EPÍLOGO

Bar-Cafetería Way-Thru, afueras de New Palz, Estado de Nueva York, Siguiente día, 11:00 PM

Los Winchesters, Cazadores de Sombras, Simon, Castiel y Luke comparten un grupo de mesas unidas dentro del bar-cafetería Way-Thru. Todos levantan y chocan sus jarras de cerveza y vasos con whisky con fuerza y alegría, exceptuando a Castiel y a una aún exausta Isabelle. La Nephilim bebe discretamente un sorbo de su recién preparado Daiquirí y mira de reojo a Sam, quién le devuelve el gesto. Clary y Simon se agarran de manos.

— Por cierto, — sonríe Dean. — ¿Dónde dejaron a Alec y a Magnus?

— No pudieron venir, — suspira Jace. — Magnus dijo que tenía asuntos importantes que atender, algo de purificación de energías. Alec se está encargando de reorganizar el Instituto.

— Se lo pierden entonces.

Dean y Jace entablan contacto visual con dos mujeres sentadas en la barra, ambas rubias, de ojos azules, con rostros monumentales y cuerpos voluminosos. Ambas sonríen al serles devuelta la mirada.

— ¿Qué dices? — Dean se dirige a Jace con una sonrisa. — ¿Quieres ser mi segundo?

— Sólo si no la cagas, — Jace sonríe de vuelta.

— Sam, tengo algo urgente que hacer, — Dean se levanta de la mesa, bajo la mirada desviada y la sonrisa de su hermano. — No me esperes despierto.

Dean y Jace se levantan y caminan discretamente hacia las dos mujeres. La conversación casual y divertida sigue en la mesa. El grupo disfruta de un merecido descanso. La noche continúa.

Horas más tarde y ya cercano al cierre del bar, Jace y Dean caminan hacia el Impala aparcado en las afueras del bar, sosteniéndose el uno al otro. Ambos sonríen mientras se tambalean, cargando con un evidente estado de embriaguez bajo el aún oscuro cielo. El cazador ayuda la Nephilim a montarse en el asiento del copiloto antes de ocupar el del chofer.

— ¿Dormiremos aquí? — Pregunta Jace.

— Mi hermano y yo lo hemos hecho. Nunca nos ha matado.

— La cagamos allí atrás con las rubias, — sonríe Jace.

— Cometimos errores, — Dean cierra los ojos. — Eso ocurre a veces.

Al Jace cerrar los ojos, siente una voz terriblemente familiar proveniente desde el asiento de atrás, lo que lo hace tomarse algunos segundos antes de corroborar lo escuchado.

— ¿Jace, te importaría...?

El Nephilim rubio se gira bruscamente hacia atrás y abre grande los ojos frente al panorama, para luego girarse de nuevo hacia adelante y volverlos a cerrar. El ruido despierta a Dean, quién imita la secuencia de gestos.

— ¡IZZY! — Exclama Jace. — Tienes que estar bromeando...

— Sam, — sonríe Dean. — No sabía que tenías compañía...

— Dean, — Sam cubre el desnudo cuerpo de Isabelle con su camisa. — Sólo danos unos minutos para...

— Los dejaré solos, — Dean abandona el Impala. — Pórtense bien.

— ¡DIOS! — exclama nuevamente Jace al salir rápido del auto.


Afueras del Instituto de los Cazadores de Sombras, Nueva York, 4:00 AM

Un hombre camina en la oscuridad rodeando el Instituto de Cazadores de Sombras de Nueva York, portando consigo una oscura caja de metal. Sus botas de combate dejan huellas sangrientas provenientes del cadáver decapitado que deja detrás. Los numerosos tatuajes de este último brillan bajo la pálida luz de la luna.

El hombre se para debajo de una farola y mete la mano en su bolsillo, sacando subsecuentemente un vibrante celular. La luz muestra su cara al atender la llamada.

— Arthur Ketch hablando, — el hombre habla con el celular, con intervalos silenciosos interpuestos al escuchar a la persona del otro lado de la linea. — Sí, señora, tengo el artefacto conmigo. Tuve que burlar el protocolo y matar a un desafiante Cazador de Sombras.

Ketch guarda silencio por unos segundos antes de dar su última palabra.

— Comprendo. Enseguida le envío el reporte.

El inglés abre la caja de metal y sonríe al cerciorarse de su contenido. La apertura de la caja revela la Colt, brillante e intacta, guardada entre fundas y almohadillas negras. Ketch sonríe y contempla el arma antes de cerrar la envoltura, y desaparecer en la oscuridad.

— Nos veremos de nuevo, Cazadores de Sombras...

Fin...?