Acá les traigo el primer capítulo del fic...millones de gracias a los que dejaron reviews por el prlogo )

No puedo asegurar que el proximo capitulo llegue rapido (si es que alguien va a estar interesado) porque va a ser de la perspectiva de Sasuke y todavía no lo escribí. En todo caso les pido por favor que si pueden me dejen sugerencias de cualquier tipo en los reviews (si bien tengo muchas cosas planeadas ma ayudaria muchisimoo! y los amaria por toda la eternidad)...

Las advertencias son las mismas que para el prólogo! onegai denme ideas para desatascarme con ciertas cosas!

Muchisimas gracias


Amar te Duele:

Miró por la ventana por la décimo octava vez en los cuarenta y un minutos que llevaba en Matemática. Deberían prohibirla, era demasiado aburrida y complicada para que alguien la pudiera entender y poderla aplicar a algo útil en su vida.

Sasuke es bueno en Matemática susurró su mente, que, en ese punto tenía la completa seguridad, quería arruinar su vida. Tal vez quería ser el cerebro de alguien que supiera aprovechar lo que tenía adentro, reflexionó. Sino, no encontraba una explicación a la constante tortura a la que lo sometía. Sasuke esto, Sasuke aquello, chillaba todo el día. ¿Qué estará haciendo Sasuke¿Qué pensaría Sasuke?

¿A quién le importaba lo que pensara ese...teme de él¿Quién quería saber en qué ocupaba su tiempo?

Suspiró, derrotado. Él. Él quería saber del teme, de lo que hacía, de lo que no, de qué lo ponía contento, de que no le gustaba...todo.

Se mentía a sí mismo (y a su endemoniado cerebro) si decía que no espera emocionado verlo entrar por la puerta con ése aire superior y esa enigmática y sensual belleza que lo atraía hacia él, hacia su fuego...Dios, tenía tanto miedo de quemarse.

Cada palabra que salía de sus labios, las anécdotas, las burlas, las inusuales sonrisas, los pequeños detalles de su personalidad que poco o poco iba recolectando, todo, estaba grabado en su mente. Y eso que él no recordaba mucho las cosas (ejemplo: las fórmulas en el pizarrón), pero claro era, otra vez, su estúpida memoria selectiva que también se le volvía en su contra.

¿Cómo podía funcionar si todo el tiempo él mismo se le volvía en contra¿Ehh? Ésa era una buena pregunta para Filosofía, si señor, la iba a anotar después.

Pero claro ¿Cómo iba a ser memorioso si todo lo que se acordaba era lo que había usado Sasuke a la mañana, cuántos cafés había tomado, cuántas veces sonreía por día? Ahh, claro para la tarea no, pero para Sasuke podía hacer un promedio de sonrisas por día. Y hasta tenía porcentajes: 54 de las veces por ganar la discusión del momento, 13 de las veces por una torpeza suya, 21 de las veces de algo que le contaba, un 15 por haber sido mejor que alguien en alguna de sus anécdotas y un 5, un maravilloso y escalofriante 5 de las veces, de una manera que no comprendía en lo absoluto, algunas veces con una expresión misteriosa que lo llenaba de escalofríos en la espalda y lo llenaba de un extraño calor y, otras con algo que sólo podía catalogar como añoranza...pero no estaba muy seguro.

Era un completo idiota, y lo tenía muy claro. Aunque catalogara cada gesto o palabra, aunque se esforzara por al menos una vez a la semana lograr que se riera de verdad, aunque se cuidara de tener su café preparado justo como le gustaba, aunque se matara por preparar él mismo siempre las galletitas de manteca que comía, nada de eso cambiaba la realidad.

Si tenía mucha suerte (mucha mucha suerte) podía ser que de vez en cuando el moreno le dedicara un pensamiento al azar...ni siquiera se debía considerar su amigo.

¿Amigos, ellos? Por favor, si a ese Neji que lo conocía desde la secundaria baja sólo lo consideraba "Un estorbo, todo el día deambulando por ahí" ¿Se acordaría siquiera de Naruto Uzumaki, torpe, dobe y usuratonkachi alguna vez?

-Naruto ¿Entendiste algo?-lo sobresaltó Kiba-Yo sólo entendí que ese Gauss tenía muy pocas cosas que hacer en su vida.

Lo miró con expresión extraviada-¿Quién es Gauss?

El castaño sólo se rió-Siempre es reconfortante saber que hay alguien peor que uno.

Como única respuesta le clavó un fuerte codazo en el costado, callándolo efectivamente. ¡El idiota de Kiba no le levantaba el ánimo en lo más mínimo!

Lo tenía decidido, ésa misma noche la iba a pasar en lo de Gaara, hablando y hablando y hablando hasta poder olvidarse de ése-a-quién-no-quería-mencionar. Su mejor amigo era genial para escuchar, básicamente porque no hablaba demasiado, sólo para decir la palabra justa en el momento justo. Sí, asintió, iba a pedirle a su Iruka tou-san que se encargara de la cafetería al día siguiente...y si él no podía seguro que su otro tou-san se podía ocupar...las clases de ninguno de los dos empezaban antes de las 9 de la mañana.

Pero incluso con el pensamiento cálido de poder divertirse con su amigo, sabía que no podía contarle de sus sentimientos por ésa-persona. Primero, porque era un hombre. Segundo porque le llevaba siete años. Tercero, porque era alguien importante que no tenía tiempo para lidiar con el enamoramiento de un adolescente y cuarto porque ni siquiera él mismo comprendía la profundidad de sus sentimientos por el-que-no-se-nombra.

Atracción de su parte existía. Y mucha. Demasiada. Excesiva. Y no quería comentar acerca del calor que sentía en su cuerpo a veces, o de las cosas que se le cruzaban por la cabeza de vez en cuando.

Cariño también sentía. Confianza. Como con un amigo. Con el que querés hacer cosas no muy decentes.

Admiración. Aprecio. Calidez. Intimidad. Comodidad. Felicidad. Nervios. Vergüenza.

Todo eso lo sentía cuando estaba con él. Pero pensar en amor, decir que se ama, era algo demasiado grande para su mente. La muy estúpida.

Amaba a sus amigos. Ponía las manos en el fuego, incluso en el mismo infierno.

Amaba a sus padres. Siempre se sentía protegido y querido, excentricidades aparte.

Amaba a sus abuelos. Lo consentían a su manera, lo cuidaban, le enseñaban.

Incluso amó a su lindo perrito, Puchiko, al cual cuando tenía doce años lo había pisado un auto. Pobrecito.

Pero amar a alguien de esa otra manera implicaba tantas cosas. No era la calidez confianzuda de decir cualquier cosa que tenía con sus amigos, no era el confort del amor de sus padres ni la sensación de tranquilidad con sus abuelos. Y mucho menos la compañía silenciosa y leal de un perrito.

Era arriesgarlo todo, entregarlo todo, cuerpo, alma e incluso a su condenada mente, abrirse a alguien que podía destrozarlo en mil pedazos, que tenía un poder exclusivo y completo sobre él. Si iba a amar, lo iba a hacer enserio, o sino no lo haría; y con ya-sabemos-quién las posibilidades de quemarse eran increíblemente altas.

Por eso prefería estar cerca de él y saber que le gustaba, que lo quería y no indagar más en lo que podía transformarse rápidamente en un dolorosa herida.

Estaba decidido, noche en la casa de Gaara.

Cuando el timbre tocó, salió disparado del asiento-Gaaaaaaaaaara!!-gritó por los pasillos, en su búsqueda.