Hay una regla básica que todo cocinero o cocinera debería saber desde –casi- el primer día, y ésta es: lo que huele a quemado, está quemado. Y, además, si huele a quemado y sale negro, difícilmente lo puedes salvar. Esas dos máximas de la cocina le eran muy familiares a Inoue, pero Matsumoto seguía emperrada en servir bolitas de carne carbonizadas, aduciendo que se podía camuflar el mal sabor con alguna salsa especial de Orihime, y así servir el primer plato. Pero a la otra chica no le convencía nada en absoluto. Además, todas las salsas que acompañaban a la comida se habían o bien recalentado, o bien pasado –por ese afán de Rangiku de ponerle sake a todo y en grandes cantidades- así que de aperitivo sólo tenían verduras a la plancha, que se estaban enfriando, solas, sin nada, a Orihime le parecía demasiado soso. Pero uno de los shinigamis del cuarto escuadrón, amenazado por otros del onceavo, le obligaron a ir a la cocina y exigir comida. Así que, para paliar el hambre, tuvieron que sacar todas las verduras a la plancha.
Mientras Inoue las veía salir se las imaginaba con miel, chocolate o incluso nata y se le hacía la boca agua. Pero no, ahí estaban solas y sin una guarnición adecuada. Suspiró, mientras le sonaban las tripas, pero ahora el problema estaba en las bolitas de carne carbonizada ¿qué hacer? No daba tiempo a hacer la especialidad de Matsumoto que había perfeccionado Orihime: bolitas de carne de ternera al sake, con guisantes y recubiertos de mermelada de melocotón –lo último invención de la pelirroja humana.- No, ya no daba tiempo, necesitaban horas de horno, y realmente no les quedaba carne, sólo guisantes y mermelada. ¡Menos mal que compraron mucha comida! Fueron previsoras, por si más gente se apuntaba a su invitación. Así que tuvieron que tirar de pescado, pero como no había tiempo de otra cosa, también tendría que ser a la plancha. Aunque, gracias a dios, todavía les quedaba guisantes y mermelada.
Quizás, y con suerte, el Seretei amanecería mañana nada más que con resaca y no con resaca e indigestión. La noche no se presentaba tan mal. Ukitake conocería otro día más.
Mientras, Rukia escuchaba atenta tras la puerta la conversación de Renji, y su nii-sama. Intuía que Ichigo también estaba, ya que de vez en cuando escuchaba a alguien intentar hablar, o refunfuñar, pero no le dejaban. Parecía bastante evidente: Byakuya prefería el mal menor, y ese era Renji. No nos engañemos, no le gustaba ninguno. Pero su Teniente era shinigami, y no humano, además ostentaba un cargo de poder en el Seretei, no como Kurosaki, y además, parecía más… manejable. Pero eso se lo parecía sólo porque lo conocía como subordinado, sino otra cosa pensaría de él. A Byakuya no le gustaba la idea de meter a otra persona del Rukongai en su familia –Hisana y Rukia eran diferentes- pero menos aún meter a un revoltoso y maleducado humano. Así que debía apañar las cosas con Renji, ahora que su hermana no había decidido nada aún.
Rukia se reía por dentro. ¡Qué simples eran los tres! ¿De verdad se pensaban que ella no había elegido ya? Tontos, los hombres, definitivamente eran tontos, o al menos los que le había tocado a ella. Sabía perfectamente lo que iba a pasar, así que se apoyó en la pared a la espera.
Y el momento no tardó en llegar, la puerta se abrió y se cerró rápidamente y un pelirrojo salía raudo en su busca –seguramente para lo que ella ya sabía-, así que lo agarró de la manga, le sonrió, le dijo que guardara silencio y que la siguiera. La noche se presentaba divertida.
Mientras, en la fiesta, los panfletos con las distintas votaciones llegaban a decenas ¿Cuántas copias había hecho Yachiru? No lo tenían muy claro. La Asociación de Mujeres Shinigamis decidió invadir una sala del escuadrón para guardarlos papeles y comenzar a contar. La encargada de vigilarlos fue Nemu, y de contarlos Isane. Soi Fong, ayudada de Yoruichi seguían recogiendo y llevando panfletos a la sala, y Nanao, en representación de la Presidenta –que seguía perdida con Ken-chan vete tu a saber donde- leería el resultado a las doce en punto, tal y como se había anunciado.
Rukia, y el recién salido del matadero, se escabullían por los pasillos de la División Décima, que curiosamente la chica se la conocía muy bien. Era fruto de los años que había pasado asistiendo a reuniones clandestinas de la Asociación de Mujeres Shinigamis, y de las veces que había tenido que huir de la invitación de Matsumoto a beber sake con ella. Eran buenos recuerdos. Mientras el chico la veía sonreír, vio en el suelo –y dado la vuelta- uno de los papeles rosas que los inmiscuían a los dos, y creyó que si Rukia lo hubiese sabido ya estaría gritando y chillándole a alguien, y no estaría tan contenta y feliz, ni mucho menos. Pero la chica, instintivamente y comos si algo llamara su atención, bajó la mirada para encontrarse frente a frente con la grotesca realidad.
-Rukia, no creo que…
-¡¿Qué diablos es esto?! –gritó la chica, a lo cual el muchacho le tapo la boca para que no siguiera gritando.
-Lo se, lo se –le comenzó a decir al oído- se han pasado. Pero piensa una cosas, puedes ponerte histérica y montar un numerito en la fiesta –la chica se sorprendió, ya que era exactamente lo que pensaba hacer- y que todo el mundo comience a interrogarte –en ese instante la chica se relajó.- O podemos irnos silenciosamente y que nos dejen en paz, al menos esta noche.
-Tienes razón, Ichigo –le dijo cuando le hubo soltado la boca- ¡pero mañana pienso ir a la Asociación…!
-Shhh Rukia…
-Claro, claro… anda que ir dando estas cosas… -comenzó a refunfuñar, mientras el muchacho se reía de lo bien que la conocía.
-¿Dónde vamos?
-No lo se… -seguía mirando el papel rosa con mala cara.- ¿Aquí dice que se anunciara el resultado a las doce?
-Eso parece –comento Ichigo ya más tranquilo, porque estaban fuera del escuadrón. Pero en ese momento Rukia volvió a entrar.- ¿Qué diablos haces loca?
-No queda tanto para las doce, y yo quiero saber qué deciden.
-¿¿¡¡Qué!!?? ¿Qué más te da? –le preguntó mientras la seguía.- ¿Acaso les vas a hacer caso?
-¡Claro que no idiota! –le gritó- sólo quiero verlo.
-¿Entonces vuelves a la fiesta? Porque yo no…
-No, vamos a un sitio de donde veremos todo, pero ellos no podrán saber que estamos –le levantó el pulgar como signo de victoria, a lo que Ichigo puso cara de resignado y la siguió.
Entre tanto, el recuento de papeletas seguía, parecía que la gran afluencia de hacía unas horas ya se había calmado, y como mucho llegaban una o dos más cada diez minutos. El plazo se acababa a las doce, y en ese momento se sabría el resultado. Nanao-chan –la autoproclamada contadora oficial de panfletos- estaba cada vez más atónita con la elección que estaba haciendo el Seretei, no sabía qué pesar ¿se lo habían tomado en serio o no? Eso estaba por ver…
La fiesta estaba siendo un éxito, sobre todo por la comida. La gente que conocía a Inoue no podía imaginarse que pudiera cocinar cosas que más o menos fueran comestibles, o al menos que no mezclara tantos sabores que al final no supiera a nada. Y los shinigamis que conocían a Matsumoto se debatían entre dos opciones: las cosas no llevaban sake porque lo estaba guardando para el final, o bien porque se lo había bebido todo. Evidentemente la opinión mayoritaria era la última. Pero lo que nadie sabía, ni sospechaba era que por culpa de eso mismo, se les había quemado todo y habían tenido que hacer las cosas deprisa, corriendo y les habían salido mejor.
Cuando ambas muchas salieron –muy cansadas- de la cocina, la gente no paraba de comentarles lo bueno que estaba todo, los únicos reproches fueron que estaba todo hecho a la plancha y que podían haberle puesto más variedad. A lo que ambas dijeron que en breve harían otra cena y que esta vez si habría más variedad, quizás demasiada para según qué gustos.
Ichigo y Rukia se habían subido a una terraza de la décima división desde donde se veía sin problemas la fiesta, eso si, escucharlos les resultaba más complicado, pero la chica imaginaba que no sería difícil escuchar a Nanao chillando. Y eso era, realmente, lo importante. Ambos estaban apoyados en una barandilla viendo pasar comida, tenían un hambre de mil demonios, pero preferían seguir así, ya conocían a las dos cocineras de sobra.
-¿Qué os ha dicho nii-sama? –rompió Rukia el silencio.
-Pues, -Ichigo se rascó la cabeza- básicamente que prefiere a Renji.
-¿No me digas? –ambos hablaban como si tal cosa, y sin mirarse si quiera.
-Tu hermano está loco ¡preferir a ese imbécil!
-¿Celoso, Kurosaki-kun? –le preguntó con ese tono de voz que tanto hacía rabiar a Ichigo.
-¡Claro que no idiota! Es sólo que no entiendo porqué lo prefiere a él.
-Fácil.
-¡Ah! ¿si? –el chico estaba enfadado- ¿por qué señora listilla?
-Porque es el mal menor –el chico se tranquilizó al escuchar eso.- Creo que nii-sama piensa que podrá manejar mejor a Renji, ya que tú eres imposible –sonrió la chica.- Además, piensa que tú eres humano y… le venciste…
-Amm –sonrió con satisfacción- Byakuya es un orgulloso.
-¡Mira quien fue a hablar!
-¿Yo?
-Que nii-sama prefiera a Renji y ya te enfadas… -la chica miró para otro lado y dijo muy flojito- y debería importarte lo que piense yo, no él.
-Tienes razón –dijo con una sonrisa, había escuchado perfectamente lo que había dicho Rukia, pero ella cambió de tema de conversación.
-¿Quién cree que saldrá en las votaciones?
-Renji… estoy seguro, tiene más amigos en el Seretei que yo.
-Pero no deben votar eso, sino cual de vosotros es el mejor para mi.
-No te engañes Rukia, no van a votar eso.
-Tienes razón.
Diez minutos antes de la hora de la verdad, Renji y Byakuya habían salido y disfrutaban de la comida y el poco sake que quedaba en la fiesta. El Teniente estaba algo mareado de todas las indicaciones que le había dado su Capitán, no sabía qué era mejor si seguirlas o ignorarlas por completo. Cuando quería, Byakuya no tenía mesura.
A las doce menos cinco se recibió la última papeleta, en ese instante el Capitán del Sexto escuadrón comprendió que no podía parar a la Asociación de Mujeres Shinigamis, tan sólo ignorarlas, y eso no siempre daba resultado.
Para aquel entonces Ken-chan y Yachiru ya habían llegado, el primero intentaba buscar a Ichigo por todas partes, pero no había ni rastro del pelirrojo, así que intentó enfadar al Capitán Kuchiki, pero este era como una piedra, con él si le funcionaba el ignorarlo. Por su parte, Yachiru estaba como una loca comiendo todo lo que pillaba, y, además, sabía que después de la comida había dulces sólo para ella, tal y como le pidió a Matsumoto.
A las doce, ya se sabía el resultado, y la gente murmuraba a expensas de saber qué se había decidido, pero nadie salía a decirlo. Por su parte Ichigo y Rukia mantenían un tenso silencio, ya que ninguno de los dos se atrevía a decir nada. Ella porque no sabía si el pelirrojo querría ser el elegido, y él porque no sabía si ella quería que él fuese el elegido. En fin, un lío.
-¿Presidenta? –preguntó Nanao a una comilona Yachiru.
-¿Ship? –contestó con la boca llena de comida.
-Ya sabemos los resultados y son un poco… raros –tras no obtener ninguna respuesta de la niña, Nanao continuó.- ¿Quién los va a leer?
-¡Yo estoy muy ocupada! –gritó Yachiru contenta, ya había pasado a los dulces- ¿puedes leerlos tú? –preguntó con una gran sonrisa.
-Claro, Presidenta, será un honor.
La chica se acercó a la mesa donde estaban la mayoría de los Capitanes reunidos, y se puso a toser disimuladamente para que le hicieran caso, pero eso no fue posible. Tosió otra vez, pero nada. Así que se puso en pie en una silla y tosió de nuevo, ahora si le hicieron más caso.
-¡Quítate la ropa Nanao-chan! –le gritó su Capitán, justo antes de que un libro gigante, perteneciente a la chica, le diera en la cabeza.
-Bueno, ya son las doce –comenzó Ise, y los shinigamis, poco a poco comenzaron a callarse- por lo tanto voy a proceder a dar los números de las votaciones…
-¡Di el ganador ya! –se escuchó al fondo una muy borracha Matsumoto, al lado de un inconsciente Shunshi, por culpa del golpe, claro, el sake no podía ya con él.
-¿Ganador? –preguntó Rukia enfadada y con el puño bien apretado.- ¡Yo no soy un objeto!
-Shhh ¡calla escandalosa! –le dijo Ichigo- que lo va a decir ya…
-Serás…
-Bien, entonces debo advertir que el resultado no es muy…
-¡No te enrolles más Nanao!!! –gritaba Matsumoto.
-Vale, vale, el shinigami con más votos es…
-¡Oh por dios que lo diga ya! –se quejaba la pelirroja con una botella de sake en la mano.
-Ukitake-taicho.
-¿¿Qué?? –gritó Rukia desde su posición.
-¿Nani? –Ichigo estaba igual de conmocionado.
-Si, si… -comenzó a apaciguar a la gente Nanao- lo se, lo se –cada vez había más escándalo- se que no estaba en las listas de votación, pero en la mayoría de los panfletos estaba escrito su nombre.
-¿Cómo es posible…? –comenzó a preguntarse el aludido cuando pronto supo qué había pasado.
-Es un poco mayor para mi hermana… -comenzó a decir Byakuya en voz alta- pero es Capitán…
-Taicho, -le quiso interrumpir Renji, pero con poca suerte- ¿Taicho?
-¿Qué sucede Renji?
-Que haya salido Ukitake-Taicho no significa que Rukia lo vaya a elegir…
-Cierto, cierto… pero lo que hemos hablado sigue en pie.
Entre tanto, la gente comenzaba a felicitar al Capitán del treceavo escuadrón, pero éste intentaba hacerse paso por la gente para llegar a dos personas que sonreían abiertamente. El hombre daba las gracias sin saber muy bien porque la gente estaba tan contenta, sólo era una absurda votación.
-¿Kiyone? ¿Sentarou?
-¿Si Taicho? –preguntaron los dos a la vez.
-¿Cuántas veces habéis votado? –preguntó tranquilamente mientras que los shinigamis que estaban a su lado se quedaban callados.
-¡Cien señor! –dijo la chica.
-¡Pues yo doscientas! –respondió el otro shinigami.
-¡Pues yo quinientas!
-¡¡Yo mil!!
-¡¡Yo dos mil!!
-Misterio resuelto… -dijo riéndose Ukitake mientras dejaba a sus subordinados discutiendo y se iba a sentar junto al resto de Capitanes.
-¡Ya decía yo! –dijo la shinigami de los ojos violetas desde el balcón, y se dispuso a irse.
-¡Ey Rukia! –le gritó el pelirrojo- ¿dónde vas?
-A casa, a dormir –sonrió y se despidió con la mano.
-¿¡Qué!? –el chico se asombró y se decidió a pararla cogiéndole del brazo.- ¿No me vas a decir a quién hubieses elegido?
-¡A ti te lo voy a decir!
Y se fue dejando a Ichigo algo perplejo, pero así era Rukia, nunca sabía por donde le iba a salir. Así que la dejó marchar con una sensación extraña de felicidad que no atinaba a saber de donde provenía.
Quizás fuese porque le estaba esperando a él y no a Renji, tras la puerta.
