Capítulo 39: "Frenética Búsqueda"
Su corazón era una bomba a punto de estallar y a veces creía, que en verdad estallaría. Resopló afirmando una mano sobre una pared de frío cemento, a lo lejos escuchó una sirena ruidosa y luego el ladrido de los perros. En ese momento se dio cuenta de lo tarde que era... tan tarde que ya no había casi nadie en las calles. ¿Cuánto tiempo llevaba de esa forma? Horas, demasiadas horas, pensó con frustración y a la vez horrible agitación. Percibía el cuerpo rígido, como si le pesara, afirmó la espalda esta vez a la pared y resopló. De pronto sintió que casi no tenía fuerzas y suspiró pesadamente alzando sus ojos dorados y brillantes, al cielo nocturno. ¿En donde estaba su Kagome? De pronto pensó, que tal vez, a estas horas, tal vez estaba en el departamento. Bajó el rostro exhalando con un poco de alivio, pero el corazón estaba aún inquieto y su estómago se revolvía sintiendo sólo nudos. Bien, respiró otra vez y se encaminó a paso rápido al departamento. Cada paso que daba era una tortura, y era ansiedad, rogaba al cielo, con los dientes apretados, las manos en puños y murmurando una y otra vez: Que este en casa... que este en casa...
Desde la acera del frente vio las luces apagadas de su departamento y toda la esperanza que había depositado se escabulló sin remedios. Se quedó de pie, asustado, aturdido, temeroso por vez primera en su vida observando con ojos casi hipnotizados los ventanales. Luego bajó la vista, cruzando corriendo la calle y diciéndose lo tonto que era, porque tal vez ella ya estaba dormida. Mientras entraba y luego subía el ascensor intentó imaginarla en su cama, son su rostro de ángel y sus cabellos desordenados sobre la almohada. Aspiraría su aroma a flores frescas de su shampoo y solo eso le regocijaría el corazón. Necesitaba abrazarla y acurrucarla en su pecho, sacarla y alejarla de los malvados tentáculos de Naraku, de aquel hombre que se negaba a aceptar que había perdido... que siempre había perdido.
- Maldito...- Gruñó al recordar nuevamente todo lo que ahora sabía de él. No pudo evitar sentirse estúpido, ciego... y más equivocado.
Abrió la puerta y caminó dando zancadas hasta la habitación, sin medir su fuerza abrió la puerta de su alcoba de golpe y entonces se quedó de piedra, al ver la cama vacía. Un sollozo se escapó sin querer de sus labios y sus ojos se llenaron de lágrimas que no intentó reprimir. Se sentía angustiado, asustado en demasía, agotado, cansado. Caminó con lentitud y finalmente se tendió en el piso, a un lado de la cama, del lado de Kagome. Su corazón latía demasiado fuerte, demasiado alterado y no podía dejar de imaginar que algo... algo muy malo, había sucedido ¿a donde ir ahora?... ¿A quién acudir?... ¿qué diablos había pasado con su Kagome?
- Kagome...- Gimió con voz desgarradora en la oscuridad de la habitación. Deslizó sus manos por la colcha reprimiendo el sollozo esta vez. Sus manos alcanzaron su camisón de dormir, suave, pequeño, de color marfil que él llevó de inmediato a su nariz. ¡Kami sama! Necesitaba tanto verla ¿qué podía hacer? Había recorrido medio Tokio en su búsqueda ¿donde diablos estaba?- Su casa... su padre...- Musitó de pronto con los ojos muy abiertos y apartando la suave prenda de su nariz. Su corazón brincó y él de inmediato se puso de pie. Nuevas energías lo animaron a pesar de que aun sentía un tentáculo negro y siniestro que deseaba atraparlo.
- Oh... ¿No es usted el señor Taisho?- Preguntó el hombre al ver al joven muchacho cruzar el fastuoso y vasto jardín de la mansión Higurashi. Inuyasha se detuvo atónito. Había visto los policías, las patrullas, la cinta amarilla que mantenía alejados a los curiosos rodeaba la casa. Él tragó sintiendo que flaqueaba.
- Qué... ¿que ha pasado?- Murmuró en un hilo de voz y no pudo evitar desviar la mirada dorada y desconcertada hacia la mansión. En ese momento, Inuyasha creyó que las piernas se debilitaban- ¿Kagome?... ¿Sabe... sabe algo de Kagome?- Volvió a mirar al hombre como si estuviera fuera de si-... Kagome... Kagome Higurashi ¡no! Taisho... ¿sabe? Ella... ella es mi esposa... ¿qué diablos ha pasado?
- Tranquilícese- El forense posó una mano en el hombro de Inuyasha y este sintió que casi le quemaba la piel- El señor Ginta Higurashi se ha suicidado esta tarde...
El joven lo miró atónito y luego del impacto de la noticia pudo respirar mejor, después de todo, al menos su Kagome...
- ¿Y su hija?... ¿La ha visto?- De pronto perdió toda la compostura, lo tomó con fuerza de la solapa de su traje- ¡Dígame!
El forense lo apartó disgustado.
- Tranquilícese le dije. – Lo miró con fiereza e Inuyasha tragó con fuerza- La señora ha estado aquí pero... ya se marchó... en realidad... ella fue testigo del suicidio de su padre... como imaginará... ha quedado en estado de shock... y como no... estas fotos la dejaron completamente devastada...- Agregó con burla y sacando de su chaqueta el fardo de fotografías cubiertas bajo una capa de nylon, para resguardarla de las huellas. Sólo vio la primera, a pesar de la penumbra del lugar, divisó el rostro pálido de una mujer de largos cabellos, besando a alguien... Inuyasha sintió el corazón paralizarse... besándolo a él...
- ¿Qué?- Gimió palideciendo. ¿Porqué había una fotografía de aquella escena?... ¿porqué?
- Comprenderá que es más que obvio que su esposa haya quedado en ese estado sabiendo que usted tenía un romance con la amante de su padre...
- Su... ¿su amante?- Gimió alzando la vista a él y con sus ojos muy abiertos. ¿Esto era una pesadilla?, se preguntó horrorizado.
- ¿Qué?... ¿no lo sabía?... – Sonrió más-... vaya... que mala coincidencia... mala suerte la suya...
Esto era una trampa... una trampa, pensó al fin cuando pudo recobrar sus ideas, tensando la mandíbula y con el deseo irrefrenable de encontrar al culpable de todo, a Naraku, y golpearlo hasta cansarse... maldito bastardo... jugar con sus vidas como si fueran marionetas. Pensó luego en su esposa, ella estaba en shock y como no. La muerte del padre y las fotos dejarían devastado a cualquiera. Deseó tanto estar con ella, abrazarla, besarle la frente y los labios y susurrarle que aquello todo era una mentira... una equivocación... una jugada...
- Dígame en dónde esta ella- Demandó presuroso.
- Fue llevada a una clínica.
- ¿Hace mucho rato?- Contrarrestó ansioso y preocupado nuevamente, pero con alivio de saber que al menos ella estaba bien.
- Hace muchas horas...
Inuyasha respiró agitadamente.
- ¿Sabe a qué clínica?
- No... pero se fue con un conocido... tal vez usted también lo conozca... su nombre era Naraku...
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Kikyo se mordió el labio y estuvo a punto de echar una lágrima. No de tristeza por su muerte, sino por saber que aquel maldito idiota nunca había cambiado su testamento, por lo tanto, Kagome Higurashi, o Taisho, era su única heredera. Tragó reprimiendo el sollozo y luego desvió sus ojos oscuros a Naraku, quien le sonrió sabiendo que le había ganado la "jugada". Se irguió en sus zapatos de tacón y alzó la barbilla.
- Pero supongo que me darás un porcentaje, después de todo... tienes lo que querías gracias a mí.
Naraku le sonrió y desvió el rostro hacia el ventanal grande que daba a una sala, allí, en la penumbra casi de la habitación, descansaba Kagome quien había quedado al borde del colapso, ahora anestesiada y completamente dormida... o inconsciente...
- Jeje, claro, claro...- Musitó.
Kikyo agudizó la vista en su rostro, reconociendo el tinte irónico de su voz ¿debía confían en él?
- ¿Cómo esta ella?- Preguntó en cambio, más que nada por curiosidad ya que era su rival, que por preocupación.
El Mayor General hizo una mueca y con sus ojos fijos en la muchacha que yacía sobre la cama, con una intravenosa conectada a su brazo y el rostro de medio lado, pálida como la misma luna de allá afuera.
- Quedó en shock... – Dijo con completa indiferencia volteándose hacia ella y sonriendo maquiavélicamente-... tan en shock que los médicos recomiendan que este anestesiada... no sé como no ha perdido la criatura...
- ¿Esta embarazada?- Preguntó pasmada la mujer abriendo más sus oscuros ojos.
- Pues no creo que por mucho tiempo...- Respondió el hombre sonriendo aún. Sólo en ese instante ella experimentó escalofríos, posó sus ojos en la chiquilla que estaba postrada en la cama y tragó apenas, deseó no estar en su lugar.
- Inuyasha debe estarla buscando... no cesará hasta encontrarla...
Naraku levantó ambos hombros como si le restara importancia al asunto.
- Si hubieras hecho bien tu trabajo eso no pasaría...- Él la miró con las cejas fruncidas-... creí que eras experta en seducir... veo que a penas pudiste robarle un beso... las cosas hubieran sido mejor si te lo hubieras llevado a la cama...
- Él no es como tú- Respondió herida, mordiéndose el labio.
El hombre sonrió abiertamente y con burla.
- Claro que no es como yo...
Kikyo lo miró detenidamente. ¿Porqué diablos había tenido que hacer tratos con ese hombre tan maquiavélico? Sin lugar a dudas porque era ambiciosa, era su castigo.
- La has estado envenenando desde hace tiempo, diciéndole lo mujeriego e infiel que Inuyasha es... lo sé... – Dijo la mujer-... pero a pesar de eso, tal vez con los días... ella lo medite... y quiera volver con él...
- Un corazón romántico y adolescente como el de mi adorada Kagome no olvidará tan fácilmente la traición... y de todas formas para eso estaré yo a su lado... si las cosas aun así no funcionan... – Miró otra vez a la muchacha-... sé como actuar ahora que esta en ese estado... ella será mía... finalmente será sólo mía...
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Estaba demacrado y ni siquiera había pegado un ojo en dos días. Su búsqueda había sido frenética y el paradero de su amada Kagome o Naraku era un enigma tan grande como su propia angustia. Recorrió cada clínica de Tokio, cada hospital y nada. También en las casas de aquel maldito hombre, al menos las que conocía, nada, ni rastros de él. Desesperado, había acudido a la policía para entablar la denuncia correspondiente. "Secuestro", había dicho. Cuando dio el nombre del Mayor General los policías casi se rieron en su cara.
- No se puede culpar a un Oficial Mayor de la Aviación así como así...
- Malditos...- Bramó apretando los puños de sus manos sin poder creer lo que estaba sucediendo ¿aquel imbécil era impune ante la ley sólo por su cargo?... ¿Y Kagome?... ¿qué haría para encontrar a su esposa?... ¿qué haría?
- Jaja... no haga denuncias contra representantes de tan alto rango a nosotros...- Le dijo un policía con sonrisa burlona-... vaya donde sus superiores... no venga con líos de esas proporciones a nosotros...
Miroku. Debía buscarlo, tal vez él podría ayudarle.
El muchacho de ojos azules lo escuchó a pesar del relato casi incoherente que Inuyasha le contaba. No era para menos, en su estado, ni siquiera podía pensar bien. Su esposa estaba en manos de su peor enemigo, desaparecida, lo último que había sabido de ella era que había quedado en shock debido a la muerte de su padre y también a la suya...
- No sé en qué puedo ayudarte...- Dijo Finalmente en un pesado suspiro.- No conozco más de lo que tú sabes... es decir... yo sólo sé de sus negocios sucios...
- Necesito encontrarlo, Miroku... la policía no quiere ayudarme porque es un pez demasiado gordo y poderoso... debo...- Su voz de quebró de desesperación. Apoyó la mano en la frente y sintió las pulsaciones en la sien. La jaqueca era casi insoportable.-... debo hacer que la justicia lo busque... tú puedes ayudarme declarando ante el Mayor Brigadier lo que sabes de él...
- Eso es imposible Inuyasha...- Murmuró levemente frunciendo la frente-... el Mayor Brigadier también esta bajo las garras de él...
Pegó con su puño en la mesa echando una maldición. Miroku vio que el rostro del joven piloto se había puesto rojo y sus ojos destellaban pura ira.
- ¡Pero qué diablos!- Bramó, llamando la atención de casi todos quienes estaban en la cafetería- ¿Es que acaso Naraku esta impune?... ¿es intocable?
- Calla, amigo, calla...- Murmuró el de ojos azules obligándolo a sentarse.- Mira... recopilaré todo lo que tengo... se lo expondré al Mayor Brigadier... mañana mismo, si quieres me acompañas así le contamos todo... intentaremos convencerlo... y sino pues... tu deberás ir en busca del General de División... no sé cómo pero deberás encontrarlo puesto que es el mandamás de la Aviación... así lo llevaremos al Supremo Tribunal Militar...
Inuyasha se puso de pie impetuosamente y sus ojos dorados brillaron con nuevos bríos.
- No puedo esperar hasta mañana... intentaré pedir una cita con ese General como sea... recopila todo lo que puedas de Naraku y no hace falta que hables con el Brigadier... si esta también en sus manos de nada nos servirá...
Miroku asintió. Tenía razón, ese hombre si estaba con las manos atadas en nada los ayudaría. Había que acudir a las más altas esferas de poder y jerarquía, si se quería combatir contra Naraku. Entendió la impetuosidad y el apuro de Inuyasha. Lo veo voltear sin siquiera despedirse y el joven muchacho suspiró. No estaba seguro si tendrían éxito, para nada, porque enfrentarse con Naraku era arriesgar la vida... sacudió la cabeza intentando pensar en cosas agradables, en Sango, por ejemplo. Cuando saliera de la Academia, lo primero que haría, sería pedirle matrimonio... ya había comprendido que le era difícil vivir lejos de ella.
Y mientras tanto Inuyasha caminaba a paso rápido y con fuerzas renovadas a pesar de la falta de sueño. Él iba a ganar, él la iba a encontrar, Kagome era suya, sólo suya y ese maldito de Naraku se iba a arrepentir de haberle arruinado la vida...
Continuará...
N/A: Lamento la tardanza en la actualización, como ya he dicho, a estas alturas estoy más que cansada, agotada XD además el próximo cap. es el final, tal vez inconscientemente dilato el final jaja... bueno u.u que pena... así que a esperar el cap. 40. Gracias a todos quienes leyeron, muchas gracias a las chicas que me dejaron nuevamente su comentario. Gracias por el apoyo, por la paciencia y la incondicionalidad, se los agradezco un millón T.T
Bueno, nos vemos pronto, cuídense todas.
Lady.
