Mientras que Atsutane descendía por la ladera del promontorio, apretó sus puños con rabia. Un gran remordimiento recorría la totalidad de su ser.

- Lo siento chaval. Pareces una persona noble, pero la situación es muy complicada y no me puedo fiar de nadie. – Por la mente de Atsutane se cruzó la imagen de su ex-Capitán. – Fue lo que dijo el Capitán Akaike.

A lo lejos, el humo seguía ascendiendo desde diferentes puntos del poblado. La batalla continuaba en Kushiro.

- ¡Esperadme amigos!

AMISTAD 03 - Kushiro en llamas I: Holocausto

Página de portada, con el título del capítulo y una imagen de un joven ensangrentado en brazos de Atsutane

El Distrito 48, el más extenso del Rukongai Sur, es un vasto territorio cuya capital, por así decirlo, es el poblado de Kushiro. Sus habitantes no son ricos, ni mucho menos, pero tampoco llegan al umbral de pobreza en el que se vive en los más bajos distritos.

Al norte de Kushiro se encuentra el bosque de Matsushima, una región que sirve de frontera con el Distrito 43. Al este y al oeste de Kushiro se levantan, orgullosas, dos hileras de montañas, que sirven de barrera natural con los distritos 41 y 51.

Sin embargo, al sur de Kushiro no hay ningún tipo de obstáculo natural, por lo que la entrada de las hordas del clan Shura fue limpia. El ataque había comenzado hace a penas 15 horas, a primera hora de la mañana.

Atsutane aceleró su marcha. Saltaba de un lugar a otro tratando de evitar los numerosos matorrales y árboles que se alzaban delante de él.

Al tiempo que superó los lindes del bosque de Matsushima, el sol comenzó a esconderse tras la hilera de montañas que se levantaban al oeste. La oscuridad comenzaba a cernirse sobre Kushiro, y sólo la luz de las llamas que abrasaban el poblado iluminaba la noche.

El correr de Atsutane fue desesperado. Mientras daba alcance al poblado, a su nariz llegó el olor a azufre que desprendían las columnas de humo negruzco que ascendían hasta el cielo sin medida.

La rabia invadió su cuerpo, y agarrando con todas sus fuerzas el morral que portaba, penetró en Kushiro a toda velocidad.

La división del poblado era muy sencilla. Un entramado de callejones alrededor de una calle principal que nacía en la plaza central, el punto neurálgico del poblado.

El centro de poder quedaba al oeste de la ciudad. Allí se encontraban los aposentos del gobernador, una pequeña fortaleza construida en roca, al contrario que la totalidad de Kushiro, que era de madera.

Atsutane avanzó a través de los primeros callejones del norte. Estaban completamente despoblados. La carrera del joven era desaforada, y en cuestión de minutos alcanzó la plaza central.

A pesar de que el fuego aún no había alcanzado la zona, la panorámica era terrible. Los heridos yacían en el suelo por doquier.

Atsutane se acercó a un joven de no más de 18 años, que se encontraba tendido en el suelo, convulsionando, y con una pequeña manta grisácea cubriendo su brazo derecho. Se arrodilló y depositó el morral junto al cuerpo del joven.

Las firmes manos de Arishima, libres ya de su carga, acariciaron el rostro del jovenzuelo, tratando de secar la sangre que lo mancillaba. Sus ojos reflejaban el horror de la guerra.

- Ofi… – Sus labios se encontraban resecos, y le costaba articular palabra. – Oficial Arishima…

- ¿Cómo te encuentras, Akihiro? – Le dijo el Oficial.

Las manos de Atsutame abandonaron el rostro del joven y, con cuidado, levantaron la manta que cubría su brazo derecho. Sus ojos alcanzaron a ver la extremidad cercenada del muchacho. El dolor invadió al propio Oficial, que cerró sus ojos de inmediato.

Alrededor de Akihiro, los cuerpos mutilados y heridos sumaban ya más de 50 unidades, más del diez por ciento del total de soldados de Kushiro.

El joven Akihiro trató de hablar de nuevo con Atsutane.

- Por favor... – La comisura de sus labios comenzó a teñirse de rojo. – Detén al clan Shura, Oficial.

Segundos después, la energía abandonó al joven, y la emisión de su luz vital cesó por completo en brazos del propio Atsutane.

Una pequeña perla cristalina nació en el lagrimal del Oficial, derramándose por su mejilla izquierda. Atsutane acomodó el cuerpo de su amigo sobre el firme de Kushiro, recogió el pequeño morral y se incorporó, clavando su borrosa mirada en dirección al fragor de la batalla.

Tras apretar su puño derecho con todas sus fuerzas, fruto de la rabia, salió corriendo en dirección sur. Según tomaba las diferentes calles, tenía que ir sorteando a los heridos que trataban de llegar hasta el pequeño campamento que se había formado en la plaza central del poblado.

En cuestión de segundos, alcanzó el frente de batalla. Las hordas del clan Shura ya habían penetrado en la ciudad, y su avance era lento pero constante.

Mientras un centenar de hombres repelían, cuerpo a cuerpo, las embestidas del ejército del Distrito 72, más de dos centenares de soldados aguardaban, varios metros detrás de la primera fila de combate, el momento oportuno para realizar una carga memorable sobre el enemigo. Entre ellos se encontraba el ex-Capitán Akaike.

La llegada a toda carrera de Atsutane fue detectada rápidamente por la retaguardia. La esperanza, ya apagada en ellos, renació cual Ave Fénix.

Akaike, que esbozó una amplia sonrisa cuando vio llegar a su antiguo subordinado, fue quien tomó la palabra en ese momento decisivo, al tiempo que alzaba su katana de madera en dirección al cielo.

- ¡Adelante soldados! – Tras dar la orden descargando su espada en dirección a las hordas enemigas, el ex-Capitán salió corriendo.

A él le siguieron lo más de doscientos soldados que aguardaban ardientemente ese momento. Momento en que la espada y la velocidad se alían para tratar de romper las filas enemigas.

Sin embargo, la unión entre el fervor por la llegada del Oficial Arishima, y el hecho de que éste se sumara a la batalla, propició que uno de los soldados que aguardaban la carga, no procediera a realizarla.

Como compensación, y viendo que el recién llegado se encontraba desarmado, hizo volar su katana de madera en dirección a Atsutane.

- ¡Haga buen uso de ella, Oficial!

Al tiempo que, sin vacilar, Arishima agarraba la katana en plena carrera, éste lanzó al soldado el morral que había portado la mayor parte del tiempo.

- ¡Llévalo a la fortaleza del gobernador y ordena a todos los que continúen con vida que se dirijan allí de inmediato!

La voz de Atsutane se perdió entre el fragor de la batalla, pero el soldado alcanzó a oír el mensaje completo. El Oficial se unió a la carga, libre ya del peso del morral, al tiempo que el soldado marchaba en dirección a la plaza central del poblado.

La tierra vibraba, como si estuviera expectante ante lo que iba a acontecer. El barro, el sudor y la sangre se mezclaron en una gesta épica. Cientos de pisadas enfurecidas tenían como único objetivo destrozar la línea enemiga.

Cuando la hilera de más de doscientos soldados, con Akaike y Atsutane a la cabeza, se encontraban a punto de tomar contacto con las fuerzas enemigas, los soldados aliados que todavía permanecían en pie en el cuerpo a cuerpo, se retiraron, dejando que el enemigo pudiera contemplar la belleza, y al mismo tiempo, ferocidad de aquel movimiento.

La sangre sobrevoló el campo de batalla. Las macizas katanas de madera, características de Kushiro, se clavaron sobre la primera línea de combate del clan Shura. Cientos de soldados fueron empalados por el ataque de los locales, que comenzaron a abrirse paso entre la multitud.

La katana de Atsutane se movía con presteza. Se balanceaba el tiempo justo para acuchillar a un rival tras otro, sin ningún tipo de piedad. A su mente venían aquellas palabras.

Flash Back

El joven Akihiro trató de hablar de nuevo con Atsutane.

- Por favor... – La comisura de sus labios comenzó a teñirse de rojo. – Detén al clan Shura, Oficial.

Fin del Flash Back

- Tengo que hacerlo. Por ti, Akihiro. – Entre cuchillada y cuchillada, los ojos del Oficial alcanzaron a ver al resto de compañeros. – ¡Por todos!

En ese momento, dos gigantescas bolas de paja envueltas en fuego sobrevolaron el campo de batalla, impactando sobre dos casas bajas. La madera facilitó que las llamas se propagaran.

El impacto hizo que las fuerzas de Kushiro vacilaran, momento que aprovecharon los invasores para ganar terreno.

Atsutane, presa de la sorpresa por el ataque aéreo, retrocedió, y tras tropezar con un pequeño pedrusco, cayó de espaldas, con tan mala suerte que una plancha de madera de una de las casas atacadas, cayó sobre el brazo con que sujetaba la katana.

Se encontraba bloqueado. Trató de zafarse del peso de la madera, pero las prisas obraron esta vez en su contra, y vio como uno de los soldados enemigos se había dado cuenta de la situación.

Espada de madera en mano, se dirigió hasta el Oficial. Alzó con fuerza su arma, y la descargó sobre él, con la esperanza de que el golpe fuera mortal.

Pero algo se cruzó entre ambos a toda velocidad. Como si un breve y contundente destello luminoso hubiera anulado por completo la oscuridad de la noche durante una milésima de segundo.

Los ojos de Atsutane alcanzaron a ver como una pequeña daga de madera había conseguido bloquear y detener la embestida del enemigo.

Entre ambos contrincantes se había interpuesto el joven que horas antes se había cruzado con el Oficial en el bosque de Matsushima.

- ¿Pensabas que te iba a dar la espalda como un cobarde, Atsutane? – El joven esbozó una amplia sonrisa mientras que repelía la katana de madera de su rival y le hacía retroceder.

Mientras que el Oficial lograba zafarse del tablón de madera, su joven salvador le tendió la mano.

- ¿Te encuentras bien? – Cerró los ojos y esbozó una sonrisa de lo más cálida y amigable. – Puedes llamarme Josuke Nakatoni, y es un placer haberte conocido.

TO BE CONTINUED