Sirius acudió junto a la casa de los gritos para reunirse con la persona que le había enviado la nota.
-Tenía miedo de que creyeras los rumores sobre la casa y no te acercaras a ella. ¿Cómo estas Sirius? – el animago sonrió y estrecho la mano del que le hablaba.
-Bien. Muy bien Robert ¿Y tú?
-Digamos solamente que estoy. Gracias por venir.
-No tienes nada que agradecerme. Pero no puedo negar que me sorprendió que me citaras aquí.
-Tengo un problema, no me puedo acercar a Hogwarts y necesito entregarle algo a mi padre ¿Puedes dárselo tu? – saco un sobre arrugado de su túnica.
-Claro no ahí problema. ¿Va todo bien? – pregunto cogiendo el sobre y guardándoselo.
-No también como debiera. Pero no me puedo quejar. Ahora tengo que pedirte un segundo favor – el chico parecía incomodo y Sirius pudo apreciar como sus ojos miraban todo el tiempo alrededor.
-Dime. Lo que quieras. Pídemelo.
-Si crees que no lo puedes hacer. Solo dímelo no pasa nada.
-Si no me dices que es, no puedo decirte nada – contesto Sirius riendo, risa que no contagio a su compañero.
-Necesito que me prometas que cuidaras de Susan – Sirius no había esperado que le pidiera eso. Y cuidar de ella y alejarse de ella, eran totalmente incompatibles – da igual – contesto rápidamente Robert al notar el silencio– no te lo tenía que haber dicho.
-No. No. Lo haré. Solo es que tu hermana es… un poco difícil.
-Lo sé – contestó Robert – creeme que lo sé.
Odiaba la maldita clase de adivinación, ni siquiera sabía porque asistía a ella. Se suponía que la había cogido porque sería una asignatura fácil, pero de fácil no tenía nada, por más que ella mirara la puñetera taza de te, en el fondo de ella no veía más que eso, el resto del te. Otros deberes más inventados…
-Muy entretenida te veo – miro a quien tenía enfrente y regreso su vista a la taza.
-Porque no haces algo útil Potter y me dices Qué ves aquí - pregunto alargándole la taza.
-Una muerte inmediata – contesto muy seguro James.
-¿En serio? – pregunto la chica mirando detenidamente la taza.
-No, pero a la profesora le encantan esas cosas.
-Ósea que me invente los deberes – termino ella.
-Exactamente. Si es que eres una chica muy lista, sin eludir una de las más guapas del colegio y una gran amiga – ella levanto una ceja al mismo tiempo que lo miraba.
-¿Qué quieres? Si tiene algo que ver con Lily ya te puedes ir olvidando. Me llevo muy bien con ella y con Alice ahora, para que tú me lo estropees.
-Que mal pensada eres – se defendió el chico haciéndose el ofendido – vengo hasta aquí a preocuparme por ti y tu me menosprecias de esta manera. No esperaba esta decepción por tu parte – ella se reclino más en la silla y lo miro mientras cruzaba sus brazos – ¿No ha colado?
-Va a ser que no.
-Está bien. Necesito un pequeño, pequeñito, vamos mínimo favor.
-¿Tiene algo que ver con Lily? – pregunto ella.
-No, nada que ver con la pelirroja. Solamente contigo.
-Cuando antes me querías llevar a la cama, lo solías hacer mejor – el se rió.
-Nena – se acerco más a ella y comenzó a susurrar – si te quisiera follar, ahora mismo estarías ya abierta de piernas, suplicando por más.
-Los tíos tenéis el ego en los calzoncillos, y todos, muchísimo más grande que lo que esconden – grito ella recogiendo sus cosas, pero el lo evito cogiendo sus manos.
-Perdona – volvió él a susurrar – no tenía que haber contestado eso. No quiero follar contigo.
-Quieres dejar de utilizar esa palabra – refunfuño ella – la odio.
-Vale, de acuerdo. No quiero hacer el amor contigo. ¿Mejor? – ella le miro como si se hubiese vuelto loco – ¿Y si empezamos de nuevo? Remus –llamo a su compañero que en esos momentos pasaba por allí -. ¿Qué tal colega? – le dijo mientras le pasaba una mano por el hombro – esto va muy mal.
-¿Te ha dicho que no? – interrogo el licántropo y posteriormente miro a la chica – ¿le has dicho que no?
-Hasta ahora a dicho que no quiere follar conmigo. Perdón – se disculpo – que no quiere hacer el amor conmigo.
-¿Y eso que tiene que ver? – el castaño miro al de las gafas confundido - ¿Y porque le has preguntado eso?
-No lo hice – se defendió – ella lo interpreto mal.
-Lo haré yo – dijo el chico derrotado.
-Debe de estar con la regla, así que no creo que quiera follar contigo tampoco. No, no quiero decir hacer el a…
-Cállate James – grito su amigo mientras corría detrás de la chica y la detenía –Susan todo es mucho más fácil, que todo lo que el, lo ha complicado. De verdad- insitito cuando vio que ella no se detenía – hoy es el cumpleaños de Peter y vamos a ir Hogsmeade a celebrarlo, todos llevaremos una chica, pero Peter no ha conseguido que ninguna le diga que si.
-Sigo sin ver donde encajo yo en eso.
-Te lo va a venir a preguntar a ti. Seremos tus esclavos durante el tiempo que quieras.
-Lo que nos pidas – siguió James – pero es su cumpleaños y todas le han dicho que no.
-No sé – murmuro la chica – no me parece bien.
-Solo lo tienes que acompañar, ser su cita – Remus la miraba suplicante.
-¿Nada más? – pregunto ella.
-Nada más – contesto James seguro – salimos, cenamos, lo pasamos bien, volvemos al castillo, cada uno a su camita y el feliz porque por fin consiguió una cita. Solo eso. Palabra de merodeador.
-Está bien. Pero me debéis una muy gorda.
Y era más que gorda la que le debían porque se les había olvidado comentarles que las citas que Sirius, Remus y James tenían eran con sus compañeras de habitación con las que, por cierto, no se llevaba nada bien, por no decir que no se llevaban. Ella se había vestido con una minifalda y una camiseta algo ajustada y escotada, y aun así la ropa de sus compañeras era una cuarta parte más pequeña que la que ella llevaba, y eso era mucho.
Fueron a cenar a las tres escobas, Peter soplo la tarta de cumpleaños, feliz y emocionado mientras Sirius y su tonta acompañante se metían la lengua hasta la faringe. Y como había ocurrido en los últimos días había ignorado totalmente su presencia.
Cuando Peter termino de soplar las velas se disculpo y se fue al baño, antes de que terminara vomitando en la tarta del pobre Peter.
Se echo agua fría en su rostro y se miro en el espejo, esperaba que la fiesta no tardase mucho en acabar, ya que no sabía cuanto aguantaría viendo a Sirius con su pareja sin contar que además tendría que escuchar como las tres hablarían de ello, una vez en la habitación. Volvió a mojar su cara un par de veces más y cuando volvió a mirar en el espejo, se llevo el susto de su vida.
-¿Qué haces ahí? – pregunto mirándolo a través del espejo, mientras su corazón volvía a su ritmo normal de nuevo.
-Tardabas. Vine a ver si te encontrabas bien – contesto serio.
-Es el cuarto de baño de mujeres Sirius. No puedes entrar aquí.
-Como poder, esta claro que puedo – ella se giro apoyándose en el lavamanos para verle de frente.
-Quiero decir, que no esta bien que estés aquí.
-Tampoco esta bien que tú salgas con uno de mis mejores amigos – contesto él acercándose a ella y colocando sus manos a cada lado del lavabo en que ella se encontraba.
-¿Por qué no esta bien? – ella levanto su barbilla desafiándole.
-No tengo ni las más mínima idea – confeso.
-Sirius me estas empezando a volver loca – susurro mientras bajaba su rostro.
-Conozco la sensación – le dijo él al tiempo que le alzaba la cara con un dedo bajo el mentón y la besaba salvajemente de la misma manera que ella respondía.
Las manos de él no paraban de recorrerla, por sus pechos, su trasero, levanto su falda, la alzo y sentó sobre el lavamanos al mismo tiempo que se metía entre sus extremidades y la apretaba contra la protuberancia entre sus piernas, ella solo podía aferrarse a sus hombros, se sentía perdida con él.
Y ninguno de los dos noto la presencia de otro chico regordete que los miraba desde la puerta.
Sirius era asfixiante, ese era el único adjetivo que le podía dar, sus caderas se movían contra sus muslos abiertos, al mismo ritmo que su lengua se movía en su boca. Se arqueó en sus brazos con los ojos cerrados y un leve gemido en la garganta, cuando el abandono sus labios, ella le mordió la curva donde el cuello se unía al hombro.
-Solo eres una maldita zorra – las palabras los sacaron de su nube, para ver a la supuesta pareja de Sirius lanzándoles insultos desde la puerta – tu golfa, él es mío, vino conmigo, pero tu tienes que tener los chicos de las otras. Eres …
-Ten cuidado con lo que dices – Sirius la miraba furioso, sin permitir que Susan se moviera de donde estaba, ella solo escondía la cabeza en el pecho de él – te puedes arrepentir.
-¿Qué ocurre? – pregunto James al tiempo que esquivaba a la chica que se iba corriendo – oh vaya – dijo mirando la escena delante.
-Las chicas se han ido – informo Remus - ¿Qué a pasado? – y puso exactamente la misma cara que James.
-¿Queréis palomitas? –exclamo el moreno.
-Sirius déjame bajar al suelo – susurro Susan, el se alejo, la chica recompuso su ropa – me podéis dejar un minuto a solas, los tres. Por favor – rogó mirando a Sirius que salio y esta vez si cerró la puerta.
Lo que no se podía negar es que había sido todo un espectáculo, y estaba casi segura de que lo ocurrido no iba a mejorar la opinión que tenían sus compañeras de ella. Dudaba mucho de que ahora se pudieran hacer amigas.
Salio y encontró a los cuatro chicos en silencio sentados aun en la mesa, en cuanto la vieron se levantaron y volvieron de nuevo al castillo. No se podía negar que había sido un cumpleaños inolvidable. Y aun quedaba lo peor, porque al cruzar el retrato de la Dama Gorda, se dieron de bruces con una pelirroja furiosa.
-¿Sabéis en el lió en que estáis metidos? – los había sentado en los sillones y ella paseaba de un lado a otro con sus brazos detrás de su espalda.
-No estoy muy seguro – dijo James - ¿Por qué estamos en un lió?
-¿Por qué? – grito Lily – tal vez por escaparse de noche a celebrar un cumpleaños, cuando no tenéis permiso para salir.
-¿Y tu como sabes que fuimos a celebrar un cumpleaños? – esta vez fue Sirius quien pregunto.
-Nuestras queridas compañeras – dijo mirando a Susan – han vuelto contando muchas cosas. Deberías mantenerte alejadas de ellas una buena temporada.
-Algo me imaginaba ya – contesto – pero, si nadie más se ha enterado, no pasa nada Lily.
-Claro que pasa – chillo, al final iba a tener más miedo de ella que de sus compañeras – si os llegan a pillar nos bajarían muchísimos puntos y ya tenemos bastantes con los que perdimos por vuestra bromita a Snape.
-A que molo – dijo James con una sonrisa que desapareció al ver como los ojos verdes de la chica se oscurecían – no molo. Estuvo mal. Muy mal.
-Vamos a hacer como que esto no pasó. Porque yo como premio anual os debería bajar puntos.
-¿Según esa regla de tres yo me debería bajar puntos a mi mismo?
-James – llamo Remus – por esta noche no preguntes más.
-Ahora todos a sus respectivos cuartos y a dormir – cuando Susan se iba a levantar, Sirius se lo impido – Susan a dormir – y volvió de nuevo a intentarlo, volviéndose a quedar sentada de nuevo.
-¿Quieres que me hechice? – casi grito ella.
-Black suéltala – ordeno la otra chica.
-Tengo que habla con ella – recibió una de las miradas asesinas de la pelirroja, de la que paso bastante – solo serán cinco minutos. Necesito aclarar algo con ella.
-Cinco minutos – ordeno la chica subiendo por las escaleras.
El la sujeto del brazo y subió con ella las escaleras hacía su cuarto. Los otros tres se estiraron en los sofás de la sala.
La empujo dentro del cuarto, cerro la puerta nada más entrar el y antes de que ella tuviera tiempo a decir nada la beso, presionando todo el cuerpo de la chica contra el suyo, un gemido ronco fue lo único que escucho por parte de ella.
Le quito la camiseta rápidamente, bajo la cremallera de su falda y la dejo en ropa interior. Al tiempo que el se sacaba su camisa por la cabeza e igual de rápido se quitaba los pantalones.
La tumbo en la cama al tiempo que se posicionaba sobre ella que noto su miembro erecto contra su pelvis.
No recordaba haber estado tan excitada antes, Sirius era salvaje, brutal y ella se comportaba de igual manera, sintió como le rasgaba su sujetador, sus bragas y eso la excito más aún, sus manos fueron a la goma de sus calzoncillos bajándoselos.
-Quiero follarte – gruño en su oído acomodándose en la unión de sus muslos abiertos y ella deseaba que lo hiciera, tampoco que le dolía, tuvo miedo de lo que sentía y apoyó las manos en sus hombros, como si quisiera mantener una breve distancia entre ellos, pero él no se lo iba a permitir, sabía que si la dejaba pensar una décima de segundo volvería a huir de él de nuevo, le sujetó las manos con una suya y las levantó por encima de su cabeza, mientras que con su otra mano coloco su miembro para colarse en ella.
Cuando entro en ella de una sola estocada, la oyó gemir, se detuvo un instante, apoyando la frente húmeda contra la de ella.
-No sabes cuantas veces he pensado en esto - pero ella no estaba para pensar, solamente quería que se moviera y se lo hizo saber moviendo la cadera – dame un minuto nena. Solo de pensar en que estoy dentro de ti, siento deseos de correrme – y ella le respondió con un gemido. El empezó a entrar y salir dentro de ella rápida y fuertemente, tanto que lo único que podía hacer ella fue cerrar las piernas en torno a las suyas, levantando sus caderas para seguir el ritmo – abre los ojos – le pidió él – quiero que me mires cuanto te corras – y ella así lo hizo. Y con un movimiento de las caderas de él que la hizo arquearse, la llevó hasta un clímax que la hizo gritar de éxtasis exclamando su nombre, mientras el no fue capaz de contener el leve grito que escapó de su garganta.
Exhaustos esa era la palabra que los describía a los dos en ese momento, Sirius se había quitado de encima de ella posando su espalda en el colchón y atrayéndola a ella sobre su cuerpo, que coloco su cabeza en su hombro cerrando los ojos. El tenía una sonrisa estupida en su boca, su nombre era el que había salido de sus labios, era suya le pertenecía, suya, y ese pensamiento le asusto.
-Sirius – susurro una voz, el chico había cerrado los doseles de su cama y ahora alguien lo llama fuera – Sirius – el prefirió ignorar la voz y abrazar al cuerpo caliente que se movía junto a él, abrió los ojos y la vio mirándole.
-Buenos días -saludó él con voz ronca por el sueño.
-Hola – fue lo único que ella dijo mientras se estiraba.
-Chicos – volvió la voz.
-¿Qué? - gruño Sirius, se aseguro de que ella estuviera bien tapada antes de correr los doseles – ¿no tenéis nada mejor que hacer?
-Bastante más – dijo James mosqueado por el tono del otro – como por ejemplo ir a desayunar, a clases.
-Por Merlín – grito ella mirando la hora en el reloj de Sirius – es muy tarde y aun tengo que ir a ducharme.
-Tranquila fiera – la sujeto Sirius antes de que saltara de la cama.
-Puedes ducharte aquí – comento Remus – Evans ha venido antes y te a traído tu uniforme.
-¿Estaba enfadada? – pregunto.
-No estaba contenta que digamos – siguió James – aunque si te sirve, no estaba contenta con ninguno. Lo que me recuerda Sirius que deberías disculparte con Peter, te has tirado a su cita.
-Mierda – rumio Sirius – si os vais os lo agradeceríamos, para que nos podamos duchar.
-¿Juntos?
-Fuera James – cuando la puerta se cerró la chica engancho la sabana y corrió al baño, mientras Sirius la miraba. Tal vez no era mala idea que se ducharan juntos, ahorrarían tiempo.
Pero tiempo no ahorraron, ya que se quedaron sin desayunar y llegaron por los pelos a la clase de pociones.
-Lily – llamo Susan sentándose junto a ella - ¿Me has guardado el sitio?
-¿Tú sabes lo que son cinco minutos? – pregunto exasperada.
-Lo siento. De verdad te juro que si hubiera pensado que subía para eso, no hubiese ido.
-Seguro – afirmo la pelirroja – te hubieses venido conmigo a dormir.
-Lo hubiese echo – confirmo la morena recibiendo una mirada de incredulidad por parte de la otra –. En serio. Sirius es un peligro y lo de anoche no debió de haber pasado.
-¿Acaso lo pasaste mal? – pregunto sarcásticamente.
-No. Al contrario. Pero llevo enamorada de él desde hace mucho y sabía que si me acostaba con él, el sentimiento aumentaría y así ha sido. Porque creo que nunca lo he querido tanto como ahora mismo.
-¿Y cual es el problema? – quiso saber la otra sin dejar de apuntar en su cuaderno.
-Que me va a romper el corazón – la chica dejo de escribir y miro a la morena que se encogía de hombros, después miro al moreno sentado unas mesas más atrás junto a Peter.
-Tío siento lo de ayer – dijo Sirius a su amigo.
-¿El que? – pregunto como si no supiera de lo que hablaba.
-Lo de Susan. Tenía que haber hablado contigo antes.
-No importa. Total yo no iba a conseguir nada con ella. A decir verdad hasta me extraño que me dijera que si, cuando le pregunte si me acompañaba.
-¿Entonces todo bien?
-Claro Sirius. Todo perfecto como siempre – contesto, pero el moreno no se dio cuenta de cómo su rostro se había vuelto inexpresivo.
James volvía de entrenar con el equipo de Gryffindor de los terrenos donde se jugaba al quidditch, hablando con su buscador, cuando vio a Susan venir en su dirección, ella se detuvo y miro hacía atrás donde el director Dumbledore y el profesor Tanrof la llamaban.
No sabía lo que era, pero algo estaba pasando la oyó gritar, mientras negaba con la cabeza y empezar a recular mientras su padre la intentaba sujetar, ella se soltó de su agarre y corrió hacía donde estaba él. Paso a su lado deprisa, el la sujeto del brazo volviéndola para que le mirase, las lágrimas caían por el rostro de ella, que intentaba soltarse y al no conseguirlo le empezó a pegar leves puñetazos en el pecho mientras seguía gritando. James sin saber que hacer, la atrajo hacía su cuerpo y la abrazo, cayendo al suelo de rodillas, cuando ella se derrumbo.
