Título: Vacaciones
Personajes: Sanosuke Sagara, Megumi Takani
Estilo: AU, relato corto.
Genero: Romance, lemon.
Sumary: El verano trae emociones fuertes y altas temperaturas, días de sol y agua salada. ¿Megumi será capaz de soportar la tentación veraniega?.
Advertencias: Contiene escenas lemon, de las cuales trato de mostrarlas no demasiado explícitas pero sí interesantes.
Disclaimer: Los personajes de Rurouni Kenshin son propiedad absoluta de Nobuhiro Watsuki, yo no pretendo obtener lucro en base a ellos, sólo aumentar mi creativa.
Día 02
Sanosuke despertaba con el sol en los ojos. La noche anterior había estado extraña, calurosa y bastante agitada. No se quejaba, haber tenido a cierta morena entre sus brazos era, en cierta forma, un placer exquisito. Sin embargo, la situación en sí lo dejaba algo vacío.
La quería, la necesitaba, la deseaba con todas sus fuerzas. Después de esa noche, sabía que su cama jamás estaría completa sin ella a su lado, su vida era incompleta sin los regaños de su Kitsune. Pero no estaba seguro de lo ocurrido, sabía perfectamente cómo actuaba ella, lo que sentía y lo testaruda que podía llegar a ser. El problema era saber qué estaba pensando cuando entró a su cuarto anoche, porque debía admitir que verla llegar de esa manera lo había dejado perplejo. Megumi jamás aceptaba una derrota.
Sonrió confiado al ver su costado vacío, quizás las cosas estaban cambiando y todos sus coqueteos estaban surtiendo efecto. Pero conociéndola, sabía perfectamente que trataría de darle lógica a algo sin razón alguna, interponiendo excusas en todo sentido. La idea ahora, era actuar de la misma manera, llevarle el juego y hacerla entender que el calor del verano puede abrir muchas puertas. Había que dar el todo por el todo.
Suspiró levemente.
Tomando los primeros pantalones que encontró tirados, se dirigió hacia al comedor, donde podía oír a Megumi caminando pesadamente.
-Extrañé tu cabello negro esta mañana- le dijo al tomarla desprevenida por la espalda, mientras ella trataba de servir el desayuno.
-Buenos días- contestó en un tono demasiado frío, estancando toda mirada maliciosa que él intentaba entregar.
-¿Qué te ocurre Kitsune, despertaste de malas?- preguntó al asirla por la cintura, acercándola a sus labios –y yo que tenía ganas de una repetición matutina-
-No- respondió desviando el rostro.
-¿Y entonces?- trató de averiguar al dejarla libre.
Notó como la chica colocaba los últimos cubiertos y observaba la mesa fijamente. Parecía meditar sus palabras cuidadosamente, pero bien sabía él que eso no serviría de mucho.
-Mira- comenzó despacio, sin dejar de mirar la mesa –lo de anoche fue genial, pero no quiero que te hagas ilusiones, fue sólo un desliz y nada más-
-Un error- interrumpió él, sabiendo muy bien lo que ella trataba de decir.
-No- bufó cansada -¿por qué siempre malinterpretas lo que digo-
-No te estoy malinterpretando, sólo simplifico la cortada que me estas dando- Sanosuke seguía observando a la chica, quien apretaba los puños con fuerza.
-No estoy haciendo eso, sólo quiero que entiendas lo ocurrido anoche-
-¿Y por qué no me miras a la cara cuando dices eso?- Megumi lo observó desde su hombro, como si temiera enfrentar su mirada –además, no tienes nada que explicar, yo estuve allí ¿recuerdas?-
La chica se giró despacio, observando cualquier cosa en vez de los castaños ojos frente a ella. Pero Sanosuke se acercó despacio, tomando el rostro de la chica entre sus manos.
-¿Para qué haces esto, Megumi?- obligándola a enfocar sus ojos en él, quien intentaba comprender lo que ocurría en aquella cabeza.
-Porque es necesario que entiendas este tipo de situaciones- la mirada en él cambió, frunciendo el ceño y soltando el rostro de ella.
-¿Cuáles "situaciones"?-
-No te comportes como niño chico, sabes que una noche no significa nada, sólo un rato de entretención- Sanosuke le dio la espalda –no me vengas ahora con la cosa sentimental, porque te he visto con diferentes chicas cada noche-
-Y por lo mismo crees que sólo sirvo de entretención- Megumi trató de acariciar su hombro, pero él se alejó molesto, dándose vuelta de manera brusca.
-Por favor, madura-
-¿Qué madure?, eres tú la que necesita madurar y darse cuenta de lo que sientes. Esta bien, he tenido más mujeres que pulgas Notaro, pero eso no te da derecho a decirme que anoche sólo fue diversión y nada más- rascó su cabeza, estaba frustrado y la situación no lo acompañaba mucho –no ves que anoche fue especial-
-¿Especial¿por qué?- preguntó tomando un mechón de cabello entre los dedos, jugueteando nerviosa.
-Sí, fue especial. Lo triste es que no te das cuenta porqué-
La situación le crispaba los nervios. Se sentía humillado, decepcionado, molesto, ella no podía estar actuando de aquella manera... no con él.
Tenía que salir. Agarrando la primera camiseta que pilló junto a los pantalones de buzo que vestía, tomó la correa de Notaro y se dirigió a la puerta.
-Sabía que lo de anoche me había dejado algo vacío- le dijo al salir, mirándola directamente a los ojos –porque cuando das todo de ti, lo menos que esperas es algo a cambio. Pero parece que me equivoqué contigo- cerrando al puerta de un portazo, dejando a Megumi con lagrimas a punto de encontrar camino al exterior.
"¿Qué hice?", se había preguntado lo mismo desde que Sanosuke había partido con Notaro. De eso ya varias horas atrás.
Nisiquiera había logrado desayunar cuando él la dejó, un extraño dolor se había apoderado de su cuerpo, oprimiendo cada fibra de su ser, logrando que el mismo respirar fuera dificultoso.
"¿Acaso cometí un error?", pensó. La situación era confusa, su razón decía que era lo mejor, aquello no podía seguir de otra manera. Sanosuke había sido su amigo desde siempre, un chico inaceptable pero leal después de todo; alguien al cual confiaría su vida si fuese necesario. Era quien la ayudó a superar el divorcio de sus padres, cuando el control de su vida dependía de unos papales sin sentido. Había estado mal, había deseado morir en manos de cualquiera, incluso las propias. Pero él la hizo salir.
"No", se dijo. Debía pensar claro, fue una noche de mera pasión desenfrenada, un descargue de energías y nada más. No podía darle más vueltas al asunto, estaba segura que había actuado correctamente, que era lo mejor...
"¿Entonces por qué duele tanto?".
Una lagrima rozó su mejilla, la cual limpió por reflejo. No iba a llorar, no ahora, no después de tanto.
La situación fue simple, su cuerpo pidió sexo y eso le entregó esa noche, él mismo lo había ofrecido. El asunto eran los malditos sentimientos que invadieron su cuerpo una vez terminado todo.
Levemente sonrió. Podía recordar haber estado recostada sobre el fuerte torso, respirando ese aroma que la envolvía con locura, jugueteando infantilmente sobre el plano abdomen de Sanosuke. Jamás había sentido tal tranquilidad, tal calma y sabía que nada ocurriría estando a su lado.
Allí sintió miedo. Qué pasaría si él no estaba, si todo era como ella creyó en un principio, sexo y nada más. La duda comenzó a abatirla, creando estrías donde la tranquilidad había posado sus manos.
"Dios¿y si él se va?", pensó esa vez. Y si esa mañana despertaba siendo no más que una simple compañera de juegos, de oscuros y exquisitos placeres lascivos.
Esa mañana tenía pensado conversar con él, hacerle ver que sólo había sido por una vez, porque su corazón no resistiría tamaño dolor. ¿Cuándo se tergiversó todo?, he ahí la pregunta.
Megumi mordía sus labios en busca de respuesta. Otra vez la falta de control había arruinado la situación, sus palabras habían salido sin pensar, echando a perder todo. Sanosuke jamás la perdonaría, eso era seguro.
"Se ha comunicado con la residencia vacacional de la familia Himura, en este momento no estamos en casa, por favor deje su mensaje después de la señal", se escuchó decir en la habitación. Megumi, acurrucada en medio del gran sillón, no se había percatado que el telefono estaba sonando y que el contestador estaba recibiendo el llamado.
"¿Meg¿Sano?... no se preocupen, no molestaré mucho", la voz de Kaoru se oía tras el aparato a lo cual Megumi prestaba atención, ya que en ese minuto se daba cuenta que ellos no habían llegado aún. "Con el tifón cayeron rocas en la carretera y no podemos pasar con el auto, así que nos quedaremos otro día más. No se preocupen que estamos bien, tengan cuidado que anuncian otro esta noche. ¡Hasta mañana!".
-Perfecto- rezongó la chica una vez concluido el mensaje.
-¿Tanto te molesta estar a solas conmigo?- Sanosuke entraba en ese minuto aún con la mirada distante, incluso Notaro parecía molesto con ella.
-Sanosuke- respirando aliviada. Él había vuelto, con eso su corazón ya se tranquilizaba –pensé que...-
-No te preocupes- interrumpió pasando por detrás de ella, sin mirarla, sin prestarle atención alguna –no me quedaré por mucho tiempo-
Él entraba en su cuarto de manera decidida. Megumi lo siguió curiosa, sin embargo la imagen no agradó del todo.
-¿Qué haces?- preguntó inquieta al verlo ordenar las cosas en el bolso.
-Te dije que no me quedaría mucho- Notaro ayudaba a su amo con la misiva, acercándole los objetos distantes –me voy a la estación, tomaré el tren de las 6 que va a Tokio-
-Pero queda media hora¿no pensabas decirme nada a caso?-
-¿Para qué?, tu cara, al escuchar el mensaje de Kaoru, me dejó bien claro que no me quieres cerca- cerrando el bolso y caminado hacia la puerta del cuarto.
-O sea que me dejas sola- indicó mirándolo desafiante, cruzando los brazos en medio de la puerta.
-Por favor déjame pasar- Sanosuke suspiró cansado –te dejo a Notaro con tal que me dejes pasar- el canino lo miró extrañado –pero parece que no quiere quedarse...-
Megumi seguía desafiante, no se movería de allí hasta obtener una mejor respuesta del chico. A lo que él reaccionó dejando el bolso en el piso, tomando a la chica en brazos y tirándola sobre la cama, así agarró sus cosas y caminó hacia la puerta de salida.
-Un momento Sanosuke Sagara- gritó la chica antes que él saliera –por ti que me coman los perros¿cierto?-
-No seas melodramática- indicó cansado.
-No lo soy- bufó molesta –perfecto, si quieres que me roben todos los vagos del lugar, bien por mí. Pero ten en claro una cosa, no te necesito- concluyó de manera altiva.
-Okey-
-¡Okey!-
-¡OKEY!-
Se quedaron en silencio, mirando hacia cualquier lugar menos sus propios ojos. Estaban cansados, artos de sus propios orgullos y peleas sin sentido. Sabían perfectamente lo errados que estaban, que alejándose del otro no conseguirían nada.
Sanosuke fue el primero en entender la naturaleza de la situación, pero no le daría la victoria tan fácilmente a la chica, ella debía entender su interior y aceptar la realidad tal cual se le presentaba.
-Me voy- tomando su bolso nuevamente.
-Ándate, me da lo mismo-
-Me estoy yendo- indicó el castaño, tomando el picaporte en cámara lenta.
-¿Y?... ¿me tiene que importar acaso?- cerrando los ojos, dando la espalda al chico.
-¡Arg¡Por la misma mierda!- gritó molesto –Kitsune me tienes harto, ahora si que me voy-
Había abierto la puerta cuando una fuerte patada la cerró de un golpe, logrando que una leve brisa moviera los cabellos del joven.
Sanosuke estaba a punto de gritar la serie de palabrotas al oír "idiota" de la femenina boca. Sólo que al darse vuelta, encontró una mirada perdida, bañada en lagrimas y congoja, aprisionando el llanto en lo más profundo del ser.
Depositó el bolso en el suelo y acercó la joven a su cuerpo, dejando que esta descargara el dolor sobre su regazo.
Megumi sentía las lagrimas caer cual cascada sobre las mejillas. Saladas, duras, quemaban la piel tras ellas.
Otra vez su orgullo actuaba primero, evocando palabras sin razón, sin un sentimiento de por medio. Estaba cometiendo el mismo error de siempre, obligando a los sentimientos no ser partícipes de su vida.
Él separó el rostro de la chica un poco, limpiando las lágrimas con sus propios dedos. Observando el rostro hinchado, de quien no sabía como hacer hablar su alma.
-¿Por qué tienes que ser tan testaruda?- preguntó finalmente, analizando su reflejo en aquellos negros ojos.
-Porque así me quieres¿o no?- se aventuró a decir en medio de una extraña calma.
Él asintió esbozando una amplia sonrisa.
-Que bueno- dijo ella –por lo menos no soy la unica idiota enamorada-
Un rastro de dorada composición, decoraba los pisos del lugar. Puerta de entrada, sala de estar, comedor, incluso la misma cocina tenía aquel brillo de mar que ambos amantes habrían regado al pasar.
Había sido un huracán de besos, caricias, risas y cada palabra sin sentido que lograban emitir entre intentos por recobrar la cordura.
Sanosuke había logrado tranquilizarla. Conversaron durante horas mientras el sol se ponía, observando las nubes oscuras apoderarse del cielo y al fuerte viento, tomar control del oleaje marino.
Lo importante es que ella estaba tranquila y segura de cada decisión que tomaba. Es por eso que no le sorprendió cuando lo llevó a su cuarto, una vez comenzado el tifón, cuando el agua caía a raudales inundando las calles aledañas.
-¿Por qué no usamos mi pieza?- preguntó ante la decidida mirada de la chica.
-Porque es una pocilga- recordó que dijo –y mañana me haré cargo de limpiarla, no es correcto que me hagas dormir en ese basural-
Él sólo había sonreído divertido, contestando con un burlesco "sí mi vida", tratando de imitar aquellos viejos programas de comedias familiares.
Ahora se encontraban de pie ante una delicada ventana, cubierta por albas persianas que permitían el paso a cierta cantidad de luz, la necesaria para observar al otro en medio de sombras juguetonas.
Megumi trataba de observar la lluvia, logrando contemplar vagamente la espesura del patio y el vidrio cubierto de agua. Le gustaba sentir el aroma a humedad cubriendo todo cuanto tocaba, limpiando de a poco los poros de una piel hastiada de esconderse. Ahora vería la luz, a pesar de la lluvia y el fuerte tifón, su interior estaría en calma y conciente de sus actos. No más corazas, no más mentiras que sirvieran de excusa, sólo una comunión entre su corazón y aquello que conocía como mente.
-¿En qué piensas?- preguntó Sanosuke, tomándola delicadamente por los hombros, entregándole un protector abrazo.
-En varias cosas...- sonrió cerrando los ojos -¿Y desde cuándo tan pendiente de mis pensamientos?-
-Desde que cierta Kitsune le pegara una patada a la puerta con tal de no dejarme ir- la chica se ruborizó –lo genial, es que no tenía idea que fuera tan imprescindible- una pequeña risa se escapó por los labios del chico, mostrando aquella sonrisa que tanto agradaba a la chica.
-¿Imprescindible?- inquirió antes de girarse por completo y observar esa cara de travieso que ostentaba el castaño –esa no es la mejor palabra-
-¿A no?-
-No, irresponsable podría ser- Sanosuke la miró con desgano a lo que ella sólo sonrió de manera pícara –pero mi irresponsable-
Tímidamente, Megumi se elevó en sus puntillas alzando los brazos alrededor del cuello masculino. Con delicadeza acercó su rostro y rompió aquellos centímetros que los separaban.
Sus labios se unieron de manera calmada, saboreando cada minuto con prudencia. Iban a tomarse las cosas con calma, ambos estaban allí, con todos los sentidos concientes de aquel paso que daban. Ya no era una lucha por quien tenia la razón o por desahogar calurosas noches. Ese beso implicaba sus secretos más íntimos, el aliento que poco a poco traspasan al otro.
Con cuidado separaron las puertas de sus almas, observando al otro sin secretos que esconder.
Megumi sonrió con ternura.
-Parece invierno afuera- indicó ella, tomando la mano del chico y conduciéndolo hacia la ventana.
-Sí, pero el calor es peor este año- lentamente tomó la delicada cintura entre sus manos, acariciándola por sobre las ropas.
-Tienes razón- las femeninas manos atraparon las de Sanosuke, las cuales se aventuraban a seguir caminos prohibidos –pero se me ocurren varias maneras para pasar el calor-
-Kitsune- contestó falsamente asombrado, introduciendo una curiosa mano por entre las ropas de la chica -¿desde cuándo tan imaginativa?, anoche estabas más pudorosa-
-Porque anoche- comenzó a decir, girándose para atrapar la fuerte mirada masculina –temía decir cuánto te amaba...-
De un solo movimiento, Sanosuke había atrapado los labios de la chica, quien había conducido su lengua para danzar con la propia. Aquel beso era profundo, intenso, repleto de emociones caleidoscópicas en un mar de tibias caricias. Allí, unas manos curiosas bajaban por senderos recorridos con anterioridad, atrapando de memoria aquello que él escondía.
Sanosuke debió respirar por unos segundos.
Megumi tenía la vista fija en él, por un minuto él creyó verse reflejado en los ojos de un animal al acecho. Pero la delicadeza de aquella mujer, sólo intensificaba los deseos de tenerla entre sus brazos.
Ella sonreía peligrosamente, interrogando los ropajes de su acompañante, quienes delataban a su sospechoso de manera cruda y firme. Siempre de pie para cometer cualquier delito que desee.
Pero no se esperaba las manos expertas de quien estaba enfrente. Ellas la detuvieron con firmeza, deleitándose con la imagen frágil de una Megumi sin poder actuar a voluntad.
Fue Sanosuke quien sonrió maliciosamente esta vez, él era quien observaba la femenina figura con deseo, analizando la situación, ideando alternativas que lograran satisfacer sus más perversas fantasías.
Y le encantaba hacerlo.
Con un solo movimiento, había atrapado a la chica entre sus brazos, probando su cuello y apoyando aquella delicada espalda contra la húmeda ventana.
Megumi suspiró ante el frío contacto.
Había algo en ella que deseaba para sí nuevamente, algo que lograba romper con todos sus sentidos y razonamientos. Algo que se escondía tras la espesa cabellera negra y un cuello largo y fino.
Respiró en aquel lugar con cautela, estudiando cada latido y aliento que ella emitía. Aún así, la suave mezcla de jazmines y sal parecía envolverlo, incitando a probar más de ese perfecto cuello. Con cuidado, rozó sus labios por aquella piel de porcelana, delineando finos caminos con su lengua.
Ella gimió levemente, a lo cual él sólo pudo sonreír. Había atrapado aquel cuello con su boca, saboreando cada rincón, mordiendo cada porción de piel e investigando con sus propias manos, la tersa piel bajo las femeninas ropas.
Megumi trataba de hallar el minuto exacto en el que Sanosuke había desabrochado su traje de baño y encontrado el camino hacia su desnuda piel bajo la camiseta. Pero las hábiles caricias nublaban su razón, perdiéndose entre las toscas manos del luchador.
Sanosuke no se conformaba con aquella empresa, una de sus manos trataban de adelantar el trabajo, bajando por una delicada cintura hacia el borde de un ceñido jeans. Allí, el esfuerzo se vio detenido por un cinturón demasiado engorroso para ser abierto sin mirar.
-¿Para qué usas estas cosas tan apretadas en verano?- insistió el chico al tratar de quitar la prenda, usando las dos manos, dejando libre a la chica.
-Porque me gusta y toda mi ropa es así¿o prefieres que ande sin nada todo el día?- al observar la mirada tentativa el chico, Megumi frunció el ceño –ni lo pienses-
-Vamos, sería entretenido- sonrió de manera pícara.
-Claro, tu canal porno gratuito y en vivo-
-Yo no veo esas cosas- le dijo en tono molesto, obviando demasiado el tono de falsa ofensa.
Megumi sonrió divertida, conduciéndolo hacia la cama. La complicidad de sus miradas enfatizaban aquellas sonrisas libidinosas, aquellas que borraban sus palabras haciendo inútil el trabajo de ellas.
Sólo besos hacían camino por esas pieles, por esos cuerpos entrelazados sobre las sabanas. Una a una las prendas viajaban piso abajo, una a una fueron derribando murallas hasta encontrarse sin secretos, tal cual eran ellos mismos.
Sanosuke se alejó para observarla y sonrió, ruborizando las mejillas de la joven.
Con cuidado comenzó a descender por aquellos senderos, besando, probando, saboreando cada porción de piel. Su lengua, cual pincel, dibujaba el contorno de aquellos senos que tanto deseaba, los probaba, los succionaba cada vez que podía.
Sabía dónde reaccionaba el cuerpo de Megumi y sabía exactamente cómo. Aquel lenguaje hecho sólo para él y ella, aquel donde su lengua y boca saboreaba con hambre la suave piel de un busto hecho sólo para él.
Pacientemente esperó para seguir su camino, aquel que sus manos ya estaban preparando para él. Su abdomen, su ombligo, sus caderas, la piel alrededor de sus muslos eran dibujados por la cálida lengua, liberando gemidos en una Megumi demasiado extasiada para contradecir cualquier cosa.
Así que allí estaba él, con su rostro de pequeño observando su más preciado caramelo, sabiendo que cuando quisiera sería propio. Ella sólo separaba las piernas con cierto temor, aún con los ojos cerrados, tratando de idealizar la imagen del chico sobre su piel.
Fue cuando acercó su boca hacia ella, deleitándose con su aroma, probando pecaminosamente la delicada piel de la joven. Con cuidado comenzó a delinear la zona con su lengua, saboreando cada sector, introduciéndola cada cierto tiempo.
Megumi sólo emitía vocablos indescifrables, gemidos de placer hechos sólo para él. Sanosuke sonreía extasiado al verla apretar las sábanas con firmeza, mordiendo sus labios con ansia.
Ahora reanudaba la tarea, arremetiendo con mayor rapidez su lengua entre la intimidad de la chica, mordiendo lugares prohibidos y succionando la humedad que ella emanaba.
Fue con un sonoro gemido que Sanosuke detuvo su tarea, deleitándose con el sabor que ella poseía.
Megumi respiraba con dificultad, liberando las sabanas de sus manos y aquella castaña cabellera atrapada entre sus piernas. Con cierto rubor en las mejillas, observó al joven frente suyo, manteniendo la mirada de complicad entre ambos, sabiendo perfectamente como complacerlo de la misma manera.
Suavemente dio vuelta la situación, colocando a Sanosuke bajo su cuerpo mientras ella besaba los labios de quien deseaba más que a nada. Ahora era ella quien delineaba trazos de fuego por el cuerpo del luchador, era ella quien saboreaba cada gota de sudor y quien hacia producir gemidos roncos en un cuerpo excitado.
Con firmeza y movimientos rítmicos, Megumi aprisionaba la masculinidad del chico, jugando con su boca al saborearlo por completo.
Sanosuke podía sentir la calidez de esos labios sobre sí, cómo la humedad de una femenina lengua delineaba a lo largo su hombría. Ella sabía qué lugar succionar, cual aprisionar entre sus labios y cual masajear con una de sus manos. Sabía perfectamente como complacerlo y hacerlo sentir aquel derroche de humedad que él había brindado minutos atrás.
Él sólo gemía al sentir una mano curiosa, acariciar los músculos de su cuerpo tensado.
-Megumi yo...- trato de decir entre gemidos, sabiendo la cercanía de su clímax.
-Shh... si sé- indicó al separarse de él, posesionándose sobre el masculino cuerpo, rozando entre sus piernas aquel miembro atrapado aún por las manos de ella.
Sin embargo el juego no sería de esa manera, Sanosuke había planificado la situación distinta, más intima, más personal. El juego anterior sólo lograba aumentar los deseos por tenerla y ser uno, no iba a cometer el error de la noche anterior donde sólo el calor los hizo cómplices de sus jugarretas.
Y mirándola fijamente, ella sonrió ante la cálida mirada, besando sus labios al acostarse sobre las sábanas. Megumi lo observó tranquila, sonrojada, mientras separaba las piernas con delicadeza.
Primero masajeo los pliegues de su compañera, sintiendo la humedad en ella antes de posicionarse y entrar sin presiones, sin pensamientos que nublaran su visión. Estaba alerta, con la mirada fija en ella, sintiendo la calidez de su intimidad y la aceleración de ambas respiraciones a medida que ambos se unían completamente.
En un principio fue lento, con cuidado, una comparsa delicada, un vaivén exquisito. Sus cuerpos parecían hechos el uno para el otro, unidos hasta no tener principio o fin. Aquello era una danza increscendo, acompañada sólo por gemidos y respiraciones agitadas, cuerpos sudorosos que compartían una cama, una noche, una vida.
Fue ella quien llegó primero, siendo Sanosuke aquel que la sintió estremecerse entre sus brazos, para luego caer él mismo rendido sobre ella, girándose un poco para no aprisionarla con su peso.
Se veía hermosa, para él, ella completaba con creces todo aquello que había deseado alguna vez. Y era real.
"Te amo", le dijo sin pensarlo mucho, sabiendo que era eso aquello que venía intentando decir hacía mucho.
Megumi lo observó tímidamente, sonriendo, besando con cuidado esos labios tibios, respondiendo sin palabras, aquello que él sabía perfectamente. Su respuesta afirmativa.
Una vez que ambos se encontraban separados y cubiertos por las sábanas, la lluvia se detuvo afuera haciendo más fuerte el ruido del mar al chocar contra las rocas.
Sanosuke sujetó firmemente la cintura de la joven, haciendo que ella descansara sobre su pecho. No era que a ella le molestara, al contrario, poder juguetear sobre los marcados músculos de él, era algo que le encantaba. Además, siempre se había sentido protegida bajo esos brazos.
-Y pensar- comenzó a decir mientras besaba la femenina cabellera –que querías que me fuera-
Megumi bufó, peñiscando al joven por un costado.
-Idiota-
Él sólo rió divertido.
-Fin-
