Mathias le sonrió con remordimiento a su amante mientras los ojos de Lukas se cerraban. -Lamento haberte enfermado así, cariño,- susurró en voz baja y retiró con suavidad el flequillo de la frente de Lukas, -pero es solo un efecto secundario: pasará tan pronto como despiertes, ¿de acuerdo?-

Miró el despertador de la mesilla de noche, en el cual eran cinco pasadas las siete. Todavía había luz solar afuera, pero a juzgar por el tono rosado claro de los rayos, el sol se pondrá pronto, y se volvería demasiado oscuro para hacer su trabajo afuera. Inclinándose para darle un beso a la frente de Lukas, Mathias dijo en voz baja: -Odio dejarte cuando estás así de lindo, Norge, pero tengo que ir a encargarme de un asunto, ¿de acuerdo, amor?- Le dio un apretón a la mano de Lukas antes de caminar hacia la puerta, dando a la nación pacíficamente inconsciente una mirada por encima del hombro y saliendo de la habitación. Bajó trotando las escaleras y atravesó la sala hasta el comedor. Se detuvo en la entrada para mirar al desmayado grupo de naciones alrededor de la mesa del comedor.

Riéndose burlonamente, Mathias fue a la mesa y, uno por uno, comenzó a llevar a las naciones al piso de arriba. Pasó el brazo de Berwald por su hombro, rodeó con su brazo la cintura y lo levantó de la silla. Luego arrastró a Berwald hasta su habitación, abrió la puerta con la cadera y lo sentó en el borde de la cama. Con los hombros caídos hacia adelante, Berwald pudo sentarse y no caer, con la cabeza inclinada y los brazos colgando flojamente entre sus muslos; si no fuera por el estado de laxitud de sus miembros, parecería que estuviera contemplando algo deprimente. Mathias se estremeció ante la imagen; era inquietante el ver cómo podía sentarse así aún en su estado de inconsciencia. Dio un empujón a su hombro y vio cómo Berwald caía hacia atrás sobre el colchón.

Mucho mejor, pensó Mathias mientras bajaba las escaleras hacia el comedor. Se acercó a Tino, lentamente sacó la silla para que el cuerpo de Tino no se cayera, y deslizó su brazo debajo de sus rodillas y detrás de su espalda para levantarlo en estilo nupcial. Lo llevó arriba, a la habitación que compartía con Berwald y se acercó a la cama. Lo colocó en la cama junto a Berwald y lo dobló formando una bola con su cuerpo para que sus piernas no colgaran sobre el orillo y fueran a provocar incomodidades en el futuro. Luego fue a su armario, también sacó su colcha de repuesto, y la desplegó sobre la pareja y los arropó.

Mathias regresó al comedor y se paró detrás de Emil, sacando su silla de debajo de la mesa. Deslizó sus manos por debajo de los hombros de Emil, lo levantó y, con gran precisión y velocidad, lo echó hacia atrás sobre su hombro para que su espalda se curvara sobre el hombro de Mathias, haciendo que el adolescente se arqueara hacia arriba. Mathias lo llevó a su habitación, tiró de la manta sobre la cama y arrojó a Emil boca abajo sobre la cama, con la cara enterrada en la almohada. Mathias luego deslizó la manta sobre el cuerpo de Emil y giró su cabeza hacia un lado para que la cara del niño no fuera cubierta por la almohada. Mathias sonrió al adolescente; a pesar de que Emil había dicho hace años que él y Lukas no se parecían, las similitudes familiares podían verse cuando estaban dormidos: labios carnosos que se curvaban hacia arriba en un buen sueño, cejas que se juntaban ligeramente como si realmente estuviesen concentrándose en los eventos que sucedían en su mundo de sueños, y el rosa que teñía sus mejillas, un sonrojo rosado contra el resto de sus, por demás pálidas, caras.

Mathias hizo su última parada en el comedor para recoger la micronación que todavía estaba sentada en la mesa. Tal como lo hizo con Tino, Mathias sacó la silla de Peter, recogió al niño y lo acunó mientras lo llevaba escaleras arriba a la habitación con temática pirata. Dejó caer a Peter en la cama con apariencia de bote y le quitó el sombrero de la cabeza. Mathias hizo un movimiento para tomar la manta extra del armario de esa habitación, pero algo llamó su atención.

Al igual que con el pijama, la camisa de Peter estaba arrugada, exponiendo la piel cremosa de su estómago. Esto provocó un hormigueo en su piel e hizo cosquillear su espina dorsal. Mathias se lamió los labios; su boca de alguna manera se secó y se hizo agua al mismo tiempo. Mathias estaba allí, con los ojos pegados a esa zona de carne, su mente llenándose con trozos e imágenes de la noche que tuvo con el niño. Dejando su impulso tomar control de él, Mathias se inclinó y colocó su boca sobre la piel, chupando la carne y dejando que la punta de su lengua la tocara. Tan delicioso, pensó.

Cuando comenzó a mordisquear su estómago con los dientes y deslizar sus dedos debajo del orillo de los pantalones de Peter, él se movió y gimió en su sueño. El movimiento inesperado provocó que Mathias instintivamente echara la cabeza hacia atrás y quitara la mano de golpe, como si ya hubiese sido atrapado en medio del acto. Miró a Peter, esperando para ver si realmente estaba despierto. Cuando Peter no demostró tal cosa, Mathias se enderezó y se dio una palmada en la cara, efectivamente enfriando el calor que ardía al frente de su pelvis.

Maldita sea, Mathias, ¡contrólate! se reprendió a sí mismo mentalmente. ¡Tienes un trabajo que hacer! ¡Este no es el puto momento de calentarse! Echó un vistazo al niño inconsciente, el lugar donde estaba jugueteando en la carne con los dientes ya había comenzado a formar un moretón rojo claro. ... Trabajo ahora, recompensa después. Casi a regañadientes, Mathias se alejó de la cama para coger la manta y la colocó sobre el pequeño cuerpo. Luego salió de la habitación y cerró lentamente la puerta, una parte de él todavía reacia a dejar intacto el cuerpo de la micronación.

Con todos acostados cómodamente en sus camas, Mathias aprovechó otra noche solitaria para comenzar su siguiente movimiento. Paseando felizmente por su estudio, Mathias repasó el siguiente acto en su cabeza. Fue detrás de su escritorio, apartó la silla de la computadora y echó un vistazo debajo del mismo. Dentro del rincón oscuro había una pequeña bolsa de lona de pie en su extremo, apartada para ocultarla de los ojos curiosos. Cogió las tiras, la sacó y se la puso en el hombro. Salió del estudio, cerró la puerta con llave y corrió rápidamente por el pasillo, bajó las escaleras y atravesó la cocina para salir de la casa por la puerta trasera.

Una vez había salido de la mansión, Mathias caminó hasta una esquina de la base de la mansión y se puso en cuclillas junto a ella. Se quitó la bolsa de lona del hombro y la colocó sobre la hierba, abriendo el cierre la bolsa y escudriñando el contenido. Sacó una cinta métrica, un trovel, un folleto de instrucciones y un objeto negro de aspecto extraño. Era como un cetro con un interruptor en la parte superior, cuatro lectores de infrarrojos en las esquinas de la pieza superior voluminosa, y una punta afilada y puntiaguda en la parte inferior. Mathias abrió el folleto, pasó las instrucciones japonesas y hojeó por encima de los detalles sin importancia, leyendo directamente las instrucciones.

-'Mida desde la base de la casa veinticinco centímetros'-, leyó Mathias en voz alta, -'y marque el área. Cave un agujero en el área de quince centímetros de profundidad. Clave con firmeza los lectores en el agujero, rellene el agujero con tierra y palmee firmemente para mantener los lectores en su lugar'. Hm, parece bastante simple-. Luego leyó más de las instrucciones y frunció el ceño. -... Hasta que llegas a lo tecnológico-. Comenzó a trabajar, siguiendo las instrucciones y midiendo la longitud especificada. Después de medir la longitud, tomó su pequeño trovel, lo clavó en la hierba y el suelo, cavó durante unos minutos, y se detuvo para medir lo lejos que cavó. Luego cavó el agujero un poco más hasta que alcanzó el nivel deseado. Levantó la herramienta similar a un cetro, lo clavó en el agujero y empujó la tierra suelta en el agujero con ella. Palmeó el suelo alrededor del objeto hasta que se sintió apretado y presionó el interruptor. Con la última y más vital pieza aún no instalada, la herramienta aún no funcionaba.

Mathias caminó hasta la siguiente esquina detrás de la mansión y repitió el proceso de instalación allí con la segunda pieza idéntica. Cuando eso estuvo terminado, Mathias dobló la esquina y se dirigió al frente de la casa, presionando su pie firmemente contra el suelo mientras la tierra plana comenzaba a inclinarse hacia abajo como una colina. Se agachó cuidadosamente hacia la esquina y sostuvo la bolsa de lona pegada a su cuerpo esta vez, temiendo que al bajarla rodara cuesta abajo y terminara en el estanque de abajo. Trabajó más despacio con las correas de la bolsa en sus manos, y cuidadosamente se puso de pie y escaló el costado de la mansión después de terminar de colocar la herramienta en esa área. Se hizo a un lado de las paredes de la mansión, avanzando hacia el frente del edificio y al otro lado para llegar a la última esquina de la mansión. Se agachó cuidadosamente en esa esquina, hizo las mediciones, cavó el agujero necesario y plantó la última herramienta en el suelo.

Se apartó de las puertas de entrada y entró en la mansión justo cuando el último rayo de sol dejaba paso al oscuro y estrellado cielo nocturno. Cerrando la puerta y apoyándose en ella, Mathias suspiró ruidosamente y buscó en su bolso. Dentro de la bolsa con el folleto y el trovel sucio había una caja plana, rectangular y plateada, con un cable eléctrico saliendo de una esquina, una antena de la otra esquina y tres entradas de cable con código de color en el lado opuesto. Mathias sacó la caja plateada de la bolsa y levantó la tapa impermeable. Dentro había un teclado numérico, una pantalla y un cuadrante con una pequeña flecha roja que apuntaba a las etiquetas de 10x a 100x.

Mathias giró el dial hasta la etiqueta máxima y cerró la tapa. Instalaré esto último mañana por la mañana o algo, dijo Mathias mientras bostezaba. Subió las escaleras a su habitación para compensar los meses de privación de sueño, empujando la bolsa de lona y el activador revestido de plata dentro de esta debajo de su cama para el día siguiente.