Capítulo 4: "El Destino"
Bien, dadas las circunstancias ¿qué más podía hacer? Era obvio que él le era completamente indiferente a ella, pero había algo que lo molestaba profundamente y no era el echo claro de ser rechazado de plano, sino el recordar que el primer encuentro había sido realmente... extraño, por así decirlo. Todo iba bien... hasta que le dio su nombre ¿tendría que ver algo con eso?... ¿Lo conocía acaso? Imposible, la hubiera recordado al instante, ese rostro jamás lo hubiera borrado de su memoria ¿entonces?... ¿Conocía al coronel? Tal vez, pero la muchacha no se lo había dejado muy en claro. Suspiró pesadamente y sacudió la cabeza fastidiado. Bien, dejaría el asunto concluido, total... sólo era una chiquilla, podría encontrar otra en cualquier momento... ojala antes del fin de semana porque era la fiesta de graduación de los nuevos pilotos. Ella no tenía porqué alterarlo tanto, no debía preocuparse por su indiferencia, lo asumiría. Además se había prometido no entablar por un tiempo una relación con chicas, con Tsubaki ya tenía suficiente escarmiento. Sí, mejor ir solo a la fiesta, que mal acompañado. El teléfono lo sobresaltó y luego se tensó de inmediato. Lo miró con rencor mientras este repicaba y repicaba. Apretó los labios, si era la bruja esa la encararía de una vez, aquella mujer ya lo estaba más que exasperando. Miroku tenía razón. Tsubaki estaba realmente obsesionada.
- "Eres un buen partido y ella lo sabe... apenas tienes 25 años y eres Teniente, un prodigio jamás visto en la Academia...- Sonrió burlón-... ¿crees que te dejará escapar sabiendo el auguroso futuro que te espera?"
Bien, debía cortar de una vez las esperanzas de ella, tomó el auricular rápidamente y resopló con fuerza.
- Escúchame Tsubaki... – Se interrumpió de pronto y frunció luego la frente, asustado - ¿Matsuda tuvo un accidente?...
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Era su día libre y estaba en el hospital de la armada caminando a paso presuroso por los blancos pasillos del recinto, preguntándose cómo diablos su amigo había tenido un accidente. Había sido comprensible llamarlo a él, Miroku venía de una provincia alejada de la capital y su único y verdadero amigo era Inuyasha.
Eran poco más de las 6 de la tarde, sin embargo afuera ya estaba completamente oscuro. El joven piloto preguntó en la recepción de cuidados intensivos por Miroku Matsuda, y la enfermera, una mujer rechoncha con cara de pocos amigos, le dio el número de su habitación. Afortunadamente podía tener visitas, eso lo tranquilizó un poco.
Sin embargo se preguntó preocupado qué podría haber sido, los accidentes en la Academia no eran abundantes, pero cuando los había habían sido realmente de cuidados y algunos mortales. Su mirada se ensombreció. Golpeó levemente deseando que todo estuviera bien y cuando abrió la puerta lo que menos se esperó fue a Miroku sonriendo como bobo a una joven enfermera que parecía leer concentradamente su tabla médica. Levantó una ceja y ella alzó el rostro mirándolo con seriedad, aunque tenía un leve rubor en las mejillas. En ese momento Inuyasha supo que la joven era comida para el pervertido de Miroku.
- Lo siento...- Se disculpó él con voz ronca y respetuosa, sólo en ese momento su amigo pareció volver a tierra y lo miró esbozando una amplia sonrisa.
- ¡Inuyasha!... ¡Amigo!
Él le sonrió aliviado por encontrarlo tan perfectamente bien y se acercó a la silla que estaba junto a la cama tomando asiento.
- Creí que estarías agonizando... – Musitó burlón, de inmediato alzó los ojos a la enfermera que le ponía de improvisto un termómetro en la boca al paciente. Miroku dirigió sus ojos azules hacia la joven y volvió a sonreír casi estúpidamente.
- No se preocupe Señor- Dijo la muchacha mirando de frente a Inuyasha- Su amigo se encuentra en perfectas condiciones, salvo un par de costillas fracturadas... eso no le causará la muerte.
- ¿Qué pasó Miroku?- Preguntó el muchacho mirando a este con seriedad. El otro se tornó serio, lo miró y tensó la mandíbula. Era como si el recuerdo le oscureciera la mente, se acomodó en su cama mientras sus labios jugueteaban con el termómetro en la boca.
- No sé... estaba en el hangar principal... y de pronto un par de cajas, de esas metálicas, cayeron sobre mi... creí que me había fracturado la columna...- Respondió con voz sombría, luego la enfermera le quitó el termómetro y él le sonrió a la muchacha-... pero me dijeron que aparte de las costillas lastimadas, estoy bien... puedo hacer cualquier cosa... y perfectamente...
Inuyasha retuvo la risa al reconocer la actitud provocativa y de conquistador que su amigo estaba empleando con esa chica. No le extrañó de todas formas su entusiasmo, ella era bonita, alta, de graciosas pecas en la nariz y bajo el delantal blanco se apreciaba un cuerpo casi elástico, gatuno, pensó el muchacho, con un cabello castaño tomado en una graciosa coleta y una boca sensual que de seguro su amigo ya había estado tentado de probar.
- ¿Desea un libro para entretenerse?
Esa voz, esa voz tan suave y cálida le provocó un inesperado escalofrío y a la vez un calor abrasador en el pecho. Volteó rápidamente y entonces la vio. Ella sonreía quietamente y cuando sus ojos se volvieron a encontrar, la sonrisa de la joven desapareció, sus mejillas se sonrojaron de súbito y algo en el aire que los rodeó se tensó. El silencio inundó el lugar y Kagome luego de unos instantes desvió sus ojos castaños hacia el enfermo, que la observaba atentamente.
- ¿Un libro señor?
- ¡Claro!- Respondió el otro sobándose las manos entusiasmado. Inuyasha se puso de pie como un resorte al ver a la muchacha pasar adelante con un pequeño carro de ruedas, repleto de libros. Vestía una corta pechera rosa, sin mangas, el uniforme de una voluntaria, bajo ella notaba claramente su uniforme de colegio y el suave cabello tomado completamente en una coleta baja. Ella ni siquiera lo miró, se acercó a Miroku y este se incorporó mirando el contenido de su carrito.- Vaya... no sé... hay una gran variedad... ¿qué me recomiendas?
- Todos son muy entretenidos, señor- Respondió Kagome visiblemente nerviosa esta vez. Bueno, la mirada de águila que sentía sobre ella no era para pasarla por desapercibido. Tomó un libro y con horror vio que la mano le temblaba, frunció el ceño asustada y se obligó a tranquilizarse- Si le gusta el misterio... este puede ser perfecto... – Agregó apretando luego los labios. Miroku tomó el libro y leyó el título, luego levantó el rostro a la muchacha y le tomó inesperadamente la mano.
- Muchas gracias, preciosa.
Inuyasha carraspeó fuertemente y la joven pegó un brinco retirando de inmediato la mano de la suya.
- ¡Compórtese!- Protestó ofuscada la enfermera dándole un pequeño golpe en la cabeza. Miroku sonrió y Kagome respiró hondamente dándose la vuelta.
- Perdóname... sólo bromeaba... – Se excusó el paciente intentando contentarse con la chica, ella ladeó el rostro y lo miró atentamente- ¿Cual es tu nombre?
- Kagome- Dijo Inuyasha sin saber porqué aquello se había escapado de su boca. La muchacha respiró fuertemente y lo miró de reojo enrojeciendo enseguida. Miroku frunció el ceño, levantó una ceja mirando a Inuyasha que parecía de piedra ahí, parado, con los ojos dorados bastante oscuros, fijos en la chica.
- Oh... Kagome...- Murmuró con una sonrisa en sus labios, mirando a Inuyasha y luego a la joven, entonces se dio cuenta que ella vestía el uniforme del Colegio Jidai y lo asoció.-... ahh, hermoso nombre... supe que anduvieron la semana pasada en Europa... ¿cómo son los Alpes Suizos? Mi amigo también fue para allá pero no me quiso contar nada...
Kagome tragó fuertemente mirando de pronto a Inuyasha. Él retuvo el aliento y su quijada se tensó, pero le respondió a su mirada con seriedad. La chica desvió luego la vista a Miroku y le respondió.
- Es un lugar agradable... si me disculpa, debo irme...
Le hizo un gusto con la cabeza y volteó empujando el carrito hasta la salida. Ni siquiera miró a Inuyasha, pero él la escuchó respirar fuertemente cuando pasó por su lado. En cuanto ella abandonó la sala el joven piloto exhaló todo el aire retenido en los pulmones y se pasó la mano casi temblorosa por los cabellos. La risa de su amigo lo hizo reaccionar enojado ante él. El muchacho pareció de pronto echar humo por las narices, respiró con fuerza y finalmente volteó dando un portazo a la habitación y olvidando que estaba tratando con un "enfermo".
Caminó aprisa mirando a su alrededor, no tuvo que buscar demasiado porque ella salió de una habitación cercana con una leve sonrisa. Inuyasha sonrió y se acercó presuroso a su lado. En cuanto Kagome cerró la puerta y volteó, lo vio y pegó un brinco demasiado asustada.
- Perdona...- Susurró el piloto sonriéndole y sintiendo que el corazón latía muy fuerte en su pecho. La muchacha respiró con dificultad y lo miró seria.-... no quiero incomodarte... es en serio...- Agregó él mientras que ella desviaba la vista hacia el final del pasillo, pero estaban solos allí y ni un ruido salvo el susurro del chico se dejó escuchar-... ¿podemos hablar?
- Ehhh... no, es que estoy ocupada...- Respondió intentando empujar el carrito pero él se lo detuvo y la muchacha lo miró asustada.
- Sólo un momento... – Rogó casi mirándola como cachorro desvalido. ¡Demonios! Estaba rogando ¡él estaba rogando! Kagome lo observó esta vez suavizando el rostro, bueno, es que el tono angustiante que empleaba, sumado a esa mirada que podría a cualquiera partirle el alma...
- Es que... no sé de qué podemos hablar...- Respondió rápidamente pero visiblemente nerviosa.
Inuyasha sonrió malvadamente. Bien, ella estaba dudando ahora, significaba algo.
- Es que... quisiera preguntarte algo... – Agregó en un murmullo y bajó el rostro a ella que apenas lo observó para luego bajar la vista. Su pecho subía y bajaba fuertemente y era notorio su estado de nerviosismo, ladeó el rostro y volvió a mirar hasta el final del pasillo, luego suspiró y lo miró.
- Esta bien... sólo un momento.
Afuera hacía demasiado frío, se notaba por la escarcha acumulada en el suelo y las personas que caminaban envueltas en gruesos abrigos y ropa invernal, aunque aun no era invierno. Kagome las observó en silencio un buen momento y finalmente, al sentir la mirada de fuego sobre ella, ladeó el rostro y lo enfrentó con seriedad. Estaban ambos en la cafetería del hospital y para Inuyasha era más que un buen logrado triunfo tenerla ahí, al fin, cerca.
- ¿De verdad no me estas siguiendo?- Preguntó incrédula. Aquello lo hizo levantar ambas cejas impresionado ante sus palabras.
- Vine a ver a mi amigo... sólo fue coincidencia...- Musitó, pero en realidad pensó "es el destino, definitivamente es el destino".
- Oh... cierto... – Dijo ella bajando el rostro y observando su taza de café que comenzaba a enfriarse.
- ¿Te molesto? – Preguntó de pronto el joven y Kagome alzó el rostro mirándolo con seriedad-... digo... desde aquella vez en que te dije mi nombre, sentí que te incomodaba mi presencia.- Vio como la garganta de ella se agitaba inquieta y la chica finalmente bajó el rostro. No dijo nada e Inuyasha se removió inquieto en su silla-... ¿me detestas?
- Ni siquiera te conozco...- Murmuró alzando un poco la vista a él. Inuyasha sonrió suspirando tranquilo.
- Pero conoces al Coronel... – Agregó él lentamente. En ese momento la muchacha abrió un poco más lo ojos e hizo una leve mueca con sus labios.
- Es amigo de mi padre... – Respondió, luego frunció el ceño, realmente exasperada-... ¿deseas saber algo más?... ¿O es que el protegido del Coronel acaso me esta siguiendo los pasos y yo no lo sé?
Inuyasha entreabrió los labios y su rostro adoptó una actitud de completa confusión. La miró directamente como si le costara entender sus palabras, la chica se puso de pie realmente furiosa y él la imitó.
- ¿Por qué debería seguirte? Ya te dije que tengo un amigo enfermo... ¿y porqué hablas de esa forma del Coronel?- Preguntó casi horrorizado. Ella lo miró y respiró profundamente, su rostro, por un segundo, pareció lleno de angustia, luego lo miró como si quisiera cerciorarse de sus palabras, que él no sabía nada. Suspiró nuevamente con agobio. Inuyasha se acercó a Kagome tanto que la muchacha bajó el rostro completamente ruborizada pero no dijo nada, era como si le costara realmente creer en su actitud. - Escucha... no sé de que hablas... ¿por qué el Coronel tendría que seguirte? Yo soy piloto, ese es mi trabajo... – Luego sonrió al ver que ella no decía nada-... ¿es él quien te molesta?... ¿por eso me tratas así?... ¿acaso tu padre lo contrató para velar por tu seguridad?- No era de extrañar, Inuyasha sabía que los ricos a menudo solicitaban al ejército asesoramiento para cuidar a los suyos.
Kagome alzó la mirada y sus ojos se detuvieron un eterno instante en los suyos. El corazón del joven latió con fuerza, con una fuerza tan desmedida que estaba seguro que estos retumbaban tanto que ella podría escucharlos. Finalmente Kagome suspiró y bajó la vista, encogiéndose de hombros.
- Bueno... tal vez... te juzgué equivocadamente... – Murmuró. Inuyasha sonrió satisfecho y sintió de pronto un calor tan suave que le invadió el cuerpo por completo, sus ojos dorados se entrecerraron y cuando se volvieron a abrir ella lo miraba atentamente. Esta vez como aquella primera vez, dormida, serena y tranquila. No pudo más y acercó su mano hasta su mejilla, Kagome se alejó un paso de inmediato y bajó los ojos, otra vez nerviosa.
- Lo siento... no pude evitarlo...- Murmuró él tragando fuertemente y sintiendo el sabor agrio del rechazo en la garganta. Ni aún así, ni aún así ella cedía.-... ¿es que acaso cometo una imprudencia muy grande?- Preguntó con un hilo de voz-... ¿acaso tienes novio o algo así?
La joven quiso reír, pero era obvio que estaba completamente alterada, cuando alzó la vista a él sus ojos estaban muy cristalinos y una mueca de dolor se dibujó en sus labios, pero no dijo nada. Inuyasha respiró fuertemente y finalmente asintió, dándose por vencido. Entonces ella tenía dueño. El pensamiento lo hizo apretar los puños de su mano de rabia y frustración.
- Bien...- Murmuró fingiendo una sonrisa que salió demasiado amarga-... ahora entiendo... – Él bajó los ojos sintiéndose estúpido e impotente-... bueno... supongo... que sería absurdo invitarte a la fiesta de gradación en la Academia...
- Debo irme...- Dijo Kagome en un murmullo nuevamente desesperado. Lo miró un instante y no pudo dejar de sentir algo de dolor por él. Esta ahí ese hombre, de pie frente a ella, con una curva en sus labios demasiado amarga, tragó fuertemente y por un segundo sintió algo extraño en el corazón, algo que jamás había sentido. Pestañeó confundida y sus mejillas se sonrosaron-... tal vez... te vea en esa fiesta... pero no estaré sola...
Inuyasha la miró sin expresión, ni siquiera podía saber si lo que le decía era bueno o malo. Estaría allí, pero no sola... ella le sonrió por primera vez con debilidad y se marchó. El joven piloto enanchó el pecho respirando con fuerza e inclinando la cabeza hacia atrás. ¡Kami Sama! Un novio no sería impedimento para él, aunque nunca se había sentido tan miserable y a la vez tan esperanzado... sí, tendría esperanzas porque esta vez... cuando ya se había dado por vencido, el destino los había reunido...
Continuará...
N/A: Si, me adelanté en la publicación, es que estoy inspirada. Muchas gracias por todos los reviews enviados. También les agradezco a quienes leen y no dejan su comentario jaja (sí, también) Gracias por el apoyo.
Besos y nos vemos.
Lady Sakura Lee.-
