Capítulo 8: El despertar

Leían los miles de escritos tallados en las montañas más altas del Valle, trataban de encontrar la clave para poder transportar la magia a Yahuar desde ahí hasta su ubicación de manera sencilla y sin correr riesgos, pero no encontraban nada, las antorchas iluminaban toda el área, se estaban desesperando, necesitaban hacerlo o sería demasiado tarde.

Pero vio algo que lo dejó boquiabierto, no podía creerlo, era algo inconcebible y catastrófico.

—¡Unay! —exclamó —, ven a ver esto —indicó haciendo que los demás se acercaran.

—¿Qué ocurre Samin? —preguntó extrañado, él colocó la antorcha enfrente para iluminar las pinturas y las letras plasmadas debajo de ellas: los dibujos no eran más que siluetas, pero describían a la perfección las palabras que estaban debajo de ellas.

"Aquel ser que emergió de las sombras, nadie sabe cómo y por qué lo hizo, cuyo único fin es la destrucción de todo lo bello y bondadoso que conforma la vida que los dioses crearon, formará un ejército imparable que arrasará con todo lo que encuentre a su paso, volviéndose indestructible, ocasionará dolor, sufrimiento y muerte, nadie podrá detenerlo".

—¡Eso no puede ser! —exclamó Unay atemorizado, le arrebató la antorcha a Samin e iluminó todos los rincones de la pared —, debe haber algo aquí, un signo de esperanza, algún secreto para destruir a ese monstruo —hasta qué en la esquina inferior izquierda, casi al final de toda la pared, estaba plasmado, resucitando la fe en todos ellos.

"Tres individuos, de los cuales dos de ellos; los guerreros máximos, aquellos capaces de dominar la magia blanca: la que es impulsada por el amor, la alegría, la esperanza, la compasión. Los cuales absorberán el conocimiento terrenal que despertará en ellos la sabiduría… estarán ligados al profundo amor por el tercero: una hembra; alma atormentada, necesitada en su interior de aquello que le han negado durante tanto tiempo, será su canalizador que ocasionará el despertar de su fuerza, sólo ellos podrán frenarlo y destruirlo"

—¿Yahuar? —preguntó Samin.

—Al parecer está profetizado —dijo Unay —, ¿pero quién serán los otros individuos?

—¿No será la felina? —sugirió otro de los sacerdotes.

—Quizás, pero aún faltaría uno —mencionó Unay alisándose la barba.

1

Lo esquivó con facilidad, el cerdo se estrelló en la pared, golpeándose la cara en el proceso, Yahuar retrocedió unos pasos colocándose en posición de ataque al igual que Po.

—¿Qué le ocurre señor? —preguntó Po —, venimos del Palacio de Jade, estamos aquí para ayudarlos.

—¡No me engañaran bestias del infierno! —gritó lanzando el cuchillo directo a la cara de Po, con una rapidez impresionante, resultado de la paz interior, desvió el cuchillo hacia su izquierda clavándolo por inercia en la pared.

Pero la situación fue aprovechada por el cerdo para subirse en su cara y golpearlo al mismo tiempo que le picaba los ojos derrumbándolo.

Una vez derribado Po, procedió de nueva cuenta contra Yahuar, él lo tomó de su manga y cuello con una presa fundamental, dejándose llevar por el impulso hacia atrás se deja caer lanzándolo hacia el suelo golpeándose en la nuca.

—Po, toma esa cuerda que está en la esquina, debemos interrogar a este sujeto y evitar que escape, ¡pero rápido! —Po así lo hizo, lo ataron a uno de los pilares externos de la casa de enfrente.

El individuo luchaba por liberarse, repitiendo la misma frase cada segundo que podía, "los mataré criaturas del infierno y vengaré a todos mis camaradas", aunque ambos no sabían lo que quería dar a entender con eso era obvio que tenía algo que ver con la extraña desaparición de todo el Valle.

—Calla y responde, entre más rápido lo hagas más pronto serás liberado —el cerdo le escupió en la cara riendo con malicia —, si vuelves a hacer eso no tendré reparos en asesinarte de una manera lenta, muy cruel y tan dolorosa que desearas haber desaparecido junto con los ciudadanos de este valle —lo dijo de una manera tan fría y sombría que el cerdo asintió aceptando las condiciones y Po sintió un escalofrío que le recorrió la espalda.

—Está bien —respondió un poco más serio.

—Empieza a contar que fue lo que ocurrió aquí —inquirió Yahuar un poco más serio, el cerdo suspiró con pesadez.

—Era una mañana cómo cualquier otra, yo trabajaba en el campo recogiendo los frutos que la primavera dejó…

2

Unos pasos lo detuvieron, ella seguía gimiendo, acaparando un poco los sonidos de aquellos misteriosos pasos. Miró para todos lados desconcertando a Lynn, quién dejó de gemir al sentir cómo él paró en seco.

—¿Qué ocurre amor? —preguntó ella confundida.

—No estamos solos —fue lo que atinó a decir antes de que unas flechas salieran disparadas hacia él, las desvió con facilidad, se colocó de nueva cuentas los pantalones, se colocó en posición de ataque —. ¡Manifiéstate intruso!

—Los únicos intrusos aquí son ustedes, ¡escorias malnacidas! —exclamó un ganso saltando de la oscuridad, portaba una daga con la que pretendía asesinarlo, pero de la nada Lynn le dio una patada en el pico estrellándolo contra la pared.

Mono la miró sorprendido y emocionado.

—Eso si es una hembra —ella sonrió y lo besó para luego ponerse la ropa y posicionarse para combatir.

—Maldita perra asquerosa, ¡infame pécora! —lanzó la daga con esperanza de acertar, pero Mono la atrapó sin ningún problema.

Arrojó la navaja con tal fuerza que atravesó la pared, el ganso tragó grueso pero aun así volvió a saltar con la intención de matarlos, Mono lo interceptó doblándole las alas hacia atrás y deteniéndolo contra la pared, después le golpeó con los dedos en los puntos de energía más sensibles adormeciendo sus extremidades.

—Vuelves a decirle algo así y juro que preferirás estar en el infierno —amenazó con furia debido al insulto que escupió contra Lynn, el ganso asintió con dificultad puesto que no se podía mover —. Ahora dime, ¿por qué querías asesinarnos?, y lo más importante, ¿por qué nos dijiste intrusos?

3

Era alarmante, sólo se podía escuchar el sonido de sus respiraciones, pero la enfermiza quietud era lo peligroso, no podía confiarse de nada, Víbora alumbraba con una lámpara todo a su alrededor.

—¡Ah! —gritó Víbora, Tigresa se volteó y con una rapidez imperceptible lanzó una patada voladora, pero no le dio a nadie, miró para todos lados.

—¿Qué ocurre Víbora? —la miró a los ojos, ella no dejaba de ver hacia el frente, se encontraba estática, Tigresa arrugó el entrecejo y se dispuso a mirar hacia el mismo punto, pero lo que vio la hizo asquearse: una coneja muerta, semidesnuda, estaba despellejada de algunas partes, no tenía brazos pues al parecer se los habían arrancado, estaba cubierta de sangre y de un extraño líquido blanco debajo de ella formando un charco, llevaba días así, apestaba a podrido, las moscas volaban alrededor de ella —. Que repugnante, ¿quién es el monstruo que le habría hecho algo así? —apretó sus patas al punto de que las venas de ambos brazos se marcaron.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó una pequeña voz, ambas buscaron el origen de aquellas palabras, de la neblina emergió un pequeño ganso; tenía algunas rasgaduras en sus plumas, caminaba cojeando —, ¿han visto a mi mami?

Víbora se acercó a él aunque Tigresa no confiaba que algo bueno pasara. El niño escupió sangre, ambas sintieron un nudo en la garganta.

—¿Quién te hizo esto criaturita? —preguntó Víbora.

—No lo sé —respondió con dificultad —, lo único que recuerdo… —tosió cayendo de espalda al suelo, Víbora evitó que se golpeara colocando su cola frenando el impacto—, es esa gran manta negra y después un caos, mi papá —unas lágrimas empezaron a fluir por su pequeño rostro acompañadas de llanto que hizo que los ojos de ambas artistas marciales se tornaran vidriosos.

4

Nadie sabe cómo o quién la hizo, ella se manifestó, ignorantes de su efecto o de su misma naturaleza corrimos para refugiarnos de ella, pero ella fue más rápida. Yo alcancé a protegerme al entrar en un pozo dónde se almacenan las reservas, pero no me puse a pensar en los demás aldeanos.

Estuve ahí durante unas horas en posición fetal, tenía miedo, el frío ocasionaba dolor en mis huesos, fue cuando salí, el atardecer estaba por acontecer, bajé al Valle… recorrí varios callejones y no había señales de vida, la paranoia se hizo presente, corrí gritando los nombres de mis amigos o simplemente si había alguien. Entonces al llegar a la plaza principal todo se manifestó…

—¿Qué? —preguntó Po atrapado por la intriga.

—El instinto —soltó confundiéndolos.

—¿A qué se refiere con eso? —cuestionó Yahuar harto de no llegar a ala respuesta.

—¡El instinto sexual! —gritó con furia revelando al fin el punto —. Era una orgía masiva, fue horrible presenciarlo, ancianos, jóvenes, ¡incluso con los niños! —se empezaba a agitar —, los fluidos blancos se esparcían por todo el suelo formando un asqueroso charco, él olor putrefacto del pelaje, plumaje y piel de cada uno de los que alguna vez llamé familia —no pudo evitar que las lágrimas salieran —, fue cuando la intensidad aumentó y empezaron a asesinarse unos a otros; algunos degollándose, otros devorándose practicando el canibalismo o simplemente aplastándoles el cráneo.

Yahuar apretó los puños impotente por la historia y Po no sabía que decir, simplemente las palabras no podían fluir con normalidad.

—Pero, ¿a qué se refería con criaturas del infierno? —el cerdo detuvo su llanto.

—En ese lapso, alguien emergió de las sombras; un ser que vestía una capucha, flotaba, una risa macabra salió de él al mismo tiempo que unos chillidos aturdían a todos —Yahuar tragó grueso por esa revelación —, y en un chasquear de dedos empezó a desmembrar a todos sin necesidad de hacerlo él, no me explicó cómo lo hizo, yo escapé para tratar de salvarme y efectivamente lo hice. Regresé un día después para percatarme de que ya no había nadie, todo estaba vacío, ni un alma rondando.

—Demonios, maldito monstruo —murmuró Yahuar con rabia iracunda.

—¿Qué ocurre Yahuar? —preguntó Po.

—Esto fue obra de Calakmul —dijo tensando su mandíbula al mismo tiempo que una trompetilla de metal era ejecutada, el sonido provenía del lado este —. Debemos irnos.

—Esperen —habló el cerdo.

—¿Qué ocurre? —preguntó Po.

—Mátenme —esa petición los tomó por sorpresa.

—¿Qué?, no podemos hacer eso —dijo Po anteponiendo su sentido de la moral.

—Por favor, ya no tengo a nadie, he visto cosas que jamás podré borrar de mi mente, y prefiero morir a vivir atormentado con ello —Yahuar y Po se miraron, entonces Yahuar se acercó al cerdo y le rompió el cuello.

—Vamos Po, debemos ir con Grulla y Mantis —Po seguía sorprendido por la rapidez en su decisión.

5

Era horrible, no existían palabras para describir la barbarie que se encontraba frente a sus ojos, el hedor se expandía por los alrededores, las moscas circundaban.

—¿Quién sería capaz de cometer esta barbarie? —masculló Mantis contemplando todo el panorama.

—Ni idea, pero es peor que Tai Lung y Lord Shen juntos —algo cruzó por su mente: el recuerdo del relato de Yahuar —, ¿no será obra de ese tal Calakmul?

—Ahora que lo pienso, Yahur lo describió cómo un ente sobrenatural, capaz de destruir todo a su paso si así lo desea —refrescó Mantis.

—Ya llegamos —dijo Po quién palideció al contemplar los miles de cuerpos desmembrados, putrefactos y amorfos en la fosa —. No puede ser, llegamos demasiado tarde.

—Por lo que veo llevan varios días así —explicó Yahuar, entonces escuchó nuevamente las palabras del cerdo: "Regresé un día después para percatarme de que ya no había nadie, todo estaba vacío, ni un alma rondando" —, pero lo importante… —un sonido similar a un rayo los alertó, un gran relámpago cayó en el punto oeste, justo dónde se encontraban Mono y Lynn.

6

Ambos no pudieron evitar sollozar por el relato, miles de inocentes fueron masacrados por culpa de un infeliz, y lo peor de todo es que no habían podido evitarlo; los Cinco Furiosos y el Guerrero Dragón fueron unos completos inútiles, Lynn no se contuvo y se quebró dejando salir sus lágrimas. El ganso aprovechó esa distracción, ya con sus sentidos de nuevo bajo su poder saltó con la intención de asesinarla, los ojos de ella brillaron al mismo tiempo que unas luces se proyectaban alrededor de ella, de su brazo salió un rayo que carbonizó al ganso matándolo al instante.

Mono se encontraba estupefacto, atemorizado. Los ojos de Lynn no dejaban de brillar, parecía querer expulsar todo el poder que surgió, No sabía cómo reaccionar o que debía hacer.

—Lynn —al mencionar su nombre sus ojos dejaron de brillar y volvieron a la normalidad, dejando a una Lynn llorando en su regazo —. ¿Qué fue eso? —alcanzó a preguntar sin dejar su impresión de lado.

—Algo que yo creí haber borrado para siempre, pero hoy se ha revelado que no fue así —murmuró con pesadez.

—Pero…

—Sólo prométeme que no se lo dirás a nadie, esto es un secreto, por favor —Mono sonrió y asintió al mismo tiempo que le besaba los labios.

Las puertas de la casa se abrieron entrando en ellas Víbora y Tigresa, ambos se separaron rápidamente logrando evitar que los descubriesen.

—¿Qué ocurrió aquí? —preguntó Víbora al ver el ganso carbonizado.

—Trato de asesinarnos, pero de la nada un rayo salió de la tierra matándolo —explicó Mono encubriendo a Lynn —, pudo haber sido obra de Calakmul —ambas maestras se miraron con temor ante eso.

—Vámonos debemos ir con Grulla y Mantis, han descubierto algo —se levantaron y salieron de la casa.

7

Calakmul no dejaba de sonreír, su plan estaba saliendo a la perfección, sólo necesitaba adquirirla cómo pieza en su juego de Mahjong.

—A eso me refería, muy bien señorita Lynn, sólo falta mover un hilo y usted vendrá a mí,

—¿Y qué es lo que hará jefe? —preguntó Bash riendo macabramente.

—Pronto lo verán, muy pronto.

8

Él más pequeño de ambos temblaba, sentía un miedo profundo, era una contradicción a la forma de cómo fueron educados: Sólo los cobardes temen morir, los grandes guerreros aceptan su final con orgullo. Pero él no era un guerrero, sólo era un adolescente que iba a iniciar su ritual para poder convertirse en adulto, él no estaba muy seguro de ello, su instinto le dictaba que no era el momento, fue cuando ellos invadieron y arrasaron con todo el lugar que alguna vez llamó hogar, sus padres murieron en el acto, algunos de sus compatriotas se rindieron y fueron esclavizados, él y su hermano mayor escaparon, fue gracias al mayor que sobrevivió hasta esos momentos.

Varias pisadas se oían por la selva y se expandían cómo el fuego en el campo, el mayor le indicaba con ademanes que mantuviera la calma, pero él no podía por más que quisiera.

—Ch´amlan —susurró en el tono más bajo que pudo.

—Taxa xij chamutik —decía al borde del llanto, el más grande le tapó el hocico para evitar que los localizaran.

—Ji´i, lokutik batel li´e —dijo sonriéndole tratando de transmitirle seguridad y esperanza, puesto que él tampoco estaba muy convencido de ello.

—Smalael ku´untike y cham kuntik ta jun sk´akalil k´alal lij lokutik batel li´e —dio un gran respiró al mismo tiempo que una lágrima surcó por su mejilla, el mayor se la limpió y le sonrió.

—Pató abo´on kuun —reflexionó durante unos momentos antes de asentir mucho más tranquilo que hace unos momentos.

—Jechuk —dijo igualmente sonriéndole.

Las sombras de sus perseguidores se reflejaban por los túneles de luz que traspasaban por los grandes árboles, ellos no mostraban signos de detener su búsqueda, debían encontrarlos a toda costa.