EL VECINO

Simbología:

-Diálogos.-

"Pensamientos"

Capitulo 2.

La invitación.

Risas, burlas, cuchicheos, señalamientos, todos versados en ella, caminaba a prisa por los pasillos de las instalaciones escolares, tratando inútilmente de esconder su brazo izquierdo, pero aún así ellos veían, miraban y se burlaban de su defecto, ¿Porqué no habrían de hacerlo? Miró su mano izquierda y horrorizada la contempló estaba expuesta totalmente, su mano no estaba cubierta por la usual manopla de algodón blanco. Comenzó a correr y cuando llegó a su salón abrió la puerta, quedó petrificada en el umbral, todos sus compañeros la miraban, todos comenzaron a reírse de ella, miró hacía el lugar donde se encontraba el profesor, más no lo encontró, en su lugar estaba él, Inuyasha, quien la observaba con asombro. Ella, en un acto desesperado, fue hacia él, pidiendo mudamente, su protección, sin embargo no la obtuvo, porque cuando Kagome hizo un ademán de tocarlo éste se apartó inmediatamente con una mueca de asco pintada en su rostro, fue entonces que su corazón se quebró.

Con un sobresalto abrió los ojos, ya no estaba en la escuela sino en su cama, en su recamara, entonces su mente ubicó tiempo y espacio. Se tocó el rostro, estaba bañada en sudor, sus ojos ardían, se sentía cansada, agitada y friolenta. Trató de incorporarse, lo habría logrado con éxito si el piso no se moviera, así que volvió a la cama, miró el reloj en forma de gato que pendía de la pared lateral de su habitación, pudo distinguir la hora gracias a que tanto las manecillas como los números brillaban en la oscuridad.

-3:50, demasiado temprano.-pensó en voz alta.

Siguió mirando el recorrido de las manecillas, sin darse cuenta volvió a quedarse dormida, justo cuando daban las 6 de la mañana. Fue entonces que Sango apareció en escena, como todos los días desde que Kagome tenía uso de razón, pasó a su recamara a revisarla y a administrarle sus respectivas medicinas.

-Buenos días dormilona.-le saludó Sango sentándose a un lado de la cama y sacudiendo un pequeño frasco de pastillas.

-Tengo sueño.-protestó la chica, escondiéndose en las frazadas de su lecho.

-¿Kagome te sientes bien?-inquirió alarmada la señora, mientras tocaba la frente ligeramente humedecida de la chica.

-No.

-Tienes fiebre, no debiste quedarte fuera tanto tiempo.-reprochó Sango a la vez que despojaba a la chica de sus mantas.

-Tengo frío.-replicó la joven.

-No te cubras, tu cuerpo necesita equilibrar su temperatura, voy por el termómetro.-diciendo esto salió de la habitación. Kagome se acurrucó en su lecho.

Cuando regresó, le colocó el termómetro y administró una dosis de un jarabe especial para la temperatura, además de hacerla tomar sus medicinas de siempre, y luego decidió que ese día no iría a la escuela. A pesar de las protestas de la chica, Sango no salió del departamento hasta que hubo llegado Kaede, y cuando lo hizo le dejó estrictas indicaciones sobre lo que tenía que hacer para con la adolescente.

-Volveré temprano.-le prometió antes de abandonar la habitación.

Kagome sospechaba que su mal había tenido lugar la noche anterior, cuando la platica a la intemperie con Inuyasha se había prolongado por varias horas, dejando que el sereno de la noche cayese sobre ella. Y aunque sentía frío no se atrevió a manifestarlo, pues temía que eso provocara la terminación de su amena charla.

Sin embargo ahora deseaba haberlo hecho, pues se sentía terriblemente mal, no física sino emocionalmente, por haber preocupado a su madre de esa manera.

Así pasó la mañana a cargo de Kaede, quien para la hora de almorzar le obligó a comer su platillo más aborrecido: Natto.

-No Kaede, tu me quieres matar.-acusaba renuente la joven.

-Es rico en proteínas, te reanimará, anda cómetelo.-la señora le ofrecía el cuenco que contenía una masa amarillenta, blanda e inconsistente, de aspecto desagradable y pestilente.

-Además huele horrible.-la chica apretó su nariz y sonó constipada.

-Son instrucciones de Sango, fue ella quien me pidió que hiciera esto para ti, además debes tener hambre y yo no voy a prepararte otra cosa, así que no tienes opción. Te lo comes o te lo comes.

-Pues no como.-respondió berrinchuda.

-Pues no comas, entonces no te daré postre.-contestó desdeñosa la mujer.

-¿Y que hay de postre?- se tentó a preguntar.

-Fresas cristalizadas.-respondió Kaede con presunción.

-¡No es justo! Sabes que son mis favoritas, eres mala y cruel. Despiadada y perversa y…-pero la chica ya no tuvo tiempo de seguir con los adjetivos aplicados a Kaede, porque ésta la dejó hablando sola.

Justo como lo hubo prometido, Sango arribó al departamento por la tarde, cuando el sol aún estaba a mitad del cielo. Cuando entró se dirigió a la recamara de su hija donde Kagome, aún en pijama, se encontraba sentada en la alfombra dibujando a la señora Kaede, que posaba en la cama como (1) Kate Winslet en Titanic, en uno de sus enormes cuadernos, ese era otro de sus pasatiempos y era muy buena en ello.

-Sino fuera por la ropa lucirías exactamente como Rose (2).-declaró la castaña, no pudiendo dejar de sonreír ante la risible escena.

-Shh mamá, me desconcentras.-reclamó Kagome.

-Déjala que se burle Jack (3) no sabe apreciar mi belleza como tu.-replicó Kaede.

Sango no pudo reprimir su risa por más tiempo, dejó salir sus carcajadas a las que más tarde se unieron las de Kaede, pero no las de Kagome que las miraba indignada.

-Me faltaba solo un poquito.-dijo la chica molesta.

-Después lo terminaremos.-prometió Kaede.-Ahora voy a calentar la comida.

-Si por favor, tengo mucha hambre.-pidió Sango, luego dirigiéndose a su hija le cuestionó.- ¿Cómo te sientes?

-Mejor, mucho mejor.

-Bien. Hablé con tu profesor y me dijo que hoy hicieron planes para que la próxima semana se lleve a cabo un bazar, y que deberás llevar algunas cosas, así que ve buscando qué no usarás más para que lo lleves mañana.

-¡Claro! Comenzaré ahora mismo.-se incorporó pero su madre la detuvo.

-También dijo que ése día puedes llevar a alguien.- y comenzó a toser fingidamente pero aun así Kagome escuchó perfectamente la indirecta.

-Apenas lo conozco, no puedo pedirle que vaya conmigo al bazar.

-Yo no he dicho nada, ¿a quién te refieres?-preguntó inocentemente la mujer.

-¡Te escuché! Dijiste: El vecino cof cof.-arremedó la chica.

-¡Eso no es verdad!-dijo la castaña con fingida indignación.

-Si es verdad.-declaró impasible la morena.

-Piensa lo que quieras.- y con ademán altanero salió con rumbo a la cocina, pero Kagome pudo percibir una ligera sonrisa en el rostro de su madre.

Sí lo que quería era dejarle la espina clavada, lo había logrado con éxito, ese día Kagome no dejó de pensar en la invitación al bazar de la otra semana. Esa noche lo vio llegar al departamento, ella en la ventana pareciera que lo esperaba, pero al verlo se escondió detrás de la pared.

Y pasó el resto de la semana evitando el contacto con aquel chico, simplemente porque temía que hiciera algo estúpido, como invitarlo a un bazar…

Llegó el viernes y la pelinegra daba por hecho que iría al bazar en compañía de Kaede, sin embargo, esa misma tarde, sus planes cambiaron.

Salió de la escuela, caminó unos metros y llegó hasta la parada de autobuses, era un día soleado y fresco, sintió una mano grande posarse en su hombro, se giró inmediatamente para encontrarse con unos ojos dorados y el masculino rostro de su vecino.

-Inuyasha ¿qué haces aquí?

-A mi también me da gusto verte.-repuso sarcástico.-Pues pasaba por aquí, no sabía que ésta era tu escuela.

-Bueno ahora lo sabes. Ahí viene mi autobús.-dijo Kagome a la vez que estiraba su cuello.

-¿Tienes algo que hacer?-le inquirió Inuyasha.

-Solo ir a casa. ¿Por qué?

-Me preguntaba si querías ir por ahí conmigo.-le propuso el chico sonriendo.

-¿Por ahí a donde?

-Al mirador, señorita desconfiada.- contestó él sacando la lengua.

-No lo conozco. Pero si me gustaría.-añadió con una sonrisa.

-Vamos pues.-y diciendo esto le quitó su maletín escolar y tomó su mano derecha, cosa que provocó el sonrojo de Kagome.

Cruzaron la calle, caminaron dos cuadras más y doblaron a la derecha, caminaron un tramo más calle arriba y llegaron a las faldas de una colina, donde una escalinata de piedra lisa daba paso hasta la cima, Inuyasha las subía de dos en dos, mientras que Kagome trataba, inútilmente, de seguirle el paso y de respirar normalmente. En verdad era cansado. Llegaron a una planicie donde varios árboles frondosos regalaban sombra, era una especie de parque, había bancos encalados rodeando los árboles. Más al fondo un antepecho de concreto se cernía sobre el borde de la planicie.

-Es muy bonito.-declaró Kagome entrecortadamente, mirando el lugar.

-Si, ven esto te va a encantar.-la condujo hasta la barandilla, donde se divisaba la ciudad al completo, inclusive se veía la bahía de Tokio.

-Es precioso.-musitó la chica recuperando el aliento.

-¿Verdad que si? Lástima que casi no venga gente.-miró alrededor y observó la soledad del lugar.

- ¿Vienes muy frecuentemente?

-Solo cuando tengo que hacer algunas fotos.-y diciendo esto, fue hasta el banco más cercano y colocó ahí la mochila que pendía de sus anchos hombros, sacó una gran cámara fotográfica de color negro.

-¿Y para que son estas fotos que vas a tomar?

-Para futuras tarjetas postales. Una empresa de tarjetas postales me contrató para retratar lugares bonitos del Tokio moderno, y he estado buscando locaciones para ello, recordé que este lugar es muy bonito.-dijo el joven mientras enfocaba la cámara.

-¿Qué es eso?-le preguntó ella, al ver que el chico ajustaba a la cámara, un objeto en forma de cilindro con una gran lente.

-Es un objetivo zoom, es para captar el mínimo detalle del lugar.-le respondió mientras la miraba a través de la lente.

-Vamos sonríe.-la incitó.

-No me gustan las fotos.-replicó ella. Pero ya era demasiado tarde, el flash se escuchó y el chico sonrió.

-Esta no es una foto cualquiera, es el retrato de tu alma. Además esas chapitas te quedan bien.-dijo el chico refiriéndose al sonrojo por el esfuerzo realizado de la joven.

-¿No se supone que tienes que tomar fotos del lugar?-repuso ella incómoda.

-Ya voy, ya voy.

Kagome tomó asiento en uno de los bancos y esperó a que él terminase su trabajo, mientras ella contemplaba la belleza del lugar. Y es que le era novedoso todo aquello, pues no conocía de otras cosas que no fueran las pequeñas áreas verdes de los fríos hospitales o las instalaciones mismas, o bien las paredes del apartamento de su madre.

Sus pensamientos divagaron entre los recuerdos de su anormal infancia. Y fue cuando llegó al día en que visitó por última vez una cama de hospital, hacia un año y medio, cuando sufrió una recaída, cuando le pidió con lagrimas en los ojos a su madre que ya no más hospitales, sentía ahogarse ahí dentro, ver gente enferma, personas llorando la muerte de alguno de sus seres queridos, el trato frío del personal, la enfermaba más psicológicamente.

Escuchó el sonido característico de un flash y volteó para encontrarse con Inuyasha que sostenía el aparato.

-Tienes un buen perfil.

-¿Terminaste?

-Si, solo por hoy. Tengo que buscar más lugares, creo que encontraría lugares más llamativos en Hawai que aquí.

-¿Has estado en Hawai?-preguntó incrédula.

-Claro, el año pasado pasé 6 meses trabajando con un equipo de Nacional Geographic, ahí fotografié a las tortugas marinas que están en mi departamento.

-¿En serio? Es genial, ¿Y es bonito?

-Me gusta bastante más que Japón. Éste puede tener mucha historia, pero allá hay más diversión.-afirmó el joven desarmando su cámara.

-¿Cómo qué tipo de diversión?-Inuyasha había despertado su curiosidad.

-Como el surf ¿Sabes surfear?

-No, sé que es el surf, lo he visto en la televisión pero no sé hacerlo.

-Tal vez un día te enseñe.-le dijo con una sonrisa mientras que con la mano le revolvía el suave pelo negro.

-Creo que ya es hora de irnos.-declaró la chica poniéndose de pie, con las mejillas coloradas y mirando cualquier cosa excepto el rostro de su interlocutor.

Regresaron y esperaron el autobús que los llevaría hasta su domicilio en la primera parada que vieron. Mientras tanto Inuyasha seguía relatando sus aventuras en Hawai. Kagome lo escuchaba atenta.

-¿Pero tu hermano permite que te arriesgues tanto?-inquirió la chica sorprendida.

-Mi hermano ni siquiera sabe en qué ando metido, él solo vive para su trabajo.-repuso el chico repentinamente serio.

-Por lo que me cuentas no llevas una buena relación con él.

-Kagome, ¡ni siquiera tengo una relación con él! hace tiempo que no lo veo. Yo solo me las he arreglado desde que nuestro padre falleció.-Kagome lo miró incrédula, no porque le sorprendiera el hecho de que su amigo fuera huérfano, porque eso ya lo sabía, sino porque no le cabía en la mente que un chico de 17 años, pudiese hacerse cargo de si mismo, sin recibir ayuda de su familia.

-¿Cómo fue que seguiste adelante sin la ayuda de tu hermano? Digo es que, solo tenias casi mi edad.

-Al salirme de casa me fui a un albergue, ahí estuve por varios días hasta que la trabajadora social me propuso seguir mis estudios por medio de una beca, acepté. Cuando terminé la preparatoria, comencé a trabajar y conseguí pagarme un curso de fotografía, me anuncié en varios periódicos como fotógrafo y me llegaron varios trabajos, un día encontré la oportunidad de viajar a Hawai con el equipo de NG por medio de un amigo que me recomendó. Y fue entonces que viajé ahí. Luego regresé y me quedé con unos amigos, con el dinero que me pagaron entré a otro curso de fotografía y después conseguí….-hizo una breve pausa, bajó la mirada y continuó.-Algunos trabajos con varias empresas, así que he tenido suerte, supongo.-dijo finalizando el tema.

-Tienes mucho tesón Inuyasha.-afirmó la joven, que conmovida tocó la mano del chico en señal de solidaridad.-Yo no hubiese podido hacerlo…

Inuyasha la miró, un doloroso nudo se formó en su garganta, tragó duro y sonrió forzadamente.

-Este es nuestro bus.-se incorporó y tomó el maletín de la chica.-Vamos.

La tarde del sábado, por iniciativa de la señora Higurashi, Kagome y su progenitora acudieron al cine, puesto que se estrenaba una comedia romántica donde el protagonista de la película era el amor platónico de Sango: Hugh Grant.

-No entiendo porqué te gusta el tipo.-decía Kagome mientras caminaba al lado de su madre, por las calles del céntrico Tokio.

-Porque además de guapo, tiene esa ternura de niño que dan ganas de cuidarlo.-acotó la castaña en tono soñador.

-Es un tonto, siempre hace papeles de tonto.-replicó la pelinegra.

-Eso es lo que lo hace lucir más inocente.-rebatió la castaña.

-Aun así no entiendo porqué te interesa.

-¿Cómo puedes entenderme si a ti no te interesa nadie?-atacó la mujer, queriendo indirectamente sacarle información a su hija.

-¡Eso no es cierto!-la sonrisa maliciosa de su madre hizo que Kagome cayera en cuenta que había caído en su trampa.

-¿Ah, si?-inquirió la castaña deteniendo el paso.

-Olvídalo.-recomendó la pelinegra comenzando a andar.

Siguieron caminando mientras la empecinada castaña trataba de sacarle el nombre de la persona en la que la pelinegra se interesaba. Discusión que aún cuando llegaron al cine no había terminado.

-¿Acaso no me tienes confianza?-inquirió la mujer en tono dolido.

-Por quincuagésima vez, olvídalo. O-LV-I-D-A-L-O

-¿Es el vecino?-sugirió Sango, tentando el terreno. Kagome sintió que se atragantaba con su propia saliva y su rostro enrojeció.

-Tranquila.-decía la mujer mientras daba unas palmaditas a una tosigosa pelinegra.

Sango optó por dejar el tema a un lado…por el momento. Sin embargo sabía que había dado en el clavo, no era algo muy difícil de adivinar, puesto que la chica no había tratado con tantos hombres, exceptuando claro está, a los médicos que la atendieron en el hospital. El vecino resultó ser un aliciente para la pelinegra, desde su llegada, la jovencita ponía más empeño en su vestimenta, su carácter pasivo y tranquilo ahora era matizado por sonrisas radiantes y un brillo jubiloso en sus ojos canela.

Sango se sentía realmente agradecida con la llegada del apuesto joven.

A medida que la función avanzaba, Kagome sentía que su madre la miraba de reojo, eso le molestaba, no había vuelto a mencionar nada del vecino, sin embargo algo le indicaba que lo haría en cualquier momento. Y es que tenerla como amiga y madre a la vez, tenía una gran ventaja:

La de conocerla como la palma de su mano.

Llegó el intermedio y no pudiendo resistir más la tentación, la castaña formuló una pregunta que eventualmente llevaría la charla al mismo punto anterior.

-Kaede me dijo que llevaste una tortuga a casa ¿es verdad?

-Si, pero ya la regresé.-respondió la joven, sin percatarse hacia donde iba la conversación.

-Ah… ¿A quién?- inquirió la mujer.

-Al vecino.-Kagome captó entonces lo que su madre quería.

Las luces tenues de por si, se apagaron y comenzó a correr la película de nuevo.

Sango tuvo que bajar el nivel de su voz para formular su siguiente cuestión.

-¿Cómo se llama?

-Jordan.-respondió la chica con el mismo tono de voz. Sango la miró por unos instantes, Kagome se percató de esto y cayó en cuenta de su error.

-¿La tortuga o el vecino?- Sango no pudo evitar reír. Un 'shhh' interrumpió la charla de madre e hija.

-El vecino.-aclaró la castaña.

-El se llama Inuyasha.-respondió Kagome. Otro 'shhhhhh' más severo se escuchó, la pelinegra miró alrededor y notó las miradas irritadas de los cinéfilos. Avergonzadas, ambas mujeres, callaron y se hundieron en sus respectivas butacas.

-¿Porqué no lo invitas a cenar?-propuso Sango cuando la película hubo terminado y regresaban a su departamento.

-¿A quién?-Kagome sabía perfectamente a quién se refería su madre, sin embargo no le apetecía hacérselo saber.

-¡Al vecino! Hemos estado hablando de él toda la tarde.

-Pobre, deben de arderle las orejas.-contestó riendo la chica.

-Deberías invitarlo a cenar…después de todo no le hemos hecho una buena bienvenida.

-¿En verdad quieres que lo invite?

-Si.-confirmo la mujer.

-Bien, así lo haré.

-Pero hoy no, dile que mañana.-advirtió la castaña.

-¿Porqué?

-Es que Kaede solo hizo la cena para dos. Y yo no quiero cocinar.

Pasada la hora de la cena, Kagome dejó de ver la televisión y pasó a retirarse a su recamara. Mirando por la ventana, inconcientemente se dispuso a esperar al joven de ojos dorados. Pasados unos minutos vio la figura del chico acercarse a la edificación por la calle adoquinada.

Estuvo tentada a hablarle, sin embargo la presencia de otras dos figuras detrás de él se lo impidieron.

Una de ellas era una chica, de cabellos negros y largos, atados en una coleta alta. La otra era la figura de un chico delgado y de pelo ligeramente largo, atado también en una coleta corta. Ambos acompañaban a Inuyasha, se adentraron al edificio y Kagome vio frustrada su intento de invitación.

En el fondo tenía la esperanza de volver a ver al chico esa noche. Tal vez saldría a sacar la basura, tal vez saldría a fumar, tal vez saldría a despedir a sus invitados.

-Tal vez solo pierdo el tiempo.-dijo para sí, tras dos horas de espera.

Su cabeza cómodamente recargada en el alfeizar y el fresco viento lograron arrullarla, un profundo sueño se apoderó de ella. Derrotada por la frustración y el sueño caminó hasta su cama y durmió, soñando con una tarde alegre y soleada, caminado de la mano junto al vecino en un vasto y verdoso campo.

La mañana del domingo despertó temprano, cosa inusual en ella. Salió de su habitación cambiada y con el cabello húmedo, caminó hasta la recamara de su madre, la encontró enrollada en las sabanas de algodón azul, con su peculiar estilo de levantar a la gente, Kagome le saltó encima, cual pantera sobre su presa.

El peso de la chica le quitó todo el resuello a la mujer, Sango emitió un quejido y con voz aplastada habló.

-Buenos días para ti también.

-Iré con el vecino para invitarle.-anunció la joven, despojando de las sábanas a la mujer.

-¿Para eso tenías que despertarme? La cena será hasta las siete de la noche, y son las 8 de la mañana.-repuso la castaña jalando las mantas hacia si.

-Pero tenemos que ver qué preparar, Sango.-replicó la chica acostándose junto a su madre.

-Mira, yo me ocupo de eso ¿si? Tú ve a invitarlo, y dame una hora más, tengo sueño.-y diciendo esto, cubrió su rostro con las mantas y se dispuso a seguir su placido sueño. De pronto se descubrió y dijo:

-Hueles muy bien.-le guiñó un ojo y volvió a cubrirse.

Kagome solo rodó los ojos y salió de la habitación y del apartamento. Bajó las escaleras y llegó al segundo rellano, la tercera puerta era la indicada. Suspiró hondo y caminó hasta allí. Se colocó frente al armazón de madera y levantó su mano derecha en puño, para tocar la puerta con los nudos.

Nada…

Tocó de nueva cuenta. Una ahogada contestación se escuchó del otro lado. Se escuchó el crujir del cerrojo y enseguida el rostro masculino adornado con algunos mechones de pelo mojado se dejó ver.

-Hola.-saludo el chico.-Pasa… ¿tenías mucho rato esperando?-inquirió el joven, mientras se paseaba por la salita despreocupadamente.

-Si… ¡No! No.-respondió atropelladamente la chica.

-Espera aquí, voy a ponerme una camiseta. A lo mejor así se te quita el sonrojo….Novata.-dijo en tono burlón, mientras se alejaba.

-Exhibicionista.-respondió la chica aún con las mejillas sonrosadas.

Momentos después Inuyasha volvió a la sala, fue hasta el escritorio de la esquina y comenzó meter algunas cosas a su mochila negra.

-¿Y a qué se debe tu visita Kagome? Y disculpa que no te atienda como se debe pero tengo prisa.-se excusó el chico.

-Bueno, es que mi madre me pidió que te invitara a cenar esta noche.-a pesar de que ahora ya vestía una de sus acostumbradas camisas de manga corta y sin cuello, la mente de Kagome no podía apartar la imagen del torso desnudo de su vecino. Nunca había visto un chico semidesnudo, y menos a uno así, que si bien era delgado su cuerpo no era flácido, sino de complexión atlética, como la de los bailarines que veía en la televisión.

Algo difícil de olvidar.

-Lo siento Kagome, creo que no podré ir, hoy tengo que ir a un pueblo de aquí, y no creo que llegue a tiempo para la cena. Discúlpame en verdad, y dale mis disculpas a tu madre.-replicó el chico en tono sincero.

-Oh está bien. ¿Y a qué irás?-cuestionó la chica intentando disimular su decepción.

-Tomar fotos, hay unas buenas locaciones ahí.-dejando lo que hacía se acercó hasta el sofá donde Kagome se encontraba.-Mira, tal vez mañana.

-Mañana no podemos, pero está bien, de verdad.-se incorporó. Él también lo hizo.

-Mañana te invito a salir.-le propuso, sonriendo abiertamente.

Kagome vio la posibilidad de ir con él al bazar, y no dejó pasar la oportunidad.

-Hay un bazar en mi escuela ¿Te gustaría ir?-con voz insegura le inquirió.

-Buena idea, tal vez haya algo que me interese. Mañana te veo entonces.-le besó la mejilla y regresó a su escritorio.

Kagome no pudo articular palabra, entonces se escuchó que tocaban a la puerta.

-Ya están aquí, bueno Kagome, nos vemos.-se encaminó hasta abrir la puerta, dejó que la joven saliera. Fuera del departamento se hallaban las mismas dos personas de la noche anterior.

La chica vestía unos pantalones vaqueros y una camiseta naranja, y aunque Kagome sabía que sus tendencias eran completamente heterosexuales, a pesar de su inexperiencia, no dejó pasar el hecho de que aquella joven era muy guapa, sus ojos verdes contrastaban perfecto con sus cabellos color ébano. El chico, por otro lado, era pelirrojo y de coleta corta, sus ojos verdes irradiaban alegría, vestía un pantalón negro y una camiseta amarilla.

-Kagome, te presento a mis amigos, ella es Saori. Y él Shippo.- dijo Inuyasha señalando a los presentes.-Ella es Kagome

-Mucho gusto.-contestó Shippo amablemente, mientras hacia una caballerosa inclinación.

-Se nos hace tarde Inuyasha.-interrumpió Saori, quien solo había dirigido una mirada de arriba abajo a Kagome.

-Es verdad, adiós Kagome.-se despidió el chico, mientras bajaba las escaleras.

-Que tengan un buen día.-expresó la joven.

-Igualmente linda.-respondió Shippo, que era empujado por Inuyasha.

Hola.

Espero que les haya gustado.

Nombre real de la protagonista de Titanic.

Nombre de la protagonista de la misma película.

Nombre del galán de la película (Leo Dicaprio.)

He estado pensándolo y creo que aquí si habrá limón. Y aviso que será un fic corto, así como el de viviendo x un chico. Bueno, espero que tengan unas lindas vacaciones. Adiós.