Luces de colores adornaban el patio de la Décima División, su Capitán lo había aceptado tras una larga tarde soportar a su Teniente suplicándole. Para ella y para Inoue era un momento muy especial, en el que todo el mundo probaría su cocina. El menú era secreto hasta el último momento, y cómo no sabían el número exacto de asistentes hicieron para dos veces el Seretei entero, con la inestimable ayuda de shinigamis del Cuarto Escuadrón que se ofrecieron voluntarios, antes de tener que limpiar las alcantarillas. No pusieron mesas y sillas, querían una medio reunión informal, así que colocaron toda la comida en varias mesas, y cada uno se servía lo que más le gustara, era una innovación del mundo humano que conquistó totalmente a Matsumoto. Aunque, evidentemente habían asientos, pero eran pertenecientes al propio patio de la división. Realmente, lo único que todos podían adivinar del menú era el postre: cualquier cosa con sake.
-Rangiku-san.
-¿Si? Orihime –ambas chicas se encontraban ultimando detalles culinarios.
-Yo, me preguntaba porqué… -la chica no sabía si quería o no preguntar- porqué… has apoyado a Abarai-kun, en vez de a Kurosaki-kun esta mañana.
-¿Por qué? –la chica asintió con la cabeza.
-Yo creía que pensabas que Kuchiki-san elegiría a Kurosaki-kun.
-Pero no siempre hay que apoyar al caballo ganador, Orihime –le sonrió.- Tengo claro lo que siente Rukia-chan por ambos, y lo que yo dijera en ese momento no iba a cambiar la situación.
-Entiendo…
-Orihime –la chica que estaba pensativa, ahora miró a la Teniente- nunca olvides que siempre tendrás a Ichigo como un buen amigo, y eso es mucho decir en estos tiempos.
-Tienes razón, Rangiku-san.
-Bueno, y ahora sigamos cocinando… ¡esta noche todo el Seretei comerá nuestra comida!
-¡Si!
Ichigo y Renji, habían sido secuestrados desde esa misma mañana para ayudar también a las dos mujeres, decorando y ayudando con el duro trabajo de mover muebles y servir platos. Aún no se habían dirigido la palabra desde esa misma mañana, ahora se miraban mal y si tuvieran sus zampakutou a mano la usarían si dudar, pero no era posible, así que descargaban toda su ira en las mesas que cargaban y la pobre vajilla que sostenían.
Los primeros en llegar fueron, sin lugar a dudas, los Capitanes y el Comandante General, realmente ningún shinigami de rango inferior se hubiese atrevido a acudir antes que ellos, salvo los del onceavo escuadrón que sabían perfectamente que su Capitán no iba a ir, y no por la comida, sino porque seguramente llegaría demasiado tarde como para esperarlo, Yachiru nunca fue una buena guía. Pero en esta ocasión, se iba a esforzar por llegar medio pronto.
Pero, aunque los invitados más ilustres ya habían llegado, la comida aún no salía, y dos pelirrojos que habían empezado la mañana con mal pie decidieron darse un descanso a su pelea, y sentarse juntos a ver pasar a la gente, hasta que una persona, un hombre alto con el pelo cano y largo se decidió a acercarse.
-Bienvenido, Ukitake-taicho.
-Hola Ichigo, Renji –dijo saludando con la mano- estaba ansioso por que llegara esta cena –ambos chicos se miraron perplejos ¿le gustaba la comida de Inoue a alguien más que no fuera Matsumoto?.
-¿Por qué? –se atrevió a preguntar Renji.
-¡Oh! Porqué le pregunté a Kuchiki –refiriéndose a Rukia- qué tal era la comida de Inoue-san y me dijo que era indescriptible y que mejor la probara yo.
-Buena descripción –dijo Ichigo.
-Así que estoy ansioso –sonrió amablemente, como el que entra la boca del lobo pensando que no es nada- ¿está ya lista la comida?
-No, aún no, pero quedará ya poco –respondió Abarai.
-Bien, bien… iré a saludar al Capitán –se refería a Shiro-chan.
-¿Renji? –le preguntó Ichigo en voz baja una vez lo vio lejos.
-¿Si?
-¿No crees que una comida de estas puede matar a Ukitake? Siempre está mal de salud…
-No se.
-Lo mismo debemos visarle.
-No es mala idea.
Pero en ello estaban cuando una mala sensación les recorrió el cuerpo, era como la certeza de que algo horrible iba a pasar. En ese instante, una sombra se situó detrás de ellos, y al girar, vieron el destello de una cosa metálica en la cabeza de una persona alta y morena, no cabía duda, era Kuchiki Byakuya.
-Renji –el aludido estuvo a punto de pegar un gritito pero se contuvo-, Kurosaki –siguió diciendo el Capitán del Sexto escuadrón.- Me gustaría hablar con los dos.
-¿Ahora?
-Si, ahora, y en privado –se giró para que lo siguieran.
Se adentraron hacía uno de los pasillos de la Décima División, Kuchiki Byakuya había sido muy previsor, y amablemente le había exigido una estancia tranquila a Hitsugaya para poder conversar con los dos pelirrojos, a lo cual el joven Capitán no pudo negarse. Así se dirigieron a lo que sería el despacho de Matsumoto, que estaba limpio como una patena, ya que ella solía dedicarse más a estar en el de su Capitán. Al pasar, Byakuya se sentó en el escritorio de la Teniente, y los chicos lo hicieron en dos sillas que estaban situadas al frente.
-¿Qué ocurre Taicho? –se atrevió a romper el hielo Renji.
-Quisiera hablar sobre –sacó un papel de su manga, de un color rosado, y lo puso entre ambos chicos, para que pudieran leerlo- esto.
El papel era un panfleto rosa, al parecer hecho por la misma Yachiru esa misma mañana, en el que ponía claramente: ¡¡Rukia-chan tiene que elegir!! –salía una foto de la chica sonriendo y haciendo el signo de la paz con una mano, mientras sostenía un Chappy con la otra- ¿Quién os gusta más? Kurosaki Ichigo –debajo de su nombre había una casilla que podías rellenar para votar con él, su foto era una en la que estaba sentado, con su ceño fruncido y cara de pocos amigos- o Abarai Renji –con su casilla también para poder votarlo, y una foto en la que salía hablando con alguien, se notaba a la legua que, salvo la foto de Rukia, el resto habían sido robadas.
Ambos chicos lo miraban con los ojos muy abiertos, no sabían hasta donde era capaz de llegar la Asociación de Mujeres Shinigamis, pero esto había sido obra de su Presidenta una vez que la echaron de la mansión Kuchiki.
-¿D-de donde ha sacado esto, Taicho? –preguntó asombrado su Teniente.
-Los están repartiendo en la puerta.
-¡¿Qué?! ¡¿Qué?! –gritaron al unísono ambos chicos.
-Ya he ordenado que los dejen de repartir, y que los recojan todos.
-Pero nosotros –dijo Ichigo señalándose a él mismo y a Renji- no tenemos la culpa ¡Es cosa de esas locas!
-Lo se, Kurosaki –lo miró Kuchiki con una ceja levantada.
-¿Entonces?
-Quiero saber que está pasando aquí, cómo ha comenzado todo esto, y si mi hermana ha decidido entre alguno.
Y así comenzó el tercer grado de interrogatorio del nii-sama de Rukia, hacía sus dos supuestos pretendientes. Pero la labor del cabeza del Clan Kuchiki no había sido tan efectiva como se pudiera haber imaginado, no pensó en aquella frase que decía: "si quieres que se haga bien, hazlo tu mismo". Y los panfletos que tan cariñosamente había hecho Yachiru se habían integrado en la fiesta, y a falta de comida –que aún no había salido- buenos eran cotilleos en folletos. Pero no había ni rastro de los tres aludidos.
Parte de la Asociación de Mujeres Shinigamis estaba ya en la fiesta, tan sólo faltaba la Presidenta que andaba algo perdida, y Matsumoto que seguía en la cocina, de donde salía un olorcillo sospechoso.
-¿Nanao? –preguntó Isane que acababa de llegar, junto con parte de su escuadrón, su Capitana llevaba allí un tiempo.
-¿Si? –respondió altiva la Teniente, mientras recogía panfletos.
-¿Qué es esto? ¿por qué la gente me los está dando? –le dijo la chica enseñándole una de las obras maestras de Yachiru.
-¿No has leído la circular urgente que os envié a todas esta tarde?
-No, no he tenido tiempo… -Isane se sonrojó y Nanao pareció enfadarse.
-Bueno, el plan de esta mañana no funcionó, Kuchiki-san no se decidió.
-¿No? Y yo que pensaba que le sería fácil…
-No, Isane, no. Nos dejó plantadas… así que la Presidenta tuvo esta genial idea –le dijo poniéndole un papel rosa en la cara.
-Pero aún así ¿por qué me los dan a mi?
-¿Te lo tengo que explicar todo? –le preguntó irritada la chica de gafas, a lo cual la otra asintió.- Dale la vuelta al papel… -le ordenó mientras recogía otro folleto proveniente de un shinigami raso de sexto escuadrón, que al no ver ni a su Capitán y a su Teniente cerca, se animó a votar.
Isane, al darle la vuelta al papel vio un aviso que rezaba: "Voten esta noche en la cena del Décimo escuadrón, y denle los papeles a cualquier miembro de la Asociación de Mujeres Shinigamis, antes de las doce, ya que a esa hora se dirá el resultado." Y al lado había un dibujo de Chappy en honor a Rukia.
-Una genial idea, ¿no crees? –preguntó Nanao.
-Desde luego… -susurró Isane, y se dirigió a Nemu para explicárselo todo, que también andaba algo perdida.
Rukia volvía de su escuadrón algo avergonzada, todos los shinigamis con las que se había cruzado, o bien cuchicheaban, o bien directamente le preguntaban. Esto ya era el colmo ¿es que para ella no había más opciones que Ichigo y Renji? Al parecer no, y eso la enfurecía ¿quién eran ellos para decidir su vida amorosa? Estaba enfadada y a la vez asustada ¿y si tenían razón? Suspiró. Sí, si tenían razón, pero uno de los dos le sobraba… si tan solo supiera que había una oportunidad, sólo una oportunidad.
Pero no, sabía perfectamente que no. Así que arrastrando los pies, muy cansada tras su entrenamiento, Rukia se dirigió al Décimo escuadrón, desde el cual ya se escuchaban las risas. Decidió entrar por detrás, y así poder ayudar a sus dos amigas con la cocina. Además, si entraba por la puerta principal lo mismo tenía que soportar más cuchicheos, y no le apetecía demasiado.
Cuando llegó a la cocina todo olía demasiado raro, y sólo veía a las dos pelirrojas de arriba para abajo haciendo mil cosas. Decidió que sólo asomaría la cabeza.
-¿Os ayudo en algo? –gritó la morena.
-¡¡No!! –gritaron ambas pelirrojas a la vez.
-Lo siento Kuchiki-san –dijo Inoue- pero es que estamos muy ocupadas.
-¿Va todo bien?
-Si, -respondió otra vez Orihime- pero la comida va a tardar un poco más de lo previsto.
-Entonces lo avisaré.
-Gracias Kuchiki-san.
Rukia se encogió de hombros, pensando en que prefería no saber nada de lo que estuviera pasando ahí dentro, sino se arrepentiría, como se dice… ojos que no ven… Además al día siguiente todo el Seretei estaría malo del estómago, y no se trabajaría, así que esa noche la iba a disfrutar, intentando comer lo mínimo.
Al poco de salir de la cocina, Rukia se vio perdida entre un mar de pasillos, hasta que escuchó unas voces muy conocidas por ella… y parecía que la estaban nombrando.
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