Ronald caminaba a lado de una chica de cabellos castaños claros, ambos compartían un helado de ratón sabor tocino que compraron en Honeydukes. Pansy se opuso a comer dulces quejándose por las calorías. El capitán del equipo de quidditch le comentó que era demasiado hermosa y no necesitaba matarse de hambre, con unos kilos mas no la harían menos hermosa de lo que ya era. Pansy se mantuvo fascinada por el tacto que tenía al tocar temas de la apariencia.

—Hablas sobre la importancia del interior pero te he visto salir con muchas chicas guapas y nada amables.—Argumentó la castaña colgada del brazo del pelirrojo.— Es muy sencillo hablar pero los actos tiene mayor peso.

—Lo sé, al inicio cuando una chica bonita me hablaba la aceptaba creyendo que nunca tendría la oportunidad de que a alguien más en el futuro le gustara.— Confesó evadiendo la mirada y en tono avergonzado.—Pensaba que por ser un Weasley sin chiste nadie me volvería a mirar, no olvides que soy mejor amigo de Harry Potter.

El pelirrojo continuó confesando su peor defecto, envidiaba a su mejor amigo y a veces lo aborrecía por ser mejor que él en otros aspectos. Admitió que le costó mucho dolor y sangre volverse un buen jugador de quidditch, los gemelos eran respetados así como otros hermanos eran buenos en el colegio. Vivir a la sombra de alguien más era una carga que siempre le desagrado pero que no podía deshacer.

La disciplina en el ejercicio continuo le ayudó a tener un cuerpo que atraía a varias chicas, algunas no fueron buenas novias y aunque trataba de buscar alguien amable siempre se topaba con las peores.

—Creo que hablado demasiado de mi.—El chico la invitó a tomar asiento en una de las mesas fuera del negocio de Madame Pudipié .— ¿Como va tu perfecta vida?

—Mi vida está lejos de ser perfecta.— Contestó extasiada por verse reflejada en esos orbes azules.-—Ya te pudiste dar cuenta que no me va bien, soy tan malditamente miserable que no puedo ni disfrutar un helado sin miedo a engordar.

Ronald ladeo la cabeza estiró el brazo para posar la mano encima de aquella morena de la chica. Ella ante sus ojos siempre fue una princesa incansable, hermosa, educada bruja, orgullosa y vanidosa aristócrata que vive en un cuento de hadas, rodeada de elfos domésticos y lujos que él nunca se llegó a imaginar. Al tenerla de frente se percata que simplemente es una chica mas con miedos a no alcanzar los estándares de una falsa sociedad.

Pansy continuó con su monólogo personal donde explicaba que a veces era muy cansado ser una chica perteneciente a la burguesía de sangre pura, su madre controlaba cada aspecto de ella negándole la oportunidad de elegir. Le confesó el extraño y casi imposible sueño que tenía, formar parte de un equipo de quidditch pero su madre se oponía a que montara escobas o que tomara clases relacionadas a esa salvaje actividad física.

—Yo puedo darte clases particulares. —Se ofreció sin apartar la mano de ese dorso.—Claro si quieres.

Las mejillas de la serpiente se tiñeron rojas, nunca creyó que una cita con Ronald fuera a dejarla sin palabras y con un extraño aleteo en el vientre.

—¿Por este imbecil te negaste a salir conmigo? —Un chico rubio y alto se acercó para tomar una de las manos de la castaña y obligarla a ponerse de pie.—¿Ahora piensas hacer obras de caridad?

Jonathan Morgenstern era un mago de origen estadounidense que se mudó con su familia unos años atrás a Escocia. Los señores Morgenstern deseaban que sus herederos fueran estudiantes de la prestigiosa escuela de Hogwarts y tenían planeado cerrar compromisos nupciales con nobles de sangre pura, de esa manera obtener un lugar en la aristocracia mágica londinense. Era un "nuevo rico" cegado por el orgullo y la soberbia, quien finalmente perdió los estribos sino se siguen sus órdenes.

—Que bajo has caído Pansy Parkinson.—Masculló el hombre estirando la mano para sujetar de los hombros a la castaña.— Mezclarte con un Weasley, un traidor.

El rubio sacudió a la castaña, quien estaba en shock por la presencia de ese chico. Ronald no soportó la escena, se puso de pie para interponerse entre el rubio y la castaña, sin pensarlo puso las manos sobre ese pecho y lo obligó al mago a retroceder.

—No te atrevas a tocarme asqueroso traidor.—Le señaló con el dedo molesto.—Te advierto que Parkinson es una zorra que cobra caro.

Un puño se estampo en el perfecto rostro de ese engreído rubio. Era un hombre guapo y atletico pero la alma corrompida por el egocentrismo y codicia, es cuando Pansy supo que no todo lo que brillaba era oro. El sujeto trató de contestar el golpe pero era obvio que Ronald era mejor en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo y le acertó otro en el abdomen. El chico de cabellos rubios se quedo sin aire.

—Mas te vale nunca más te vuelvas a acercar a Pansy.—Le gritó al verlo doblado sobre su estómago.—Para la próxima te voy a romper la cara hasta dejarla irreconocible.

El pelirrojo tomo de la mano a la chica para arrastrarla fuera del sitio, donde curiosos ya se habían reunido a mirar el evento. No soportaba que le faltaran al respeto a las mujeres. La forma que arruinó su noviazgo con Hermione fue una terrible lección de vida que trataba de no repetir, no lastimar a quién amas por tus inseguridades, nunca se perdonaría el daño que le causó por eso ahora trataba de defender a las chicas a su alrededor. Los dos magos llegaron a un callejón sin salida donde Ron se detuvo para frotar los hombros temblorosos de la bruja.

—Aquí estoy contigo, no tengas miedo .—Susurró preocupado por verla en esa condición, parecía estar en shock.-—No hagas caso a sus palabras.

Pansy al verse reconfortada por ese cuerpo tibio se aferró a su espalda y comenzó a llorar. Tuvo una cita con ese rubio, solo una salida le bastó para entender que era peligroso. Cuando ella se negó a acompañarlo a su departamento el sujeto no dejo de intimidarla y de insultarla por no seguir sus peticiones. Pansy no quería volver a caer en una relación tóxica como las anteriores. Sus lágrimas se vieron mezcladas por las gotas de lluvia cayendo. No deseaba otro Gregory Goyle en su vida.

Ron se quitó el saco para pasarlo encima de esos temblorosos hombros, arrastró a la chica bajo un viejo techo para cubrirse de la lluvia y la mantuvo pegada a su pecho por un largo rato.


Hermione daba zancos gigantes por aquella calle, vivía la peor de sus citas, no es que fuera experta en salir con chicos pero ya pasó por algunos procesos de enamoramiento y sabía qué esperar de cada uno de sus pretendientes. Mucho tiempo soñó una cita con el gran Draco Lucius Malfoy. Ese chico atento, conquistador y dulce del que tantas compañeras del colegio hablaban, el conquistador capaz de llevarte a la punta del Everest con una frase, de bajarte las lunas y estrellas con promesas imposibles pero saliendo de sus labios son tan tangibles.

—Granger ¿Qué te pasa? —Una agitada voz a espaldas de la castaña resonaba.— Hey detente, solo fue una broma.

La leona no se detuvo y continuó andando con rapidez con el deseo de volver al colegio, la cita con Malfoy era divertida y agradable, muy parecida a sus salidas en el mundo muggle. El chico le hacía bromas, conversaban de temas generales, se burlaban de algunos malos estudiantes, Draco coqueteaba con chicas y Hermione lo tomaba como un reto cayendo así que también coqueteaba con algunos brujos, en el mismo círculo vicioso. Una salida similar a otras, pero ese día Granger no deseaba una salida entre amigos sino una cita con un pretendiente. Era obvio que Malfoy no lo era.

Un par de gotas golpearon las maquilladas mejillas de la castaña, se detuvo a mirar el cielo descubriendo la lluvia, se giró hacia atrás para buscar al rubio pero este ya había emprendido huida. Un hueco en el estómago le impidió continuar, unas terribles ganas de llorar se hicieron presentes, trató de mover sus piernas pero la melancolía y decepción expulsaban sus fuerzas para continuar. Llevó la vista al piso como un perro olvidado por su dueño en medio la tormenta.

—¡Diablos Granger!— Una varonil voz llegó a sus oídos, frente a ella unos elegantes zapatos descansaron sintió como en su cabeza una capa descansaba.—Anda que nos vamos a derretir.

La bruja levantó el rostro para toparse con esos orbes grises, Malfoy se había quitado la capa para dársela, le dedicaba una coqueta sonrisa que la dejó sin aliento.

—En los mitos muggles se menciona que las brujas se derriten con el agua.—

Draco pasó el brazo por los hombros de la temblorosa castaña y la arrastró hacia Las tres escobas. Le abrió la puerta e invitó a pasar a una de las mesas de la esquina, ahí sin esperar mucho sacó la varita para susurrar un hechizo que lanza aire caliente y seco las ropas de su compañera, repite el proceso en él mismo.

—¿Como has podido quedarte a mitad de la calle con esta lluvia?—Le llamó la atención atrapando ambas manos de la chica, para darles un poco de calor. —Eres muy sensible y propensa a enfermar con facilidad, el año pasado mientras jugabamos te lanze un aguamenti y estuviste en cama por tres días.

Draco resopló las manos de la chica con la esperanza de darle calor, levantó la mirada para posar sus ojos en los rizos revoltosos de la castaña, lucia mucho mas hermosa cuando no era capaz de mantener a raya su cabello, estiró la mano para sujetar uno de los rizos.

—Siempre me ha gustado el color de tu cabello.—Comentó con cierto tono coqueto, sus dedos vagaron hasta la mejilla para acariciarla.— Hacen juego con tus pecas.

Hermione movió la cabeza con una sonrisa, le gustaba ese Malfoy que es dulce y la toca sin permiso, ese que no dice palabras hirientes para molestarla o bromas tontas. Recargo la mejilla en la suave mano del chico, su piel siempre fue fría como los copos de nieve, algunas chicas se quejaban de eso pero para ella era perfecta la temperatura porque se complementa con la suya.

—Te falta el cabello rojo para que seas Ms Zanahorias. —Agregó llevando con la otra mano el dorso de la chica a su propia mejilla para que también ella tocara su rostro. Granger abrió los ojos sorprendidas y sus labios formaron un círculo irregular. —Claro que leí Anne de las tejas verdes, siempre leo todos los libros que me recomiendas.

Draco continuó con las confesiones literarias que hace muchos años escondía de la castaña, con el simple placer de torturarla. Ese era su gran defecto, el peor de todos, a veces disfrutaba demasiado verla sufrir, le agradaba molestarla y hacerla rabiar a tal extremo para después consolarla. Era una actitud egoísta que tarde o temprano le cobraría una cara factura. Esa tarde cuando corría detrás de ella en la calle, al verla parada a mitad de la lluvia fue el límite de cualquier juego, tenía miedo en decir en voz alta lo que hace tantos años llevaba ocultando.

—No puedo imaginarte leyendo Jane Eyre. —Soltó contenta agradeciendo a la mesera que dejaba dos cervezas de mantequilla sobre la mesa, sus dedos continuaban tocando el fino rostro de Draco.—Siempre pensé que solo te gustaban historias de terror como las de Edgar Allan Poe, Lovecraft, King, entre otros.

Los dos magos continuaron conversando, la cita que tanto pedía la leona por fin dio inicio. Draco solo tenía ojos para ella, ignoraba al resto de las chicas a su alrededor conversaban mientras sus dedos jugaban acariciarse, la lluvia afuera de la ventana continuaba cayendo y ellos estaban inmersos en pláticas profundas.


Notas de la autora: Esperemos que Draco no meta la pata lo que resta de la cita y Ron es todo un encanto. ¿Como le iría a Luna con Fred? ¿Ginny y a Blaise? Espero les guste el capitulo. Muchas gracias por leer el fic y dejar reviews. Saludos.