-¡No puedo esperar a verla yo mismo!- canturreó Tino ansiosamente, siendo el único del grupo que brincaba emocionado en su asiento.
-Sí, amor, lo sabemos- respondió Berwald, con un poco de diversión camuflada tras su habitual tono monótono.
Las cuatro naciones nórdicas y Peter se encontraban agrupadas en la terminal del aeropuerto de Copenhague, esperando su viaje programado después de un largo y agotador vuelo en el que Tino no dejaría de parlotear incesantemente sobre el día que les esperaba, Berwald no dejaría de mirar a Tino como si realmente se encontrara interesado en su charla en lugar de la desnudez debajo de su ropa, Peter no dejaría de quejarse sobre de la falta de malteadas en el avión, además de patear el asiento frente a él, y Emil no dejaría reproducir esa maldita música de rock en sus oídos siquiera por dos segundos para mantener una conversación con Lukas, y mucho menos dirigirse respetuosamente a él como "hermano mayor". Ahora se encontraban sentados en las frías bancas plásticas, rodeados por los bulliciosos civiles daneses, apurándose hacia sus destinos o corriendo, reencontrándose con familia y amigos, o simplemente sentados, esperando por sus viajes también. El grupo no tenía nada qué hacer, a excepción de Emil, que aún tenía los auriculares metidos en las orejas y ahora sacudía la cabeza y tocaba una guitarra de aire, y Tino, quién tenía mucho de qué hablar.
¿Y exactamente, por qué estaban en el edificio invernal del aeropuerto, esperando por un viaje que tenía dos horas de retraso y contando, con el mocoso de Tino y Berwald tomando la siesta en el hombro de Lukas como si fueran amigos cercanos (lo cual no podría estar más lejos de la realidad)? Todo porque el estúpido danés les había enviado un mensaje de texto. Lukas sacó su teléfono móvil del bolsillo, tocó la pantalla varias veces para ver sus mensajes y lo releyó con una mueca de disgusto.
"Lukas, Emil, Tino, Berwald (y el mocoso, supongo) no lo creerán, ¡pero me regalaron una MANSIÓN! ¡Es más nueva, más grande & totalmente asombrosa! Es increíble, chicos, deberían venir & verla. ¡No, VENDRÁN a verla! ¡& se quedarán aquí! ¡Un no no es una opción! Con amor, Mattie. :)"
Y había aproximadamente cincuenta textos más del mismo tema, pidiendo a los nórdicos que vinieran lo más pronto posible. Lukas suspiró ruidosamente, apagó su teléfono y se lo guardó en el bolsillo del pantalón. Levantó las rodillas hacia su pecho y las abrazó, los dedos de sus pies colgando del borde de la silla. Elegí la ocasión perfecta para usar putos jeans delgados, se recriminó silenciosamente, con sus rodillas temblando. A pesar de estar acostumbrado al clima frío después de vivir en él durante siglos, Lukas no pudo evitar el estado de dientes castañeantes, espasmos en la columna vertebral y congelamiento en la sangre en el que su cuerpo involuntariamente entró. Lo peor de eso era el hecho de que eran mediados de primavera en Dinamarca, y nada es más confuso que la temperatura corporal caiga durante una de las temporadas más cálidas después de un largo invierno. Qué no daría Lukas por poder recostarse en su cálida y cómoda cama bajo la gruesa y cálida colcha, bebiendo una taza de delicioso café caliente y simplemente estar caliente.
-Qué gran manera de iniciar una vacación- murmuró Lukas sarcásticamente para sí mismo.
-¡Ah, vamos, Lukas! ¡No está tan mal!- le aseguró Tino, interrumpiendo su propia corriente de pensamientos para sonreírle a Lukas.
-En caso de que no lo hayas notado, Tino, estamos varados en un aeropuerto congelado, congelando nuestros traseros por esperar a un imbécil incompetente que parece no saber medir el tiempo, con estos estúpidos imbéciles que no pueden subir el estúpido calor por un par de minutos para que así sus clientes no se conviertan en carámbanos sentados- despotricó Lukas.
-¿Congelado? Lukas, es primavera, y no hace frío aquí- dijo Tino, cambiando su sonrisa de perrito por una mueca confundida.
-¿Qué?- Lukas miró a Tino y finalmente notó que él no estaba temblando en absoluto. De hecho, ninguno de los otros se encontraba temblando visiblemente; él era el único congelándose a muerte.
-Lukas, ¿te encuentras bien?- preguntó Berwald. -¿Estás enfermo?-
-No, no estoy enfermo- murmuró Lukas. Luego suspiró y agregó: -Pero es extraño, me sentía bien hasta que pisamos Copenhague. Luego, no sé...-
-Bien, mira el lado bueno, al menos estamos más cerca de ver la nueva mansión de Mathias, ¡y es muy lindo de su parte dejar que nos quedemos ahí por vacaciones!- intervino Tino mientras la sonrisa amable volvía a marcarse en su rostro.
-Sí, porque nada es más fantástico que verte obligado a pasar tus vacaciones en la casa de un lunático explosivo, puesto que el tonto lunático no te dejará elegir, y probablemente te arrastre hasta allí él mismo.- Lukas rodó sus ojos, y se frotó los brazos para ganar algo de calor.
-Aw, mi pequeño Norge, ¡me conoces tan bien!-
Los nórdicos mayores se levantaron de sus asientos ante la voz, con Tino como el único dando un grito agudo y Peter despertando por el movimiento de Lukas; Emil que seguía felizmente inconsciente de la situación, perdido en su propio mundo musical. Miraron por encima de sus hombros y ahí estaba el gran "rey escandinavo" en persona, con una gran sonrisa tonta como si acabara de escuchar uno de los mejores chistes de todos los tiempos.
-¡Oh, hola Mathias!- Le saludó Tino.
-¿Qué hay, Tino?- Mathias respondió, acercándose al grupo para dar un abrazo a Tino y Berwald. -Hey, Berry, ¿cómo va todo?-
-Todo va bien- Berwald se asfixió cuando su cuello se apretó en el abrazo de Mathias. -Y no me llames Berry.-
-¿Hay manera de que podamos guardar los saludos y la alegría para más tarde? Porque ahora mismo, mis bolas se van a caer por la ausencia de calor aquí- dijo Lukas mientras se ponía de pie.
-¿Ausencia de calor?- Mathias repitió la frase confundido. Inclinó la cabeza hacia un lado. -Lukas, hombre, sé que mi país se enfría mucho, pero maldición, esto no es Winter Wonderland o algo así, entonces ¿por qué deberían subir la temperatura? Aparte, se siente bien aquí.-
-Bueno, como sea, vámonos ya.- Lukas agarró su maleta y la arrastró hasta la salida más cercana. Los otros se miraron desconcertados, encogiéndose de hombros y siguiendo su ejemplo, Berwald cargando al aún semi dormido Peter sobre su hombro, Tino llevando la maleta de Peter y Mathias golpeando el hombro de Emil para llamar su atención y ponerlo en movimiento.
El grupo salió y esperó a que Mathias trajera su vehículo hasta ellos. Cuando lo condujo hasta donde estaban, todos, excepto Berwald se quedaron boquiabiertos en estado de shock y luego estallaron en un ataque de risa.
Mathias bajó la ventanilla y asomó la cabeza. -¿Qué es tan gracioso, muchachos?-
-Mathias, ¿una minivan?- Dijo Berwald incrédulo, haciendo un gesto hacia la minivan plateada.
-¿Qué hay de malo con ella, Berry?-
-Berwald, y no hay nada mal con ella, si eres un aspirante a mamá de fútbol.-
-¡Oye!, ¡no hagas bromas a mis expensas! ¡Tenía que conseguir este pedazo de porquería para que todo su equipaje cupiera en un solo viaje!- gimoteó Mathias. Luego sonrió. -Además, es el nuevo y espacioso modelo 2014, por si no lo han notado, un regalo de parte del propio Ludwig.-
-¡Guau, mira quién está adelante en el juego!- dijo Tino. -Pero no puedo evitar preguntarme por qué Ludwig te daría un modelo como ese, así de la nada.-
-Ah, dah, porque ahora somos hermanos, y él fue lo suficientemente bueno como para-
-¿Hola, nación congelada por aquí? Una nación congelada a la que le gustaría conseguir un poco de calor de ser posible, antes de que muera y mi gente se quede sin tierra.- Intervino Lukas mientras saltaba sobre los dedos de sus pies.
-Bien, bien- Mathias puso los ojos en blanco y subió la ventana. Presionó un botón bajo del volante para desbloquear el maletero. El grupo arrojó su equipaje apresuradamente al maletero y se metió al auto arrastrando los pies. Tino abrochó el cinturón de seguridad sobre el torso del, nuevamente dormido Peter, y Berwald ocupó el asiento del acompañante ante los gimoteos suplicantes de Mathias.
No habían pasado siquiera cinco minutos desde que Mathias comenzó la partida del aeropuerto cuando Lukas gruñó entre dientes castañeantes, -¡Mathias, enciende la calefacción ya!-
-Norge, ¿cuál es tu problema?- Dijo Mathias mientras giraba el disco para aumentar el aire acondicionado de la van.
Esa era una pregunta que el mismo Lukas quería saber. Todo era extraño para él; no debería tener frío en absoluto, siendo un país escandinavo que prácticamente había nacido con anticongelante en la sangre, pero de alguna manera él es el único sintiéndose atrapado dentro de un iceberg, y durante la primavera de todas las estaciones. No estaba enfermo, lo sabía con certeza, de lo contrario, los instintos maternales de Tino habrían hecho aparición hace mucho tiempo y él lo habría atrapado en capullo de mantas y le habría ahogado en todo tipo de sopas y medicamentos. – Todavía le aterra a Lukas el cómo Tino era capaz de sentir cuando un nórdico, o cualquier otro realmente, está enfermo sin haberlo mencionado. – Incluso el calor de la van no era capaz de cesar el escalofrío en su cuerpo. Lukas tiró de sus rodillas hacia su pecho y las abrazó de nuevo, apoyando su mejilla sobre una de ellas para mirar por la ventana. Observó el paisaje pasar, tratando de distraerse de su temperatura corporal en rápido descenso, viendo la sucesión de tiendas de antigüedades, panaderías, pequeñas casas y apartamentos elegantes.
-Oye, ¿no solías vivir en ese apartamento de allá?- preguntó Lukas despreocupadamente.
-¿Qué? Oh, sí, ni siquiera lo había notado- respondió Mathias. Bajó la ventana para inclinarse y saludar con la mano hacia el edificio de apartamentos, causando que el automóvil se moviera un poco. -¡Tanto tiempo, mamón!- Gritó.
-¡Mathias, maldición! ¡Deja de andar jodiendo y sube tu maldita ventana!- Lukas pateó el reposabrazos de Mathias y se estremeció con aún más fuerza después de que una ráfaga de viento le golpeara. Se acurrucó contra sí mismo e ignoró las pesadas miradas de los otros nórdicos, incluyendo la de Emil, quien le había escuchado gritar a través de sus auriculares.
Mathias se acomodó de nuevo en su asiento mientras se reía de Lukas. -¡Amigo, necesitas enfriarte ya!-
-Por si no lo has notado, ya estoy lo suficientemente frío, gracias,- espetó Lukas. Luego entrecerró los ojos, pensando. -... Estabas usando un estúpido juego de palabras, ¿no?-
-Je, un poco lentos en el saber, ¿no, mi hermano?-
-... Cállate. Inmediatamente.-
El resto del viaje se pasó en silencio, y pronto Tino se quedó dormido en la última fila de asientos con los brazos alrededor de Peter. En el asiento junto a Lukas, la cabeza de Emil se balanceaba perezosamente. Lukas sonrió levemente cuando sus ojos finalmente se cerraron y un leve ronquido escapó de sus labios. Sintiéndose vertiginoso, Lukas cedió a la creciente tentación y se acercó a Emil. Suavemente acarició su mejilla y colocó un mechón de cabello detrás de su oreja; su sonrisa ampliándose cuando notó que las mejillas de Emil se sonrojaban y sus labios se curvaban en una pequeña sonrisa soñadora.
Mathias tosió algo mientras miraba a Lukas en el espejo retrovisor. -¿Qué fue eso?- Lukas le preguntó.
-Peeeeeeedoooooooo- Mathias arrastró lentamente y en voz alta.
-¿No te dije que te callaras?- dijo Lukas bruscamente mientras se apartaba de Emil, acurrucándose nuevamente. Volvió a mirar por la ventana y notó que el paisaje que pasaba tenía cada vez menos edificios y negocios y más casas pequeñas y árboles. Muchos árboles. -Mathias, ¿dónde está esa mansión tuya, exactamente?-
-Eh, justo a la entrada del bosque de Copenhague, frente a este hermoso estanque. Te lo juro, Norge, ¡te va a encantar! ¡Y a ti también, Berry!-
-Berwald.-
-Lo que sea.-
La predicción de Mathias fue ligeramente cierta. Era verdad que Lukas y Berwald se enamoraron de la mansión y el área que la rodeaba, y se demostró en sus exclamaciones cautivadas cuando apareció a la vista. La mansión era una casa de dos pisos, de color amarillo pálido, construida sobre una colina baja y se extendía hacia el bosque, con un tema de diseño de cabaña en su estructura. Al pie de la colina de la mansión había un gran estanque, claro y de color cielo que reflejaba la luz del sol en un asombroso espectáculo de iluminación similar a un diamante. El estanque estaba rodeado por una serie de flores, la mayoría de ellas reconocidas por Lukas como glorias de la mañana, manzanillas, lirios e impaciencias. El sendero de tierra por que conducían se convirtió en una estela de guijarros mixtos de colores lisos mientras se disparaba paralelamente al costado del estanque y se convertía en un conjunto de escaleras a medida que ascendía por la ladera hasta la puerta de la mansión. Al lado de la misma había un balcón de mármol, que, a pesar de estar hecho de mármol azul pálido y en estilo francés, combinaba perfectamente con el resto de la mansión. Todo era fascinante.
El problema era que, a medida que el paisaje aparecía a la vista, la temperatura corporal de Lukas caía enormemente. Mientras Mathias conducía a lo largo del camino y hacía girar la camioneta hacia un parque en la hierba húmeda junto a él, Lukas trataba de hacer circular la sangre en sus piernas mientras las abrazaba más y más. Todo su cuerpo era un lío de espasmos, y tuvo que sujetar su mandíbula para que sus dientes no se redujeran a fino polvo de esmalte.
-Bien, todo el mundo, ¡aquí estamos! ¡Despiértense ahora y salgan de esta maldita van!- Gritó bromista Mathias por encima del hombro. -¡Por favor, no tengan miedo de pisar la hierba cuando salgan, porque de todos modos morirá pronto!-
Tino y Peter despertaron por la resonante voz de Mathias y comenzaron a bostezar y estirarse. Lentamente salieron de la camioneta y miraron alrededor del bosque con los ojos somnolientos. Cuando esos ojos aterrizaron en la mansión de Mathias, se abrieron y brillaron con el mismo encanto que Lukas sintió.
-¡Mierda, tío Mathias! Es tan... ¡guau!- Exclamó Peter.
-Sí, Mathias, es tan hermosa e impresionante, y... Dios mío- respiró Tino, colocando una mano sobre su pecho con asombro. -¡Definitivamente hiciste un gran movimiento!-
-Es bonita...- Afirmó Berwald simplemente.
Mathias se cruzó de brazos mientras disfrutaba de los elogios. -¿Ven?, sabía que les gustaría. ¿Y qué hay de ustedes, Lukas y Emil?- Frunció el ceño cuando no recibió respuesta de ninguno. -¿Emil?, ¿Lukas?- Miró dentro de la van y vio a Emil todavía dormido sobre su asiento. Sonrió y negó con la cabeza. -¡Amigo, levanta el culo ya!- Sacó un auricular del oído de Emil y se sobresaltó al oír una espeluznante explosión de "¡ODIO TODO DE TI!" provenir del mismo.
Emil se revolvió en su sueño y abrió un ojo para mirar a Mathias. -¿Qué estás haciendo?- Bostezó mientras se frotaba los ojos.
Mathias bajó la mirada hacia el auricular que tenía en la mano y luego hacia Emil. -Te estaba despertando porque ya estamos aquí.- Volvió a mirar el auricular que aún vibraba en la palma de su mano, mientras el cantante seguía rugiendo sus letras de amor-odio. -¿Cómo puedes dormir con esto estallándote en el oído?-
Emil respondió con un "solo lo hago" mientras le arrebataba el auricular de vuelta. Salió de la camioneta y se vio cautivado también por la belleza de la mansión. -... Oh, Dios mío- jadeó. Sus ojos brillaron con lo que casi eran lágrimas.
Mathias se rió entre dientes y volvió a buscar a su último pasajero, pero cuando miró a Lukas, su rostro se frunció con preocupación. -Lukas, oye, ¿estás bien?- Preguntó mientras se estiraba para alcanzar el cuerpo, que temblaba silenciosamente. Retrajo su mano cuando la cabeza de Lukas se levantó de sus rodillas.
-Estoy bien- gimió Lukas con los dientes apretados. Luchó contra los escalofríos que corrían a lo largo de su espina dorsal mientras salía de la van y se dirigía directamente al maletero. -¿Puedes desbloquear esta maldita cosa, por favor?-
Mathias tomó el volante y presionó un botón debajo. El baúl se abrió y Lukas levantó la puerta para arrastrar su maleta y dirigirse a las escaleras. Como en el aeropuerto, los demás siguieron sus acciones y subieron el equipaje por las escaleras detrás de él mientras que al mismo tiempo observaban el exterior de la mansión. El cuerpo de Lukas se ralentizaba con cada paso que daba hacia las puertas de doble ébano, como si sus extremidades se congelasen en su lugar. No fue hasta que colapsó en el umbral de la puerta, sintiendo que su corazón se llenaba de agua helada, que se permitió considerar que tal vez algo sí estaba mal con él. Era completamente consciente de Mathias gritando su nombre y levantándole. Alguien, –muy probablemente Tino–, se apresuró a tomar la llave de Mathias y les abrió la puerta a todos. Lukas era consciente de que, aunque no provenía de su mente, su boca estaba tartamudeando, -¡N-no puedes, t-tú no p-p-puedes! ¡No es seguro, no es s-s-s-seguro!- Mathias entró a la casa con Lukas jadeando y temblando pesadamente en sus brazos.
En ese instante, Lukas sintió algún extraño fenómeno tomar lugar en su psique. Cuando Mathias entró por la puerta, algún tipo de fuerza empujó a Lukas a una sensación de temor, girando violentamente, apretándole fuertemente y estirándole al límite. Jadeó profundamente y se aferró a la camisa de Mathias, y al mismo tiempo que su jadeo terminó, también lo hizo la devastación en su mente, y sorprendentemente, el frío.
-¿L-Lukas? ¿Estás bien?- Le preguntó Tino mientras todos se agrupaban alrededor de él, mirándolo cautelosamente.
Lukas asintió, pero sintió que algo se encontraba mal con él. Debió haber estado aliviado de que los escalofríos en su cuerpo habían acabado y que la calidez de la mansión se había asentado en él y había calmado sus temores, pero el vacío que quedó en lugar del frío se sintió como abandono, como si el frío hubiera perdido la esperanza y se hubiera dado por vencido en destruir el cuerpo de Lukas, por el bien del mismo Lukas.
Debió haber sido un consuelo sanador, pero le hizo sentir que el fin se acercaba.
