Miraba y examinaba cada detalle de la rosa que tenía entre sus manos; su color: rojo cómo rubí, su textura: suave cómo lana, su olor: enervante cómo... cómo una... ¿cómo?... bueno, lo importante era lo que iba a hacer con esa rosa, se levantó del suelo y fue hacia su casa. Tocó a su puerta, nadie abrió, volvió a tocar, pero nadie abrió, se quedó contemplando un rato la puerta para después retirarse de ahí, derrotado y triste.

Bueno, he vuelto con otro capítulo esta (la que considero mi primera historia de compleja trama y larga), la cuál en un principio fue Civilizaciones Milenarias y... (blah, blah, blah), pero debo aclarar que estos capítulo ya los había subido antes, pero en está ocasión, al cambiar el título y resubirla, he cuidado detalles que antes pasé por alto, y espero lo disfruten.

Sin más preámbulos comencemos.


Capítulo 4: Ella

Ya había pasado un mes desde el incidente con Garra, la tranquilidad había regresado, el padre de Po se recuperó de forma total, desde esa vez Po no perdía un segundo en visitarlo más frecuentemente. Caminaba por el Valle, solitario y pensativo, los ciudadanos de vez en cuando lo saludaban, todo lo que se respiraba era una armonía relajante. Los niños corrían jugando con sus figuras de acción, las señoras regaban las plantas, los campesinos cargaban distintos costales, los vendedores esperaban pacientes a que la gente comprara sus productos.

—¡Detente ladrona! —gritaba un comerciante, se dio la vuelta para observar que pasaba, pero alguien chocó contra él cayendo ambos al suelo víctimas de la gravedad; pelaje amarillento, manchas cafés negruzcas, misma altura que él, era una leopardo del norte, traía un shen-i bastante maltratado, tenía unas roturas en parte de las piernas y las mangas, apenas si se podían distinguir sus colores rojo con dorado, en sus brazos cargaba dos manzanas, ella abrió de nuevo los ojos después del choque y lo miró, sus ojos verde esmeralda, lo distrajeron, pero ya sabía lo que estaba pasando, se interpuso entre ella y el ganso molesto —, maestro Mono que bueno que lo encuentro, por favor detenga a esa ladrona—pidió el ganso furioso, la leopardo se cubrió el rostro con ambos brazos, él la vio y comprendió su situación.

—Yo le pagaré —el comerciante aplacó su ira —, ¿cuánto es por el daño?

—Cinco yuanes —Mono sacó de su bolsillo derecho cinco monedas y se las entregó —, tienes suerte ladrona —se reverenció y se fue agradecido.

—¿Y quién…—volteó a verla para preguntarle, pero había huido —… eres tú?

Había sido un poco extraño, entonces sus ojos divisaron un collar con una florecilla hecha de oro, debía pertenecerle a ella. Vio un cerdo que estaba justo frente a él y le preguntó:

—¿De casualidad vio para dónde se fue la leopardo? —el cerdo asintió y señaló hacía el sur, justo hacía el bosque, corrió en dirección hacia allá.

Comía las bananas y tiraba las cascaras por doquier, los ciudadanos resbalaban y caían víctimas de la gravedad, estaban molestos de la actitud arrogante de Mono, pero nada podían hacer, lo habían intentado todo, cada cosa logró vencerla; desde guardias de la prisión, caza fortunas, etc.

Sus bromas pesadas hacían que su carácter fuera insoportable, era arrogante al punto que no le importaba lastimar a otros para su propio entretenimiento, miraba al cielo acostado encima del tejado.

Se levantó a observar su alrededor, pero en el suelo estaba una enorme tortuga, traía un bastón y una banda alrededor del caparazón.

Mono, tienes que irte —dijo, al oír eso sonrió y saltó cayendo frente a la tortuga.

Lo haré si me vences —habló al mismo tiempo que adoptaba una posición de combate —, sino tu terminaras con los pantalones abajo —Oogway sonrió aceptando el reto…

Lo derrotó de una manera sencilla y humillante, se cubrió la cara avergonzado de su poca habilidad en combate, la tortuga le extendió su pata, él lo miró confundido, el maestro sonrió, lo levantó.

—Veo mucho dolor en tu interior, por eso eres así —los recuerdos fluyeron desde su infancia, siendo el hazmerreír del pueblo, lágrimas brotaron de sus ojos —, pero también veo energía y decisión, puedes usarlos para el bien, ven si gustas —caminó con dirección al Palacio, Mono lo siguió.

Seguía los rastros de las cáscaras de manzana, no tardaría en llegar a ella; la luz del sol traspasaba entre los árboles como si fuese un rayo, serían los últimos que vería, pues en cuatro semanas el invierno llegaría y entonces todos los troncos quedarían desnudos en su totalidad, las hojas caerían y volarían al lado del viento, el sonido de una cascada se hizo presente, las cáscaras indicaban hacia dónde se dirigía, masticadas voraces se podían apreciar conforme se acercaba más, veía para todos lados tratando de encontrarla, pero a su lado izquierdo cayó una cáscara de plátano, movió las hojas que le estorbaban; ahí estaba ella, no estaba comiendo, sino devorando tres filas de fruta que tenía a un lado suyo.

—Hola —habló, la felina se espantó y retrocedió, Mono con una ademán le pedía que se calmara —, no te asustes, no voy a arrestarte —ella se abalanzó sobre él con la intención de clavarle sus garras en el rostro, Mono bloqueó el ataque y saltó hacía atrás colgándose en un árbol —, debes creerme.

—¿Y por qué he de creerte? —tenía una linda voz a pesar de sonar agresiva.

—Porque —sacó de su bolsillo derecho el collar y se lo mostró —, ¿para qué demonios traería esto conmigo? —ella se tocó instintivamente el cuello para percatarse de que su collar ya no estaba.

—Supongo que entonces puedo confiar en ti —Mono bajó del árbol para estar frente a ella.

—Claro, confía en el primate que tiene algo valioso y que por cierto es tuyo —la leopardo sonrió por el comentario, Mono le entregó el collar y sin esperar nada se lo colocó en el cuello —, es lindo.

—Sí, solía ser de mi madre —comentó la felina sin despegar su mirada del collar.

—Debió haber sido muy hermosa.

—Si lo era —no era consciente de lo que respondía, sólo prestaba atención en el collar —, ¡oye!, espera —reaccionó antes de continuar —, ¿a qué quieres llegar?

—A nada, sólo que no hemos tenido el gusto de presentarnos —ella arqueó una ceja escéptica —. Soy Mono, miembro de los Cinco Furiosos, y maestro del Palacio de Jade —se reverenció respetuosamente.

—Yo soy Lynn, ahora lárgate.

—Qué carácter.

—Eso no es de tu incumbencia.

—Podría ser, pero sin mí, ahorita estarías en la prisión.

—¿Qué quieres de mí? —estaba un poco fastidiada por las preguntas que Mono hacía.

—Sólo quiero conocerte.

—¿Y para qué quieres conocerme? —Mono tragó grueso por esa interrogante.

—Cómo te ayude, necesito asegurarme de que estés bien.

—Ya viste que estoy bien, ahora lárgate —su paciencia estaba por agotarse, no faltaba mucho para que se abalanzase sobre él de nueva cuenta y esta vez no tendría piedad.

—No, no estás bien, sólo observa tu ropa —estaba rota, rasgada, sucia y maltratada.

—Eso no es algo que a ti te incumba —empezaba a sollozar por el estado en el que se encontraba.

—Sólo quiero ayudarte —dijo sincero Mono.

—No necesito la ayuda de nadie —dijo cortante la felina.

—Pero ni siquiera tienes hogar donde vivir —ella agachó la mirada.

—Eso es cosa de mi pasado —una traviesa lágrima brotó de su ojo derecho.

—Por favor, déjame hacerlo —pidió Mono casi suplicante —déjame ayudarte.

—¡Qué te largues! — el viento pareció gritar, varias hojas de los árboles cayeron derrotadas, la tierra tembló levemente, Mono suspiró derrotado.

—Está bien, si así lo deseas –se fue por donde había venido, saltando entre los árboles para llegar más rápido al Palacio de Jade.

1

Toda la escena fue observada a través de la zarza, eran vigilados, pero no se percataban de ello, estaban encerrados en su mundo que la realidad escapaba de ellos, Lynn volvió a comer y Mono se retiró al Valle.

—Ésta leopardo tiene un poder oculto —hablaba mientras analizaba la imagen que se había formado en el fuego —, lo siento en lo más profundo de su ser Masutatsu.

—¿Y qué es lo que oculta? —Preguntó Masutatsu.

—Todavía no logro descubrirlo por completo, pero sólo es cuestión de tiempo.

—¿Y qué es lo que tiene pensado hacer?

—No falta mucho para que el maestro Mono logre persuadirla de que se vaya al Palacio de Jade, y una vez ahí moveré los hilos necesarios —sonrió, pues parecía que su plan funcionaria.

2

Regresaba de trabajar en el campo, él y sus camaradas lograron cosechar para seis meses más. Cargaba un gran jarrón lleno de agua en su espalda, la hermosa luna lo guiaba en su andar al iluminar su camino. Estaba fuera de ella; sencilla, pequeña, pero acogedora, se dispuso a entrar, pero de pronto algo se rompió dentro, gritos comenzaron a escucharse, pedía ayuda, pateó la puerta abriéndola al instante.

La tenía presa contra la pared; estatura mediana, motas de color negro, pelaje amarillento naranja, la estaba estrangulando del cuello, sus pies no se notaban, estaba levitando, no se distinguían sus manos ni su rostro, pues estaba totalmente vestido por esa túnica rojo sangre.

¡Suéltala maldita escoria! —le quitó a su hermano, pero sobre su cadáver se la quitaría a ella, corrió hacia él para embestirlo, pero él fue más rápido, lo tomó del cuello y lo levantó a un metro del suelo. Yahuar pataleaba para de alguna manera soltarse del agarre, pero de pronto sintió una gran presión en su estómago, miró donde había percibido el dolor, su pata atravesó su abdomen, la sangre brotaba sin parar, escupió sangre, terminó por sacarle el estómago, para luego comérselo, el gritó de ella invadió el lugar. Comenzó a ver borroso y luego cayó al suelo.

Despertó de una manera abrupta, sólo había sido una pesadilla, una estúpida pesadilla.

—¿Qué pasó? —preguntó Po exaltado, empujó la puerta al oír un gritó salir de ahí.

—Nada, sólo una pesadilla —suspiró pesadamente dejando salir todo el estrés que acumuló.

—Qué bueno, yo creí que nos estaban atacando — Yahuar rio ante el comentario, se levantó de la cama, se estiró para relajarse.

—Bueno, ya es hora de almorzar, el platillo del día es fideos con dumplings —dijo Po invitándolo a la cocina —, vamos, todavía no hago el almuerzo —Los dos se dirigieron a la cocina.

3

Regresaba al bosque, ambos habían empezado con la pata izquierda, aunque debía admitir que fue muy insistente con sus preguntas y pudo herir susceptibilidades, llevaba consigo ropa para regalarle. De nueva cuenta los mordiscos voraces se hicieron presentes, hizo a un lado unas hojas para ver; ahí estaba ella.

—Hola —volteó rápidamente al oírlo y luego terminó por tragar su comida, se colocó en posición de ataque.

—¿De nuevo tú?

—Creo saber lo que vas a decir, pero primero déjame darte esto —Le extendió la ropa, ella lo miró extrañada.

—¿Para qué quieres dármela?

—Para que ya te quites eso —señaló el viejo y sucio Shen-i, las roturas eran evidentes, más por la parte de las piernas —, hasta se te notan más la piernas —ella se sonrojó por el comentario.

—No mires degenerado —le lanzó un hueso de manzana directo a la cara dándole directo al ojo.

—Perdón —se disculpó rápidamente mientras se masajeaba el ojo por el golpe —, anda, cámbiate, no miraré, lo juro —se retiró de ahí a tres metros.

Ella desconfió de él, fue a ver dónde se había ido, él estaba de espaldas a ella, lanzaba golpes y patadas al aire, viéndolo detenidamente tenía unos brazos marcados y un abdomen cuadrado, podía quedarse a verlo un rato, pero debía cambiarse.

Con lentitud se quitó su shen-i y lo cayó por acción de la gravedad, dejando al descubierto su figura, alzó la ropa que le había traído; una camiseta de color azul celeste, con detalles de bambús con bordes plateados y ajustes de oro, un pantalón de seda de color negro y unos zapatos abiertos de punta. Se puso toda la ropa, fue al río y miró su reflejo, el conjunto se le veía hermoso.

—Qué bueno que ya te cambiaste —lo vio un poco sonrojada, él sonrió ante eso —, te ves muy bien.

—Gracias por la ropa —dijo tímida.

—No hay problema, ahora vamos al Palacio de Jade.

—¿Por qué me insistes? —deseaba saberlo, nadie había mostrado tal interés en protegerla, ni siquiera aquel al que alguna vez amó.

—Porque no quiero que vivas a la intemperie cómo una mendiga, es mejor que vengas con nosotros, tendrás un hogar dónde vivir, te brindaremos compañía y calor.

—Hace tanto que no he llamado a un lugar hogar —Mono se sorprendió por la mención.

—Es mejor tarde que nunca —estaba en lo cierto, ella asintió el extendió su mano para que la tomará ella así lo hizo.

—Está bien, vamos —Mono sonrió victorioso.

Caminaron por ese bosque rumbo al Palacio de Jade.

4

Todo ocurrió de forma más rápida de lo que habían pensado en un principio, habían visto todo a través de la zarza, sonreía, su plan adquiría forma con cada hora que pasaba.

—El primer paso esta hecho, me sorprende maestro Mono, esa tenacidad es digna de admiración, pero lo lamentable es que esa tenacidad ocasionará su derrota — Masutatsu asintió cómplice —, ahora sólo falta descubrir el poder que esta niña tiene en su interior.

—Creí que usted podía saberlo todo —comentó de forma cínica.

—Y puedo hacerlo, pero por alguna extraña razón, no se deja ver tan fácilmente, algo en su subconsciente lo impide, pero lograre activarlo a mi voluntad.

Llegaron al Palacio, Lynn estaba cansada por subir tantos escalones, Mono se reía un poco por la situación en la que estaba ella, le recordaba a él en su primer día.

La gran tortuga, a pesar de su edad caminaba sin inmutarse aun sonreía, faltaba poco para llegar al Palacio, él en cambio andaba a gatas, estaba exhausto por subir tantos escalones.

—Vamos Mono, falta poco —dijo sonriéndole tratando de animarlo.

—No… puedo más… siga sin mí —respiraba con dificultad —, prefiero ser exiliado.

—No es para tanto, la subida será difícil pero la recompensa es aún mayor, el esfuerzo parece ser inútil, pero lo que estás cimentando en un futuro puede ser tu más grande satisfacción de no haberte rendido, la tenacidad es muy esencial en la vida —Mono lo vio sorprendido de sus palabras esa tortuga era sabia, de eso no había duda alguna.

—Está bien —se levantó y continuó la andanza para llegar al Palacio.

-—¿Por qué tantos escalones? —preguntó con mucho esfuerzo, estaba exhausta.

—Para fortalecer más la resistencia —comentó feliz —, eso lo aprendí hace mucho tiempo.

—Bueno, para la próxima dime para mejor ya no volver —sonrió picara, estaba más feliz que el día anterior.

—Vamos, te presentare a mis amigos —le invitó a entrar al Salón Sagrado de los Guerreros.

Estaba impresionada por la magnífica arquitectura, los cuadros y los artefactos de guerra, los pilares hecho de marfil, adornado s con dragones dorados era fantástico y muy profundo de significado.

—Increíble —fue lo único que pudieron decir sus labios.

—Sí, cada cosa tiene su historia —comentó sereno.

—¿Enserio?

—Sí, pero primero tengo que presentarte a mis amigos y después te contaré toda la historia de este lugar.

—Bueno.

La cocina olía delicioso, el estómago de Lynn gruño, Mono soltó una ligera carcajada, ella se apenó por eso. Todos estaban ahí almorzando; El maestro Shifu, Po, Víbora, Grulla, Mantis, Tigresa y Yahuar, clavaron sus miradas en Lynn en cuanto la vieron, ella se avergonzó un poco por eso.

—Chicos, quiero presentarles a Lynn, la conocí ayer —habló Mono rompiendo la tensión —, no tiene un lugar donde dormir, y pensé que podía quedarse aquí.

—Maestro Mono —habló Shifu, Mono tragó grueso, debía convencerlo de adherir a Lynn al equipo —, ¿puede venir un momento conmigo?

—Sí maestro —salió de ahí junto con el maestro Shifu, dejando a Lynn en la cocina.

Las preguntas se dispararon cómo miles de flechas, aunque era más de parte de Víbora, pues estaba emocionada de que otra chica viviera en el Palacio.

—¿Podremos ir a caminar y de paso comprarnos cosas?— Víbora sonreía contenta.

—Seguro.

—Lynn, ¿tienes hambre? —preguntó Po —, para servirte un plato de fideos.

—Sí por favor —Po le extendió el plato lleno de fideos, ella lo olfateó, y en menos de un segundo comenzó, no a comerlo, sino a tragárselo, todos estaban atónitos, al parecer Mantis se veía decente al lado de ella —, ¿me puedes dar más?

—Claro —dijo Po sin salir de su asombro, le dio el plato lleno, volvió a comerlo de forma compulsiva, parecía que no había comido nada hace tres meses. Al final se comió treinta platos, todos estaban impactados.

—Perdón por eso —estaba muy avergonzada pero su necesidad la hizo hacerlo —, pero no había comido algo cómo eso en meses— fue cuando comprendieron la situación.

El maestro Shifu y Mono entraron después de una hora, tenían que anunciar algo, Mono estaba muy sonriente, todos se percataron de ello, eso significaban buenas noticias.

—Alumnos, después de hablarlo seriamente con el maestro Mono, he llegado a la decisión de tener a Lynn como miembro del Palacio de Jade —todos felicitaron a Lynn y le dieron una cálida bienvenida.

—Bueno, ¿quién le da un recorrido por el Palacio de Jade? —preguntó Shifu.

—Yo se lo puedo dar —se apuntó Po de forma emocionada cómo un niño.

—O yo —dijo Mono.

—Po sé que tú te emocionas al hacer este tipo de cosas, pero dejaremos por esta vez a Mono —dictó Shifu, Po asintió aceptando la decisión.

—Está bien, pero luego yo le contaré las miles de historias de cada pasillo, arma y rollo que hay aquí.

—Sí Po, en otra ocasión será —dijo Mono.

Terminaron de almorzar, Mono estuvo paseándola por todo el Palacio y le contaba todo sobre el, sobre la historia del wu shu y los grandes héroes de China. Para el atardecer habían recorrido la mitad del Palacio.

—Mono, creo que ya es suficiente por hoy, mañana o después terminamos el recorrido.

—Pero… —Lynn colocó su garra en los labios callándolo.

—Por favor, ahora, ¿podrías llevarme a dónde dormiré?

—Bueno, pero quiero saber porque te mostrabas reacia a aceptar mi invitación —ella pareció pensarlo pero decidió hablar.

—Es algo muy complicado —él colocó su pata izquierda en su hombro derecho.

—¿Confías en mí? —ella lo miró directamente a los ojos —, si no confías, no hay problema si no me lo dices.

—Está bien, te lo diré, pero júrame que jamás se lo dirás a nadie.

—Lo juro por mi vida —levantó la palma derecha cerrando su promesa.

El invierno llegó, la nieve cubrió el suelo, el cielo azul fue opacado por las nubes, la esperanza se marchitó, quién la protegió durante mucho tiempo falleció víctima del frío arrasador. Sola, la muerte rompió el velo, quiso gritar y el llanto la callaba.

La vida la había abofeteado, nada podía hacer ahora, la noche la abrazó, sola frente a un abismo, donde habita el miedo, entonces en medio de esa tragedia él apareció; gran estatura, vestía finas ropas, era un tigre de bengala, le sonrió y juró ayudarla.

¿Cuál es tu nombre? —pidió saberlo.

Lynn —él sonrió, pues su objetivo fue alcanzado.

Vamos, te llevaré a mi casa para que puedas calentarte —ella tomó su pata y se dirigió a dónde él indicó.

Era una gran casa, tenía siete cuartos, una gran chimenea, la cocina era grande, sirvientas atendían el lugar, la mesa estaba servida, sólo estaba él.

Toma asiento por favor —ella obedeció, una taza de té caliente fue puesta frente a ella, bebió, sintió que la vida le regresaba.

¿Quieres algo más? —ella negó, no deseaba nada más.

¿Cuál es su nombre señor?

Lee Wong —se sentía extraña, nunca estuvo cerca de un macho, era su primera vez, él se levantó de su silla y se acercó a ella —, Lynn estoy dispuesto a ayudarte en todo lo que necesites, pero quiero pedirte que por favor que te conviertas en mi esposa —la petición le golpeó el corazón que empezó a bombear sangre más rápido de lo normal.

Pero no puedo —ni siquiera lo conocía del todo, llevaban dos meses conociéndose.

Te lo suplico —se veía sincero, ella se mordió los labios.

Está bien.

Mono estaba anonadado por la historia, pero aun había mucho que contar, no podía ser sólo eso.

—¿Qué pasó? —ella lo miró de nuevo, sus ojos se tornaron vidriosos.

Su vida había dado un giro muy inesperado, por primera vez conocía la estabilidad, sentía lo que era amar a alguien y cómo era ser amada, era su fecha de cumpleaños, él trabajaba administrando un muelle, llegaba muy tarde, con premeditación le dio su regalo, ella lo abrió: era un shen-i rojo con dorado, era hermoso, se lo probó, estaría dispuesto a esperarlo esta vez, quizás habría un pequeña sorpresa, apagó las lámparas.

Espero durante cinco horas en la sala, estaba completamente desnuda, la puerta se abrió, estaba lista para saltar encima de él, pero lo que vio le rompió el corazón en más de mil pedazos: una hembra estaba besándolo, y él sonreía por el contacto.

—Te agradezco la cena de hoy mi amor —dijo ella.

—No es nada, es nuestro segundo aniversario, todavía faltan más —lágrimas brotaron de sus ojos, pero no quiso gritarlo, se alejó de la escena, tomó el shen-i y se fue del pueblo para siempre con el corazón y el espíritu destrozado.

Estaba llorando, Mono trataba de consolarla, se sentía estúpido por haberle preguntado, pero por otra parte ella se estaba desahogando.

—Lamento haberte preguntado eso.

—No importa, estuvo bien que lo hicieras, hiciste que ese peso desapareciera —él la miró a los ojos y le limpió las lágrimas.

—Prometo que yo no te abandonaré —tomó un cuchillo que estaba en el altar y se hizo una cortada en su palma izquierda.

—¿Qué haces? —preguntó exaltada.

—Esto simboliza mi promesa, jamás la romperé —ella sonrió, entonces se levantó y continuaron el recorrido. Caminaron por el Durazno de la Sabiduría Celestial, era muy bello.

—¿Puedo tomar un Durazno?

—Pues no lo sé, es una reliquia viviente —Lynn puso una cara de cachorro suplicante —, pero pues los duraznos se comen, así que, está bien —bajó uno, entonces una florecilla cayó frente a él, la recogió —, ten —le extendió el durazno, ella dio un mordisco.

—Esta bueno y dulce —Mono le colocó la florecilla en la oreja derecha —, ¿por qué me la pones?

—Para que siempre recuerdes lo bella que eres sin importar tu pasado —ella lo abrazó, una lágrima brotó de su ojo.

—Gracias Mono, gracias por insistirme en venir a pesar de cómo te traté.

—No hay de que, fue un placer, ¿para eso son los amigos? —ella le dio un beso en la mejilla y entró a las habitaciones. Mono quedó paralizado un instante, luego colocó su mano en su mejilla derecha y sonrió.

—Buen movimiento Romeo —dijo Mantis, Mono alzó la mirada hacia el techo, ahí se encontraban también Grulla y Po, quiénes intentaban aguantar la risa.

—Sí muy gracioso —los tres bajaron de ahí.

—Debes admitir que es bastante atractiva —dijo Grulla —, pero ante todo debes protegerla, pues tú la trajiste, y convenciste a Shifu de adherirla al equipo —estaba orgulloso de eso.

—Sabes que siempre has sido mi héroe Mono —dijo Po —, pero esta vez demostraste mucho más que eso —Mono sonrió ante sus palabras.

—Gracias chicos.

—Vamos a dormir —dijo Grulla, se dirigieron a las habitaciones para tomar un merecido descanso después de un largo día.

5

Sentados miraban el "espectáculo" de emociones que desataron todos en ese mismo instante, era muy interesante.

—Esto es muy conmovedor —dijo el encapuchado en tono dulce y cínico —, ¿no te parece Masutatsu?

—Por supuesto, es conmovedor, pero debo decir que la leopardo es suculenta —dijo al mismo tiempo que con su lengua lamía su garra.

—Disfruté su momento maestro Mono, puesto que tarde o temprano todo se volverá un gran caos —las carcajadas se hicieron presentes, pues lo que se avecinaba no iba a poder frenarse.


Bueno, espero que les haya gustado, los invito a que dejen sus comentarios que me alientan a seguir escribiendo, también les invito a que se den una vuelta por mis otras historias, que espero les entretengan. Nos vemos hasta el próximo capítulo.

Se despide su amigo y escritor:

CARPINTERO IMPERIAL