Pokémon no me pertenece, es propiedad de GameFreak, The Pokémon Company, Satoshi Tajiri, etc.
Capítulo II: ¿De nuevo te tienes que ir?
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Unas semanas antes:
No se lo podía creer. Hace más de un año que todo estaba bajo su total control, nada podía escaquearse de sus ásperas y gélidas manos, mismas que habían arrebatado miles de almas como si sólo se tratase de un simple juego. Según su retorcida mente, ningún escaso detalle podía capear sobre la información actual. Su juicio se estaba poco a poco zafando de su ser, estaba rodeado de una bola de inútiles incompetentes que no podían ni vigilar a un viejo cuerpo oxidado, atado a un montón de cadenas herrumbrosas por el oxido, provocada por la humedad. No lo demostraba por fuera, su cuerpo consumido por los glaciales de la inhumanidad no se inmutaba. La otra versión era su corrompida mente, el calor de los sin límites de rabia, bombeando el calor exacto para su organismo como su igual asqueroso corazón.
No había respuesta por parte de los demás presentes en la espaciosa sala en donde estaban. Todos temían por su vida, el sentimiento que inundaba y arremetía en los cerebros de todos, podía compararse al de la muerte. Sólo que esta vez, en el interior de sus viseras, ya se daban por muertos mientras que sus corazones seguían latiendo a toda máquina, como teniendo miedo de ser arrancados de una mientras que las venas seguían conectadas en su complejo circuito.
Si llegasen a morir ahí, nadie lo sabría, todos los testigos (si es que quedaba alguno) debían callar para siempre. Todos sabían que si la información de lo que pasaba ahí se filtraba a las autoridades, habría un completo genocidio hacia todos aquellos que juraron lealtad, misma que era puesta a prueba conforme pasaba el tiempo. Ahí en donde estaban, debían jurar devoción hasta fenecer en el valle de la muerte antes de todo, porque una vez que empiezas, debes entregar alma y corazón para él.
— ¿Dónde está nuestro hombre que debía de vigilarlo? — Por fin, aquella voz autoritaria de la que todos temían, resonó por todo el lugar como si un atronador relámpago cayese del cielo. Penetró los tímpanos de todo aquel presente, llegando incluso a zarandear las viseras, entrañas, cerebro e incluso las almas en pleno escarmiento.
Él estaba exigiendo una respuesta inmediata, no debían hacerlo esperar. La multitud frente a él enmudecía mientras los segundos transcurrían tan lentos que se hacían eternos. Ni un murmuro, todo en un silencio tan sepulcral, como si la pregunta se hubiese soltado en un cementerio abandonado, en donde sólo la luna y los restos de las lapidas, serían la compañía del valiente hombre que se adentraba a la boca del lobo.
Parecía que las plegarias de todos se habían escuchado en los recónditos del paraíso. Un individuo de la multitud comenzaba a moverse hacia el frente, los demás se quitaron tan rápido de su recorrido para dejar de estorbarle al lacayo y afrontase como era debido su destino. Fueron tan veloces como se les fuese posible, no querían que la ira les llegase a ellos por igual como si de un comunismo irracional se tratase. Aquel pobre recluta ya estaba cara a cara con su jefe, parecía estar en total serenidad, su cuerpo no tiritaba sin control y parecía que su ritmo cardiaco estaba tan en calma como las olas del mar muerto. Incluso tenía las agallas o quizás un severo retraso mental para mirar directo a los ojos del hombre que le sacaba más de dos cabeza de altura.
— ¿Tú eras el encargado de custodiar a Ghetsis? — Ninguno de los dos se movía de su lugar, ambas miradas chocaban como si la tierra estuviese batallando contra las cantidades incontables de mar por el dominio del planeta. Unos ojos impregnados en determinación contra unos inyectados en sangre que reclamaban insaciablemente el cuerpo sin vida de quien estaba al frente de ellos.
— Lo único que sé, es que escapó con la ayuda de los…Ninjas del Equipo Plasma — Respondió el recluta con bastante calma. Nadie sabía en qué estaba pensando aquel hombre que aparentaba no tener ni una pizca de sentido común. O ya se había rendido mentalmente, siendo conocedor del destino que le esperaba, o en realidad era un persona con una esperanza rebosante que esperaba alguna indulgencia por el lado de su sanguinario jefe.
Ahora sí que estaba colérico. Habían llegado informes sobre tres individuos desconocidos que trabajaban con el Equipo Plasma, pero hasta ahora nada que fuese oficial. Ninguno de sus reclutas había podido verlos, los sensores captaban sus meticulosos movimientos dignos de un maestro de las sombras, pero cuando era el momento de revelar de quién se tratase, se desvanecían de la nada. Primero fueron llamados "Fantasmas" pero al pasar de los mese, el mejor nombre para aquellos extraños individuos, era el de "Ninjas" Al final, toda la cortina de humo que no dejaba ver la verdad, se había esfumado delante de sus ojos. Al parecer, los malnacidos Plasma habían logrado conquistar el campo que él llevaba tiempo intentando embolsar para sus propósitos personales. Ahora tenía más razones para darle una pequeña visita a Ghetsis.
Las emociones nuevas se juntaban formando una incandescencia por el calor latente interno. Más que un calor corporal, parecía el magma ardiendo que asciende por la corteza terrestre. Incluso cuando todo estalló en su interior, emulaba a la perfección la explosión de los grandes geiseres. No sólo era la furia azotando sin clemencia alguna su mente, sino también un extraña sensación de emoción palpitaba latentemente en su pecho. Aunque sea el fallo, había traído algo nuevo para sus ambiciones; no era una perdida completa. Ahora tenía que borrar a dos personas y doblegar o adueñarse de tres más.
Sin más, posó con rapidez su mano derecha sobre la cabeza de la escoria de su recluta, su palma y dedos eran ridículamente más grandes que toda la cabeza de aquel pobre hombre. Así como sentía su rabia, así la expresó. La victima sólo pudo sentir con terror, cómo su cabeza era rápidamente prensada por el agarre, siendo agrietada por la inhumana y desmesurada fuerza de su verdugo. El calvario por el que pasaba, era como si las indomables llamas del infierno se posaran sobre su ser, hasta la medula espinal se estaba estremeciendo por el dolor. Lo último que pudo ver con sus ojos que poco a poco se le escapaba el brillo y el valor que antes tenía, fue la mirada de su "jefe" Era como si él no le importase ejecutar aquel acto fuera del orden de la naturaleza. Aquella expresión monótona, fue lo que terminó por quebrar el espíritu del sorche condenado. Ni siquiera pudo gritar de dolor, tratar de zafarse de las manos de la muerte o al menos poder articular alguna palabra o sonido. La desconexión total con el mundo terrenal llegó para él cuando todos los presentes escucharon el inmundo y repugnante sonido del cráneo y todo su contenido explotar en mil pedazos. Parecía irreal lo que se había quedado grabado en la retina de todos, el cuerpo cayó completamente inerte en el frío suelo. Parecía que hubiese sido víctima de una decapitación como se hacía en la época de sus ancestros. Aún seguía derramando fluidos rojos, pero la mayor parte de la atención estaba en el jefe, su mano estaba repleta de aquella sustancia tan vital para cualquier ser vivo. Por sus dedos resbalaban las partes restantes de la cabeza que había sido reventada en mil pedazos. Lo único que aquel monstruo carente de alguna pizca humana hizo para asear su extremidad, fue zarandear esta de un lado a otro hasta que él creyó que había sido suficiente.
— Preparen mi equipo… — Comenzó a caminar hasta donde estaban el resto de sus lacayos. Aunque estos estuviesen con las imágenes recientes, debían volver a su compostura usual. Sabían que debían darle vuelta a la página rápido, de lo contrario lo peor podía pasar. —Iré a visitar a mi viejo amigo. — Con aquella última sentencia, todos asintieron y volvieron a sus puestos de trabajo. Todos los preparativos debían estar listos.
— "Él es el Alfa y el Omega. Pero nosotros somos la desesperación…El Ómicron" — Dijeron todos al unisonó una vez su líder indiscutible se preparaba para salir.
Tiempo Actual:
— Entonces no hay mucha esperanza de volver a verla — No quería sonar abatido ni mucho menos frente a su amigo. Pero era difícil no sentirse al menos decepcionado de hacer un largo viaje hasta la región de Kalos y no poder ver a Serena. Aunque se le dificultase creer el hecho de que volvió a pisar esas tierras que ya conocía por… ¿amor?, Sabía en el fondo de su agitada mente, que ese hecho era el más contundente para hacerlo regresar. No podía engañar a nadie, ni siquiera a él mismo, todos sabían que algo cambió en el corazón de aquel despistado entrenador el día de su recordada por todos, despedida con Serena. — Supongo que me concentraré sólo en la liga y tratar de volver verme con Greninja. — Fue lo último que le dijo a Clemont antes de soltar un largo suspiro. Tanto el rubio líder como Pikachu, entendían la clara decepción que transmitía el lenguaje corporal de Ash, pero todos ahí sabían que no podían estar lamentándose. Aún había un minúsculo rayo de esperanza que se asomaba como los tímidos reflejos del sol que amenazaban con exterminar las tinieblas de la más oscura noche.
La charla de ambos chicos hubiese seguido su trascurso de no ser por el característico sonido de la puerta del elevador al abrirse, llamó el interés de los únicos presentes en la arena de combate. Ambos voltearon sus miradas a la dirección del sonsonete mecanismo del ascensor. Sea lo que sea, debía ser importante o al menos para Clemont ya que él era el líder de gimnasio en Lumiose.
Quien estaba parado frente a ellos, los dejó cuanto menos estupefactos y algo fríos por el momento. Tenían cara a cara a un Greninja de brazos cruzados, no se movía de su lugar, sólo observaba sin perder detalle de los humanos que estaban a unos metros de su sitio.
Para el entrenador azabache, no pasaron muchos segundos para saber con toda certeza que al frente de él estaba quien había sido su Pokémon. Pikachu fue el primero de los cuatro en reaccionar, saltó del hombro de Ash, se acercó con velocidad a Greninja y así mismo le dio una calidad bienvenida en lenguaje Pokémon. El nacido en Kanto no se quedó atrás, cortó toda distancia que separaba su reencuentro y así mismo, estrechó su mano con la del Pokémon Ninja con una gran sonrisa dibujada en su rostro. En el momento en que el saludo entre ambos concluyó, Greninja señaló el ascensor que aún mantenía sus puertas abiertas, el entrenador no comprendía muy bien el que su camarada de Kalos, permaneciese señalando el lugar con énfasis.
Una vez que Ash se dignó a clamar su vista en el sitio señalado, sintió que poco a poco, tiempo se estuviese deteniendo, todo a su alrededor se estaba desvaneciendo en pequeñas partículas que se replegaban por todo el mundo, todo parecía tan frágil en ese momento, pero a la vez efímero. Había visto todo lo que sus ojos, cuerpo y alma anhelaban desde su época y travesía en Alola. Aquellos delicados rizos que recordaría y asociaría toda su vida con la dulce miel, aquellos orbes zafiros como el inalcanzable firmamento y que siempre lo miraban de una forma tan singular, Aquel rostro tan fino y delicado que hacían que el azabache no perdiese detalle alguno de cada gesto y articulación que provenían de semejante pieza arte. Dentro de aquel ascensor, estaba la principal razón del retorno del entrenador de Kanto.
Por otro lado, cuando Serena subía por el ascensor y este se abrió, dando la clara señal de que había llegado a su destino, vio de nuevo al chico que había hurtado sus sentimientos en ese sentido de la palabra. Muchas emociones y dudas se estaban anclando sin piedad en la mente de la chica, su cerebro se encontraba maquinando a mil por una, si seguía así el vapor de los engranajes de su mente, se iba a escabullir por sus oídos. ¿Qué hacía él ahí? ¿Cómo reaccionaría al verla? ¿Qué le diría sobre el beso en el Aeropuerto? ¿Y si estaba molesto por eso? ¿Podrían seguir siendo amigos? Se iba a volver loca si seguía así, las rápidas ideas estaban nublándole el juicio, su mente y su alma estaban jugando una complicada partida de ajedrez en donde, la mente tenía en jaque al resto de la artista. Todo esto comenzó a afectarle su lenguaje corporal, su corazón latía como a gran velocidad, su órgano vital se sentía como si estuviese a punto de reventarle el pecho en cualquier momento con un potente latido. Aquellos sentimientos cada vez más aumentaban el flujo de sangre, provocando que un rubor pintara con delicadeza los pómulos de la no tan serena chica. Las piernas le estaban temblando un poco, pero debía soportar toda tensión que amenazaba con quebrarle la columna. Un movimiento en falso y el inocente huevo que protegía en sus vendados brazos, podría no contarla para la siguiente ocasión; No sólo el huevo, también la relación que tenía con el despistado entrenador. Qué decir de cuando vio con lentitud a Ash acercándose a donde estaba ella de pie, ya había dejado de pensar, su sentido común había desaparecido, dejando completamente sola a la pobre chica en un momento tan crítico como ese. Ya sin una pizca de razonamiento, agarró el huevo con una sola mano y con la otra presionó todos los botones del ascensor, para su "suerte" este cerró sus puertas antes de que Ash pudiese llegar a ella.
Ahí fue cuando la verdadera pregunta azotó sin clemencia la mente de Serena: ¿¡Qué demonios había hecho!? Acababa de literalmente cerrarle la puerta en la cara al chico que le gusta. Se estaba mortificando por dentro, la culpa se estaba comiendo sus órganos más vitales, porque lo que le quedaba de cerebro, ya había sido digerido segundos atrás por las fauces de la presión. Braixen no sabía cómo exactamente ayudarla, sólo podía ver con pena las acciones que estaba haciendo su entrenadora. Tenía bastante tiempo, pues había presionado todos los botones del ascensor y la torre era ridículamente alta. Primero se recostó sobre la fría estructura metálica del ascensor y así mismo, su cuerpo comenzó lentamente a resbalarse hasta caer sentada en el suelo. Ni siquiera alzaba la vista o al menos daba señales de atención cuando las puertas del elevador se abrían en cada piso presionado por los delgados dedos de la nacida en Kalos. Luego de lamentarse unos segundos ahí, se levantó, colocó su cabeza de nuevo en la pared de metal y así, empezó a darse leves golpes en su frente una y otra vez. Una vez que sus lamentos, sollozos y maldiciones terminaron, optó por una nueva actitud, más clara y menos nerviosa. Notó que el ascensor no duraría mucho hasta abrirse en el piso en donde estaban los demás. ¿Qué carajos iba a hacer? Fácil (o eso pensaba), trataría de actuar con toda la normalidad del mundo, incluso intentaría sonar algo profesional frente a Ash, al final qué era lo peor que podía pasar.
Quería aparentar que todo estaba totalmente bien, que lo de cerrarle la puerta a Ash en la cara había sido un error en la simulación. Haría como que fuese la primera vez que colocaba un pie en el gimnasio y que nada de lo que había pasado minutos anteriores fuese cierto. La cruda realidad la golpeó sin piedad cuando el ascensor se detuvo en el piso indicado, hasta el pequeño sonido que indicaba que ya había llegado, logró romper el pequeño esquema que ella misma se había marcado. ¿En qué estaba pensando? Obvio que no estaba lista aun para poder dirigirle la palabra sin vergüenza después de lo ocurrido, ni siquiera se sentía segura si lo podía ver a los ojos sin querer que estos se le saliesen por la pena que había vivido antes.
Ya no había vuelta atrás para la artista Pokémon, las puertas se habían abierto y como ella sospechaba, Ash estaba a centímetros de ella. Si lo analizaba un poco, parecía que el chico quería lanzarse de cabeza al ascensor. Ahora sí estaba literalmente acorralada, no había algún escape. No es que la atormentada chica no quisiese estar con el entrenador que estaba parado frente a ella.
— C-Cuánto tiempo sin verte…Ash — Eso fue todo lo que pudo salir de la agitada Serena, le costó algo de tiempo encontrar su voz en aquel seco lugar en donde yacían sus cuerdas vocales. El tono no le salió tampoco como ella esperaba en su plan mental, quería sonar natural, pero en realidad comenzó a trabarse en tan sólo la primera línea de su frase. Sonaba tan nerviosa, había pasado mucho tiempo desde que ese sentimiento la había bloqueado por completo.
Justo en ese lapso de segundos interminables, fue que ambos por fin se detallaron con más calma. Serena ahora vestía una nueva vestimenta que consistía en una camisa como la del comienzo de su aventura pero de color blanco con el cuello rojo y aun llevaba el lazo que le había regalado Ash, llevaba un chaleco como el antiguo pero de color negro y usaba una falda de color rojo y unas botas pequeñas de color negro con adornos de unas Pokéball de color rosa y usaba unas medias hasta un poco más debajo de las rodillas de color negro. En su cabello usaba unas pequeñas esferas que amarraban los mechones de cabello como a un zoroark de color rosa pálidas. Usaba un sombrero de color oscuro como la noche con unas cintas de color rosas con el adorno de una flor, algo parecido a una boina, llevaba un bolso de color rosa algo intenso con adornos florales y en el centro de todos, unos listones de Sylveon haciendo un corazón.
Una vez que el cerebro de Serena analizara la nueva apariencia del chico que estaba parada a unos cuantos centímetros de ella, no pudo pasar por alto el hecho de que ahora él era más alto que ella. En el pasado, ambos eran de la misma estatura, incluso en algunos casos, ella parecía ser un par de centímetros más alta que Ash. Pero ahora los papeles se habían invertido, incluso cuando la chica vio de reojo a Clemont, notó que este también se había estirado gracias a la pubertad o al menos eso era lo que creía.
El chico de Kanto quería verse tranquilo, pero en realidad estaba echando humor por dentro, su cerebro estaba al borde de algún colapso. Detrás de esa calma, se encontraba alguien que estaba por saltar de la Torre por el nerviosismo que le producía estar con Serena. En su primera aventura por Kalos, jamás vivió algo por el estilo, la compañía de la pelimiel era de lo más normal para él hasta el día de aquel beso en el aeropuerto. Aquellos impensables sentimientos hacia ella, no lo dejaban tranquilo; Incluso lo tacharían de enfermo mental si algunos de esos pensamientos hacia con ella saliesen a la luz.
La confianza de Ash se estaba quebrando como si el vidrio de una ventana, fuese impactado por una bala. Las pequeñas gotas de sudor que se resbalaban tímidamente por sus manos, fue la primera mala señal para él. Si todo seguía así, su organismo podría delatarlo más frente a Serena. Pronto, no tendría ni el valor de verle directo a los ojos sin soltar alguna estupidez y dañar el momento que le había tomado dos años de su vida volver a armar.
¿Qué fue lo que ella le había dicho al principio? Estaba tan perdido en mantener el control, que olvidó por completo las primeras palabras de Serena hacia él. ¿Cómo rayos respondería a algo que ni había escuchado? El tiempo se le agotaba, ella parecía empezar a sospechar por como miraba de reojo.
Sin tiempo y con todas las de perder, Ash hizo lo único que pudo maquinar en ese momento. Sin que la chica se lo esperara o al menos lo imaginara, Ash en un rápido movimiento la abrazó. La calidez humana que ambos cuerpos desprendían, los invadió a los dos rápidamente, un calor tan familiar que ambos pensaron que jamás volverían a sentir. En una acción de milésimas de segundos, sus mentes comenzaron a traer los recuerdos de aquel maravilloso primer viaje por la región. Cada momento vivido, cada sonrisa, victoria, derrota e incluso las lágrimas.
El tiempo fue tan relativo en ese abrazo, ninguno de los dos sabían cuánto tiempo llevaban así. El resto del mundo había dejado de existir por ese efímero pero duradero momento para ambos. Todo iba perfecto, hasta que una voz invadió el universo que se había creado en las mentes de Ash y Serena.
— Oye hermano, ¿has visto mi…? La menor de los hermanos rubios había aparecido, ella no tenía ni idea sobre la llegada de sus dos amigos por lo que sólo había ido al campo del gimnasio para hablar con su hermano mayor. Enorme fue la sorpresa al ver a Ash y a Serena ahí, incluso estaba Greninja. La sorpresa mayor fue cuando vio que el entrenador y la artista estaban compartiendo un abrazo. Eso sí que era nuevo para sus ojos. — ¿¡Ustedes dos están...!? — Estaba tan exaltada que su emoción no dejó que sus cuerdas vocales terminaran de producir el resto de su oración.
Aquel grito terminó de perturbar el mundo entre los anteriormente nombrados. Serena por fin se había dado cuenta lo que estaba pasando y los que estaban a su alrededor. Ash al percatarse de lo que había hecho, entro en pánico mental, rompiendo rápidamente con el abrazo, colocando su mano sobre su boca, ocultando parte de su rostro en señal de vergüenza. Serena no se quedó atrás, sentía que si miraba de nuevo a los ojos del entrenador, explotaría o algo así.
Ambos voltearon en dirección a Bonnie. De todo el grupo, ella era la que más había cambiado físicamente, ahora era más alta, vestía un vestido beige mientras que la parte de debajo de este era de color verde, un chaleco largo de color naranja con un listón verde en el medio muy parecido al de Serena. Aún llevaba su mismo peinado pero más largo y suelto, llevaba un short que le llegaba hasta las rodillas de color verde y unos zapatos de color rojos con la parte de una Pokeball de color rosa.
Ambos estaban algo sorprendidos de que esa que estaba al frente de ellos, era la no tan pequeña Bonnie. Y pensar que hace unos parpadeos, ni siquiera tenía la edad para tener un Pokémon.
El momento que había nacido, provocó que Ash y Serena olvidaran de momento lo que anteriormente había sucedido. Tenían sus mentes enfocadas en que por fin el grupo se había reunido de nuevo. Sin haberlo notado, hicieron un pequeño círculo entre ellos; contando cada anécdota nueva que había ocurrido durante los últimos tiempos, incluso recordando las pasadas. Hasta los Pokémon presentes compartían entre ellos.
Fácilmente estuvieron así por una hora, pero ninguno estaba teniendo la noción del tiempo. A veces, las historias con aires serios, se tornaban en risas por parte de todos por el final inesperado de dichas anécdotas.
— A mí me pasó algo muy parecido cuando estaba en Alola — Una vez que había parado de reírse por la historia que Clemont había contando, era el turno de Ash de contar lo que le había sucedido en su estancia en la isla paradisiaca.
Flashback:
— Vamos Decidueye — Ash trataba de convencer a su Pokémon mientras ambos entrenaban en el campo de entrenamiento del centro Pokémon en la ciudad Malíe en Alola — No tengas miedo y usa Puntada Sombría en mí — Alentaba a Decidueye mientras él tenía la flecha apuntándolo pero sin el coraje suficiente para soltarla.
Tras unos segundos de pensar sobre si hacerle caso a su peculiar entrenador, no tuvo más remedio de seguir aquella extraña y suicida orden. Soltó la flecha pero esta no hizo lo que debería. Normalmente la flecha da varías vueltas, cae a escasos centímetros del adversario y luego explota en un fuerte ataque fantasma. Esta siguió de largo y le dio de lleno al pecho del pobre chico. Despertó tres días después en la cama del Centro, logró ver las caras de preocupación de sus amigos al igual que lo miraban con desaprobación por aquella estúpida idea.
Fin del Flashback:
Y así, todos volvieron a reírse, incluso Ash no podía reprimir la risa al volver a escuchar esa historia.
Serena tenía una anécdota que contar, pero el sonido de su videomisor la interrumpió completamente. Se alejó unos cuantos metros del grupo para poder contestar la llamada entrante. Todos los demás la veían con un ápice de intriga. ¿Acaso sucedió algo malo?, ¿Su mamá necesitaba algo?, ¿Emergencia familiar? ¿Acaso otro chico la estaba llamando? Esas sólo eran algunas de las muchas preguntas que todos idearon en tan poco tiempo (aunque la última sólo fue de Ash)
— Era Palermo. Quiere que nos veamos en este momento — Esas palabras fueron las únicas que salieron de la boca de Serena para poder callar a todos. Apenas se habían reunido y ella ya tenía que irse de nuevo a otro sitio. El que estaba más afectado (aunque no lo quisiese decir) era Ash. — No tardaré demasiado…espero. Una vez que termine de verla, nos podemos reunir de nuevo. — Todos asintieron con las palabras de la chica. La obligación llamaba las puertas de la artista y ella no podía negarse a su llamado. Aunque quisiese seguir pasando el tiempo con sus amigos, debía de ir a si sea corriendo a donde Palermo.
Con el tiempo contado, Serena salió de la Torre junto a Braixen y el Huevo que sostenía en sus brazos, dejando de nuevo al grupo incompleto. Bonnie sólo soltó un suspiro al ver a su amiga irse del lugar, Clemont decidió volver a dedicarle su atención a un proyecto importante que tenía en mente desde hace meses. Ash sólo seguía de pie en el medio del campo de batalla mientras que Pikachu estaba en su hombro.
El chico de Kanto hubiese seguido ahí de pie todo el día, de no ser porque alguien había llamado su atención. Volteó a ver de quién se trataba sólo para ver a Greninja viéndolo fijamente. Ambos mantuvieron la mirada fija hasta que, el Pokémon tipo Agua extendió su puño hacia el único entrenador con el que había formado un vinculo.
Ash comprendió fácilmente lo que su Pokémon quería. Había pasado mucho tiempo desde que él había fusionado lazos con él, pero estos aún existían y latían con vida propia. Sin más complicación, el azabache respondió el icónico choque de puños con una gran sonrisa mientras cerraba sus ojos. Así duraron unos segundos, los sentimientos de ambos se estaban entrelazando una vez más. Aquella sensación tan cálida para Ash estaba llenando de nuevo su cuerpo, incluso los latidos de ambos estaban en una perfecta sincronía. Cuando abrió sus oscuros ojos de nuevo, lo primero que vio fue aquel torbellino de agua mística que envolvía al Pokémon sin retroceder un poco.
— Estoy de vuelta…
Reviews:
Guest: La idea era publicar los tres capítulos de una, pero prefería aguantarme un poco ya que como dices: voy a agregar más contenido a la historia y también a arreglar algunos detalles ya que todo estaba escrito a base de "POV". Trataré de mantener todo igual de cómo veníamos, algunos detalles del tercer capítulo serán cambiados, pero la estética de la historia la intentaré llevar igual. De todo lo que llevábamos escribiendo, nunca había puesto al equipo villano, así que me pareció buena idea hacerles una pequeña presentación en los primeros capítulos para agregar más contenido a la historia.
She Who Loves Pineapples: El Team Plasma es uno de mis favoritos de la serie, quería al menos darle un poco de participación en esta historia. También al trío sombrío el cual nunca salió en la serie así que, qué mejor manera de presentarlos xD
Guest 2: No subí más capítulos porque me pasaron mil cosas a lo largo de estas semanas xD. Pero prometo volver.
Sé que dije "publicaré antes de que acabe la semana" pero es que me pasó de todo en el transcurso de este tiempo xD.
Entre sacarme las cordales hasta tener que rasparme las encías. Estuve de reposo unas semanas por culpa de lo anteriormente nombrado y de verdad no estaba de humor para escribir. Pero ya volví y espero ser más puntual ahora.
Espero que hayan disfrutado de este capítulo y también vernos en el siguiente.
A cuidarse.
