Beta:no.
Advertencias: es shonen-ai/yaoi, así que homofóbicos pintan poco aquí; AU, mayor OOC, spoilers, y creo que por ahora está todo.
*Ni AS, ni VK me pertenecen. Sólo la trama de este fic.*
- Blah, blah- diálogos.
- "Blah, blah"- pensamientos.
… texto… = flash backs
nº = notas de la autora.
(Blah, blah) = Comentarios del personaje.
-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-
8.- Lazos inquebrantables.
Lucifer
Había estado planeando ese encuentro desde el instante en que su hijo abandonó Sheol. Le había costado un poco más de lo esperado conseguir todo lo que necesitaba para moverse libremente por el mundo humano, aunque todo valdría la pena si podía pasar desapercibido (las cosas ya iban a ser bastante moviditas con esos tres ángeles de por medio, no necesitaba añadir más obstáculos). A pesar de eso, había pocas cosas en Assiah que escaparan a sus manipulaciones. Después de todo, la naturaleza humana no había cambiado en absoluto, así que siempre podía contar con elementos lo suficientemente desesperados y/o avariciosos dispuestos a pagar cualquier precio (incluso sus almas) para obtener lo que anhelaban. Puede que su tiempo como humano le hubiera demostrado que no todos ellos merecían ser masacrados y torturados por toda la eternidad, pero eso no cambiaba que llevar a los humanos por el camino del pecado era lo que se esperaba del Rey Demonio y, aunque odiaba seguir atrapado en el papel que el Creador le había asignado, no todas sus 'obligaciones' le resultaban desagradables (no por nada era considerado la Personificación del Mal).
Aunque ahora que tenía a su hermano a unos pocos pasos de distancia, su posición como Señor de los Infiernos ero lo último en lo que pensaba. A pesar de haber visto los cambios que había sufrido el pelirrojo en los recuerdos de Kaname, tener a Miguel delante de sus ojos era como estar mirándose en un espejo que distorsionaba ligeramente su reflejo. Porque no importaba lo mucho que pudieran llegar a parecerse físicamente o lo crueles que ambos podían llegar a ser si la situación lo ameritaba, su hermanito seguía destilando ese aire de ingenuidad e inocencia que él había perdido (y muchas veces dudaba que alguna vez hubiera poseído) y que era la verdadera diferencia entre ellos. No muchos se habían dado cuenta de ello (podría contarlos con las manos y aun le sobrarían dedos), ya que habían sido engañados por la faceta de fanfarrón del Arcángel de Fuego, pero los ojos de Miguel eran incapaces de ocultar lo que su dueño realmente sentía en cada momento y eso le convertía en un libro abierto para aquellos que se habían molestado en ver más allá de su máscara. Durante eones su gemelo había sido un niño que se negaba a crecer y ahora que por fin se había decidido a hacerlo, no estaba muy seguro de querer seguir al margen del camino que su hermanito había elegido.
- "Ahora no es momento para divagar"- se dijo mientras aparcaba su moto- "tengo cosas que hacer." ¿Qué te pasa, Mika-chan? Cualquiera diría que has visto un fantasma- siguió hablando mientras se quitaba el casco.
Sabía que las cosas no acabarían bien si seguía usando ese tono para dirigirse al pelirrojo, pero una confrontación directa (con fuego y todo) era mil veces preferible a ver a Miguel en ese estado: temblando entre los brazos del humano que había captivado a su creación, con esos profundos ojos dorados abiertos como platos, mirándole como si fuera su peor pesadilla hecha realidad. No sabía lo que le había sentado peor, si el miedo palpable en ese rostro (tan parecido al suyo y a la vez tan distinto) o la forma tan perfecta en que Miguel y el joven cazador parecían compenetrarse (como dos piezas de un puzle que sólo él podía ver).
- ¿Es que no vas a darme un abrazo, hermanito?- si esas palabras no ponían en marcha al pelirrojo, la sonrisa torcida que acababa de mandarles seguramente lo haría.
No tuvo que esperar mucho para obtener resultados. El sonido de un tremendo golpe restalló en sus oídos, ensordeciéndole momentáneamente, al cual le siguió una explosión de dolor centrada en su mejilla izquierda. Miguel le había dado un puñetazo y no se había cortado un pelo a la hora de golpearle, ya que podía sentir el sabor metálico de su sangre en su boca.
- ¡No tienes ningún derecho a llamarme así! Tú no eres mi hermano. Mi hermano está muerto.
Estaba tan sorprendido (y aturdido, aunque eso nunca lo confesaría en voz alta), que a duras penas registró las protestas del humano cuando Miguel lo cogió de una mano y se lo llevó a rastras hacia el interior de la academia. Su cuerpo no tardó mucho en regenerar el daño causado por el golpe, pero ni cuenta se dio de ello, pues sin poder evitarlo estalló a carcajadas y una vez empezó a reír no pudo contenerse. Realmente la situación no tenía nada de divertido, ya que no habían pasado ni cinco minutos desde que había vuelto a ver a su hermano y ya le había hecho enfadar. Aunque cuando se recuperó un poco se dio cuenta de que lo que le hizo tanta gracia no fue la situación. No, lo que causó que perdiera la compostura de esa forma fue darse cuenta de lo estúpido que había sido. Había perdido tanto tiempo persiguiendo la sombra de una mujer que no le amaba como él deseaba1, que había olvidado por completo la verdadera razón por la cual se rebeló: destruir la profecía que les involucraba a él y a Miguel2. Esa maldita profecía había regido sus vidas desde el día que nacieron, y mientras que Miguel se había resignado a su suerte, soportando toda la basura que los otros ángeles escupían cada vez que el pelirrojo pasaba junto a ellos, él se negó a ser manipulado por los designios de otros (aunque de poco le sirvió esa determinación). Se prometió, cuando aún era demasiado joven e inmaduro para comprender la realidad en la que vivía, que rompería esas cadenas invisibles con las que esa profecía les había atado (asfixiándoles casi hasta el punto de la locura).
Como todos aquellos que en un principio le consideraron la creación más perfecta de Dios, empezó a creer que nada podría impedir que alcanzase su destino como el ángel más resplandeciente de todo el Paraíso y que cuando llegase al rango de Estrella del Alba, uno de los puestos más altos de la jerarquía angelical, su poder sería suficiente para anular la profecía y así 'salvar' a Miguel del oscuro futuro que le esperaba (¡ja! ¡Y qué más! Era él quien necesitaba ser salvado, pero había tardado demasiado en darse cuenta de ello y cuando por fin lo hizo ya no había vuelta atrás). Su obsesión por lo que había sido predicho evolucionó hasta despertar en él varios de los Pecados Capitales. Los extremos que habían alcanzado su Soberbia y Avaricia le llevaron directamente por el camino que Dios había dispuesto para él: convertirse en un ángel bañado en pecado que haría 'brillar' al Creador por encima de todo y todos. Ni siquiera su hermano, quien por aquel entonces ya había empezado a esconderse tras su carácter arisco y apariencia infantil, fue capaz de hacerle ver lo cegado que estaba por sus delirios de grandeza (lo que era de esperarse, teniendo en cuenta que él mismo había catalogado a su gemelo como una existencia insignificante). Durante los últimos siglos de su estancia en el Cielo, el contacto entre ellos fue prácticamente nulo, y ya no recordaba la última vez que habían interactuado sin la intención de hacerse daño. Esa había sido la primera vez en más de diez mil años que su piel y la de su hermano se habían rozado, y durante un glorioso instante (que había puesto su mundo patas arriba) la conexión que existía entre ellos había despertado con más intensidad que nunca, dejándole sin aliento y obligándole a comprender que todo lo que quería (todo lo que realmente necesitaba) había estado frente a sus ojos durante toda su vida… y él casi lo destruye, cegado por su ambición y su orgullo (y la belleza radiante e indomable que poseía Alexiel).
Hasta ese día nunca había entendido por qué los ángeles y demonios gemelos estaban tan unidos y dependían tanto los unos de los otros de forma que rayaba (y en algunos casos incluso superaba) la obsesión, pero ahora que había experimentado una fracción de ese vínculo después de eones sintiéndose desesperadamente vacío, sólo podía pensar en restablecer el lazo que le unía a Miguel (y que había mantenido bloqueado en estado latente, sin dejar nunca que evolucionase tal como debería de haberlo hecho desde un principio). Era cierto lo que dicen: pruebas algo, te gusta y quieres más. Esa pequeña muestra de lo que podía existir entre ambos le había abierto los ojos de forma contundente y explosiva, y no iba a dejar que ningún humano (¡que sí, joder estaba muerto de celos y lo admitía!) se entrometiera entre él y su hermano… y no tenía duda alguna de que lo intentaría, sólo hacía falta ver como congeniaban para confirmarlo.
- "Parece que la inexplicable fascinación que siente Kaname por ese mocoso va a serme más útil de lo que creía"- dejó su moto donde estaría fuera de la vista de los estudiantes y, con un nuevo plan empezando a tomar forma en su mente, siguió el leve rastro de poder astral que Miguel había sido incapaz de reprimir por culpa de su enfado- "mmm… veo que no todo ha cambiado."
-X-
Ichiru
No podía creer lo que había pasado: ¡Mikhail acababa de atacar a un desconocido que afirmaba ser su hermano! ¿¡Cómo demonios habían llegado las cosas a ese punto!? Un minuto estaban esperando al nuevo profesor y al siguiente—
- "¡Mierda, el profesor!"- darse cuenta de que aun tenían cosas que hacer le hizo pararse en seco- ¡Mikhail! ¡El profesor! ¡Tenemos que esperar al profesor nuevo y llevarle al despacho de Cross!
- El pobre desgraciado podrá apañárselas solo. Tengo que avisar a Raphael y a Bárbara y tú te vienes conmigo. Prefiero morir a dejarte donde ese cabrón pueda hacerte daño- el tono de voz que usó el pelirrojo para contestarle le heló la sangre. Sentía como si su amigo hubiera desaparecido y en su lugar se encontrase un completo desconocido.
- ¿Quién era ese hombre?- preguntó, tratando de disipar la inseguridad y la preocupación que estaba empezando a invadir su mente- Su aura… nunca había sentido algo parecido, ni siquiera Kuran tiene una presencia tan siniestra. ¿De qué le conoces? ¿De verdad es tu—
- ¡No lo digas!- le interrumpió el pelirrojo, prácticamente histérico- Ni se te ocurra usar esa palabra. ¡Ese traidor no tiene derecho a usarla! No se merece ni el aire que respira.
Oír a Mikhail escupir esa palabra con tanto veneno casi consigue pararle el corazón. Aunque sabía que no iba dirigida a él, no pudo evitar estremecerse de dolor y culpa al recordar la expresión de Zero cuando entendió que les había traicionado. Estuvo a punto de hundirse en sus remordimientos, mas el temblor de la mano que tenía atrapada su muñeca derecha le mantuvo a flote. Sorprendido, miró a su compañero con atención y por primera vez desde que se conocieron pudo ver lo que se escondía detrás de esos ardientes ojos dorados: un corazón destrozado que sangraba constantemente debido a las heridas causadas por la traición de un ser querido, y al ver así a alguien tan fuerte como Mikhail sólo pudo preguntarse si Zero se sintió (y seguía sintiéndose) así por su culpa. Por un instante creyó que algo en su interior se había roto en mil pedazos y se hubiera puesto a llorar de no ser por esa mano que aun tenía atrapada la suya.
- "¿Cómo puedo ser tan egoísta?"- se reprendió- "Mikhail está sufriendo frente a mis narices y lo único en lo que puedo pensar es en cómo me siento"- apretó los ojos con fuerza, tratando de borrar de su mente todas las imágenes de su gemelo- "ahora mismo no hay nada que pueda hacer por mi hermano, pero sí que puedo hacer algo por la persona que se ha vuelto tan importante para mí."
Aprovechando que el pelirrojo aun no le había soltado, dio un fuerte tirón que logró desequilibrar al ruso, consiguiendo que cayera directamente sobre su pecho y le abrazó con fuerza, tratando de hacerle sentir con ese gesto todo lo que Mikhail le había transmitido tres semanas antes, cuando le salvó de los horrores conjurados por su propia mente. Con delicadeza, como si estuviera tratando de apaciguar a una fiera herida (cosa que no distaba mucho de la realidad), rodeó con un brazo la cintura del pelirrojo mientras que con el otro rodeó sus hombros (asegurando de dejar sus brazos libres y así evitar que el joven Azarov se sintiera atrapado), tratando de decirle sin palabras que no estaba solo y que podía confiar en él. Respiró con alivio al sentir como su amigo se iba relajando poco a poco y le devolvía el abrazo. Instintivamente apoyó su frente contra la de su compañero en un gesto cariñoso que hasta entonces había reservado exclusivamente para Zero. Siempre pensó que sería incapaz de actuar de esa forma con alguien que no fuera su gemelo, pero algo le decía que lo que estaba haciendo era natural, que las cosas entre ellos tenían que ser siempre así. No supo cuanto tiempo estuvieron abrazados, reconfortándose mutuamente, pero sabía que no podían quedarse ahí plantados todo el día (a pesar de desear con toda su alma que ese momento no se terminase nunca). Tenían trabajo que hacer si no querían que el director hiciera alguna tontería al ver que no llegaban. Ya tendría tiempo esa noche (en la privacidad de su habitación) para hablar con Mikhail de lo que había pasado y de buscar una forma de ayudarle si el supuesto 'hermano' planeaba hacerle daño al joven ruso.
- Si no nos vamos ya, Cross empezará a preocuparse y eso nunca es bueno- murmuró mientras se separaba a regañadientes del pelirrojo, pero no llegó muy lejos en su intento, ya que este le mantuvo a su lado cogiendo una de sus manos y entrelazando sus dedos con los suyos (causando que un reconfortante calorcito se expandiera por su pecho)- Venga, va—
- No confíes en él- le interrumpió el pelirrojo- pase lo que pase y diga lo que diga, no confíes en él. No dejes que te acorrale en una esquina ni que te convenza de hacer algo de lo que puedas arrepentirte.
- Mikhail, ¿de qué va todo esto?- esas palabras no presagiaban nada bueno.
- Lucifer, o como quiera que se haga llamar ahora, es peligroso, Ichiru, mucho más de lo que puedas imaginarte- el ruso le miró directamente a los ojos, dándole a entender con una sola mirada que estaba hablando en serio- comparado con ese hombre, Kuran no es más que un principiante cuando se trata de manipular a la gente a su antojo. Hagas lo que hagas, no aceptes ningún trato que te proponga o te arriesgas a venderle tu alma al Diablo3.
-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-
Editado 4/11/2018
1.- Alexiel es mi personaje femenino preferido de AS, pero no se puede negar que se aprovecha descaradamente de los sentimientos de Lucifer para proteger a Setsuna y conseguir que su cumplan sus planes.
2.- Un recordatorio: básicamente dice que uno de los gemelos (Lucifer) traicionará a Dios y se convertirá en la encarnación del mal, y el otro (Miguel) tendrá que desterrarlo del Paraíso y se convertiría en el ángel más brillante de todos (o algo así). En un principio todos creyeron que Lucifer iba a ser el gemelo bueno, así que la tomaron con Miguel… pero todos sabemos cómo terminó la cosa.
3.- Más honesto no ha podido ser.
Nos leemos,
Alanna.
