James volvía de entrenar con el equipo de Gryffindor de los terrenos donde se jugaba al quidditch, hablando con su buscador, cuando vio a Susan venir en su dirección, ella se detuvo y miro hacía atrás donde el director Dumbledore y el profesor Tanrof la llamaban.
No sabía lo que era, pero algo estaba pasando la oyó gritar, mientras negaba con la cabeza y empezar a recular mientras su padre la intentaba sujetar, ella se soltó de su agarre y corrió hacía donde estaba él. Paso a su lado deprisa, el la sujeto del brazo volviéndola para que le mirase, las lágrimas caían por el rostro de ella, que intentaba soltarse y al no conseguirlo le empezó a pegar leves puñetazos en el pecho mientras seguía gritando. James sin saber que hacer, la atrajo hacía su cuerpo y la abrazo, cayendo al suelo de rodillas, cuando ella se derrumbo.
James sin saber que hacer, la atrajo hacía su cuerpo y la abrazo, cayendo al suelo de rodillas, cuando ella se derrumbo.
-Susan – llamo su padre arrodillándose junto a ellos, se la quito a James de los brazos y la envolvió con los suyos – lo siento cariño, lo siento.
-No es verdad. No esta muerto – gritaba ella – No es verdad.
-Señor Potter – el aludido miro a su director que se encontraba junto a él – usted y su equipo vayan a su torre. Por favor.
-¿Qué ha pasado? – pregunto a su director incorporándose.
-A su torre señor Potter – James recogió su escoba del suelo, corrió hacía dentro del castillo, seguido por el equipo. No se detuvo hasta que entro en la torre y encontró a Remus y Peter.
-¿Y Sirius? – pregunto agitado.
-En nuestra habitación – no espero más sabiendo que sus amigos lo seguirían, subió las escaleras de dos en dos hasta el cuarto, abriendo la puerta de un golpe, sobresaltando al que dormía dentro.
-Joder James. ¿No sabes entrar como las personas normales?
-Algo a pasado – dijo aun agitado por la carrera tirando su escoba encima de su cama.
-¿De que hablas? – Remus se estaba empezando a preocupar.
James les relato todo el episodio que acababa de vivir y como el director le había mandado a la torre sin explicarle nada.
-¿Donde fue eso? – pregunto Sirius saltando de su cama.
-Delante del campo de quidditch – contesto James. Sirius se asomo a la ventana.
-Pues ahora no ahí nadie. Dame el mapa – pidió a James, que rápidamente lo saco del baúl y se lo entrego – Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas – miro detenidamente el mapa – en el despacho del director. Travesura realizada – corrió hacía la puerta.
-Sirius ¿Sabes que ocurrió? - interrogo Remus.
-Creo que Robert Tanrof ha muerto.
Cuando los cuatro llegaron a la gárgola que conducía a las dependencias del director y después de decir la contraseña. Subieron las escaleras lo más rápido que pudieron. Entraron sin llamar en el despacho y al único que encontraron fue a su director sentado en su silla detrás de la mesa y mirándolos por encima de sus gafas.
-¿Qué puedo hacer por vosotros muchachos? – pregunto gentilmente.
-¿Dónde están Susan y el profesor Tanrof? – pregunto Sirius en un tono que salio más duro de lo que pretendía.
-Han tenido que irse durante unos días. Una urgencia familiar.
-Robert ha muerto ¿Verdad? – pregunto Sirius descorazonado.
-Si señor Black. El ha sido asesinado. Siéntense – espero a que los cuatro se sentaran para continuar hablando – como deben saber ahí un mago tenebroso al que sus seguidores llaman Lord Voldemort. El señor Tanrof se alisto a sus filas, pero se arrepintió y decidió pasar información de lo que ellos planeaban. De sus asesinatos. Esa información, aunque muy valiosa, es lo que le ha llevado a la muerte.
-La carta que le entregue al profesor – dedujo Sirius – era parte de esa información.
-Así es señor Black.
-¿Podemos ir a su entierro? – requirió James – nos portaremos bien.
-No. Lo siento señor Potter. Pero necesitaría una autorización de sus padres y no creo que se la dieran. Es muy peligroso. Y respecto a usted señor Black no creo que se la diesen, su madre me ha enviado una pero es solamente para su hermano.
-Típico de ella – argumento Sirius.
-Yo no podré ir, lo lamento mucho. Además no me costaría nada llegar. Iría hasta Hogsmeade, allí cogería el autobús noctámbulo, que me llevaría hasta el cementerio mágico de Windefort, antes de las once de la mañana que sería la hora a la que es el entierro. Las clases serían un problema, a no ser que se enfermara, claro esta. Y ahora muchachos si me disculpáis, estoy un poco apurado – los cuatros chicos lo miraban como si le hubiese crecido una segunda cabeza.
-Alguien más lo piensa o Dumbledore nos ha inducido a que mañana nos escapemos para ir al entierro – Remus sentado junto a James estaba aún alucinando con el discurso del director.
-Más que inducir – siguió James – yo diría que nos a empujado a ir.
-Cierto. Es más – continuo Remus – ahora hasta parecería de mala educación que no fuéramos.
-Yo no voy a ir – tres cabezas se giraron para mirar a Peter que se incrusto en el sofá.
-¿Porque no vas a ir? – pregunto Sirius a su lado.
-No me gustan los cementerios.
-Acaso piensas – el moreno estaba de muy mal humor – que a nosotros si.
-Sirius – el aludido miro a James que lo miraba seriamente – si no quiere ir déjalo tranquilo.
-No quiero ir – dijo Peter rápidamente desapareciendo de allí.
-Tío te has pasado – regaño Remus a Sirius – sabes que sus padres han muerto, por eso no le gustan los cementerios.
-No lo pensé- Sirius se restregaba su rostro con sus manos.
-Yo iré por él – el chico aparto sus manos para ver a una pelirroja sentada a su lado.
-Muy bien Evans – la animo James - ¿Sabes que nos vamos a escapar del colegio? – pregunto receloso y al recibir una respuesta afirmativa de ella volvió a sonreír – Muy bien Evans.
-Ten cuidado Lily – rió Remus – te estamos depravando.
-No me parece buena idea – comento Sirius al grupo.
-¿Por qué no? – quiso saber ella picada - ¿Por qué soy una chica?
-No. Porque, y no te ofendas, eres hija de muggles.
-No me ofendo, estoy muy orgullosa. Y ya lo sabía, conozco a mis padres.
-Evans – ahora era James quien no estaba tampoco de acuerdo con la idea – creo que Sirius tiene razón, allí puede que haya mucha gente que no quiera que una hija de muggles este presente.
-Pues si a alguien de allí le molesta se puede largar. Porque yo pienso ir.
-Buena respuesta- admitió Sirius – pero por si las moscas tu no te alejes de nosotros.
Y desde luego Lily fue, no era muy fácil hacerla cambiar de idea cuando se empeñaba en hacer algo y aunque le pareció increíble, porque iba en contra de todas sus reglas, disfruto escapándose del colegio y viajando por primera vez en el autobús noctámbulo, aunque la próxima vez haría caso a James con lo de sentarse deprisa.
Llegaron justo cuando el entierro estaba finalizando, se acercaron sigilosamente y se quedaron un poco apartados para no molestar. Susan y su padre miraban el ataúd que contenía los restos de su hermano, a todos les sorprendió que la chica estuviera más entera que su padre. Justo en la otra esquina separada de ellos, la señora Tanrof lloraba desconsoladamente.
Los padres de Sirius estaban junto a ella y su hermano detrás. Su prima Narcisa y su marido los miraban a ellos fijamente y murmuraban con otros que estaban allí, Sirius supo rápidamente que sus comentarios estaban dirigidos a Lily.
-James – susurro el moreno – no pierdas de vista a la pelirroja.
-Lo he visto tranquilo – sujeto la mano de la chica y la sintió temblar, la miro y le guiño un ojo – todo estará bien. Estamos en un entierro, no se atreverán a hacer nada en pleno día.
-¿Qué dices? - Walburga Black se giro hacía su hijo y el le señalo con la cabeza – Como se atreve ese traidor – soltó la mano de la señora Tanrof y a grandes zancadas se coloco delante de Sirius - ¿Qué estas haciendo aquí¿No nos has avergonzado bastante? Presentarte aquí y con una sangre sucia – James noto como Lily apretaba más su mano.
-Yo también me alegro de verte madre – Lily miro sorprendida a Sirius – Si. Estoy bien ¿Y tu como te encuentras?
-Que desfachatez. Eres un insolente Sirius.
-Walburga ¿Qué ocurre? – la señora Tanrof se encontraba junto a ella y medio sequito del entierro la habían seguido.
-No se como pedirte disculpas – Walburga parecía afectada – el traidor de mi hijo, a tenido el descaro de venir a ensuciar la memoria de Robert, presentándose aquí con una sangre sucia.
-Madre te agradecería que dejaras de llamarla así - el tono de su voz cada vez era más frió.
-Sirius – comenzó la señora Tanrof – yo te agradecería a ti, y a estos despojos que os fuerais de aquí. No sois bienvenidos.
-Tu tampoco madre y aquí estas – la señora Tanrof se giro rápidamente para mirar a su hija.
-Como te atreves a decirme eso – grito – estamos en el entierro de tu hermano. Y tú me faltas al respeto. Parece que no sepas lo que hacemos aquí.
-Claro que lo sé. Lo se perfectamente. Estoy enterrando a mi hermano, que por alguna razón, que no creo que llegue a entender en mi vida, te quería. Y por ello esta en ese ataúd.
-Mala hija – el golpe que recibió de su madre fue tan rápido que no se dio cuenta hasta que sintió como le escocia la mejilla. Remus detuvo a Sirius.
-Mala madre – grito otra voz – tú, como te has atrevido a ponerle la mano encima.
-Papa. Déjalo – dijo Susan acudiendo a su lado.
-Mira dentro de esa tumba – siguió él – míralo bien porque es el camino al que tu llevaste a tu hijo. Y te atreves a llorar su muerte, puede que tu no lo hicieras con tus propias manos, pero no dudes que fuiste tu quien lo asesino. Y si piensas que voy a permitir que mangones la vida de Susan igual, estas muy confundida. Y ellos se quedan. Continué – ordeno a quien estaba dando la alabanza del entierro.
La señora Tanrof miro a su ex marido como si fuera lo más asqueroso que hubiese visto en su vida, volvió al mismo lugar donde se encontraba antes, pero esta vez no derramo ni una sola lágrima. Cuando el velatorio termino, todo el mundo se fue de allí acompañando a la señora Tanrof. El padre de Sirius le hecho una última mirada a su hijo negando con su cabeza antes de irse.
El profesor Tanrof y Susan seguían allí, el acariciaba el bloque de mármol donde ahora reposaban los restos de su hijo. Los chicos se aproximaron a ellos para darles su pésame.
-Profesor – el primero en hablar fue Remus – sentimos mucho su perdida – el hombre les miro y les sonrió tristemente.
-Gracias por molestaros en venir.
-No tiene nada que agradecernos – siguió Lily – yo lamento que les haya incomodado mi presencia, y el mal momento que les he hice pasar.
-No te preocupes – su profesor seguía acariciando la loza sin mirarles -. No es tu culpa, si no de ellos. No tienes porque sentirte mal.
-Papa – su hija tiraba de su brazo intentando llamar su atención - debemos irnos.
-Lo sé – pero él seguía allí parado sin ninguna intención de moverse. Susan suspiro y miro a sus amigos.
-Deberiais volver al colegio. Os vais a meter en un lió muy grande.
-Si tenemos que volver – afirmo Remus se aproximo a ella dándole un abrazo, James repitió el mismo movimiento que su amigo y posteriormente Lily.
-Si necesitas algo avísame – dijo la pelirroja dentro del abrazo – lo que sea. Te veré en Hogwarts.
-Claro – dijo la morena intentando sonreír.
-Profesor – llamo Sirius junto a él -. No se como expresarle cuanto lo siento.
-El te admiraba Sirius. La manera en que renunciaste a tu familia, fue para el un gran estímulo. Tu valor le hizo recapacitar y volver al buen camino. Gracias – El chico trago saliva, su profesor le había atrapado en un abrazo y el sentía como se formaba un nudo en su garganta. Veía a sus amigos penosos a Evans casi llorando y a Susan con una mano en sus labios intentando acallar sus sollozos.
-Yo no hice nada – esas cuatro palabras habían salido a trompicones de sus labios.
-Hiciste mucho sin saberlo – suspiro y miro a su hija – vámonos cariño.
-Si papa – sujeto de nuevo el brazo de su padre y los dos comenzaron a andar. Ya habían dado unos cuantos pasos cuando giro su cabeza viendo a los otros marchar en dirección contraria -. Papa espera un segundo – le indico mientras volvía sobre sus pies – Sirius – grito. Todos se giraron a mirarla y el aludido se dirigió velozmente hacía ella que se echo en sus brazos desconsoladamente.
El viaje de regreso al colegio fue uno de los momentos más tristes que ninguno de ellos podía recordar hasta entonces. Lily hasta había permitido que James la rodeara con un brazo y ella había apoyado la cabeza en su hombro, mientras todos guardan silencio.
Una gran nevada y la navidad habían llegado al mismo tiempo, el colegio ahora solitario y despoblado de sus alumnos, de sus gritos y risas, se encontraba en completo silencio. Eran muy pocos los alumnos que se habían quedado a pasar allí las navidades. Los padres de James, habían tenido que hacer un importante viaje de negocios y lo mismo el, que Sirius se habían quedado.
-Ya tengo el libro para Remus – informo Sirius a su amigo que miraba las estanterías de la librería que se encontraba en Hogsmeade - ¿Qué buscas?
-He pensado que le podía regalar un libro a Evans – dijo mientras hojeaba uno.
-Creí que habíais quedado que solamente seríais amigos.
-Y así es. Pero desde segundo le he regalado algo para navidad. Parecería extraño que este año no le regalase nada – comento.
-No. – negó Sirius – parecería que por fin estas aceptando que no vas a tener nada con ella.
-Si… Pero no me parece bien no darle algo por navidad.
-Tu mismo – con el tema Evans discutir con James siempre era una perdida de tiempo.
-¿Qué le vas a regalar a Susan? – dejo caer James sin dejar de mirar los libros.
-¿Qué te hace pensar que le voy a regalar algo? – murmuro.
-La bolsa que llevas de la joyería, y la medía hora que decidiste que necesitabas para ti solo.
-Una pulsera – confeso Sirius malhumorado - ¿Te vale o necesitas cotillear mas? – el otro carcajeó por la incomodidad de su compañero.
-¿Has sabido algo de ella?
-No. No desde la última lechuza que le envió a Evans. Decía que pronto volvería, pero de eso ya han pasado tres semanas y ni ella ni el profesor Tanrof han vuelto. Le pregunte a Dumbledore, me contesto, la paciencia es una virtud, señor Black, una virtud – James rió por la imitación del otro de su director.
Nada más regresar a Hogwarts fueron los dos a la lechucería para enviar todos sus regalos y que fueran recibidos al día siguiente. El último paquete que Sirius ato a una lechuza parda que allí se encontraba fue el de Susan, estuvo contemplando a la lechuza en su despegue y vuelo. Y su sorpresa no pudo ser mayor cuando no se dirigió fuera de los terrenos del colegio, como debería, si no que se entro en una de las ventanas de Hogwarts.
-Esa lechuza esta algo desorientada – comento James.
-Tal vez no – contesto su amigo.
Le gustaba salir a la nieve, era extraño pero el frió le gustaba, jugar en la nieve, era algo divertido para James y para él y si a la diversión se le añadía tirar bolas de nieve a Snape la animación aumentaba considerablemente.
Y en eso estaban, ocultos por unos arbustos, tiraban bolas de nieve a Severus Snape, que se volvía loco dando vueltas sobre si mismo, intentando encontrar el lugar desde donde le atacaban. Pero la diversión siempre llega a un fin y cuando Snape se canso de buscarlos, corrió a agazaparse en el castillo.
-Sois un par de gamberros – se volvieron con lagrimas en los ojos para ver a su educador con una sonrisa en el rostro.
-Profesor Tanrof – grito James feliz - ¿Cuándo a vuelto? Lo echábamos de menos.
-Ya lo veo. Amargándole la vida al pobre Severus – dijo riendo.
-De pobre nada – se defendió Sirius - lo hemos hecho por su bien.
-En realidad fue un experimento – siguió James – creímos que con suficiente nieve en su pelo, conseguiríamos que pasara disimula toda la grasa.
-Pero no funciono – continúo el moreno – yo hasta pienso que ahora su cabeza tenía más.
-Tú también lo has notado – exclamo alegre James.
-Chicos no se que voy a hacer con vosotros. Sois unos gansos.
-Ehhh. Un poco – admitió James feliz provocando que todos se rieran.
-Se me acaba de ocurrir que podíais venir a cenar esta noche a mis aposentos.
-¿No cenara en el Gran Comedor? – Sirius le miro extrañado.
-No. Tengo una hija que esta un poco negada a ver el mundo fuera de mi habitación.
-¿Esta bien Susan? – la pregunta salio tan rápido de sus labios que hasta a él mismo le sorprendió.
-No mucho – aceptó -. Creo que es en parte culpa mía. Los días siguientes al entierro, parecía más mi madre que mí hija y yo la deje adoptar ese papel. El problema esta en que ahora se niega a seguir adelante. No ha vuelto a hablar de su hermano desde el día de su entierro y a acogido una mascara que se niega a dejar, parece tan feliz que cada día estoy más preocupado por ella. Porque sus ojos son tan fríos…esta tan cerrada y tan triste, pero es dura como una piedra y no permite que yo la agriete ni un poquito. Por eso no sale le la habitación, no permite que nada la quiebre.
-Cenaremos con usted y le ayudaremos con Susan – confirmo James.
-¿Dónde esta? – pregunto Sirius deseoso de verla.
-No tengo ni idea. Desde que los alumnos se fueron para navidades, sale a pasear por los pasillos ella sola, como si buscara algo, o alguien, no lo sé.
-Esta noche lo pasaremos bien – reafirmo James.
Llevaba un cacho en la biblioteca, escondida entre unas estanterías, llevaba ya unos días esperando y su paciencia se estaba acabando, ya estaba pensando en irse cuando la puerta se abrió y por ella paso la persona que estaba esperando, parecía estar enfadada, se sentó en una silla. Se acerco despacio y le oyó soltar juramentos y maldiciones.
-Si tu madre te escuchar hablar así te lavaría la boca con jabón Snape – el otro se levanto como un rayo, colocando su varita en la garganta de ella.
-No deberías andar a hurtadillas – contesto él apartando la varita – te puede ocasionar algún problema que otro.
-¿Todos los slytherin reaccionáis igual cuando os saludan, o es solamente una paranoia tuya?
-Porque no te vas a tu torre Tanrof y me dejas tranquilo – se sentó de nuevo dándole la espalda. Ella se movió hasta sentarse en la silla enfrente de él.
-¿Quién mato a mi hermano? – soltó la pregunta a bocajarro, pero él no pareció sorprendido.
-Deberías tener cuidado con las preguntas que haces, te pueden traer complicaciones no deseadas.
-¿Quién mato a mi hermano? – repitió ella lentamente – creo que me expreso lo suficientemente bien para que una serpiente como tu me entienda.
-Te equivocas de persona. No se de que me hablas.
-No lo hago. Y si sabes de que te hablo. Se que en tu antebrazo – dijo mientras lo miraba - llevas la misma marca que Robert – el chico escondió su brazo debajo de la mesa como si la mirara de ella pudiera atravesar su ropa – Lily me dijo que tu me podías ayudar, no se porque te tiene ninguna confianza.
-Tu no sabes nada – dijo el entre dientes – y Lily se debería estar callada.
-Sé más de lo que tú te piensas. Se quien es tu madre Snape y también – dijo en tono de amenaza – se quien es tu padre.
-Hazte un favor a ti misma, olvida lo que ahí en mi antebrazo, olvídate de mi familia. Y deja de hacer preguntas que no tiene respuesta.
-¿Qué significa eso?
-No sé quien mato a tu hermano. Pero se quien lo ordeno, y él lo sabe todo, si descubre que andas metiendo tu bonita naricilla en sus asuntos, puede que termines justamente como acabo tu hermano. Así que arrincónalo todo de tu memoria y sigue haciendo lo que mejor sabes, abrirte de piernas para todo Hogwarts – Severus se levanto tirando la silla y ondeando su túnica al salir de la biblioteca. Mientras ella se quedaba mirando al lugar donde había estado antes el slytherin.
-Como sigas apretando el mapa así lo vas a romper Sirius – protesto su amigo.
-¿Qué? – pregunto el otro.
-El mapa Sirius – el chico regreso su vista al pergamino.
-Travesura realizada.
-¿Qué has visto? – interrogo James, lo conocía mejor que nadie y sabía que la mirada que tenía en esos momentos no traería nada bueno.
Nada.
