Todo lo que deseas

por Karoru Metallium


Disclaimer: los personajes no son míos; detalles en el cap 1. Plagiarios, aléjense de mí.

Advertencia: Este fic es la secuela del mega largo El Ganador se lo lleva todo. El POV puede alternar entre Pilika, Anna y algún otro personaje que lo requiera, pero cuando eso suceda se darán cuenta (espero xD)


Capítulo II

Más que una coincidencia

¡PAF!

"¡HANA ASAKURA!"

El rugido de la rubia dueña de casa casi hizo que Pilika se precipitara de cabeza por las escaleras; cuando se recuperó bajó con cuidado, con los ojos azules aún nublados por el sueño. Por una vez se había quedado dormida más de lo que acostumbraba y no había ayudado a hacer la primera comida del día como solía, pero sabía que no se lo reprocharían, considerando la clase de día que había tenido que aguantar.

Al entrar en el comedor se dio cuenta de que Anna no estaba a la vista, y tampoco su pequeño Hana; Yoh se encontraba sentado ante la mesa como siempre, ya vestido para irse a trabajar y engullendo reposadamente su desayuno. No bien la vio, le dirigió una de sus peculiares y sedantes sonrisas, aunque sus ojos oscuros mostraban preocupación.

"Buenos días Pilika. ¿Te encuentras mejor?"

"Buenos días... y entiendan de una vez que me encuentro perfectamente!" - la peliazul suspiró, harta, sentándose a la mesa - "Me encontré a una mujer con la cabeza machacada, llamé a la policía, me tuvieron todo el día en la comisaría haciéndome un sinfín de preguntas y eso fue todo..."

Agradecía la preocupación del shaman de los cabellos castaños, pero ya estaba hasta las metras de que todo el mundo ejerciera de mamá gallina con ella. Desde que había regresado a casa el día anterior, la gente aún no se cansaba de preguntarle si estaba bien, como si hubiera sufrido realmente algún daño.

Anna apareció al fin, proveniente de la cocina, llevando a su hijo en brazos. La ropa del pequeño, al igual que su carita, estaba manchada de un líquido marrón; era evidente que la itako estaba acostumbrada a que se derramara las cosas encima y no le preocupaba mucho, puesto que para eso ella llevaba el consabido delantal de plástico sobre la ropa. La mirada que le lanzó a Pilika era la mar de seria y la hizo retorcerse en su asiento.

"Pudiste ser tú la que apareciera con la cabeza destrozada, Pilika" - su tono era seco, pero dejaba entrever su preocupación - "te hemos dicho no sé cuántas veces que sigas la carretera principal aunque te lleve más tiempo."

"Y te has cansado de no hacernos caso." - añadió Yoh, entre bocado y bocado.

La peliazul tuvo la gracia de sonrojarse, avergonzada. El incidente había sacado a la luz con pasmosa claridad el hecho de que ella se saltaba a la torera muchas veces los consejos - por demás bienintencionados - de su familia adoptiva; y aunque sabía que debía rectificar su actitud, le escamaba que se hubiera descubierto de una manera tan inusual y pública.

"Tienen razón... les prometo que no lo volveré a hacer."

"Espero que hagas honor a tu promesa, porque si no, no volverás a salir de aquí sola."

"Venga, no seas tan dura conmigo." - murmuró - "Vomité el desayuno íntegro, y después esos policías me hicieron pasar hambre; no me ofrecieron ni un mísero sándwich en esa cochina sala de interrogatorios!"

Tamao, que entraba en ese momento procedente de la cocina con un platón en las manos, rió un poco por lo bajo al escuchar sus palabras y se apresuró a servirle algo de comida. Pilika clavó la mirada en su plato, sintiéndose un poco abochornada... la noche anterior, después de que Yoh y Manta la trajeran de la comisaría, había tenido una especie de ataque de pánico diferido. Temblaba tanto que tuvo que aceptar la ayuda de la pelirosada para bañarse y comer - no se acordaba siquiera de lo que había comido -, después de lo cual cayó rendida como un tronco; sólo para soñar una y otra vez con aquella masa sanguinolenta...

Ni siquiera se había acordado de la extraña actitud de Tamao la mañana anterior, ni había pensado en preguntarle de nuevo al respecto. No podía evitarlo: cada vez que mostraba debilidad en presencia de su familia postiza, sentía que se moría de la vergüenza. Ya era bastante malo ser la única de la casa que no poseía poderes espirituales.

"Nadie te mandó a estar en el sitio equivocado en el peor momento, ni mucho menos a ser tan curiosa." - repuso la rubia, inflexible.

"Es una suerte que no tengas que ir hoy a clases o a las pasantías," - intervino Yoh - "todavía estás algo pálida."

"Pero ya no me siento débil como ayer. Me dio vergüenza derrumbarme de esa manera, yo no soy así."

"Fue la reacción normal... sufriste una gran impresión." - acotó Anna, mientras le daba por fin el desayuno a su retoño, quien ahora se encontraba sorprendentemente tranquilo.

"Doña Anna tiene razón, Pilika. Yo no habría tenido el valor para llamar a la policía, creo que me habría desmayado en el sitio."

Justo en ese momento, Manta Oyamada hizo su aparición en el comedor blandiendo un periódico en la mano que no sostenía su laptop.

"¡Buenos días a todos! Pilika, no te imaginas quién era la señora que encontraste..."

"¡Tío Manta!"

Como siempre, Hana se arrojó a los brazos de Manta, quien se las vio negras tratando de torear al chiquillo con todo y las manos ocupadas. Anna no dijo nada, pero observó la escena con el ceño fruncido, obsequiando a su marido con un formidable pellizco cuando éste tuvo el tupé de soltar una de sus características risitas.

Pilika, suspirando, dejó la comida que apenas había tocado y se puso de pie, agarrando al pequeño para tratar de controlarle aunque sin ponerle demasiado empeño ni atención a la tarea; le interesaba más lo que Manta tenía que decir.

"¿Quién era? Venga, no te hagas de rogar..." - habló por encima del ruido que hacía Hana retorciéndose en su regazo para que lo soltara.

"La mujer del dueño de los laboratorios Famco..."

"¿El extranjero? Marlowe?" - preguntó Yoh, interesado.

"El mismo que viste y calza." - viendo que la joven ainu los miraba con desconcierto, se apresuró a explicar - "Sucede que una filial de Famco es distribuidora en el extranjero de algunos productos de Oyamada, así que conocemos al tipo... vive en Japón desde hace unos dieciocho años o algo así. Su segunda mujer, la que ha muerto, era japonesa."

"Conocí a esa mujer... se llamaba Meiko y venía con frecuencia al instituto con su marido por asuntos de donaciones a la fundación o algo así. Me dijeron que ella estudiaba allí antes de casarse, pero eso fue hace muchos años." - intervino Anna pensativa, olvidando de momento su disgusto ante el escándalo que estaba haciendo su retoño en los brazos de Pilika.

"En su tiempo fue un escándalo esa boda, según me han contado." - comentó Manta, dirigiéndose hacia Tamao (quien, por supuesto, en ese momento se sonrojaba a más no poder) y entregándole el periódico con aire conspirador. La sonrosada -y sonrojada- joven, que le llevaba entre seis y ocho centímetros a su prometido, se inclinó un poco para recibir un casto beso en la mejilla; y consciente de que todos los miraban, se irguió rápidamente y abrió el diario, comenzando a leer en voz alta.

"La víctima ha sido identificada como Meiko Marlowe, de 36 años, esposa del conocido industrial Randall Marlowe. El cadáver fue encontrado por una estudiante universitaria que transitaba por la zona, quien avisó inmediatamente a la policía..."

"Oooh, soy famosa," - bromeó Pilika, divertida; Anna tornó a mirarla con cara de pocos amigos.

"Sigue metiéndote donde no debes y la próxima vez serás tú el cadáver famoso."

"No seas tan mala, Anna, sólo bromeaba, caramba! A ver, Tamao, han puesto una foto de la muerta?"

La pelirosada se acercó y le mostró la fotografía que aparecía en el periódico; una foto evidentemente tomada en algún acontecimiento social, puesto que la bella mujer de ojos muy rasgados y larga cabellera oscura llevaba un suntuoso vestido de noche, y el hombre canoso que la acompañaba iba de smoking.

"Era muy hermosa..." - comentó la peliazul, sintiendo algo de lástima.

"¿Alguna pista?" - intervino de nuevo Yoh, poniendo a un lado su plato.

"Aquí dice que la policía aún está investigando, y no adelanta información a la prensa..." - leyó Tamao.

"Eso quiere decir que andan perdidos," - Manta movió la cabeza en señal negativa.

"Gente sin imaginación. Apuesto a que la mató el marido porque descubrió que le ponía los cuernos," - dijo Pilika sin mucho interés, soltando al fin a su presa e intentando terminar su desayuno de una vez por todas. Hana al verse libre salió corriendo fuera del comedor, seguido inmediatamente por su madre.

Pero la chica sólo había alcanzado a comer algunos bocados cuando las palabras de Yoh la hicieron atragantarse.

"Un crimen... apuesto a que a Lyserg le encantaría, si estuviera aquí."

"Pero él es abogado, no detective," - apuntó Manta, hurtando con los palillos un bocado del plato de Pilika, quien ni siquiera protestó. No fallaba: cada vez que alguien mencionaba al inglés en su presencia, se quedaba como si le hubieran dado un trancazo...

"Su padre lo era, él ha estado involucrado en algunos casos, y me consta que cualquier cosa que huela a misterio le fascina."

La peliazul se volvió hacia el cabezón con una expresión de súplica. De pronto había tenido una corazonada y quería confirmar sus presentimientos; pero en la casa no había internet, si quería enterarse tendría que salir, y Anna de seguro no se lo iba a permitir.

"Maaanta... Mantiiitaaaa... me dejas revisar el correo?"

"¿Para qué preguntas?" - con una sonrisa resignada, Manta le tendió la laptop.

La chica puso manos a la obra de inmediato, sin notar que el comedor poco a poco se vaciaba mientras Tamao y Anna retiraban los platos. Sus ojos recorrieron la pantalla con rapidez, desechando los mensajes de correo basura y reservando para leer después un mail de Milly y otro de Chocolove (o Edward Mass, como se hacía llamar ahora que era un flamante empresario del entretenimiento), hasta que encontró lo que buscaba.

Un mensaje nuevo de Lyserg Diethel. Figúrense. ¡Por fin le escribía, después de casi tres meses de sequía! El corazón se le disparó a mil por minuto, como lo hacía siempre que recibía noticias del Señor Me-Hago-El-Interesante, como lo llamaba Chocolove en ocasiones; y como muchas otras veces tuvo deseos de patearse por ser tan estúpida.

No podía evitarlo. Ya se había acostumbrado a tener noticias de él, a leer sus mensajes imaginando que escuchaba su voz tranquila y profunda relatarle los detalles de una vida obviamente excitante, pero de la cual hablaba con desapego, como si en lugar de entretenerle le aburriera...

Claro. Lyserg Diethel, el héroe dieciochesco y melancólico a más no poder, siempre tenía que arreglárselas para ser - o al menos parecer - diferente del resto.

Casi sin aliento y regañándose sin parar por ser una cursi ridícula, abrió el mensaje y sus ojos se abrieron como platos. Tuvo que releerlo varias veces para convencerse de que decía lo que creía que decía, y aún entonces tuvo sus dudas.

Anna la encontró unos minutos después, con la mirada fija en el monitor, y tuvo que sacudirla un par de veces por el hombro para que saliera del trance en el que parecía haber caído. La joven ainu la miró y una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, lo que hizo que la rubia frunciera el ceño.

"A ver. ¿Qué ha pasado?"

"¡Lyserg viene, Anna!"

"¿Y eso?" - preguntó, sobreponiéndose a su sorpresa.

"No sé muy bien, menciona que tiene un deber que cumplir aquí... debe ser muy importante, porque hace tres años que no se digna pasear sus huesos por estos lares. Dice que va a aprovechar para visitarnos en cuanto pueda."

"No estarás haciéndote ilusiones¿o sí?"

"¿Yoooo? Pero Anna! Si hace años que no lo veo! Somos amigos por correspondencia, nada más."

"Hm. Más vale que no estés fabricando ideas rosas en esa cabecita tuya."

"Claro que no, eso se lo dejo a Tamao con sus novelitas románticas. Yo no tengo nada de rosa."

"Pero sí piensas en príncipes azules. O más bien verdes."

Pilika la miró con divertida curiosidad, y Anna le devolvió la mirada con firmeza. No había olvidado las palabras de la rubia respecto a que el inglés tenía sus motivos para no relacionarse con nadie, y aunque no había vuelto a preguntar, le había quedado la espinita. ¿Cuál era el secreto de Lyserg? Seguirían estando igual las cosas? Habría encontrado a alguien a quien querer y algo oculto se lo impedía?

Sacudió la cabeza tratando de apartar esos pensamientos, que más que preguntas ya iban pareciéndose a los temas de algunas de las novelas románticas de Tamao. Por lo visto su imaginación daba para eso y más... sus ojos captaron la mirada aguda de advertencia que le lanzaba la dueña de casa, y enrojeció.

"Anna... me gusta el tipo, lo sabes. Pero no estoy haciéndome ilusiones, te lo aseguro... venga, hace casi cuatro años que no nos vemos. A lo mejor cuando lo vea se me quita todo de un plumazo y seguimos quedando tan amigos, etcétera..." - ni siquiera ella podía creerse lo que estaba diciendo, y aunque la otra se dio cuenta prefirió pasarlo por alto.

"Ojalá que así sea."

"¿Te desagrada Lyserg, Anna?" - preguntó, curiosa.

"Para nada. Me parece un hombre legal y estupendo con todo y lo trágico; pero por lo poco que me dijo entendí que tiene algún problema personal muy serio, y que no quiere involucrar a más gente en ese problema. Eso me pareció muy bien y decente de su parte, porque no quiero verte lastimada."

Las palabras de la rubia conmovieron a Pilika, que de por sí ya se arrepentía de todo corazón por causarles preocupación a las personas que tanto la querían. Su amistad con los Asakura era uno de los tesoros más valiosos que tenía en la vida, y estar con ellos le había hecho mucho bien, por mucho que quisiera y extrañara a sus padres. Por otra parte, y como siempre, Anna tenía razón: lo mejor que podía pasarle sería que dejara de sentir todas esas cosas por Lyserg... pero el indomable corazón de la peliazul tenía voluntad propia y la hacía valer.

"No creo que eso llegue a pasar. ¿Sabes algo?" - pensativa, apoyó los codos en la mesa e inclinó la cabeza - "Quise revisar el correo porque tuve el presentimiento de que recibiría noticias de él, y así fue. Pero lo que me causó ese presentimiento fue la noticia de la muerte de esa mujer... y me pregunto si una cosa no tendrá que ver con la otra."

"Quizás, porque es demasiado para ser una simple coincidencia. El marido de esa mujer es inglés," - señaló la rubia después de unos segundos de silencio - "eso no necesariamente significa que él y Lyserg se conozcan; pero puede ser."

"Aún en ese caso, él no tendría porqué venir... no es abogado criminalista, sino mercantil, así que no está en capacidad de defender a ningún acusado de asesinato."

"Por lo visto ya has meditado bastante este asunto..." - apuntó irónicamente Anna; pero Pilika prefirió ignorar la indirecta directa.

"Sólo se me ocurrió hace un momento, cuando Yoh y Manta estaban hablando de lo mucho que le gustaría a Lyserg este crimen..."

"¿No has pensado que quizás pueden ser familia?"

"Él no tiene parientes vivos, que yo sepa."

"Seguramente hay muchas cosas de Lyserg Diethel que no sabemos, Pilika. Tú misma me has comentado que rara vez habla de su vida íntima."

"No creo que tenga una familia secreta o algo por el estilo, Anna. Sabes muy bien que esa pobre criatura no puede hacer prácticamente nada en secreto... vamos, que sabes cómo es la prensa de esos lares, cuando alguien es remotamente famoso no puede ni tirarse un pedo en la calle, porque la foto de ese pedo va a ser la próxima primera plana de algún pasquín."

"Qué gráfica, Pilika. Muy bien explicado, y de una manera muy agradable." - comentó la rubia con sorna, haciéndola enrojecer de nuevo - "Me voy, tengo que llevar a Hana a la guardería y después irme al instituto; ve guardando lo que sea que quieras leer porque Manta querrá llevarse su laptop. Cuídate, no hagas demasiado esfuerzo, y por lo que más quieras aprovecha el día de descanso; nada de salir a explorar por ahí. ¿Me has oído?"

"Sí, mamá."

Anna puso los ojos en blanco en señal de exasperación y salió del comedor. La ainu se apresuró a buscar un disco en el cual guardar los mails restantes para leerlos luego en su computadora, justo al tiempo que Yoh y Manta bajaban, ya listos para irse.

Después de ayudar a Tamao - con quien tuvo prácticamente que luchar para que la dejara al menos secar los platos - subió a su habitación a descansar. Siguiendo las órdenes de la dueña de casa, se echó en su futón y se quedó mirando el techo, ya que era absolutamente incapaz de dormir mientras fuera de día. Además, todo lo que había pasado esa mañana le tenía la cabeza hecha un desastre.

Sin lugar a dudas el regreso del inglés iba a revolver un poco las cosas en la casa de los Asakura... vamos, que ya lo estaba haciendo...


N.A.: Ya estaba escrito, así que sólo tuve que desempolvarlo y darle un revamping. Me alegra mucho que este fic esté teniendo tan buena acogida; les aseguro que retomar a los personajes no está siendo nada difícil para mí, son viejos amigos y todo está fluyendo con naturalidad. Así que habrá Todo lo que deseas para rato xD. Aviso que el asesinato, aunque tiene que ver, no es el centro del fic; lo digo por si acaso... xD

Ah, un chocolate virtual para quienes encuentren la referencia a mi personaje favorito de Mobile Suit Gundam (0079); aunque la mayoría aquí seguramente es demasiado joven para haber leído algo al respecto, a mí me encanta esa telenovela espacial xD.

Gracias a mis lectores: Viosil Uab (y yo estoy muy contenta de verte de nuevo, lástima que no te gusten mis otros fics, porque disfruto tus revs xD. Ese proyecto he tenido que dejarlo de lado, gomen), María (mana! Al fin lo he hecho xD. El misterio no lo es tanto, pero ya verás), Nakuru Tsukishiro, Lulitaven, Maki Tasui, Rama-chan (muito obrigado! xD), EsmeLi (pues aquí lo tienes, ojalá cumpla con tus expectativas, va a pasar de todoxD), Val Tao Yuy (lee arriba xD), Elian, Niacriza, Seinko, Risa Harada, Lara Himura, Kena Tao.