CAPÍTULO 5 – LA ALABARDA DE RAZIEL
Las pisadas de Chamsael resuenan mientras camina lentamente hacia las puertas del Instituto. Sus ojos amarillos se mantienen enfocados en la entrada.
— ¡No pasarás! — Alec se interpone blandiendo su Espada Serafina.
Un pequeño gesto de la mano de Chamsael manda al líder Nephilim a volar. Sin dejar de avanzar, el demonio mueve su otra mano y atrae a Magnus hacia él mediante telekinesis, agarrándolo por el cuello una vez en sus manos. El brujo lo golpea, lo patea e intenta zafarse de su agarre.
— ¿Sabes una cosa, niño? — Chamsael mira a Magnus fijamente a los ojos. — Tus hechizos se están convirtiendo en una molestia...
Las cejas de Alec alcanzan el cielo al ver como el demonio aprieta el cuello de Magnus Bane hasta que sus vértebras craquean. Enseguida los brazos del brujo cuelgan. Sus ojos se tornan completamente blancos y vacíos. Su cabeza cae.
— ¡MAGNUS, NO! — Alec se levanta y carga contra el demonio.
Chamsael vuelve a usar su telekinesis contra el Nephilim, lanzándolo al mismo lugar de antes. Una vez abre su mano, el cuerpo inerte de Magnus Bane cae, produciendo un sonido retumbante al tocar el suelo. Nick y Beatrice se unen al demonio agarrando a una esposada Isabelle cada uno por un brazo.
— Hora de continuar con el plan.
Chamsael se para frente al enorme portón, lo mira, echa un vistazo hacia las paredes de los lados y luego sonríe. La tierra comienza a temblar mientras de ellas emana una pequeña y brillante energía dorada que engloba la puerta en su totalidad. Segundos después, toda la luz se transforma en llamas azules que convierten instantáneamente la madera en cenizas. Desde fuera se puede ver parte del interior del Instituto con una importante aglomeración de Cazadores de Sombras. El demonio los manda a volar a todos con su telekinesis.
— Fuera de mi camino, — sonríe.
Al ver a Chamsael adentrarse en el Instituto, Clary, Jace, y Castiel se levantan y cargan contra Chamsael, siendo violentamente proyectados hacia atrás al acercarse al vacío marco del recién quemado portón por una fuerza invisible.
— Hoy no se cuelan bichos, — Chamsael les enseña la palma de su mano.
— Maldito, — Alec intenta levantarse.
Chamsael cierra su puño, tras lo cual inmediatamente aparece una pared rojiza que cubre el marco, reemplazando el recientemente quemado portón. El resto del equipo se incorpora poco a poco mientras Alec camina hacia el inerte cuerpo de Magnus, arrodillándose cerca de él una vez lo alcanza.
— ¿Qué ocurrió? — Alec deja caer unas lágrimas. — ¡¿PORQUÉ NO FUNCIONÓ LA MALDITA PISTOLA?!
— Alec...
— ¡NO...! — Alec interrumpe a Sam con manifiesto enojo. — No lo quiero escuchar...
El líder de los Cazadores de Sombras se levanta lentamente y dirige su vista hacia Magnus. Ve a Castiel arrodillado cerca del cuerpo inerte del brujo, intentando encontrar signos de vida. Emite un solapado sollozo al ver al ángel mirar a Clary y negar con su cabeza. Todos lo observan silenciosamente. Todos muestran la misma expresión de vista caída, cabeza baja y labios apretados.
— Bien, — Alec dice con voz entrecortada. — Estamos peor que si estuviéramos en la casilla uno.
— ¿Cómo detenemos a Chamsael ahora? — Pregunta Jace.
— ¿Sam, Dean? — Clary gira su vista hacia los silenciosos y cabizbajos hermanos. — Debe haber algo que...
— No, no tenemos nada, — alega Dean. — Si esa pistola no ha funcionado, no sé qué otra cosa podría...
— No me vengas con esas, — Alec agarra abruptamente a Dean por su chaqueta. — ¡Magnus se sacrificó intentando detener a ese demonio! ¡TODOS LO HEMOS HECHO! Así que no me digas que van a tirar la toalla...
Jace, Clary y Sam a duras penas separan Alec del cazador. Dean arregla su chaqueta, se le acerca y lo mira fijamente a los ojos. Su gesto le es devuelto.
— Lo que quiero decir es que nosotros, Sam y yo, no tenemos nada, pero a lo mejor ustedes sí. Algún arma secreta, algún hechizo, algo que pueda ayudar...
— No... — Alec titubea. — No se me ocurre nada...
— A mí sí, — Alega Castiel. — Aunque pienso que no les va a gustar.
— Cualquier cosa nos viene bien en estos momentos, así que dinos, — plantea Jace.
— Podemos detonar el reactor del Instituto. Hacer que explote, como una fusión nuclear.
— Con todo el respeto que usted se merece, Castiel, — Alec camina lentamente hacia el ángel. — ¡¿ACASO ESTÁ LOCO?! ¡PODRÍA VOLAR LA CIUDAD ENTERA! ¡Millones y millones de personas...!
— Es mejor que toda la humanidad, y el Cielo...
— Ni pensarlo, — Alec se planta. — No voy a permitir que...
Sin prestarle atención a Alec, Castiel se acerca a la estructura bloqueando la entrada al Instituto. El ángel constata que está hecha de carne, huesos y baba, las cuáles adoptan la forma de un espiral con un oscuro hoyo en el centro. Al intentar tocarla, es forzado a retirar rápidamente su mano al ver que pinchos huesudos emanan de ella.
— He visto esto antes, — alega Castiel. — Cuando fuimos a rescatar a Dean del Infierno, Lilith erigió una estructura parecida para detener nuestra avanzada. Se necesitó la fuerza de un arcángel para derribarla.
— Perfecto, — protesta Dean. — Gabriel y Raphael están muertos. Lucifer está de nuevo en el trullo y Michael no está en sus cabales. ¿Alguna otra idea?
— ¿Qué tal Raziel? — Pregunta Sam. — ¿No podríamos invocarle?
— Sólo las más altas autoridades del Clave saben el secreto para invocar al ángel Raziel, — responde Alec. — Lo llamarían solamente en caso de una situación insostenible.
— ¿Y qué le llamas a esto? — Se contraría Dean.
— Aunque fuéramos a hablar con ellos, antes deberíamos pedir audiencia, establecer nuestro caso, viajar a Idris...
Dean engurruña su frente y arquea una ceja mientras mira fijamente al Nephilim. Luego gira su vista hacia su hermano, quién se encoge de hombros. Alec interrumpe entonces su originalmente larga explicación.
— Es tiempo que no tenemos, — capitula.
— ¿Cómo lo hacemos entonces?
La pregunta de Sam es seguida por un carraspeo proveniente detrás de él, seguido por una voz conocida para ambos hermanos.
— Hola, muchachos.
Los miembros del equipo de Cazadores de Sombras ven a un hombre de mediana edad, ligeramente gordo, barbudo y de tez blanca. Viste un elegante y limpio traje negro, contribuyendo a la seriedad y seguridad que transmite su basal expresión facial. Notan el extenso suspiro de Sam y Dean antes de dirigir su vista hacia él.
— Crowley, — Dean aparta la vista hacia el cielo. — ¿Qué demonios haces aquí?
— Es bueno verte a ti también, Dean, — el hombre suspira y saluda a Sam de lejos. — Alce...
— ¿Cómo te atreves a mostrar tu rostro por aquí? — Jace empuña su Espada Serafina. — Debería acabarte aquí y ahora.
Con un rápido chasquido de sus dedos, Crowley hace que Jace deje caer su arma al suelo. El resto de los Cazadores de Sombras ahí presentes empuñan sus espadas y lo encaran. Castiel los detiene.
— Qué bien, — Crowley guarda sus manos en los bolsillos de su oscuro abrigo. — Plumitas está aquí también.
— ¿Qué quieres, Crowley? — Pregunta firmemente Castiel.
— Quiero ayudar.
— Encuentro eso muy difícil de creer, — interviene Sam.
— Chamsael está a punto de hacer una cosa muy, muy mala, — Crowley eleva ligeramente su tono de voz. — Afecta enormemente mis intereses.
— ¿De qué hablas?
— Imaginaos mi aburrimiento en un mundo sumido en la total oscuridad, sin almas para hacer tratos. Me podría suicidar en el momento en el que ese loco active el dichoso escudo.
— Sabía que no era por la pura bondad de tu corazón, — refunfuña Dean.
— Me conocéis demasiado bien.
— Esto es demasiado, — protesta Alec. — ¡¿Qué hacen hablando con este maldito demonio?! ¡¿Acaso se conocen?!
— Este demonio, jovencito, es el actual rey del Infierno, y el único aquí capaz de derribar esa pared de carne, — replica Crowley. — Alce y Ardillita lo saben.
— ¿Alce y ard...? — Pregunta inquisitivamente Jace. — ¿Ustedes conocen a Crowley?
— Sí, — Dean lo encara. — Por lo que veo, ustedes también.
— Jace, — Clary se acerca al Nephilim rubio. — ¿Quién es él? ¿Por qué tanta hostilidad?
— Crowley es un demonio de encrucijada, — responde Jace. — El Instituto ha tenido que limpiar muchos de sus desastres aquí en Nueva York. Tratos demoniacos, posesiones, rituales blasfemos, todo lo que te puedas imaginar. No hay actividad demoniaca que no haya pasado por sus sucias y corruptas manos.
— No puedo creer que alguien así esté en su lista de amigos, Castiel, — dice Alec. — Me decepciona.
— Mi relación con los Winchesters y Plumitas va más allá que eso, — Crowley mira desafiantemente a los Cazadores de Sombras. — Hemos peleado, trabajado en equipo, detenido eventos apocalípticos. ¡Demonios, Dean y yo inclusive nos hemos ido de fiesta!
Sam, Dean y Castiel suspiran simultáneamente. Los Cazadores de Sombras muestran enajenación y dudas en sus rostros, mientras Luke y Simon mantienen sus ojos fijados en Crowley. El demonio ignora el panorama y camina hacia la carnosa estructura que cierra las puertas del Instituto, mirándola de arriba a abajo una vez cerca de ella.
— ¿Puedes derribarla? — Pregunta Sam.
— Oh, sí, — responde Crowley. — Tengo el mojo para hacerlo. Pero tenemos dos problemas.
— ¿Cuáles serían? — Se impacienta Castiel.
— Uno: los ingredientes, — Crowley le lanza un pergamino enrollado a Dean. — Dos: vuestro plan.
— ¿Qué significa eso? — Pregunta Garroway, contrariado.
— ¿Qué haréis una vez que esa pared caiga y encaren a Chamsael? Por lo que he visto, ni la Colt pudo contra él.
— ¿Ah, pero estabas aquí? — Dean lo regaña. "¿Por qué no ayudaste?"
— Aún estoy escuchando su plan," Crowley ignora las protestas del cazador.
— Cass tiene un plan, — dice Dean.
— Ya dijimos que eso estaba fuera de la mesa, — interviene Alec. — Volar Nueva York no puede ser una solución.
— ¿Tienes algo mejor?
— Yo sí...
Los Winchesters, Crowley, Castiel y el equipo de Cazadores de Sombras miran hacia la nueva voz. Ven a un hombre alto y rubio, vistiendo una indumentaria que les resulta a la vez familiar y peculiar.
— Ithuriel... — Clary muestra una gran sonrisa en su rostro al pronunciar su nombre.
— Clary, mi niña.
El hombre camina lentamente hacia ellos, mostrando su entera apariencia a medida que las luces de las farolas cercanas lo van alumbrando. Viste una túnica blanca de seda, cubierta en su región pectoral por una coraza de bronce cuyo diseño imita sus músculos del torso y del abdomen, cerrada en su cintura por un cinturón marrón de cuero. Sus piernas están vestidas por hojas de igual material amarradas a sus pantorrillas por tiras, mientras que sus pies van calzados por unas oscuras sandalias.
— Perfecto, — Crowley protesta. — Otro ángel, y con alas...
— ¿Tú...? — Castiel balbucea. — ¿Tú eres Ithuriel, cierto?
— Y tú eres Castiel, — dice el hombre calmadamente. — También he escuchado hablar de ti, hermano. Tus hazañas son bien conocidas entre los nuestros.
— Y dilo, — suspira Crowley. — Es todo un hombre exitoso.
— Veo que aún conservas tus alas, — suspira Castiel.
— Tuvimos la suerte de que Raziel nos protegiera de ese horrible hechizo, — sonríe Ithuriel.
— Me alegro por ustedes, hermano, — Castiel baja la vista.
— Y yo me alegro por tí, — Ithuriel agarra el hombro de Castiel. — Mientras te observaba, he aprendido que no se necesitan alas para ser un verdadero Ángel del Señor.
— Bueno, esta reunión es muy bella y todo eso, pero tenemos serios problemas con los que lidiar, — se impacienta Dean. — Por favor, dime que tienes algo que podamos usar.
— Dean, muestra respeto, — Castiel se incomoda.
— Dean tiene razón, — Ithuriel interrumpe a Castiel. — Lo que Chamsael está a punto de hacer es terrible para todos los que estamos aquí. Tenemos que detenerlo.
El recién llegado ángel alado extiende su brazo y abre su mano. De su palma sale un pequeño humo de color azul blanquecino que va gradualmente cobrando una forma alargada. Una vez alcanzada una talla similar a la de Sam, la humareda adopta la forma de una alabarda brillante.
— Eso es... — Castiel abre grande sus ojos frente a la luz emitida por el arma.
— La Alabarda de Raziel, — termina Ithuriel la frase.
El equipo completo se reúne alrededor del ángel y la brillante arma que sostiene. Luke y Simon se acercan lentamente, temerosos de los efectos que pueda producir su luz. Ithuriel nota su inseguridad.
— No tengáis miedo. Esta arma actúa de acuerdo con la voluntad del Señor Raziel, y no está dentro de sus deseos su extinción. Más bien el papel de vosotros, criaturas de la noche, va a ser fundamental en la batalla que está por venir.
— ¿Fundamental cómo, exactamente? — Pregunta Garroway.
— Para serles honestos, no lo sé, — responde Ithuriel. — El Señor Raziel sólo me dijo que "la batalla nos lo hará saber".
Ithuriel camina lentamente hacia Crowley. El presumido Rey del Infierno lo encara y lo mira de arriba a abajo, mostrando una breve y solapada sonrisa. El ángel le devuelve el gesto y fija su mirada en la estructura demoniaca.
— Escuché que tienes una forma de derribar esa pared...
— Podría, — Crowley lo mira desafiantemente.
— Déjate de juegos, Crowley, — Dean regaña al demonio. — No tenemos tiempo.
— ¿Qué me garantiza que una vez haya derribado ese muro, "Alitas" no me volará en átomos?
— Pese a que sea un demonio, y el Rey del Infierno, tampoco es la voluntad de Raziel destruirlo, Crowley, — asegura Ithuriel. — Sabemos que jugará un papel muy importante en el futuro.
— ¿De veras? — Crowley levanta ambas cejas.
— ¿La destrucción de Chamsael nos conviene a todos, no?
Crowley ignora al ángel y gira su atención hacia los Winchesters y los Cazadores de Sombras. Ambas partes lo miran fijamente.
— Traedme los ingredientes, y yo me encargo de demoler esta cosa, — fanfarronea Crowley. — Después de eso, seguís vosotros.
— ¿Qué? — Pregunta Sam, contrariado. — ¿No vienes?
— Digamos que Chamsael me la tiene jurada, y no me puedo mover de este lugar sin que él lo sepa. El mero hecho de estar aquí es un riesgo enorme para mí.
— ¿Bueno, Ithuriel tiene alas, no? — Pregunta Dean. — ¿No nos podría dar un aventón?
— Mis órdenes incluyen no abandonar esta zona. Si las incumplo, seré devuelto al Cielo.
— Perfecto, — refunfuña Dean.
Ithuriel desvía su atención hacia Alec, quién está arrodillado al lado del cuerpo sin vida de Magnus Bane. Los rabos de sus ojos caen al ver las lágrimas del Nephilim, mientras sus dedos suavemente hacen descender los rígidos párpados del brujo hasta cerrarlos. El líder de los Cazadores de Sombras aparta la mirada mientras se para y encara al ángel, percibiendo nítidamente el suave movimiento de sus alas bajo el brillo de las farolas y la luz de la luna. Su cara se vuelve a llenar de pequeñas y saladas gotas cayentes.
— Era un brujo, pero era mi amigo. No se merecía esto.
— Entiendo tu dolor...
— Nos ayudó en ambas ocasiones sin pensarlo dos veces, — explica Alec. — La primera vez terminó muy mal, pero eso no le impidió enfrentarse a Chamsael una segunda vez. Sólo en esta ocasión terminó peor.
— Una de las razones por las que Raziel me hizo bajar fue para cumplir su voluntad, — alega Ithuriel. — Han ocurrido muchas cosas que van en contra de ella, y una de ellas es Magnus Bane...
Alec levanta ambas cejas al ver a Ithuriel acercar la mano de su recipiente al cuerpo de Magnus, emitiendo una luz intensamente brillante. El Nephilim es obligado a cubrir sus ojos. A duras penas ve como el ángel alado e iluminado toca la cabeza de su amigo.
— ¿Qué hace...?
La frase de Alec es interrumpida cuando Castiel agarra firmemente su mano y le impide intervenir. El líder Nephilim forcejea sin éxito mientras ve como la luz va englobando a Magnus, sus intentos por soltarse siendo más y más violentos. Sam y Dean son obligados a ayudar al ángel caído a aguantarlo.
— ¡NO! ¡SOLTADME! ¡LO ESTÁ DESINTEGRANDO!
Ignorando los gruñidos y gemidos del litigante cuarteto, Ithuriel continúa irradiando luz al cuerpo de Magnus hasta que lo engloba completamente. La intensidad de su cegador haz llega a ocultar el cadáver del brujo en su totalidad. Tras varios segundos, emite un destello tan fuerte que todos son obligados a cubrir sus ojos. El ángel aparta su mano y sonríe.
— Como os dije, esta no era la voluntad de Raziel.
Los ojos de Alec adquieren un intenso brillo al ver a su amigo sentarse lentamente, vivo, despierto y sin un rasguño de los provocados por Chamsael. Magnus se sienta y se auto inspecciona, constatando la ausencia de fracturas o heridas. El brujo dirige su atención hacia su amante, quién lo ayuda a levantarse. El resto del equipo sonríe. Dean y Crowley apartan la vista.
— Gracias, — suspira Magnus. — Al parecer mi resurrección por seres celestiales se va volviendo una moda.
Alec muestra una enorme sonrisa antes de besar los labios del brujo con fuerza y pasión. Ambos se miran fijamente a los ojos. Dean y Crowley se miran y aclaran sus gargantas al mismo tiempo.
— Bien, — Alec se dirige al equipo. — Tenemos varios problemas que resolver. El primero es derribar ese muro de carne.
— Tenemos la lista de ingredientes necesarios para el hechizo, — alega Dean. — Nos pondremos en ello inmediatamente.
— ¿Dean, me prestas la lista, por favor? — Magnus extiende su mano.
El cazador le entrega al brujo la lista otorgada por Crowley. Magnus la lee casi instantáneamente. Sus cejas se engurruñen al llegar al final.
— Tengo la mayoría de estos ingredientes en mi apartamento, — alega. — Sólo será abrir un portal y traerlos. No debo tardar mucho.
— Vamos contigo, — Clary se ofrece. — No nos podemos arriesgar a perderte de nuevo.
— Sí podría usar la compañía de ustedes, — sonríe Magnus.
— Una vez derribado ese muro, viene el segundo problema, — afirma Jace. — Nuestra prioridad sería atravesar a ese maldito demonio con la alabarda.
— No será una tarea fácil, — Dean rastrilla su pistola. — Ese demonio tiene bastante fuerza. Dará una pelea para la cual debemos estar preparados, o de lo contrario, la humanidad y el Cielo se irán al garete.
Alec se acerca a Magnus y agarra firmemente sus hombros. Los ojos de ambos se mantienen mutuamente fijados hasta que el Nephilim lo abraza fuertemente. Tras apretujarlo durante cinco minutos, acerca sus labios a los de él y lo besa brevemente. Ambos mantienen la mirada fija.
— Ten cuidado, — dice Alec. — No soportaría perderte de nuevo.
— No te preocupes, — Magnus intenta tranquilizarlo. — No tengo mil años por gusto. Estaré bien.
Magnus mueve sus manos en círculos, haciendo emerger chispas amarillas de la punta de sus dedos. La energía conjurada pronto se transforma en un portal circular cuyo oscuro centro muestra vistas fragmentadas de un apartamento. Al chasquear sus dedos, el pasadizo invocado deja de chispear. Clary y Jace corroboran que se mantiene estable.
— Cuando estéis listos, — Magnus dirige su vista hacia Clary y Jace.
Sin más dudas, el trío se adentra en el portal.
Dentro del Instituto de los Cazadores de Sombras, Manhattan, Nueva York, 10:30 PM
Una espalda enorme, maciza y musculosa, llena de tatuajes demoniacos con tinta compuesta por sangre oscura, da forma al ente que sirve como el recipiente de Chamsael. Pasando el límite de la cintura, unas fornidas piernas y unos gruesos pies ya desprovistos totalmente de ropa y zapatos tocan las frías losas de granito que conforman el suelo. Las enormes alas oscuras que salen de sus escápulas son apenas visibles a los ojos de Isabelle.
— Cuando el Señor Lucifer me habló de esto por primera vez, nunca pensé en tener que usarlo, — alega el Chamsael. — Quiero decir, sin almas humanas para corromper, o ángeles para matar, el Infierno sólo se estancaría.
Isabelle, aún con sus muñecas esposadas detrás de su espalda, intenta levantarse del suelo y correr hacia la salida del salón principal del Instituto. Sin embargo, justo cuando alcanza el marco de la puerta, Chamsael aparece delante de ella. Sus ojos morados y amarillos la miran fijamente.
— Sin embargo, desde la prisión donde estaba, pude ver como ángeles y humanos acababan con nuestros planes, — El demonio continúa su discurso. — Fuimos burlados, pisoteados y avasallados un sin número de veces por las malditas criaturas de la luz. Nunca permitieron que nos desarrolláramos. Nunca nos permitieron florecer como se suponía que lo hiciéramos.
Chamsael mueve su mano y telepáticamente levanta a Isabelle del suelo, mientras que con la otra abre sus esposas de igual manera. Una vez suspendida en el aire, sus poderes la obligan a extender sus manos horizontalmente. La Nephilim emite cortos y numerosos gemidos mientras forcejea.
— Años de victorias pírricas y falsas esperanzas os han otorgado confianza, seguridad y arrogancia, llevándoles a una insidiosa y solapada derrota. — Chamsael alza su tono de voz. — Hemos evolucionado, y nos hemos fortalecido, todo en silencio.
La expresión facial del demonio cambia de repente, mostrando cejas engurruñadas, ojos inyectados, nariz aplastada y dientes apretados. Enseguida agita ambos brazos hacia los lados y pega un grito tan fuerte que algunos cristales se rompen. Isabelle observa con terror como su ropa se va desgarrando poco a poco hasta dejarla completamente desnuda.
— ¡Ese silencio acabó en el momento que ustedes osaron matar a dos de mis hermanos... Y ACTIVARON LA ESPADA DE ALMAS! — Chamsael vocifera con furia. — Sólo me queda una cosa por hacer...
Isabelle siente como unas sábanas se deslizan por su expuesta piel, lentamente alcanzando sus muñecas, tobillos, cuello, pecho y cintura. Una vez acomodadas, Chamsael cierra su puño con fuerza. La Nephilim emite un quejido fuerte y duradero al sentir como sus partes son apretadas por las sábanas, casi dejándola sin aire. El demonio la hace entonces escuchar el término final que califica sus planes.
— Aniquilar...
Una vez recuperada, se fija que son hechas de un material muy suave de color blanco grisáceo, manchado por las letras y sigilos demoniacos dibujados en su superficie. Las partes expuestas de sus senos forman dos montañas de carne compactas producto de la compresión. Su respiración se torna ruidosa y rápida. Sus ojos se cierran fuertemente mientras el demonio le revela el resto de su plan mediante susurros.
— Voy a extraer tu hermosa sangre lentamente, hasta que la última gota rellene cada rincón del escudo. Vas a presenciar cómo cada humano, cada ángel y cada maldita criatura con esencia de luz se extingue en una lenta y dolorosa agonía...
El demonio alarga la uña del dedo índice derecho de su recipiente. Cuando alcanza un tamaño terroríficamente respetable, Chamsael realiza una cortada en forma de "V" en el pecho de Isabelle que comienza a sangrar de inmediato. La Nephilim forcejea y se queja mediante gemidos mientras el Archiduque del Infierno le susurra el resto de sus planes.
— Cuando todos hayan muerto, cuando todos hayan sufrido como se merecen, te torturaré y te extinguiré lenta y dolorosamente, hasta que tu alma se vuelva tan negra como la nuestra.
Una vez teñida la porción de las sábanas que cubre sus senos, la sangre de Isabelle levita hacia la estructura montada a pocos metros de ella. La Nephilim levanta sus cejas al ver un escudo de las Cruzadas, cubierto de carne y huesos, colocado encima de un altar hecho de una piedra rojiza desconocida para ella. Nota un corazón ensangrentado en su centro, aguantado por filamentos rojizos y soportes huesudos. La restringida y agonizante Nephilim siente como sus ojos se cierran, su fuerza la abandona lentamente y su cuerpo se relaja cuando el corazón comienza a latir al recibir las primeras gotas rojas volantes. Su impotencia la lleva a pensar como nunca había pensado, lanzando un susurro de desesperación bajo la retumbante carcajada de su captor.
— Que alguien me ayude, por favor...
Afueras del Instituto de los Cazadores de Sombras, Manhattan, Nueva York, 11:30 P.M.
Sam y Dean ven reaparecer a Clary, Jace y Magnus desde el portal anteriormente abierto, este último cargando una bolsa blanca de tela. El brujo camina hacia Crowley, quién se encuentra parado cerca de dos grandes cuencos de cobre vacíos colocados en el suelo, cada uno colocado sobre un pentagrama pintado con tiza.
— ¿Los trajiste todos? — Pregunta Crowley.
— Sí, los traje, — Magnus vacía el contenido de las bolsas cerca del set. — Casi se me acaba el stock que tengo para mis hechizos.
— Si no detenemos a Chamsael, no habrán más hechizos, — Crowley levanta las cejas. — Deja de protestar.
— Dientes de hada, sangre de hombre lobo, una muestra de piedra de cobalto y polvo de mercurio, — Magnus recuenta los ingredientes mientras Crowley los acomoda en los baldes.
— ¿Estáis listos? — Pregunta el Rey del Infierno.
— Hazlo ya, — Dean se impacienta.
Tras desviar su mirada hacia el cielo, Crowley comienza a pronunciar palabras incomprensibles en alta voz. Sam y Dean distinguen algunos términos en latín durante la secuencia. Ven como los cristales de las farolas cercanas comienzan a explotar uno a uno mientras la pared de carne comienza a temblar. Este es el momento, ambos piensan al escuchar los retumbantes cantos del Rey del Infierno, quién señala la pared de carne antes de exclamar la última palabra del ritual.
— ¡ARDENTIII!
La estructura demoniaca comienza a mostrar unas pequeñas llamas azules en su esquina superior que poco a poco se engrandecen y la cubren en su totalidad. Trozos de carne y hueso caen en llamas, desapareciendo al tocar la fría piedra de la acera e incrementando en número e intensidad mientras la despiadada candela avanza. Una vez engullida en su totalidad, la pared desaparece junto con el abrasador elemento que la cubría, dejando atrás sólo ascuas y huellas de madera quemada.
— Aquí vienen, — Dean alista su espada angelical.
Del enorme marco recién abierto sale una decena de hombres en uniforme militar y con sus globos oculares ennegrecidos, corriendo hacia el equipo formado por ángeles, Nephilim y humanos. El primer demonio es apuñalado por la espada angelical de Sam. Estallidos y chisporroteos demoniacos llueven justo después al golpear armas angelicales, humanas y Serafinas a los desafortunados soldados poseídos. Cuerpos sin vida caen uno tras otro.
— Entremos, — ordena Alec.
Dean suspira y desvía la mirada al ver que todos se adentran en el Instituto excepto Crowley, quien permanece parado fuera con ambas manos en sus bolsillos. El Rey del Infierno levanta las cejas con desgano al ver que los Winchesters lo miran inquisitivamente.
— ¿No vienes, o si? — Pregunta Dean.
— No, — responde descaradamente Crowley. — Prefiero quedarme afuera hasta que todo termine.
El equipo ignora a Crowley y evita pisar los cadáveres de los militares muertos mientras alcanza la entrada del Instituto. Todos se miran las caras antes de seguir caminando hacia las entrañas del abismo. Sus rostros traducen una idea siniestra y desalentadora que sólo Alec expresa, haciendo resonar sus palabras por los desolados pasillos.
— No hay desvíos. No hay vuelta atrás. La única salida... es llegar al final.
Dentro del Instituto de los Cazadores de Sombras, Manhattan, Nueva York, 12:00 AM
El equipo formado por humanos, Nephilim, criaturas de la noche y ángeles entra al lobby del Instituto. Todos permanecen inmóviles frente a la nueva decoración del lugar. Los burós e interfaces holográficas, que una vez estaban siempre ocupadas por Cazadores de Sombras, se encuentran vacías, mientras algunos de los monitores de ordenador yacen tirados en los suelos con sus pantallas rotas o ausentes. El piso se encuentra poblado por papeles tirados y trozos de vidrio, así como sillas y mesas volcadas.
Pese a los evidentes signos de muerte y desolación, lo que más resalta es la nueva estructura que cubre las paredes. La vieja mampostería del lugar se muestra invadida por tentáculos rojizos hechos de hueso y carne, goteando sangre a lo largo de sus extensiones y esparciéndose caóticamente por toda la habitación. Castiel se da cuenta de que están hechos del mismo material de la pared demoniaca antes derribada por el hechizo de Crowley.
— ¿Dónde están todos? — Pregunta Clary.
— Los que sobrevivieron al ataque deben haberse evacuado a Idris, — dice Alec. — Los otros, bueno...
— ¿Alguno de ustedes había visto esto antes? — Dean señala los tentáculos sangrantes.
— Es arquitectura demoniaca, — explica Ithuriel. — Durante la Incursión, muchos lugares de este bello planeta se cubrieron de estas viles decoraciones. Por lo general están presentes cuando hay una estructura vital para ellos.
— El Escudo de la Desesperación, — Clary deduce. — Debemos apurarnos.
— Los tentáculos van todos hacia el salón principal, — Jace señala una doble puerta donde las estructuras de carne convergen. — Apuesto a que es ahí donde Chamsael tiene montado el campamento.
Jace empuña su Espada Serafina y abre la doble puerta de madera, encontrándose con otro muro de carne y huesos con un gran hoyo en el centro. El Nephilim rubio cae hacia atrás cuando ve emanar del agujero una cabeza de color amarillo-blanquecino, sin cuello y sin ojos, mostrando una grande boca cuyas encías se encuentran permanentemente expuestas. De ellas emanan unos largos, afilados y puntiagudos dientes que vibran con el intenso y chirriante rugido que emite antes de volver a entrar a la negritud de la que salió.
— ¿Qué...demonios era eso? — Balbucea Simon.
— Centinelas de protección demoniacos, — alega Ithuriel. — No había visto uno tan potente en milenios.
— Necesitamos entrar cuanto antes, — dice Clary. — Obviamente, Chamsael está atrincherado en el salón principal, y no admite visitantes.
— Debe ser ahí donde tiene montado el escudo, — deduce Dean.
— Y donde tiene a Izzy, — afirma Alec.
Magnus se acerca lentamente al líder Nephilim, midiendo cada paso que da antes de alcanzar a su compañero sentimental. Alec mantiene sus pupilas fijas en él una vez en su rango de visión. Mueve sus irises y globos oculares en función de la lenta marcha del brujo. Este último se para frente a él. Sus dos manos tocan sus cachetes.
— Alec, sabemos que Chamsael tiene poderes que escapan nuestra propia imaginación, — dice Magnus. — Hemos intentado matarlo de varias formas, y ninguna ha funcionado.
— ¿Qué quieres decir? — Pregunta Alec.
— Necesitamos un plan B, — alega Magnus. — Sé que no te gusta la idea, pero...
— ¡ME NIEGO! — Exclama Alec. — ¡NO VOY A VOLAR EL REACTOR!
— Alec, el plan de Castiel no es del todo descabellado. Si la alabarda falla...
— ¡NO FALLARÁ! ¡NO PUEDE FALLAR! ¡NO DEBE...!
— Sabes que sí puede pasar...
— Magnus tiene razón, Alec, — dice Jace. — Cometimos el mismo error con la Colt. Debemos tener un plan de contingencia.
— ¡¿ACASO ESTÁS LOCO?! — Alec se exaspera. —¡¿ESTARÍAS DISPUESTO A DEJAR QUE TODA UNA CIUDAD DESAPAREZCA?! ¡SON VEINTE MILLONES DE PERSONAS! ¡HAY QUE ENCONTRAR OTRA FORMA!
— Posiblemente no tengamos tiempo de encontrar otra forma, — replica Magnus.
— Entonces no debéis dejar que las cosas lleguen hacia ese punto, — Castiel rompe su silencio y se entromete en la conversación. — No es nuestro primer rodeo de fin del mundo, y en ningún momento los Winchesters o yo nos hemos dado por vencidos. El Apocalipsis, Lucifer, Los Leviatanes, Amara... Todos se manejaron sin la cantidad de bajas que supuestamente causarían. Chamsael es sólo uno más. Sin embargo...
— Castiel... — Alec suspira.
— Si las cosas van mal, la opción del generador se usaría como último recurso, — alega el ángel. — No podemos permitirnos perder el Cielo. La Tierra no lo aguantaría...
— Estoy con usted, Castiel, — Alega Ithuriel. — Yo tengo fe en el Señor Raziel, pero no haría daño tener a alguien cerca del generador, en caso de que las cosas salgan mal.
— Esto es una locura, — Alec suspira y se recuesta en la pared cercana. — Sin embargo, por mucho que me duela reconocerlo, tenéis razón. Alguien se tiene que quedar cerca del generador, en caso de que la Alabarda de Raziel no funcione contra Chamsael.
— Para sobrecargar un generador de energía celestial, se necesita un ángel que canalice su Gracia hacia su núcleo, — explica Ithuriel. — Yo me quedaría, pero soy el elegido para portar la alabarda. Me necesitáis
— Yo lo haré, — Castiel se ofrece. — De todos modos, fue mi idea desde un principio...
— Cass, — Dean lo agarra por el abrigo.
— Sólo asegúrense de que las cosas no lleguen hasta ese punto, — Castiel se dirige a los Winchesters.
— Bien, — Alec saca su Espada Serafina. — Castiel, posiciónese cerca del generador. Sólo bajo mi orden realizará usted la sobrecarga. Los otros, venid conmigo. Vamos a detener a ese demonio, y voy a necesitar...
La voz de Alec se ve opacada por un grito desgarrador proveniente desde dentro del salón principal. Los Winchesters, Cazadores de Sombras y Criaturas de la Noche levantan las cejas. Los puños de Sam tiemblan al cerrarse.
— ¡Izzy! — Exclama Clary. — ¡DEBEMOS APURARNOS!
En pocos segundos, Clary agarra su vara y comienza a dibujar un patrón circular en el aire, seguido por un rápido movimiento en forma de "V". Luego gira la palma de su mano hacia la pared de carne, haciendo emanar de ella una intensa y cegadora luz. Jace se abalanza sobre ella.
— ¡CLARY, ESPERA!
La luz provoca un intenso y estallante destello al entrar en contacto con la estructura demoniaca, proyectando a todos los presentes contra las paredes y los objetos del lado contrario. Una vez disipada, Clary y Jace ven como el monstruo que había emanado anteriormente desde adentro se baña en llamas. La horrible criatura grita desgarradoramente mientras se desintegra en un montón de cenizas, dejando en su lugar un agujero por el cuál se ve el interior de la habitación.
— ¡CASTIEL, VAYA HACIA EL GENERADOR! — Ordena Alec. — ¡EL RESTO, SEGUIDME!
El equipo se centra en el resultado de la acción de Clary. Esa fue la Runa Solar, Jace reconoce el patrón dibujado por su compañera. Sam y Dean se percatan de que la apertura formada comienza a cerrarse lentamente. Ambos hermanos corren hacia ella. Alec imita sus acciones.
— ¡DEBEMOS APRESURARNOS EN ENTRAR!
La carrera de los Winchesters es violentamente detenida. Sus cabezas y espaldas producen un retumbante sonido al impactar el suelo. Alec interumpe su carrera e intenta ayudarlos, sólo para ser golpeado y pateado por un atacante invisible. El resto del equipo intenta buscar al agresor sin éxito, siendo derribados uno por uno.
— Me gustan estos nuevos poderes, — fanfarronea una conocida voz desde la oscuridad.
Una vez que se recuperan, los Winchesters notan a Nick y a Beatrice parados entre ellos y la pared demoniaca. Ambos sonríen y craquean sus vértebras cervicales, burlándose de sus abatidos enemigos.
— No los dejaremos entrar, — dice calmadamente Beatrice. — El maestro Chamsael está ocupado, y no tiene tiempo para jugar con vosotros.
Sin responder verbalmente a las provocaciones, Simon y Luke cargan contra sus respectivas contrapartes a gran velocidad, seguidos por Clary, Jace y Alec. Sam y Dean sacan sus pistolas y disparan contra Beatrice, quién esquiva fácilmente las balas de plata que vuelan hacia su dirección. Una vez disparado el último tiro, Nick empuja a Simon y aparece delante de los Winchesters, derribándolos a ambos de un solo puñetazo en la cara. Luego tira a los Nephilim contra la pared de un potente empujón al estos intentar atravesar la apertura.
— Nunca aprenderán.
Alec ataca a Nick por detrás e intenta cortarle la cabeza con su Espada Serafina. Sin embargo, su velocidad se muestra muy por debajo de la del vampiro, dándole tiempo a este último a posicionarse detrás de él en un abrir y cerrar de ojos y derribarlo con una fuerte patada. Desde su posición de derrota, el líder de los Cazadores de Sombras ve a Beatrice golpear y empujar a Luke y a Magnus.
— ¿Acaso no lo entendéis? — Fanfarronea la Licántropo. — Chamsael nos ha mejorado. No hay forma de que podáis con nosotros.
— No son nada comparado con nosotros, — Nick camina cerca de un abatido Simon. — ¿Tú? ¿Un vampiro? No me hagas reír. No son dignos del mundo que Chamsael nos tiene preparado. Sólo son cenizas esperando ser desintegradas por la viniente oscuridad.
— Puede que Chamsael los haya mejorado, — Simon sonríe desde su posición. — Pero a mí un amigo también me ha ayudado a mejorar...
Simon saca una jeringuilla cargada con un líquido rojizo de su abrigo y se abalanza sobre Nick de forma imprevista. El joven vampiro alcanza a pinchar a su contraparte en el cuello. Rápidamente vacía su contenido hacia el torrente sanguíneo de su enemigo.
— ¿Qué...? — Nick se tambalea tras la inyección. — ¡¿Qué es ESTO?!
— Mi amigo me explicó acerca de ciertas debilidades que tenemos los vampiros, — sonríe Simon. — Me habló de los efectos devastadores que puede tener la sangre de un hombre muerto en nosotros.
— Maldito, — Nick se tambalea al intentar golpear a Simon.
— También me habló de la mejor forma de matarnos, — Simon esquiva otro puñetazo lento y torpe. — La decapitación.
Nick cae al ser su tercer puñetazo esquivado por Simon. Al intentar levantarse nuevamente, el endemoniado vampiro recibe una patada en las costillas, forzándolo a acostarse en el suelo. Luego nota que su contraparte saca un machete de dentro de su chaqueta y pronuncia unas últimas palabras antes de decapitarlo.
— El nombre de ese amigo... es Dean Winchester...
Al ver la cabeza de Nick volar lejos de su cuerpo, Dean le suelta una leve sonrisa a su discípulo vampiro extraoficial y corre hacia la apertura con Sam. Ambos son interceptados por Beatrice, quién los agarra por el cuello y fácilmente los levanta en peso. Sin embargo, la Licántropo pierde su agarre al Luke abalanzarse sobre ella y trancarla contra la pared. Los Winchesters y los Cazadores de Sombras corren en su ayuda.
— ¡NO LA VOY A PODER AGUANTAR POR MUCHO TIEMPO! — Grita Luke mientras forcejea con Beatrice. — ¡ENTREN YA ANTES DE QUE SE CIERRE LA PUERTA!
Mientras Simon corre a ayudar a Luke a sostener a Beatrice, Los Winchesters, Magnus y los Cazadores de Sombras corren hacia la casi cerrada apertura en la estructura demoniaca. La pared comienza a regenerarse a una velocidad aún mayor que la anterior. El equipo aprieta el paso a más no poder. La rendija se estrecha. No lo lograremos, suspira Sam.
Cuando parece que la pared va a cerrar, Ithuriel aparece de la nada y atraviesa la Alabarda de Raziel en la apertura, aguantando cada lado con los extremos del arma. La carne de la estructura demoniaca comienza a sangrar a chorros mientras que el suelo y las paredes comienzan a vibrar. El ángel aprieta los dientes y contrae los músculos de los brazos de su recipiente.
— ¡PASAD YA!
El equipo atraviesa a duras penas la apertura creada por Clary y mantenida por Ithuriel, mirando con preocupación cómo Beatrice empuja a Luke y a Simon y los proyecta contra la pared. La pared demoniaca culmina su cierre una vez el ángel abandona su posición y salta hacia adentro.
— Llegaron, — los recibe una voz calmada y conocida. — Qué emoción...
Los Winchesters, los Cazadores de Sombras y los ángeles se paran en fila frente al panorama que los espera en el salón principal del Instituto. Delante de ellos se encuentra el recipiente de Chamsael, descamisado y ostentando los tatuajes demoniacos sangrantes en su torso. Sus ojos muestran su característico color amarillo, contrastando el tinte morado de sus globos oculares. Viste un pantalón de camuflaje que cubre parcialmente el dorso de sus descalsos y ensangrentados pies.
Chamsael se aparta de la estructura que esconde el robusto cuerpo de su recipiente. El equipo ve claramente un pequeño altar cuadrado formado por la convergencia de los tentáculos de carne antes vistos. Sus cuatro esquinas muestran un cuarteto de extensiones óseas que se asemejan a colmillos de elefante, dispuestas con el propósito de sostener un extraño escudo en el centro. Todos notan que el escudo está cubierto de carne, con un set de huesos largos dispuestos en forma de cruz que van de arriba a abajo y a través de ambos lados con exquisita perpendicularidad. Su punto de convergencia se ve ocupado por lo que parece ser un corazón humano, con sus venas y su aorta conectadas al artefacto por tuberosidades óseas.
Detrás del altar yace otra estructura hecha de una piedra rojiza que adopta una forma de cruz. El equipo mira fijamente a una estuporosa Isabelle levitando, desprovista de ropas y con sus muñecas, tobillos y partes privadas cubiertas con sábanas blancas de satín, llenas de caracteres y sigilos demoniacos pintados con sangre oscura. Su pecho aún muestra una sangrante cicatriz en forma de V cuyo contenido exteriorizado tiñe de rojo la porción que cubre sus comprimidos senos.
— ¡IZZY! — Grita Clary.
— Te haremos pagar esta vez, — Alec empuña su Espada Serafina. —Vas a pagar por todo esto, maldito demonio...
— Uy, qué miedo, — Chamsael realiza un gesto de falso temblor con sus manos. — ¿Cómo planean matarme?
Buscando mitigar el fanfarroneo del demonio, Ithuriel da tres pasos al frente y ostenta la alabarda dorada que porta, siendo secundado por el resto del equipo empuñando espadas angelicales y Espadas Serafinas. La sonrisa de Chamsael se borra. Sus labios recuperan su horizontalidad. Su mirada se torna penetrante.
— La Alabarda de Raziel, — el demonio craquea el cuello y los nudillos de su recipiente. — Hacía milenios que no veía ese artefacto.
La concentración de todos los miembros del equipo se rompe al escuchar nuevamente el desgarrador grito de Isabelle. Todos notan como de ella emana un denso polvo rojizo que vuela lentamente hacia el escudo, dejando tras de sí un fuerte olor a sangre que invade toda la habitación. Sam y Dean notan como el corazón humano en el centro del artefacto late aún más fuerte y más rápido.
— ¡La está desangrando para darle energía al escudo! — Exclama Sam mientras empuña con fuerza su espada angelical.
— ¡Alístense para atacar! — Ordena Alec.
El ángel observa como los Winchesters y los Cazadores de Sombras se paran a ambos lados de él, cada uno empuñando sus respectivas espadas angelicales y Serafinas. Magnus se para entre Sam y Dean y realiza diversos movimientos en forma de serpiente con sus manos, haciendo emanar pequeñas llamas azules de las puntas de sus dedos. Los irises amarillos de Chamsael se fijan en el portador de la alabarda.
— ¡AL ATAQUE!
Antes de que alguno pueda cumplir con la orden, Chamsael aparece delante de Ithuriel y comienza a intentar golpearle, pudiendo el ángel apenas esquivar sus fuertes y rápidos puñetazos. Magnus salta hacia atrás mientras dispara bolas de fuego azul que impactan sin efecto contra el cuerpo del demonio. Este último patea a Sam y a Dean cuando intentan golpearlo y proyecta a Clary y a Jace contra la pared de un golpe.
— Vaya ataque, — se burla Chamsael.
Ithuriel carga contra el demonio empuñando la Alabarda de Raziel. Sam y Dean se levantan del suelo y apoyan su carga, seguidos por Clary, Jace y Magnus. Chamsael sonríe mientras esquiva a gran velocidad los feroces cortes, golpes y bolas de fuego provenientes de todos los ángulos, mandándolos a volar a todos y frenando el golpe de alabarda agarrando la punta con su mano.
— Eso duele...mucho.
Sin decir otra palabra, Chamsael le acierta un puñetazo frontal en la cara a Ithuriel con tanta fuerza que lo tira al suelo. Jace y Clary cargan nuevamente, pero el demonio los abate a base de palazos dorados. Sus cuerpos resuenan al impactar contra el suelo.
— Esta arma es peligrosa, — Chamsael lanza la alabarda lejos de él. — Sin embargo, es todo lo que tienen contra mí...
Los quejidos de los abatidos se ven opacados por un desgarrador grito de Isabelle. Sam, Dean, Clary y Jace intentan levantarse en vano. Ithuriel, sin embargo, llega a pararse completamente, pero es proyectado contra la pared por la telekinesis de Chamsael. Este último pone su pie encima de la espalda de Magnus.
— A ti ya te he matado dos veces.
Chamsael aprieta su puño derecho fuertemente, tras lo cual comienzan a escucharse sonidos de costillas rotas y carne desgarrada desde el torso del brujo. Sus horribles gritos de dolor resuenan en toda la habitación, acompañando sus retortijones restringidos por la fuerte pisada del demonio. Los dedos de sus manos se contraen. Sus pequeños y achinados ojos se abren a tal punto que parece que se van a salir de sus órbitas.
— A la tercera va la vencida, — sonríe Chamsael.
Sin poder aguantar el dolor de su amigo un minuto más, Alec aprieta los dientes y se levanta. Corre hacia la alabarda dorada, la agarra a toda velocidad y la encaja en el pectoral izquierdo del recipiente de Chamsael. El líder Nephilim empuja la brillante punta hacia adentro mientras mira fijamente su rostro.
— Hay un detalle que debes saber, — dice Chamsael sin signos de dolor.
Alec levanta ambas cejas al ver al demonio extraer la punta dorada del arma de su cuerpo con extrema facilidad. Antes de poder reaccionar, un fuerte puñetazo en la mejilla lanza al líder Nephilim violentamente al suelo. Chamsael se agacha cerca de él, agarra su negro cabello y estampa su cabeza contra el granito fundido.
— La Alabarda de Raziel sólo puede ser utilizada por un ángel, un arcángel o una criatura que sea elegida para portarla, — Explica Chamsael. — Evidentemente, tú no eres ninguno de esos tres, por lo que el arma, obviamente, no es eficaz.
Con todos sus atacantes reducidos, Chamsael camina hacia el escudo y lo saca de su lugar. El demonio lo arma en su brazo y emite una sardónica sonrisa mientras mira a Isabelle. Luego camina hacia una posición a pocos pasos de los Cazadores de Sombras, mostrándoles el sangrante artefacto, con el corazón en su centro aún latiente.
— ¡Sin embargo, mi arma SÍ FUNCIONA!
Tras sus palabras, Chamsael levanta el escudo y apunta su centro hacia el cielo. Del artefacto sale un aura roja que se esparce por todo el lugar, seguida por un fuerte y permanente sonido de carne desgarrada. Segundos después, todos excepto Magnus escuchan un insoportable chirrido que precede un intenso dolor que cubre todo el cuerpo, con mayor intensidad en sus cabezas. La agonía obliga a Clary, Jace y Alec a rodar en el suelo y retorcerse, mientras que Sam y Dean cubren sus orejas con sus manos antes de emitir un intenso grito. Por otra parte, Ithuriel estampa su cabeza contra la pared repetidas veces.
— ¿Qué? ¡¿Les gusta?!
Sin sufrir los efectos del escudo, Magnus se para a duras penas y le lanza una bola de fuego azul al demonio, pero es repelida por el artefacto maldito y le es devuelta con aún más fuerza. Su cuerpo resuena al impactar el suelo de granito.
— Otra de las ventajas del escudo, — Chamsael se burla de Magnus.
Tras casi treinta segundos de tortura, Chamsael baja el escudo y lo coloca de nuevo en el altar. Alec y Jace se arrastran hacia una pared cercana y se recuestan a ella, mientras Sam, Dean, Clary e Ithuriel intentan ayudarse de las mesas y sillas regadas por el lugar para pararse. Magnus ayuda a Clary en su cometido.
— Esto fue sólo una prueba — alega Chamsael. — El Escudo de la Desesperación no está completamente cargado. Sólo lo usé a un treinta por ciento de su verdadero poder, suficiente para hacerlos sufrir...
El dolor desgarrador que siente Dean por todo su cuerpo le impide volver a pararse, apretando los dientes al ver a su hermano en iguales condiciones. He sees his brother in the same conditions. Entonces esto es lo que hace el escudo, piensa Dean mientras observa la agonía de todos. Hay que detenerlo como sea. La gente no merece morir así.
— ¿Cómo te sientes, querida? — sonríe Chamsael mientras acaricia el pelo de Isabelle. — Una vez que tu sangre termine de irrigar mi escudo, todos morirán entre indescriptible sufrimiento. Le haremos un gran favor a este mundo, los dos juntos...
Chamsael suelta el pelo de Isabelle y chasquea los dedos de ambas manos. Enseguida aparecen seis hombres vestidos de uniforme militar con sus globos oculares ennegrecidos, quienes se acercan lentamente a los cazadores y al ángel abatido. El Archiduque del Infierno se recuesta al altar mientras sus soldados proceden a acabar con el equipo atacante.
— Encárguense de nuestros visitantes, — Ordena Chamsael.
Cuando el nuevo grupo de demonios carga contra el equipo de cazadores, dos trampillas del techo se abren, de las cuales emergen Luke y Simon. Los soldados de Chamsael detienen su avance y se enfocan en los recién llegados. Su jefe abre grande sus ojos amarillos.
— Al parecer esos dos inútiles no pueden hacer nada bien, — alega el demonio.
Sin molestarse en responder, Luke y Simon sacan sus armas y encaran a los demonios. Con pistola y Espada Serafina en mano, el Licántropo les corta la cabeza a dos de los demonios y dispara al tercero antes de atravesar su vientre. Simon, por su lado y empuñando dos espadas angelicales, abate a los otros tres con ayuda de su velocidad. En menos de cinco segundos, el vampiro entierra sus armas en el cuello del primero y en el vientre del segundo, terminando por encajar ambas puntas acristaladas en el pecho del tercero.
— Oh, — Chamsael levanta una ceja.
Simon y Luke se miran a los ojos y rápidamente retoman la carga contra Chamsael, con la ropa del licántropo desgarrándose mientras éste se transforma en su forma lupina. Un enorme lobo de pelaje negro y blanco corre entonces junto con Simon hacia su némesis.
— Estúpidos...
Sin realizar un gran esfuerzo, Chamsael agarra a Simon por el cuello y golpea a Luke fuertemente en su pecho, obligándolo a revertir su transformación. El joven vampiro forcejea mientras los dedos de la mano del demonio se entierran en su pálida piel. Poco a poco sus fuerzas ceden. Sus ojos se tornan blancos al refugiarse sus irises detrás de sus párpados superiores.
— ¡SIMON! — Clary grita desconsolada.
Ante tal panorama y sin poder hacer nada para salvar la situación, Alec golpea el suelo con sus puños. Aprieta los dientes mientras numerosos pensamientos negativos invaden su psiquis. Sabe que debe tomar una decisión. Sabe que la situación se le ha ido de las manos y debe actuar, no como humano o Cazador de Sombras, si no como un líder.
— ¡Castiel, hemos fallado! — Alec activa un intercomunicador oculto en su oreja. — ¡Sobrecargue el generador ahora!
Los Cazadores de Sombras, los Winchesters, Ithuriel, e incluso el propio Chamsael, giran súbitamente sus miradas hacia el abatido líder Nephilim. El demonio deja caer a Simon al suelo y, con la mano recién liberada, señala a su derecha con su dedo índice. Otros dos secuaces suyos aparecen entonces de la nada y atraviesan corriendo la puerta detrás de ellos.
— ¡Volarás en pedazos, demonio! — Alec se levanta a duras penas. — Pase lo que pase, tú pierdes...
Con su ceño fruncido y sus dientes apretados, Chamsael corre furiosamente hacia Alec. Sam, Dean e Ithuriel se le encaran una vez que el demonio alcanza al Nephilim, cayendo los tres a base de golpes de puño, patadas y golpes de escudo.
— ¡Malditos gusanos! — Grita furiosamente Chamsael. — ¡¿ACASO CREEN QUE PUEDEN CONMIGO?! ¡VOY A ACABAR CON TODOS DE UNA MALDITA VEZ!
Chamsael corre nuevamente hacia el altar y agarra el escudo. Esta vez, estamos fritos, Dean mira el artefacto desde su abatida posición. El demonio levanta el artefacto hacia los cielos. El aura roja comienza a aparecer de nuevo. Se ha acabado, suspira Sam antes de echarle una última mirada a Isabelle.
— Muéranse de una vez, — Chamsael empuja el escudo hacia arriba.
Lejos de comenzar a vibrar como la vez anterior, el artefacto maldito sale volando por sí solo, seguido de una repentina caída de su portador. ¿Qué ocurrió? Alec se pregunta. Los Winchesters giran la vista hacia el lugar de donde proviene el conocido carraspeo emitido por el responsable. Crowley...
— Hola de nuevo, muchachos, — el Rey del Infierno sale de la oscuridad. — ¿Me extrañásteis?
— ¡¿Cómo entraste aquí?! — Alec se exaspera.
— Chamsael debió haber dañado las runas al quemar la puerta del Instituto. De nada, por cierto...
El Archiduque se levanta rápidamente, craquea su cuello y muestra una sardónica y desafiante sonrisa. Crowley levanta ambas cejas. Demonios...
— Tú debes de ser Crowley, — Suspira el demonio al encarar a su nuevo agresor. — El impostor que dice gobernar el Infierno...
— Muchachos, — Crowley mira de reojo a Sam y a Dean. — Agarrad esa alabarda y...
Antes de terminar su frase, Crowley es fuertemente proyectado contra la pared por la telekinesis de Chamsael. Este último luego patea a Dean, lanza a Sam contra el altar demoniaco y agarra a Ithuriel por su armadura, lo levanta en peso y golpea su cara. La nariz del recipiente del ángel sangra profusamente.
— ¿Para poder ganar aquí, sólo tengo que acabar contigo, no? — Sonríe el demonio.
Viendo como Chamsael golpea a Ithuriel repetidas veces, Clary agarra su Espada Serafina y se abalanza contra él desde su retaguardia. El Archiduque lanza una patada hacia atrás y la golpea sin ni siquiera mirar, proyectándola lejos en un largo y chirriante deslizamiento por el suelo de granito. La pelirroja entonces ve con su vista nublada como Alec y Jace son vapuleados por el demonio.
— Ya me estáis cansando, — protesta Chamsael.
Clary levanta ambas cejas al ver como Chamsael lanza a Ithuriel contra Alec y, con la misma Espada Serafina que portaba su compañero, apuñala a Jace en el vientre. Chorros de sangre salen de la boca del Nephilim y tiñen las losas del suelo, al mismo tiempo que las lágrimas salen de los verdes ojos de la pelirroja, dejando un rastro ennegrecido por el rímel a lo largo de sus mejillas.
— ¡JACE!
Su grito se ve opacado por un repentino temblor de tierra que sacude a todos los presentes, sin excluir al potente demonio. ¿Qué demonios fue eso? Se pregunta Dean mientras intenta recuperar el equilibrio.
— Al parecer Castiel casi ha terminado de sobrecargar el generador, — suspira Alec. — Vayan despidiéndose, chicos. Este es el final.
— ¡NO!
La Nephilim pelirroja comienza súbitamente a levitar. Sam y Dean notan como un aura dorada cubre su cuerpo lentamente hasta que estalla en un intenso haz de luz. La cegadora claridad se disipa poco a poco.
— ¿Qué fue eso? — Pregunta Sam.
Los Winchesters ven a Clary, seria y erguida, envuelta en una luz dorada que alumbra todo el salón. Sus irises muestran un tono brillante de igual color que se irradia hacia su nueva aura. Sam se da cuenta de que la Nephilim pelirroja se encuentra parada delante de una liberada Isabelle, desnuda y acostada sobre el frío suelo de granito, ya desprovista de sábanas demoniacas.
— Cla... Clary, — balbucea Simon. — ¿Qué ha pasado?
— Acaba de recibir la Bendición de Raziel, — explica Ithuriel. — Ha sido elegida para usar su alabarda.
— Poned a Izzy a salvo, — ordena la Nephilim pelirroja. — Yo me encargo desde aquí.
— Pero...
— ¡HACEDLO YA! — Grita Clary, sus pupilas doradas fijas en Simon.
Isabelle es cargada y apartada del altar demoniaco por Sam, Dean y Simon. Extrañados por su falta de intervención, los tres miran a Chamsael, quien permanece en su anterior posición sin mover un músculo. El demonio mira a Clary fijamente, cerrando los puños y mostrando una discreta sonrisa. Craquea su cuello antes de encararla.
— Yo tú no me ponía tan pava, — Chamsael aprieta sus nudillos. — Esto no significa nada. Sólo eres una más a eliminar primero.
Alec se acerca a Jace, saca su vara y dibuja el patrón de una Iratze cerca de la herida provocada por Chamsael. Ithuriel ayuda a cerrar la herida con su luz.
— Cla...Clary... — Jace intenta ver lo ocurrido.
— Tranquilo, Jace, — Alec intenta tranquilizarlo. — No sé qué ha pasado...
— Debemos ayudarla, — Ithuriel interrumpe a Alec. —Esa aura la hace fuerte, pero no invencible. Nos necesita.
Frente al lento acercamiento de Chamsael, Clary extiende su brazo derecho hacia la alabarda. El arma dorada comienza a volar en su dirección, alcanzando la palma de su mano en pocos segundos. Sus dedos se cierran sobre el mango de oro. Su punta se acomoda en dirección al demonio.
— Esto no es nada, — fanfarronea Chamsael.
Al encarar a Chamsael, la punta de la Alabarda de Raziel se mueve a una velocidad casi imperceptible para los otros allí presentes, halando consigo vestigios del aura dorada que rodea a Clary. Los ojos de esta última brillan al entrar en contacto con los imponentes irises amarillos del demonio, los cuáles se mantienen fijos en ella. Sonidos de choque de puño y arma, así como de aire rajado, vuelan por toda la habitación.
— Dios mío, lo está haciendo, — dice Luke.
— No exactamente, — alega Ithuriel. — Chamsael la está haciendo retroceder.
A medida que los segundos pasan, la apreciación de Ithuriel prueba ser cierta. Los ataques de Clary pierden progresivamente velocidad y precisión. Chamsael recupera su desafiante sonrisa al ver que la Nephilim no puede seguir el ritmo.
— ¿Qué? ¿Ya Estás cansada?
Sin darle tiempo a reaccionar, Chamsael aparta violentamente la alabarda y le da una fuerte patada en el estómago a Clary. Su aura dorada se apaga al tocar el suelo. Demonios, qué fuerte es.
— Clary, levántate, — Dean la ayuda. — Al parecer, tienes el jugo suficiente para usar esa lanza.
— Estamos contigo, — Simon se para cerca de ella.
— Te tenemos cubierta, — Luke se une al grupo.
Clary fija sus ojos en Isabelle, quién se encuentra protegida y abrazada por Sam. Emite seguidamente un suspiro al percibir lo mismo del lado de Alec y Jace, a quienes se une Magnus a rastras. Sus ojos verdes vuelven a adquirir el brillo dorado. El aura de igual color la vuelve a envolver.
— Ahora acaba con él, mi niña, — ordena Ithuriel. — Acaba con esta pesadilla de una vez por todas. Tú puedes.
Sin más dudas, Clary corre hacia Chamsael empuñando la Alabarda de Raziel, con su punta dorada apuntando al corazón de su adversario. Luke y Simon se interponen y reciben el impacto de la telekinesis del demonio mientras Ithuriel recibe un empujón. El avance de la Nephilim es irrefrenable.
— ¡Ven, maldita! — Alardea Chamsael. — ¡Ten un pedazo de esto!
Clary salta, alabarda en mano y punta hacia el corazón del demonio. Chamsael la espera en posición de combate. La Nephilim cierra los ojos. Mi fuerza me impulsa. Mi fe me guía.
*¡TCHAS!*
Clary abre sus ojos poco a poco. Apenas distingue el largo mango dorado de la Alabarda de Raziel, erguido y con rectitud, apuntando hacia el enorme y robusto cuerpo del desafortunado humano que alberga a Chamsael. La imagen se va aclarando gradualmente. La situación se va dilucidando.
— Ma...maldita...
Los vagos insultos de Chamsael hacen eco en los oídos de Clary. En pocos segundos, la imagen recogida por las retinas de la Nephilim se aclara. La situación se define. El desenlace es evidente.
— Lo logró, — suspira Ithuriel.
Delante de Clary yace Chamsael empalado por la punta de la alabarda a nivel de su corazón. El arma celestial se tiñe de rojo al abrir un enorme tajo horizontal en la piel de su recipiente, por el cuál salen numerosos chorros de sangre roja y oscura. Su rostro muestra una apertura desorbitada de sus ojos amarillos, con el morado de sus globos oculares brillando vivamente bajo la tenue luz del salón principal. La Nephilim nota un par de brazos rodeando y sujetando la cintura del demonio, arropados por mangas de chaqueta beige de cuero, acompañados de otros agarrando su cuello.
— Toma eso, hijo de perra, — Dean suelta el cuello del demonio.
— ¡MALDITA! — Grita Chamsael. — ¡ESTO NO ACABA AQUÍ! ¡HAY MÁS DE DONDE VENGO!
Clary ve como Chamsael es envuelto por unas llamas doradas que poco a poco lo desintegran. Los miembros de su equipo, incluyendo a una moribunda Isabelle y a un malherido Jace, se paran a su lado para atestiguar la desintegración del Archiduque del Infierno bajo desgarradores gritos y quemantes llamas. En pocos segundos, la alabarda dorada y ensangrentada cae al suelo, produciendo un retumbante eco al tocar las losas de granito. Las cenizas que deja tras desaparecer completamente activan un pensamiento masivo que todos exteriorizan mediante un suspiro. Al fin todo ha acabado.
— Cass, — Dean se dirige al ángel. — ¿No estabas en el generador?
— Si yo le ordené que lo sobrecargara, — se entromete Alec. — ¿Cómo es que estamos vivos, y usted está aquí?
— Lo abandoné al sentir la bendición de Raziel englobando a Clary, — Castiel sacude su gabardina. — Tuve fe.
— Y estabas en lo cierto, — Ithuriel da unas palmadas a Castiel en el hombro.
Clary se gira hacia su equipo, percatándose de que Isabelle se encuentra recostada en los hombros de Sam, con su torso cubierto por la chaqueta de cuero del cazador. La pelirroja abraza a su amiga.
— Lo siento, Izzy. Debí haberte protegido...
— No, — responde Isabelle. — La culpa es mía. No debí haberme dejado llevar por el Yin Fen desde un principio. Yo le proveí uno de los ingredientes para armar el escudo.
— Oye, no te sientas mal, — Dean la intenta reconfortar. — Sam y yo hemos iniciado numerosos eventos que acabarían con el mundo sin querer, y aquí estamos. Lo importante es haberlo detenido, y evitar que algo como esto vuelva a ocurrir.
— Bueno, créeme cuando digo que mi adicción no será un problema nunca más, Isabelle se dirige a sus compañeros Cazadores de Sombras. — Todo esto me ha dado la fuerza necesaria para parar de tomar veneno de vampiro, aunque mi corazón explote de abstinencia. No volveré a proveer nada que pueda usar ningún monstruo de nuevo, lo prometo.
— Y te apoyaremos en todo, — Alec pasa su brazo por encima de los hombros de su hermana. — Lo prometo.
El momento se ve interrumpido por un sonido de carne desgarrada. El grupo ve como Ithuriel aparta una espada de un recién apuñalado Escudo de la Desesperación, haciendo desaparecer el artefacto bajo un intenso haz de luz.
— Buen trabajo, equipo, — Ithuriel sonríe. — No quería irme sin deciros que ha sido un honor pelear a su lado, especialmente usted, Castiel.
— El honor es nuestro, — Alec se arrodilla, seguido por el resto de los Cazadores de Sombras.
— ¿Qué ocurrió con el escudo? — Pregunta Sam.
— Una vez armado, el Escudo de la Desesperación puede ser solamente destruido por Dios o un Arcángel. Lo voy a llevar al cielo, y me encargaré de que así sea.
— No olvides esto, — Castiel le hace entrega de la alabarda dorada.
— Quiero que todos recordéis este día, — Ithuriel se dirige al grupo. — Peleamos juntos, codo con codo, sin importar nuestra raza o lealtad. De hecho, no hubiésemos podido ganar sin la ayuda de las Criaturas de la Noche, incluyendo al Rey del Infierno. Recordad que todos somos hijos de Dios.
Al terminar su discurso, Ithuriel es rápidamente envuelto por una intensa luz y sale volando tan rápido que Sam y Dean lo perciben como una teletransportación. Humanos, Nephilim y Criaturas de la Noche se abrazan y sonríen entre sí, apenas pudiendo mantenerse de pie por el cansancio. Castiel mira hacia el techo. Adiós, Ithuriel, piensa. Gracias por todo
— ¿Extrañas tus alas, no? — Dean se acerca a Castiel.
— No es eso, — Castiel baja la vista antes de encarar a Dean. — Ithuriel ha sido el único ángel que ha alabado y congratulado mis acciones, mostrando pura admiración hacia mí. No me había sentido así desde...
La explicación de Castiel es interrumpida por un fuelte golpe de puño en su mejilla tan fuerte que lo hace caer. El resto de los presentes recibe golpes con iguales resultados. Todos notan la figura femenina parada en el centro de la habitación, quién sacude y acomoda sus anaranjados cabellos. Luke y simon la miran fijamente. Beatrice...
— ¿No habían matado a esta perra? — Dean se dirige a Luke y a Simon.
— Lo habíamos hecho, — Luke intenta pararse. — O eso pensábamos...
— Estaba esperando que ese maldito ángel se fuera, — Beatrice muestra sus babeantes colmillos. — Ahora que no está, os voy a destrozar a to...
Su amenaza es abruptamente interrumpida por una cuchilla que atraviesa su cuello. Su cabeza cae. Su cuerpo colapsa.
— Qué afiladas tenéis estas espadas, — Crowley aparece detrás de Beatrice, portando una espada larga con su cuchilla aún ensangrentada. — Creía que sólo eran decoraciones...
— Pensaba que no intervendrías, — Dean sonríe.
— Bueno, dada la incompetencia de todos vosotros, decidí intervenir. Además, acabo de interesarme por esta loba descabezada. Quiero aprender el secreto de la habilidad de Chamsael para otorgar mayor poder. Podría serme útil.
— Lo sabía, — Sam encara a Crowley.
— Bueno, ha sido divertido.
Crowley se despide de todos con un esto de manos antes de desaparecer con su característico chasquido de dedos. Sam y Dean suspiran al ver que el cuerpo y la cabeza de Beatrice no están. Demonios...
— Está bien, — Alec sonríe. — Lo atraparemos en algún momento.
— Ahora sí que hemos ganado, — Simon suspira.
— ¡Muy bien! — Dean encara al resto del equipo y sonríe. — ¡¿Quién quiere unas cervezas con hamburguesas?
