EL VECINO
-Diálogos.-
"Pensamientos"
Capitulo 4
Afianzando sentimientos
Se miró en el espejo, su reflejo indicaba el esmero que había puesto en su persona. Un ligero brillo en sus labios, la ligera sombra azul en sus ojos combinaban perfecto con su blusa china color celeste y un pesquero blanco. Con un gesto de aprobación se retiró del espejo de cuerpo entero que tenía la puertecilla de su armario.
Vio la hora en el reloj en forma de gato y se dijo que era mejor darse prisa, cogió el monedero del escritorio y lo colocó en el bolso posterior de su pantalón. Cuando salió, su madre la esperaba en el comedor, soltó un silbido y le guiñó un ojo en actitud picara.
-¡Qué guapa!
-Tengo poco tiempo Sango, solo tomaré un jugo.-dijo la chica tratando de desviar la atención que se cernía sobre su vestimenta.
-Está bien pero no olvides que debes almorzar.-sirvió un poco de jugo en un vaso de cristal cortado y se lo extendió.- Últimamente te veo más delgada de lo normal, no me gusta.-la mujer la miró con ojo crítico y después le dio una sonrisa.-Ya está hecha una mujer Kagome.
La pelinegra no respondió.
-Me voy.-dijo antes de sorber un gran trago del vaso de jugo.
-Bueno, yo también.-la mujer se miró por un momento y luego rió.-pero antes tengo que quitarme la pijama, anda vete ya que se te hace tarde.
Kagome salió del apartamento y en segundos estuvo llamando en la puerta de su vecino. Éste abrió cuando los toques de Kagome ya eran para derrumbar la puerta.
-¿Aun no te vistes?-preguntó incrédula a un desaliñado Inuyasha.
-Kagome.-respondió dando un gran bostezo.-Son las siete de la mañana.
-Dijiste que me acompañarías al bazar.-le recordó la joven con sus manos en las caderas y dando golpecitos en el piso con uno de sus pies.
Él la miró con el ceño fruncido y luego su rostro se suavizó.
-Pensé que sería más tarde.-se excusó. La hizo pasar y corrió hacia su habitación.
-Estaré listo en cinco minutos.-le gritó desde el baño.
-¿Siempre eres así de olvidadizo?-le reprochó la chica.
-A veces.-admitió en tono casual el joven, mientras buscaba en la improvisada sala, un cepillo para peinarse.
-Aquí.-indicó Kagome extendiéndole un peine que estaba metido en el borde del sofá en que estaba sentada.
-Gracias.-comenzó a peinarse mientras caminaba de nueva cuenta hacia el baño.
Después de los cinco minutos prometidos y otros cinco más, concedidos por un resignada Kagome, el chico estuvo listo. Caminaron hasta la parada de autobuses y esperaron al que los llevaría hasta la escuela de la chica.
Cuando llegaron, se encaminaron hasta los portones y vieron que en el ancho patio los jóvenes estudiantes ya tenían puestas las mesas en que colocarían sus productos. Kagome pensó que el bazar había sido un fracaso, pues no había más gente que ellos dos y sus demás compañeros.
-No ha llegado nadie.-dijo Inuyasha mirando a todos lados.- ¿segura que comienza a esta hora?-le preguntó.
Kagome no respondió, se dirigió a la chica que tendía un mantel en la mesa de la esquina y la cuestionó.
-Disculpa ¿A qué hora comienza la venta?
-Dentro de dos horas.-dijo la chica mirando su reloj de pulsera.
-Te dije que era muy temprano.-comentó la masculina voz de Inuyasha, que ya estaba detrás de ella.
-Gracias.-murmuró Kagome, dio la vuelta entre avergonzada, confundida y molesta.
-Lo siento.-le dijo con la mirada baja y mordiéndose un labio.
-¿Por qué?-inquirió él.
-No sabía el horario, pensé que sería normal que comenzara a esta hora, te desperté para nada, perdón.-comenzó a caminar hacia la salida.
Él la siguió en silencio hasta el banquillo de la parada. Ella se sentó y él la imitó, la verdad era que estaba ligeramente molesto porque le había robado dos preciadas horas de sueño. Sin embargo cuando la vio en esa actitud de niña regañada, su corazón se enterneció y un sentimiento de protección surgió en su interior.
-Está bien, hace una bonita mañana.-comentó él mirando hacia el cielo salpicado de nubes algodonadas.
-Puedes regresarte si quieres.-sugirió ella. Se sentía estúpida y culpable.
-¡Vamos! No hagas dramas, ya te dije que está bien, que te parece si te invito a desayunar.-extendió uno de sus brazos y lo puso en los menudos hombros de la chica. Esto hizo que ella se pusiera rígida.
-¿Qué dices? Te invito y tu pagas.-bromeó el chico de orbes doradas.
El método funcionó, logró que se dibujara una sonrisa en el rostro juvenil de la chica.
Subieron al primer bus que apareció, y que los conduciría hasta la plaza más próxima, cuando llegaron decidieron tomar un desayuno en un establecimiento de comida rápida. Pidieron un desayuno para ambos, compuesto por hamburguesas y dos enormes gaseosas.
-Hace tiempo que no como una de estas.-declaró la pelinegra dando un gran mordisco a su desayuno.
-Yo las como regularmente, básicamente cuando no quiero hacer de comer. ¿Piensas comerte eso?-preguntó el chico señalando la bolsita de papel que contenía un par de nuggets.
-No, puedes tomarlos.-respondió.
-Gracias. Oye ¿porqué creíste que el bazar sería tan temprano?
-Ya te dije que nunca había asistido a la escuela, no tengo ni la más remota idea de cómo es una actividad escolar, y creo que mi madre tampoco.-sonrió juguetonamente.
-Tu madre es muy buena persona.-comentó Inuyasha distraídamente.
-¿Lo preguntas o lo afirmas?
-Lo afirmo.-declaró el chico, mirándola fijamente.
-Cómo es que lo puedes afirmar si ni siquiera la conoces, apenas y la has tratado ¿no es así?-expresó la chica con una ceja ligeramente alzada y con una sonrisa burlona en el rostro. La miró sorprendido e internamente se reprochó su estupidez, balbució algo ininteligible, y trató de desviar el tema.
Cuando volvieron a la escuela, Kagome pudo apreciar la diferencia en aquél patio escolar, que ahora estaba repleto de compradores. Pasearon por la sección de ropa e Inuyasha se probó una boina azul oscuro, que no dejó de usar durante todo el día, Kagome se hizo de una lámpara cilíndrica, cuya base en forma de flor le gustó mucho. Luego de andar y andar en otras secciones, llegaron a una donde se encontraba lo más bizarro, desde atuendos estrafalarios, hasta cascos de construcción decorados con estrellas, flores y lentejuelas.
Fue ahí donde Inuyasha se enamoró de una espada vieja y oxidada, cuya empuñadura tenía la forma de un colmillo. Y a pesar de que Kagome le insistió en que podía ser peligrosa, éste no cedió ni un ápice. Ella por su parte, encontró un collar de cuentas púrpuras con una flor de peony como dije a un precio bastante accesible, que no dejó pasar.
Exhaustos con la caminata y de ver tanto y tanto, decidieron que era hora de irse, así regresaron a la parada de autobuses y esperaron unos momentos a que llegara el indicado.
-Mira esto.-decía el chico, a la vez que hacía una serie de maniobras con el arma.
-¿No es peligroso?-cuestionó preocupada la joven, mirando la demostración de Inuyasha.
-Bueno, no si la manejas con cuidado, además no tiene filo.-dijo él y para dar fe de ello, presionó con fuerza excesiva el filo de la espada.- ¡Ouch!
-¿Estás bien? Déjame ver.-tomó su mano y la examinó.- ¡Estás sangrando!-exclamó Kagome con los ojos abiertos de par en par.
-Es solo un rasguño.-se justificó el chico.
-Espera.-dijo Kagome, mientras que con su mano izquierda trataba de limpiar el rastro de sangre de Inuyasha.
-¡No!-murmuró alarmado el chico.
-No es contagioso ¿sabes?-dijo ella repentinamente seria. Inuyasha pudo leer la tristeza en sus ojos y de inmediato trató de aclarar su respuesta.
-No es por eso. Te vas a manchar, deja.-pidió él retirando la mano de la joven.
-No te preocupes, tengo más.-repuso ella, con más animosidad.
Inuyasha vio el cuidado y la delicadeza con el que Kagome curaba su herida. Pronto reparó en lo cerca que se encontraban uno del otro, observó el rostro juvenil cubierto por esa tez tan blanca como la nieve; se preguntó si sería tan suave como aparentaba. Luego sus ojos melados, automáticamente, buscaron la boca de la joven, cuyos los labios semejaban un botón de rosa, de un color tan apetitoso que inconcientemente se mordió un labio en un gesto de antojo.
-Ya está.-dijo suavemente Kagome mirándolo con una sonrisa gentil. El anuncio lo sacó de sus ensoñaciones y lo plantó en la realidad.-Ahora lo único que tienes que hacer es mantener cerrado el puño para que no vuelva a sangrar.
-Gracias.-murmuró. Miró su mano herida, y se percató de que tenía la manopla de la chica en el puño.-Arruiné tu guante.
-Ya te dije que tengo más.-lo tranquilizó. Inuyasha notó perfectamente lo incómoda que se sentía Kagome sin aquella prenda, pues mantenía oculta su mano debajo de su blusa.
El autobús llegó enseguida y fue entonces que repararon en lo repleto que estaba, esperaron a que bajaran algunos de los pasajeros y luego subieron los demás, ellos se formaron hasta el final, dejando el lugar a los pasajeros mayores de edad. Pagaron su boleto e Inuyasha divisó asientos libres al final de bus, comenzaron a caminar por el estrecho pasillo y fue entonces que el conductor arrancó el vehiculo produciendo el desequilibrio de Inuyasha y Kagome, que para no caer tuvo que sacar la mano del pliegue de su blusa y ponerla justo en el hombro de una mujer joven de años, el contacto hizo a la dama, mirar el lugar donde había sido tocada. Una mueca de asco se produjo en su rostro. Una mirada llena de compasión reemplazó la de sorpresa de una señora entrada en años, que sentada detrás de la joven mujer había visto todo.
Trabajosamente guardó su dolor para otro momento, despegó su mano de aquél hombro extraño y fue entonces que inuyasha la tomó de la mano, Kagome levantó la mirada y encontró unos ojos dorados llenos de ternura. La llevó hasta los asientos traseros y se colocaron uno junto al otro.
-Deja de esconder tu mano.-ordenó suavemente la voz masculina de Inuyasha.
-¿Acaso no viste el efecto que tiene?-preguntó amargamente la joven cabellos de ébano.
-Yo soy inmune.-le dijo el chico, que con su mano sana tomó y sostuvo la de ella. Kagome lo miró y se deslumbró con la sincera sonrisa que él le estaba dedicando, era como si el tiempo en ese preciso instante se hubiera detenido. Luego él comenzó a acariciar su mano y bajó la mirada para deleitarse con aquél gesto, sus mejillas se encendieron ligeramente ante la revelación de su corazón. Kagome miró para otro lado tratando de controlar su sonrojo, pero este fue in crescendo cuando notó las miradas de los demás pasajeros que los observaban curiosos. Al parecer Inuyasha también se dio cuenta, porque hizo algo para disipar la tensión en el ambiente.
-¡Destrúyelos con tus poderes!-exclamó el chico, apuntando con la deformada mano de la jovencita a la gente que los miraba atónita.
Kagome no pudo evitar prorrumpir en risas y varias de las personas que los miraban también lo hicieron.
El trayecto hasta los departamentos fue tranquilo y desde que bajaron del autobús, el chico no soltó la mano de Kagome, hicieron una parada en una heladería cercana y continuaron su camino con sendos helados en mano. Kagome se sentía muy a gusto con su mano entrelazada con la de él. Antes de seguir la callecita adoquinada que los llevaría a su hogar, le pidió que fueran y dieran un paseo en el parquecillo al que la había llevado anteriormente. El suave viento balanceaba las copas de los altos árboles, el canto de uno que otro pájaro se dejaba escuchar, inundando el lugar de matices campestres imposibles de ver en la ciudad.
-Este lugar es muy tranquilo.-declaró Inuyasha, aspirando el aire puro del lugar y llevándose las manos a la nuca.
-Lo es porque es temprano para que vengan los niños a jugar aquí.-dijo Kagome, (que al sentir su mano libre no quiso volver a ocultarla) viendo el sol por encima de su cabeza.
-¿Porqué miras el sol? Te vas a quedar ciega.-bromeo el chico sentándose en uno de los banquillos del parque.
-Estoy tratando de calcular la hora.-explicó la pelinegra sin dejar de ver al astro rey.
-¿En serio¿Cómo puedes hacerlo?-inquirió el chico con curiosidad.
-No es muy preciso, pero sabes por lo menos qué hora del día es. Pues mira, ahora está puesto sobre mi, no tengo sombra.-dijo a la vez que revisaba bajo sus pies.-Por lo tanto calculo que son las doce del día.-concluyó.
-¿Y cuando tienes sombra?-volvió a preguntar.
-Bueno, cuando tú sombra está detrás de ti, es de mañana. Cuando está delante es tarde.
-¡Y cuando no tienes sombras es de noche!-comentó el chico irónicamente.- Qué inteligente soy ¿verdad?
-Eres un antipático.-respondió ella haciéndole una mueca.
-¡Eso no es cierto!-exclamó ofendido el tipo.-La antipática eres tu.
-¿Yo?-dijo Kagome en un tono cómico.
-Si, tú. ¿Acaso no recuerdas lo maleducada que fuiste conmigo cuando te hablé por primera vez?
-¿Y si fui tan maleducada porqué seguiste hablándome?-preguntó ella con una ceja alzada y las manos en sus caderas.
-Porque me gustaste desde que te vi.-declaró impertérrito el chico, mirando la lejanía. Kagome sintió de pronto como la sangre se iba de su cuerpo.
-¿No vas a decir nada?-interrogó el chico, mirándola finalmente.
-Yo creo, que ya es hora de regresar a mi casa.-respondió ella, incómoda. Y sin esperar respuesta, caminó en pasos cortos pero apresurados. Cuando giró para entrar a la callecita adoquinada volvió su vista hacia atrás y descubrió que el joven no había dejado de seguirla, a una distancia prudente, ahí estaba, con las manos en los bolsillos y mirando el piso.
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-¿Cómo fue tu día hoy?-cuestionó alegremente la señora Higurashi dejando las llaves en la pequeña mesa junto a la entrada, al ver a Kagome desplomada en el sofá mirando televisión.
-Bien.-respondió la chica sin el ánimo jovial que Sango esperaba.
-Pues no lo parece.-replicó la mujer, yendo al lado de su hija.
-Pero lo fue.-repuso ésta taciturna.
-¿Pasó algo Kagome¿Discutieron¿Te molestaste con él?-inquirió la castaña con el entrecejo fruncido.
-No, nada de eso.
-¿Entonces?
-Entonces nada.-concluyó la chica, levantándose solo para volver a sentarse.
La denominada intuición de madre, o presentimiento como lo llamaba Sango, le indicaba que había algo que su hija le estaba ocultando, ella estaba dispuesta a ayudarle, sin embargo su hija no cooperaba con la causa, y de esa forma no había mucho que hacer al respecto. Esperó pacientemente en silencio, sentada en el sofá examinando sus uñas, mientras Kagome, silenciosa y obviamente ansiosa, la miraba de hito en hito.
-La cena ya está lista.-anunció Kaede desde la cocina, rompiendo el silencio. Sango se levantó y fue hacia ahí sin mediar palabra.
Luego de despedirse de la anciana, Kagome y su madre comenzaron la cena, en la que Sango intentó hablar sobre diferentes tópicos, pero las profundas respuestas de Kagome compuestas por monosílabos, no le ayudaban demasiado en la conversación.
-¿No piensas terminar eso?-le preguntó Sango a la chica, al ver que ésta solo picaba el postre.
-Estoy llena, me voy a dormir.-declaró la joven.
-Bien, entonces ya recojo la mesa.-y comenzó a recoger su plato.-Pero antes, me vas a decir qué es lo que te preocupa tanto. Sabes que no me gusta irme a dormir sin saber lo que acontece a mí alrededor porque me puede dar indigestión.
-¿Crees que puedo gustarle a alguien?-preguntó de súbito la pelinegra.
-Bueno, yo siempre he dicho que eres muy bonita.
-Pero no soy normal.-acotó la chica haciendo alusión a su defecto.
-¿A quien le gusta ser normal?-exclamó la mujer.- Normal es símbolo de rutina, monotonía, aburrimiento. Además, el que tengas un defecto congénito no quiere decir que seas anormal, sigues teniendo los genes de un humano, eres tan ordinaria como cualquiera, ya te lo he dicho antes.
-Lo dices porque eres mi madre.-repuso fastidiada la joven.-Y no has contestado a mi pregunta.
-Ya la respondí, creo que eres muy bonita y no lo digo por halagarte sino por halagarme a mí, porque parte de tu belleza viene de mí…
-¡Seriedad por favor!-pidió la chica en tono desesperado.
-Te propongo algo Kagome. ¿Te parece si hacemos una encuesta en un sitio de Internet? dejando tu foto, y con la pregunta¿Te parece atractiva? Digo para ver qué es lo que opinan los demás.-dijo la mujer con tono mordaz.
-Nunca te tomas nada en serio.-reprochó la chica molesta. Salió de ahí con enfado y azotó la puerta de su recamara para indicar su mal humor.
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Finalmente aquí el 4 capitulo, me costó muchísimo hacerlo, la verdad, últimamente no tengo nada de ganas de escribir…si existe la depresión del escrito, creo que la padezco. O tal vez sea que no recibo mucho aliciente…es difícil cuando antes recibía muchos comentarios al respecto. Pero en fin, ya estoy en esto y tengo que terminarlo. Gracias x dejar sus comentarios.
