Lukas se sentó rígido contra el pecho de Mathias, mirando al vacío mientras cerraba los dedos sobre el suéter del danés. Su propio pecho dolía por el agotamiento, mientras que se hinchaba y desinflaba con cada gran cantidad de aire que tragaba. ¿Qué fue eso? Pensó ansiosamente. Cuando los latidos de su corazón habían disminuido de nuevo hasta su ritmo normal, Lukas notó que los otros nórdicos estaban rodeándolo y mirándolo con cautela y confusión, esperando para hacer cualquier movimiento en caso de que otro ataque extraño como ese ocurriese otra vez y tratando de figurarse qué fue ese ataque para empezar. El silencio mientras tanto fue incómodo.
-Norge, ¿estás bien?- le preguntó Mathias al hombre inmóvil en sus brazos.
Con un suspiro de alivio, Lukas golpeó el hombro de Mathias y dijo en un tono mareado, -Bájame.-
-Ah, ¿estás seguro de que es una buena idea, Norge? Es decir, no creo que sea una buena idea...-
-Estoy bien, Mathias. Ahora bájame para que pueda recoger mi maleta.-
-... Está bien, si insistes- Mathias se encogió de hombros. Dejó a Lukas pararse sobre sus propios pies, pero mantuvo las manos protectoramente alrededor suyo en caso de que sus piernas aún estuvieran demasiado débiles para usarlas.
Lukas apartó sus manos de un golpe. -Estoy bien, Mathias, ¿ok? Disculpa.- Lo empujó fuera de su camino y se dirigió a las puertas para recoger su maleta. La arrastró rodando hasta adentro y se detuvo al sentir la mirada continua de sus amigos pesarle. -Chicos, basta. Yo tenía... solo tenía frío, ¿sí? Así que ya dejen de mirarme.-
-Pero... ¿qué fue eso?- preguntó Tino en voz alta para todos. -¿Qué estabas diciendo que era demasiado peligroso y tal?-
-Je je, probablemente las tontas 'hadas' de Norge jugando con su mente otra vez- se rió Mathias. Cruzó los ojos, mostró los dientes en una sonrisa amplia y tonta, e hizo círculos alrededor de las sienes mientras gorjeaba -¡Cucú, cucú, cucú!-
Molesto por la burla pero aliviado de que Mathias calmara la tensión, alcanzó uno de los pezones de Mathias y lo retorció con fuerza, sonriendo internamente mientras él hacía una mueca de dolor y gritaba. -No fueron mis hadas, idiota; les pedí que se quedaran en casa para cuidar mi casa y mis plantas.-
Entonces sintió que el silencio cambiaba a un estado de ánimo diferente, uno del tipo incómodo. Tino, Berwald, Peter y Emil voltearon hacia otro lado, tratando de no reírse o mostrarse avergonzados por la creencia de Lukas en las criaturas mágicas. Mathias fue el único que se rió entre dientes.
-Entonces, Lukas, ¿qué tipo de, um, "plantas" cuidan tus "hadas", hm?- Mathias soltó una risita e hizo comillas en el aire.
-Tengo tulipanes y narcisos, ya lo sabes, Mathias. Los has visto cada vez que me has visitado.-
-¿Estás seguro de que esas son las únicas "plantas" que estás cultivando? ¿Y solo usas esas "plantas" para decorar tu casa? iHmmm! ¡Pista, pista!-
Lukas entornó los ojos. -¿Qué diablos estás diciendo ahora?-
—¡Nada, solo digo que no tienes que mantenerlo en secreto! ¡Guiño, guiño!-
-Mathias, realmente estás empezando a fastidiarme, más de lo habitual.- Dirigió su mirada a Emil, que se cubría la boca con la mano para reprimir sus risitas.
Mathias fingió un grito de conmoción. –Oh-oh, ¡Lukas se está enojando conmigo! Supongo que es momento de que llames a tus pequeñas amigas hadas y les hagas traerte algunas de tus "plantas" aquí para que puedas suavizar las cosas, ¡ay, ay, ay!—
Lukas retorció los pezones de Mathias otra vez, esta vez pellizcándolo para asegurarse de dejar un moretón. -¡Solo enséñanos este maldito lugar para que podamos desempacar ya!- Ordenó mientras un rubor se arrastraba hasta sus mejillas.
Mathias hizo un puchero mientras se frotaba el dolorido pezón. Luego sonrió y dio un paso lejos del grupo, hacia la casa. Con un gesto de sus brazos, anunció con orgullo: -Bienvenidos, todos, a la hermosa, amplia, excelente y espaciosa...-
-"Amplia" y "espaciosa" son la misma cosa- señaló Peter.
-iCállate, niño, estoy hablando!- Siseó Mathias. Ignoró la pequeña lengua que sobresalía y continuó. -Bienvenidos a la mansión de excelente prestigio de Mathias Køhler-
-Eso suena más como una escuela que como una mansión- murmuró Berwald.
-¿Entonces cómo demonios la llamarías tú?-
-... La mansión de Mathias.-
Mathias puso los ojos en blanco y gimió. -¡Uf, ustedes no son nada divertidos! Bien, ¡bienvenidos a mi mansión, damas y caballeros!- Sonrió de nuevo y aplaudió. -Ahora, si ustedes, muchachos podrían ser tan amables y recoger las maletas que dejaron afuera durante el reciente susto que acabamos de experimentar- echó una rápida mirada a Lukas, quien lo descubrió y le devolvió la mirada, -para que podamos empezar con el recorrido, por si acaso alguno de ustedes ve una habitación de la que quiera adueñarse-. Guiñó un ojo y se alejó. -¡Ahora, síganmeeeeee!-
-¡Oh, esto es tan emocionante!- Chilló Tino mientras se dirigía a las maletas que yacían en las escaleras de guijarros.
Una vez que todos recogieron sus maletas, Mathias escoltó a su compañía por toda su mansión. Caminó por el pasillo de entrada (la pared estaba cubierta con grandes fotos de Mathias sacando la lengua o bebiendo una jarra de cerveza, notó Lukas) y en la sala de paredes blancas. -Aquí, como pueden ver ustedes mismos, está la sala de estar. Allí está el televisor de pantalla plana, el sofá y la computadora. Por aquí, pueden verse los preciosos jarrones que Francis hizo para dar a esta sala un poco de dinamismo. En la esquina más alejada, verán mi magnífica colección de cuchillos del ejército en ese estante de vidrio. ¡Si rompes o arruinas algo aquí, mocoso, haré responsables a tus padres! Ahora, continuemos...-
Los nórdicos subieron las escaleras y Mathias abrió la primera puerta. -Aquí tenemos el primer dormitorio, con sus paredes de color marrón, alfombra de peluche y una cama de tamaño entero, completada con un edredón con lunares y almohadas de plumas para aquellos con cuellos débiles. Hay un espejo de cuerpo entero allí, y un aro de baloncesto sobre la cama.-
-¡Guau, esta habitación es genial! ¡Me la quedo!- Exclamó Emil, mirando especialmente a la luz del atrapasueños que colgaba del techo.
-¡Y tenemos nuestro primer comprador! ¡Ahora, por favor, deje su maleta aquí para marcar su territorio y seguiremos adelante!-
-¡Oye, no es justo! ¡No le diste a nadie una oportunidad justa de reclamarla, idiota!- Gimió Peter.
-Antes que nada, fue justo porque nadie más habló, así que yo lo hice- dijo Emil. -Tuviste mucho tiempo, pero no lo usaste, lo que me lleva al siguiente punto: mala suerte, niño.-
Tomó la nariz de Peter entre sus dedos, sacudiéndola de un lado al otro mientras empujaba su maleta dentro de la habitación y la depositaba sobre la cama.
-Ahora, si alguno de ustedes alguna vez viene aquí y tiene la repentina necesidad de bañarse o descargar, entonces el baño está al otro lado del pasillo- les informó Mathias. -¡Y junto a la habitación de Emil tenemos esta habitación de aquí!- Abrió la puerta del dormitorio, y Tino inmediatamente se quedó sin aliento. -¡Veo que ya tenemos otra compra! Y una buena coincidencia, también, porque este tiene un colchón vibratorio extra grande para masajes agradables y relajantes, o lo que sea que se te ocurra.- Mathias movió sus cejas juguetonamente.
-Eh... bueno, yo, eh, no estaba pensando tanto en eso, eh, estaba pensando en la decoración aquí- tartamudeó Tino mientras él y Berwald llevaban sus maletas a la habitación. -¡Como la pintura verde bosque con diseño de hojas en las paredes! ¿Y ese de allí es un árbol real? ¡Eso es tan magnífico! ¡Ah, y esto!- Acarició el bordado de pino en el edredón, y tiró de él hacia atrás para ver las sábanas blancas de raso. Acarició eso también, disfrutando del material sedoso.
Berwald envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Tino, y rozó su nariz con su cabello. –Pero aun así es lo suficientemente bueno para unos cuantos juegos a solas, ¿no?—Ronroneó Berwald en la rubia suavidad, ignorando los sonidos de arcadas que Emil y Lukas hacían en la puerta.
-¡B-Berwald, por favor! ¡No delante de Peter!- Tino intentó apartar a Berwald, sonrojándose pesadamente. -¡Lo juro, eres tan pervertido como tu hermano!-
-Pero papá tiene razón, ¿verdad, mamá?- Preguntó Peter mientras corría hacia la pareja, con su propia maleta a cuestas tras él. -¡Esta habitación es genial! Es tan grande y verde y tiene una cama vibradora, ¡lo cual es tan increíble! Es como el episodio de Los Simpson donde Lisa y Bart usaron las camas vibradoras del motel para hacer carreras por la habitación; ¡podemos hacerlo! Y podemos jugar juntos todo lo que queramos y-
-Ah, ¿Peter?- Mathias alejó a Peter de sus padres y lo giró para mirarlo a la cara. -Perdón por decírtelo, Pete, pero el tipo de "juego" que tu má y tu pá quieren hacer no es exactamente para los niñitos como tú, así que, sí; no vas a quedarte con ellos, siendo un bloquea pollas durante todas sus vacaciones.-
-¡Mathias!- Tino se quedó sin aliento.
-¡Bueno, no me mires así! ¡Berwald lo dice todo el tiempo!-
-¡Berwald!-
-No es verdad- refutó Berwald rápidamente.
-¿Qué es "bloquea pollas"?- Preguntó Peter.
-Nada- respondieron todos menos Mathias.
Tino se arrodilló frente a Peter y le sostuvo los hombros. -Peter, escucha, lamento decir esto, pero por más equivocados que tu tío Mathias y tu papá estén por lo que dijeron sobre ti-
-Yo no dije-
-Hay algo de cierto en ello. Nos gustaría tener nuestra propia habitación y privacidad, Peter, mientras que tú puedas tener tu propia habitación y tener todo el tiempo de juego que desees sin molestar a nadie.- Luego sonrió suavemente. -Además, tienes tu propia habitación en casa y no te quejas de estar allí solo, ¡así que será como quedarte en casa!-
Peter hizo un puchero. -Pero mamá, ¡sabes cómo odio estar solo cuando viajamos! Y... y...- se calló cuando vio que Tino no estaba cediendo. Luego sorbió por la nariz y suplicó: -Bueno, ¿al menos puedo quedarme con ustedes esta noche?-
-Bueno, viendo que tu papá y yo no vamos a hacer nada esta noche-
-¡Bloqueado!- Mathias se burló de Berwald en voz baja, quien le respondió con un siseante: -¡Cállate, ahora!-
-Como iba diciendo: sí, Peter, puedes quedarte con nosotros esta noche.-
Peter asintió con resignación. -Okay, mamá- susurró.
-Bueno, ahora que todo está arreglado- dijo Mathias, -¿qué tal si revisamos la siguiente habitación, eh?- Señaló hacia la puerta y medio saltó, medio trotó hacia ella. -¡Síganme!-
Peter tomó la maleta en su mano y siguió a las otras tres naciones hasta la puerta, yendo con ellas al otro lado del pasillo, haciendo pucheros para sí mismo al no conseguir completamente lo que quería, lo cual era poder jugar con Berwald y Tino durante su estadía, y saber qué era "bloquea pollas".
Mathias colocó una mano en la puerta e hizo una pausa. -Ahora, si recuerdo correctamente los detalles de esta habitación, creo que a Peter podría gustarle esta.- Se encogió de hombros y abrió la puerta.
Peter empujó a los demás ante la mención de su nombre y entró en la habitación con una profunda exclamación. Sonrió con fascinación mientras observaba lentamente las paredes de márfil con remolinos y olas azules. En el techo había un mural de un pirata y su tripulación de pie en la proa de un barco de madera, apuntando con un arpón a una colosal y enojada ballena blanca en medio de una tormenta oceánica.
-Wow, ¿eso es de The Tale of Moby Dick?- Peter exclamó. -¡Mi hermano mayor, Arthur, me lo lee todo el tiempo!-
Mathias inclinó su cabeza y golpeó su barbilla con el dedo. -Hm, eso creo...-
Peter hizo un nuevo puchero. -No me digas que nunca que leíste una historia tan incre- ¡Oh, guau, la cama!- Miró embobado a la cama con entusiasmo. Era una cama de tamaño completo cubierta por una colcha negra con una calavera y un diseño de huesos cruzados. El colchón estaba enmarcado por tablas de madera apiladas verticalmente una al lado de la otra. Dos espadas piratas habían sido clavadas en la cabecera, las cuchillas cruzadas como los huesos detrás del bordado del cráneo. Peter se dejó caer hacia atrás sobre la cama y provocó que la colcha y la sábana cuidadosamente colocadas se destendieran levemente. -¡Parece un verdadero barco pirata! ¡Mamá, papá, olviden lo que dije, me quedaré aquí esta noche!-
-Um, me alegro de que te guste, Peter- dijo Tino con incertidumbre, -pero ¿realmente es una atmósfera adecuada para un niño?-
Mathias siguió la mirada de Tino hacia el mural gráfico y las espadas y sonrió. -¡Aw, no te preocupes por eso, Tino! En la televisión hay cosas peores que este mural, y las espadas están hechas de plástico.-
-¡Aw!- Gimió Peter.
-Lo siento, hombrecito, pero estoy seguro de que estas encantadoras personas preferirían no pasar sus vacaciones siendo asesinadas por un lunático con una sobredosis de azúcar usando una espada.-
Lukas sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral. Debió ser el último escalofrío dentro de mí, concluyó despectivamente. Se aclaró la garganta ruidosamente y preguntó: -Entonces, ¿mi habitación es la última parada?-
-¡Oh, tan impaciente como es conocido mi pequeño Norge!- Arrulló Mathias mientras golpeaba la nariz de Lukas con la punta de su dedo. -Bien, isíganmeeeeeeee!-
-¡Uf, deja de hacer eso!- Gruñó Emil.
-¡Como el amo de esta casa, puedo hacer lo que quiera!- Mathias le sacó la lengua a Emil, quien a su vez lo mandó a volar. Mathias condujo al grupo a lo que anunció, era el dormitorio "súper fantástico, extra mágico de Norge". Abrió la puerta con un gesto, provocando un sonido de "¡Oh! iAh!" cuando Lukas entró a la habitación con una mirada asombrada. Las paredes eran de un suave azul pastel con pequeñas manchas de algodón en todas partes. La cama matrimonial tenía una colcha de estampado floral y un pequeño baúl de madera a los pies. En una esquina había un arbusto de rosas frescas y amarillas en una maceta. En el techo había un mural de vides de color púrpura con flores azul real y escarlata.
Lukas avanzó por la suave alfombra blanca hasta la cama y colocó la maleta junto a él mientras bajaba al borde, murmurando "guau" repetidamente mientras sus ojos recorrían la habitación. Se sentía tan en paz en esta habitación, tan tranquilo, como si estuviera en un sueño y volara alto en el cielo, flotando entre las nubes. Sonrió suavemente mientras se recostaba en su cama, olfateando el ligero aroma de las rosas amarillas que llenaban el aire. Movió sus brazos arriba y abajo a los costados, sintiendo la colcha con el dorso de sus manos. Cerró los ojos. Algodón egipcio, guau...
No fue sino hasta que Lukas sintió algo húmedo presionar contra su boca que abandonó la euforia. Cuando abrió los ojos, encontró sus labios atrapados en la boca de Mathias, siendo succionado por la nación a horcajadas sobre sus caderas. Empujó contra el pecho de Mathias hasta que el hombre más grande decidió dejar de molestarlo y alejarse de él.
-Lo siento... no sabía de qué otra manera... despertarte- jadeó Mathias.
-¿Despertarme?- repitió Lukas.
-¡Sí, estuviste fuera por, como, dos minutos!- Mathias se rió tan fuerte que se formaron lágrimas en las esquinas de sus ojos.
Lukas se sonrojó y miró hacia otro lado tímidamente. Odiaba cómo Mathias simplemente saltaba en cada oportunidad para tocarle, y lo que es peor, frente a los demás. Tosió y murmuró: -Entonces, estas habitaciones están especialmente diseñadas para nosotros, ¿no?-
Mathias sonrió suavemente. -Nada más que lo mejor para mi gatito noruego- ronroneó Mathias, dándole un beso en el cuello a Lukas. Berwald y Tino desviaron la mirada y Peter hizo una mueca de disgusto.
-... Sí, si vamos empezar con esta enfermiza romanticidad sensiblera, entonces voy a volver a escuchar mis canciones- dijo Emil, reinsertando sus auriculares en sus oídos y reproduciendo la música al mayor volumen posible.
AI caer la noche, los nórdicos finalizaron el recorrido por la mansión y desempacaron sus maletas. Ahora estaban sentados alrededor de la gran mesa brillante, listos para disfrutar del banquete que Tino preparó para ellos ante la protesta de Berwald, que quería que su esposo comenzara sus vacaciones relajándose, sin ocuparse en la cocina. Tino sirvió vino a todos, a excepción de Peter, que tenía un vaso de zumo de uva espumoso, y Mathias, que se sirvió una enorme jarra de cerveza. Lukas inmediatamente reemplazó la copa de vino de Emil con el jugo de uva mientras no estaba mirando, y todos levantaron sus copas cuando Mathias se levantó para hacer un brindis.
-Ah, no soy muy bueno en este tipo de cosas- comenzó Mathias, rascándose la parte posterior de la cabeza tímidamente, -así que voy a intentaré hacerlo lo mejor posible, y hacerlo breve, eh je je-. Se aclaró la garganta. -Creo que quiero decir que me alegro de que todos ustedes hayan decidido venir a ver mi impresionante nueva mansión y que les haya encantado, sabía que lo haría, así que no fue una gran sorpresa para mí. Pero estoy aún más contento de que ustedes vayan a quedarse aquí por un tiempo. Se... ah... se siente bien... ya saben el... hacer que la banda vuelva a estar unida...- Se detuvo y se sentó rápidamente, mirando abajo en su cerveza para evitar la mirada de todos. Cuando levantó la vista, sonrió y dijo: -Bueno, ¿por qué están todos tan tiesos y callados? ¡Vamos a cavar antes de que esto se enfríe!-
Los otros se miraron y se encogieron de hombros, decidiendo llenar sus estómagos vacíos. La comida fue pasada alrededor de la mesa, y los platos de todo el mundo se desbordaron con la comida finlandesa, y el sonido de los utensilios raspando contra el cristal resonó en el silencio.
-¡Oh, hey!- Mathias gritó de repente con las mejillas llenas.
-Mathias, traga primero, habla después- le dijo Lukas.
Mathias asintió con la cabeza, tragó y luego continuó. -He estado viendo las noticias del país de Alfred, y-
-Wow, wow, espera- intervino Emil. -¿Miras las noticias? ¿De otros países?-
-¡Bueno, maldición, Emil, no pienses tanto de mi inteligencia y capacidad de atención, ahora!- Mathias se burló sarcásticamente. -Sí, Icey, yo también veo las noticias, y esta que vi era directamente de Estados Unidos. Aparentemente, un terrorista neonazi disparó contra un templo de culto sihk en medio de una ira ciega. Catorce personas asesinadas, creo.-
-¡Oh, Dios mío, eso es horrible!- Tino exclamó.
-También es viejo- agregó Emil, sorbiendo su jugo de uva y haciendo una mueca ante la falta del gusto alcohólico. -Eso sucedió el verano pasado.-
-Bueno, ¡dah, Icey, ya lo sé! Lo escuché del propio Al cuando me dijo que no podía venir-
-Espera, ¿entonces ibas a invitar a Alfred aquí?- Lukas preguntó.
-Sí, lo intenté.- Mathias miró su comida con tristeza. -Pero ya sabes, muchos problemas y trabajo en su país. Ese ataque que mencioné, la reelección del presidente Obama, la economía en quiebra, los nuevos proyectos de ley que su congreso ha estado escribiendo y debatiendo, el tipo ha estado bastante ocupado. ¡Lo cual me hace preguntar, pequeñas naciones! ¿Qué ha estado ocurriendo en sus países?-
-Si realmente estuvieras viendo noticias internacionales, entonces sabrías cómo están yendo nuestros países- murmuró Emil.
-Oh, he oído todo sobre el problema de tu pequeña isla, Emil- se burló Mathias. -Entonces, ¿vas a comportarte como todo un emo con nosotros porque estás empezando a arrepentirte de dejar que una feminista arruine tu país?-
Emil hizo una pausa, agarrando su tenedor más fuerte. Luego, con una voz tranquila tratando de ocultar su ira, dijo: -Antes que nada, Mathias, no hay nada de malo con el movimiento ni sus activistas, están ayudando a mejorar todo del mundo como cualquier otro movimiento, ¿de acuerdo? En segundo lugar, ¡mi primer ministro está haciendo un buen trabajo al frente de mi país a pesar del colapso económico europeo, porque las tasas de criminalidad han bajado y todo! Demonios, mi país figuraba como el lugar número uno para ciudadanos igualitarios, mientras que el tuyo estaba en el qué, ¿cuarto? Tercero, ¡no soy un jodido emo! ¿De dónde diablos salió eso siquiera? ¿Y qué es tan gracioso?—
Mathias se reía entre sus manos. Entonces respondió: -¡Tú! ¡Tú eres gracioso! Quiero decir, guau, Emil, ¿es tan difícil para ti esperar un par de días hasta que comiences a predicar en tu tribuna?- Se rió más fuerte cuando la mirada de Emil se endureció.
-Mathias- murmuró Berwald en tono de advertencia, -No te olvides de los volcanes...-
-Aw, solo me estoy burlando de él, ¡eso es todo!- Mathias dijo. -Dios, Emil, ¡los feministas no tienen ningún sentido del humor en absoluto!-
-No soy feminista, no puedo adoptar mis propios puntos de vista políticos, ¿o se te olvidó de que como naciones no podemos tomar nuestra propia postura política porque debemos seguir las visiones de nuestros líderes?-
Mathias agitó la mano, restando importancia al comentario sarcástico de Emil. -Sí, sí, lo sé, lo sé. Solo tengo curiosidad, ¿de acuerdo? Simplemente quería saber qué estaba sucediendo en los países de mis amigos. ¿Es eso motivo de tanto dolor?- Le dio a Emil un puchero herido, estremeciendo el labio inferior para aumentar el efecto.
Emil puso los ojos en blanco e hizo un gruñido irritado. Luego decidió que, ya que sería demasiado estúpido esperar algo más maduro que las estúpidas bromas del danés, iba a burlarse de Mathias un poco y hablar sobre los planes de su país de reducir las tarifas hoteleras para atraer a más turistas y obtener más ingresos. Peter intervino con la sugerencia de que Emil construyera un parque de diversiones con temática pirata y frunció el ceño cuando todos se rieron de su sugerencia. Pronto, toda la mesa zumbó con la conversación mientras los invitados compartían sus propias historias de agitación nacional y prosperidad, con Lukas el único que contemplaba en silencio lo extraño que era que Mathias se interesara por este nuevo interés en las corrientes políticas, económicas e incluso ecológicas.
-Tanto para alejarse de la política- dijo Lukas en voz baja a su copa de vino.
