La historia obligada "Draco es un Veela" que cada autor de Fanfiction HP tiene que escribir

Por:

Mahaliem

Traducido por:

Perla


Capítulo 3

—Señor Malfoy, estoy muy complacido de que pudiera venir a verme. Por favor, sírvase un caramelo de limón.

Como si tuviera otra elección, gruñó Draco para él mismo. El director le había pedido que se entrevistara con él después de la cena y por eso fue que se encontró caminando hacia la oficina de Dumbledore a pesar de que era lo que menos deseaba hacer. Porque estaba obligado a realizar todo lo que su compañero le pidiera, y en ese momento tuvo que estirar la mano y tomar un caramelo de limón a pesar de detestar esas cosas.

Dumbledore sonrió mientras Draco se metía el dulce en la boca. —Ya que muy pronto estaremos asociados el uno con el otro, tengo curiosidad por conocerlo mejor. Cuénteme algo sobre usted.

—Mmm mmmm, mmmmmmm m mmmm mm mmmmm mmmmm —respondió Draco.(1)

Se sintió bastante mortificado. Si su madre se enteraba de que estaba hablando con la boca llena, se suicidaría por su falta de maneras aceptables socialmente y la enterrarían para que pudiera seguir revolcándose dentro de su tumba. Pero no tenía otra opción más que responderle a Dumbledore como mejor podía.

—Qué maravilla —exclamó Dumbledore—. Por favor, tome otro caramelo de limón.

Aunque trataba de pelear contra el ofrecimiento, Draco se embutió un segundo dulce en la boca aún antes de terminarse el primero.

El director se inclinó hacia él. —¿Cómo se siente con este asunto de ser Veela y tener poderes?

—Mmmmmmmmmmm mmmmm mmmmmmmmmm mm mm mmmmmmmmmm mmmm mmmmm mmmmmmmm m mmmmmmmm m mm mmmmmmmm Mmmmm.(2)

—Maravilloso. Maravilloso. Sírvase otro caramelo de limón.

Draco se metió un tercer dulce en la boca.

—Dígame ahora, señor Malfoy, y esto es extremadamente importante… ¿Cuáles son sus gustos en calcetines?

Esa iba a ser una noche muy larga.

oOo

Todos los años Draco odiaba la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. Ese año no era la excepción.

Observó al monstruo que se erguía enfrente de él y tragó saliva. Era horrible y peludo, además tenía ojos pequeños y achispados, y enormes garras que podían partirte a la mitad. El animal que Hagrid estaba cargando parecía bastante peligroso, también. Era verde con una mancha roja y pulsante en medio de la frente.

—Este amiguito que tenemos aquí —retumbó la voz de Hagrid—, es conocido por el nombre de cuajado. ¿Alguien sabe en dónde podemos encontrar a los cuajados?

La mano de Granger se levantó a toda prisa y Draco soltó un bufido de desprecio. —Sabelotodo —masculló lo suficientemente alto para que todos pudieran escuchar pero no tanto como para meterse en problemas. Hacer eso era una habilidad que había perfeccionado con los años.

—Los cuajados habitan en América. En Norteamérica, para ser exactos.

—Muy bien dicho, Hermione. Viven sobre los árboles. Ahora... ¿quién quiere sostenerlo?

Como si fueran una sola persona, la clase entera dio un paso hacia atrás. Hagrid había sido un gran instructor cuando se trataba de enseñarles a tener cuidado de criaturas desconocidas.

—Vamos. No es probable que les haga mucho daño. —Hagrid hizo una pausa como si pensara mejor lo que acababa de decir y añadió—: Al menos no les hará nada que no pueda ser sanado.

Casi todos se giraron a mirar a Harry, esperando que se ofreciera como voluntario. Por lo que fue toda una sorpresa cuando Draco dijo: —Yo lo haré.

Caminó para colocarse delante de todos y Hagrid lo miró estupefacto durante un momento antes de entrecerrar los ojos con suspicacia.

—¿Estás seguro?

Draco asintió.

—¿No estarás planeando hacerle daño, verdad?

—No —respondió Draco haciendo su mejor esfuerzo para no poner los ojos en blanco.

—Es tan sólo una cosita. No te ha hecho ningún mal.

—Oh, por… —Draco se arrepintió de lo que estuvo a punto de soltar y tuvo que contener su enojo—. Sólo dame al maldito asqueroso.

Todavía actuando como si estuviera dando al mismísimo hijo de sus entrañas a un conocido asesino que portara un hacha, Hagrid puso al cuajado en los brazos de Draco.

—¿Ves? No hay nada de qué preocuparse —le indicó Draco a Hagrid—. El asqueroso me ama.

Eso no estaba ni cerca de ser verdad. De hecho, el cuajado parecía estar luchando con todas sus fuerzas por huir, peleando y empujando a Draco con sus patas palmeadas.

Draco se había ofrecido como voluntario en esa repugnante tarea con el único objetivo de impresionar a Hagrid con el amor que les tenía a las bestias nauseabundas, sucias y repulsivas. Todavía no estaba muy seguro de que Hagrid fuera mejor opción que Dumbledore, pero al menos, si formaba pareja con él, Draco sería el que tendría el control por ser el más inteligente. Pero la estúpida criatura que cargaba iba a arruinarlo todo si no conseguía calmarla.

Desesperado, Draco liberó sólo un poco de sus poderes Veela. Había estado practicando el control sobre ellos con ayuda de varios elfos domésticos y creía que podría manejarlos mejor que antes.

Sin embargo, debió haber calculado mal porque Hagrid reaccionó dando traspiés hacia atrás y la clase entera lo estaba mirando con ojos de borrego. La buena noticia era que el cuajado dejó de luchar inmediatamente. La mala noticia fue que empezó a montarse sobre el brazo de Draco.

—¡Auxilio! —chilló Draco, mirando a todas partes y agitando el brazo en cuestión.

Su alarido pareció despertar a sus compañeros y a Hagrid del estupor Veela que les había inducido. Hagrid comenzó a tratar de quitarle al cuajado de encima.

—Ya, ya, tranquilo. No permitiré que nadie te haga daño —le aseguraba Hagrid al extremadamente ocupado animalejo.

—¿Que nadie le haga daño? —repitió Draco, insultado ante la falta de preocupación por el estado de su brazo.

—¡Draco, jodido Veela de mierda! —gritó una voz femenina.

Girando su cabeza, se percató de que Millicent Bulstrode se abalanzaba sobre él.

—Sé lo que has hecho —lo acusó—. Estás tratando de engatusar a Hagrid con tus poderes Veela. Bueno, pues no lo permitiré. ¡Hagrid es mío! —Millicent le dio a Draco una fuerte patada en la espinilla.

—¡Ay! —gritó él.

—He esperado durante años a que deje a esa fulana francesa. No voy a perderlo por causa tuya. —Lo pateó por segunda ocasión.

—¡Oh, diablos! —jadeó Draco en medio del dolor.

Eso, decidió Draco, era el infierno. No, era peor. El infierno era un tormento que no se acercaba al de tener a una criatura verde tratando de procrear con su brazo mientras Millicent lo pateaba hasta el cansancio. Hagrid, el patán, tampoco hacía gran cosa por ayudarlo.

Millicent lo pateó por tercera vez y casi se tropieza, causando que un nuevo temor se apoderara de él. Si perdía el equilibrio y caía al suelo, no quería ni pensar en lo que le podía hacer aquella criatura vil en tan vulnerable estado. Ni tampoco en lo que le podía hacer el cuajado.

¡Desmaius! —gritó Harry.

Millicent se congeló cuando el hechizo de Potter la golpeó. Y cuando cayó hacia atrás y azotó el suelo, la tierra tembló.

¡Desmaius! —gritó Harry otra vez.

El cuajado salió disparado del brazo de Draco. Hagrid lo atrapó en el aire y de inmediato lo acunó contra su pecho para arrullarlo.

Draco miraba fijamente hacia su salvador. Potter estaba parado ahí, con el brazo que sostenía la varita todavía levantado. La brisa le revoloteaba el cabello, quitándoselo de la cara y dejando expuesta la cicatriz en forma de relámpago. Además, los ojos le destellaban peligrosamente. Durante un momento, Draco creyó que lucía como un ángel vengador. De hecho, mientras observaba a Potter, pudo haber jurado que escuchaba música de fondo.

Mirando alrededor se dio cuenta que realmente estaba escuchando música. Hagrid estaba canturreándole incoherencias al aturdido cuajado.

Potter caminó hacia él. —¿Estás bien, Malfoy?

—Perfectamente.

El chico frente a él pareció dudarlo.

Draco se levantó y miró a Potter con desprecio. Gracias a que ambos eran casi de la misma estatura, Draco tenía que pararse de puntas para que la mirada despreciativa tuviera más efecto. —Si no hubieras interferido yo hubiera podido controlar todo.

—Mis disculpas, entonces. Es sólo que no me gusta la idea de que alguien más te haga lo que yo quisiera hacerte —dijo Harry en voz baja.

—No tienes motivos para sentirte celoso. Hay mucho de mí para que cualquiera me patee.

Sonriendo, Harry se inclinó hacia él y le susurró en el oído: —No es de Millicent de quien yo estaba celoso.

Antes de que Draco pudiera responder a la insolente declaración de Potter, Hagrid se acercó hasta ellos.

—No entiendo qué fue lo que pasó —decía Hagrid mientras acariciaba al cuajado que ahora gimoteaba entre sus brazos.

—Las criaturas inferiores parecen sentirse atraídas por mí —dijo Draco arrogantemente sin dejar de observar a Potter.

—No creas que es por eso. —Hagrid negó con la cabeza, todavía anonadado—. Tal vez seas parte Veela, pero no eres Vincent Crabbe.

oOo

—Puedo afirmar sin dudar que, si es un aspecto físico lo que me atrae de Dumbledore, definitivamente no es su barba.

Vince y Greg, sentados junto a él en el Gran Comedor durante la cena, asintieron con aprobación.

—Si no es la barba, tal vez sean las gafas —sugirió Vince.

—McGonagall usa gafas —añadió Greg alegremente.

Un platón lleno de puré de nabos aterrizó en la cabeza de Goyle. Subordinado leal o no, algunas cosas no podían dejarse pasar sin castigarse.


Lo que Draco trató de decirle a Dumbledore:

(1) Soy rico, hermoso y odio el sabor limón.

(2) Actualmente estoy trabajando en un giratiempo para poder regresar y asesinar a mi ancestro Veela.


Bueno, ya vamos a la mitad xD Sigo agradeciendo los reviews y las lecturas y las preferencias y que lo coloquen en favoritos y lo que sea que hagan con este fic. Saludos y besos a todos y que pasen un fin de semana espectacular. ¡Nos leemos mañana!