Hola, he regresado con otro capítulo de está historia, después de meses de haberla dejado pausada, pero creo que ha llegado el momento de retomarla poco a poco, aunque debo admitir que no es una de mis historias más populares, pero esta tiene un espacio en mi corazón debido a que fue una de las primeras historias largas que me llevó a un argumento largo y más complejo, y por eso tengo el deber de terminarla... sin más por el momento, comenzamos.
Capítulo 2: Machu Pichu
Eran miles de escalones, el reto de llegar a la cima sin cansarse llegó a su fin años atrás, pero ese día volvía a hacer acto de presencia, el peso era demasiado, sentía colapsar en cualquier momento, Po seguía inconsciente, Yahuar al ver la dificultad de la maestra después de llevarlo por trescientos escalones, decidió cargarlo, después de todo, él lo había noqueado.
Cuando llegaron lo dejó caer para librarse del dolor de su espalda, se sentó para poder descansar. Lentamente empezó a abrir los ojos, solo observaba el cielo, se inclinó ligeramente para poder levantarse, se tocó la frente para poder volver en sí, alzó la mirada y miró que estaba frente a él; largo cuello, pelaje blanco, traje blanco con un cinturón negro, se estremeció, recordó rápidamente lo que ocurrió, fue noqueado de una sola técnica, se alejó lo más convenientemente posible de él hasta quedar de lado con Tigresa.
—¿Qué pasa Po? —preguntó un poco angustiada por su actitud.
—¿Qué… hace él aquí? —preguntó nervioso y tartamudeante.
—Viene a explicarnos algunas cosas sobre él —explicó Mono.
—¿No va a noquearme de nuevo? —volvió a preguntar nervioso.
—No —respondió el propio Yahuar —, nunca quise atacarte, pero tú te abalanzaste y reaccioné —la explicación le levantó un poco el ánimo.
—Vamos, tenemos que avisarle al maestro Shifu que tenemos un invitado, tal vez a él también le interese lo que descubrimos —dijo Tigresa para luego abrir las puertas del Salón Sagrado de los Guerreros, los demás entraron detrás de ella.
Shifu se encontraba meditando frente al estanque, estaba sentado en posición de loto, todo estaba tranquilo, paz… el sonido de las puertas abriéndose hizo que abriera los ojos, no se alteró en absoluto, sólo dejo que entraran.
—Maestro —habló Tigresa —, necesitamos hablar con usted —Shifu se levantó y volteó para encararlos y al verlos se sorprendió; gi japonés, pelaje blanco como las nubes, un cinturón negro, cuello largo al igual que su hocico, esa especie no podía estar ahí, era imposible.
—¿Quién es la llama? —preguntó serio, los demás se confundieron ante la pregunta, en cambio Yahuar estaba sorprendido de cómo el panda rojo conocía el nombre su especie.
—¿Cómo sabe el nombre de mi especie maestro Shifu? —el maestro Shifu se sorprendió aún más por la mención de su nombre.
—Mi maestro tenía dibujos e información y sobre tu especie —explicó intrigando a Yahuar —, y de varias más, todas lejanas de aquí.
—¿Su maestro? —murmuró arrugando el entrecejo.
—Sí, mi maestro Oogway —mencionó dejándolo atónito debido a su buen oído —, esto es un retrato de él —lo llevó hasta donde se encontraba colgado, adornado con varias flores y velas, Yahuar estaba perplejo al verla.
—Una tortuga de las Galápagos —mencionó intrigando a los demás por eso.
—En efecto —Shifu se acercó a él —, ¿cuál es tu nombre y cómo sabes el mío?
—Mi nombre es Yahuar Huaca —pronunció —, y cómo se los expliqué a los maestros, he recorrido más de un Valle y en cada uno hablaban de las maravillas que los Cinco Furiosos y el Guerrero Dragón del Palacio de Jade habían hecho, entrenados por el gran maestro Shifu.
—¿De dónde eres originario? —interrogó de nuevo.
—¿Su maestro no le mencionó nada en sus apuntes? —Shifu negó con la cabeza.
—Sólo tenía las características, pero no estaba el lugar de origen.
—Bueno, es una historia un poco larga, no se sí sea de utilidad saberlo —dijo sereno.
—No importa, adelante, cuéntanos, escucharemos gustosos —comentó para indicarles a los demás con un ademán que se sentarán para escucharle.
—Está bien —aceptó sentándose para comenzar a narrar.
Soy nativo del Valle Sagrado*, específicamente de la "Montaña Vieja", Machu Pichu, una gran montaña, que es más grande que ésta donde está asentado el Palacio de Jade.
Nací una noche de invierno, la luna estaba llena, según contaban mis padres, parecía contemplar mi nacimiento, entonces los sacerdotes me llamaron Yahuar Huaca: qué significa el que "llora sangre"…
—¿Por qué te pusieron ese nombre? —preguntó Mono curioso por la mención.
—Mi abuelo era alguien muy querido por todos los ciudadanos incas, a pesar de ser un simple agricultor, siempre ayudaba a quién lo necesitara… la decisión de llamarme así fue cómo un tributo, ya que al morir, según cuentan, el cielo lloró sangre —todos quedaron perplejos por ese dato —, lo más curioso fue que él falleció ese mismo día, horas antes de que yo naciera.
Mi padre trabajaba en el campo al igual que lo hizo mí abuelo, vivíamos de eso, el ayllu tomaba la decisión en que trabajaríamos los jóvenes al cumplir la mayoría de edad.
—¿Qué es un ayllu? —interrumpió Mono intrigado.
—Es el clan que marca la vida familiar y laboral del individuo —explicó, Grulla arrugó el entrecejo.
—¿Toman la decisiones por ti? —preguntó Grulla, Yahuar asintió como respuesta —, ¿es una gran manipulación no lo crees? —preguntó indignado.
—No es una manipulación, sino un control político que ordena la religión, de eso me di cuenta mucho tiempo después —explicó esclareciendo algunas de las dudas.
Éramos un gran imperio, dominábamos todo el Valle y también varios territorios aledaños, nos servían a nosotros, eran nuestros esclavos y eran impuestos a trabajar en el campo o en las casas de los sacerdotes.
—¿Ustedes esclavizaron? —preguntó Mantis temeroso de la respuesta.
—Sí —todos se horrorizaron —, debo aclarar que yo siempre detesté eso —eso los alivió un poco al saber que él no era así —, pero era mi hogar y mi gente —todos comprendieron ese punto en específico.
Era hermoso, la gran altitud de la montaña, las diferentes artesanías que elaboraban los alfareros, los canales que habíamos creado para las cosechas, todo con esfuerzo y sabiduría, fue un tiempo de paz… hasta aquel fatídico día en el que él llegó.
El tono de voz se volvió neutro, todos se quedaron pensativos, ¿a quién se refería?
—¿Quién? —preguntó Víbora intrigada.
—Calakmul —pronunció confundiendo a todos.
—¿Quién es Calakmul? —Preguntó Mantis.
—Un monstruo, el ser que casi destruyó mi hogar y a mí gente —todos se estremecieron por la mención.
—¿Cómo? —preguntó Shifu un poco intrigado por su relato.
—Les mencione que el Ayllu decidía cómo serviríamos al imperio —todos asintieron —, ellos decidieron que sería un guerrero y protegería al imperio —todos se impresionaron —, mi hermano también fue elegido para esa tarea.
—¿Tienes hermanos? —preguntó Tigresa.
—Tenía uno —todos se miraron entre sí —, se llamaba Manco, él fue asesinado por esa maldita basura —tragaron grueso ante eso.
Mi turno de vigilar era a la medianoche, salvaguardaba a todos bajo la luz de la luna, estábamos mi hermano y cinco guerreros más, nuestras armas eran escudos fabricados de oro y lanzas hechas de piedra y madera, medían dos metros de largo. Esa misma noche llegó un extraño, estaba encorvado y vestía una capucha roja como la sangre que le cubría de los pies hasta la cara.
—¿Quién es usted? —le pregunté, él no me respondió, sólo inhalaba y exhalaba de forma sonora —, identifíquese.
—¿Este es el territorio de los incas? —me preguntó, se me hizo extraño pues era muy obvio, todos en toda las regiones aledañas sabían quiénes éramos.
—Sí —le respondí, entonces comenzó a reírse de manera tranquila hasta acabar en una estruendosa y perturbadora carcajada.
—¿Qué le pasa? —Pregunté un poco confundido por su actitud.
—Ustedes son los siguientes en mi lista —dos ojos brillantes traspasaron la sombra de la capucha hasta notarse en esa fría silueta, comenzó a elevarse, el cielo se quebró y rayos comenzaron a caer sobre las montañas.
—¿Quién demonios eres? —exigí saber, era terrorífico todo lo que ocurría alrededor, era algo sobre natural, era un monstruo.
—¡Calakmul! —respondió mientras más relámpagos caían, la montaña temblaba.
—¡Pelea aquí abajo cobarde! —me miró directamente a los ojos, una perturbadora sonrisa se dibujó en su rostro y descendió hasta quedar en tierra firme, exactamente a treinta kilómetros lejos de mí… dividimos el ejército en diez filas, las personas estaban fuera de sus casas, la tierra se tambaleaba, era horrible presenciarlo, los niños lloraban, los ancianos trataban de protegerlos, los sacerdotes los guiaban a un sitio seguro.
—¡Ataquen! —ordenó el general, todos corrimos en dirección a él, Calakmul pareció rugir, pero no detuvimos el paso.
Levantó los brazos hacía el cielo, comenzó a sacudirse nuevamente la tierra, caímos por la falta de equilibrio, después hizo caer relámpagos sobre nosotros, las primeras tres filas fallecieron, por suerte yo estaba en la séptima.
Mi hermano que estaba en la cuarta fila se levantó, estaba furioso, pues eran sus camaradas, cada uno tenía sueños y anhelos que no llegaron a concretarse, corrió hacía él con la intención de clavarle la lanza en el pecho.
—¡No lo hagas Manco! —grité en un intento de detenerlo, pero ya era tarde, saltó con su brazo al aire listo para matarlo; pero en un abrir y cerrar de ojos, Calakmul había atravesado con su garra a Manco, mi hermano escupió sangre.
—¿Esto es lo que una bestia furiosa logra hacer? —se burló escupiéndole en la cara —, eres patético y débil —lo arrojó a su lado izquierdo cual roca al agua.
—¡Manco! —algo dentro de mí comenzó a arder, deseaba matarlo, quería desparecer a ese infeliz, corrí a cuatro patas, no llevaba conmigo la lanza ni el escudo, quería matarlo con mis propias pesuñas… salté igual que mi hermano, sólo que antes de que volviera a hacer lo mismo que con mi hermano, rodé en picada hacía el suelo y comencé a golpearlo directamente a la cara, reventándole un ojo y haciéndolo sangrar por lo que yo creía, era su nariz, después de diez golpes más la capucha se le quito de la cara revelando finalmente su identidad; miré con horror, sentí ganas de vomitar, pues no era más que una calavera que sólo tenía un ojo, el que le había reventado, y el otro sólo era una hoyo vacío. En menos de un segundo su ojo se recuperó y dejo de sangrar, como por arte de magia.
—¿Qué demonios eres? —pregunté impactado.
—Lo peor que puedas imaginarte —sonrió de forma tétrica —, la pesadilla en tus sueños, la oscuridad en la luz, la tormenta en primavera y la desesperación en la tranquilidad —se cubrió nuevamente la cara con la capucha, después me dio un golpe directo al diafragma sofocándome y haciéndome caer en cuclillas debido al dolor —, por esta vez perdonaré a tu imperio, puesto que me pareciste un poco divertido —me levantó del mentón para verlo a los ojos —, pero la próxima vez no será así —golpeó mi rostro noqueándome.
Cuando desperté, la montaña había sido partida en dos, mi hermano estaba muerto y varias mujeres se quedaron viudas, todo por Calakmul.
—Y ahí un poco de la historia de mi origen —concluyó el relato.
—Hay algo que aún no aclaras —habló Shifu.
—¿Qué?
—¿Por qué traes un gi puesto? —preguntó Shifu de nueva cuenta.
Los ciudadanos se recuperaban poco a poco del incidente, la vida seguía aunque doliera, mi padre falleció de un paro cardiaco dos días después del incidente y mi madre de soledad dos semanas después, mi alma se volvió fría y en consecuencia me aísle de todo. Los sacerdotes hicieron reuniones muy seguidas a las que tenía que asistir para protegerlos, analizaban toda la situación, yo podía oír todo debido a mi posición.
—¿Estás seguro de eso Unay? —preguntó uno de los sacerdotes al sacerdote mayor.
—Sí, no hay otra explicación —no entendía muy bien a que se referían —. Él aparece de la nada en cualquier lugar y en cuanto menos se lo esperan destruye una ciudad o poblado, es el demonio que hizo desaparecer a la… —fue interrumpido por otro de los sacerdotes.
—Recuerda que no tenemos permitido hablar de ese suceso —el sacerdote mayor rectifico su error, entonces fue cuando reveló finalmente el plan—, enviaremos a uno de los guerreros a la tierra dónde aprenderá artes marciales.
—¿Estás consciente del riesgo que eso puede significar? —Unay asintió aceptando las consecuencias que traería consigo.
—¿Pero quién? —el sacerdote sonrió y me miró a mí.
—A él —todos voltearon a verme, se miraron entre sí y asintieron —yo me quedé petrificado por eso, ¿qué era lo que iban a hacerme?
Encendieron una hoguera y comenzaron a repetir palabras en tono bajo y con cada segundo cobraban más fuerza, sentí que una especie de energía me rodeaba, miré mis patas y efectivamente estaba siendo encerrado en una jaula de energía.
—Esto te enviara a la civilización, tendrás que aprender de ello para poder luchar contra ese monstruo —yo asentí y en un parpadeo aparecí a la orilla de un río, lo que era la costa de Japón, estaba un pescador observándome, estaba asustado por mí aparición.
—¿Y cómo te comunicabas? —Preguntó Po.
El pescador se acercó a mí, estaba separado a una distancia segura.
—¿Quién eres? —el conjuro hizo que pudiera entender el idioma nativo de ese lugar. Le expliqué de dónde venía y porque estaba ahí.
Él me llevó con el maestro Jigoro, experto en el arte del Judo, durante diez años practiqué sin parar, también complemente el entrenamiento con karate, arte marcial del maestro Gichin. Tiempo después antes de venir a China obtuve mi kuro obi, aprendí chino gracias a un comerciante que era muy amigo de mi maestro.
Los sacerdotes me advirtieron que se encontraba por estos lugares entonces por mi mente me dieron las órdenes de continuar mi búsqueda para destruirlo de una vez por todas.
Shifu estaba pensativo por la historia, no dejaba de mirar el suelo, estaba analizando la situación, los demás maestros notaron eso.
—Maestro —habló Víbora rompiendo su trance —, ¿qué pasa?
—Nada —negó rápidamente y se levantó —, Yahuar nosotros te ayudaremos a encontrarlo —Yahuar se sorprendió por eso y asintió feliz por el apoyo —, dormirás con los maestros en las habitaciones, pueden retirarse a descansar —y se alejó de ahí dejándolos confundidos por esa actitud.
*Perú en Inca
Espero que les haya gustado, los invito a dejar sus comentarios sobre si les gustó o no les gusto, recomendaciones consejos, todo está abierto a contemplar... no tengo nada más que aclarar, nos vemos hasta la próxima.
Se despide su amigo y escritor:
CARPINTERO IMPERIAL
