CONTIENE SPOLIERS
El final cada vez esta más cerca, espero que os guste.
Estaba muerta de sueño y aun le quedaban dos horas para finalizar el turno, se sirvió otra taza de café, que callo al suelo rompiéndose, cuando al girarse se encontró con él.
- Nena una sanadora de tu categoría no puede ser tan torpe.
- Por Merlín – gimió ella mirándole – ¿Te has vuelto loco? Alguien te puede reconocer y enviar de nuevo a Azkaban.
- Necesitaba verte – susurro él mientras le acariciaba su mejilla.
- Te he extrañado demasiado – murmuro ella apretándose contra la mano que le acariciaba- tengo que contarte muchas cosas -. Ella le miro, su aspecto le recordaba al chico que había visto aquella última noche donde su vida se fue al traste, no parecía encontrarse mal, ni que los años que había estado encerrado le hubieran afectado ni trastornado.
- Lo harás, me lo contaras todo. Yo necesito que entiendas que nada ha cambiado respecto a ti.
- Lo sé – sonrió ella.
- Que mientras estuve en Azkaban te olvide, solamente porque lo tuve que hacer, no podía permitir que me quitaran… El odio hacía Peter, era lo único que me podía permitir allí encerado.
- Lo comprendo- le dijo, suspiro mirándolo – Yo nunca dude de ti.
- Ojala tuviera más tiempo – coloco sus manos en sus mejillas, la beso en la frente, después bajo despacio hasta la punta de su nariz que también beso, hasta llegar a sus labios, jadeo antes de morder su labio inferior e introducir su lengua en la boca de ella. Cuando el beso termino ella lo miro angustiada.
- ¿Que tienes? – pregunto Sirius.
- Dímelo tu – contesto ella – me has besado igual que la noche que murieron James y Lily…
- Sanadora Tanrof, necesitamos ayuda, algo a pasado en el ministerio, tenemos varios heridos.
- Debes ir – dijo Sirius sin soltarla.
- No te voy a volver a verdad – no era una pregunta.
- Si lo harás. Te lo prometo, nos veremos de nuevo.
- Sanadora por favor – insistió la voz detrás de la puerta.
- Ya voy – grito ansiosa.
- Susan, te lo dije un día, no voy a permitir que te alejes de mi ¿Lo recuerdas?
- Si – susurro ella.
- Pues no lo olvides nunca. Vendré a por ti llegado el momento.
- Prométemelo.
- Te lo prometo – aseguro él besándola de nuevo.
- Sanadora hay varios heridos y tenemos poco personal – siguieron reclamando.
- Debes ir.
- Me lo has prometido – dijo ella.
- Desde luego – contesto el soltándola.
- Sanadora – la enferma había abierto la puerta y Susan se giro mirando a su subordinada temiendo que reconociera a Sirius – son aurores y seguidores de quien no debe ser nombrado, lo han visto esta noche, es cierto que ha vuelto – Susan miro a Sirius, pero no estaba allí, donde hacia unos minutos estaba el hombre, ahora no había nada – ¿Sanadora se encuentra bien? – pregunto mirando la taza rota en el suelo.
- Si, si. Solo cansada, nada distinto a vosotros, vamos a curar a esas personas.
Ya debía haber salido hacia casi tres horas, pero se quedo hasta terminar con todos los pacientes y la red flu estaba saturada a causa de la noticia de que el que no debe ser nombrado hubiera vuelto. Así que se apareció en un callejón cercano a su casa, cuando llego a la puerta de esta, se encontró a Remus sentado delante de ella.
- Soy Remus Lupin, licántropo, perdiste la…
- Vale, vale – corto ella ayudándole a levantarse.
- ¿Cuanto tiempo llevas ahí? Estas helado
- No estoy seguro – contesto el siguiéndola dentro de la casa.
- ¿Te apetece algo caliente?
- Siempre soy yo el que debe darte las malas noticias- el no la miraba fijamente.
- ¿De que hablas Remus?- pregunto ella temblando.
- Ha muerto Susan. Lo lamento, no se como ocurrió, se enfrentaba a Beatrix Lestrange, Sirius siempre fue mejor que ella, se confió… no lo se, pero el callo y…
- No – negó ella – no es verdad. Yo… esta noche… - y se dio cuenta, fue como si todo encajara en su mente de repente, se había ido a despedir de ella.
Se derrumbo, callo al suelo llorando y gritando desesperada, lo había perdido por quince años y aun tenía la esperanza de que algún día podrían volver a estar juntos, pero ahora toda esperanza había muerto y lo único que sentía era un dolor tan grande que la desgarraba por dentro.
Golpeaba el suelo al mismo tiempo que sus gritos escapaban de su boca, Remus la sujeto para que no se hiciera daño, la abrazo contra su pecho mientras el sentado en el suelo apoyaba su espalda contra la pared y por primera vez en la noche lloraba por la perdida de su mejor amigo, mientras la mujer de él, se rompía entre sus brazos.
No sabían cuanto tiempo habían estado allí sentados los dos juntos abrazándose, pero volvía a anochecer y aun así ningún de los dos decía nada. Ella se soltó del agarre de él, entro en la cocina y salio con dos copas de vino, le ofreció una a el al tiempo que volvía a sentarse junto a él.
- La noche que lo encerraron en Azkaban – comenzó ella – creía que era la peor de todas en mi vida… pero lo que siento ahora Remus… me esta destrozando.
- Lo siento – dijo mientras ponía una mano en su hombro – no sé que decirte, porque dudo que pueda llegar a decir algo que disminuya tu dolor, menos cuando yo no sé que hacer para disminuir el mío, pero tienes que pensar que tienes una vida por delante, que el jamás querría que te murieras en vida. Tienes mucho por lo que seguir adelante.
- Lo sé – contesto – pero necesito tiempo, voy a dejar el trabajo, no quiero volver a esta casa, todo lo que ahí en ella me recuerda a él.
- Eres buena en tu trabajo y te gusta, tienes que continuar con tu vida, entiendo que no quieras vivir aquí, pero es tu casa Susan.
- Pero yo…
- Duele y te dolerá durante mucho tiempo, pero no puedes dejar todo a causa de ese dolor – ella afirmo sin decir ninguna palabra.
- Seguiré en San Mungo, pero por ahora me iré a vivir con mi padre, no puedo estar aquí. No ahora que sé que el nunca volverá.
Y dolió, dolió mucho y durante mucho más tiempo del que ella pensaba, durante casi un año se levantaba llorando. Un día se levanto y se dio cuenta que el desazón había desaparecido, pero no el recuerdo de él, eso era imposible que llegara a desaparecer.
Había ido a pasar unos días a la casa que su padre tenía en un pueblo muggle, el casi pasaba más tiempo allí que en la ciudad, así que ella decidió que unos días de descanso en un sitio apartado de la muchedumbre sería perfecto y lo habría sido, si aquella lechuza no hubiera traído aquellas fatídicas noticias.
- Papa – llamo Susan al ver la palidez del rostro de él - ¿Qué ocurre?
- Albus – gimió mientras se dejaba caer sobre una silla – el… ha muerto.
- No puede ser – contesto ella agitada cogiendo le pergamino y leyéndolo – por Merlín ¿Cómo es posible?
- Su entierro… - su padre parecía en otro mundo – es mañana, quiero ir.
- Claro papa iremos – dijo ella abrazándolo.
Había muchísima gente allí, como se esperaba que hubiera para un mago tan notorio como había sido, Albus Dumbledore. Su padre sentado junto a ella miraba al hombrecito que presidía el funeral, cuando todo termino, fue a saludar a varías personas, mientras ella se quedaba un poco apartada.
- Hola – se giro para ver a Remus.
- Hola - contesto mientras le brindaba un abrazo - ¿Cómo estas? – pregunto al tiempo que miraba a una mujer detrás del hombre.
- Todo lo bien que cabe esperar – dijo mientras seguía la mirada de Susan -. Ella es Tonks – presento.
- Encantada – le ofreció su mano que la otra acepto.
- Tonks – continuo el con las presentaciones – ella es Susan…- la miro sin saber como continuar.
- Tanrof – termino ella por él.
- ¿Tanrof? – espeto.
- Nunca llegue a usar mucho tiempo su apellido – dijo encogiéndose de hombros.
- Mi madre te conoce – Susan la miro confundida – Es Andrómeda Tonks.
- La prima de Sirius – recordó – si la conozco tu madre es una persona encantadora.
- Gracias – dijo Tonks al tiempo que cogía la mano del licántropo, acto que no paso desapercibido para la otra chica – ella habla muy bien de ti también.
- Es horrible lo que ha pasado. ¿De verdad que fue Snape? – pregunto incrédula.
- Si. Harry lo vio todo, parece increíble, Dumbledore confiaba en él, no se como pudo engañarlo, parece que todo fuese una pesadilla.
- Si, una pesadilla sin fin – termino Susan.
Las cosas cada vez iban a peor desde la muerte de Dumbledore, Voldemort cada vez tenía más poder e incluso tenía el ministerio bajo su control, el mundo mágico estaba condenado a él.
Su padre ya era muy mayor y la edad le hacía estragos, había cogido un catarro que no conseguía currar y lo tenía en cama por varias semanas, lo que hacía que cada día estuviera de peor humor.
- Maldito hijo de puta.
- Papa – regaño Susan entrando en la habitación – ese lenguaje.
- Puede creer que el cerdo de Snape, me pide amablemente que me reúna con el en Hogwarts ¿Qué se habrá creído ese mal nacido? – ella le quito el pergamino de las manos para leerlo.
- No te preocupes, le escribiré diciéndole donde puede meterse su reunión.
- Bien – gruño su padre – pero que se la meta bien hasta el fondo – ella le miro al tiempo que levantaba una ceja.
Hogwarts, su colegio, su hogar, ahora convertido en la escuela para futuros mortifagos, se sentía mal al ver lo que había sido aquella escuela y lo que era ahora.
Caminaba por uno de los pasillos cuando al dar la vuelta en una esquina se encontró con una imagen grotesca.
Neville estaba en el suelo mientras era sometido a una maldición de la mano de Amycus.
- ¿Qué estas haciendo? – grito ella al tiempo que sujetaba la muñeca del otro parando la maldición.
- No – rugió él - ¿Qué estas tu haciendo¿Qué haces aquí? - ella ni si quiera se había planteado lo que había echo.
- Neville ¿Estas bien? – se arrodillo junto al dolido chico intentando ayudarle.
- ¿Te pregunte que haces aquí? – chillo el otro empujándola por el hombro y tumbándola, ella sin pensar, saco su varita y le apunto con ella - ¿Te atreves a amenazar a un profesor de Hogwarts? – rió él.
- ¿Qué esta pasando aquí? – Susan miro a la persona que había hablado.
- Me esta amenazando Severus – contesto riéndose Amycus – a mi. A un profesor. Se ha colado en el colegio.
- No me he colado – bufó ella.
- Si lo has hecho.
- No lo ha hizo – contesto Snape antes de que Susan replicara algo – Ha venido a hablar conmigo.
- ¿Así es como diriges el colegio? – bramo – permitiendo castigos corporales a tus alumnos.
- Como yo dirija el colegio no es asunto tuyo. Longbottom ve a tu torre. Y tu sígueme – le dijo señalándola.
Y fue lo que hizo, fue tras él sin decir ni una sola palabra furiosa por lo que había visto y por estar en presencia del hombre culpable de la muerte de Dumbledore. Fueron al despacho del director, el que a pesar de mucha gente era ahora el despacho de Snape.
- Le pedí a tu padre que viniera no a ti – dijo señalándole un asiento para que se sentara, ella miro los retratos colgados de la pared con los antiguos directores, todos vacíos – y ya que vienes sin invitación, no estaría de más que no te enfrentaras a mis profesores.
- ¿Profesores? Asesinos querrás decir. Y si he venido yo, a sido solamente para decirte que dejes en paz a mi padre, esta enfermo y no necesita que tu lo alteres más.
- Siento oír que no se encuentra bien.
- Seguro – contesto ella sarcásticamente.
- Cree lo que quieras – bufo él sentándose cómodamente detrás de la mesa del director – la razón que quería ver a tu padre es sencilla, dos palabras, Beatrix Lestrange – ella le miro confundida – tu, al igual que tu padre, un día me hiciste una pregunta a la que nunca te conteste, ahí tienes tu respuesta. Ahora puedes irte – la mirada de ella era de completa confusión -. Ya puedes irte – volvió a repetir él.
- ¿Por qué ahora?
- No tengo más que decirte – al ver que ella no se levantaba siguió hablando – a no ser que quieras que hablemos sobre la muerte de tu maridito. ¿Piensas si sufrió mucho?
- Eres un cabrón – se levanto y salio corriendo.
Dos palabras era todo lo que la había llevado a ese momento, cuando su padre aunque muy dedil recibió el aviso de la orden del fénix, no se lo pensó dos veces y acudió al colegio y ella fue con él.
Había sido una batalla cruel, donde muchos habían perdido la vida, los heridos se contaban a docenas y ella colaboraba con la enfermera Pomfrey y otros voluntarios que se encontraban allí.
El que no debe ser nombrado, les había dado una hora para que Harry Potter se entregara, una hora, sesenta minutos que parecían una eternidad, esperando un final.
Ella se encontraba de rodillas con la cabeza de su padre sobre ellas, acariciaba su canoso pelo, mirando su sereno rostro.
- Susan – la enfermera Pomfrey se encontraba a su lado – lamento mucho lo de tu padre – ella le sonrió.
- No le quedaba mucho tiempo y estoy segura de que morir así, era lo que el deseaba ¿Hay muchos heridos?
- Tomate unos minutos cariño – contesto la mujer dándole pequeños golpes en su espalda.
Susan miro alrededor del gran comedor, pudo ver no muy lejos de donde se encontraba ella, a la familia de pelirrojos que habían estado en San Mungo, la mujer lloraba sobre el pecho, del que ella creyó era uno de sus hijos, miro a su lado y su corazón salto angustiado, Remus, su amigo del colegio, se encontraba allí tendido junto a la mujer que le habría presentado en el funeral de Dumbledore, ninguno de los amigos y personas que había querido en su niñez estaba vivo, dejo caer su cabeza sobre el pecho de su fallecido padre y permitió que las lágrimas floraran de sus ojos, permaneció allí unos minutos, después se levanto y fue junto a la enfermera a dar toda la ayuda posible, ya tendría tiempo para llorar después, si es que alguien llegaba a tener un después.
Oyó el grito de McGonagall desde dentro del gran comedor, se acerco a la ventana como el resto de la poca gente que se encontraba allí dentro, y entonces lo vio, el elegido, el que debía acabar con el que no debe ser nombrado estaba muerto, los gritos de los que estaban afuera eran desgarradores mirando a la figura inerte del chico.
Vio a Neville intentando atacar a Voldemort, quiso gritarle que no lo hiciera, que se detuviera, pero su voz parecía quedarse atrapada en su garganta, segundos después el sombrero seleccionador, volaba por los aires yendo a parar a la cabeza del chico, que comenzó a aullar cuando el sombrero prendió en llamas.
Un grito se oyó y gigantes corrieron hacía otro que aparecía en ese momento, flechas volaron por el cielo saliendo del bosque, de la nada Neville con una espada cortaba la cabeza de la serpiente que siempre acompañaba a Voldemort.
Escucho la voz de Hagrid llamando al elegido, que había desaparecido de repente, animales salieron del bosque, los magos eran empujados dentro del castillo, cuando se quiso dar cuenta la batalla estaba dentro del gran comedor.
Los elfos de las cocinas se unieron a los magos que defendían el colegio contra los mortifagos, Susan entre el griterío escucho el nombre de Regulus y vio al elfo de la familia Black encabezando a los elfos.
Todo estaba pasando tan rápido que no se había dado ni cuenta de que ella también lanzaba hechizos a los mortifagos que iban cayendo, por todos los allí presentes, Voldemort estaba en medio de la gran sala luchando contra con McGonagall, Slughorn, y Kingsley, pero quien más llamo la atención de Susan, fue una mujer que se reía, mientras combatía con tres al mismo tiempo, soltó una carcajada cuando la mujer pelirroja se acerco a enfrentarse a ella y entonces fue cuando vio su momento, sus pensamientos nunca llegaron a aclararse antes de que de sus labios saliera Avada Kedravra, del rostro de Beatrix, desapareció su cruel sonrisa, para dar paso a una de sorpresa. Todos creyeron que Molly Weasley, había matado a Beatrix Lestrange, y ella dejo que todos los creyeran, no tenía importancia quien había sido, lo que para ella importaba, era que la mujer que había matado hacía años a su hermano y después a Sirius estaba muerta. Sintió algo junto a ella y se volvió rápidamente, pero no había nada y el grito de Voldemort la devolvió a la realidad.
