Capitulo 6

Un paseo en alfombra

Sacó las herramientas necesarias para armar su cámara fotográfica de la mochila negra, comenzó a enfocar el lente divisando varios objetos y sin quererlo su objetivo final fue una obediente Kagome que estaba quitándose los zapatos escolares, después, con movimientos suaves e inocentemente seductores, deslizó la media blanca que cubría su pantorrilla, dejando a la vista la blancura de su piel, y comenzó a hacer lo mismo con la otra extremidad, sus pies eran pequeños y frágiles, se preguntó sí toda su piel era tan deliciosamente tersa como aparentaban serlo sus extremidades inferiores. Rápidamente se reprochó internamente su último pensamiento.

Tenía que aceptar que la compañía de Kagome le agradaba, pero algo había cambiado, ya no la veía como la muchachita recelosa y gruñona del principio. Ahora era diferente, cuando Kagome había dicho aquello lo había dejado perplejo, sin embargo se descubrió a si mismo deseándolo, y eso le creó aún más perplejidad.

El sentido común y la conciencia retumbaron en su cabeza con una sola y corta respuesta: No.

No podía, no debía.

Su mente volvió a la realidad cuando escuchó un grito de espanto cerca suyo, luego vio como Kagome se precipitaba al suelo cual pedazo de seda. Un corro de gente se formó rápidamente alrededor de ella. Su reacción fue tardía, más no así la de su cuerpo, su sangre comenzó a bombear aceleradamente, su respiración se tornó entrecortada, su corazón golpeaba duramente contra sus costillas. Y de pronto, no supo cómo, se encontró al lado de la joven desvanecida, pronunciando su nombre con un tono de notable horror y espanto.

Tres horas después Kagome se encontraba postrada en una mullida cama de alguna habitación. Despertó con el murmullo de algunas voces cerca suyo, intentó abrir los ojos pero los parpados pesaban en demasía. Las voces comenzaron a aclararse y pudo escuchar la conversación.

-Me preocupa.-dijo su madre con quebrantada voz.

-Tu sabías que eso podía ocurrir en cualquier momento Sango.- habló una voz familiar.

-Pero no pensé que sería tan pronto.-repuso la señora Higurashi.

-Está comenzando y lo sabes, esto es solo el principio, debes estar preparada…-repuso con tristeza la otra mujer.

-¡No puedo!-sollozó Sango.- ¿Cómo puedo estar preparada para algo así Kazuki?

-Sé que es difícil, pero debes hacerlo por ella. Aunque a veces creo que ya es hora de que le digas la verdad.-sugirió.

Sango soltó una carcajada sin humor y Kagome notó el amargo de su voz.

-¿Cómo? Con qué cara puedo decirle a mi hija que su vida se está agotando. Simplemente no tengo el coraje o la crueldad suficiente para hacerlo.

Aún sin despegar los parpados los ojos de Kagome se dilataron. Su respiración se interrumpió momentáneamente.

Su vida se estaba agotando.

No necesitaba ser un genio para saber qué significaba aquello. Iba a morir. Y al parecer no era algo que se había suscitado ese día. Era algo que su madre seguramente sabía desde hacía tiempo. Le horrorizó saber por cuánto tiempo su madre había guardado el secreto.

Intentó mover su brazo, pero sintió un pinchazo a la altura de su muñeca, era un dolor conocido, en el hospital cuando niña había sentido esa punzada varias veces, siempre que hacía algún movimiento brusco la aguja clavada en la vena se movía. Un quejido abandonó su garganta y una mueca se instaló en su rostro pálido como la cera. Sango y Kazuki interrumpieron abruptamente su charla para fijar su atención en la chica.

-No te muevas cariño.-murmuró la señora Higurashi, acariciando la mano de la joven.

-Llévame a casa.-susurró Kagome con los ojos cerrados.

-Estás en casa cariño, no te he llevado al hospital.-aclaró Sango.

-Ya sé que mi presencia no te es grata, pero no pude evitar correr en auxilio de tu madre, que me llamó para darme la noticia de que la debilucha de su hija no pudo enfrentar una clase de ballet.-rezongó en tono cómico la voz de la enfermera Kazuki.

-Pensé que habías faltado a tu palabra.-dijo Kagome, mirando a su madre con sus parpados apenas levantados.

-¡Mi propia hija duda de mi! ¿Cuándo te he dicho mentiras?-bromeó Sango con voz indignada.

Los ojos de Kagome se pusieron repentinamente borrosos, las lágrimas amenazaban con salir a flote de un momento a otro. Y es que el tono de tragicomedia que había utilizado su madre para dulcificar el ambiente, solo logró hacer añicos el poco control que tenía sobre la reciente noticia. Estaba claro que su madre si le había mentido, una mentira muy grande, pues quería evitar que su hija supiese que estaba condenada a muerte, quería esconder la tristeza de su corazón tras la careta bromista. Ahora Kagome se explicaba porqué algunas noches su madre se la pasaba llorando desconsolada en su habitación, abrazada a la foto de su padre. Varias noches la había pillado así y había dado por sentado que su madre extrañaba en demasía a su padre, y que por eso no había vuelto a salir con nadie; ahora entendía su dolor e impotencia, y le era imposible ocultarlo como lo hacía ella. Aún con la sonrisa puesta en su rostro, los ojos castaños de Sango permanecían bañados en angustia, mortificación y dolor.

Quería gritar, romper, desgarrar, destruir algo que calmara el dolor que sentía por dentro. Cerró los ojos con fuerza e intentó aplacar sus ansias.

-Estoy cansada.-murmuró. Sintió como Sango acomodaba la frazada y le alisaba el pelo para finalmente depositar un beso en su frente.

No durmió.

Era imposible hacerlo después de una noticia como aquella. Esperó a que ambas mujeres salieran de su habitación y fue entonces que cuidadosamente rodó sobre su costado y mordió con fuerza la esquina de su almohada, un grito de furia ahogada salió de su boca, acompañado de un llanto que quemaba los ojos. Lloró como no recordaba haberlo hecho jamás.

Paulatinamente, el doloroso y ardiente nudo de su garganta le permitió pasar saliva, su mente se encontraba aletargada, como si estuviera en un plano donde se confundían la realidad y el sueño. La puerta se abrió y Kazuki encendió la luz del dormitorio, eso le devolvió la lucidez a la joven. Con la mano libre cubrió su frente, de modo que la enfermera no mirara sus irritados ojos.

No sabía cuánto tiempo había pasado, ya era de noche, sin duda solo habían pasado unas horas, pero le parecía que habían sido siglos, definitivamente ése día sería un parte aguas en su vida "lo que me resta de vida" pensó amargamente.

-¿Hace mucho que estás despierta?-cuestionó Kazuki removiendo el tubito que llevaba las gotas de suero hasta la delgada aguja clavada en su muñeca. Un mecanismo ya conocido por ella.

-No.-mintió.- ¿Qué hora es?

-Casi las nueve, te quitaré esto para que descanses mejor. Un chico vino a verte, el mismo que te trajo. No sabía que tuvieras novio.-agregó con tono jocoso.

Su entrecejo se arrugó, no había pensado en Inuyasha. Sí, él estaba con ella cuando se desmayó. Debía estar asustado, sin duda no volvería a salir con ella ¿Quién querría salir con alguien que se desmaya en una cita? Soltó un pesado suspiro.

-No es mi novio, es un amigo solamente.

-Pues es muy guapo ¿A que no?

-Supongo, puedes quedártelo si quieres.

-Es muy joven para mí, no quiero que me señalen de pederasta.

Una ligera sonrisa curvó sus labios. Kazuki no había perdido su estilo, era uno de los dones que tenía, además de ser buena enfermera. Se despidió con un Buenas noches, y salió de la habitación, su madre entró momentos después, Kagome fue incapaz de mantener una conversación con ella, así que volvió a excusarse diciendo que tenía sueño.

El sol había vuelto a salir brillante y enérgico, el manto azul del cielo, decorado con nubes de algodón, contrastaba con la gris realidad de Kagome. Es increíble la forma en que la vida puede cambiar de repente, como en un momento puedes tener un arco iris, un sol y un cielo resplandeciente y al otro, todo se vuelve gris, nublado y sin vida.

Su estado de animo se vio afectado, no quiso levantarse ni comer durante la mañana, la señora Higurashi, preocupada, llamó a Kazuki dos veces para que la revisara. Su condición era normal dentro de las circunstancias dadas. Sango concluyó que su hija no padecía mal físico sino emocional. Intentó hablar con ella, pero los esfuerzos fueron en vano. Por la tarde, en el apartamento apareció Inuyasha.

-¿Cómo está ella?-interrogó el chico, tomando asiento en el sofá.

-Mejor, pero no ha probado bocado, tal vez si tú hablaras con ella…-Sango le indicó con la mirada la habitación de Kagome.

-Intentaré.-prometió el chico encogiendose de hombros, se levantó y caminó hasta la puerta, tocó suavemente con sus nudillos asomó su cabeza y la encontró tendida en su cama, mirando hacia el techo sin parpadear.

-¿Estás pensando cambiar el decorado de tu habitación o analizando la inmortalidad del cangrejo?-dijo Inuyasha entrando en la recamara.

Kagome apartó la mirada del techo y miró la figura delante de ella. Inuyasha sonreía.

-Mira quien te ha venido a visitar.-anunció la señora Higurashi, recargada en el quicio de la puerta.

-¿Qué haces aquí?-cuestionó Kagome, más cortante de lo que deseaba.

Inuyasha enarcó una ceja.

-Vine a verificar que estabas bien, y creo que lo estás. Has vuelto a ser la niña rezongona de siempre, pero más gruñona.-agregó al ver como ella arrugaba la nariz.

-Pues ya ves que estoy mejor, así que ¿por qué no te vas ya?

-Es suficiente Kagome.-intervino con voz severa la señora Higurashi. La chica desvió la mirada y murmuró algo ininteligible.

Sango pensó que sería mejor salir de ahí, antes de que su hija diera alguna muestra más de su mal humor, sin embargo cuando se lo hizo saber a Inuyasha, este se negó a salir de ahí y fue a sentarse en el borde de la cama de la chica.

-Me hubieras dicho que no querías practicar ballet y no te hubiese llevado, no era necesario hacer todo este teatrito ¿Sabes?- Kagome lo miró con ojos fulgurantes. Así que pensaba que todo había sido actuado, "nada más errado", pensó Kagome.

Naturalmente el fotógrafo no pensaba eso, su intención desde un principio era hacer salir a la tortuga de su caparazón, a base de pedradas. Y siempre funcionaba.

Inuyasha miró a Sango y le sonrió tranquilizadoramente.

-No fue un truco, nada más lejos de la realidad, ¿crees que puedo fingir un desmayo solo porque he estado enferma la mayor parte de mi vida?

-Pues algo debiste de haber aprendido porque tienes mucho estilo para desmayarte.-un escalofrió recorrió el cuerpo masculino al recordar aquella escena.

-¡No estoy fingiendo!-gritó Kagome enojada.

-Si, ya veo que estás bien.-opinó Sango.-Creo que deberías comer algo para que no te haga bilis.

-No tengo hambre.-repuso la chica bruscamente.

-Bueno, entonces salgamos a cenar.-propuso Inuyasha, que no se amilanó ante la furibunda mirada que le dirigió Kagome.

-Yo contigo solo saldría en alfombra mágica.-respondió la joven de mal talante, y para evitar más disgustos se cubrió la cara con la frazada, y se hizo la sorda.

-Está bien, ya me voy, al menos sé que has regresado, más gruñona que nunca.

Por la noche, Kagome, no tuvo más remedio que rendirse ante las exigencias de su propio cuerpo, aceptó la cena que muy amablemente le llevó Kaede, y terminó tomando el postre también.

Llegó el lunes y su ánimo, al contrario de su apetito, seguía igual, encerrada en su habitación se pasaba la mañana hojeando libros y leyendo sin leer, cada vez que intentaba ocupar su mente en las líneas de algún escrito, terminaba enfrascándose en la angustiosa situación en que vivía. Se imaginaba dentro de un féretro y siendo enterrada en un día lluvioso, acompañada solo de tres personas que lloraban incesantemente.

La noticia de su próxima muerte había hecho mella en su parte emocional, pero físicamente aún no sentía los estragos de su enfermedad. Sin embargo las dos noches sin dormir dejaron sus marcas púrpuras alrededor de los castaños ojos de la chica, dándole un aspecto enfermizo.

Al día siguiente, cuando el cielo se teñía de colores rosa, naranja, y púrpura, se escuchó el repiqueteo del cristal de la ventana de su habitación. Caminó hasta allí y descorrió la cortina blanca, su boca se abrió en un gesto de asombro al ver a Inuyasha parado en lo que parecía ser una alfombra.

-¿Qué haces aquí?

-¿Acaso no sabes formular otra pregunta?-respondió el chico.

-¿Qué es eso?-dijo ella señalando el lugar donde él estaba parado.

-Una alfombra.

-¿Para qué?

-Tú dijiste que saldrías conmigo solo en una alfombra mágica, y aquí estoy, que aunque no soy Aladino sí traigo conmigo una alfombra que nos llevará a un paseo.

Kagome no pudo reprimir la sonrisa que surgió de sus labios. Inuyasha le tendió la mano para que ella trepara por la ventana hasta la alfombra.

Aún incrédula por la osadía, trepó hasta él y fue hasta entonces que se dio cuenta de que la alfombra estaba apoyada en el brazo de una grúa. La maquina elevó el eje vertical quedando a una considerable altura, Kagome optó por sentarse, antes de que sufriera algún percance. Inuyasha silbó y la grúa comenzó a moverse.

-¿A dónde vamos?-preguntó la chica sonriente.

-¿Porqué siempre quieres saber cómo, qué, cuándo y dónde? Tu solo sigue la senda que te llevará a donde debes estar, y disfruta del camino.

Inuyasha tomó asiento y se puso a la altura de Kagome, que se dio cuenta de que los ojos ambarinos resplandecían como dos soles. La vista era muy hermosa, se alcanzaba a ver la bahía, y el aire que golpeaba su rostro suavemente le daba la vital sensación de estar viva, los transeúntes miraban pasar la grúa entre desconcertados y sonrientes.

-Perdón por venir a esta hora pero mi amigo no puede sacar su grúa en horas de trabajo, está enfriando y pronto oscurecerá, debes tener frío.-comentó Inuyasha mirando a su compañera que contemplaba el cielo donde algunas estrellas se alcanzaban a ver.

-Gracias.- fue la respuesta que recibió el fotógrafo de la chica que estaba a su lado y que lo miraba con tanta ternura que también pudo llegar a sentirla.

Tanto tiempo ¿verdad? Bueno, siento mucho las molestias ocasionadas por mi falta de actualizaciones, pero la verdad he estado realmente ocupada, tengo la mañana en la oficina donde hago mi servicio social (requisito indispensable para poder titularme), la tarde para asistir a clases y en la noche solo tengo una hora para ocupar la computadora, y eso sino tengo tarea.

Pero aquí está, finalmente terminado el sexto capitulo, iniciado desde septiembre de este año….increíble como pasa el tiempo…en fin, espero que estén bien y espero poder sacar la continuación pronto, y sino, pues nos vemos al siguiente año.