- ¿Vas a salir? – pregunto cuando vio como el se levantaba y se colocaba una capa.

- Tengo que ir a comprobar un par de cosas. Puede que vuelva un poco tarde, no me esperes despierta – sonrió, a ella no le paso desapercibido lo falsa que era aquella sonrisa.

- Ten cuidado – suplico.

- Siempre lo tengo nena – añadió él al tiempo que la besaba y algo ocurrió cuando lo hizo, ese beso era desesperado, nunca la había besado así, como si se estuviera despidiendo de ella, como si pensara que no se volverían a ver.

- No vayas – le dijo ella asustada.

- Todo estará bien, no te preocupes por nada – afirmo él.

- Sirius tengo que…

- ¿Que?- pregunto el.

- Nada… solo no tardes mucho.

- Volveré lo antes que pueda te lo prometo- le dio otro rápido beso y se fue.

Mientras ella sentía como si su estomago se encogiera, tenía un mal presentimiento, algo, que no sabía explicar lo que era, corría por todo su cuerpo estremeciéndola.


Seguía en el comedor sentada intentando leer un libro en el que llevaba 3 horas en la misma página, cuando picaron a la puerta, se levanto rápidamente algo temerosa.

- ¿Quien es?- pregunto.

- Susan. Somos Remus y tu padre. Abre

- No puedo abrir – contesto Susan - tenéis que demostrar que sois vosotros.

- Soy Remus Lupin, licántropo y con quien perdiste la virginidad – suspiro exasperado.

- Vale suficiente – corto Susan abriendo la puerta y notando que su padre no quitaba la mirada de encima de Remus, que le ignoraba fijando la vista en la chica.

- Susan, James y Lily han muerto, solo el pequeño Harry ha conseguido sobrevivir. Sirius los traiciono, le contó a Voldemort donde estaban escondidos. El era el espía – ella miro a Remus como si se hubiese vuelto loco.

- Y una mierda – fue su respuesta.

- Cariño, debes coger algo de ropa, nos debemos ir – miro a su padre con la boca abierta.

- ¿Ir¿A donde? – pregunto mientras empujaba el brazo que Remus había colocado en sus hombros.

- Los aurores vienen a detenerte, piensan que sabias que Sirius era un …

- No lo digas – grito ella.

- Así no llegamos a ningún sitio – corto Remus – debes huir y no ahí nada más que decir.

- No pienso ir a ningún sitio – chillo.

- No seas cabezota, Sirius esta camino de Azkaban, van a venir a por ti para interrogarte, debes ponerte a salvo - Remus empezaba a cansarse de esa discusión.

- No tienen a que venir a por mi, Sirius no traicionaría jamás a los Potter, digan lo que digan y no puedo creer que tu, que decías ser su amigo, puedas creer eso.

- Yo no quiero creerlo tanto como tu, pero ahí muchos testigos que lo vieron, mata a Peter y a un motón de muggles mas en el proceso y lo que es más importante, el no lo negó.

- Me da igual.- contesto ella cabezonamente.- el no fue y no pienso salir del país, como si fuera culpable.

- No lo entiendes hija – medio su padre - era la mano derecha de Voldemort, los aurores torturan a los mortifagos, pueden hacerlo, el ministerio les ha dado permiso, si piensan que tu puedes ser uno, te harán daño.

- Papa no puedes creerlo de verdad- grito ella.

- Susan cálmate, se que te duele, creeme que se como te sientes, pero ahí muchos testigos, ya te lo hemos dicho, Sirius es el traidor, el responsable de la muerte de James, Lily y Peter - ella miro al licántropo, justo antes de lanzarse sobre el y abofetearlo, su padre la sujeto y la aparto de él.

- Suéltame.- grito sacándose los brazos de su padre de encima, saco su varita y apunto a Remus- Sal de esta casa, antes de que me olvide, que un día fuimos amigos. Fuera - grito al ver que el no se movía.

- Lo lamento Susan, no sabemos como lo siento - le dijo pasando junto a ella en dirección a la puerta.

- Susan - llamo su padre.- se que la realidad es dolorosa, y yo sería la última persona que podría creer que él…

- Papa solamente te lo voy a decir una vez, jamás vuelvas a hablar de él así, prefiero que hagas como si no existiera, como si estuviera muerto, pero si te vuelvo a oír que Sirius es un traidor, te juro que olvido para siempre que eres mi padre.

- Susan, esconder el dolor no te va ayudar.

- Papa, no lo voy a volver a decir si escucho de tus labios, que mi marido – recalco - mato a sus mejores amigos, que estaba bajo las ordenes de Voldemort, voy a perder la paciencia, esto va a ser de dos maneras, que tu no lo vuelvas a decir, o que nunca me vuelvas a ver, tu decides, pero ten por seguro que la inocencia de Sirius, se vera un día y entonces muchos tendrán que arrastrase para que el los perdone.

- Ojala tengas razón hija, ojala. Pero hasta que ese día pase y mientras se calman las cosas no puedes permanecer aquí – Susan agito su pelo y miro a su alrededor asintió mientras dejaba escarpar un suspiro.

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Quince años habían pasado, desde la última vez que ella había pisado Londres, le habían ofrecido un trabajo en San Mungo, como jefa de planta y ella lo había aceptado. En un principio se había dicho que sería para estar cerca de Alice y Fran, tal vez los pudiera ayudar, pero saber que el estaba fuera de Azkaban y que aunque la posibilidad de verlo fuera mínima, fue lo que la termino de convencer.

Abrió la puerta despacio y un olor a cerrado le inundo la nariz, paso dentro y miro a su alrededor, sabía que la casa estaría sucia, pero esto era más aun de lo que esperaba, bueno, no tenía tiempo que perder.

Comenzó por abrir todas las ventanas para que el olor despareciera, luego arreglo la habitación donde había dormido con él, cuando termino se sentó en el suelo, mordiéndose su labio inferior, se había prometido que si volvía, no derramaría ni una sola lágrima, debía ser fuerte, él lo desearía asi.

- Perdone – interrumpió una enfermera su labor – pero ahí un hombre que vienen con un chico que tiene un problema en el hombro y quiere que usted se lo mire – Susan miro a la enfermera extrañada.

- ¿Sabe su nombre?

- Lo lamento pero se niega a decírmelo- contesto turbada.

- No se preocupe ya me ocupo - entro en la sala donde estaba el paciente y se enfureció al momento.

- Mi hijo – dijo el hombre – ha sufrido un pequeño accidente jugando al quidditch.

- ¿Crees que voy a atender a tu hijo solamente porque tú reclamas mi presencia Malfoy? – grito ella.

- No vas a curarle porque es tu trabajo – gruño el – no quiero que nadie mas lo haga, pueden ser unos sangres sucias.

- ¿Y que? tu puedes ser un hijo de puta y nadie dice nada. La realidad es esta, aquí ahí sanadores muy cualificados que pueden atender a tu hijo, yo tengo mas obligaciones.

- No has escuchado lo que te acabo de decir - chillo él.

- Si quieres te puedo enviar a uno – continuo ella - si no , no creo que haga falta que te muestre donde esta la puerta

- Deberías de tener cuidado, ahora que se sabe, que tu marido no estaba de parte de quien tu sabes, puedes sufrir algún accidente.

- Muérete Malfoy, tu y tu señor, eso nos ahorraría muchos problemas a todos – grito justo antes de cerrar la puerta de un golpe – Whitnie – llamo – atiende a estos caballeros, si se niegan a que los atiendas, que se vayan.

Salio enfurecida de la clínica, necesitaba respirar aire, maldito bastardo, quien se creía que era, para darle órdenes a ella. Se había olvidado de todos los capullos que podía llegar a encontrarse y ella se sentía sola, ellos estaban vivos, con toda su vida por delante, sin haber pagado por sus crímenes y sus amigos muertos, suspiro y entro de nuevo.


- Alice – llamo, pero la mujer no la hacía caso, saltando y cantando feliz por la habitación – Alice – volvió a repetir – me prometiste que te portarías bien cuando viniera Neville ¿te acuerdas? – la otra paro y la miro fijamente con una sonrisa, después corrió hacía su hijo y cogiendo sus manos empezó a girar con él – al menos sabe quien es Neville.

- Yo no estoy tan segura chiquilla – una anciana junto a ella negaba con la cabeza.

- Su carácter cambia cuando su hijo esta cerca, lo extraña, cuando va a Hogwarts y pasa temporadas sin verle. El que me preocupa es Fran, no mejora en absoluto, es mas creo que cada vez va a peor, sigue teniendo la mirada completamente perdida, no conseguimos llamar su atención con nada, ya no estoy segura de que este dentro de su cuerpo.

- Bueno – trago la señora Longbottom – al menos con Alice has conseguido que sonría.

- Si un gran paso – contesto sarcásticamente.

- Para mi nieto es un paso muy importante.

- Ha leído el profeta estos días ¿cree que el chico es un farsante? – la mujer le miro ofendida.

- Es un buen chico y si Dumbledore dice que es verdad, no debemos dudar de él, es cierto y se acabo.

- Entonces el a regresado – dijo con un suspiro – se volverá a iniciar una guerra ¿Cuantos perderemos esta vez? – dijo mirando a la que un día había sido su amiga y que ahora, ni siquiera la reconocía.


Se encontraba sentada en una mesa, intentando poner al día todo el papeleo que había ido acumulando en los últimos días, quien pondría pensar que una sanadora tuviera que escribir tanto, era horrible.

- Sanadora Tanrof – llamaron desde la puerta - perdone que le moleste, pero tenemos un pequeño problema. - Susan se giro para mirar a la mujer que la observaba desde la puerta.

- ¿Que ocurre?-pregunto.

- Ya sabe como le gusta al aprendiz August Pye curar con métodos muggles y a encontrado al paciente perfecto, esta más obsesionado con lo muggle que el.

- No veo el problema.

- Bueno su mujer no esta tan de acuerdo en los métodos como el paciente, así que ahí una pequeña discusión en la habitación.

- ¿Como de pequeña?-pero no hubo falta que le contestase, al oír los gritos, se levanto y con desgana se dirigió a la habitación - Buenas –saludo- ¿Algún problema?

- Si uno, que este idiota – grito una mujer pelirroja señalando a su marido - esta permitiendo que ese – continuo gritando señalando a otro hombre - experimente con el.

- Vamos Susan – protesto el aprendiz - el quiere probar los métodos muggles, tengo su autorización – ella levanto su mano para que se callara.

- Primero, señora….

- Weasley- contesto la mujer.

- Bien señora Weasley, entiendo y comprendo sus razones para estar enfadada, pero le recuerdo que esto es un hospital y no un campo de quidditch para dar gritos - la orejas de la mujer se pusieron rojas.- Y August, por lo que más quieras, deja de experimentar con los pacientes, esta discusión la hemos tenido más de una docena de veces y me esta empezando a resultar agotadora.

- Lo lamento Susan – contesto apenado.

- A su marido lo trataran con magia señora Weasley, perdone las molestias que esto le haya podido causar.

- Gracias y discúlpeme usted a mi

- No se preocupe, es comprensible -se despidió con una sonrisa, al girarse tropezó con alguien que en ese momento entraba, sus ojos castaños la devolvieron a una realidad que creía casi olvidada.

- Hola- dijo el hombre sorprendido, pero ella no contesto, salió deprisa de la habitación, huyendo, el cerro la puerta tras de si y la siguió, la sujeto de un brazo y la giro para encalarla. - ¿Sigues sin querer hablar conmigo?

- Digamos más bien, que no eres una de mis personas favoritas, exactamente – contesto intentando soltar su brazo.

- Debo hablar contigo ¿tienes un despacho?- ella dio un tirón soltando su brazo y abrió una puerta cercana, entro y espero a que el lo hiciera - ¿Un armario de escobas?- dijo el sorprendido.

- ¿Que quieres?- pregunto de mala forma.

- Se que tienes derecho a estar enfadada conmigo, la discusión que tuvimos fue muy dura para los dos, pero….

- Remus lo que sea rápido, tengo mas cosas que hacer.

- Sirius es inocente, fue Peter, esta vivo, el fue el traidor - vale puede que esperase más entusiasmo por parte de ella, que lo miraba como si lo quisiera asesinar.

- ¿El esta bien? – parecía como si alguien estuviera aferrando su corazón en ese momento.

- Esta escondido, se siente un poco enclaustrado, pero el esta a salvo. Tal vez pueda organizar algo para que os veáis, no sé como lo podríamos hacer, pero….-

- No – negó ella rápidamente.

- ¿No quieres verle? – pregunto extrañado.

- El siempre a sabido donde estaba, si no ha venido a verme, es por que no puede, o porque piensa que no es seguro, el vendrá en cuanto cumpla sus propósitos. Ahora tiene otras prioridades.

- De acuerdo.- contesto el sorprendido.- puedo decirle algo si quieres - y por primera vez desde que se habían vuelto a reencontrar, ella sonrío.

- El sabe todo lo que le quiero decir. No hace falta que le digas nada.


- Sirius- dime contesto el aludido molesto porque Molly le obligara a buscar los adornos de navidad, como si no tuviera el suficiente, como para ponerse a celebrar una navidad.

- He acompañado a los Weasley y a Harry a San Mungo a ver a Arthur.

- Ya lo se. ¿Sabes donde esta el muérdago? no lo veo – contesto ignorándolo.

- La sanadora… Era Susan.- el moreno saco la cabeza de la caja en la que buscaba.

- ¿Susan? – pregunto sorprendido sintiendo como su corazón latía más deprisa.

- Si – afirmo el licántropo notando como había captado la atención del otro.

- ¡Oh! que casualidad.- dijo mientras volvía a introducir la cabeza en la caja -¿Cómo esta¿Te dijo algo?- Remus casi hubiese reído de la manera en que su amigo había intentado hacer la pregunta de una manera casual.

- Intente hablar con ella, pero solo me dio tiempo a decirle que Peter fue el traidor.

- ¿Sabe que no fui yo?- pregunto esperanzado.

- Ella nunca dudo de ti. Creeme a mi me echo de vuestra casa a hechizos, cuando le dije, que si eras el traidor - Sirius lo intentaba ocultar, pero la sonrisa hacía aparición en su rostro - le dije que podía intentar un encuentro entre los dos – el otro se tenso- pero me contesto que no hacía falta, que tu ya la irías a buscar cuando terminaras de hacer lo que debías.

- Te dio… ¿Te dijo algo para mi?

- En realidad no, me ofrecí a traerte un mensaje, pero lo único que dijo es que tú ya sabías lo que te tenía que decir.

- Chica lista - murmuro el moreno feliz.

- ¿Has dicho algo?- pregunto Remus.-

- No, ya encontré el muérdago, vamos a decorar la casa, es navidad.- Remus miro a su amigo que parecía completamente distinto a la persona con la que había subido con el al ático.

Remus no recordaba la última vez que había visto a su amigo de tan buen humor, estaba cantando villancicos, aparentemente feliz y contagiando su felicidad a todos en la casa.

Ya no era su hosco anfitrión del verano, ahora parecía determinado a que todos disfrutaran, y trabajó incansablemente antes de Navidad, limpiando y decorando con ayuda de todos.