-Todo lo que vamos a contar Orihime y yo debe quedar entre nosotros.
-¿Entendido? –dijo Nanao-chan.
-Hace poco más de una semana, Renji, Ikkaku, Kira e Hisagi –comenzó a contar Rangiku- vinieron al escuadrón y se empeñaron en beber sake…
-¿No seria que más bien los arrastraste y los obligaste a beber contigo? –preguntó su Capitán- ¿¡Matsumoto!?
-No, no Taicho, yo no… -la chica se detuvo, pero pensó que lo mejor era continuar con la historia.- Pero Rukia-chan, Renji estaba triste, tenía un punto melancólico que lo hacía muy atractivo.
-Matsumoto… -le dijo su Capitán a modo de que se centrara en la historia.
-Y entre sake y sake, escuché una conversación que mantenía con Ikkaku –todos estaban callados esperando atentos a la continuación de la historia, hasta el propio Abarai, que quería saber lo que había escuchado Rangiku.- El calvito le intentaba dar ánimos, y él se lamentaba de que ahora su relación no fuera la misma, y que ahora están más distanciados. Y Renji dijo claramente –la pelirroja se calló para darle tensión al asunto- "la amo, Ikkaku y ella no me hace caso". ¡¡Y esa eres tú Rukia-chan!!
-Pero… -intentó decir la aludida.
-No, no –hizo un movimiento con la mano la Teniente del Décimo escuadrón- ahora tienes que escuchar la parte de Ichigo y luego ya decides –le guiñó un ojo.- Pocos días después…
-Rangiku-san –le cortó Inoue- me gustaría a mi contar esa parte –dijo poniéndose muy colorada.
-Claro, Orihime.
-Kuchiki-san, si te cuento todo esto es porque creo que es lo mejor –seguía colorada como un tomate- ten en cuenta como es Kurosaki-kun –Rukia asintió con la cabeza.- Hace una semana me decidí a hablar con Kurosaki-kun, sobre… sobre… -la chica no se aclaraba.
-¡Vamos Inoue! –le animó Yoruichi- hemos venido aquí para esto –la pelirroja suspiró.
-Yo le dije a Kurosaki-kun que me gustaba –dijo muy deprisa, dejando a Rukia algo cortada- pero él me dijo que no podía corresponderme, Kuchiki-san. Porqué él amaba a otra persona –Ichigo, escondido detrás de unos arbustos recordó aquel momento con algo de tristeza, él no quería hacer llorar a Inoue, y ya lo había conseguido dos veces: en aquella ocasión y ahora que lo recordaba, también se le saltaron las lágrimas a la chica.
-¿Te dijo a quién? –preguntó tímidamente Momo que estaba totalmente metida en el asunto, aunque no lo dijera le encantaban esos tejemanejes.
-No exactamente, pero me dijo que era alguien que yo conocía, así que sólo puedes ser tú Kuchiki-san.
Rukia puso cara de pocos amigos, su expresión se volvió fría, y justo cuando iba a hablar, Matsumoto la interrumpió.
-Rukia-chan, antes de que te decidas, yo creo que el que más te conviene es Renji –dijo con una sonrisa. Mientras Abarai sonreía con superioridad entre los arbustos- él ha sido siempre tu amigo, os criasteis juntos y es tan mono.
-Tiene razón, Kuchiki-san –dijo Hinamori, que era muy amiga de Renji.
-Pero Ichigo es el hombre que arriesgó su vida por ella –apuntó Yoruichi,- no me podéis negar que hay química entre los dos –Kurosaki sonreía maliciosamente mientras miraba a Renji tras los arbustos- ¡si todo el mundo lo ha notado!
-Así es, Yoruichi-san –le replicó Inoue.
-Taicho, Nanao ¿qué pensáis? –les preguntó Rangiku.
-No pienso entrar en estas tonterías, Matsumoto –respondió el Capitán.
-Yo sólo estoy aquí en representación de la Presidenta de la Asociación de Mujeres Shinigamis –replicó la chica de las gafas- así que soy imparcial.
-¿Y tú Rukia-chan? –sonrió Matsumoto- ¿qué eliges?
-A ver –comenzó a decir Rukia mientras una venilla le salía por la sien comenzaba a apretar el puño fuertemente.- Las pruebas que tenéis para liar todo esto son: que Renji, borracho en una de las fiestas de Matsumoto, le dijo a Ikkaku "la amo y ella no me hace caso" ¿no?
-Si.
-¡¿Y por qué diablos tengo que ser yo?! –les gritó, estaba cansada.- ¿Es que no hay más shinigamis en todo el Seretei que puedan pasar de Renji?
-Es algo difícil –dijo Nanao.- Abarai-kun es muy popular con las chicas –a lo cual el chico, levantó el pulgar de su mano derecha para restregárselo a Kurosaki en su cara, pero Ichigo lo ignoró completamente.
-¿Estáis locas? –bufó Rukia- ¡puede ser cualquiera!
-No, está claro…
-¿Y lo de Ichigo? –continuó Rukia interrumpiendo a Matsumoto- también puede ser cualquiera ¿Cuántas chicas que tú conoces –se refería a Inoue- también conoce Ichigo?
-Bueno… -comenzó a contar Orihime.
-¿Diez? ¿Veinte? ¿Treinta? –le preguntó rápidamente Rukia- con esos datos podemos ser cualquiera de las aquí presentes.
-Pero no, Kuchiki-san, la única chica a la que hace caso es a ti.
-¡Es normal Inoue! –gritó desesperada- ¡Vivo en su casa y no paro de darle problemas!
-Pero Kuchiki-san...
-Esto es una tontería –dijo Rukia mientras se levantaba- no pienso entrar en este juego.
Mientras la chica se marchaba mascullando insultos y maleficios, los dos pelirrojos que se mantenían escondidos detrás de un arbusto se comenzaron a mirar de manera diferente, ya no eran los dos amigos vagos que querían pasar un rato tranquilo. No, ahora eran, sin lugar a dudas, rivales. Así que lo que comenzó con miradas de odio eterno terminó en una guerra de absurdos tirones de pelos y pellizcos.
-¡Venga! ¡venga! –gritó Yoruichi, mientras se levantaba y cogía a cada uno por una oreja- vosotros dos, ya podéis salir de ahí.
-¡Duele! –Renji no estaba muy acostumbrado a eso.
-¡Joder Yoruichi! –le dijo Ichigo- ¡qué tu estabas de mi parte!
-Pero estar de tu parte no significa que deje que hagas aún más el estúpido –le dijo la chica, mientras los sentaba junto al resto, y a la vez se acomodaba ella misma.
-Kurosaki-kun, Abarai-kun ¿cuánto tiempo lleváis allí? –preguntó inocentemente Inoue.
-Están antes que nosotros –le replicó Matsumoto- elegí este sitio porque los sentí.
-Ya me lo supuse yo –le dijo Nanao, mientras Shiro-chan asentía con la cabeza y Momo todavía pensaba en dónde tenía ella la cabeza para no haber sentido al par de pelirrojos.
-Bueno, pareja –comenzó a decir Yoruichi mientras se cruzaba de brazos- todo lo que habéis escuchado ¿es cierto? –ambos muchachos, sentados juntos se miraron con caras de pocos amigos, se cruzaron también de brazos y no dijeron ni una palabra.
-Bueno, bueno –Rangiku quiso aliviar el ambiente- tal y como os estáis portando parece ser que tenemos razón.
-La Asociación de Mujeres Shinigamis nunca falla –dijo Nanao.
-¡Oye yo no he dicho nada! –gritó Ichigo.
-¡Ni yo tampoco! –Renji también gritó.
-Sois tan simples… -dijo Yoruchi mientras comenzaba a oler la comida que había traído Orihime.
-Ni que lo digas –le contestó Matsumoto y comenzaron a comer todos, ignorando a los dos pelirrojos.
-Ahora que os hemos encontrado –comentó la sonriente Inoue- os podemos invitar a la cena que Rangiku-san y yo vamos a hacer esta noche ¡están todos invitados!
-Yo no se… -comenzó a decir Ichigo.
-Si yo voy –le susurró Yoruichi al oído a los dos chicos- vosotros también.
Mientras Rukia volvía al Seretei, pensó en qué cara pondría ella ahora a su hermano. La Asociación de Mujeres Shinigamis le había contado toda esa tontería, y seguramente pensaría que ella estaba metida en todo el embrollo. Suspiró, al menos comería sola, ya que su nii-sama no la esperaba.
¿Se habrían enterado de todo Ichigo y Renji? Esperaba de todo corazón que no, sino no sabría bien como mirarlos la próxima vez que los viera.
Pero como si el destino quisiera gastarle una broma, con todo ese día de chiste para ella, su hermano se había enfrascado leyendo un informe de su división y aún no había comido. Así que cuando supo de su llegada, decidió comer junto a ella.
Ahí se encontraban los dos, uno enfrente del otro, comiendo silenciosamente. Rukia quería esconder su sonrojo, pero le era imposible, y las marcas de que Yachiru había estado molestando por la mansión estaban patentes, todavía había criados limpiando caramelos tirados por el suelo. En cambio, Byakuya, quería preguntarle a Rukia qué había decidido, ya que fue informado puntualmente de todas las actividades de la Asociación de Mujeres Shinigamis, que amablemente le habían extendido un divertido panfleto, por si se apuntaba a la escapada al campo. Como era de esperar, Kuchiki-Taicho ni respondió.
-¿Qué tal tu día, Rukia? –preguntó como quien no dice nada.
-Normal, nii-sama –comenzó a comer más deprisa para que acabara ya la comida.
-No parece tan normal, cuando has venido a comer.
-Tienes razón, pero es que… al final no me apeteció quedarme en el bosque.
-¿Estas enferma?
-No.
-Entonces no lo entiendo, Rukia, ayer estabas encantada con la comida –su hermano recapacitó.- ¿Alguien te ha molestado? –levantó una ceja.
-No, no, nii-sama, no me han molestado –dijo rápidamente, su hermano podía llegar a ser muy vengativo si se lo proponía- simplemente preferí volver antes al Seretei.
-Bien –hubo un silencio entre ambos, hasta que Byakuya volvió a la carga.- ¿Vas a ir esta noche a la cena que organizan Inoue Orihime y Matsumoto Rangiku?
-No lo se, nii-sama –el hombre se le quedando mirando expectante- quiero entrenar esta tarde, y si estoy muy cansada no iré.
-Yo asistiré –su hermana se quedó algo asombrada, pero estaba segura que su hermano soportaría como un caballero la comida de las dos pelirrojas.- Y tú también deberías, nos han invitado cordialmente.
-Lo intentaré nii-sama –la chica terminó su último bocado.- He acabado, ¿puedo retirarme?
-Esto no es una carrera de caballos, Rukia, puedes comer despacio.
-Si, nii-sama –la chica se puso roja.
-Una pregunta más y te puedes marchar, Rukia.
-Si.
-¿Sabes si Kurosaki y Renji asistirán a la cena?
-No lo se, pero dudo que Matsumoto-san no los haya invitado.
-Ya veo.
