CAPÍTULO 3: EL NEPHILIM ESPECIAL

Galaxy Motel, Brooklyn, Nueva York, 11:00 A.M.

Dean sale de la ducha secando su cabello mojado con una de las toallas del motel. Agarra dos cervezas y le alcanza una a su hermano, quien se encuentra hablando por su celular. Sam la agarra, la abre y activa el altavoz.

— Encuentro todo esto muy difícil de creer, Mick, — Sam continúa su conversación. — ¿En serio los Hombres de Letras británicos no sabían nada acerca de los Cazadores de Sombras?

— No digo que no supiéramos, — responde la voz de Mick Davies. — Digo que, a mi nivel, nunca había tenido acceso a esa información. Tampoco había tenido el placer de conocer a ese grupo, y por ende no había surgido la necesidad de preguntar por ellos.

— ¿Entonces, no sabremos aún si son amigos o enemigos?

— Dame tiempo para comunicarme con nuestra gente en Inglaterra, — suspira Mick. — De paso, pediré información acerca de eso del Glamour. Quién sabe cuántas cosas han permanecido ocultas para nosotros…

— Sam, recuerda lo de los mensajes demoniacos, — susurra Dean, enseñándole las imágenes en su celular.

— Ah sí, — Sam aclara su garganta. — Necesitamos traducir esta palabra que te voy a enviar. Está relacionada con el caso y está escrita en idioma Gehénico. Mira a ver si tu gente en Inglaterra puede traducirla.

— La enviaré, a ver qué pueden encontrar. Mientras tanto, las órdenes son…

— Nosotros no seguimos órdenes, — se entromete Dean.

— Claro, lo siento, — se excusa Mick. — ¿Podrían seguirles el juego a los Cazadores de Sombras y trabajar con ellos, por favor?

— Lo pensaremos, —Dean cuelga el teléfono.

Sam aparta la vista y mira a su hermano con desaprobación antes de beber un sorbo de su cerveza. Dean mira hacia todos los lados de la habitación, buscando al miembro faltante del equipo.

— ¿Dónde está Cass?

— Salió desde temprano, alegando que iba a investigar algo importante por su cuenta, — responde Sam, abriendo su portátil. — Dijo que no tardaría.

— Ya, — asiente Dean. — ¿No han llamado los niños Nephilim?

— Aún no.

El portátil de Sam muestra varias páginas web y documentos de investigación en su pantalla, lo cual llama la atención de Dean. Este último se fija en los numerosos textos sobre Nephilim y arcángeles, así como en los documentos históricos haciendo referencia a las Cruzadas.

— Veo que has estado ocupado.

— Estaba buscando referencias sobre estos "Cazadores de Sombras".

— ¿Y? ¿Encontraste algo?

— Bueno, ninguna mención directa hasta ahora, — responde Sam. — Pero estuve buscando referencias históricas, y cruzando ciertos documentos…

— A nadie le importa eso, — Dean se hace el dormido, frente a la mirada desaprobatoria de su hermano. — Dime qué apareció.

— Los registros datan de cuando comenzaron las cruzadas, en el año 1096, —Sam acciona su laptop. — Mencionan mucho a un cruzado en particular llamado Jonathan. Aparentemente, era muy devoto, alegando que, y cito, "su fuerza era guiada por Dios, sus generales arcángeles y sus guerreros ángeles". Sus camaradas lo tenían en alta estima.

— ¿Y qué tiene ese tal Jonathan de especial? — Dean bebe un largo sorbo de su cerveza. — ¿Qué tiene que ver con todo esto?

— Su apodo, — responde Sam. — Por sus valor en batalla y su devoción, sus hermanos de batalla, subordinados y superiores, lo llamaban "El Cazador de las Sombras." ¿Te suena de algo?

— ¿Crees que sea él quien invocó al arcángel?

— Aquí salen muchas referencias a sus plegarias hacia Dios y sus arcángeles antes de marchar hacia la batalla, mencionando a Miguel, Raphael y al famoso Raziel. Se dice que fue uno de los que hizo posible la victoria de los cristianos en la primera cruzada.

— Un tipo fuerte, — Dean bebe de su cerveza. — ¿Alguna otra referencia sobre él durante las demás guerras en nombre de...Chuck?

— No, no pude encontrar más nada acerca de él después del año 1100, — suspira Sam. — Es como si hubiese desaparecido completamente del mapa.

— No suena a mal trabajo de historiadores, — murmura Dean. — Coincide con el marco de fechas que nos dio Cass, concernientes a la incursión demoniaca.

— Encontré también referencias al arcángel Raziel, — continúa Sam. — Dentro del misticismo Judío, A Raziel se le conoce como "El Guardador de Secretos" y "El Arcángel de los Misterios". Se dice que siempre estuvo cerca del trono de Dios, escuchando todo lo que decía o discutía, con lo que redactó un libro con todos sus conocimientos y vivencias. Dicho libro, el Sefer Raziel HaMalach, fue escrito con su esencia celestial. Su paradero permanece desconocido.

— Bueno, discreto sí que es, — refunfuña Dean. — Sus Nephilim estaban viviendo en Nueva York todo este tiempo debajo de nuestras narices. Nosotros ni siquiera sospechábamos de la existencia de los Cazadores de Sombras hasta ayer.

El último sorbo de la cerveza de Dean es interrumpido por el sonido de su celular. Alec Lightwood, recuerda al Cazador de Sombras mientras lee la pantalla. Inmediatamente contesta.

— Agente Summers.

— Puede dejar de fingir conmigo, Dean, — le contesta Alec. — Tal y como acordamos, lo llamo porque tenemos una pista de dónde podremos encontrar a Nick. Al parecer, va a ser esta noche. Le envío la dirección.

— Bien, allí estaremos.

Sam mira a su hermano mientras cuelga el teléfono, esperando una referencia sobre lo hablado. Dean se pone su chaqueta de cuero verde y agarra un maletín de arriba de su cama. Muestra una leve sonrisa antes de salir.

— Prepara tu equipo, Sam. Nos vamos de cacería esta noche.


Museo de Historia Medieval, Manhattan, Nueva York, 11:00 P.M.

Dean apaga el motor del Impala mientras lo aparca cerca del callejón adyacente al Museo de Historia Medieval de Nueva York. ¿Qué querrá un vampiro loco en un lugar como este? Se preguntan los Winchesters. Los Cazadores de Sombras emergen de la oscuridad. Jace, Clary e Isabelle blanden sus respectivas espadas con runas, mientras Alec mantiene su arco como su arma de preferencia. El plumaje que adorna sus flechas esta vez adopta un tono dorado.

— Veo que se han vestido para la ocasión, —Alec observa la indumentaria de los Winchesters.

— No veíamos la hora de salir de esas corbatas, — suspira Dean.

Es verdad, concuerda Sam con su hermano al arreglar el cuello de su chaqueta negra de cuero. Observando el resto de su vestimenta, se da cuenta de que sus botas, sus jeans y su camiseta son de igual color. Dean lo mira con sarcasmo.

— ¿De qué vas, de Segador?

— ¿Bueno, qué tenemos? —Sam ignora a Dean y lo mira con desaprobación.

— Recibimos una información de nuestras fuentes entre las Criaturas de la Noche de que un grupo planeaba robar algo de este museo, — responde Jace, sacando su celular del bolsillo de su chaqueta. — Dada la antigüedad y la naturaleza de los artefactos ahí dentro, nos pareció digno de verificar.

— ¿Y?

— Miren lo que encontró nuestro equipo de rastreo.

Jace muestra a los Winchesters una grabación reciente de una cámara de vigilancia en las afueras del museo, donde se distingue nítidamente a Nick forzando la puerta de la institución y colándose, acompañado por una misteriosa figura vestida de negro.

— Ahora miren esto, — Jace reproduce otro video.

La nueva grabación muestra el interior del museo. Los Winchesters ven claramente como Nick, junto con su extraño compañero, atraviesan el lobby y caminan hacia uno de los principales pabellones de exhibición. En el trayecto, el siniestro vampiro muestra claramente su pálido rostro y sus penetrantes ojos grises a la cámara, seguidos de una perturbadora y desafiante sonrisa.

— No se está escondiendo precisamente, — alega Clary.

— Es como si supiera que lo estamos viendo, y nos desafiara abiertamente, – se indigna Isabelle. — Yo digo que entremos ya y acabemos con él de una vez por todas.

Los Winchesters prestan especial atención a Isabelle, quien ha cambiado sus formales atuendos por un mono enterizo negro, escotado y sin mangas, bien ajustado a su voluptuoso cuerpo. Mientras Dean la mira con su característica lujuria discreta y elegante, Sam se fija más en su evidente agotamiento. Su palidez y sus ojeras se encuentran más acentuadas que antes, y su respiración se muestra acelerada.

— Bueno, escucharon a la dama, — Dean agarra firmemente su machete. — Liquidemos a ese hijo de perra.

El nuevo equipo compuesto por humanos y Nephilim se dispone a entrar en el museo por la puerta trasera. Mientras Dean, Jace y Alec la atraviesan, Sam se da cuenta de que Clary e Isabelle se quedan atrás, esta última mostrando pérdida del equilibrio. Agarra entonces el brazo de la debilitada Cazadora de Sombras y la ayuda a levantarse con gentileza.

— ¿Estás bien? — Pregunta con preocupación.

— A lo mejor deberías dejar pasar esta, Izzy, — sugiere Clary.

— Estoy…bien… — Isabelle se levanta con dificultad. — Esto se me pasará enseguida. No hay tiempo que perder.

Una vez que Isabelle recupera el equilibrio, Sam suelta su brazo con la misma delicadeza con la que lo sujetó. El humano y la Nephilim se miran fijamente a los ojos. Los párpados de ambos apenas se mantienen alzados, y sus pupilas se dilatan con cada segundo que pasa. Un extraño e inexplicable sentimiento de curiosidad y ternura los invade. La mirada fija y perpleja de Clary hace vuelvan a la realidad.

— Ehhm, sí, — tartamudea Sam. — Creo que deberíamos…

— Sí, — Isabelle lo interrumpe.

Sam, Clary e Isabelle rápidamente atraviesan la puerta trasera del museo. Los tres entran en una habitación muy oscura, llena de cajas de cartón selladas con nylon y precintas. El resto del equipo se encuentra esperándolos dentro con armas en las manos.

— ¿Dónde estaban? — Pregunta Jace, obteniendo el silencio como respuesta.

— Bien, ya estamos todos, — suspira Alec. — El lugar es enorme, por lo que deberíamos separarnos en dos equipos para cubrir más terreno.

— ¿Crees que sea una buena idea, Robin Hood? — Lo cuestiona Dean. — No sabemos qué hay ahí adentro.

— ¿Qué quieres decir? — Pregunta Clary.

— ¿Es en serio? — Dean se queja. — ¿Reciben una pista de un monstruo, diciendo que otro monstruo planea un golpe en este museo, y no les parece raro? Obviamente Nick quiere ser encontrado, y ya que sabe que le estamos siguiendo el rastro, todo esto puede sólo significar una cosa.

— ¿Que sería? — Alec arregla su pelo.

— Nos puede estar tendiendo una trampa, — concluye Jace.

— Dean tiene razón, Alec, — dice Sam. — En el pent-house se nos escapó fácilmente, aún siendo pillado desprevenido. Esta vez sabe que estamos tras él, y está siendo muy descuidado. Obviamente está planeando algo.

— Activaremos nuestras runas localizadoras entonces, — replica Alec. — Jace cubrirá el ala oeste con ustedes, mientras Clary, Izzy y yo cubrimos el ala este. En caso de emergencia Jace nos avisa a través de las runas. Si no encontramos nada, nos reunimos aquí en treinta minutos. ¿Entendido?

— Está bien, — Suspira Dean con desaprobación. — Hagámoslo a tu manera.

— Movámonos entonces.

Los Nephilim activan diversas runas con sus varitas mientras los Winchesters sacan sus linternas. Dean abre lentamente la puerta en el lado opuesto a la que todos atravesaron para entrar. El cuerpo sin vida de un guardia de seguridad cae al suelo frente a él. Ya empezamos, suspira con desdén.

Frente a todo el equipo yace el cadáver de un hombre de mediana edad, gordo y calvo, de raza afroamericana. Va vestido con un uniforme compuesto por una camisa blanca, pantalones y botas negras, con un cinturón desprovisto de sus artilugios de defensa reglamentarios. Muestra un agujero vacío en su área precordial y un par de órbitas desprovistas de sus globos oculares. Para la extrañeza de todos los presentes, no muestra ninguna mancha de sangre.

— Su corazón ha sido arrancado, — dice Clary.

— Y ha sido completamente drenado, — Sam la interrumpe.

— O nuestro licántropo está aquí, o Nick ha refinado sus gustos, — plantea Dean.

— Procedamos según lo planeado, — dice Alec. — Siento que todavía está aquí dentro.

— Hermano, espero que estés tú solo hoy de guardia, — Dean se dirige al muerto.

Sam y Jace acomodan el cadáver del guardia dentro del almacén y atraviesan la puerta junto con el resto del equipo, adentrándose en lo que parece ser el lobby principal del museo. Las luces del lugar están todas apagadas, dando lugar a una oscuridad que sólo se mitiga con la luz de las linternas de los Winchesters. Apenas pueden distinguir un buró de recepción, unos jarrones de porcelana descansando sobre pequeños bustos de mármol y un cuadro colgado en una de las paredes representando la Batalla de Arsuf durante la Tercera Cruzada.

— Bien, ya conocen el plan, — susurra Alec.

El equipo se divide en los dos grupos antes acordados. Jace se integra al equipo formado por Sam y Dean como uno más. Los tres se adentran en el salón correspondiente a las armas medievales, donde un olor desagradablemente familiar invade las fosas nasales de los Winchesters. Dean cambia su machete mata-vampiros por su espada angelical.

— ¿Sam, lo hueles?

— Azufre, — Sam empuña su arma homóloga. — Hay demonios cerca.

— Yo también los siento, — alega Jace. — Prepárense.

Al entrar al salón de exposición de escudos medievales, los Winchesters y Jace ven a un grupo de cinco hombres fuertes, con sus cabezas casi rapadas y vestidos con trajes de militar de camuflaje digital. Tres de ellos se giran hacia el equipo de cazadores mientras los otros dos desaparecen en la oscuridad, llevándose algo con ellos.

— Winchesters, — dice uno de los militares.

— El jefe estará muy complacido, — dice otro.

Los tres soldados remanentes muestran una negritud en sus ojos bien conocida para los Winchesters. Veo que hay demonios en este juego también, piensa Dean al prepararse para el combate. Jace blande su espada con firmeza.

— Uno para cada uno, — dice irónicamente Dean. — Perfecto.

— No crean, — replica una voz desde su retaguardia.

Los tres cazadores observan a otro grupo de tres militares poseídos acudiendo a la escena. Ya decía yo que esto era muy fácil, se queja silenciosamente Dean. Los demonios se acercan lentamente a sus presas, blandiendo diversos tipos de armas que varían desde porras hasta cuchillos de combate.

— Imagino que tengan experiencia con este tipo de demonios, — suspira tranquilamente Jace.

— Créeme, amigo, — Dean empuña su arma. — Va a ser un placer patearles el trasero.

Lejos de esperar a ser atacados, Sam, Dean y Jace cargan contra los demonios, dando comienzo a una pelea que alcanza los oídos del otro grupo. Clary inmediatamente se gira hacia la dirección de donde provienen los gritos de guerra, choques de armas y destrucción de objetos. Al girarse de nuevo en dirección de su objetivo, ve como Nick aparece delante de ella y la golpea sin darle tiempo a reaccionar, mandándola a volar y rompiendo un antiguo búcaro con su caída. Alec intenta ayudarla, pero es sacado de la habitación por otra criatura. El nuevo atacante agarra una lámpara de pie y la usa para trancar la doble puerta de acceso. Isabelle apenas puede sostener su espada rúnica.

— Parece que tenemos a una enfermita aquí, — sonríe Nick. — No te esfuerces, querida. Podrías empeorar tu condición.

El segundo atacante retira la capucha de su larga toga negra, mostrando el rostro de una joven y bella mujer con un cabello rojo y brillante. Gracias a sus runas, Isabelle puede distinguir la oscuridad de sus ojos y la palidez de su piel, así como el llamativo grosor de sus labios pintados de negro. Nota las largas uñas de sus manos, así como sus largos y puntiagudos incisivos. Licántropo, deduce mientras escucha los gritos y golpes de Alec intentando desesperadamente derribar la puerta. Clary se une a su compañera.

— La famosa Clarissa Fairchild, — sonríe Nick. — Al fin nos conocemos.

Clary dirige la punta de su espada hacia Nick. Los golpes de Alec se hacen cada vez más intensos.

— Qué miedo, — se burla. — ¿Acaso crees que una espada con dibujitos me puede matar?

— Es una Espada Serafina, estúpido, — le responde la licántropo. — Mata a cualquier tipo de monstruo.

— ¿Ah, sí? — Nick sonríe. — Adelante entonces.

Cegada por la ira, Clary cede ante la burla de Nick y carga contra él, lanzándole varios cortes rápidos. La velocidad del vampiro no la deja acertar ni uno.

— Muy lenta...

Nick le pega dos puñetazos en la cara, la agarra por su chaqueta y la lanza contra la pared. Isabelle intenta acudir en su ayuda pero es detenida por la licántropo, pudiendo apenas esquivar los cortes de garra de su contrincante. Los golpes de Alec contra la puerta continúan intensificándose.

— ¿Sabes qué me joroba? — Nick se acerca lentamente a Clary, quien apenas puede levantarse. — Me gasto una importante cantidad de dinero en un regalo para mi ama y señora... ¡Y RESULTA QUE ESTÁ MUERTA!

Nick le pega una fuerte patada a Clary en el vientre, haciéndola soltar su espada. Isabelle pierde los estribos y torpemente forcejea con la licántropo, recibiendo dos puñetazos que la tumban al suelo. El vampiro sigue su discurso.

— Hice mis investigaciones. Las hice. Quería saber cómo había muerto la única persona que había sido buena conmigo, la única mujer que he amado en toda mi miserable vida. Y resulta que tú, Clarissa Fairchild, la involucraste en tu pequeña pelea de familia, y la mandaste hacia su muerte cuando esa maldita espada fue activada.

Clary aún no se puede levantar debido a la fuerza de los golpes. Mira al suelo con vergüenza, recordando a todas las criaturas de la noche que murieron a manos de su propio padre. La imagen de todos aquellos vampiros, hadas y licántropos, quemados bajo la luz cegadora de la Espada de Almas, hace que se le escapen las lágrimas.

— ¡CLARY, NO FUE TU CULPA! — Grita Isabelle con dificultad mientras intenta levantarse. — ¡NO LO ESCUCHES!

— Nick, recuerda nuestra misión, — la licántropo pone su pie encima del cuello de Isabelle. — Nuestro objetivo es llevarnos al Nephilim especial. No lo fastidies...

— ¡Cállate, Beatrice! — Nick se enoja. — Debo hacer esto. Es lo correcto...

Aún sentada en el piso, Clary sigue llorando. Mira a Nick a los ojos mientras éste se prepara para atacarla. No realiza ningún movimiento ofensivo, defensivo o evasivo. No intenta resistirse en absoluto. Isabelle no puede liberarse de Beatrice. La va a matar.

Se escucha entonces el estruendo de una puerta rota, seguido de un disparo cuya bala impacta el hombro de Nick. Enseguida entran Jace y Alec a la habitación y cargan rápidamente contra Beatrice, mandándola a volar y ayudando a Isabelle a levantarse. Sam y Dean se enfrentan al vampiro.

— Métete con alguien de tu tamaño, — lo desafía Dean.

Nick ve los cadáveres de los militares poseídos a través de la apertura de la puerta. Levanta sus cejas y mira fijamente a los Winchesters.

— Veo que los ineptos de afuera fallaron, — muestra una perturbadora sonrisa. — No importa. Puedo acabar con todos ustedes a la vez.

Sin dar paso a más conversación, los Winchesters cargan contra Nick. Intentan repetidamente cortar su cabeza a machetazos, pero la velocidad del vampiro hace que sólo golpeen aire y oscuridad. Es jodidamente rápido, piensa Dean.

Nick se aparece delante de Sam y le da dos fuertes puñetazos en la axila y en el estómago, y luego lo lanza contra una réplica miniaturizada de un ariete. Evita sin dificultades el machetazo a traición de Dean, se pone rápidamente detrás de él y le propicia una fuerte patada en la espalda. Los Winchesters se levantan y vuelven a cargar contra él. El vampiro los vuelve a reducir.

— De verdad no saben en qué se han metido, agentes, — fanfarronea Nick.

Jace aparece súbitamente detrás de Nick y lo agarra por los brazos. El vampiro intenta soltarse, pero la fuerza física del Nephilim parece ser demasiada para él. Dean aprovecha y lo ataca nuevamente.

— A ver a dónde vas a correr ahora, — los ojos de Jace adoptan un color amarillo brillante.

Al ver a Dean acercarse, Nick le lanza una fuerte patada que lo hace caer. Luego forcejea con Jace, llegando a acertarle un cabezazo en la frente y obligando al Nephilim a soltarlo. Jace le propicia entonces un fuerte puñetazo en la cara.

— Mierda, — Nick se tambalea.

El vampiro intenta golpear nuevamente a Jace, pero éste lo evita fácilmente, lo agarra por su abrigo y lo lanza contra uno de los bustos en el salón. El Nephilim blande entonces su Espada Serafina.

— Hora de acabar con esto...

Las runas de la espada de Jace brillan mientras se acercan al pálido gaznate de Nick. El filo se acerca a su nuez. Sabe que no tiene escapatoria. Cierra los ojos. Espera el fin de su oscura existencia. No puede ser, se lamenta. No de esta manera. Se escucha entonces una ráfaga de disparos.

— Pero qué...

Las palabras de Jace apenas pueden salir de su boca. Su chaqueta muestra numerosos agujeros sangrantes en su espalda, haciendo que Alec se horrorice con el panorama. Los Winchesters sacan sus pistolas. Beatrice aparece cerca de Nick y lo ayuda al levantarse, portando un subfusil UZI.

— Cometimos un error, — susurra al oído del vampiro. — No sabía que los Winchesters estuviesen metidos en el juego. Debemos retirarnos por ahora.

— ¡No van a ir ningún lugar! — vocifera Dean.

Sam y Dean intentan dispararle, pero Beatrice es más rápida en abrir fuego con su UZI en todas las direcciones, obligando a todos a tomar cubierta. Una vez que cesan los disparos, todos los cazadores presentes apuntan sus armas hacia la licántropo, pero sólo ven a Jace aún en el suelo, tiroteado, apenas pudiendo ponerse de pie.

— Vamos a ayudarte, amigo, — Alec pasa su varita por las heridas de Jace.

— Malditos mundanos y sus armas, — protesta Jace.

Sam y Dean corren sin rumbo tras Nick y Beatrice, fracasando en su intento de encontrarlos. Al ver a Isabelle levantándose, Sam le acerca su Espada Serafina en un acto de cortesía, recibiendo una leve sonrisa de vuelta. Dean ayuda a Clary a ponerse de pie. Jace mira a los Winchesters con expectativas.

— Desaparecieron, — suspira Sam.

— Jamás había visto a unas criaturas de la noche moverse así de rápido, — alega Isabelle. — Apenas podía seguirlos con la vista.

Comienzan a escucharse las sirenas de policía en las afueras del museo. Los Winchesters y los Cazadores de Sombras se miran. El silencio en sí constituye un claro mensaje. Todos se ponen en marcha.

— Nos vemos en el Instituto, equipo, — plantea Alec.

Los Cazadores de Sombras pasan a través de los policías usando su Glamour mientras los Winchesters escapan por la puerta de atrás. Ambos hermanos alcanzan el Impala sin dificultades.


Instituto de los Cazadores de Sombras, Manhattan, Nueva York, 11:30 P.M.

Sam y Dean entran al lobby principal del Instituto, donde ya los esperan Alec, Jace y Clary. Los tres Cazadores de Sombras se encuentran parados detrás de cuatro de los suyos operando las interfaces holográficas. Los Winchesters se unen a ellos inmediatamente.

— ¿Qué estamos viendo? — Pregunta Dean.

— En el momento en el que agarré a Nick desprevenido, aproveché para pegar un pequeño dispositivo de rastreo a su chaqueta, — explica Jace. — Pensé que sería útil, en caso de que hubiese algún fallo en nuestra misión.

— Ingenioso, — Sam lo elogia. — Dime que lo tenemos.

— El tipo aún está en movimiento, — interviene Alec. — En cuanto se detenga, entramos nosotros. Sólo tenemos que obtener una ubicación.

Sam observa una de las interfaces en la cual se muestra una representación tridimensional del mapa de Nueva York, con un punto morado parpadeante moviéndose rápidamente. El menor de los Winchesters se sorprende al ver que, pese a la velocidad del vampiro observada anteriormente, el programa de rastreo no lo pierde ni un segundo. El punto deja de moverse de repente.

— Muéstrame dónde es eso, — Alec ordena.

— La localización corresponde a un antiguo bar de moteros en Brooklyn, — responde el operario. — Según los registros, el lugar cerró tras una redada que realizó el Departamento de Policía de Nueva York hace meses. No ha sido utilizado desde entonces.

— ¿Hay cámaras de seguridad?

— Accediendo ahora.

Las grabaciones no muestran a Nick o a Beatrice cerca del lugar. Sin embargo, Clary nota dos manchas negras que aparecen en fracciones de segundos en una de ellas. Inmediatamente interviene.

— Congela la imagen.

El operario cumple con la orden de la pelirroja. La imagen de la calle se mantiene vacía.

— Ahora rebobina la grabación cuadro a cuadro, — ordena nuevamente.

Al llegar al sexto cuadro, todos notan la imagen borrosa de dos personas corriendo por el centro de la calle. Los Winchesters y los Cazadores de Sombras las reconocen enseguida.

— Ahí están, — afirma Clary.

— ¿La señal se mantiene en el mismo lugar? — Pregunta Alec.

— Sí, ahí sigue, – responde el operario. — Se mantiene con un ínfimo nivel de movimiento, lo cual significa que las probabilidades de que haya detectado el dispositivo de rastreo son ínfimas.

— Debemos movernos ahora, — dice Alec. — Clary, llama a Simon y a Luke. Explícales todo y dales la dirección del lugar. Yo llamaré a Magnus.

— ¿Alec, crees que sea necesario? — Pregunta Jace.

— La última vez apenas pudimos contenerlos. Esta vez no pueden haber fallos. Hay que acabar con esto ya.

— Clary debe permanecer aquí, — Isabelle entra en el lobby aún con aspecto desmejorado. — Esos monstruos tienen una agenda escondida que seguramente la involucra a ella.

— ¿Qué quieres decir? — Pregunta Alec.

— Estando nosotras encerradas, Nick no hacía más que culpar a Clary por la muerte de su Señora, quién al parecer fue víctima de la Espada de Almas cuando Valentine la activó. Sin embargo, Beatrice lo detuvo cuando la iba a matar, recordándole de que su misión era "llevarse al Nephilim especial".

— ¿Nephilim especial? – Se entromete Jace.

— Estoy segura que se trata de Clary, — replica Isabelle. — Quiero decir, ella tiene habilidades especiales, y debido a su conexión con Ithuriel ha podido usar runas que ninguno de nosotros jamás ha visto. Cualquier plan que tengan seguramente la involucra a ella.

— No me voy a quedar atrás por un supuesto plan de dos monstruos locos, — protesta Clary. — Sé cuidarme sola, y esta vez tenemos nosotros la ventaja de que no nos están esperando. Es el mejor momento para atacar entre todos.

— Clary, no me gustó lo que vi, y mucho menos lo que escuché...

— Izzy, tú me preocupas mucho más, — Clary la abraza. — Tú sigues peleando sin importar lo que pase, y yo no puedo hacer menos. Sencillamente no me puedo quedar quieta sólo porque unos monstruos me amenacen. Voy a ir, y es mi decisión final. No hay vuelta atrás.

— Y nosotros las protegeremos a ambas, cueste lo que cueste — Jace la interrumpe. — Siempre lo hemos hecho, y siempre lo haremos.

— Y no se olviden de nosotros, — refuerza Dean el discurso de Jace. — Somos nuevos en su equipo, pero llevamos buen kilometraje. Todo saldrá bien.

— Pueden contar con nosotros, — dice Sam. — Estamos juntos en esto.

Todos los miembros del equipo, tanto humanos como Nephilim, se miran con confianza y aceptación. Sam se acerca a Alec y a las muchachas, y todos observan con alegría como Jace estrecha la mano de Dean, pese a que ambos mantienen sus caras de seriedad.

— Consideremos la pelea en el pent-house como un empate, – Jace sonríe.

— Está bien, — Dean sonríe de vuelta. — Pero que sepas que pegas como una nena.

— Lo mismo digo.

Tras una risa corta pero intensa, Dean se dirige hacia las puertas de salida del Instituto.

– ¿Bueno, nos vamos o qué?


Bar de moteros abandonado, Brooklyn, Nueva York, 12:30 A.M.

Un inmenso portal se abre en el callejón adyacente al abandonado bar de moteros en Brooklyn. De él emergen todos los miembros del equipo de cazadores, quienes inmediatamente se posicionan en los alrededores del lugar. Dean se muestra contrariado.

— ¿Algo va mal? — Le pregunta Clary.

— Nada, odio la tele-transportación, — refunfuña el cazador. — Además, dejé a mi bebé sola en el Instituto.

— ¿Tu bebé?

— No le hagas caso, — dice Sam. — Concentrémonos en esto.

— El dispositivo aún lo ubica ahí dentro, — afirma Alec. — El patrón de movimiento sigue variando levemente.

— A menos que se lo haya enganchado a algún animal, — bromea Dean.

Mientras reconocen la zona, el equipo detecta una conocida camioneta aparcándose cerca del lugar, de la cuál se apean Garroway y Simon. Delante de la misma se abre un portal del cuál emerge otra persona aún desconocida para los Winchesters.

— Justo a tiempo, — suspira Alec.

Clary discretamente besa a Simon en la boca, provocando la evidente incomodidad de Jace. El hombre recién salido del portal se acerca a Alec. Ambos se miran, se abrazan y se dan un apasionado beso, frente a los ojos atónitos de Sam y Dean. ¿Ellos son...? ¿Él es...?

— Sam, Dean, él es Magnus Bane, — Alec lo presenta.

— ¿Brujo? — Pregunta Dean. — ¿De los que lanzan maldiciones?

— No soy como Rowena, Dean, — responde calmadamente Magnus. — Soy de los buenos, de los que ayudan a la gente.

— ¿Cómo lo...?

— Por favor, Dean Winchester, – Magnus sonríe. – Soy Magnus Bane. Sé muchas cosas.

Los Winchesters le echan una mirada inquisitoria y detallada al hombre pese a la reinante oscuridad. Ven que se trata de un señor apuesto, aparentemente joven, bien pelado y bien afeitado. Sus ojos son achinados y oscuros, y su complexión es la de una persona delgada y esbelta. Viste un caro y elegante traje gris perla.

— ¿Armani? — Le susurra Dean a su hermano.

— Parece aún más caro.

— La brujería paga...

— Bien, ya estamos todos aquí, — Alec interrumpe la conversación de los Winchesters. — Magnus, necesito que eches un vistazo ahí dentro. Dime qué ves.

Sin articular una palabra, Magnus mueve sus manos en una extraña forma, haciendo emerger de ellas una pequeña esfera brillante de color verde que hace que sus ojos adopten el mismo color. Enseguida la envía hacia el interior del edificio.

— Veo a dos individuos discutiendo, un vampiro y una mujer licántropo, — dice el brujo. — El vampiro está inquieto, caminando de un lado para otro. La mujer se muestra calmada.

— ¿Puedes escuchar qué dicen? — Pregunta Dean.

— Esta esfera sólo me permite ver y sentir auras. De hecho, las suyas tienen algo fuera de lo normal.

— ¿Qué quieres decir? — Pregunta Isabelle.

— Las siento demasiado potentes. Es como si en estos momentos, mágicamente, superasen la fuerza que ellos mismos esperasen alcanzar en el apogeo de su vida. No lo entiendo. Es imposible.

— En Español, por favor, — se queja Dean.

— Están excesivamente más fuertes y poderosos de lo que deberían estar.

— Eso explica todo lo que ocurrió en el museo, — dice Isabelle. — los vi demasiado rápidos y fuertes para unas simples Criaturas de la Noche.

— ¿Alguna otra presencia demoniaca? — Pregunta Alec.

— Hasta donde puedo ver, están los dos solos.

La esfera brillante sale del bar y retorna hacia la mano de Magnus, haciendo que sus ojos retornen a su color normal. El brujo se para frente a Alec y lo mira fijamente a los ojos. Luego se dirige al resto del equipo.

— A pesar de lo que dije, no debemos tener ningún problema si entramos todos.

— Dije en el departamento que se realizaría un ejercicio de entrenamiento por estos lugares, para evitar respuesta policial, — dice Garroway. — Podemos operar sin ningún tipo de interferencia.

— ¡Bien, ya escucharon al hombre! — vocifera Alec. — ¡Todos tomen sus posiciones! ¡Vamos a entrar y acabar con esto ya!

Los Cazadores de Sombras sacan sus Espadas Serafinas mientras los Winchesters introducen peines con balas de plata en sus pistolas. Garroway quita el seguro de su arma reglamentaria.

— ¿Con esto sí que puedes, no? — Dean le alcanza su machete a Simon. — Recuerda dirigirte al cuello.

— Sí, — sonríe el vampiro. — Es bueno verlo de nuevo.

— Lo propio, — responde Dean.

Todos se ponen en posición, listos para entrar con armas en mano. Todos se miran a los ojos. Todos confirman su alistamiento. Alec se prepara para dar la orden. La pelea es inminente.

Justo antes de entrar, Isabelle cae al suelo repentinamente, agarrando su hombro izquierdo y retorciéndose del dolor. Su voluntad y compromiso la obligan a hacer lo imposible por no gritar para no alertar a Nick o a Beatrice. Alec se queda paralizado al ver a su hermana en ese estado. Sam la carga en brazos y gentilmente la coloca sobre unos cartones pegados a la pared del lugar. El equipo completo se gira hacia ella.

— ¿Qué le pasa? — Pregunta Garroway.

— Izzy, — Alec deja escapar unas lágrimas.

Sam se levanta y agarra a Alec por los hombros, sacudiéndolo ligeramente para hacerlo volver en sí. El Nephilim mantiene su vista dirigida a su hermana convaleciente y temblando fuertemente sobre los cartones donde permanece acostada.

— Alec, yo sé lo que tiene tu hermana, — Sam lo mira fijamente a los ojos. — Sé cómo lidiar con esto. Ustedes entren ahí y acaben con esos dos de una vez por todas.

— Ella está...

— Lo sé, — afirma Sam. — Yo me encargo de ella. Ya escuchaste a Magnus. Se necesita la fuerza de todos, especialmente la de ustedes Nephilm. Entren ahí y hagan el trabajo. A tu hermana se le pasará esto pronto, y yo estaré a su lado. Enseguida nos reunimos con ustedes.

Alec sacude su cabeza, retoma su compostura y agarra el hombro de Sam, aceptando su recomendación. Sam se sienta en los cartones cerca de Isabelle mientras el equipo vuelve a tomar posición. Todos miran al cazador y a la adolorida Nephilim una última vez antes de romper las puertas y entrar.

Sam permanece sentado al lado de Isabelle mientras escucha gritos, rugidos, tiros, golpes y objetos rotos provenientes de dentro del local. Observa como la intensidad de los temblores de la Nephilim van disminuyendo y poco a poco va soltando su hombro. Pasados unos minutos, ella llega a sentarse y a recostarse en la pared.

— Gracias, — suspira mirando fijamente a Sam.

— No hay problema, — Sam sonríe. — Sé por lo que estás pasando.

— Créeme, no lo sabes bien.

— Oh, sí lo sé, — la rebate Sam. — ¿Cuál es tu veneno?

— Veneno de vampiro.

— Ya...

Isabelle se sorprende al ver que Sam no se conmociona. ¿Qué tipo de cazador es este hombre? ¿Cuántas cosas habrá visto? Sus preguntas se desvanecen lentamente al ver la luz de la luna brillar en el suelo donde ellos están sentados. Sus temblores desaparecen y su dolor en el hombro poco a poco se va calmando. Comienza a pensar con claridad.

— ¿Cuál fue el tuyo? — Pregunta.

— Sangre de demonio, — Sam sonríe antes de responder. — Sin embargo, ya no la ansío.

— ¿Cómo lo superaste? ¿Cómo pudiste atravesar este proceso por el que estoy pasando ahora, siendo un simple humano?

— Honestamente, no lo sé, — suspira Sam. — Mi adicción fue una de las cosas que permitió que Lucifer caminara por la Tierra y, cuando fue liberado, sencillamente mi cuerpo decidió luchar por no beber más sangre de demonio. Hubo momentos difíciles, sí, y tuve recaídas por razones que escaparon a mi control. Pero cada vez que yo quería beber, y tenía la posibilidad de hacerlo, recordaba todas las desgracias que había causado debido a eso. De alguna forma eso me frenaba.

— ¿Lucifer? — Se sorprende Isabelle. — ¿Te refieres al Diablo?

— Sí...

— No fueron simples desgracias, entonces, — a Isabelle se le escapa una leve carcajada.

— No, no lo fueron, — sonríe Sam. — Pero creo que quienes más me ayudaron fueron las personas cercanas a mí. Si no hubiese sido por ellos, no sé en qué me hubiese convertido hoy en día.

— Es todo tan, tan difícil...

— Tú también tienes personas que se preocupan por ti, que te quieren. Tienes a tu hermano, a Clary, a Jace, y creo que Dean y yo nos montamos en ese barco también. Sé que es difícil, pero sé que lo puedes superar.

— ¿En serio lo crees? —Isabelle mira a Sam a los ojos.

— En estos días que te he conocido, he podido apreciar que eres fuerte, inteligente, determinada. Lo tienes todo para superar esto...

Sin darse cuenta, las caras de Isabelle y Sam se han ido acercando poco a poco durante la conversación. Ambos se miran a los ojos. Sólo milímetros separan las puntas de sus narices. Sus párpados van cediendo. Sus labios se van acercando.

Suena repentinamente el móvil de Sam. Ambos se separan. La incomodidad reinante se siente a millas de distancia. El contacto llamante se identifica en la pantalla como Mick Davies.

— Dime Mick, — suspira Sam.

— Llamo para transmitirte una importante información, — dice Mick, haciendo que Sam active el altavoz. — La palabra que mandaron a traducir no es un término. Es un nombre. Chamsael.

— ¿Y qué pudieron encontrar al respecto? — Pregunta Sam, notando como Isabelle comienza a prestar atención.

— Según lo que encontramos, Chamsael fue creado por Lucifer justo después de haber creado a los Príncipes del Infierno, y lo mantuvo en secreto inclusive durante la incursión demoníaca. Las referencias dicen que este demonio era el encargado de mantener a raya a cualquiera de su especie que intentara revelarse, incluyendo a los Príncipes. Hay referencias que dicen que su esencia demoniaca contiene rastros de la gracia de su creador.

— ¿Otro Príncipe del Infierno entonces?

— Más bien el Archiduque del Infierno.

— Mierda.

— Estamos hablando de un nivel de po... simi...Diablo...

— Mick... ¡MICK!

Sam nota como su celular y los faroles cercanos comienzan a apagarse. Se instala un insoportable olor a azufre en el ambiente. Las alarmas de los autos aparcados comienzan a sonar como locas una detrás de la otra. Observa como Isabelle comienza a temblar nuevamente.

— Entremos, rápido, — Sam la ayuda a levantarse. — Hay que avisarles.

Sam e Isabelle corren hacia el bar abandonado y entran con fuerza por la puerta principal. Ven al equipo completo rodeando a unos ya esposados Nick y Beatrice. Ninguno está herido. Ni siquiera parecen cansados.

— Dean, debemos irnos de aquí rápido, — Jadea Sam.

— Wow, más lento, amigo...

— No, no lo entiendes, — Sam retoma su aliento. — Nick invocó a un demonio extremadamente poderoso, más poderoso que un Príncipe del Infierno, y viene hacia aquí. No tenemos con qué hacerle frente.

— ¿Qué demonio? — pregunta Alec, agarrando a Nick por su abrigo. — ¿De qué está hablando?

Nick mira hacia todos los lados, sonriendo sardónicamente y soltando varias carcajadas desagradables. Sus penetrantes ojos grises captan la atención de todos.

— Su amigo gigante dice que están todos jodidos, — afirma entre risas. — Él ya está aquí...y les va a patear sus lindos traseros...

El equipo de cazadores y criaturas de la noche miran con aprehensión como todas las puertas del lugar se cierran, las bombillas empiezan a explotar una a una y los cinco taburetes de la barra empiezan a volar hacia todos los lados, uno de ellos casi impactando a Simon. Chispas azules brotan de cada enchufe hasta que todo se apaga completamente por unos segundos. Al volver la luz, la vieja jukebox del lugar comienza a reproducir repentinamente la canción Paint it Black, de los Rolling Stones.

— Hola...

Los Winchesters se giran hacia la profunda y fuerte voz que los saluda. Se encuentran frente a un hombre parado en el centro del bar, de casi dos metros de altura, cuya edad aparenta rondar los cincuenta años. Su pelo es extremadamente rubio, recortado a lo militar y muy brillante, pese a la poca iluminación del lugar. El traje de camuflaje digital que lleva puesto falla en esconder su increíble y desarrollada musculatura, la cual le confiere un aspecto extremadamente intimidante. Sus irises adoptan un color amarillo, contrastado por la tonalidad violeta de sus globos oculares. Ahí está, piensa Sam. Ese debe ser Chamsael.

Con un pequeño gesto de su mano, el demonio manda a volar a Garroway y a Simon. Jace y Alec cargan contra él blandiendo sus Espadas Serafinas y, tras golpear sólo aire, sienten como las dos manos del demonio agarran sus nucas, estampando sus caras violentamente contra el suelo.

— ¿Quién es el próximo?

Sam y Dean comienzan a dispararle mientras Clary e Isabelle cargan contra él. Chamsael las manda a volar a ambas con un leve gesto de su mano. Luego se teletransporta, aparece cerca de Sam y Dean y los reduce de un puñetazo.

— Los humanos y sus estúpidas armas, — suspira.

Chamsael camina hacia Nick y Beatrice, quienes aún se encuentran esposados y sentados en el suelo. Antes de que pueda llegar a ellos, Magnus se interpone moviendo sus manos y diciendo unas extrañas palabras. El demonio no lo detiene.

— No me decepciones, niño, — le dice al hechicero.

Tras terminar su conjuro, Magnus hace brotar de sus brazos un potente rayo de electricidad rodeado de una lengua de fuego abrasador que golpea de lleno a Chamsael. Para el terror y la desesperación del brujo, el Archiduque del Infierno permanece en perfecto estado. Ni siquiera su ropa se ve afectada.

— Mi turno ahora...

De un chasquido de sus dedos, Chamsael hace caer un rayo de electricidad sobre Magnus que quema su ropa, lo hace convulsionar y luego lo desmaya. Alec se horroriza.

— ¡MAGNUUUUUS!

— Así es como se hace...

Chamsael abre las esposas de Beatrice y Nick con un leve movimiento de sus dedos. Los dos se levantan con leves dificultades e intentan rematar al ya abatido equipo de cazadores. El demonio los paraliza a ambos.

— Olvídense de estos gusanos, — ordena con firmeza. — Llevémonos a la Nephilim y vayámonos de aquí.

Aún sin poderse parar, Clary e Isabelle ven como Chamsael se les acerca. Ambas blanden sus Espadas Serafinas y las apuntan hacia él. El demonio se las arrebata de las manos mediante telekinesis y, usando el mismo método, hace levitar a Clary hacia su mano. La Nephilim pelirroja no se puede liberar de su agarre.

— ¡¿Qué...qué quieres de mí?!

— ¿De ti? — Sonríe Chamsael antes de volver a lanzarla contra la pared. — De ti no quiero nada.

Chamsael atrae a Isabelle hacia su mano de la misma forma que atrajo a Clary. Nick y Beatrice se paran al lado de su siniestro amo. La Nephilim mira al demonio a los ojos desafiantemente.

— Te equivocas, — sonríe Isabelle. — Yo no tengo nada de especial.

— ¿Ah, no? — Chamsael se regocija. — Perdiste tu virginidad tempranamente, has compartido cama con mis hijos y hasta parte de su veneno corre por tus venas. Para mí eres bastante especial.

El equipo de cazadores intenta moverse, pero la potencia de los golpes propinados por Chamsael se los impide. Alec observa con impotencia como su hermana es raptada por el trío de monstruos. Isabelle, no...

— ¡Disfruten lo que les queda de vida, gusanos! – vocifera Chamsael antes de tele transportarse junto con Isabelle y sus secuaces.