Berwald no puede hacerlo más. No puede esconderse más; no puede seguir esperando en las oscuras esquinas del sótano mientras su esposo e hijo, la familia que él crió, están ahí afuera, a merced de ese asesino psicótico, corriendo enloquecido con solo nada más que homicidio en la cabeza. Si Berwald sabía algo sobre Mathias, era que incluso aunque hubiera renunciado a sus formas bárbaras como vikingo, aún habría dentro de él un poco de ese luchador sediento de sangre, inmisericorde con todo y con todos, que había despertado, y puede suponer que había ido creciendo, alimentándose de la cordura de Mathias hasta que no había quedado nada que retuviera más esa naturaleza demoníaca.
Berwald quería patearse a sí mismo; hace un tiempo, había sentido que algo andaba mal con el comportamiento actual de Mathias, algo definitivamente familiar. Había visto la burla calculadora en su rostro, como si el hombre tuviera algún plan secreto y estuviera haciéndose el amable e inocente hasta que el plan finalmente pudiera dar frutos. ¿Por qué no le había mencionado esto a nadie? ¿Por qué no mencionó el brillo vacío que tiene Mathias en los ojos cuando solo quiere llevar a cabo algún tipo de sangrienta venganza? Había sido por su incapacidad de no dar el beneficio de la duda, la esperanza de que quizá todos se habían recuperado de tal manera de vivir y habían cambiado a un estilo de vida más moral y civilizado. Tal vez no debió haber esperado progreso de un hombre que puede ir de dócil y juguetón a agresivo y violento en un segundo (y más rápido si tiene alcohol en su sistema), incluso si la mayoría de sus ciudadanos habían progresado.
Debí haberlo matado cuando tuve la oportunidad...
Apretó los dientes cuando otro doloroso grito hizo eco tan fuertemente que pareció sacudir la mansión entera. O tal vez sacudió a Berwald, al reconocer la voz que lloraba con tormento. No sabía qué era peor; saber que si hubiese revelado sus supersticiones anteriores probablemente hubiera podido detener esto antes de que comenzara, o el hecho de que sin importar cuánto quisiera cada célula de su cuerpo correr escaleras arriba y luchar contra Mathias para salvar a su esposo, permanecía en arrodillado en el sótano, escondiéndose en la oscuridad para no tener que enfrentar la tortura de aquellos malditos microscopios que Mathias les había hecho tragar. Berwald se pateó mentalmente a sí mismo, una y otra vez; ¿cómo podían esos pequeños juguetes que ni siquiera podía ver causarle tanto temor con las feroces corrientes eléctricas que producían? ¿No había sufrido cosas peores? Tal vez era la manera en que Mathias tenía control sobre esos pequeños robots, por ende, sus cuerpos, lo que llenaba a Berwald de tanto temor, lo suficiente para actuar fuera de su urgencia de protección...
-No,- siseó para sí mismo, sacudiendo la cabeza tan rápidamente que las gafas casi se deslizaron de su rostro. Necesitaba dejar de analizar; analizar cada pequeño detalle de la situación significaba que estaba preparándose para entrar en pánico, y no puede entrar en pánico, no ahora, no cuando tiene que participar en este psicótico juego en favor de sobrevivir y hacer un enorme esfuerzo para no correr hacia los gritos de su marido, los cuales estaban alejándole de su salud mental y haciéndole sentir nauseas.
-¡No, no lo hagas!- Oyó llorar a Tino. Apretó sus puños y mandíbula. No puedo ir...
-¡Detente, por favor!-
-¡Oh, cierra ya la puta boca!- Mathias... ¿jadeó? Berwald arrugó las cejas. ¿Por qué está jadeando Mathias...?
-¡Aléjate de mí! ¡No!-
-¡Cállate, ya casi termino!-
¡¿Él está...?! ¡Oh, Dios, no!
-¡No, por favor, para!-
No puedo subir ahí, dijo Berwald mientras su cuerpo se lanzaba involuntariamente hacia adelante y a través de las puertas del sótano. No puedo subir ahí. Él solo nos matará a ambos.
Su mente le dijo repetidamente que no fuera al segundo piso porque eso solo empeoraría las cosas; Mathias activará ese collar de choque, ¿y luego qué? Ambos, Berwald y Tino serían torturados por la herramienta, paralizando tanto a Berwald que no podría hacer más que yacer ahí y ver a su esposo ser violado y electrocutado hasta que ambos murieran, con la única esperanza de que Lukas y Emil pudieran mantenerse con vida y proteger a Peter.
Pero había una posibilidad, una pequeña posibilidad de poder luchar contra Mathias y derrotarlo, para salvar a todos.
Esa posibilidad fue a lo que Berwald se aferró mientras se acercaba a la habitación donde se hallaban Tino y Mathias. -¡Tino!- Gritó mientras se detenía en la puerta y observaba la escena.
De pie en el centro de la habitación estaba Mathias, dándole la espalda a la puerta y a Berwald. Saltó frente al repentino grito y se volvió para enfrentarlo. Estaba sosteniendo a Tino en una llave de cabeza centímetros por encima del suelo, con una mano sujetando su barbilla. Duros gruñidos y quejidos salían de la garganta de Tino mientras era ahorcado por la extremidad envuelta firmemente alrededor de esta. Tino colgaba y se retorcía en el agarre de Mathias como un pez recién capturado colgando de una línea. Ambos rostros estaban sonrojados y sudorosos, como si se encontraran exhaustos por realizar un ejercicio extenuante, pero la cara de Mathias tenía ese brillo que solo era evidente después del sexo. Los pantalones del pijama de Tino y su ropa interior habían sido bajados hasta sus rodillas, y una sustancia cremosa de color rosado, sangre y semen, manchaba sus muslos magullados.
-¡Tino!- Gritó Berwald.
-¡Ugh, hey, ¿qué estás haciendo aquí?!- Gruñó Mathias mientras reajustaba el cuello de Tino en su brazo. -¿No fueron mis reglas lo suficientemente claras? ¡Nadie viene a rescatar a nadie! ¡Dios, qué tramposos son!-
Berwald endureció su mirada hacia Mathias. -¡Mathias, bájalo ahora!-
-¡B-Berwald! ¡Berwald, vete!- Tino se quedó sin aliento. -¡Vete y s-sálvate a ti mismo! ¡Ack! ¡Salva a Peter!-
-¡No! ¡Voy a matar a este bastardo!- Dijo Berwald, sus ojos deslumbrados aún estaban fijos en su hermano.
-¿Uh, hola?- Dijo Mathias. -¡No me ignores, eh! ¿Sabes, el tipo que tiene el control remoto que puede significar muertes lentas y dolorosas para los dos?- Soltó una burla. -Como sea, de todos modos ya terminé con este, y el que hayas entrado a interrumpir solo hizo que encontrarte fuera mucho más fácil.-
-¡Berwald, vete!- Tino gritó con pánico. -¡Vete ahora! ¡No te preocupes por mí y solo vete!-
Mathias acarició el cabello de Tino con su nariz y sonrió entre este con satisfacción mientras veía a Berwald temblar de ira visiblemente. -Sabes, mientras literalmente le sacaba la mierda a este pequeño, pude ver qué fue lo que te atrajo de él,- ronroneó. -¿Tienes un buen culo aquí, sabes, apretado y cálido y todas esas cosas? Un poco sensible, pero supongo que Tino debe haber sido un verdadero soldado para poder manejar tu gran polla dentro de él, ¿eh?-
-¡Mathias, suelta a Tino ahora, maldito bastardo enfermo o te mataré!-
-¿No dije que había terminado con él? ¡Calma ya tu maldita polla, hermano!- Mathias tensó los músculos en sus brazos, deslizando rápidamente su brazo y su mano en posición. -¡Mira, te mostraré!-
-¡Berwald-!-
Chasquido.
Con un rápido tirón de sus brazos, Mathias giró la cabeza de Tino en un ángulo fatal, rompiendo la médula espinal en el cuello del finés y haciendo que el rostro de Tino se alineara completamente con su espalda.
El tiempo pareció ralentizarse para Berwald, incluso cuando la muerte de Tino había sucedido tan rápido. Observó con ojos abiertos y horrorizados cómo el cuerpo de su esposo se derrumbaba sin vida a los pies de su hermano. Berwald pudo oír los latidos de su corazón en sus oídos cuando la cara hermosa, antes jovial y optimista de Tino se convertía en nada más que una máscara para siempre moldeada en una expresión de terror y calma misteriosa. La visión de Berwald comenzó a nadar en rojo sangre mientras daba un paso hacia el cadáver de Tino, levantando débilmente una mano hacia él, y un suave quejido escapaba de sus labios temblorosos.
-T-Tino...-
Mathias levantó sus manos inocentemente. -¿Viste?- Sonrió. -¡Hecho!-
Berwald tembló violentamente, inhalando profundamente por su boca. Un momento después, aulló. Aulló a las paredes que los rodeaban lleno de dolor y furia mientras se dirigía en estampida hacia Mathias, inclinándose para abordarlo por la mitad inferior.
Mathias se rió entre dientes. Por lo general va por la parte inferior del cuerpo, especialmente las caderas, y usa la fuerza bruta. Coincidió con la postura de Berwald justo cuando entró en contacto con él, haciendo que los dos se atacaran cara a cara como dos ciervos empujando sus cuernos el uno hacia el otro. Mathias se rió un poco más, disfrutando del lado violento de Berwald ahora que al menos podía pelear con él en igualdad de condiciones en lugar de acobardarse bajo él, esperando que Berwald terminara de reducir su mandíbula a polvo.
Esta pelea estaba yéndose a un punto muerto, con ambos hombres empujándose entre sí e intentando usar la fuerza para empujar al otro al suelo. Ambos estaban magullándose los hombros con sus feroces manos, pero ninguno de los dos estaba dispuesto a romper su concentración por un simple moretón. Aburrido por la falta de variedad en esta pelea, Mathias decidió cambiar las cosas estrellando su frente contra la de Berwald. El impacto causó que él retrocediera adolorido, y le dio a Mathias una oportunidad para golpearlo en las costillas. Berwald se dobló por el dolor antes de forzarse a sí mismo a mantenerse de pie y aguantar mientras se dirigía a Mathias otra vez. Estrelló su puño contra la mandíbula de Mathias y envolvió sus brazos alrededor de su cuello en una llave de cabeza, con la intención de aplicar el mismo destino que Tino había sufrido. Mathias rápidamente reconoció la idea de Berwald y lanzó su mano hacia atrás para buscar el hombro de Berwald. Agarrándose a la tela de su camiseta del pijama, Mathias se echó hacia delante y tiró a Berwald sobre su espalda, lanzando a ambos al suelo.
Las dos naciones se pusieron de pie con Mathias riendo en la más pura delicia. Había un vértigo revoloteando dentro de él, porque ha pasado tanto tiempo desde que él y Berwald lucharon así; las pequeñas peleas a puñetazos que compartían porque estaban molestos entre sí o querían liberar algo de testosterona no se comparaban con las batallas en las que lucharon en aquel entonces: con manos despiadadas, corazones inhumanos y la intención de matar en la mente, el tipo de odio sediento de sangre que Mathias podía ver centellear en los ojos fríos y azules de Berwald. Había algo tan emocionante en ver esos ojos carentes de humanidad, oscuros a pesar de que el color era tan brillante como un día de verano. Pero Mathias sabía que podría empujarlo un poco más.
Mientras los dos cargaban contra sí, golpeándose mutuamente en cada área que dejaban desprotegida, Mathias examinó su bóveda mental de insultos, pequeñas bromas y burlas que hacía que había dejado inutilizadas durante sus peleas. Sin embargo, ninguno de estos era bueno. Tenían un humor demasiado "alegre" como para ahondar realmente en la piel del sueco. Incluso los buenos insultos crueles y homofóbicos que había hecho cuando supo de la orientación sexual de Berwald habían sido demasiado inútiles para sacar al verdadero monstruo (y parecía demasiado estúpido usarlos de cualquier forma, con Mathias follándose a Lukas incluso antes de que estuviera dispuesto a admitir que también se sentía atraído por los hombres) y quería esa bestia. Esa bestia hacía que todo fuera divertido.
Dándose cuenta de que tendría que llegar a algo bueno en el acto, Mathias dejó de revisar su lista de insultos y comenzó a pensar en cosas sobre Berwald que podría usar, algo que fuera lo suficiente para llevarlo al límite. Berwald lanzó sus puños hacia Mathias, haciendo que él se inclinara y se balanceara de un lado a otro. Cuando Mathias se agachó para evitar otro golpe, tiró su cabeza hacia la barbilla de Berwald. Las gafas salieron volando de su nariz y un diente inferior cayó de su boca. Sangre corría por su labio inferior y tuvo que entrecerrar los ojos para poder ver, pero eso no hizo que Berwald pareciera más débil para Mathias. De hecho, si no hubiera sido por la diversión que ya había tenido con Tino, Mathias juraría que habría podido tener una erección por la forma en que estas cosas hacían que Berwald pareciera más brutal y asesino. Ese pensamiento hizo que Mathias perdiera su concentración, lo que permitió a Berwald golpear con su puño la cara de Mathias. Él se tambaleó hacia atrás, cubriendo su nariz sangrante con una mano. El golpe lo mareó e hizo que su cabeza diera vueltas, pero cuando casi tropezó con el cadáver de Tino, su mente trabajó lo suficientemente rápido como para finalmente agregar un insulto, algo que hará esta pelea mucho más divertida.
Mirando despreocupadamente la sangre empozándose en la palma de su mano, Mathias rió disimuladamente. -¿Sabes qué es lo gracioso aquí, Berry?
-Cierra la puta boca,- jadeó Berwald, limpiando sus labios y mentón de su propia sangre. Volteó su cabeza y escupió la sangre que se había acumulado en su boca.
-Je, grosero. Como sea, las personas tienden a decir que tú y yo somos totalmente diferentes. Ya sabes, contigo siendo tan callado y misterioso, la gente normalmente quiere huir de ti y yo siendo tan espontáneo y divertido que incluso aquellos que me odian no pueden soportar mi presencia, algo como una refrescante y viva primavera después del frío y crudo invierno. Pero estar peleando contigo, parado aquí con mi propia sangre en mis manos, la cual tú derramaste, me hace darme cuenta de una cosa. Somos más parecidos de lo que creen. Ambos somos naciones escandinavas altas, rubias, y de ojos azules; ambos mataremos en sangre fría si nos presionan lo suficiente, y ambos violamos a Tino.-
Los ojos de Berwald se clavaron en su hermano. -¡¿Qué demonios acabas de decir?!-
-¿Qué, honestamente creíste que yo no lo sabía? Quiero decir, vamos, ¿de qué otra manera ibas a hacer que el chico se fuera a la cama contigo aparte de una buena cogida en contra de su voluntad? Era obvio que Tino no quería ir contigo cuando dejaste mi mandato, y por nada en el mundo quería ser tu perra- oh, perdón, quise decir "esposo". Así que supongo que lo sometiste hasta el punto que estaba tan afectado por la tortura que debió cambiar su manera de verte, viendo que no tenía otra opción: o quedarse con el monstruo que tenía control sobre él o simplemente volver al monstruo que reinaba sobre él. Debo felicitarte por haberle lavado el cerebro lo suficiente como para hacer que se quedara contigo, pero eso no es amor, hermanito; nadie puede tolerar tu apariencia monstruosa el tiempo suficiente como para sentir eso hacia ti.-
Mathias brincó juguetonamente sobre los dedos de sus pies y agitó los brazos. -No lo llaman Síndrome de Estocolmo por nada~...-
El corazón de Berwald se detuvo. Al principio, permaneció inmóvil, ligeramente inclinado por el cansancio que comenzó a aparecer una vez que los dos habían detenido la pelea. Retuvo el aliento dentro de sus pulmones, y sus ojos se abrieron con incredulidad. Su respiración comenzó de nuevo en intervalos lentos, aumentando progresivamente y haciéndose más pesada y a un ritmo más rápido hasta que casi parecía que iba a hiperventilarse y romper a llorar.
-¡VOY A ENVIARTE AL INFIERNO!-
Berwald cargó contra él como un toro furioso y agarró a Mathias por las caderas. Lo levantó en alto y lo estampó contra el suelo, subiéndose encima de él. Después de un feroz golpe en la mandíbula, Mathias levantó ambos brazos para bloquear cualquier otro ataque dirigido a él. Cegado por la ira, Berwald tardó unos instantes en ver que sus puños no estaban haciendo ningún daño, así que tiró de uno de los brazos de Mathias y clavó sus dientes en la carne.
-¡AAAAAGH! ¡¿Pero qué puta mierda?!- Mathias sacudió su brazo salvajemente, gritando de sorpresa y dolor mientras trataba de liberarse. Hubo una pizca de risa en sus gritos cuando notó que los ojos de Berwald estaban inyectados en sangre y que incluso sus irises brillaban infernalmente.
Berwald mordió más profundamente en la carne, haciendo un pequeño gruñido cuando el brazo se sacudió en su mandíbula. Berwald envolvió su mano alrededor del cuello de Mathias y lo apretó, satisfacción creciendo en su mente salvaje mientras sentía las venas yugulares de Mathias latiendo contra su palma y sus dedos. Fue más allá para asegurar más daño al clavar sus uñas en la garganta, las uñas cortando la piel y lentamente provocando algunos goteos de sangre. Mathias luchó frenéticamente por empujar la cara de Berwald y patearle las piernas. Él farfulló y jadeó cuando sus pulmones comenzaron a arder. Presa del pánico, Mathias golpeó a Berwald justo en el puente de la nariz como último recurso antes de sucumbir por completo a la oscuridad.
El golpe funcionó cuando la cabeza de Berwald retrocedió y su agarre tanto en el brazo como en el cuello se debilitó. Mathias se lo quitó de encima y rodó lejos. Cuando se levantó del suelo, siseó silenciosamente mientras un dolor asquientamente caliente le atravesaba el brazo al que Berwald se aferró. Tocó con sus dedos con la humedad que sentía corriendo por su extremidad; los dientes de Berwald habían atravesado la piel y dejado una profunda herida de la que la sangre se derramaba libremente. Maldijo por lo bajo y presionó su palma contra la herida para detener el sangrado lo mejor posible, pero su atención se desvió al escuchar un grito salvaje. Miró hacia arriba justo cuando Berwald cargaba contra él y lo atacaba por las caderas, pero en lugar de volver a caer al suelo, Mathias se estabilizó y empuñó ambas manos juntas con fuerza. Estrelló sus manos sobre la espalda de Berwald y le dio un rodillazo en el pecho. Apartó a Berwald y giró su puño en un feroz gancho de mentón que hizo que Berwald volara casi a la mitad de la habitación. Mathias miró a su alrededor y notó los pedazos rotos de lo que solía ser una mesita de noche antes de que Tino cayera sobre esta. Se lanzó hacia ella y tomó una pata de la mesa.
Cuando Berwald cargó de nuevo contra él, Mathias agitó la pata de su mesa como un bate contra la cabeza de Berwald, haciendo que él girara la cabeza hacia un lado con la fuerza. Berwald soltó un breve grito de agonía antes de volver su penetrante mirada hacia Mathias, dándole una idea de la magnitud del daño que había provocado la pata de la mesa. Había una herida que corría hacia arriba y diagonalmente sobre la mejilla de Berwald y continuaba a través de su nariz, con pequeños trozos, casi imperceptibles, de piel colgando del corte. Mathias miró su arma, ahora viendo que la pieza final era irregular y tenía una punta aguda y alta cubierta de sangre. Una vez más, Berwald cargó a Mathias, intentando atacarlo. Él volvió a balancear la pata de su mesa. Berwald se detuvo en su camino y se apartó del arma justo cuando esta iba a cortarle el cuello, pero Mathias le dio una patada en el estómago y lo arrojó al piso. Saltó para ponerse encima de su hermano y lo giró sobre su estómago. Antes de que Berwald pudiera luchar contra él, Mathias clavó la pata de la mesa en la espalda del sueco.
-¡AAAAAAAAGH!- Berwald se puso rígido cuando la pata se clavó en su espina dorsal. Hiperventiló mientras Mathias lentamente sacaba la pieza dentada de su espalda. Mathias se rió suavemente mientras la respiración rápida de su hermano llenaba sus entrañas, derritiéndolo de satisfacción. Juguetonamente sostuvo el arma sobre la espalda de Berwald, moviéndola hacia arriba y hacia abajo para decidir qué parte de la espalda sería la siguiente. Luego se encogió de hombros y se apuñaló en la columna vertebral en un lugar al azar, asegurándose de cavar profundamente en el cable. Berwald se retorció bajo él y liberó todo lo que había en sus entrañas. Mathias lo había atrapado, sabía que había atrapado completamente a Berwald, pero para estar seguro y solo por el jodido gusto de hacerlo, tiró de la pata de la mesa y la clavó más alto, justo entre los omóplatos.
Cuando Mathias hubo terminado, se puso de pie y observó el trabajo de sus manos. La espalda de Berwald estaba manchada de rojo, que crecía más y más a medida que más sangre se derramaba. Pronto había manchado sus costados y el suelo bajo él. Berwald estaba inmóvil -paralizado- pero aún podía mover sus ojos. Miró periféricamente a su hermano mayor y balbuceó débilmente, demasiado débil y enfermo por lo que había tenido que soportar como para poder formar un discurso coherente.
Mathias chasqueó la lengua mientras caminaba junto a la cabeza de Berwald y se ponía en cuclillas cerca de él. -Wow, eso fue muy divertido, ¿eh?- le susurró, acariciando el flequillo de la frente de Berwald. -Ha sido bastante tiempo desde que peleamos así. ¿Cuánto, dos, tres siglos? Había extrañado ese lado de ti, Berwald, ese que no tenía miedo de pelear cuando las cosas se ponían feas.- Suspiró. -Y creo que tendré que extrañarlo un poco más.- Luego acercó su boca a la cabeza de Berwald, sonriendo suavemente. -Vas a morir ahora, ¿ok? No sé exactamente cuándo, pero supongo que tal vez, ¿veinte, treinta minutos?, por la forma en que estás desangrándote. Pero oye, seré amable y haré tu muerte lo más agradable posible.-
Mathias deslizó sus manos debajo de los hombros de Berwald y comenzó a arrastrarlo hacia Tino, gruñendo, -Esperaré para follarte cuando estés muerto, puesto que ya tuve suficiente acción con Tino, y te dejaré morir junto a tu dulce y hermoso esposo muerto, para que ambos puedan irse al cielo juntos con sus esponjosas alitas y lindos querubines. Y no se preocupen por Pete, ¿de acuerdo? Me aseguraré de que los siga y se encuentre con ustedes allá. ¡Tendrán una linda reunión familiar!-
-No...-
Mathias se detuvo de golpe y frunció el ceño confundido al escuchar la voz pequeña y temblorosa, dejando caer la mitad superior de Berwald. Se giró y le sonrió a Peter de pie en la puerta.
-¡No...!- Repitió Peter mientras su cuerpo comenzaba a temblar. Sus ojos comenzaron a brillar con lágrimas cuando se encontraron con la escena de su madre y su padre, ambos inmóviles y maliciosamente torturados como podía ver por la sangre en todo el torso de Berwald y los moretones y la sangre en Tino; Peter no podría asegurarlo, pero creyó ver la cabeza de su madre vuelta completamente hacia atrás. Esto no era lo que esperaba cuando corrió después de escuchar los aullidos de dolor de su padre. Lo que estaba viendo ahora le hizo querer vomitar y orinarse y simplemente desmayarse, pero todo lo que hizo fue mirar boquiabierto fijamente a su familia muerta.
Mathias inclinó su cabeza y sonrió divertido. -¡Hey, Petey~!-
-¡NO!- Peter chilló con una voz tan aguda que casi perforó los tímpanos de Mathias. Giró sobre sus talones y se fue corriendo.
Después de unos segundos, Mathias sacudió la cabeza y chasqueó la lengua, volviendo a mover a su hermano junto a su cuñado antes de que fueran morir separados. -¡Te lo juro, tu familia Oxenstierna está haciéndome esto realmente fácil!- Rió antes de correr detrás de Peter.
