Ninguno de los personajes de yyh me pertenecen, yo sólo hago un fanfic. No te olvides de dejarme un comentario, gracias por favor.
2. Fake momentum
De nuevo estaba en la calle, pero sin saber adonde lo habían llevado sus pies ésta vez. Bastó el darle una mirada alrededor para que notara que estaba en la estación de tren. No podía esconder la sorpresa que se asomaba en su rostro. Se puso a buscar algún rostro familiar, algo que le diera indicios de cómo fue que llegó a ese lugar.
Se levantó sin esperanzas de recordar como había llegado a ese asiento en la estación. Encontró un reloj que tuvo la piedad de ubicarlo en el tiempo. Afortunadamente no era demasiado tarde. Era sábado así que no había ido a la escuela. De repente estaba esperando a alguien, había quedado con alguien de la escuela en juntarse para algo. Pero no podía recordarlo.
Al lado suyo desfilaban montones de rostros desconocidos, como si fueran sombras difusas, pasaban frente a él, ensimismados, preocupados en sus asuntos, caminando a su ritmo, apurados, mirando todos hacia la misma dirección. Moviéndose como hormigas sobre la tierra blanda, rapidito, todos juntos. Había mucha gente ahí dentro, tanta que empezó a sentirse nervioso. No muy lejos de dónde estaba se detuvo un grupo de chicas conversando, jugando con sus celulares mientras reían. Pasaban algunos chicos de su edad, ancianos desentonando con paso lento en la apresurada estación, adultos, niños de las manos de sus padres… pero nadie conocido.
De pronto no pertenecía a ese espacio, en donde todos sabían hacia donde ir, la ruta a seguir, el camino a casa. Regresó a su lugar solitario, donde había despertado en este momento de desconocimiento… y se llevó la mano a los bolsillos del pantalón sin siquiera pensar porque lo hacía. No había nada en ellos.
Entonces era regresar sobre sus pasos y volver a casa, mientras podía recordar como hacerlo. Traía consigo su maleta escolar y le dirigió una mirada asustada, como si en sus manos tuviera una víbora. La abrió despacio, como si se tratara de la caja de Pandora y hurgó dentro.
Lo primero que salió fue una billetera. La abrió asustado, porque no era suya. Dentro encontró varios billetes dentro… y tarjetas de crédito y una identificación y…
Los pasos presuroso de alguien se detuvieron junto con unos zapatos de vestir negros, frente a él.
"Aquí estas." Estaba jadeando, al parecer tenía prisa o llegó corriendo. "Dame eso." Y estiró la mano para que le diera lo que tenía en su poder.
Levantó los ojos verdes más confundidos de toda la estación y pudo ver que el rostro del sujeto frente a él era igual al de la identificación dentro de la billetera. Le dio lo que le pidió sin decir nada, pero con ganas de acribillarlo de preguntas. ¿Acaso lo conocía? Debía ser así porque tenía algo suyo en su poder.
El sujeto abrió la billetera, revisando su contenido minuciosamente sin dejar de mirarlo enojado. Al parecer no encontró nada extraño o nada faltaba. Le regaló una mueca furiosa y se dio la vuelta, alejándose a prisa, pero sin dejar de voltear a ver al chiquillo pelirrojo que seguía sentado en la banca.
Shuuichi sintió deseos de correr detrás de él y preguntarle acerca de cómo llegó a la estación y porqué su billetera llegó a su maleta. Simplemente no podía entender cómo, qué había sucedido. Se puso de pie, pero no se atrevió. Era mejor regresar a casa antes de que se metiera en más problemas.
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El resto del fin de semana se mantuvo en casa. Afortunadamente para él su mamá no lo dejó sólo en ningún momento. Ella estaba preocupada por lo que le estaba pasando. Es que algo le sucedía pero no sabía como decírselo a ella. No estaba seguro de que era, pero de todas maneras, lo mejor era tratar de prestar atención a todo lo que hacía y no dejar que vuelva a suceder.
En la escuela la mañana transcurrió tranquila, a pesar de que la maestra le había preguntado si se sentía mejor. Sólo le dijo que sí, sin saber a lo que se refería, con tal que se callara. Lo malo es que ella sospechaba algo. No podía recordar haberse sentido mal, salvo un dolor de cabeza, de esos que le daban a su mamá a cada rato, por eso tomaba las mismas pastillas que ella. Tales píldoras le provocaban tanta somnolencia que a veces le costaba mucho trabajo levantarse para ir a la escuela.
Por eso llevaba el frasco de pastillas en la maleta. En caso sintiera el malestar podía calmarlo. El dolor apareció cuando estaba en plena clase y tuvo que esperar el receso para tomar la medicina. Para su buena suerte este momento llegó a los pocos minutos después de que se sintió mal.
En el baño tomó un par de pastillas. Pero el dolor aumentaba... así que tomó un par más. El dolor aumentaba como una punzada aguda en la base del cráneo, trepando despacio hacia las sienes. De pronto el mundo empezó a dar vueltas y vueltas, sin querer detenerse. Se aferró a los lados del lavadero que tenía enfrente, pero el movimiento del suelo seguía y seguía.
Alguien entró en el baño, esto no estaba bien. No debía nadie verlo en tal estado.
"Así que aquí andas."
Una voz la cual no podía recordar en ese momento, porque casi no podía pensar por el dolor que le estaba abriendo el cráneo. Unos brazos lo rodearon por la cintura y lo jalaron hasta estrellarlo en el pecho de alguien.
"Te estuve esperando y no apareciste por ningún lado. No me gusta que me dejen esperando. ¿Sabes?"
Quería decirle que no sabía a que se refería, pero quien lo sujetaba estaba evitando que se fuera al suelo.
"¿Qué tienes? "
Preguntó y la voz se iba disolviendo en una espiral de notas confusas. Mirando al espejo sobre el lavadero pudo ver que quien evitaba que se estrellara en el suelo era un alumno de la escuela, pero no estaba en su clase.
La cabeza se le fue hacia atrás, quizá fueron demasiadas píldoras juntas, por eso dormía tan profundamente. Ojala pudiera recordar este detalle para la próxima, si es que había.
"¿Qué te sucede?'"
Volvió a preguntar y fue lo último que pudo escuchar antes de que las piernas se le descolgaran y terminara abandonado sobre el pecho de su compañero de escuela.
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Despertó en la enfermería y el rostro preocupado de su mamá a un lado de la camilla. Ella estaba tan preocupada.
"Estoy bien."
Le salió sin siquiera pensarlo, mientras se incorporaba pesadamente sintiendo un dolor de cabeza ligero, pero molesto.
"Eso lo decido yo."
Anunció la enfermera mirándolo severa. Algo estaba pasando y no era nada bueno por el rostro de su mamá.
"Shuuichi…"
Su mamá tenía una expresión amarga y triste, la cual hacía que se odie a si mismo por hacerla pasar un mal rato. "Tú nunca habías hecho esto antes. ¿Qué te está ocurriendo?"
Entonces lo sabía todo, eso era bueno, porque él mismo no sabía que le estaba ocurriendo. Eran dolores de cabeza, nada serio. De repente con una dosis periódica de las pastillas que se estaba tomando, iban a disminuir e incluso desaparecer.
Shiori esperaba una respuesta y no iba a venir de sus labios. La enfermera se unió a la lista de espera, pero no había respuesta alguna. De repente juntos podían armar una, si les contaba que de pronto no se acordaba de las cosas. Pero sea como fuera su mamá no iba a reaccionar bien.
"Shuuichi."
Insistió Shiori.
" Quiero que me expliques qué haces tú con mis pastillas, en tu maleta."
La miró entonces desconcertado, por lo menos eso si lo recordaba. Las pastillas eran para sus dolores de cabeza, tomaba unas cuantas cada noche, para dormir bien, para que nada lo despierte. Pero no podía decirle eso, eso sólo haría que ella pregunte más y más preguntas y… no habían respuestas.
"¿Desde cuándo estás consumiéndolas?"
Preguntó la enfermera uniéndose a la cacería de respuestas.
No podía recordar desde cuando, pero si las tomaba con cierta periodicidad.
"Yo... No sé… no…"
"! No digas eso, no me digas eso!"
Gritó su mamá con voz herida, como si sus palabras hubieran abierto su pecho y ahora estuviera agonizando.
"Dime la verdad Shuuchi."
"Mamá yo… te lo juro."
Ella estaba tan mal, ella no debía ponerse así, peligraba su salud. Una respuesta, necesitaba una respuesta. Cualquiera, aunque fuera una mentira. Una mentira más.
"Yo…lo siento mamá."
"! Respóndeme!"
Volvió a rugir su mamá finalizando la orden con un quejido.
No podía más, no podía más con esto. ¿Por qué no podía de pronto desaparece? Salir corriendo, huir muy lejos.
"Respóndeme Shuichi."
Ella lo tomó de las solapas del uniforme escolar que traía puesto, que le lavaba con tanto cariño, arrugándolo entre sus manos, sin poder creer lo que estaba sucediendo.
Shuuichi nunca había actuado de este modo, nunca antes.
Pero no le decía nada, ni siquiera la miraba, de pronto cerró los ojos encerrándose dentro, sin querer responderle.
Ella se rindió mientras los ojos se le inundaban.
"Vámonos a la casa. "
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Ella nunca lo iba a dejar salir, nunca más de su habitación. Pero ella no entendía nada, mejor era que nunca supiera lo que sucedía. Era mejor dejarla en la ignorancia, para que no se sienta mal, que no sufra. Shiori nunca había sido muy buena para las situaciones difíciles, prefería encerrarse en su habitación y tumbarse en su cama, llenarse de pastillas y dormir.
Era mejor así, mientras Shiori no supiera nada todo iba a estar bien. Lo terrible del asunto es que su mamá le había confiscado el frasco de pastillas. No importaba de todos modos. En la cajita debajo de las maderitas, debajo del velador, estaba la solución a ese problema.
Pero mientras no pudiera salir de su habitación no iba a solucionar nada. Necesitaba salir a toda costa. Por la ventana, con mucho cuidado, no como la última vez que se cayó y por poco se rompe toditos los huesos. La puerta estaba cerrada por fuera y aunque le diera de patadas no la iba a abrir. Tenía que pensar en un modo de salir y rápido.
Detestaba quedarse en un sólo sitio, encerrado como un animal, entre cuatro paredes. Harto de todo, mientras las paredes se volvían más pequeñitas.
Shiori no le iba a volver a hablar seguramente, iba a estar tan abatida que se iba a atiborrar de pastillas y ponerse a dormir. Y lo iba a dejar a su suerte, encerrado en su habitación para siempre.
No, eso no podía suceder. La ventana era la puerta. Por la ventana iba a poder liberarse del encierro, aunque muriera en el intento, aunque se reventara como huevo contra el suelo.
Pero la puerta se abrió entonces y entró el esposo de Shiori y encontró al chiquillo trepado en la ventana, con medio cuerpo afuera. Sin perder tiempo lo atrapó de la cintura, mientras Shuuichi pataleaba tratando de zafarse. Consiguió hacerlo entrar y lo estrelló sobre la cama.
"No te vas a mover de este lugar."
El marido de su mamá lo miraba amenazante. No podía creer que el mocoso se atreviera a tanto. Iba a tener que recordarle su lugar en esa casa y bajo su mando.
Pero el mocoso no estaba dispuesto a cooperar. Se levantó de la cama de un salto y corrió hacia la puerta sin seguro. Consiguió salir a toda velocidad, huyendo por el pasillo. Corrió tras él y lo alcanzó tratando de escapar por la puerta principal.
No era necesario que le dijera nada, con unos buenos golpes el mocoso iba a entender. Así que empezó a golpearlo con los puños, para luego armarse con un candelabro de metal que estaba colocado en la sala.
Shuuichi trataba de defenderse como podía, quitárselo de encima evitando los golpes que empezaban a mermar sus fuerzas. Iba a terminar muy mal si lo dejaba seguir. Se fue escurriendo despacio hasta meterse debajo de la mesa, lo cual le dio tiempo para recuperar fuerzas y huir. No sin antes derribar un par de sillas que le impidieran alcanzarlo de nuevo.
La calle estaba tras la puerta, tan lejana y cercana a la vez. Bastaba con estirar la mano y abrirla, pero parecía que ésta se empeñaba en retroceder cada vez que daba un paso hacia ella. Finalmente se prendió de la puerta como quien se aferra a la vida y de un empujón la abrió. Apenas sintió la calle bajo sus pies empezó a correr como si lo persiguiera el diablo.
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Sin rumbo, sin detenerse hasta que las piernas no le permitieron dar un paso más. Se detuvo en medio de la calle, sin saber donde estaba, ni porque estaba corriendo. Mirando a su alrededor, rodeado de luz artificial de los postes de luz que lo circundaban.
El cuerpo le dolía como si se hubiera caído de un edificio varias veces. Las piernas no le respondían más y lo peor es que no sabía cómo había llegado a ese lugar y en ese estado.
Empezó a temblar buscando a alguien a quien pedirle ayuda. Pero por la noche la gente se va a sus casas a dormir y no había nadie a quien pedirle auxilio, una indicación o algo por el estilo. Se levantó en medio del desconcierto, obligando a sus piernas a moverse una vez más y ver de encontrar el camino a casa. Podía sospechar el motivo del dolor que sentía en el cuerpo. No era la primera vez y no iba a ser la última, así que el esposo de su mamá debía estar implicado en ello.
¿Lo habían botado de la casa? Quizá era eso. Y no tener a dónde ir era lo peor que le podía pasar. La calle, en la noche, es muy peligrosa. Lo mejor sería volver a casa lo antes posible, si es que aún tenía a donde ir. Si el marido de su mamá lo echaba, ella no iba a hacer nada por evitarlo, llorar a lo mucho. Ese sujeto siempre amenazaba con correrlo en medio de la noche y él trataba de no enojarlo para que no la cumpliera. Al parecer la gota colmó el vaso y estaba en medio de la nada.
Caminar sólo en una calle vacía, apenas iluminada por unos cuantos postes de luz, sin saber donde estaba era una pesadilla hecha realidad. Se frotaba las manos mientras pensaba en qué iba a hacer para no dormir en la intemperie. Volteando a cada momento, por si alguien lo estuviera siguiendo, huyendo cuando algún auto se detenía a su lado en la vereda. Gente que le ofrecía darle techo por una noche y comida y hasta dinero… ¿Cuánto cobras?
Un auto se detuvo a su lado y Shuuichi no se alejó entonces. Hubiera querido correr, gritar, algo. Pero no lo hizo.
"Sube de una vez."
"Sí señor."
Respondió con un susurro apenas.
Apenas estuvo a su alcance enredó sus dedos en el cabello rojo del mocoso, sacudiéndolo un poco, para que entienda.
"Me tomó mucho trabajo encontrarte."
Y tiraba de las hebras rojas como si quisiera arrancárselas de golpe. "Mucho trabajo." Finalizó estrellándolo contra la puerta.
"Lo siento."
Era lo único que sabía decir.
"No sé porque me molesto en venir a buscarte. De debería dejarte a tu suerte. ¿Eso es lo que quieres no? Eso es lo que buscas…"
"No… no…"
Entonces detuvo el auto y tras las ventanas lo único que podían percibir sus ojos era pura oscuridad. Empezó a temblar cuando el marido de su mamá se bajó del auto y abrió la puerta donde estaba sentado él.
"Baja ahora mismo."
"No… no quiero… no…"
No iba a hacer que saliera jamás. Era demasiado peligroso, la calle estaba muy oscura y ese lugar era muy peligroso.
"No… por favor… no."
Lo arrastró a unos pocos metros del auto, mientras el chiquillo pataleaba por regresar al auto. Se aferró a su brazo, mediante el cual lo tenía asido del cabello. No iba a permitir que lo deje en ese lugar tan oscuro… era muy peligroso.
"Cállate de una vez. Acaso no es aquí donde te gusta tanto estar."
"No, no quiero… por favor…"
Estaba llorando desconsolado y ocultaba su rostro en el antebrazo de su padrastro. "Por favor… sácame de aquí, llévame a casa."
"Tú no te mereces la casa en donde vives, no mereces nada. Debería dejarte aquí, debería largarte a la calle de una vez. "
"No…no…"
¿A dónde iba a ir? No… no… Dentro de su casa estaba seguro, estaba a salvo de todos los peligros de la calle. Sólo tenía que hacer lo que le dijeran, obedecer a su mamá y al esposo de esta y todo iba a estar bien.
Todo iba a estar bien… Lo sabía por el modo que él le acariciaba el cabello, ahora si todo iba a estar bien.
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Shiori estaba preocupada, muy preocupada por él. Huir de ese modo en medio de la noche. Cualquier cosa le hubiera podido pasar. De repente sería bueno llevarlo a una terapia, con una psicóloga como recomendaron en la escuela. Shuuichi no estaba actuando como normalmente lo hacía desde hacía unos meses y las cosas habían empeorado en los últimos días.
Su hijito siempre había sido un niño muy bueno, muy tranquilo, pero muy solitario. No salía a jugar con los demás niños y se la pasaba solitario en su habitación. Un par de veces lo descubrió hablando solo. Pensaba que era la radio la que estaba sonando, pero cuando entró encontró a Shuuichi hablándole a la nada. Cuando lo interrogó al respecto y volteó a mirarla… era como si estuviera frente a una persona distinta a su hijito. Alguien que lo miraba a través de sus ojos verdes, pero a quien no pudo reconocer.
No le prestó mucha importancia a ese episodio. Quizá debió hacerlo en su momento. Ahora quizá ya era muy tarde. Shuuichi nunca hacía esas cosas, llegar tan tarde a casa, querer escaparse de noche a la calle. Lo de sus pastillas fue demasiado.
Pero ahí estaba, mirándola mientras estaba reposando sobre su cama, con un aire de tranquilidad asombroso, como si nada estuviera pasando. Ese no era su hijo, esa mirada no le pertenecía al Shuuichi que ella conocía y había llevado en su vientre.
"¿Te sientes bien? Te ves pálida. ¿Por qué no te sientas?"
Le dijo incorporándose sobre el colchón.
"Estoy bien hijo, es sólo que…"
Ese no era su Shuuichi, él no actuaba así, no la miraba como si la estuviera analizando, midiendo sus movimientos, estudiándola. "No es nada."
"Quizá necesitas descansar como siempre lo haces. Tú sabes, te tomas tus pastillitas y te vas a dormir y te olvidas de los problemas y todo eso. Es lo que mejor sabes hacer."
¿Cómo podía decirle eso? Ese no era su hijo.
Lo abofeteó entonces.
Ese no era su Shuuchi.
No le respondió cuando recibió el golpe. No le dijo nada, sólo se la quedó mirándola con sus ojos hirientes. ¿Quién eres tú? Quiso preguntarle, pero no pudo.
"Ahora vas a llorar. ¿Por qué lloras ahora? Todo lo solucionas llorando."
"No me hables así." Shiori apenas podía articular palabras por la sorpresa que estaba sintiendo en ese momento. "No me hables así." Y la voz se le desgarraba.
"¿Por qué no¿Por qué eres mi mamá? Ya me estoy aburriendo de esto, ya me estoy aburriendo de escucharte a ti y a tu marido y estoy harto de ustedes."
Gritó sacudiendo la cabeza con ira.
Shiori retrocedió hasta la puerta, aterrada. Ese no era su hijo, ese no era su Shuuchi…
La puerta se abrió dejando una salida para ella. Escapó cayendo en los brazos de su esposo.
"¿Qué ocurre aquí? Estas bien Shiori. ¿Te hizo algo?"
"Estoy bien." Respondió y quería salir de ahí a toda velocidad. Huir a su habitación, poder volver las cosas a la normalidad. A cuando todo estaba bien. ¿Qué había ocurrido con su familia, con su hijo?
"Todo está bien. Todo está perfecto, no pasa nada. Todo está bien."
El pelirrojo se sentó sobre la esquina de su cama y cruzó las piernas con aire de indiferencia. Estaba en problemas y lo sabía. Con el marido de su mamá no se podía jugar.
"Tú cállate de una vez. Mira lo que haces... mira como pones a tu madre."
Estaba a punto de contestarle, pero prefirió morderse la lengua. Ya se había metido en demasiados líos como para agrandarlos. Se moría por responderles a ambos, a gritos. Pero no, no era prudente. Tan pronto pudiera largarse de ese lugar, con el dinero que tenía escondido iba a poder irse tan lejos. No sin antes mandarlos al diablo un par de veces por lo menos.
Salieron ambos de la habitación dejándolo solo de nuevo. Se tumbó en la cama entonces. Aún estaba bastante adolorido por el episodio de la noche anterior.
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Pasó una semana de encierro en su habitación. La situación no había hecho nada más que empeorar. Su mamá no le hablaba y no se atrevía a preguntarle porque. Algo había sucedido y no era nada bueno. No podía recordarlo. Había regresado a la escuela y tan pronto terminaban las clases regresaba inmediatamente a su casa.
El insomnio era lo que más lo atormentaba, sin las pastillas no podía dormir. Los dolores de cabeza eran su única compañía en su soledad. Pasaba las noches en vela, soñando despierto, con poder irse lejos. Pero sólo era un bonito sueño. Necesitaba las pastillas con urgencia. Tenía el dinero, pero no podía salir a comprarlas. Tampoco se las iban a vender sin una receta médica, como la que su mamá usaba para comprarlas.
De verdad las necesitaba…
Y ahí entraba el esposo de su mamá. A pesar de tantos años de vivir juntos en esa misma casa, nunca le había dicho papá, sino señor. Nunca se había comportado como un padre de todos modos. Cuando lo vio entrar se puso de pie, a la defensiva, nunca sabía que podía esperar de él.
"Has estado muy callado últimamente. Me imagino que te mueres por salir de aquí e irte a meterte quién sabe dónde, con quién sabe quien. "
¿Por qué le decía eso?
Se acercó a su lado, a sentarse junto a él. No podía evitar las ganas de saltar y salir corriendo de la habitación. Cerró los ojos para no tener que verlo más, era tan insoportable a veces tenerlo cerca, tan asfixiante.
"¿Me lo dirás por las buenas o voy a tener que sacarte la información a la fuerza?"
Y apretaba su cabello rojo entre sus dedos, como si quisiera arrancarle la cabeza de un tirón. Pero por más que le arrancara todos los cabellos, no le iba a poder responder, si antes no le formulaba la pregunta claramente. Porque no tenía idea a que se refería.
Y tampoco se atrevía a decírselo.
"¿No vas a hablar entonces?"
Por lo menos le daba una oportunidad antes de empezar a repartirle golpes.
Pronto perdió la paciencia y Shuuichi salió volando hacia un lado de la cama. Se quedó en el suelo un momento, como reponiéndose del golpe. Pero luego se levantó aunque adolorido. Curioso, el mocoso por lo general se quedaba en el suelo mientras lo llenaba de patadas.
"Déjame en paz de una vez."
Fue casi un susurro, se estaba reponiendo del golpe.
"¿Qué dijiste? "
No lo había oído bien sin duda. El mocoso nunca le respondía de ese modo, nunca antes se lo había permitido, no iba a empezar ahora.
"Me oíste bien, que me dejes tranquilo de una vez."
Esta vez lo pudo escuchar fuerte y claro. ¿Qué estaba sucediendo?
Intentó entonces hacerle tragar las palabras que había acabado de pronunciar, pero el mocoso no estaba dispuesto a dejarle las cosas fáciles en ese momento.
"No me toques, no me vuelvas a tocar."
Gritó mientras se echaba para atrás evitando el golpe que iba dirigido hacia su rostro.
"No me vuelvas a tocar, maldita sea."
"¿A ti que demonios te ocurre?"
Y lo atrapó de los hombros, no sin experimentar la resistencia del mocoso.
"Suéltame maldita sea."
Y el chiquillo salió volando hacia la cama.
"No me vuelvas a tocar, no me vuelvas a tocar. Yo no soy el estúpido de Shuichi para que me estés tratando de ese modo."
¿Qué demonios le estaba pasando al mocoso? Demasiados golpes en la cabeza lo habían puesto así seguramente.
"Te he dicho que no me vuelvas a tocar te he dicho. Aléjate… aléjate de mi."
Gritaba frenético tratando de evitar que se le acerque de nuevo.
"¿Qué te ocurre a ti?"
No podía ocultar su sorpresa. Algo extraño estaba pasando o el mocoso se había vuelto loco por fin.
"Vete de aquí, quiero estar solo."
Gritaba a punto de saltarle encima como un animal salvaje.
"Fuera de mi habitación."
Insistió amenazando con romper los vidrios de la casa a punta de gritos.
"No me voy a ir, estas en mi casa así que no me voy a ir."
"Entonces me iré yo. Ya estoy harto de este lugar, detesto vivir aquí. Tener que soportarte toda la vida, estoy harto."
Y se incorporó lentamente de la cama, midiendo sus movimientos, como si por un momento pensara que lo iba a dejar salir por esa puerta.
"A ti y la mamá de Shuuichi… ya tengo bastante de ustedes dos. Me largo de aquí."
"¿Ah si¿Y a dónde piensas ir?"
Al mocoso ahora sí que se le habían cruzado los chicotes. Nunca actuaba de ese modo, nunca antes lo había visto así. Era como si alguien se hubiera metido en su cuerpo y estuviera hablando a través de él.
"Eso es algo que a ti no te importa. Ahora déjame solo de una vez. No soporto tenerte aquí mirándome todo el rato."
Se estaba saliendo de control y no iba a permitirlo. Ya había sido demasiado después de todo. A pesar de las protestas del mocoso mal de la cabeza, lo tomó de los hombros y lo estrelló contra la pared una y otra vez, hasta que se tranquilizó.
"No me interesa quien seas tú, pero conmigo no se juega."
Y un último golpe reafirmó sus palabras.
"Espero que te haya quedado claro."
El mocoso cerró los ojos como si tuviera miedo de abrirlos de nuevo. De pronto temblaba sin poderse controlar.
"Sí… claro."
Respondió un momento después. Lo miraba con los mismos ojos verdes de siempre, pero con una expresión distinta, que nunca le había visto antes.
"Me alegra que nos entendamos entonces. Shuuichi."
Añadió.
"No soy Shuuichi."
"Ya veo… ¿Entonces quien en eres?"
Sería mejor seguirle el juego, por lo menos le daría algo de tiempo hasta que supiera que hacer con esta nueva situación.
"Kurama. ¿Ya me puedes soltar por favor? Me estas lastimando ¿Sabes?"
"Está bien, pero no quiero volver a demostrarte quien manda aquí."
"Yo tampoco."
Y regresó a sentarse en la cama.
"Ahora me puedes dejar solo, por favor. De verdad quiero estar solo."
Volvió a la carga. No se iba a dejar dominar como el idiota de Shuuichi.
"¿Dónde te metiste ahora? Traes el cabello todo enmarañado. Me puedo imaginar que andabas haciendo."
"Estaba por ahí, después de la escuela me fui a dar un paseo por ahí. He pasado demasiado tiempo encerrado aquí adentro, lo único que quería era tomar un poco de aire y eso."
"No te creo ni una sola palabra. Así que mejor anda inventando una excusa mejor para explicarme de donde sacaste esto."
En sus manos un fajo de billetes, de su dinero, el mismo que escondía bajo el suelo, bajo su cama. Había estado revisando sus cosas, esto no estaba bien.
"Dime de dónde sacaste esta cantidad de dinero y hazlo pronto porque bien sabes que la paciencia no es una de mis virtudes."
Estaba en serios problemas, esto no estaba bien.
"Sabes algo, de repente sería bueno que me ahorre los rodeos y tus estúpidas explicaciones y llame a la policía. "
"Lo robé. ¿Está bien? Lo robé. Llama a la policía si quieres, no me importa."
Claro que importaba, estaba en serios problemas. Ese dinero era su dinero y ahora iba a ir a dar a los bolsillos de ese imbécil. Tenía que recuperarlo de algún modo, no iba a permitir que se lo quitara.
"¿De verdad vas a hacer que me encierren?"
Murmuró sin estar seguro de haber sido escuchado. Esto no estaba bien. Algo tenía que hacer para recuperarlo, no se lo iba a regalar cuando a él le había costado tanto. Se le acercó despacito midiendo la distancia que los separaba, levantando los ojos hasta encontrar los de él. De pronto no quedó más distancia entre ambos.
"¿De verdad vas a hacer que me encierren?"
Preguntó de nuevo a modo de susurro, cerquita de los oídos de él. Despacito. Frotándose ligeramente sobre su cuerpo, despacio, como de casualidad. Buscando con sus manos lo que le pertenecía y estaba dentro de uno de los bolsillos de su pantalón.
Tenía que funcionar.
Y así fue, recibió un abrazo de respuesta, con la presión suficiente para romperle la espalda. Estuvo a punto de sonreír, cuando sintió que una de sus manos enormes subía por su espalda hasta enterrarse en la maraña rojiza en la que se había convertido su cabellera.
"No me ensuciaría contigo, así que ni lo intentes."
Le dijo mientras lo sacudía con fuerza del cabello para luego lanzarlo sobre la cama.
No iba a ser tan fácil, después de todo nunca esperó que así fuera.
"Te acabas de bañar, por lo menos eso. Tienes el cabello aún mojado."
Le dijo mirándolo desde donde estaba parado, en medio de la habitación. No se le escapaba ningún detalle.
"Me das asco… No lo vuelvas a intentar… Así te bañes todas las veces que te de la gana… eso no va a cambiar las cosas. No lo olvides."
Entonces se quedó en silencio, sin más argumentos a la mano, sin saber como responder. Lo que sí sabía a ciencia cierta era que no iba a recuperar su dinero. Ya tampoco le importaba lo que le dijera, con tal de que lo dejara en paz. Aunque sabía que eso era algo que tampoco iba a conseguir fácilmente.
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Podía recordar el haber pisado la escuela en la mañana, pero no como había terminado sentado en ese lugar desconocido. Los recuerdos lo abandonaban por momentos, pero lo que no lo abandonaba era el dolor de cabeza.
Estaba tan desorientado de pronto, como si hubiera abierto los ojos por primera vez y empezara a conocer las cosas. A su alrededor no había nada más que una casita de madera bastante vieja y alrededor de ella chatarra y demás materiales metálicos, esparcidos como si fueran parte del decorado del jardín.
"Hnn."
Pudo escuchar a sus espaldas. No se animaba a voltear, pero podía sentir una mirada recorriéndole la espalda, intensamente.
"Hnn…"
Sonó de nuevo y no pudo soportarlo más.
No debió voltear, así como no debió levantarse de su cama esa mañana y salir a escuela para dar a parar a quien sabe donde. Y con éste desconocido cuya mirada casi no podía tolerar.
De pronto lo miraba como si estuviera esperando que hiciera algo, que le dijera algo. Pero no sabía que hacer, una vez más no sabía como reaccionar;
"¿Te vas a quedar aquí todo el día?"
Ese extraño se dirigió a él y su voz venía cargada de fastidio. De repente debía pedir disculpas, por estar en ese lugar, de repente estaba estorbando como siempre lo hacia.
Al parecer no esperaba una respuesta porque se dirigió hacia la casita destartalada, caminando despacio. ¿Estaba esperando que lo siga?
No lo iba a hacer, pero tampoco sabía como negarse. Al final terminó levantándose despacito, siguiéndolo con pasos nerviosos.
¿Por qué actuaba así? Estaba de lo más extraño, después de la última vez quizá tendría porque estarlo. Entonces intentó voltear para ver si lo seguía, pero casi se va de frente porque en ese momento, el pelirrojo saltó sobre su espalda.
"¿Me extrañaste? Yo a ti mucho."
Y montado en su espalda le repartía sendos besos, apoderándose del lóbulo de su oreja derecha.
"Tonto. Hn… Bájate que pesas mucho."
Le dijo sin conseguir que le hiciera el menor caso. Al parecer había entendido todo lo contrario, porque se acomodó para no caerse. Debido a su corta estatura, las piernas largas del pelirrojo estaban cerca de rozar el suelo.
Sin mayor resultado entraron a la casuchita desvencijada. Por fin ahí se dignó a bajarse de su espalda.
"Hnn."
"Ya sé que estás enojado porque no pude venir antes… Es que no pude zafar y… eso no importa, ahora estoy aquí, Hiei."
"Sí ya lo noté."
No estaba de bueno humor y eso no era bueno. Después de todo lo que le había costado salirse de la casa y de la escuela…
"¿Estamos solos?"
"Hnn…"
"Osea sí…"
Y regresó a sus brazos. Hiei se había sentado sobre un silloncito a medio desarmar. Todo en esa casa parecía estar a medio desarmar. Se encaramó sobre las piernas cruzadas de Hiei, tan cortitas. Buscó sus labios y estos huyeron esquivos. Lo intentó de nuevo y ésta vez ya no pudo escapar de los suyos.
"Me hiciste falta, Hiei… me hiciste mucha falt...a. Ya no sabía... que hacer... para venir a verte…" Cubriéndolo de besos, no mentía. Era toda la verdad… sólo quería estar a su lado.
Pero Hiei no le respondía, él no era muy amigo de las palabras, las usaba poco, como si se le fueran a terminar. Y devoraba sus labios y prosiguió rumbo a su cuello, rumbo al sur.
Estaban solos y por lo menos lo estarían el tiempo suficiente para disfrutarlo. Tal y cómo la última vez…
En la que se quedaron solos y de pronto la ropa les empezó a estorbar…
Y luego buscaron un lugar más cómodo donde pudieran recostarse para seguir con los besos y caricias más elaboradas. Sobre la cama de Hiei, mirando por la ventana como avanzaba la tarde y le daba paso a la noche oscura…
Y se acaba el encanto… de reposar a su lado, cerca de su pecho… Levantarse y darse un baño rápido para irse y no saber cuando iba a volver…
Ahora estaba a punto de empezar el círculo vicioso de llegar y volver a partir, de acostarse y levantarse rumbo a la puerta, de transpirar por cada uno de los poros del cuerpo y bañarse para quitarse su olor.
"No me quiero ir."
Musitó como entre sueños, horas después, como siempre hacía después de terminar lo que habían empezado. Después de haber deshecho la cama en el proceso.
Un día de esos iban a terminar en el suelo y Hiei se iba a quedar sin donde dormir. Pero igual, valdría la pena.
"Hnn. Ya se ha hecho tarde..."
Anunció Hiei estirándose. Por la ventana la luna se asomaba curiosa, como dándoles una miradita.
"Kurama…ya se ha hecho tarde."
Pero este le daba la espalda a la ventana, negando la hora, negándose al tiempo.
"¿Me puedo quedar contigo Hiei? No me quiero tener que ir… no me quiero tener que ir nunca más. Por favor."
La de nunca acabar, siempre quería quedarse. Se acurrucaba sobre su pecho, tratando de ocultarse dentro de él, para que nadie lo encuentre, para no tener que separarse más.
Hiei fue el que rompió el encanto levantándose de la cama, en busca de la ropa desperdigada por el suelo. Como pétalos de una margarita deshojada, las prendas yacían en armonía con el desorden inherente de la habitación.
"No me quiero ir Hiei…"
Pero no había remedio. Lo sabía muy bien. Así que de nada servía negarse a lo inevitable.
"Algún día..."
Susurró sin voz. Respondiéndose a sí mismo se levantó. Podían terminar la sesión en la ducha, eso le quitaría en algo el malestar de tener que irse… Estirar los buenos momentos para que duren un poco más.
"Algún día."
Volvió a susurrar, prometiéndose a si mismo volver tan pronto pudiera.
Continuará...
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