Capítulo 15: "La Dolorosa Verdad"
Realmente esa noche había sido un desastre. Para olvidar. Luego de la conversación con Kagome y su rechazo, se había quedado un par de minutos en el oscuro pasillo sin poder reaccionar bien. Su mente inquieta conjeturaba mil ideas aunque ninguna lo conformó del todo. La conjetura más segura que tenía era que ella tenía a otro... y que lo más probable era el maldito y desgraciado de Kouga... porque ¿quién más? Si él siempre solía acompañarla. Seguro ella había desmentido que eran novios para... quien sabe... pero aquello tampoco lo convencía demasiado... si ellos eran novios podría haber una muestra de amor pero por lo que él había observado su camarada demostraba más respeto y admiración que otra cosa. Se encaminó finalmente al salón adoptando la seguridad y también el orgullo que lo caracterizaba. Aunque sentía el corazón destrozado y sólo deseaba llegar a su casa y emborracharse, si era preciso. Ayame salió a su encuentro rápidamente, su rostro estaba preocupado y algo asustado.
-Inuyasha ¡¿qué sucedió?- Preguntó al verlo tan serio que daba miedo.
Él pareció no escucharla, en realidad no lo hacía, tenía su vista concentrada en la gente, buscándola. Las cosas no podían quedar así, se negaba a aceptarlo, había tanto que aclarar, necesitaba saber la verdad, la verdad de qué diablos estaba ocultando.
-Si buscas a Kagome ellos ya se fueron...- Musitó Ayame. De inmediato el par de ojos dorados se clavo en rostro con dureza.
-¿Cómo que se fue? Apenas esto comienza...
-Estaban algo... apurados... parece que ellos iban a tener algo en su mansión... al menos eso escuché... – Volvió a mirarlo de reojo, ella se entristeció por el rostro que lucía-... supongo... que no te fue muy bien...
-La quiero pero... ella dice que no siente nada por mi... – Musitó en un hilo de voz. La chica la observó y suspiró, por un momento pareció meditar sus palabras. ¿Se le había declarado?... ¿Y Kagome lo había rechazado? Levantó una ceja sin entender.
-Es raro... – Inuyasha la miró enseguida con un atisbo de esperanza en su corazón-... a pesar de que últimamente estaba muy cambiada, triste, desesperada... cuando tú apareciste... diría... - Lo miró a los ojos-... diría que no le eras indiferente.
Él sonrió con amargura haciendo una mueca.
-Sí claro, esta noche me lo ha dejado muy en claro.- Murmuró con ironía.
-Kagome nunca ha tenido un novio ¿sabes?- Inuyasha levantó una ceja ¿cómo que nunca había tenido un novio? Con lo bella, talentosa que era ¿qué muchacho no iba cortejarla? La pelirroja pareció leer sus pensamientos.- Es que nunca se le ha permitido... te dije que sus padres la protegen... el que tú la hayas conocido fue un milagro... supongo que eres el primero en cortejarla... – Rió pero al ver lo serio y triste que aun estaba se calló de inmediato-... lo siento... pero lo que intento decir es que... no pienses que no te corresponde... tal vez Kagome no sabe qué es el amor... – Volvió a sonreír-... suena cursi pero... me pongo en su lugar... el amor es confuso... sobre todo en alguien que nunca lo ha experimentado ¿no crees?
Suspiró pesadamente. Maldición... ahora con lo que Ayame decía... tal vez un momento antes había pensado que había que dejar las cosas hasta este punto ¿no? Porque había insistido, suplicado, había intentado entender y nada había resultado. Y le había encontrado la razón a Miroku: Había que aceptar que no se podía ser irresistible a todas las mujeres. Sonrió con amargura. Si lo que esa chica decía era cierto... si eso fuera posible entonces... entonces aun le quedaba una mínima esperanza ¿no? Del dolor de su pecho sintió un suave calor que lo reconfortó en parte, como si hubiera renacido después de la ardua batalla. Sin embargo reprimió un poco la esperanza que poco a poco iba naciendo en él, para no seguir desilusionándose, bastante le dolía el corazón, como para dejarse engañar por una falsa esperanza.
La Academia estaba casi solitaria pero no le importó demasiado. Estar en su departamento, mirando casi hipnotizado el árbol de Navidad era una horrible tortura que no podía soportar. Aspiraba el aire de la sala de estar y sólo podía recordarla a ella, acompañándolo en la decoración del árbol, sentada en su sillón favorito, observando al gatito que le había regalado. No, no podía estar ahí y torturándose de esa forma. Se mordió fuertemente el labio inferior reteniendo el aliento. Necesitaba encontrar una salida... la vida de pronto le parecía ya sin sentido, absurda.
-¿Soldado Taisho?
El joven volteó de inmediato impresionado. Reconoció enseguida aquella voz que conocía desde casi la infancia. Cuando lo vio no se equivocó, aquel hombre estaba ahí, de pie, vestido de uniforme azul muy oscuro y con más condecoraciones de las que él recordaba. Se acercó intentando esbozar una sonrisa y entonces le dio la mano.
-Coronel... qué sorpresa...- Murmuró. El hombre sonrió y apuntó a su brazo izquierdo de la chaqueta, donde aparecía una línea más de la que antes tenía. Inuyasha levantó ambas cejas impresionando, comprendiendo de qué trataba, abrió sus inmensos ojos dorados y los posó en él- Lo... ¿lo ascendieron?
-Jajaja... llámeme "Mayor"- Respondió con voz ronca y estremecedora. Inuyasha tragó con fuerza. Aquel hombre prometía llegar a "General" muy pronto, cuando eso sucediera, sería una de las personas más poderosas del país. Era ambicioso, seguro de sí mismo y todo lo que se proponía lo lograba, así quería ser él también, por eso era el mejor de la Academia, deseaba seguir sus pasos y entonces sonrió.
-Vaya... qué sorpresa... muchas felicidades- Le dio la mano nuevamente y el otro la apretó con fuerza. Al chico de ojos dorados le impresionaba la inusitada alegría de su "Mayor".- Me alegra verlo tan bien...
-Ahhh es que son cosas muy buenas muchacho...- Respondió observándolo con curiosidad desde su altura, luego frunció el ceño.- ¿Le ha pasado algo? Luce triste... creo que tienes hasta ojeras jajaja ¿mal de amores?
Palideció y la media sonrisa despareció de inmediato de sus labios, sintiendo el gusto amargo en la garganta y la punzada en el corazón. El hombre lo comprendió y sólo pudo mirarlo con algo de pena y darle palmaditas en el hombro a modo de reconfortarlo.
-De todas formas... – Murmuró el joven piloto encogiéndose de hombros.-... no es nada...- Mintió. El hombre levantó ambas cejas. Sinceramente era la primera vez que lo veía tan desilusionado y falta de ánimos.
-Bueno Teniente... no sé qué decirle... – Dijo con algo de incomodad, luego intentó sonreír-... pero aprovecho que lo veo para invitarlo esta noche a mi residencia... es una pequeña recepción que haré para celebrar mi nuevo grado... y otra cosa... así olvida las penas de amor...
Inuyasha rió. Conocía las "pequeñas recepciones" de ese hombre. Eran elegantes, divertidas, con las mujeres más guapas de la sociedad. No le extrañaba, siendo viudo se entretenía en aquellas libertades sin tener que rendirle cuentas a nadie. Además, era bien cotizado, aquel hombre vivía holgadamente pues aparte de estar en la Aviación tenía varias empresas que sustentaban su holgada vida. Bien, asintió porque recordaba que en aquellas veladas las penas realmente se olvidaban. No era que había asistido a muchas, sólo en dos ocasiones. Qué más daba... a ver si esta vez podía sacar sólo por un instante, la imagen de Kagome.
Ubicada en las colinas de Roppongi, muy cerca del Palacio Imperial, la inmensa y fastuosa mansión del nuevo "Mayor" se erguía ahí con ostentosidad y a la vez imponencia. Inuyasha bajó de la motocicleta vistiendo su inconfundible chaqueta de cuero negro, camisa blanca y pantalones de tela, bien poco para un clima tan frío pero no le había importado tanto al salir de su departamento. Ya habían algunos finos automóviles estacionados en el amplio jardín y también una que otra limusina y desde donde estaba, el joven piloto podía escuchar la suave música y las conversaciones de las personas entretenidas sin lugar a dudas en la "velada". Suspiró pesadamente y se acomodó la chaqueta, el viento helado le golpeó el rostro y se encogió más en ella, sin poder evitarlo deseó haberse abrigado más, y de pronto recordó la bufanda que ella misma le había regalado. Se detuvo sintiendo un nudo en la garganta y otra punzada en el corazón. A veces sentía hasta deseos de golpear nuevamente una pared pero miró su mano y aun tenía sus nudillos heridos debido al arrebato en aquel catastrófico Baile de Presentación. Miró la mansión nuevamente, tal vez no era buena idea asistir a un baile, pero bien, ya estaba aquí y si su superior celebraba su nuevo rango ¿qué más podía hacer sino acompañarlo en su obvia felicidad?
Lo recibió un estirado mayordomo y de inmediato se dio cuenta que la "pequeña recepción" era más que nada una "velada de lo más formal". Lo notó porque vio a varios superiores suyos con sus trajes de gala, las mujeres con vestidos de noche y otros hombres de estirado y odiados esmoquin. Hizo una mueca al quitarse la chaqueta, debió haber preguntado primero antes de venir, pero qué más daba. El "Mayor" lo divisó justo cuando entraba al gran salón, entonces dejó a dos de sus acompañantes y se dirigió hasta él para saludarlo. No se molestó ni se sorprendió al verlo vestido tan informalmente, bueno, de todas formas no era su culpa, pensó Inuyasha.
-Sólo estaré un rato, señor...- Murmuró recibiendo una copa de champaña que él le ofrecía. El hombre posó su mano grande y pesada en su hombro, negando con la cabeza.
-Ahhh, muchacho, no antes de que de una noticia...
-¿Noticia?- Repitió levantando una ceja. Lo vio sonreír ¿por qué cada vez que sonreía le parecía que no era una sonrisa sincera, sino más bien... siniestra?
-Ya lo sabrás...- Murmuró con un tono tan bajo que le provocó un extraño escalofrío. El hombre se alejó e Inuyasha lo observó un instante sintiéndose inusitadamente intranquilo. Bebió de un sorbo la copa y caminó con pasos lentos por la estancia, salió al balcón en el instante en que comenzaba a nevar. Ni siquiera sintió los copos de nieve caer sobre él, enredándose en su negro cabello, tenía los ojos fijos en las cúpulas del Palacio Imperial que eran visibles desde ahí, recordando otra vez lo sucedido. Sí, la verdad luchaba contra lo que debía o no hacer. Su orgullo y frustración le decían que olvidara el asunto, que buscara otra y terminara con la obsesión que lo estaba matando, sin embargo su terquedad y el mínimo de esperanza que se había hecho, sobre todo luego de las palabras de Ayame... la verdad verdad... tal vez lo que necesitaba era tiempo para pensar bien las cosas... y bueno, de todas formas... también, a menos que hubiera un milagro, no la vería...
Recostó la espalda en la baranda del balcón en donde sus ojos se concentraron en las personas que estaban allá adentro del salón. Algunos los conocía, obviamente a sus superiores, habían otros hombres, los de esmoquin, que le parecieron relativamente conocidos, tal vez eran políticos o empresarios. De pronto apretó la copa de cristal más en su mano al ver a Kouga, entre ellos. Maldito estúpido, no pudo evitar mirarlo con rencor. Volteó intentando calmarse y quitando la idea que desde siempre y ahora más que nunca, se posaba en su cerebro: Kouga Koizumi era el novio de Kagome, eso era más que obvio. Tal vez era algo concertado por sus padres y por eso ella insistía en que él no era su novio pero la innegable verdad era que sí lo era. Deseaba matarlo. Respiró profundamente y sus pulmones se llenaron del aire frío del hielo. No, aunque quisiera evitarlo, no podía estar ahí como si no pasara nada, con ese maldito que le quitaba a la única mujer que había amado... e irónicamente, la única que se había escapado. Bebió de un sorbo lo que le quedaba de champaña y luego entró a paso firme al salón. Dejó la copa sobre la mesa y caminó donde el "Mayor", este al verlo dejó de conversar con sus invitados y lo miró intrigado.
-Señor... lo lamento pero... debo retirarme...
-Oh, pero muchacho... apenas llegaste... – Le dijo sorprendido posando otra vez aquella mano pesada, que a veces parecía más una garra, sobre su hombro. Sonrió intentando no sentirse mal por dejarlo tan pronto.
-Bueno si... es que... – Pensó rápido en una mentira ¿tengo que alimentar a mi pez dorado? No, no tenía pez... ¿el perro de la vecina? Eso sería una excusa tonta-... debo...
El "Mayor" que lo miraba con atención de pronto dirigió sus ojos hacia la entrada del salón esbozando una amplia sonrisa y soltándolo de inmediato. Inuyasha siguió con su vista confundido hacia donde el hombre se dirigía y de pronto su corazón dio un vuelco al divisar a tres personas que él ya conocía. Retuvo el aliento al verla ahí, en medio de sus padres, sintió el brinco abrupto de su corazón cuando ella lo miró. Tragó con fuerza y la observó con minuciosidad. Kagome lo miró sorprendida y sus labios se entreabrieron¿era su impresión o había comenzado a temblar? Inuyasha comenzó a respirar más fuertemente. Kami sama le estaba dando una oportunidad de oro al traerla aquí. Sonrió como si de pronto el sol hubiera salido entre las más negras nubes de invierno y sintió su pecho regocijarse. Claro, ella estaba ahí porque recordó que su padre era amigo de su "Mayor". Claro, bien, qué oportunidad tenía ahora. Tragó con fuerza y nervioso, ella no iba a escapar esta vez, no, esta vez estaba seguro. La sonrisa que tenía en el rostro desapareció cuando su "Mayor" saludó a Kagome besándole la mano, carraspeó evitando sentir el malestar que de pronto había experimentado y tomó nuevamente otra copa de champaña mientras los veía acercarse todos juntos, al centro de la habitación. ¿El Mayor iba a comunicar algo?
-Señores, su atención por favor...
Posó sus ojos de halcón en la chica, que evitó mirarlo. Lucía hermosa en aquel vestido de diseñador, negro y de escote recatado que le llegaba hasta un poco más abajo de las rodillas, pero mucho más elegante y seductor que el que había usado en la fiesta de graduación de la Academia. Ella llevaba el cabello suelto y bien cepillado. Cuando sus ojos observaron su rostro notó que bajo la extraña palidez, tal vez del frío, sus mejillas estaban muy rojas así como también parte de su frente, que tenía los labios rojos y húmedos y sus bellos ojos castaños entrecerrados y más tristes que nunca. En ese momento Inuyasha frunció el seño de incomodad, hasta el flequillo de su frente parecía estar pegado en su piel, como si fuera... ¿fiebre?... y mirándola ahora con extrañeza... ¿acaso estaba enferma porque también parecía cohibida y temblaba demasiado? El corazón le dolió de pronto.
-Es un placer comunicar a todos mis amigos presentes que... – Tomó nuevamente la mano de Kagome y ella lo miró aterrada-... la señorita Higurashi y yo nos hemos comprometido... muy pronto sabrán la fecha de la boda.
La copa resbaló de sus dedos y todos miraron a Inuyasha. Kagome tragó con fuerza y en ese momento se desmayó.
Continuará...
N/A: Gracias por leer y por sus comentarios, gracias por sus saludos y deseos de Año Nuevo, ya saben que les deseo lo mismo.
Bueno amigas, si me demoro más de lo usual en actualizar es porque tengo muchas cosas que hacer, yo no tengo vacaciones como uds. jaja.
Nos vemos pronto y besos, gracias por leer.
Lady Sakura Lee.-
