El vecino.
Simbología:
"Pensamientos"
.-Diálogos.-
Capitulo 5
Clases de ballet.
Como en toda relación, sea de amistad o de pareja, los roces que surgen entre las partes siempre que sean causados por malos humores o rabietas, suelen arreglarse por si solos. Y como también después de la discusión, existen sentimientos de culpabilidad, la mejor forma de mitigarlos es otorgar alguna especie de recompensa, cosa de reconciliaciones. Y eso fue lo que ocurrió entre Kagome y Sango, después de un día entero en que no se dirigieron la palabra, la jovencita terminó por dar su brazo a torcer y aceptar que su madre no tenía culpa alguna de sus inseguridades. Por otra parte Sango había decidido que su hija recapacitara en torno a su conducta, cosa no demasiado difícil, puesto que la chica era muy reflexiva para su edad, tanto que a veces lograba exasperarla. Y como lo había previsto, la pelinegra volvió con disculpas por su comportamiento y Sango la aceptó gustosa, así que para olvidar el trago amargo quedaron en que el día siguiente, luego de las clases de Kagome, saldrían de compras.
-Entonces te veo fuera de la escuela.-decía Sango a su hija mientras le arreglaba la blusa del uniforme, debajo del quicio de la puerta del apartamento.
-Está bien, trata de ser puntual.-advirtió la pelinegra.
-Te llamo si sale algún imprevisto.-prometió la mujer.
-Bien, ahora me voy.-dio un beso a su madre y cruzó el pasillo para bajar las escaleras. Al pasar por el departamento de su vecino, se topó con la amiga de Inuyasha: Saori, que estaba tocando la puerta del apartamento y que al verla le dedicó una sonrisa de lo más fría a manera de saludo.
Las clases transcurrieron rápidamente, pronto llegó la hora del receso, el tono de su celular sonó mientras llevaba un emparedado a su boca, lo dejó y respondió sin percatarse de quién llamaba.
-¿Si?
-Me preguntaba si hoy tenías algo que hacer.-dijo una voz masculina ya conocida por ella.
-Hola Inuyasha.-saludó ella repentinamente azorada.
-Hola¿qué dices?
-Lo siento, saldré con mi madre.-se excusó la chica.
-Um. Bueno, tal vez en otra ocasión.
-¿A dónde pensabas ir?-no pudo resistirse a formular esa pregunta.
-Bueno, no tengo nada que hacer, pensé que podríamos ir al centro, comer algo, no sé. Tengo el día entero para mí, y ya estoy aburrido.
-Oh, bueno tal vez puedas ir al acuario por mi, tomar algunas fotos de esas tortugas gigantes.-sonrió emocionada.
-Pero no será lo mismo sin ti.-repuso él con tono serio. Kagome tragó duro y titubeó un instante, para luego decir que tenía que colgar porque ya se había terminado el receso.
Impaciente esperó el timbre que anunciaría la hora de salida, cuando esto ocurrió pasó el portafolio por sus manos y bajó hasta el portón de la entrada de su escuela. Su largo cuello se estiraba lo más que podía, sus ojos castaños buscaban con vehemencia la familiar figura de Sango…nada. En un gesto inconsciente de espera uno de sus pies comenzó a dar golpecitos al piso, en eso estaba cuando el melódico y vibrante tono del celular comenzó a escucharse. Lo miró y vio que era Sango quien llamaba.
-¡No me digas! Presiento que no vas a venir.-respondió la joven con tono decepcionado antes de que su interlocutora hablara.
-Lo siento mucho Kagome, pero no puedo ir, me han llegado los pedidos de pescado que había encargado y tengo que quedarme para arreglar cuentas con los distribuidores. Me llevará tiempo.-explicó la mujer con tono aburrido.
-Está bien, iré yo sola. De todas formas necesito comprar una manopla nueva.
-Muy bien, cuídate. Nos vemos en casa.-despidió la mujer.
-Adiós.
Un poco decepcionada caminó hasta su parada habitual y esperó el bus que la llevaría al centro de la ciudad. Una pareja de estudiantes se situaron cerca de ella. Se les veía contentos y risueños. Entonces una idea se le vino a la cabeza. Buscó su celular y marcó el número de Inuyasha, tal vez todavía habría una posibilidad de ir con él.
-Hola Kagome.-contestó la voz al otro lado de la línea.
-Quiero hacerlo. Tengo tiempo y ganas de hacerlo contigo.-fue la escueta declaración de la pelinegra. Enseguida un estrépito se escuchó al otro lado de la línea. Kagome se preguntó qué habría pasado, sí lo hubiera visto se habría partido de la risa. Inuyasha estaba sentado en su escritorio revisando algunas fotos, cuando ella marcó su número, respondió de inmediato y la saludó mientras recargaba su amplia espalda en el respaldo de la silla donde estaba sentado de modo que el asiento quedó apoyado en solo dos patas, suspendido en el aire. Pero Inuyasha no estaba preparado para ese tipo de declaraciones, que su mente de hombre tergiversó. Tampoco estaba preparado para el golpe que recibió al caer de espaldas con todo y silla.
-¿Inuyasha?-preguntó Kagome desde su celular.
-¡Ejem! Kagome, yo sé que…. bueno…hemos sido buenos amigos, y que nuestra relación ha crecido bastante, y que nos tenemos cariño pero ¿No crees que es demasiado pronto?
Kagome miró el auricular de su celular con el ceño fruncido. ¿De qué hablaba Inuyasha¿Acaso no le había llamado anteriormente para pedirle que salieran? Entonces la respuesta apareció de repente, como un relámpago alumbrando la negra noche.
-Hablo de salir.-repuso la joven con tono severo. Luego lo oyó murmurar una grosería, para después recuperar la compostura.
-¡Yo también¿Dónde nos vemos?- cuestionó para cambiar de tema y la incómoda situación que estaba pasando.
-En el centro, en la café Rouge.
3333333333333
-Tengo que comprar una manopla.-dijo Kagome deteniéndose frente a una tienda del centro.
Se adentraron en el lugar y mientras Kagome se entretenía mirando las ropas de un maniquí, Inuyasha se escondió detrás del armazón con forma de mujer y asomó la cabeza, en un fallido intento de hacerla reír.
-Mal pensado.-resopló Kagome mirándolo duramente. Había encontrado una grata forma de fastidiarlo y no iba a dejarlo en paz fácilmente.
-Ya te pedí disculpas.-respondió él compungido.-Además, quién te manda a que digas esas cosas tan…obvias.
-Está claro que eran más obvias para ti.
-¿Qué se supone que debía pensar si alguien me dice 'está bien, quiero hacerlo' eh?
-Deberías pensar "¿De qué habla esta chica?" No asumir cosas inciertas.-repuso ella con aire de sabihonda, dejándolo con la palabra en la boca.
Kagome decidió no seguir con la misma cantaleta por el momento, las razones eran dos:
Una. Porque ya estaba cansada de repetir lo mismo, y sus argumentos estaban escaseando. Y Dos. Porque no quería que Inuyasha pensara que era una lata. Lo cierto es que podía llegar a serlo sin mucha dificultad.
Muchas veces existen ocasiones en que los planes no salen como deberían y la frustración suele hacerse presente, haciéndonos sentir sinfín de emociones encontradas pero casi siempre todas negativas. Un paseo improvisado, siempre puede resultar divertido, y siempre existe la certeza de que nada puede salir mal, puesto que nada está trazado.
Después de ir por la tienda, surgió la idea de pasar por el acuario, donde los túneles de cristal dejaban ver el azulino color del agua y la vida marina que los rodeaban.
Pronto llegaron a un punto en que una parvada de tortugas marinas gigantes pasaban por ahí. Kagome dejó salir un gritito de asombro ante la impresión de ver semejantes especimenes tan cerca suyo.
Los ojos ambarinos de su acompañante la miraban con una expresión peculiar y una sonrisa sincera levantando las comisuras de sus labios.
-¿Nunca habías venido?-interrogó el chico, mientras se maravillaba con la expresión dulce de su compañera.
-No, no he tenido la oportunidad.
-Te recomiendo que las veas en su habitar natural, las hay más grandes en el mar. Una verdadera maravilla.
-¿Sabes? Mi madre me llevará de viaje a Inglaterra, pero pensándolo mejor me gustaría ir a Hawai.
-Es preferible estar bajo el sol de Hawai que estar titiritando de frío en el oscuro Londres.
-Yo pensaba ir a ver el ballet Real de Londres.-declaró la chica con voz emocionada.
-¿Te gusta el ballet?-preguntó sorprendido el chico.
-¡Sí! Me gusta mucho, quisiera poder practicarlo un día de estos.-dijo distraídamente. Una idea comenzó a tomar forma en la cabeza de Inuyasha…
333333333333
Regresaron a casa cuando la luz del día primaveral estaba en agonía, el crepúsculo del atardecer era un espectáculo digno de admirarse, la enorme rueda de fuego que adornaba el cielo y proveía de luz cada uno de nuestros días estaba a punto de esconderse, tras la manta infinita de agua azulada.
-Tardaste bastante.-dijo en tono brusco y a modo de saludo la señora Higurashi, cuando Kagome entró en el living de su apartamento.
-Invité a Inuyasha.-comentó la joven como si eso lo explicara todo.
-Eso no explica el porqué de tu celular apagado y el no haber llamado para decir que te tardarías más de lo previsto.-Sango la miró con el ceño fruncido.
Prudentemente, y empleando la antigua técnica que desde que tenía uso de razón utilizaba, Kagome puso cara de mustia y caminó despacio hasta su madre a la que envolvió en un inesperado abrazo.
-No te enojes.-dijo con voz juguetona y ahogada, mientras la apretaba fuertemente. Sango quedó desconcertada por unos momentos, era increíble que después de tantos años de conocerla siempre cayera en esa vieja trampa. Tal vez ayudaba el hecho de que la pequeña pelinegra usaba este truco solo de vez en cuando.
-No podrías ser más original.-farfulló Sango molesta, pero ya no con la joven sino con ella misma, porque sin duda ese abrazo había derribado el pequeño cerco que dividía la faceta de madre de la de amiga. ¿Cómo se suponía que podía criar a su hija si ésta no la tomaba en serio?
-¿Para qué? Siempre caes.-bromeó la chica, soltándola lentamente.
-No olvides que soy tu madre.-advirtió la castaña, en un fallido intento de mantener un tono severo.
-También eres mi amiga y ahora no quiero hablar contigo sino con mi amiga.-decía la pelinegra mientras se sentaba en el mullido sofá.
-¿A dónde fueron?-cuestionó resignada la castaña.
-¡Al acuario! Es genial¿porqué nunca me habías llevado ahí? Había unas tortugas gigantescas y una especie de ramas que brillaban que se llaman medusas, también vi a los tiburones, son enormes y tienen un aspecto letal, al contrario de los delfines que son muy pacíficos y bastante presumidos, les encanta hacer piruetas en el agua y lucirse para los que los miran.-Sango estuvo escuchando la perorata de Kagome durante un buen rato, le explicaba todo lo acontecido con pelos y señales y cuando parecía llegar al final de su relato, recordaba algo que no había dicho y volvía a contarlo todo de nueva cuenta. Por un momento Sango se preguntó dónde estaba el botón para apagarla. Cuando finalmente terminó Sango esbozaba una sonrisa que contenía más de una emoción. Nunca, la había visto en ese estado de excitación. Su entusiasmo, los ademanes de sus manos, ese brillo de regocijo en sus ojos marrones, la sonrisa que colgaba de sus labios y esa aura de felicidad que la rodeaba le bastaba para saber que había hecho bien, era muy satisfactorio ver que su idea había tenido resultado…
-¿No vas a decir nada¡Sango!-gritó Kagome por enésima vez a la estatua que tenía por interlocutora.
-¿Eh¿Me decías?
-Te digo que si en vez de ir a Londres, podríamos ir a Hawai, puesto que queda más cerca, saldrá más barato. Y además conozco a alguien que puede servirnos de guía…
-¿Hawai? Pues no es mala la idea, tendría que consultar los cambios que habría que hacer, checar precios, en fin.
-Promete que lo pensarás.-dijo Kagome alzando el dedo meñique de su mano derecha.
-Lo prometo.-repuso Sango enganchando el dedo meñique con el suyo, como símbolo inquebrantable de su promesa.
3333333333333333333333
El alumnado se arremolinaba hacia el portón de salida, era viernes y un fin de semana los esperaba, ansiosos por salir del instituto estudiantil que los había tenido presos por cinco largos días, los estudiantes caminaban con prisa hacia la salida, como sí dentro de la edificación educativa hubiese una bomba a punto de explotar. Kagome no era la excepción, pero ella tenía una razón para estar apurada, pues Inuyasha le había dicho el día anterior que la estaría esperando fuera de su escuela, el motivo del porqué la esperaría no se lo había querido decir. Es una sorpresa había dicho, con un brillo juguetón bailando en sus dorados ojos.
Cuando estuvo afuera, sus ojos buscaron ansiosos al joven sin embargo no lo encontraron, salió de entre la muchedumbre y caminó unos pasos por la acera, la multitud se dispersaba ya en la calle, dejando fluir el paso. Mientras lo buscaba con la mirada, una pesada y enorme mano se posó en su delgado hombro, ella dio un respingo al tiempo que se volteaba con las pupilas dilatadas por el susto.
-¡Me asustaste!-exclamó la chica golpeando a Inuyasha a la altura de su cintura con el portafolio.
-¡Ouch!-gritó el chico, arrugando el ceño y sobando la zona golpeada.-Esa mochila es un arma letal.
-Tú tienes la culpa, me asustaste, yo tuve que reaccionar.-reprochó Kagome con voz casi histérica.
-Pues vaya reacción. En fin, vamos.-la tomó de un brazo y la guió mientras pasaban por la calle, Kagome percibió como las miradas de algunos de sus compañeros de clase se le clavaban en la espalda. Mas adelante un grupito de chicas la vio y comenzaron a cuchichear y a reír con actitud cómplice.
Dos cuadras caminaron e Inuyasha la hizo trepar en un viejo jeep amarillo canario, que según dijo era de un amigo que no estaba en la ciudad y se lo había encargado; ella no paraba de preguntarle a dónde se dirigían, sin embargo nunca encontró una respuesta concreta.
-Ya te dije que voy a hacer un trabajo.-repuso el joven por sexta vez.
-Si, eso ya me lo has dicho, lo que no me has dicho es a dónde.-replicó la pelinegra cruzando los brazos a la altura del pecho.
-Eso, mi querida Kagome, es una sorpresa.
Kagome se puso a refunfuñar e Inuyasha la ignoró por completo.
Pasaron por una avenida y después doblaron por la izquierda, entraron a una calle flanqueada de enormes edificios de ladrillo rojo, se detuvieron casi al final de la calle frente a una edificación de dos plantas, con un enorme letrero al frente que tenía como leyenda ESCUELA DE DANZA y el dibujo de una bailarina a un lado.
-Llegamos.-anunció Inuyasha bajando del vehículo y tomando una mochila negra y grande que estaba en el asiento trasero. Kagome quedó petrificada por unos instantes.
-¿Te piensas quedar a cuidar el auto?-cuestionó Inuyasha divertido al ver la expresión de la chica.
-¿Porqué me trajiste aquí?-los ojos marrones de Kagome se posaron en él.
-Dijiste que algún día te gustaría practicar ballet ¿no?
-Pues si¡pero no dije que me escribiría!
-¿Y quién lo ha dicho? Yo te traje aquí para que me acompañaras y de paso estuvieras cerca de las clases de ballet mientras yo me encargo de tomar algunas fotos que me pidieron hiciera.-aclaró el chico. Kagome sintió de súbito que el color abandonaba su rostro y de igual forma regresaba en todo su esplendor.
-¡Anda apúrate!
Entraron al edificio, encontraron un corredor amplio y corto, había dos sillas a un costado de la pared derecha donde una señora vestida con una blusa y falda holgadas, regaba los bonsáis de la mesita del rincón con un rociador, unos pasos más allá se encontraba un escritorio revuelto de papeles. Al fondo del pasillo había una puerta blanca con un cristal de roca incrustado en la parte superior que impedía ver lo que fuera que hubiese detrás de ella.
-Hola, vengo por lo de las fotos de publicidad.-dijo Inuyasha con su típico tono amigable.
-Oh, querido, llegas temprano.-dijo la mujer dejando su tarea y yendo hacia los recién llegados.
-Es mi trabajo y tengo que ser puntual.-repuso él con tono solemnemente cómico.
La mujer mostró una sonrisa afable, se colocó las gafas de grueso armazón negro que colgaban de la holgada blusa floreada.
-Veamos, esto es para la clase de ballet ¿verdad?
-Es correcto.-corroboró el chico.
-Bien, puedes pasar al salón 4, en la planta superior.
-Muchas gracias.-dijo Inuyasha yendo hacia la puerta, pero se detuvo al notar que la señora iba a prohibir el paso a Kagome.-Ella viene conmigo.
Cruzaron la puerta y encontraron dos amplísimas estancias, de cuyas puertas colgaba una placa que daba a conocer el tipo de danza que se practicaba. Subieron por las escaleras, al final de pasillo y llegaron al segundo rellano, el salón cuatro estaba al final, Inuyasha se acercó y con cautela abrió la puerta, en segundos una mujer ataviada en un leotardo negro y mallas de un rosa pálido se acercó a él, intercambiaron algunas palabras mientras Kagome les observaba a escasa distancia. Luego su amigo se volteó hacia ella y con una seña le indicó que lo siguiera.
El braceo, el estiramiento, alzarse sobre las puntas de sus pies, los exquisitos faldellines, las delicadas zapatillas, todo lo concerniente al atuendo y movimientos de los bailarines de ballet estaban ahí. Inuyasha acompañado de la mujer, que se presentó como la profesora, se acercó a ella.
-Voy a empezar, mientras esperas la señora Yuzaki te ayudará a practicar.-dijo él, guiñándole un ojo a la perpleja chica y sin darle la oportunidad de protestar se alejó de inmediato.
-Ponte estos, te serán de ayuda cuando utilices las puntas.-dijo la mujer con sonrisa amable. Kagome obedeció sin chistar, despacio sacó sus pies de los zapatos cerrados de cuero negro y deslizó las medias pulcramente blancas hasta dejar sus blancas y delgadas extremidades inferiores al desnudo.
Yuzaki le indicaba los movimientos básicos de la danza clásica, Kagome se encontraba atenta a estos, luego se posó en la barra frente al amplio espejo, justo detrás de la profesora para realizar los mismos movimientos. Al principio fueron movimientos torpes que rectificaba al momento, sin duda hacer esos ejercicios implicaba un esfuerzo enorme, aún con la suela dura de las puntas sus dedos dolían. Una neblina se instaló en sus ojos, un aire ausente se apoderó de su rostro, su cuerpo parecía autónomo a su mente, y ella no tenía el control de ninguno de los dos, lo poco que alcanzaba a distinguir se fue evaporando hasta dejar su mente sumida en un profundo manto negro.
----
Hola, tanto tiempo vdd? Perdón. Ya encontré el problema de porqué no podía escribir, es que a este fic se le tiene que imprimir mucho sentimiento, cosa de la que padezco actualmente, por eso me cuesta mucho escribirlo, pero no se preocupen, lo terminaré, no sé cuando pero lo haré. Gracias x los rr . Espero que este capi les guste. Ya supe que hay alguien que le gusta tanto la película como a mí, y bueno espero que este fic no decepcione, porke le agregaré algunos elementos que la película no tiene, pero en esencia será siempre igual. Incluyendo el final.
