Muy bien, excelente, he regresado después de un tiempo, y debo aclarar que me es grato escribir esta historia, pero lo más genial, es la evolución que ha tenido, desde la concepción hasta el desarrollo de personajes.
Bueno, a partir de este capítulo la historia empieza a hacerle honor a su clasificiación (M), espero les guste, sin más preámbulos:
Comencemos...
Capítulo 7: Instintos
Era un día prometedor, a pesar del frío, el sol alumbraba cómo nunca el lugar; los campesinos cultivaban arroz, usando sus nón- lá para cubrirse de los rayos en las diez horas que estarían ahí trabajando.
Los niños jugaban lanzándose bolas de nieve, reían y se divertían, todo para ellos era bonito y pacífico… la paz reinaba en esos rincones en esos momentos, nada más se podía pedir.
—¡Oye!, ¿me prestarías por un momento tu escalera? —preguntaba un cerdo a su vecino de al lado —, es necesito ir a barrer la nieve del techo.
—Claro, es un gusto —respondió su vecino, un ganso muy amigable y respetuoso.
La gente tenía una muy buena relación, eran unos buenos ciudadanos, no se podía probar lo contrario, la gente era trabajadora, alegre, con vida, humilde y muy tranquila, eso era algo bello y poético. Era un Valle muy seguro, parecía sacado de una fantasía, pero en realidad existía y ante sus ojos podía contemplarlo.
Suspiró con nostalgia, era su bello hogar, era afortunado de vivir ahí, ninguna riqueza del mundo se compararía jamás con su hogar, nunca.
Bajo de nueva cuenta después de explorar la montaña una vez más, los ciudadanos lo saludaban, él correspondía las muestras de cariño que su gente le daba.
De repente la tranquilidad que había reinado durante ese tiempo fue suplantado por un grito desgarrador, se volteó y contempló lo más aterrador que nunca en su existencia se imaginó presenciar: una gran nube de polvo negro se aproximaba al Valle, la gente trato de ocultarse, pero era muy rápida y fueron alcanzados, no tenía idea de lo que era, pero no quería responderse la duda, corrió hacia su casa, la cual estaba a cuatro metros de él, al llegar se metió y cerró la puerta cubriéndose de la nube.
1
Las montañas aledañas estaban cubiertas de nieve, la neblina cubría parte del lugar, el frío podía congelar a cualquiera, el único sonido que alcanzaba a percibirse era el viento matutino. Ningún alma parecía percibirse en el Valle, era lógico el porqué de esa ausencia, el tiempo no permitía hacer nada y habría que esperar que la naturaleza diera permiso para volver a salir y continuar con la vida cotidiana.
Pero de algún lugar un extraño humo parecía salir, y era ¡el único en todo el lugar!, las voces empezaron a resonar por todo el poblado: risas, gritos, diálogos o discusiones, ¿pero de dónde provenían?
El restaurante estaba a reventar, varios platos de fideos preparados y entregados, dumplings se percibían en todas las mesas, pero todos los ojos estaban puestos en la competencia de quién podía consumir más dumplings en menos de veinte minutos; los participantes eran; Po, lo cual no era una sorpresa, Mono, dos comensales, Yahuar: quién vestía su particular poncho, y… ¡Tigresa!... sí, también la maestra radical y seria estaba en esa competencia, Víbora aún seguía sin creerlo al igual que todos los clientes. Cada uno tenía frente a él diez platos llenos, contenían veinte cada plato.
Eso lo había implementado el Señor Ping, por consejo de su hijo, tres semanas después del festival de invierno, el ganador tendría derecho a una semana de cualquier platillo que deseara gratis, pero lo inscripción era lo equivalente a diez platos de fideos, tres dumplings tamaño guerrero dragón y un pan de frijol, pero el premio valía la pena, pero durante ese lapso de tiempo el ganador invicto era Po, pero ahora era diferente, estaba muy reñida entre Tigresa, Yahuar y Mono, pero Po seguía a la cabeza.
Los dos comensales se desmayaron después de cinco platos, la gente se reía un poco de esa desgracia… Lynn apoyaba a Mono de una forma "amistosa", él le sonreía, era su inspiración para ganar el premio y llevarla cada que quisiera. Po terminó acabándose los diez platos, faltaban aún diez minutos, el señor Ping sirvió diez platos más frente a él, después terminó Tigresa, luego Yahuar y al último Mono. Ninguno daba su brazo a torcer, era un espectáculo digno de presenciar.
El señor Ping vendía en esos concursos lo que en un mes sin ellos, tanto así que se daba el lujo de contratar meseros y ayudantes de cocina para la gran competencia, incluso algunos comían parados con tal de poder presenciar.
—Muy bien, los cuatro concursantes que quedan han comido en total treinta platos, nunca creí que viviría para ver eso, pero quedan cinco minutos —dijo enseñando el reloj de arena, todos posaron su mirada en él —, así que ahora pondré diez platos más delante de cada uno y deberán acabárselos, pero ahora; serán treinta dumplings en cada plato —los comensales murmuraban asombrados por la cantidad que para algunos era algo indigerible.
Cinco gansos colocaron los platos delante de los maestros, Po sonrió, sentía la victoria venir otra vez, Mono frotó sus manos tratando de que la energía fluyera para poder seguir. Yahuar inhaló y después exhaló listo para continuar. Y finalmente Tigresa sólo miró los platos dispuesta a derrotar a todos.
—A la cuenta de tres —indicó el señor Ping.
—Uno… dos… tres —exclamaron al unísono los ciudadanos para dar inicio la última ronda.
Po agarraba cuatro bolas con cada pata y se las metía en la boca para después engullirlas con rapidez y ventaja, mientras tanto Yahuar con los palillos tomaba cada bola con una velocidad increíble que era muy difícil apreciar cuando las comía, por su parte la maestra Tigresa lanzaba al aire cada plato haciendo que las bolas se salieran, entonces saltaba y las devoraba en una sola sentada, los comensales estaban muy impresionados con la gran riña, por su parte Mono tomaba dos platos y se los vaciaba en la boca, sin embargo al comer el tercero cayó del asiento víctima de los dumplings perdiendo la contienda, Lynn fue a su auxilio muy preocupada por él, algo que no pasó desapercibido para los maestros Mantis, Víbora y Grulla, sacándolo fuera del restaurante directo a la enfermería.
Los tres maestros restantes ya habían consumido cinco platos y ninguno daba su brazo a torcer, pues querían ganar a toda costa, uno por su prestigio en esa competencia, otro para poder disfrutar del lujo que el premio brindaba y la última para demostrar de manera inconsciente su supremacía sobre los otros dos.
Iban por el séptimo plato, pero entonces algo increíble ocurrió, que para ese momento parecía imposible, evento inconcebible en la realidad, situación que solo podía ser visualizada en los sueños; el dumpling se deslizó de su mano, cayó y se deshizo en el suelo, Po yacía de cara a la mesa rendido después de acabar el séptimo plato.
—¡Eso no puede ocurrir!, ¡es el fin del mundo! —teatralizó Mantis al mismo tiempo que Víbora lo reprimía por dicho comentario. El señor Ping no tenía palabras para describir su tristeza, puesto que ahora si debía conceder el premio.
Ahora solo quedaban Yahuar y Tigresa, cada uno consumía rápidamente, faltaba un plato, lo cual definiría el resultado, Tigresa lanzó el plato al aire y Yahuar en menos de un segundo comenzó a agarrar los dumplings y comerlos. Todos contemplaron cómo a la maestra en el aire le faltaba que un dumpling entrará en su boca para derrotar a Yahuar, pero entonces este último rodó por su mejilla y cayó casi paralizando a todos al ser atrapado por nada más y nada menos que… ¡Yahuar!... lo tenía entre sus palillos, Tigresa sonrió aceptando su derrota y le dio la señal de que lo comiera, pero entonces todos se congelaron al percatarse de la escena: Yahuar le entregaba la mitad del dumpling a la maestra, Víbora estaba boquiabierta al igual que Grulla, cuyo pico estaba abierto perfectamente en noventa grados.
—Ahora ganaremos usted y yo maestra —dijo sonriéndole, ella asintió —, a las tres, una… dos…
—Tres —dijo ella y ambos tragaron la mitad del dumpling provocando un estallido de aplausos de parte de todos los presentes y lágrimas del señor Ping.
2
Tigresa subía los escalones con serenidad, pero por dentro estaba feliz del empate, Yahuar por su parte sonreía por derrotar al Guerrero Dragón, Po seguía triste por su derrota y maldecía a su estómago por su poca resistencia y apoyo, Mono y Grulla bromeaban sobre la situación, Víbora y Mantis los seguían atrás.
—No estés triste Po —habló Tigresa con una risa burlona —, al final de cuentas todos terminamos siendo derrotados en algo en lo que nos creíamos excepcionales.
—Sí, pero… —dijo aún con la tristeza en su voz.
—Oye, recuerda que tú me quitaste el título de Guerrero Dragón, así que estamos a mano —todos se detuvieron ante ello, una seriedad de cinco segundos, entonces se echaron a reír por dicho comentario.
—Tigresa, ¿una broma?, de ti, debe ser mi último día de vida —exageró Mono, Po también rio por eso, comprendiendo que era infantil sentirse mal por haber perdido una vez.
—A la próxima tú serás la derrotada Tigresa —dijo Po de forma retadora.
—Eso lo veremos Po, eso lo veremos —Víbora negó con la cabeza sonriendo, esos dos a veces se comportaban de una forma muy infantil, pero estaba feliz porque Tigresa se abría a los demás con cada minuto que convivía con el panda.
—Qué bueno que han regresado —dijo Shifu desde el principio de las escaleras —, hay un aviso urgente de parte del Consejo de Maestros.
Todos se adelantaron para poder entrar al Salón para que les leyera el aviso que tenía.
Shifu desenrolló el pergamino, era largo, cómo la mayoría de los mensajes, pero siempre los resumía para que no se perdiera el punto importante de ello.
—El Valle de la Luz desapareció —dijo, todos abrieron sus ojos impactados por dicha información.
—¿A qué se refiere maestro? —preguntó Víbora que no podía asimilar dicho informe.
—Nadie sabe exactamente qué ocurrió, pero unos comerciantes que de vez en cuando se detenían ahí para vender sus productos se vieron extrañados al no encontrar a nadie, ni un rastro de vida; no había niños jugando, vendedores locales, incluso los campos de cultivo se encontraban vacíos —todos se miraban entre sí confundidos por el suceso —, les enviaron esa información al Consejo, entonces nos comunicaron que tenemos que ir a investigar que pasó… partirán mañana antes del amanecer.
—Sí maestro —dijeron todos al unísono reverenciándose.
3
Jugaba mahjong con Garra, cada pieza que movía, él le vencía a dos, contemplaba la impaciencia de Garra por no poder durar mucho dentro del juego. Sonreía con burla, era entretenido ver la molestia y desesperación de su lacayo.
—Jefe, ¿cuándo podré dar el ataque definitivo? —él negó con la cabeza.
—Paciencia Garra, primero deberemos despertar el poder que tiene la leopardo, una vez descubierto eso, la siguiente pieza se moverá, una consecuencia devastadora traerá consigo, es ahí donde tú aparecerás, y usando el poder que tengo será imparable.
—Eso es grandioso, estoy ansioso por empezar.
4
La gente corría con temor, querían evitarlo a toda costa, algunos caían y eran aplastados por la multitud enloquecida, otros morían en esos tropiezos, era un caos, era indescriptible, no tenía idea de lo que ocurría, miraba a su alrededor, pero la multitud le impedía ver aquello de lo que huían aterrorizados.
—¡Corre!, ¡viene por todos nosotros! —gritó uno de los ciudadanos de la montaña.
—¿Quién? —preguntó confuso.
—Eso —señaló el gran manto negro que se aproximaba a ellos, estaba a tres metros de alcanzarlos. Huyó lo más rápido que pudo, cayendo en un agujero de no más de un metro de alto, notó cómo la capa pasaba encima de él, tragó grueso, temía en lo más profundo de sí que era lo que arrastraba esa oscuridad, el manto desapareció. Salió del hoyo y pudo ver la escena más depravada que jamás imaginó: todos los ciudadanos, participando en una orgía masiva, los fluidos que emanaban los machos que les embarraban a las hembras, algunas eran penetradas con salvajismo… tanto así que no gritaban de placer si no de dolor, el olor que cubría alrededor era repugnante, le daban nauseas, sentía unas ganas de vomitar, en menos de cinco minutos un gran río de semen escurrió por las principales avenidas… ¿qué ocurrió o que hizo que se comportasen así?
—¡Así perra!, ¡más fuerte! —gritó alguien a sus espaldas, esa voz la reconocía, volteó y entonces su furia creció a niveles alarmantes, era Garra practicando sexo con su amada.
Ella yacía empinada, sin nada de ropa, él introducía su miembro una y otra vez, aumentado la velocidad conforme el tiempo transcurría, ella gemía de placer… él quería evitarlo, pero no podía moverse, ¿por qué demonios no podía hacerlo?, deseaba con todas sus fuerzas asesinar al maldito zorro afeminado.
—Garra, hazme tuya, quiero tu miembro latente, vente dentro de mí —exclamaba casi llegando al éxtasis.
—¡No!, ¡maldito infeliz!, ¡aléjate de ella! —rugía en un burdo intento de que le escuchasen, pero nada.
—Es delicioso, ¿cierto? —preguntó ese ser miserable y pútrido.
—Tú ocasionaste esto, ¿verdad monstruo? —Calakmul negó con la cabeza sonriendo con maldad.
—Eso lo ocasionaron los instintos Yahuar, no puedes evadir la naturaleza, siempre estará presente en cada uno de ustedes —los gemidos de parte de ella crecían más y más, acompañados por el caldo de fluidos que se formó alrededor —, y parece ser que Garra logra llegarle a su punto más profundo, algo que tú nunca pudiste.
—¡Maldito! —saltó liberándose del hechizo pero de la nada Garra apareció atravesándole la cara.
Estaba sudando, se encontraba alterado, las pesadillas eran más comunes, y eso no era normal, todo debía ser obra de Calakmul, pero no podía estar seguro de ello. Se levantó con pesadez, presentía algo oscuro y siniestro, pero no lograba descifrar que era.
—Yahuar —habló desde afuera de la habitación Tigresa —, ¿ya estás listo?
—Sí —dijo él levantándose, colgándose su mochila, saliendo finalmente y encaminándose junto a Tigresa para afuera de las habitaciones.
Afuera los esperaban los demás, Po tenía una gran sonrisa, se notaba su emoción por ir a la misión, siempre lo tomaba cómo una aventura, aunque a veces fuera mucho peor que eso, pero su ánimo contagiaba a los demás. Yahuar seguía pensativo debido a los sueños que constantemente estaba teniendo, debía llegar a la raíz del problema para arrancarlos de una vez.
Lynn se encontraba muy nerviosa, era su primera misión y eso le daba miedo, ¿la completaría?, ¿fracasaría?, ¿sería de ayuda?, ¿sería un estorbo?, todas esas dudas inundaban su mente, pero Mono le sonría a su lado, lo cual le daba confianza y alimentaba su espíritu.
—Bueno, vamos, debemos ver qué es lo que ocurre, síganme —dijo Po haciendo un ademán de que fueran detrás de él hacia el lado este.
—Po, el Valle se encuentra hacia el oeste —corrigió Tigresa, Po cambió su curso y se encaminó correctamente mientras lo demás estallaban a carcajadas.
5
Parecían ruinas, ningún sonido se emitía a varios kilómetros, ni una onda de aire parecía dar muestra de vida, la espesa neblina cubría el lugar, podrían perderse en la búsqueda, encendieron sus lámparas.
—Grulla y Mantis exploraran el lado este —ellos asintieron aceptando la indicación de Tigresa —. Yahuar y Po irán al lado norte… Mono y Lynn al lado oeste, y finalmente Víbora y yo exploraremos el lado sur, pero antes debo darles esto —sacó de su mochila unas trompetillas de metal —, cuando encuentren a algún ciudadano o algo anormal tóquenla y todos nos reuniremos en el punto, adelante, vayan.
Todos se separaron dirigiéndose a los puntos que Tigresa había explicado, cada uno aventurándose a algo extraño y algo tenebroso.
6
Lynn no se separaba ni por un instante de Mono, se protegían el uno al otro, la neblina se disipaba de forma lenta debido a la lámpara, pero no veían ni oían nada extraño. De entre la bruma Mono topo contra una pared, Lynn se preocupó debido al choque, pero Mono le dijo que no importaba, rodearon la pared descubriendo una gran puerta.
—Debemos abrirla —dijo Mono, Lynn asintió aceptando su premisa —, permíteme —se alejó un metro de distancia y corrió lanzando una patada voladora rompiendo la puerta, ambos entraron, estaba oscuro, un escalofrío recorrió la espalda de Mono, por primera vez en mucho tiempo estaba sintiendo miedo.
—Aquí hay una vela déjame la enciendo, pásame la lámpara —Mono así lo hizo, Lynn encendió la vela, iluminando todo el lugar como consecuencia.
Las paredes tenían muestras de golpes, las cortinas estaban rasgadas, los muebles destrozados y esparcidos por sin ningún lado; en conclusión era todo un desastre.
—¿Qué demonios habrá ocurrido? —preguntó al aire contemplando todo a su alrededor.
—Mono —habló Lynn de forma muy seria, algo que confundió a Mono.
—¿Qué pasa Lynn? —preguntó sin dejar de ver la casa.
Lynn se acercó hacia él contoneando las caderas de una forma un tanto seductora, Mono la miró confundido —, ¿qué te ocurre? —ella coloca su mano en la entrepierna de él y comienza a masajearla, Mono cambió de un color naranja a un rojo ladrillo —. Ly… Lynn, esto no es…—no termina su oración debido a que sus labios son aprisionados por los de ella, la pasión comienza a consumirlo, haciendo que sus manos se deslicen contra su voluntad a través del cuerpo de ella, delineando su silueta, tocando sus pechos y trasero. Ella se desnudaba lentamente al mismo tiempo que él se quitaba los pantalones, se dejan caer al suelo para poder terminar lo que empezaron.
—Necesito que me penetres, me urge que lo hagas —tragó grueso, pero sin dejar de besarla, sus manos terminan llegando a la vagina de ella y con sus dedos empezaba a masturbarla —. ¡Ah! —gemía de placer, eso lo enloqueció y besó los pechos de Lynn, ella soltó un gemido más grande dejándose llevar por el acto, ambos ya no razonaban, sólo los guiaba su fuerza interior, algo que era incomprensible, un mecanismo implantado al momento de nacer.
Lynn unió su boca con la de él, sus lenguas jugueteaban, la pasión iba creciendo conforme el tiempo avanzaba, las manos ya no tocaban sólo la piel, sino algo más dentro de ella.
—¡Estoy demasiado caliente! —gritó extasiada —, ¡Mono por favor apaga este fuego que hay dentro de mí!
7
Garra se extrañó por esa maniobra de parte de Calakmul, inquietándose por el detalle sexual más que por el amorío de ellos. Calakmul admira la zarza, sonríe satisfecho y algo malicioso.
—¿Por qué hizo eso jefe? —pregunta confundido.
—Instintos Garra, instintos —eso lo desorienta más.
—¿A qué se refiere? —Calakmul negó con la cabeza molesto por el poco entendimiento de su secuaz.
—Una vez que ella despierte sus deseos primarios, y él logre llevarse por sus instintos la obtención del poder que ella guarda será más sencilla, pero aún falta ver el resultado del manto oscuro… esto va estar muy divertido —Garra no alcanza a comprender los planes que su jefe está dispuesto a efectuar.
—Ya llegué jefe, el encargo está hecho —habló una voz risueña que recién entraba a la caverna, Garra volteó a ver al individuo con extrañeza; vestía una capa de, ¿piel?, unos pantalones que le llegaban a cubrir las rodillas, tenía puesto un collar hecho únicamente con dientes de diferentes tamaños y formas, su pelaje café oscuro con motas aunado a la gran cicatriz que tenía en el hocico que casi formaba una sonrisa artificial: era una hiena.
—¿Quién demonios eres tú? —preguntó apuntando con su garra.
—Garra tranquilízate, es uno de nosotros —dijo Calakmul bajándole su brazo —, su nombre es Bash, y era el rey de su clan, hasta que un día decidió devorarlos a todos a sangre fría y mientras dormían, es un asesino experto, aparte de que tiene un camuflaje excelente y vista nocturna muy desarrollada —Bash empezó a reírse de manera macabra al recordar ese suceso —, él nos será muy útil en los siguientes pasos que están por efectuarse, pero ustedes no son los únicos.
—¿Ah no? —cuestionó Garra sin dejar de desconfiar de la hiena.
—No, faltan cuatro más y cuando lleguen, aunado al poder que la leopardo despertará serán un tornado de destrucción. Pero primero quiero que veas las habilidades de Bash —dijo alejándose tres metros de ellos, metió su mano en la tierra abriendo un hoyo negro.
—¿Qué hace jefe? —dudó de la acción.
—Ahorita lo verás —cuando por fin sacó la mano de ahí tenía atrapado por la cabeza a una niña; era una cierva blanca cómo la nieve, su pelaje parecía muy suave, daba ternura a simple vista, tenía a lo mucho siete años de edad, Garra se quedó estupefacto por ello.
—¿Dónde estoy? —preguntó la niñita al ver la poca luz que había y al encapuchado frente a ella.
—Tranquila —dijo Calakmul acariciándole su cabeza —, todo estará bien, mientras juega con esta muñeca —sacó de su manga una Tigresa de madera, la niña la tomó emocionada y alegre.
—Gracias —lo abrazó en agradecimiento por el juguete.
—De nada, ahora quédate aquí jugando con tu muñeca —la niña asintió, él se alejó de ahí hasta llegar a dónde se encontraba Garra, ella les daba la espalda.
—¿Qué ocurre? —preguntó nuevamente Garra.
—Estás a punto de presenciarlo —chasqueó los dedos.
Bash saltó hacia la niña rasgándole la espalda, la sangre no tardó en fluir mientras que la niña se estrellaba contra la pared, la muñeca salió volando, Garra tembló un poco por dicha acción.
—¡Ah! —gritó la niña al mismo tiempo que las lágrimas salían inconscientes de su pequeños ojos azules —, ¡me duele mucho! —Bash no perdió tiempo y continuó aplastando la cabeza de la niña con su pie.
Después de dos minutos la volteó; revelando su rostro desfigurado, su rostro estaba manchado de sangre, su hocico deformado y sus labios arrancados.
—Mi cabecita —murmuró débil por la golpiza, Bash se reía de forma macabra que incluso helaba los huesos de cualquiera que lo presenciara, sobre todo de Garra.
Bash arrancó de un mordisco el brazo de la cría y más sangre se derramó, manchando su pelaje.
—¡No!, ¡mi bracito no! —los ojos de Garra se tornaron vidriosos de manera espontánea —, ¡deténgase por favor! —suplicaba piedad, Bash arrancó el otro brazo devorándolo al instante —, ¡quiero a mi mami! —Bash le dio un puñetazo certero en la frente, al mismo tiempo que atravesaba su vientre con su garra izquierda, la niña vomitó sangre, Bash sonrió de manera siniestra y decapitó a la niña acabando con su vida, agarró la cabeza lamió toda la sangre y la lanzó hacia Garra, él se congeló viendo cómo se aproximaba rápidamente, pero Calakmul la quemó antes de que hiciera contacto, Garra miraba cómo Bash escupía los pedazos de ropa que pertenecieron a la víctima.
Calakmul aplaudió contento por la carnicería que Bash ocasionó, no podía estar más satisfecho.
—Excelente Bash, realmente me impresionaste, a eso le llamo instintos asesinos puros —silvó impresionado —, hasta a mí me asustaste.
—Gracias jefe, me honra —la sonrisa perturbadora no desaparecía de su rostro.
—¿Qué sucede Garra? —preguntó Calakmul burlón —, ¿fue mucha sangre para ti? —Bash se rio de ello —, digo porque si no puedes desertar y… ah, se me olvidaba, hiciste un juramento y no puedes violarlo o morirás… pero no creo que sea algo nuevo que tú no le hayas hecho a tu padrastro, ¿o sí? —Garra negó con la cabeza, seguía hundido en sus pensamientos. Él jamás pensó en matar a un niño, puesto que ellos eran inocentes de todo, ese era su código de asesino: nunca a los niños. Bash se acercó hacia él, su amplia sonrisa maniática daba repugnancia, sobre todo por la sangre que manchaba sus dientes y parte de su pelaje y ropa, él lo tomó de la cara y le dio un beso en los labios, Garra lo empujó quitándoselo de encima al mismo tiempo que escupía, se limpiaba con el dorso de su mano derecha los labios y repudiaba el acto.
—Maricón —murmuró irritado.
Calakmul solo se reía de dicho acontecimiento.
8
Yahuar estaba alerta de cualquier peligro, Po solo trataba de pensar en un plan para hacer que esa neblina se disipara por un momento, unas pisadas se oyeron detrás, voltearon en un santiamén, alcanzo a ver una silueta de tamaño mediano, permanecieron vigilantes, pero de la nada la silueta adquirió forma, saltando de encima del techo sobre ellos con una daga esperando asesinarlos, lograron esquivarlo; era un cerdo, tenía sus ropas rasgadas y unas grandes cortadas un su brazo izquierdo y mejillas.
—Malditos demonios, ¡los destruiré! —exclamó impulsándose con una fuerza impresionante con la intención de clavarle la daga a Yahuar.
9
Dos siluetas se visualizaban entre los árboles, corrían con desesperación a través de la selva, eran perseguidos por un ejército, tal vez no sobrevivirían, pero por lo menos la esperanza aún no moría; sólo cargaban un morral de manta y vestían con taparrabos.
—¡Taxa stautik chkine akbo me yipal! —gritó al que estaba detrás.
—¡Ven k´a anilik´chkine! —no sabían que les deparaba el destino ante ese evento, se internaron en la parte más oscura e inhóspita, cuidado de no ser vistos.
¿Qué ocurrirá?, ¿Yahuar se salvará?, ¿Garra reflexionará sobre estar del lado del mal?, ¿quién son esos personajes?, bueno esas preguntas se irán respondiendo conforme los capítulos se avancen. Los invito a que dejen sus comentarios y se den una vuelta por mis otras historias, sin más que agregar me despido.
Su amigo y escritor:
CARPINTERO IMPERIAL
