en la boca al ver que los ojos de Kuran se habían teñido de rojo. Solo existía una cosa en este mundo capaz de forzar a un vampiro a revelar su verdadera naturaleza: sangre recién derramada. Las cosas no podían ir peor (o eso pensaba). Kuran desapareció como un rayo en dirección al origen de la sangre y no tuvo más remedio que seguirle, aunque pronto se quedó atrás (en ocasiones como esa, odiaba ser humano) y tuvo que hacer uso de todos sus sentidos para descubrir a donde se dirigía el castaño.

Unos minutos después, llegó al pequeño claro donde podía sentir la presencia de tres vampiros y lo hizo justo a tiempo para escuchar a Kuran hablando en lo que parecía ser el mismo idioma en el que los rusos habían estado discutiendo al bajar del taxi. Eso le dio muy mala espina. Si el sangre pura les conocía de algo, esos dos eran más peligrosos de lo que aparentaban. Salió de entre los arboles con toda la intención de mandar a los chupasangre de regreso a sus dormitorios y a los humanos de vuelta al despacho del director, pero se quedó con las palabras en la boca (otra vez) al ver que Kain estaba inconsciente en la otra punta del pequeño claro, un hilo de sangre bajándole por la sien de forma continua, y que Aido trataba de mantenerse despierto a pesar de la cantidad de sangre que había perdido debido al preocupante tajo en su abdomen, donde parecía que alguien había intentado cortar al rubio en dos (y era una pena que no lo hubieran conseguido).

- ¿¡Qué demonios ha pasado aquí!?- fue lo primero que salió de su boca. La pregunta iba dirigida a Kuran, quien se limitó a encogerse de hombros de forma bastante tensa antes de señalar hacia el centro del claro. Cuando se giró a ver cuál era el problema, casi se le salen los ojos de sus órbitas- ¿¡De dónde coño has sacado ese trasto!? "¿¡Y cómo no lo he visto antes!?"

En medio de todo el embrollo se encontraban los dos extranjeros. El rubio parecía una estatua de lo impasible que se veía su rostro y el pelirrojo… el pelirrojo parecía a punto de cometer asesinato múltiple, y toda la sangre que llevaba encima no hacía más que dar crédito a esa imagen (y mejor no pensar en lo que parecía con esa monstruosa espada en mano2). Al menos ya sabía quien había intentado filetear vivo a Aido. El joven Azarov le miró directamente durante unos segundos (que le parecieron eternos), sonrió de forma afilada (lo que le causó una extraña sensación en el estomago que nada tenía que ver con el miedo) y con un simple movimiento de muñeca se deshizo de la sangre que aun manchaba su espada (no quería ni imaginarse la fuerza que tenía el otro chico para poder mover esa cosa con una sola mano).

- Sólo estaba enseñando a un par de bestias que es un suicidio tratar de cazar a sus superiores- aunque el ruso respondió su primera pregunta, por su tono estaba claro que sus palabras tenían alguna clase de mensaje oculto que sólo Kuran y el médico fueron capaces de entender- pero viendo que son los perros falderos del Señor de las Bestias, tendría que haberme esforzado un poco más en esta lección, ¿no crees, Raphael?

- Teniendo en cuenta que es de ti de quien estamos hablando, me extraña que aun no los hayas reducido a cenizas- contestó Kuran, impidiendo que el rubio respondiera- parece que estás perdiendo facultades. Tu hermano estaría decepcionado.

La temperatura subió de golpe y el ambiente se volvió incluso más tenso de lo que ya lo estaba. No entendía qué diantres estaba pasando, pero tenía muy claro que Kuran era el culpable (no, no estaba siendo injusto con el bastardo). El sangre pura estaba demasiado satisfecho consigo mismo para no serlo. Las cosas iban a acabar mal (y rezaba para que la sanguijuela saliera perdiendo).

- ¡NO TE ATREVAS A MENCIONAR A ESE CABRÓN EN MI PRESENCIA!- durante una milésima de segundo, tuvo la sensación de que el pelirrojo iba a saltarle encima al vampiro, dispuesto a hacerle pedazos con sus propias manos, pero esa idea pasó tan pronto como llegó- O la próxima vez no me haré responsable de mis actos- tras decir eso agarró a Raphael del brazo y se lo llevó a rastras quien sabe dónde. Antes de desaparecer por completo entre los árboles, esos impresionantes ojos dorados atraparon los suyos en una intensa mirada indescifrable (que le dejo sin aliento y temblando de la emoción). Tratando de recuperar el control sobre sus emociones (y sobre su cuerpo), se giró en dirección al vampiro castaño, quien parecía tan sorprendido como él ante el extraño arrebato de Mikhail3.

- ¿Qué cojones ha pasado aquí, Kuran? ¿Qué clase de relación tienes con los rusos? ¿Y qué demonios esperabas conseguir con esos comentarios?- por alguna razón que se negaba a examinar más a fondo, no le había gustado nada ver al joven de ojos dorados ese estado: ensangrentado de pies a cabeza y destilando odio. No, una sonrisa sincera iría mejor en ese rostro de ensueño- "¿Pero en qué estoy pensando?"

- ¿Acaso no es obvio?- murmuró el castaño entre dientes- Aido ha vuelto a hacer de las suyas y esta vez se ha metido con quien no debía. Seiren,- la mencionada apareció de entre las sombras, actuando más como un ninja que como un vampiro- llévatelos de regreso al dormitorio y asegúrate de que sigan con vida hasta que decida encargarme de ellos. Dile a Takuma que está al mando de la Clase Nocturna hasta que yo regrese.

- Como ordene, Kaname-sama- en un abrir y cerrar de ojos desapareció con los dos vampiros heridos.

- Aun no has contestado todas mis preguntas, Kuran.

- Paciencia, Kiryuu. Evitar que Aido y Kain se metan en más líos tenía prioridad- la sonrisa que le dedicó el sangre pura era parecida a las que recibía Yuki, pero había algo siniestro oculto tras esos ojos color caoba que le hizo ponerse en alerta- en cuanto a esas preguntas… digamos que esos dos son unos viejos conocidos con los que nunca me he llevado bien.

- Entonces, ¿por qué intentabas provocar a Mikhail?- insistió, sin saber muy bien por qué lo hacía- Lo único que conseguirás actuando así serán más enemigos.

- Tal vez, pero molestar a Mikhail- el vampiro murmuró el nombre del pelirrojo de forma extraña, como si supiera algún secreto que se negaba a compartir- siempre fue divertido. Al menos, lo era cuando tenía trece años- de nuevo ese tono extraño- si no fuera por su pelo y el dichoso dragón que lleva tatuado, hubiera creído que estaba frente a su hermano- Kuran susurró eso ultimo para sí mismo, pero aun así fue capaz de oírlo.

- ¿Su hermano?- preguntó interesado, pues Bárbara-sensei no había mencionado a ningún hermano cuando contó lo sucedido con los padres del pelirrojo. En cuanto esa pregunta salió de sus labios, el vampiro pareció entender que había hablado más de la cuenta.

- Si,- a regañadientes, Kuran siguió con su historia- su hermano mayor y yo trabajamos juntos hace años y así fue como les conocí4. Aunque, como has podido ver, las cosas no terminaron muy bien entre nosotros- en ese punto hizo una pequeña pausa, como si no supiera si debía seguir hablando o no- te recomiendo que no menciones nada de esto frente a Mikhail, o terminarás como Aido. Es un tema que muchos prefieren no tocar, ya que se arriesgan a perder sus vidas si lo hacen.

- ¿Y tú no?- preguntó con ironía- si no vas con cuidado, empezaré a pensar que eres masoquista, Kuran.

Una sonrisa llena de dientes afilados fue lo último que vio del vampiro antes de que este desapareciera de su vista.

Esa noche le dejó con más preguntas que respuestas y con un curioso interés en el extraño pelirrojo, que trató de esconder bajo una fachada de frío desagrado, pero el numerito no le duró mucho, tan sólo una semana. En siete míseros días el ruso había puesto su vida patas arriba de la forma más inesperada: con una canción de cuna y un abrazo (de sólo recordarlo su corazón se aceleraba y su rostro parecía querer hacerle la competencia a un tomate maduro). Y todo porque, después de casi dos años, había vuelto a tener una de esas horripilantes pesadillas en las que terminaba cubierto en la sangre de sus enemigos.

Sabía que estaba soñando. Lo sabía, y aun así no podía despertar. Veía y sentía todo lo que estaba pasando. Cada herida sufrida, cada golpe recibido, e incluso eso palidecía ante la agonía que significaba acabar con cada nueva vida, pues sabía que al final de ese sangriento camino le esperaba su gemelo, al que terminaría masacrando con sus propias manos. Sabía que eso no era real. Lo sabía, y aun así no podía evitar odiarse a sí mismo. Sus acciones le asustaban porque, si no hacía más que soñar con la muerte de su querido hermano de forma tan vívida, ¿significaba eso que sería capaz de asesinar a la única persona que nunca le había despreciado por su debilidad? No lo sabía, y tampoco quería averiguarlo.

Ya podía ver a Zero, sentado sobre una pila de cadáveres sin rostro, esperándole con los brazos abiertos y una tierna sonrisa en los labios, que pronto desaparecería para dejar paso a la expresión vacía de hace cuatro años. Su gemelo pronto le echaría en cara todo lo que había hecho y él, siendo incapaz de controlar su propio cuerpo, terminaría apagando la luz de esos ojos tan parecidos a los suyos5 (nunca podría considerarlos idénticos, pues los ojos de su otra mitad poseían un fuego interno que los suyos carecían). Después de haber sufrido esa misma escena cientos de veces, creía estar mentalmente preparado para lo que se avecinaba, mas nunca lo estaba y esa vez no iba a ser diferente… pero lo fue. Se sorprendió al sentir un par de brazos rodeándole con delicadeza, como si la persona que le abrazaba cálidamente temiera hacerle daño. Cerró los ojos con pesadez. ¿Cuándo fue la última vez que alguien le abrazó de esa forma? A penas podía recordarlo.

Una voz familiar rompió el silencio absoluto en el que se había sumido el campo de batalla. No entendía el idioma, pero la voz parecía estar… ¿cantando? Si, la persona que le abrazaba estaba cantando la canción más hermosa que había oído en toda su vida. Pero, ¿quién iba a molestarse en cantar para él? La única persona que llegó a su mente fue—

- ¿Zero?

Abrió los ojos, deseando con todas sus fuerzas que su hermano estuviera junto a él, mas en su lugar se encontró con la expresión preocupada de su compañero de habitación, quien se limitó a negar con la cabeza a modo de respuesta. Volvió a cerrar los ojos, tratando de contener la lágrimas que amenazaban con escaparse de ellos. Una vez más se había permitido creer que su gemelo había regresado a su lado. Tenía que afrontar la realidad, Zero no había vuelto a por él.

- "¿Y qué razón tendría para hacerlo después de lo que pasó? Si estuviera en su lugar, yo tampoco regresaría."

Intentó esconderse debajo de las sábanas, pero algo se lo impidió. No tardó mucho en darse cuenta que el par de brazos que le rodeaba de forma sobreprotectora no había sido un sueño. El pelirrojo estaba abrazándole. No podía creérselo. Mikhail estaba en su cama ¡abrazándole! Un nudo incómodo se formó en su garganta. A pesar de lo mal que le había tratado, el ruso estaba intentando consolarle. Trató de escaparse de ese abrazo, muerto de vergüenza por la situación y por su comportamiento durante toda la semana. Después de haber actuado como un niño pequeño en medio de una rabieta, no se merecía que el otro chico se preocupara por él, sino todo lo contrario, mas el pelirrojo se negó a dejarle ir.

- Vuelve a dormir- le susurró Mikhail con una suavidad y dulzura que le dejó sin aliento- yo me encargaré de ahuyentar tus pesadillas.

Se mordió el labio inferior, indeciso entre salir huyendo y hacerle caso. Finalmente la calidez del abrazo y de esos increíbles ojos dorados pudo con él y terminó asintiendo. No entendía por qué esa situación le estaba afectando tanto, pero algo en su interior le pedía a gritos que no se alejase del ruso, lo que causó que se sonrojara y escondiera su rostro en el cuello del pelirrojo para evitar que este descubriese lo mucho que le afectaba su cercanía. Se sentía tan cómodo y protegido entre los brazos del otro guardián, que no tardó mucho en relajarse por completo y bajar su guardia. Antes de dejarse llevar por el cansancio, se le ocurrió que, si el abrazo no había sido parte de su sueño, existía la posibilidad de que la canción tampoco lo hubiera sido. Algo avergonzado por lo que estaba a punto de pedir, se acurrucó aun más junto al cuerpo de Mikhail.

- Cántala otra vez, por favor- durante un eterno segundo pensó que el pelirrojo iba a permanecer callado, pero en cuanto la dulce melodía llegó de nuevo a sus oídos sonrió con alivio- gracias- fue lo último que pudo decir antes de caer rendido por el cansancio.

Tres semanas después de eso, y todavía seguía sonrojándose cuando se perdía en ese recuerdo. Lo que había pasado entre ellos al terminar esa primera semana derrumbó por completo la barrera que había intentado levantar entre ambos, y la curiosidad que sentía hacia el más joven de los Azarov cobró vida propia. Poco a poco fue dejando su orgullo de lado y su relación con el pelirrojo había mejorado tanto, que podían ser considerados como mejores amigos (incluso puede que más). Después de todo, ninguno de sus compañeros de clase le daría rienda suelta para meterse en su cama en busca de consuelo (sus 'fans' no contaban, esas locas sólo presumirían de haber conquistado al 'frío y distante Ichiru').

El sonido de la campana indicando que ya era hora de comer le sacó de sus recuerdos. Yuki tenía el día libre, así que Mikhail y él tenían que cumplir con sus deberes como prefectos y recibir al nuevo profesor de historia; y, por lo visto, el ruso se había olvidado completamente de que tenían trabajo que hacer. Llamó a su amigo varias veces, pero este estaba tan metido en su propio mundo que no podía ni oírle. Enfadado porque el otro guardián seguía ignorándole, siguió insistiendo en voz más alta:

- ¿Mikhail, me estás escuchando?

El aludido por fin se dio cuenta que le estaban hablando y se giró hacia él con expresión distraída.

- No, ¿decias?

- Que si no te das prisa llegaremos tarde- contestó antes de salir del aula.

- ¿Huh? ¿A dónde?- preguntó el pelirrojo en cuanto le alcanzó.

- ¿No escuchaste lo que dijo el director anoche? Tenemos que ir a recibir al sustituto de Kikune-sensei y acompañarle hasta el despacho de Cross.

- ¿Le ha pasado algo a la arpía?- el tono esperanzado en la voz de Mikhail le hizo gracia.

- Se cayó por las escaleras y está ingresada en el hospital, la pobre. "Pobre mis cojones, la bruja se merece eso y más."

- Una pena que no se haya roto el cuello.

- Mmhm…- no podía estar más de acuerdo con su amigo. Esa mujer era una zorra incorregible que trataba de seducir a todo hombre atractivo que se cruzaba en su camino.

Había perdido la cuenta de todas las veces que había tenido que quitársela de encima y, lo peor de todo, era que sin pruebas o testigos Cross no podía hacer nada al respecto (por desgracia esa mujer de tonta no tenía un pelo, la muy perra). Ya la odiaba con ganas antes de la llegada de los tres rusos, pero cuando la bruja se atrevió a posar sus ojos (y garras) en Mikhail, sus sentimientos hacia ella fueron de mal en peor. La aborrecía hasta el punto en que estaba empezando a contemplar el asesinato como método factible para deshacerse de ella. Los siguientes diez minutos los pasó tratando de idear el crimen perfecto (de algo le valía su experiencia como cazador de vampiros) con tanta intensidad obsesiva, que no se dio cuenta de lo que sucedía a su alrededor hasta que el inesperado agarre del pelirrojo casi le hizo perder el equilibrio.

- ¿¡Mikhail!?- lo llamó con algo de pánico, pero no obtuvo respuesta alguna- ¿Estás bien, Mikhail?

La llegada del motorista vestido de negro le distrajo momentáneamente, pero no lo suficiente para perderse el susurro cargado de desesperación que se le escapó a su amigo.

- Lucifer…

- "¿Lucifer? ¿No es ese el nombre del demonio cristiano?"- no entendía que estaba sucediendo (lo que se estaba convirtiendo en una costumbre bastante irritante), mas intuía que no era nada bueno. Iba a preguntar de nuevo qué estaba pasando, pero el recién llegado se le adelantó.

- ¿Qué te pasa, Mika-chan? Cualquiera diría que has visto un fantasma- las palabras del desconocido le helaron la sangre y todos sus instintos se volvieron locos al oír esa voz profunda y sensual.

Iba a mandar su trabajo a la mierda y a llevarse al pelirrojo lo más lejos posible de ese hombre (si es que podía llamarle así), mas fue incapaz de moverse. Su cuerpo estaba paralizado, lo que causó que una oleada de terror inundase todos sus sentidos. Ignorando el estado en que se encontraban ambos, el motorista se quitó el casco con movimientos deliberadamente lentos, como si tratase de alargar indefinidamente ese momento. Pronto supo por qué. Un par de ojos plateados brillaron de forma gélida desde un hermoso rostro pálido enmarcado por una espesa cabellera negra que parecía absorber todo rastro de luz… y ese hermoso rostro era casi idéntico al del joven pelirrojo que parecía haberse quedado congelado entre sus brazos. Una sonrisa que no presagiaba nada bueno se formó en esos deseables labios.

- ¿Es que no vas a darme un abrazo, hermanito?

A veces odiaba tener razón.

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Editado 3/11/2018

1.- La relación entre Ichiru y Yuki no tiene nada que ver con la que existe entre Zero y Yuki en VK, ya que aquí se conocen un año después del ataque de Shizuka en circunstancias completamente distintas a las originales. Yuki considera a Ichiru como a su hermano, pero él la ve más como a alguien que tiene que proteger (hacer de niñera) a cambio de poder vivir con Cross. Puede que parezca algo cruel, pero tenéis que pensar que en esta historia el mundo de Ichiru gira en torno a Zero, quien se ha convertido en una obsesión para él, y eso es algo que Ichiru tiene muy claro, pero se niega a hacer algo al respecto. Así que, que de repente esté empezando a interesarse por alguien que no es su hermano (hasta donde él sabe) es una experiencia nueva para él y no sabe muy bien cómo reaccionar, de ahí que se comporte de forma confusa alrededor de Mika.

2.- Cuando Mika aparentaba tener 13 años, la espada era casi tan alta como él, así que podéis imaginaros el pedazo de trasto que lleva encima.

3.- Esta es una de las razones por las que Lucifer se enfada en el capítulo 5. En AS hay dos temas que no se pueden tocar delante de Miguel: su altura (¡es un tapón!) y su hermano (por razones obvias). Kaname lo sabe y menciona a Lucifer para provocarle, pero las cosas no salen como espera. ¿Por qué? Muy sencillo, porque Ichiru está allí y Mika no quiere hacerle daño; lo que es un Milagro (si, con mayúscula), porque normalmente le importa un comino si termina hiriendo a alguien o no en medio de sus arrebatos de mal genio. Lucifer se dio cuenta enseguida y no le gustó lo que vio en los recuerdos de Kaname.

4.- Lo más interesante de todo es que le está diciendo la verdad; a medias, pero lo está haciendo. Kaname es un experto en esto, tanto aquí como en el original.

5.- Esto puede parecer extraño, pero lo que ocurre no es que Ichiru se esté volviendo loco o que sea un psicópata. Los sueños son un efecto secundario del ritual. Ichiru está viendo fragmentos de los recuerdos de Mika de cuando Lucifer se rebeló contra Dios, su subconsciente no puede asimilar del todo esos recuerdos incompletos, así que llena el vacío con las cosas que le persiguen y le llenan de culpa, la desaparición/posible muerte de Zero es una de ellas.

Nos leemos,

Alanna.