Sabía que su padre se comunicaría con ella antes de llegar al colegio, en eso iba pensando cuando de un vagón, salio un brazo que la metió dentro.

-¿Quieres matarme? – le grito a la persona que tenía enfrente de ella – te ayude a escapar y me pagas con un infarto – tenía la mano en el corazón y miraba furiosa al otro.

-Quiero pagarte de otra manera – dijo él – pero por lo que me has dicho tengo que esperar a que tu quieras recibir el pago – ella bufo y se giro para salir, pero el se lo impido evitando que abriera la puerta – Perdona, no era eso lo que quería decir… no te vayas.

-¿Qué quieres? – se sentó lo más lejos que pudo de el, cosa que no sirvió para mucho cuando él lo hizo a su lado.

-Bueno todo salio bien ¿No? – ella le miro sin comprender – Me refiero a que no sospecharon que tu o Robert tuvisteis algo que ver.

-No, al menos no dijeron nada. Cuando volvieron y no te encontraron se pusieron furiosos. Así que Regulus y yo nos apartamos de su camino. Tu madre… - no sabía si debía decirle lo que había dicho.

-¿Mi madre? – notando la incomodidad de la chica el sonrió – no te preocupes, dudo mucho que haya dicho algo que no he escuchado antes.

-Pues… que eras la vergüenza de la familia, un traidor a la sangre, que a partir de aquel día solo tenía un hijo… - el bajo la vista a sus pies, mientras ella entrelazaba su mano con la suya.

-Hace tiempo que solo tenía un hijo, no añadió nada nuevo ¿Te costo…¿Pudiste…¿Cómo se te ocurrió besar a Regulus? – ella le soltó la mano y se puso en pie rápidamente para mirarle de frente.

-¿Y a ti como se te ocurrió quedarte mirando? – le reprocho ella – Casi te pillo, el sigilo no es lo tuyo ¿verdad?

-¿Y lo tuyo es disimular? Vamos se empalma solo con que pases por delante de él y tu vas y lo besas, debió estar cascandosela una semana solo con eso. Si solo hubo eso…claro esta. ¿O también te has tirado a mi hermano? – se puso rápidamente delante de la puerta impidiendo que ella saliera – No tenía que haber dicho eso.

-No, no lo tenías que haber dicho. Apártate.

-Susan, yo… - ella intento empujarlo pero fue inútil, así que saco su varita y se la clavo en el pecho, el bajo la mirada hasta la varita, sonrió mirándola de nuevo a ella y con un movimiento rápido le sujeto la muñeca con una mano, mientras que con la otra le quitaba la varita.

-Dámela – le grito.

-¿Para que? Para ver si eres capaz de hacerme un agujero con ella – pregunto socarronamente, ella intento golpearle en la cara, pero tampoco le costo sujetarle el puño que iba destinado a él – Te noto un poco agresiva.

-¿Encuentras alguna diversión en hacerme sufrir?

-Ninguna – contesto el sinceramente – Tengo una boca muy rápida y dice cosas de las que luego me arrepiento, no quiero que te vayas enfadada conmigo.

-¿Qué importancia tiene? Nos hemos pasado un montón de tiempo ignorándonos – expreso ella – porque no volvemos a lo de siempre, así nos fue bien.

-No quiero ignorarte y desde luego no quiero que me ignores, me gusta hablar contigo.

-Entonces que quieres ¿Que seamos amigos¿Qué nos contemos nuestros secretitos? – dijo sarcásticamente.

-No veo porque no – contesto él ignorando su tono de voz - ¿Cuenta gente conoce lo de tus padres¿En lo que esta metido tu hermano¿Cómo es vivir con una familia que se denominan a si mismos sangre pura y al resto escoria?

-Sirius eso no te lo tenía que haber contado, no es problema tuyo.

-Pero lo hiciste, por tanto lo hiciste mi problema – ella se desespero se sentó de nuevo y le miro a él apoyado en la puerta.

-Se sincero conmigo Sirius, dime que de verdad quieres ser mi amigo, no que solamente estas haciendo todo esto, para poder llevarme a la cama. ¿Qué no quieres ser uno más de todos esos chicos que cuentan como se lo pasaron conmigo y lo servicial que soy? – el se sentó enfrente de ella.

-¿Quieres que te diga que no quiero sexo contigo? – ella afirmo con la cabeza sin despegar sus ojos de los de él – Veo difícil decirte que no quiero que follemos – ella suspiro y bajo la cabeza – pero…

-¿Pero? – indago ella volviendo a mirarle.

-También quiero estar cerca de ti, ser tu amigo, quiero ayudarte tal como tú y Robert hicisteis conmigo. Te debo mucho Susan.

-No me debes nada – afirmo ella.

-Si lo hago, y yo pago mis deudas.

-Así que quieres que seamos amigos porque piensas que tienes una deuda conmigo.

-Quiero que seamos amigos y punto – grito él – porque demonios lo tienes que analizar todo.

-¿Por qué me estas gritando? – chillo ella a su vez.

-Porque me sacas de quicio – gruño – ¿Por que te cuesta tanto aceptar que podemos ser amigos?

-No tengo amigos – finalizo ella.

-¿Cómo que no tienes amigos?

-¿Tú llamas amigos a todos los tíos que me piden de salir porque creen que van a mojar, si yo accedo a salir con ellos¿O a la mayor parte de las chicas del colegio? Que se piensan que si hablo con un chico es para quitárselo.

-¿Y tus compañeras de habitación? – quiso saber el – Sois seis chicas.

-Si. Y de ellas tres están locas por ti, por James o por Remus y a mi no me tienen mucho aprecio. Luego están Lily y Alice, que fuera de clase están en la biblioteca todo el día, y que guardan mucho de acercarse a mi o a las otras tres piradas.

-¿Has probado tu acércate a Lily o Alice? – pregunto Sirius.

-No ¿Para que¿Para que me rechacen? No gracias.

-Tal vez ellas no se han acercado a ti porque piensan que tú las vas a rechazar. Son buena gente Susan, no desprecian a los otros. Evans hasta defiende a Snape cuando el la insulta. La cuestión es, que me quieras o no ya tienes un amigo y al resto de mis amigos les caes bien. Y no – la corto él viendo que iba a abrir la boca – no les caes bien solo por él sexo – ella soltó una carcajada por la cara de desesperación de él.

-Vale – admitió ella – podemos intentar ser amigos.

-Eso me gusta – contesto mientras le devolvía la varita y ella salía del vagón – Susan – se giro para mirarlo – No voy a dejar de intentar llevarte a mi cama – ella rió.

-No esperaba menos de ti.


Sirius volvió junto a sus amigos que después de que ya hubiese pasado la señora del carrito se estaban comiendo todo lo que habían comprado y hablando sobre el equipo de quidditch de Gryffindor, que capitanearía James.

-Tengo una amiga – dijo Sirius – sentándose junto a Peter y cogiendo una rana de chocolate.

-Tienes varias amigas – contesto Remus – varias muchas, a decir verdad y muchas más que quisieran ser tus amigas.

-No, no esa clase de amiga – explico el moreno.

-¿De que otra clase ahí? – pregunto Peter.

-¿Qué amiga es esa tan especial? – interrogo Remus.

-Susan Tanrof – contesto James por el, recibiendo una sonrisa por parte del moreno.

-¿Susan¿En serio? – Remus parecía incapaz de creérselo.

-Si, me ayudo a escapar este verano y he decidido que va a ser nuestra amiga.

-¿Qué quiere decir nuestra? – interrogo Peter - ¿La vamos a compartir?

-A veces me pregunto que tienes dentro de la cabeza Peter – James lo miraba como a un bicho raro – quiere decir que será amiga de los merodeadores y eso antes de que lo preguntes, no significa que pasara de la cama de uno a otro.

-Es más – siguió Remus – tengo la sensación de que no volverá a pasar por ninguna de nuestras camas.

-Exactamente – afirmo Sirius sonriente – de ninguna de las vuestras.

-De las nuestras no, pero de la tuya si – indico el licántropo con una sonrisa.

-Ese es el plan, pero ella esta un poco rehacía a cumplirlo, creo que no se le dan bien las normas, aun así es el plan.

-Por mi no te preocupes amigo – siguió James – yo le soy fiel a Lily.

-Por mi tampoco ahí problema tío, – añadió Remus – yo también le puedo ser fiel a Lily – término haciendo reír a todos menos a uno.

-Eh – protesto James – no puedes serle fiel a Lily, ella me pertenecerá algún día como Susan a Sirius.

-Oye que yo no hablaba para nada de serle fiel a nadie – declaro el moreno – solamente de una amistad.

-Puedo serle tan fiel a Lily como tu James, porque me hace tanto caso a mí, como a ti, es más, yo hasta apostaría que me lo hace más a mí – declaro Remus.

-Yo no hable nada de pertenecer tampoco – siguió el ignorado moreno.

-¿Qué quieres decir que te hace más caso a ti que a mí? Sirius dile que eso es mentira.

-¿Yo a quien le soy fiel? – pregunto Peter consiguiendo que todos menos el rompieran en carcajadas.


En cuanto se bajo del carruaje, corrió hacia dentro del castillo donde se encontró a una de sus profesoras.

-Señorita Tanrof, sabe que no debe correr por los pasillos – le regaño.

-Perdón profesora McGonagal, no era mi intención.

-Seguro que no – la miro acusadoramente – y estoy segura de que tiene una buena razón.

-En realidad… - empezó ella.

-Y esa buena razón señorita Tanrof, se encuentra en su despacho ahora mismo, así que no se que hace aquí dándome excusas baratas, en vez de ir hacía allí.

-Si profesora. Gracias – dijo mientras comenzaba a correr de nuevo.

-Andando señorita Tanrof, andando – y fue justo lo que hizo hasta que doblo la esquina y volvió de nuevo a correr.


-¿Alguno más piensa que este sombrero cada año se enrolla más? – pregunto Remus.

-Estoy hambriento – protesto Peter – y aun no ha empezado la selección.

-¿Pero cuanto tiempo lleva cantando este maldito sombrero? – alego James.

-No acostumbro a estar de acuerdo con vosotros – empezó cierta pelirroja – pero lleva casi dos horas, creo que tal vez a los objetos mágicos la edad les afecte y a este se le empiece a ir la pinza.

-O tal vez pasa demasiado tiempo encerrado en el despacho a solas con Dumbledore – refuto Sirius que tenía los brazos cruzados en la mesa y la cabeza metida entre ellos.

-Da igual la razón – comento Lily – pero se me empiezan a cerrar los ojos.

-Peter – llamo James – cámbiame el sitio, así Lily puede utilizar mi hombro como almohada.

-No te molestes Potter. Estoy dormida no drogada – Sirius escondió más la cabeza entre sus brazos para que su amigo no lo viera reírse.

-¿Sabéis si este año el profesor Tanrof no va a impartir clases? – pregunto Alice – no esta sentado en la mesa de profesores, aunque ahí un sitio vació – Sirius levanto la cabeza y miro hacía donde la chica decía, luego busco por su mesa en busca de Susan a la que no encontró.


Susan llamo desesperadamente a la puerta hasta que se abrió y con una sonrisa se echo al cuello de su padre, que la recibió con una carcajada e intentando mantener el equilibrio.

-Te he extrañado mucho cariño – le dijo una vez ya dentro de la estancia sentados en un sofá.

-Y yo a ti. ¿Por qué no me llevaste contigo? – pregunto ella algo picada.

-Porque no podía, si tan siquiera lo intentaba tu madre usaría todos los abogados que tuviera a su mano para impedirlo Me amenazo con enviarte lejos. ¿Tan malo ha sido? – interrogo el cariñosamente.

-Esta furiosa papa. Solamente sabía decir que ya no estabas tú para que yo hiciera todos mis caprichos. Y Robert…

-No quiero hablar de tu hermano – grito su padre levantándose furioso – creía que tenía dos dedos de frente, pero por lo que se, ve me equivocaba. Tu madre debe de estar orgullosa de lo que se ha convertido.

-Lo esta papa. Pero él no. El…

-Me da igual, si el decide seguir al lado de ese engendro, yo puedo negar que tengo un hijo.

-Papa – protesto ella – es de Robert de quien hablas.

-Se de quien hablo Susan, y no me empieces a contestar ahora tu también. ¿A caso piensas que esto es lo que yo quería para vosotros? Pero esa estupida mujer y sus ideas. Tenía que haber parado esto hace mucho tiempo, es culpa mía…

-No digas eso – dijo ella abrazando su cintura – no es tu culpa.

-Si lo es – contesto devolviéndole el abrazo - Ame tanto a tu madre que me cegué yo mismo, siempre pensé que cambiaría, pero me equivoque. Y ahora debo de hacer algo al respecto.

-¿Qué vas a hacer? – el miro el rostro serio de su hija.

-Nada que deba de preocupar a esa cabecita tuya – contesto dándole golpecitos en la sien – Lo importante es que cuando termines este año serás mayor de edad y no tendrás que cumplir con los mandatos absurdos de tu loca madre.

-Que lastima – objeto ella con cara de niña buena – y yo que pensaba que me casaría con un gran hombre de sangre pura…. Una pena tendré que hacer mi vida como me de la gana.


Estaban ya sentados en la sala común de su torre, eran los de séptimo, los mayores, así que se quedarían hasta la hora que le diera la gana, aun cuando lo habían echo años anteriores, este años eran los amos, al menos hasta que Evans bajara y los mandara a la cama como si fueran unos niños.

-¿Qué hora es? – pregunto Sirius.

-Las doce y veinte de la noche – contesto James – cinco minutos más que la última vez que preguntaste ¿Te ha entrado una obsesión por la hora?

-¿A mí? Para nada ¿Por qué lo dices? – su mirada no se movía del retrato.

-¿Crees que el retrato se puede abrir con tu mente? – Remus siguió la mirada de su amigo.

-¿Hacéis unas preguntas un poco estúpidas? – contesto mosqueado.

-Debe ser un referente al sector masculino de séptimo – refuto una voz desde las escaleras.

-Lily – llamo James – ¿Has venido a darme mi beso de buenas noches?

-Es la primera noche, y si McGonagall os pilla aquí tan tarde nos va a bajar puntos.

-¿Es eso lo que te preocupa? – James se había levantado y acercado a ella – o ¿Acaso temes que no descanse lo suficiente y me enferme?

-Ya estas enfermo Potter.

-Enfermo de amor por ti Lily.

-Enfermo sin mas – añadió ella e iba a decir algo más cuando el retrato de la Dama Gorda se abrió y una chica paso por él, todos la miraron y ella camino hacía las escaleras sintiéndose un mono de circo.

-Buenas noches – fue todo lo que dijo.

-Espera Susan que subo contigo – llamo la otra chica – y vosotros ir pensando en ir a vuestra habitación.

-Susan – la aludida miro al moreno que la había llamado - ¿Todo bien?

-Todo perfecto, gracias – y subió con la pelirroja hacía su habitación.

-¿De donde vendrá a estas horas? – comento Remus - ¿Y no os parece extraño que Evans no la regañara por estar fuera a estas horas?

-La verdad es que si – confirmo Sirius – a lo mejor tu pelirroja se esta volviendo rebelde.

-No es tan raro – añadió James volviendo a sentarse – McGonagall nos aviso a Lily y a mi después de la cena que ella estaría con su padre, y que era posible que llegara bastante tarde a la torre.

-Sabías eso y no me lo dijiste – Sirius intento golpearle suavemente, pero el otro esquivo el golpe.

-¿Por qué amigo¿Estabas preocupado¿O tal vez ya no te interesa saber la hora que es?

-Paso de ti. Remus despierta a Peter y vamos a dormir, antes de que le pegue un puñetazo al bocazas este.


Un mes, ya llevaban un mes de clase y el seguía a dos velas. Y no era porque ninguna se lo hubiese propuesto, más bien era porque no le apetecía estar con ninguna. Y que razón podía tener él para rechazar a una chica bonita, esa era una buena pregunta ¿cual era la razón?

El primer fin de semana a Hogsmeade había llegado y el no tenía ninguna cita, parecía imposible, pero era cierto, completa y ciertamente cierto, tal vez estaba acabado, sus hormonas tal vez ya no se revolucionaban como antes. Pero no se podía decir lo mismo con su sangre, porque en ese momento le estaba empezando a hervir viendo a Susan hablando con Avery, una maldita serpiente, muy entretenidamente, se acerco despacio hacía ellos.

-¿Cuál es tu repuesta entonces? – pregunto el posando una mano en la pared que ella estaba apoyada.

-Te agradezco mucho la invitación, pero lo siento, no puede ser.

-Me decepcionas Susi. Es porque soy de Slytherin, temes que los rumores de que después de estar con un Slytherin, ya no quieres al resto sean verdad. Porque cariño, conmigo, lo son – Susan se hubiese reído si la colonia que el usaba no le revolviera el estomago.

-Discúlpame Avery, pero no será posible. Y en el futuro te agradecería que ese, cariñoso diminutivo, con el que me has bautizado, te lo ahorrases – le dijo alejándose de él, que la siguió, estaba claro que esta vez no se iba a escarpar tan fácilmente.

-Nena después de lo que yo te voy a dar, estoy seguro que me suplicaras que te llame Susi.

-Los Slytherins sois totalmente idiotas – Susan miro hacía donde provenía la voz, vio a Sirius cómodamente apoyado en la pared, con la manos metidas en los bolsos de sus pantalones y un pie apoyado en la pared – Avery, Avery, Avery, que mal aceptas el rechazo.

-Ella no me ha rechazado Black y ahora lárgate que esto, no es asunto tuyo.

-En realidad si es asunto mío, chico – la última palabra parecía haberla dicho como si estuviera tratando con un niño pequeño, al que había que darle una lección – porque ella te ha rechazado, y por que ella – volvió a recalcar - es una Gryffindor, tiene categoría tío, peligri, no se rebaja a una sucia serpiente.

-¿Quieres problemas Black? – Sirius se separo de la pared y se acerco peligrosamente al otro chico.

-Es posible. ¿Y tu Avery¿Los quieres? – dijo con una sonrisa peligrosa en su rostro, se miraban uno al otro sin tan siquiera pestañear.

-Esto es ridículo – clamó Susan – Avery no voy a salir contigo y se acabo. Sirius vámonos – tiro del brazo de él, que no puso inconveniente en dejarse llevar, pero eso si, yendo de espaldas sin perder al otro de vista y sin dejar de sonreír. Cuando doblaron la esquina Susan lo soltó y siguió caminando.

-Oye, espera – protesto Sirius siguiéndola cuando vio que ella no le esperaba – no hace falta que me des las gracias, pero al menos podías detenerte un momento - y fue lo que hizo, girarse y frenar en seco, lo que provoco que Sirius casi se estrellara contra ella.

-¿Darte las gracias¿Porque? Yo sola me hubiese librado de él, lo hago todas las semanas Sirius – el otro intento decir algo, pero ella no le dio tiempo – pero el gran e inteligente Sirius Black tenía que venir a meterse – el abrió la boca y la volvió a cerrar cuando se dio cuenta de que ella iba a continuar – no podía evitar una pelea, como últimamente debe estar aburrido, tiene que buscar peleitas, para sentirse más hombre. Pues sabes listo, esas peleas provocan que nos bajen puntos a nuestra casa, que… - no siguió hablando. No podía hacerlo, tenía al chico besándola y a ella respondiendo al beso como si la vida le fuese en ello. Ni siquiera se dio cuenta que estaban andando hasta que noto la pared contra su espalda. Y como había ocurrido la otra vez, perdió todo pensamiento que no fuera el, lo que él hacía. Lo mucho que la excitaba, cuando sintió sus manos subir en una caricia por sus piernas hasta llegar a sus nalgas, decidió no quedarse atrás, quería que pasara y lo necesitaba ya. Así que llevo sus manos rápidamente al cinturón de él, pero antes de que pudiera desabrocharlo, el detuvo su mano.

-Vamos a mi cuarto – dijo con la voz ronca – no es que no me gusten los espectáculos públicos, ni que me preocupe que alguien nos vea, pero este pasillo es bastante transitado y hasta tu padre puede pasar por aquí.

-No… no… no puedo ir a tu cuarto – señaló ella alejándolo de su cuerpo.

-Claro que puedes, si ahí alguien, ya me ocupo yo de echarlo. Vamos – el intento sujetarle la mano, pero ella se alejo más de él.

-No puedo Sirius –fue lo último que le oyó porque cuando se quiso dar cuenta ella ya estaba corriendo.

– Me va a volver loco – gruño viéndola correr.