El sábado y por tanto la salida a Hogsmeade habían llegado. Susan y Lily salieron temprano. Si todo salía como estaba calculado la pelirroja volvería sola con James de nuevo al castillo. Se encontraban junto a las tres escobas, cuando vieron venir a lo lejos a Remus acompañado de James.
-¿Preparada? – pregunto la morena.
-No. No estoy ya segura de que quiera salir con él – su amiga la miro con la boca abierta.
-Solamente saldréis como amigos, el si ni siquiera pensara que es una cita. Respira, que haya vamos. Ay que daño. Ay como duele.
-Eres muy mala actriz – protesto la otra, recibiendo una mala mirada.
-¿Qué te ocurre? – pregunto Lupin junto a ella.
-Creo que me he torcido un tobillo – gimió – tendré que volver al colegio.
-Que pena – objeto James – vamos a tomar algo Remus.
-No la podemos dejar así James. Yo la acompañare al colegio.
-¿Y que se supone que haré yo? – pregunto fastidiado.
-Podrías quedarte con Lily. A la pobre la tengo que dejar sola – si James en ese momento hubiese mirado a la pelirroja, hubiera notado como su cara hacía juego con su pelo.
-Es buena idea – afirmo Remus sujetando a la chica de la cintura para que se apoyara en él -. Quedaros juntos y ya nos veremos luego – James abría y cerraba la boca como un pez fuera del agua, mirando como los otros dos se iban muy deprisa, demasiado deprisa para ella que le dolía tanto el tobillo.
-No tienes que quedarte conmigo si no quieres – dijo Evans.
-No ahí problema. ¿Pero eso no ha sido un poco extraño?
-No. No que va.
-Ya le daré yo a Potter – reclamo Susan sentada en uno sillón en la sala común – me iba a dejar herida.
-No estás herida – le recordó Remus.
-Pero el, no lo sabe.
-Eso es cierto – coincidió –. Sirius esta dolido y James en este momento no te tiene mucho… aprecio.
-Os lo contó.
-Nos lo contó. ¿Cómo se te ocurrió semejante tontería?
-Mi cerebro no funciona bien. ¿Eso sirve de excusa? – pero el licántropo no contesto, por el retrato pasaban Peter y Sirius que no se molestaron en decirle nada. Remus se encogió de hombros y los siguió, dejándola allí sola.
Y las semanas pasaban más despacio de lo que debían y todo seguía casi igual, casi ya que había ocurrido un milagro en Hogwarts. Lily Evans salía oficial y públicamente con James Potter. Había sido la noticia del año, por no decir de la década.
Y ahora Susan pasaba bastante tiempo sola, al estar Lily con James y Alice con Fran. Así que visitaba a su padre un poco más y se dedicaba a estudiar para los extasis.
Encerrada en la biblioteca, no se sentía tan abandonada. Y no es que lo estuviera, pero pasar tiempo con Lily, significaba estar con Sirius y eso no ayudaba a olvidarlo. Aun así se alegraba por la pelirroja ya que se la veía muy feliz con su novio, ahora hasta se podía ver a James en la biblioteca, estudiando con ella.
-James – llamo Lily - ¿Por qué no me cuentas la razón de que Sirius no habla a Susan?
-Si le habla – contesto el chico sin mirarla – siempre que la ve, suele saludarla.
-No le habla. Tu amigo es un gilipollas - él miro a Susan sentada en otra mesa y luego a su novia.
-Mi amigo, como tú lo llamas, tiene sus razones.
-Seguro – afirmo sarcásticamente -. Susan tenía razón, en cuanto se acostara con ella pasaría de ella.
-No es verdad – rezongo -. Esa no es la razón por la que él no quiere saber nada de ella. Que piensas que Sirius solo quiere a las chicas por el sexo.
-Si – asevero.
-Pues no es así – contesto muy seguro -. Tiene sus motivos para estar enfadado.
-Ella me lo dijo – siguió la chica sin hacerle caso -. Me contó que no se quería acostar con el, porque estaba enamorada de él y en cuanto el la consiguiera, pasaría de ella y le rompería el corazón.
-Eso solo es la fama que tiene, pero el no… ¿enamorada¿Qué significa enamorada?
-¿Qué crees tú? – le miro como si se hubiera vuelto tonto.
-¿Te lo contó ella¿Te dijo exactamente que estaba enamorada de Sirius?
-Si. ¿Qué más da eso? Lo que quiero decir es, a mi me cae bien Sirius, pero lo que le hizo fue una cerdada.
-¿Enamorada? – volvió a repetir James, ganándose una colleja por parte de la chica.
Paranoia, tenía que ser eso, estaba sola en un pasillo volviendo a su sala común y no se le quitaba la sensación de que alguien la estaba observando. Llevaba días con esa obsesión, tal vez era por estudiar, en algún lugar había leído que estudiar mucho te quema el cerebro… debía ser eso. Se giro mirando a su espalda, pero nada, volvió a darse la vuelta y nada.
-Estupendo – grito al pasillo desierto – me estoy volviendo demente. Anda y además hablo sola, estupendo Susan estas como un cencerro, o dos, porque sigues hablando sola.
-Tanrof – asustada se corrió hacía atrás chocando contra un cuerpo, pero al mirar solamente había aire, un aire que había soltado una maldición, eso si - ¿Estas mal de la cabeza?
-¿Qué? – pregunto desorientada mirando aun a su espalda y moviendo sus brazos como si intentara atrapar algo.
-¿Quieres que te acompañe a la enfermería?
-No – miro a quien le hablaba, no sin volver a girarse una vez más -. Estoy bien ¿Qué quieres Snape? – pregunto desagradablemente.
-Nada, de ti absolutamente nada – contesto él de igual manera -. Para lo único que sirves es para abrirte de piernas…
-Para todo Hogwarts. Si, si, ya me lo conozco Snape, deberías… - pero no siguió hablando, el chico se acababa de estrellar contra una pared.
-¿Eres masoquista? – no recibió ninguna contestación, el que ahora intentaba pillar el aire con sus manos era él -. Por Merlín – susurro ella – es contagioso. ¿Será algún tipo de enfermedad?
-No seas idiota, es Potter o sino Black. Estoy seguro.
-Snape, no sé como decirte esto, pero creo que estas un poco obsesionado con ellos.
-Y eso lo dice la idiota que pone ojitos de cordero degollado cada vez que Black la ignora – ella abrió la boca ofendida.
-Eso no es cierto – objeto ella -. Y estate quieto – grito al otro que seguía intentando atrapar la nada – Estas enfermo.
-¿Yo enfermo? – chillo -. Tu si que estás enferma. Seducida de Black. Enamorada de un tío que es un completo cobarde.
-Sirius no es un cobarde – grito ella.
-Mírate defendiendo a quien te ignora. Solamente eres una más de las que se arrastran, cada vez que pasa por delante y a él solamente le falta escupirte.
-Lo que yo sienta por él, no es asunto tuyo. Si estoy enamorada de Sirius, no es de tu incumbencia – Snape en ese momento, se caía al suelo de culo.
-Maldito seas Black. Deja de ser un cobarde gallina y muéstrate de una vez – el slytherin había sacado su varita y miraba entorno suyo. A Susan casi se le escapa el corazón por la boca cuando vio aparecer la cabeza de Sirius y posteriormente el resto del cuerpo del chico.
-Aquí me tienes – varita en mano miraba con una sonrisa al otro que lo veía con odio en sus ojos.
-¿Que esta ocurriendo aquí? Señor Snape, señor Black, bajen inmediatamente sus varitas – la profesora McGonagall se había colocado entre los dos chicos -. Si no me obedecen me veré en la tarea de bajarles puntos a cada una de sus casas. Sin contar los diez puntos que pienso quitarles por enfrentarse solamente.
-Nos volveremos a ver – gruño Snape -. La próxima vez no tendrás tanta suerte.
-Cuando quieras Snivellus, cuando quieras.
-Basta ya de tonterías. Cada uno a su torre ya. Todos los años las mismas tonterías, termina con la paciencia de cualquiera – Sirius aun sonreía cuando se acerco a Susan.
-¿Me estabas siguiendo? – jadeó Susan, mirándolo como si fuese la primera vez que lo veía.
-Bueno… solamente me aseguraba de que llegaras bien a la torre.
-Llevas semanas sin dirigirme más de un, eh. Y ahora me vienes con lo de que querías que llegara bien a la torre. A veces me sacas de quicio - le espetó.
-Mira, se que no actué bien, pero tu tampoco – corto antes de que ella añadiese algo -, estaba demasiado enfadado para hablar contigo, terminaría diciendo algo que lamentaría.
-¿Y ahora ya se te paso el enfado? – pregunto ella dulcemente.
-Si – contesto él intentando besarla, aunque lo único que recibió fue, un puñetazo en su estomago – Ay. Eso duele, lo sabias.
-¿Crees que puedes pasar de mí y volver a buscarme cuando te de la gana?
-¿Estás enamorada de mí? – esa pregunta, la dejo descolocada – yo no sé lo que siento por ti, solo sé que es más fuerte de lo que había sentido nunca.
-Sirius olvídame – gruño ella caminando a todo lo que daban sus piernas, que compararas con las de el, no daban para mucho y tampoco ayudaba que él nunca hubiera tenido mucha paciencia. Así que si no era por las buenas, sería por las malas, la agarro subió a su hombro e ignoro todos sus gritos y protestas hasta que la llevo hasta donde él quería – Eres un cavernícola – grito ella cuando él le dejo tocar de nuevo el suelo.
-Y tú una cabezota – ella reculo alejándose de él hasta que choco con una mesa que detuvo su huida.
-¿Dónde demonios estamos? – pregunto ella mirando a su alrededor, una pequeña estancia, con una mesa, dos sillas y una cama – no vamos a hacer nada, si es lo que piensas – dijo ella sin fijando los ojos en la cama.
-Lo único que pienso es que estoy arto de este tira y afloja. ¿Así que acostúmbrate?
-¿A que se supone que me tengo que acostumbrar? – si él podía gritar ella también, el respiro varias veces antes de hablar.
-Acostúmbrate -dijo con voz más aspereza de la que había querido emplear-. A mí. A nosotros. Porque no permitiré que te vuelvas a alejar de mí – dijo al tiempo que la besaba y como ocurría siempre, el tenía el efecto de robarle lo que le quedaba de juicio. Y algo le decía que le debía detener, algo que quedo relegado de su mente, cuando el le arranco la corbata y abrió de un tirón su camisa arrebatándosela.
La lengua de él recorría toda su boca de una manera insaciable. Notó en sus pechos una mano que la acariciaba y la apretaba, modelaba sus senos mientras apretaba la pelvis contra la de ella, una vez y otra, simulando el coito con sus movimientos, la levanto por la cintura al tiempo que ella enredaba sus piernas en la cadera de él, y en dos zancadas, ya se encontraba tumbada en la cama, con él sobre ella. Siempre era así con él. Salvaje, vibrante, algo imposible de detener, cada vez que ocurría, su mente parecía que se volvía, solamente podía pensar en tenerlo dentro de ella.
Se giro sobre él, manteniendo sus sexos juntos y rozándolo con cada movimiento de su cadera, mientras ella le quitaba a él la ropa, pero él no quería esperar, volvió a ganar el control empujándola debajo de él, abriendo la bragueta de sus pantalones, gruñendo cuando liberó su rígida longitud, le quito las bragas y subió su falda, se coloco entre sus muslos y la beso al tiempo que se introducía dentro de ella.
Cayó sobre ella, repleto y exhausto, luego de que el orgasmo más feroz de su vida lo dejara casi inconsciente. Encontró la fuerza suficiente para levantar la cabeza y besar sus labios antes de rodar hacia abajo y arrastrar su cuerpo al lado del de ella.
-Debemos volver a la torre – murmuro ella acomodando la cabeza en el hombro de él.
-Bien – susurro él medio adormilado cerrando sus ojos.
-Si no estoy en mí cama Lily me matara.
-La pelirroja no se enterara, esta demasiado ocupada en la cama de James, como para darse cuenta de algo – ella hubiese levantado su cara para comprobar que el hablaba en serio, pero estaba demasiado cansada para ello.
Y algo había ocurrido esa noche, porque a partir de entonces la relación entre los dos fue completamente distintita. Sirius solía saludarla con un beso en los labios, de vez en cuando, iban cogidos de la mano y en otras ocasiones, el la rodeaba con su brazo la cintura, en los sofás de la sala común, se sentaban juntos siempre uno apoyado en el otro.
-¿Remus porque me mientes? – pregunto dramáticamente.
-¿En que exactamente se supone que te he mentido Sirius? - contesto a su amigo si tan siquiera levantar la vista de su libro.
-Me dijiste que en la biblioteca no se podía comer – contesto enfadado.
-Y no se puede – corto rápidamente el otro.
-Entonces, explícame porque Susan esta comiendo y Madame Prince que esta hablando con ella, no la regaña – Remus siguió la vista de su amigo.
-Madame Prince, te permite en algunas ocasiones comer algo si llevas mucho tiempo en la biblioteca. – respondió Remus volviendo la vista a su libro.
-¿Cuanto es mucho?
-No lo suficiente para ti Sirius- ignoro la mirada asesina de su amigo y continúo hablando -. Después de desayunar vine aquí y Susan ya estaba, me fui a comer y continúo aquí y como supongo puedes comprobar, ya que no le quitas la vista de encima, ella sigue aquí.
-Sirius – una chica con una gran sonrisa le llamaba desde detrás de él – ¿quieres ir a pasear?
-Otro día ¿entonces en horas cuanto es eso? – Remus se giro para mirar a la chica que parecía decepcionada por la respuesta del moreno, yéndose a una mesa con otras chicas.
-¿Te has dado cuenta que le acabas de decir que no a Dalia Market? – podía haber alguna posibilidad de que no se hubiera dado cuenta.
-Si ¿Y que? – contesto encogiéndose de hombros.
-¿Como que y que? Esa chica te tenía loco y ahora la acabas de mandar a paseo.
-Yo no la he mandando a ningún lado.
-Sirius – su amigo se mordía el labio aguantando la risa - ¿le vas a ser fiel a Susan?
-Voy a ser fiel a mi puño cuando se estrelle contra tu cara ¿Qué te parece?
-No te pongas a agresivo. Solo decía que bueno… tú dices, que solo sois amigos.
-Porque solo somos eso – dijo el como si fuera obvio.
-Ya pero tu no sales con nadie más, y ella tampoco, si solo sois amigos… porque duerme todas las noches en nuestra habitación.
-Te molesta – pregunto a la defensiva.
-No ni ella ni Lily. Igual no lo sabes, pero eso en argot local, se le llama ser novios, creo que tal vez deberías ir planteándote la posibilidad de que tu y ella seáis…. Algo más que amigos.
-No tengo que plantearme nada, los dos tenemos claras las… - se vio interrumpido por la chica que se sentaba en su regazo mirando a Remus y extendiéndole un libro.
-No entiendo esto – susurro señalándole un párrafo – por mas que lo lea no lo entiendo – el licántropo leyó lo que le señalaba y luego a ella.
-Esto te lo explique antes de la hora de comer te acuerdas – le dijo cansadamente.
-¿Comer? – pregunto ella perdida.
-Susan – llamo Sirius acomodándola mejor en sus rodillas – ¿has ido a comer?
-¿A dónde? – pregunto.
-Al gran comedor – contesto el contrariado.
-No es la hora de comer.
-No, es casi la hora de cenar – la conversación cada vez tenía menos sentido para los dos.
-Vale – ella le miraba como si no tuviera lógica todo lo que el decía – de acuerdo. Remus – llamo de nuevo – no lo comprendo.
-Susan – el castaño hizo que le mirase a los ojos – llevas muchas horas seguidas estudiando, estas cansada, no has comido y tu cuerpo no da para más. Tienes que parar, solo perderás el tiempo y no conseguirás memorizar nada ¿lo entiendes?
-Si – afirmo ella segura – pero lo de ese puñetero libro no ¿me entiendes tú?
-Se acabo – Sirius se puso de pies levantándola a ella a la vez – vamos a cenar y después te vas a dormir – se preparo para iniciar una discusión, pero ella no lo hizo, lo miro al mismo tiempo que se rascaba un ojo con su puño, el sonrió y le dio un beso en la frente – vamos.
Y los tres salieron hacía el gran comedor hablando, al menos los dos chicos, porque ella solamente era arrastrada por el moreno.
Los timos había sido horribles, se habían pasado la semana anterior estudiando sin parar, y ella aun, cuando había recuperado bastante, después de haber perdido tantas clases, le había costado muchas horas poder memorizar todo, pero por fin todo había acabado y esta libre.
Aunque tenía claro que no era en el sentido más literal de la palabra, ella debía volver a casa con su madre, dos meses y después sería libre ¿pero para que? Siempre había pensado en ese día y no tenía ni idea de que le iba a demostrar la vida.
Sirius estaba muy feliz, los exámenes estaba seguro de que le había salido bien y después de haber heredado de su tío Alphard, tenía bastante dinero, así que le había pedido a la señora Potter que le buscara una casa para poder vivir en ella.
El último día en Hogwarts, parecía extraño sentirse tan triste y vació, pero ese era el sentimiento general de los chicos de séptimo de Gryffindor, mientras preparaban sus baúles para el regreso a casa. El próximo 1 de septiembre ellos no se encontrarían en la estación de King's Cross para volver a Hogwarts. Resultaba extraño y excitante al mismo tiempo, tenían una vida por delante.
-Lily has visto a Susan – llevaba ya un rato buscándola y no conseguía localizarla por ningún sitio.
-Me dijo que me vería en el tren, que tenía algo que hacer – contesto la chica mientras James tiraba de ella para salir por el retrato.
-¿Fue a ver a su padre? – pregunto de nuevo.
-No tengo ni idea de donde fue Sirius, lo siento.
Caminaba nerviosa de un lado a otro del pasillo, esperando, sabía que tenía que pasar por allí, era donde siempre quedaba con Robert para ir juntos hacía la estación. Muchos alumnos de slytherin pasaban y se le quedaban mirando, cuando le vio a él, se detuvo mirándolo fijamente.
-¿Que haces aquí? – pregunto el fríamente
