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N/A 1: Adventure Time with Finn and Jake no es de mi propiedad, le pertenece a Pendleton Ward y a CN, pero no mi imaginación.

N/A 2: Este escrito se basó en los eventos finales de la sexta temporada.


19:30 pm.

Los invitados se la pasaban de maravilla, comiendo de las delicias que se encontraban en la mesa de honor, —inclusive— para Phoebe y Marceline, había comida especial preparada… como alimentos rojos y comida sobrecosida. La cena marchaba a la perfección, todo era risa y buenos momentos, pues cada uno de los presentes contaba algunos chistes y anécdotas graciosas.

Los demás invitados —quienes estaban en otras mesas—, también que se divertían en grande, pues entre ellos hasta estaban haciendo concursos para ver quién era el que podía comer más mientras que otros concursos para saber quién podía beber más cerveza de jengibre.

—Jajajaja, entonces creo que ese duende se lo tenía bien merecido ¿No es así, Finn? —dijo Dulce princesa.

—Pues no tenía opción, era dejarlo libre o quedar sin pantalones. —con ánimo.

—¡Ho-por-Glob! Eso es lo más vergonzoso que he escuchado en toda mi vida. —agregó la Princesa grumosa. —¿Tú qué opinas? Querida. —refiriéndose a Arcoíris.

—Finn nudeu jajajaja, naneun geugeos-eul mid-eul su eobsda, jajajajaja.

—Eso mismo pensé, chica. —sonrió; aunque ciertamente no había entendido nada.

—¡Es mi turno! ¡Es mi turno! —gritó el Rey helado. —Esta va para Marceline. ¿Qué prefieres? ¿Raparte totalmente la cabeza y perder ese cabello de rockerota chikiti wow? O… ¿Cepillarte por tres meses los dientes con mostaza?

—Jmmm… ¿Puedo mantenerme escondida hasta que me crezca de nuevo mi cabello?

—No.

—Bueno entonces me cepillo con mostaza. —los presentes rieron por la elección.

—Esta va dirigida para la Reina flama. —dijo Jake. —¿Volverías a ser la novia de mi hermaneto Finn?

—¡¿Qué?! —gritaron el humano y la elemental al mismo tiempo, sonrojándose.

—¡Je-je-je, je-je-je jejeje, je-je-je-je-je jejeje!

—¡Jake! —volvieron a gritar ambos adolescentes al unísono, sin dejar de ruborizarse.

—Lo siento tanto pero… tuvieron que haber visto sus caras ¡Je-je-je! No ya, en serio. —trató de calmarse un poco. —Reina flama… ¿Qué es lo más penoso que te ha pasado en la vida?

—Bueno… —se puso a recordar, no logrando dejar de sentirse incómoda por lo de hace unos segundos; no obstante, sonrió tras recordar algo. —Les cuento; una vez, estaba en camino a "su reino". Recuerdo que iba leyendo un folleto y por ende me distraje en gran manera. Tenía ganas de comprar manzanas, así que decidí comprar algunas en la plaza, en un momento dado, no sé cómo rayos abrí una puerta pensando que era la del local de frutas y de pronto, escucho cómo varios hombres empezaron a murmuraban entre ellos. Levanté la vista, topándome con tres de ellos en bata de baño, ¡Jajajajaja! Me quedé totalmente paralizada; recuerdo que lo único que hice fue salir de ahí lentamente toda roja. —terminó de contar la anécdota, volviendo a ruborizarse mientras se cubría la cara con sus manos.

Los presentes de la mesa de honor soltaron una carcajada al momento que terminó de contar la historia. Sin duda eso había sido más vergonzoso que lo de Finn y el duende. Después de algunas otras bromas y recuerdos para morirse de pena ajena, la cena avanzó rápidamente, dando inicio al brindis en honor a los reinos de Ooo. La gobernante del Dulce reino atrajo la atención de todos, golpeando su copa llena de vino de uvas con una cuchara.

—Princesas y caballeros, habitantes del Dulce reino. Quisiera decir algunas palabras. Nuestros reinos se han forjado en la victoria, han prevalecido en paz y armonía por muchos años, los cuales espero sigan perdurando. Nada me hace más feliz que estar reunida con ustedes en esta noche tan hermosa. Ooo siempre nos ha ofrecido grandes oportunidades, no hay día que no me maraville por la perfección de cada reino vecino. Amigos míos, dejemos a un lado nuestras absurdas disputas que nos han dividido durante tanto tiempo y festejemos juntos la unión de esta noche tan especial llamada "Navidad". Brindo por la felicidad, la paz y los gobernantes de la tierra Ooo ¡Salud! —gritó, alzando su copa para después beber.

—¡Salud! —gritaron también los demás, chocando cuidadosamente su respectiva copa con su compañero de al lado.

—Disfruten mientras se da inicio al intercambio de obsequios y fuegos artificiales. Es todo por el momento. —concluyó la científica mientras los invitados se dispersaban un poco por su cuenta.

En esos instantes, una música perfecta para la ocasión empezó a sonar, —sin dudarlo— los invitados empezaron a bailar descontroladamente, iniciando competencias de baile, las pláticas y algunos pillos que decidieron seguir comiendo en las mesas tampoco se hicieron esperar.

—¿Qué tal lo hice?

—Yo diría que bastante bien. —sonrió la vampiresa, dándole un beso en los labios.

—Hola Finn, ¿Cómo estás? —cuestionó Pan de canela, haciéndose presente delante de ambos jóvenes.

—Hola, qué gusto. ¿Qué hay de nuevo? Amigo.

—Todo bien, no me quejo. Ser escudero es realmente genial. Me divierto en las rondas nocturnas atrapando vándalos con mi lobo elemental. Además también he aprendido un poco de rap gracias a mi lady. —comentó con una sonrisa.

—¿En serio?

—Jajajaja, le digo que tiene talento para cantar, pero no me creé. Si quisieras, juntos podríamos armar un buen dueto. —sonrió la fémina de fuego. —¿Tú qué opinas? Finn.

—… … … ¿Ha? Sí, sería genial, deberías animarte, viejo. —forzó una sonrisa.

—Puede que lo intente en un futuro, sí. Reina flama, ahora que hay buena música, me estaba preguntando si quisiera bailar conmigo. —habló Pan de canela.

—¡Claro! Me encantaría. —respondió alegremente sin pensarlo ni un segundo. —Finn ¿Quisieras acompañarnos?

—Heee… [?] No, no gracias. —sin hacer desaparecer su falsa sonrisa.

—¿Estás seguro? La pista de baile es enorme, no nos incomodaría que nos acompañases.

—En verdad, se los agradezco mucho, chicos… ustedes vayan y… diviértanse… juntos. —decía, caminando de espaldas con los ánimos decaídos. —Yo iré a… a… a hacer otra cosa por ahí.

—¿Muy bien? —le sonrió Phoebe con una ceja levantada, después mirando de manera divertida a su escudero. —Entonces, te veré más tarde, Finn.

—Sí, sí claro. —habló de manera estúpida, dándose media vuelta con tristeza.

Un par de horas habían transcurrido desde entonces. Ahora, su único consuelo era el intercambio de regalos, pero por el momento, debía soportar esas ansias que lo estaban devorando vivo. El joven rubio parecía ajeno a la diversión, era quizás el único invitado que se la había pasado sentado desde hacía tiempo, contemplando a su bella elemental desde la lejanía, celado por quien se le acercaba y le hacía la plática sin malas intenciones. El héroe en verdad ansiaba saber qué era el regalo que tenía para él; no podía ni imaginarse nada en especial, sin embargo… la idea de que tenía que dárselo era emocionante.

De vez en cuando miraba a sus alrededores, riendo por lo bajo al observar lo que los dulces ciudadanos hacían o decían. No obstante, su atención regresaba hacia aquella hermosa mujer de fuego; —para ese entonces— Finn la admiraba desde su lugar con esa mirada estúpida que ponías al ver al amor de tu vida platicando con sus amigas.

Por su lado, Phoebe se encontraba charlando junto con Marcy y Bonnie, las bellas chicas no paraban de reír de quién sabe qué cosa. Verlas desde lo lejos provocaba en el muchacho una sensación extraña, sabía que oportunidades como la que estaba viviendo en esos momentos no las tendría muy a menudo, pero realmente no sabía cómo acercarse para entablar una plática con la adolescente, ni siquiera sabía qué tema tocar una vez estando ahí.

Caray ¿Se estarán riendo de mí? —pensaba, sin despegar la mirada del peculiar trío. —O quizás Phoebe les contó algo vergonzoso de mí persona. No, no puede ser, ella no es así. —sonrió un poco aliviado. —¿Pero entonces de qué rayos se estarán riendo? —pensó de nuevo, molesto por la duda.

—¡Oye! ¿Finn? ¡Hermanito! ¿Me estás prestando atención?

—¿Qué? ¿Cómo? —volvió en sí el humano, sacudiendo su cabeza. —¡Jake! ¿Hace cuánto tiempo que estás aquí?

—Desde hace unos diez minutos. —habló un poco indignado. —He vuelto a comer, bailado con Arcoíris, ganado en el juego de "Dale con los rollos de jamón al caballo" y platicado con medio reino, y tú sigues aquí sentado, esperando que te lleve el tren. ¿Pos que pashú?

—Ha, lo siento mucho, bro. Estoy un poco distraído. —decía sin despegar la mirada de las chicas.

—¡Ho! Ya entendí lo que sucede aquí, ¡Je-je-je! ¿Por qué no solo vas allá y te unes a su conversación?

—No juegues, Jake. No es así como funciona. Si quiero unirme a su plática, lo mejor es que permanezca aquí sentado hasta que se enteren de que estoy observándolas, de esa manera sabrán que quiero unirme a su plática y me uniré a su plática, tú solo espera.

—Ñhe, eso es lo más ridículo que he escuchado. Pero si tú no haces nada para unirteles, entonces te daré una mano.

En esos momentos, el perro mágico agrandó un poco su anatomía, atrapando al joven entre sus manos y caminando hasta donde se encontraban las féminas.

—¡Espera! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Jake! ¡Te lo ruego! ¡Detente! No lo hagas por favor —suplicó.

—Tú tranquilo y yo nervioso. —masculló. —¡Disculpen, señoritas! —gritó, atrayendo la atención de las tres mientras volvía a su anatomía original. —Yo me preguntaba… si quisiesen y si se pudiese unir aquí a mi hermanito Finn a su plática, el muy desesperado está que se lo lleva el tren por saber de qué hablan, y pues ya saben cómo es el chamaco.

Mátenme. —pensó el muchacho.

—Ho, claro. Seguro. —respondió Dulce princesa.

El perro mágico bajó a su hermano, al tocar el piso, el joven quedó petrificado; deseó que en esos momentos la tierra se lo comiera.

—¿Y qué? ¿De qué estaban hablando las damitas?

—Sobre las razones por las cuales adoramos ser chicas y por qué los chicos son inferiores a nuestro poder femenino. —sonrió la vampiresa con superioridad.

—Agg… que aburrido. Mejor hablemos de otra cosa más divertida como de… ¡La guerra de las tarjetas!

Ya cállate, por favor. —pensó de nuevo, sudando una gotita de su cabeza.

—¿La guerra de las tarjetas? ¿Qué es eso? ¿Una especie de serie o algo por el estilo? —dijo una curiosa Phoebe.

—¡No es nada! Reina flama. Es un juego muy tonto y aburrido con el que se divierten las personas sin vida social. —se apresuró a contestar el muchacho.

—¿Cómo que tonto y aburrido? Hermano, hace apenas dos días estabas muy feliz de haber ascendido de prestigio a "Mago de la luz nivel 7".

La joven elemental soltó una risita, logrando que el humano se sonrojara en gran manera, quiso en esos momentos golpear a su hermano por haber revelado dicha información.

—¿Y exactamente qué es lo que se hace en ese juego? —esta vez la Reina vampiro.

—Es un ultra super mega complicado juego de cartas en el cual creas tu propia nación para combatir a tus oponentes con tarjetas de magia, trampa, monstruos y hechizos, cada que acumulas una cierta cantidad de puntos tienden a darte un regalo así bien hello.

—¿Regalo? Jmmm, regalos… —murmuró Bonnie. —¡Ho, pero claro! Muchas gracias, Jake; casi se me olvidaba. —decía, yendo al centro del palacio; la música fue detenida por el DJ de caramelo tras ver la señal. —¡La hora del intercambio de obsequios ha llegado amigos! —los presentes que habían decidido participar en ello pegaron un grito de emoción.

—Fiiuf, menos mal. —musitó el chico. —¡Ho! La hora ha llegado, ¡Es hora! ¡El regalo de la Princesa flama para mí! —sus ojos brillaron por la emoción.

Después de dar el anuncio, los invitados —junto con la anfitriona— tomaron su respectivo obsequio que se encontraba en la mesa designada para ellos y caminaron hacia un salón igual de espacioso que el principal; una vez retirados la música volvió a sonar para los dulces ciudadanos así como las mesas fueron vueltas a ser llenadas de comida.

—¡Muy bien! Demos inicio al intercambio de regalos. Yo opino que como Finn fue el primero en sacar el papelito por ser nuestro querido campeón de Ooo, también debe ser el primero en dar su regalo, ¿Qué opinan? —propuso la gobernante.

—Me parece justo. ¡Yuju! —gritó Marceline.

—Pues opino lo mismo, dale hermanote que la noche se hace vieja, quiero ver esos fuegos artificiales.

—A favor. —esta vez Starchy.

El rubio asintió lentamente, yendo hasta su cuñada para darle su enorme regalo envuelto en papel metálico.

—Feliz navidad, Arcoíris. Espero que te guste. —dijo el chico, abrazándola de manera correspondida.

—Daedanhi Finn, gamsahabnida. —decía, rompiendo el abrazo. —Geulsse, nan gongju beondeul i seonmul-eul jul e, naneun dangsin-i geugeos-eul jeulgisigi balabnida il-eonassda. —la unicornio se acercó hasta donde estaba la Princesa grumosa, estirando su obsequio a ella.

—¿Para mí? Ho, querida, no tenías que molestarte, muchas gracias. —habló esta, estrechando sus manos.

—Geugeos-eun amu munje, meli keuliseumaseu eobs-seubnida. —sonrió, alejándose.

—Pues bien, a mí me tocó darle un regalo a una persona no tan cool como yo o cualquiera de ustedes, cabe aclarar que me fue difícil encontrar el regalo ideal. Hubiera sido más fácil darle un obsequio a un mono pero bueno… fue la suerte quien me la puso en el camino. —hablaba, llegando hasta el lugar de Bonnie. —Para ti. Espero que te ayude en algo. —prosiguió, desviando la mirada en su entrega.

—Gracias… Grumosa, eres muy gentil. —se vio obligada a decir con una sonrisa torcida.

—Lo sé, cariño. —contestó, alejándose de ella con los ojos cerrados.

—Muy bien, Rey helado; espero que con esto me dejes en paz por el resto de mi vida. —decía la científica, otorgándole su obsequio.

—¡Huy! Espero que sea una réplica exacta de ti, princesota, jijijijiji. Chicos… mi obsequio es algo muy especial, para una persona muy especial. ¡Gunter! ¡Puedes traerla! —gritó.

—"Meck." —el pingüino que había acompañado al Rey helado desde un principio, se hizo presente en el salón con una hermosa guitarra creada de hielo cristalino, cristal y pequeños trozos de diamante en ella. Un moño color rojo estaba en la parte superior de las cuerdas.

—Simon. —musitó la vampiresa con impresión. —Es realmente hermosa, y hasta tiene grabado mi nombre en el reverso. Muchas gracias, amigo. —voló para abrazarlo con ternura después de tomar su instrumento nuevo. —De acuerdo, Pan de canela, lo que importa no es el regalo sino que lo pongas encima de tu cama para que tengas "dulces sueños".

—Muchas gracias, Marceline. Espero que sea una trampa para las pesadillas o algo así.

—Ho, es algo mucho mejor que eso, tú solo espera, hahahaha. —sonrió con picardía.

—Jake, feliz navidad. Este es para ti.

—Gracias mi buen Pan de canela, feliz navidad para ti también. —Jake lo abrazó después de recibir su regalo. —Lo prometido es deuda; Starchy, tenga pa' que se entretenga. —estiró su mano con el obsequio.

—Es muy gentil de tu parte, chamaco-perro. —tras recibirlo. —Reina flama, a pesar de que fue muy difícil, al fin pude encontrar algo ideal para usted. Tome, espero que lo disfrute. —decía este con una gran caja en manos, decorada con papel aluminio.

—¡Cielos! Muchas gracias —sonrió, abrazando a la dulce persona con cuidado.

—Reina flama, eres la única persona que falta de dar obsequio. Tú cierras este intercambio de regalos navideños. Adelante. —se hizo escuchar Bonnie.

La hora había llegado. El corazón del humano empezó a palpitar a mil por hora. Sus manos sudaron un poco y en su estómago se sintieron maripositas; el momento estaba tan cerca y tan lejos a la vez. Sin embargo… algo andaba mal, los presentes observaron cómo la adolescente de fuego suspiró, bajando su vista un poco desanimada, todos tuvieron sus interrogantes del estado de ánimo —en especial Finn—. Phoebe suspiró un poco apenada.

—Escuchen. Quiero decir algo antes que nada, como sabrán yo nunca en la vida había hecho algo como esto y pues… no sé; el estar aquí reunida con ustedes me hace sentir de maravilla, todos son asombrosos a su manera, estoy muy feliz de estar aquí esta noche. Es por eso que les debo hablar con la verdad. —decía con algo de nerviosismo. —La mayoría sabe que vengo de un reino muy especial, y… a pesar de que tuve tiempo necesario para encontrar un regalo adecuado, la cruel realidad es que no encontré nada especial para Finn. La cuestión es… que no supe que comprar; él ya tiene cientos de espadas, armaduras, diamantes, joyas y oro. Las cosas de mi reino no podían serle de utilidad ya que eran de fuego y lava. Quería que el regalo de Finn fuera algo muy especial, algo único como él. Lamentablemente no encontré nada "material" que fuera de su calibre, nada que no fuera de fuego o bueno, exento de mi elemento. En verdad… estoy muy, muy apenada con todos ustedes, en especial contigo, Finn. Espero que… que no me odies por esto y que puedas perdonarme por no poder darte cosa alguna"material como obsequio. —terminó de decir, jugando con sus dedos.

—¡No! ¡Jamás podría odiarte! Prince… digo, Reina flama. —se apresuró a decir el joven con algo de desánimo. —Descuida, cosas materiales sobran, lo que realmente importa es estar reunidos y convivir. —concluyó, creando una sonrisa desfigurada. —Qué bueno que estás aquí con nosotros disfrutando del momento. Me da mucho gusto que estés aquí.

—Descuida, comprendemos a la perfección. Fue mi culpa al no contemplar tu situación, Reina flama. —habló la princesa de color rosa.

—Flamita. No te pongas así, es navidad. Todo está bien. —esta vez la vampiresa, colocando su mano en el hombro ajeno.

Maldición y yo que estaba tan ansioso por mi regalo. ¿Ha? ¡¿Qué rayos me pasa?! El significado de este día no son los regalos sino la unión entre amigos y familiares. —pensó el rubio con algo de desánimo. —Aunque a decir verdad, me hubiera encantado un regalo tuyo.

Tras concluir el intercambio, Bonnibel anunció el cierre de la celebración —la cual iba a terminar con los fuegos artificiales— de esa manera, los invitados de honor se fueron retirando lentamente al salón principal para esperar el anuncio final. En esos momentos, Phoebe trató de ubicar rápidamente al héroe sin tener éxito en su búsqueda. Fue al salón principal junto con los otros, intentando visualizarlo entre la muchedumbre que bailaba sin descansar.

—Finn. —masculló con un poco de desánimo y tristeza. —Tengo que encontrarte lo más rápido posible.


N/A 3: Si alguien se pregunta "¿Cómo es que Phoebe pudo hacer todo lo que hizo sin quemar nada"; pues fue porque adopté la idea del capítulo titulado "El trono rojo", en donde le dan veneno y esta pierde la intensidad de su calor corporal al grado de que Finn pueda tocarla sin quemarse. Mmm realmente en este fic quise que aún no estuviera del todo recuperada, tampoco es que quiero que la imaginen paliducha, digamos que su brillo y color de piel regresó a la normalidad, pero no su calor interno. Sin más, espero que les haya gustado, mis amados aventureros. El próximo cap. será el último. ¡Felices fiestas!

See you soon!