Todo lo que deseas

por Karoru Metallium


Disclaimer: los personajes no son míos; detalles en el cap 1. Plagiarios, aléjense de mí.

Advertencia: Este fic es la secuela del mega largo El Ganador se lo lleva todo. Puede contener lenguaje grosero y alguna que otra lindeza, aunque éste es un fic ligero, no como los otros que estoy publicando, que son más serios. Conforme avance muy probablemente contendrá lemon. Avisados quedan.


Capítulo III

El amor es más... más qué?

Al caer la tarde, Pilika estaba echada en su futón y tan aburrida como era posible estarlo, o más. Después de redactar y guardar en disco para enviar después las respuestas a los correos electrónicos de Milly y Chocolove, de estudiar un par de horas, adelantar un par de trabajos y planchar la ropa lavada, se había encontrado sin nada que hacer. Y pensar que el día siguiente sería domingo le provocaba agruras, porque se aburría a morir los domingos...

A veces, en momentos de soledad o de simple aburrimiento como el que le invadía ahora, extrañaba mucho a su familia. A su hermano mayor, que a pesar de los años, el tamaño y las responsabilidades - y de la doble influencia sedativa del trabajo y de su novio - seguía siendo un mastuerzo indiscreto y gritón; a su hermano menor, que siempre se las arreglaba para gastarle bromas pesadas, pero que era su cómplice en las travesuras, y a su madre, siempre quieta y trabajadora. También extrañaba un montón a su padre, que a pesar de su estrechez de mente y un carácter tan volátil como el de Horo, adoraba a su familia y estaba a punto de quedarse sin un cabello en la cabeza gracias a ellos.

Después del escándalo familiar que había desatado Horo al anunciar sus preferencias sexuales - al padre de ambos le había sentado como un tiro escuchar a su hijo decir con firmeza que si era por él, podía olvidarse de tener nietos -, Pilika se las había visto negras. Su padre estaba desesperado por evitar que los dos hijos que le quedaban se descarriaran, y gracias a su desesperación y estrechez de miras, su única hija había estado a punto de ser casada a la fuerza y permanecer enterrada en el pueblo por el resto de sus días.

Pero la chica no era del tipo que se sienta a llorar y acepta su suerte con resignación, y además contaba con el apoyo de Horo, quien no había abandonado a la tribu - a pesar de sus frecuentes viajes al continente para ver a su novio - y seguía trabajando y cumpliendo con sus deberes aunque él y su padre apenas se hablaban para evitar llegar a las manos. Al final su voluntad se impuso y logró salir de Hokkaido con dieciocho años, su libertad y el legado de su abuela materna, quien no había pertenecido al clan y consideraba que su nieta debía contar con dinero propio.

Por más de tres años, Pilika había luchado con uñas y dientes para sacudirse la etiqueta de niña pueblerina e ignorante que todo el mundo se afanaba en colgarle, al verla tan delicada y bajita y saber que venía de Hokkaido. Le había costado lo suyo, pero la gente a su alrededor, sus profesores y sus futuros colegas la miraban ahora con el respeto que merecía, por su inteligencia y por la manera en que se partía el lomo estudiando y trabajando.

Ahora tenía una vida satisfactoria y buena, rodeada de gente que la quería, y estaba a pocos meses de alcanzar su meta y convertirse en profesional. No podía quejarse respecto a sus asuntos personales, tampoco: aunque no era una belleza, se sabía razonablemente atractiva y había tenido su buena cuota de admiradores; que ninguno de ellos le interesara, eso ya era harina de otro costal...

No tenía demasiadas esperanzas cifradas en el regreso de Lyserg, pero no podía evitar pensar que ese regreso iba a ser, sin duda alguna, la prueba de fuego para sus sentimientos. Ahí iba a saber de verdad de qué madera estaba hecha, porque en casi cuatro años no había podido sacárselo de la cabeza ni del corazón.

Sacudió la cabeza para alejar al inglés de sus pensamientos, y se levantó del futón con ánimo decidido.

Ya que no había nada mejor que hacer, podía buscar a Tamao y sacarse por fin de encima la curiosidad por la actitud extraña que la rosada mostraba desde hacía ya unos cuantos días. Dicho y hecho: la sorprendió en plena ejecución de uno de los experimentos culinarios a los que era tan aficionada desde que tomara un curso de alta cocina.

Anunció su entrada a la cocina haciendo algo de ruido, para no sorprenderla, y se sentó en uno de los banquitos altos que rodeaban el mesón la cocina, observando cómo cortaba finamente los vegetales con maestría. La pelirosada había estudiado para ser maestra de preescolar, pero no ejercía... y por los vientos que soplaban, nunca lo haría. Ser la devota esposa de Manta Oyamada seguramente ocuparía todo su tiempo.

Bueno, a romper el hielo. Algún tema inofensivo serviría para empezar...

"Oye, Tamao, sabías que esta mañana cuando Manta me prestó la laptop me topé con la mismísima Suisei? La peliteñida ha salido en la portada de Vanity Fair... parece que la gente se ha dejado engañar por su apariencia, porque tanto como actuar, no actúa..."

"Pilika, no seas tan mala." - la joven dejó el cuchillo a un lado y la miró, algo escandalizada.

"Tú como que no recuerdas sus hazañas... ahora me vas a salir con que se ha redimido."

"Quizás sea cierto, hace años que no la vemos. Puede haber cambiado. Quizás se ha convertido en una buena mujer..."

"¡Buena? Sí, claro; las ha habido peores... Salomé, Dalila, Lucrecia Borgia, Cruella de Ville..."

Consideró su objetivo logrado cuando la pelirosada dejó escapar una risita, y decidió que había llegado el momento de soltar la pregunta que le daba vueltas en la cabeza.

"Vamos, Tamao, escúpelo ya. ¿Qué te pasa?" - esperó pacientemente a que a la otra se le pasara el sobresalto, lo cual le llevó casi un minuto.

"No lo comprenderías, Pilika." - dijo en voz muy baja. La peliazul respiró hondo varias veces, tratando de no enfadarse.

"¿Porqué no lo comprendería, eh? Te recuerdo que ya no soy una muchachita, aunque no pueda usar una copa C y apenas pase del metro y medio; tampoco soy una retrasada a la que haya que tratar con algodones. Creí que éramos amigas..." - añadió, jugándose la carta de la culpa, y supo que había ganado por mano cuando la pelirosada dejó escapar un profundo suspiro y dejó caer los hombros.

"Es que... mientras más lo pienso más estúpido me parece, pero no lo puedo evitar.."

"¿Y esa estupidez es...?"

"Vas a pensar que soy una idiota."

"Pruébame. Sólo así sabrás lo que pienso. A ver... supongo que tiene que ver con Manta, aunque por lo que he visto lo sigues tratando igual que siempre. ¿Qué pasa?"

Transcurrieron al menos dos minutos antes de que Tamao abriera la boca de nuevo, y aunque Pilika no era precisamente el ser más paciente de la creación, se las arregló para fingir calma y no retorcerse mientras esperaba.

"Yo... no estoy segura de querer realmente casarme con Manta." - dijo al fin, atropelladamente. La peliazul la miró con la boca abierta.

"¿EIN? Pero si ya tienen la fecha fijada y todo! En menos de un mes ya..." - se calló de golpe al darse cuenta de que prácticamente estaba vociferando, y al notar la expresión dolida que se apoderaba de la simpática carita de la pelirosada - "Oye... disculpa, Tamao, pero yo pensé que lo querías. La gente se casa por eso..."

"¡Pero si yo lo quiero!"

"¿Y entonces?" - la miró, desconcertada.

"Siento que... que falta algo."

"¿Algo? Como qué, por ejemplo?"

"No sé, yo..." - la joven parecía terriblemente miserable de pronto, y una lucecita se encendió en la cabeza de Pilika, quien la miró ya sin conmiseración y sí con mucho de asombro e indignación.

"¡No me digas que esas novelas que lees finalmente te han carcomido el cerebro, Tamao! No lo digas, porque me van a dar ganas deretorcerte el pescuezo con mis propias manos!"

"¡Yo sabía que no ibas a comprenderme! Tú no entiendes que yo pueda querer algo más, que yo pueda desear romance y pasión en mi vida como cualquier mujer normal!" - la pelirosada jamás gritaba, y escucharla levantar la voz era tan inaudito como ver sus ojos, casi siempre serenos, echando chispas de rabia. Por un momento, Pilika agradeció a los cielos que hubiera soltado el cuchillo antes de hablar.

"Espera, espera. Cálmate, quieres? Yo no estoy diciendo que no puedas desear más... lo que estoy diciendo es que no puedes esperar sentir lo que lees en esas novelas, leñe! Tienes la mente carcomida, y por lo visto si no te consumes por 'pasiones arrolladoras y ardientes', no hay amor para ti. Es el colmo!"

"¡No es así! Lo estás haciendo parecer algofeo y no es así! Puede ser una estupidez, pero no es un pecado... y no es como si yo pudiera evitar sentirme así." - ahora Tamao estaba al borde de las lágrimas - "Ves porqué no quería decírtelo? Sabía que no me comprenderías!"

"Es que no tiene sentido, hija..."

"¿Y porqué esas cosas tienen que tener sentido? Acaso tiene sentido que tú sigas babeada por Lyserg a pesar de que hace años que no lo ves, y de que no muestra interés en ti?" - el inusual y agresivo ataque dejó a Pilika momentáneamente sin palabras, pero también afectó a quien lo había lanzado: Tamao se cubrió la boca con una mano y su rostro mostró claramente que se arrepentía a morir de lo que había dicho.

Había dado en el blanco, y la chica se sorprendió de lo mucho que le dolían esas simples palabras, que no eran más que la verdad, pura y simple.

"Tienes razón," - concedió elegantemente, después de un par de minutos de silencio - "no la quito, al menos no en eso. Pero tu situación es muy distinta: conoces a Manta desde hace mucho, y siempre han estado cerca de algún modo u otro. Eres una buena mujer, Tamao, y no sueles tomar decisiones a la ligera, sobre todo sabiendo la clase de persona que es Manta. Si no lo quieres tanto como sientes que deberías, porqué aceptaste casarte con él?"

"Yo lo quiero mucho..." - dijo la joven, con un lagrimón bajando por su mejilla.

"Pero no estás segura de querer casarte con él. ¿Porqué?"

"Pienso... pienso que debería haber más. Más de lo que te dije. Pasión, romance... yo quiero esas cosas, tengo tanto derecho a tenerlas como cualquiera."

"Entonces no te cases con Manta. Sigue esperando a que llegue el 'extraño alto, guapo y moreno que te hará vibrar', aunque tengas que esperar toda tu vida." - no pudo mantener la sorna fuera de su voz, y eso provocó que nuevos ríos de lágrimas brotaran de los ojos de la pelirosada. Suspirando, resignada, se acercó a ella y puso una mano en su hombro en un gesto que quería ser confortante - "Mira, Tamao, ya sé que mi experiencia de vida está casi en cero y por eso mis palabras pueden valer muy poco, pero me late que te estás ahogando en un vaso de agua. No sé casi nada del amor, pero sí sé que las cosas que arden algún día se apagan... el fuego no es estable, ni dura para siempre. Y el romance puede estar en las cosas que menos imaginas."

"¿Qué... qué quieres decir?"

"No sé ni lo que estoy diciendo," - se rió un poco, nerviosamente - "es sólo mi humilde opinión. Me parece que deberías olvidarte del fuego que quema, porque tú no estás hecha para el fuego... eres buena, eres dulce y eres demasiado sensible para resistir todo eso que dices querer. Y respecto al romance, me parece que deberías crearlo tú misma, día a día... si tanto quieres a Manta, porque me parece que para haber tomado la decisión de casarte algo tiene que haber."

"Eso... eso suena muy lógico, Pilika, Demasiado. Pero una cosa es pensarlo, y otra muy distinta sentirlo y hacerlo." - la joven se frotó la cara con una mano que la peliazul esperó que no estuviera llena del aroma a cebollas, para prevenir otro ataque de llanto.

"Lo sé, lo sé. Pero piénsalo, Tamao, usa tu sentido común... ya te has imaginado viviendo con él, teniendo sus hijos y todo el rollo, verdad?" - Tamao asintió, aún entre lágrimas - "Pues eso es la vida, creo yo; eso es el verdadero cariño, el querer compartir tu vida con alguien para bien o para mal. Uf," - suspiró - "al final va a resultar que soy más romántica y rosa que tú. Vamos, deja de llorar y dime que por lo menos vas a pensar en lo que te he dicho; Manta no merece menos de ti."

"Lo haré."

"¿Prometido?"

"Prometido."

"Entonces ten por seguro que cualquier decisión que tomes será la mejor. Pero trata de darle una apuradita a los engranajes que tienes en esa cabeza rosada, porque en menos de un mes te casas, y..."

"¡Pilika! Ya déjame en paz!" - se quejó, pero ya no lloraba y parecía pensativa.

No dejó en paz a la joven hasta que le hubo sacado una sonrisa con sus comentarios, y aunque cuando salió de la cocina aún sonreía - por extensión - pronto su alegría se esfumó y suspiró, harta. Siempre andaba dando consejos que no le habían pedido y metiéndose en las vidas de los demás, tratando de arreglarlas, sin pizca de mala intención y sin intervenir de un modo demasiado directo; pero no podía alcanzar a sentir el balance en la suya propia, a pesar de que le estaba yendo bien.

No iba a echarle toda la culpa de su absurda inconformidad a lo que sentía por Lyserg, por idiota que le pareciera sentirse así; pero de que tenía gran parte de culpa, la tenía. Tamao tenía razón en eso: su situación tampoco tenía sentido, y el hecho de que no soñara con noches de pasión y romance con volados, crinolinas y lentejuelas, no la hacía menos tonta que la pelirosada.

Tanto quemarse las pestañas estudiando y tanto confiar en su buen sentido común, para al fin terminar suspirando por un tipo al que probablemente tanto le daba si vivía como si moría... como cualquier muchacha tonta.

Con un mohín de disgusto, subió a su habitación.


La cena contó con los mismos participantes del desayuno; con la excepción notable de Manta, quien según Yoh había tenido que quedarse para una reunión intempestiva con uno de los socios. Mientras Yoh hablaba, Pilika observó con una sonrisa cómo Hana, que había estado inusualmente callado, abandonaba el regazo de su madre para echarse en los brazos del padre y quedarse dormido allí con toda tranquilidad, como quien apaga una luz.

Yoh terminó de comer con una sola mano, y luego acomodó al pequeño en su regazo con la ternura y delicadeza que le eran características cuando trataba con él, y que nunca dejaban de maravillar a la joven ainu.

"Lyserg me llamó hoy," - las palabras del shaman la sacaron de su contemplación del pequeño - "y según me dijo, debe estar llegando mañana en la tarde. Tengo muchas ganas de verle, no es lo mismo enterarse de su vida por los diarios."

Pilika sintió cómo de repente todas las miradas se centraban en ella. Yoh la miraba como esperando un comentario, Anna la vigilaba con ojos de halcón, y la mirada de Tamao vacilaba entre ella y su comida a medio terminar.

"¿Qué? Qué pasa? Porqué me miran todos?"

"Pensé que tendrías algo que añadir a la noticia, Pilika. Me dijo que te había mandado un correo electrónico." - dijo Yoh tranquilamente, con su sonrisa suave y calmada.

"No me dice nada, sólo que viene a cumplir con un deber aquí y que está ansioso por reencontrarse con todos."

"Oh, pues entonces yo sé un poco más que tú... parece que tiene que ver con el asunto de la mujer que mataron, porque me preguntó qué sabía al respecto, y me dijo que Marlowe era amigo de sus padres. Así que quizás viene para darle su apoyo..."

La mirada de Pilika se tropezó con la de Anna, que a las claras gritaba "te lo dije".

"Es raro. Nunca nos comentó que tuviera más conocidos aquí, aparte de nosotros." - alcanzó a comentar, aunque de pronto sentía un nudo en la garganta.

"Así es Lyserg... misterioso como él solo. No sería él si no tuviera unos cuantos esqueletos en el armario." - comentó el shaman con otra de sus sonrisas placenteras, acariciando el cabello claro y fino de su hijo - "Y nada de conocidos... deben tener una relación muy cercana, para que él se tome la molestia de viajar medio mundo sólo con la intención de darle apoyo en estos momentos."

"Pero decía que era un deber. No deben ser tan cercanos, entonces."

"Tranquila, Pilika. Seguramente nos enteraremos de qué se cuece, y será más temprano que tarde."

"Pero si yo estoy tranquilita... además, todo ese rollo no me importa demasiado." - trató de parecer despreocupada, pero por lo visto sus dotes de actriz necesitaban una pulida urgente, porque igual todas las miradas seguían clavadas en ella.

No iba a admitirlo, pero le dolía enterarse de que Lyserg nunca le había hablado de algo que, evidentemente, era muy serio para él. Era como si no la considerara lo suficientemente amiga para confiarle algo así, y la ainu de pronto se preguntaba cuántas otras miles de cosas había dejado de decirle.

Probablemente era un asesino en serie... probablemente tendría hasta hijos escondidos por allí... el cómo se las arreglaba para esconder secretos de ese calibre de la prensa sí que era un verdadero misterio, pensó Pilika con ironía, encontrando un malsano placer en torturarse con las especulaciones más exageradas que se le podían ocurrir.

"Ya hablarás con él y seguro te enteras de todo," - la voz de Yoh interrumpió sus pensamientos de nuevo - "deja los nervios, que todo va a salir bien."

No era la primera vez que la ilimitada confianza del shaman de cabellos castaños en que todo saldría bien, le sentaba muy mal a la peliazul.

"¿Nervios, yo? Qué va!" - espetó en tono de reto. Anna, que estaba sentada justo a su lado, le lanzó una mirada irónica, seguida por un manotazo muy poco delicado que devolvió la mano derecha de Pilika a su primitiva posición sobre la mesa... sólo entonces se dio cuenta de que había estado mordiéndose las uñas todo el rato. Qué vergüenza - "Está bien, ustedes ganan... estoy nerviosa porque lo volveré a ver, estoy nerviosa porque no sé qué carrizo oculta. Vamos, que estoy más asustada que una vieja montada en moto, sí. Qué quieren que haga? No lo puedo evitar."

"Mientras no estés imaginando que todo esto es un cuento de hadas en el que terminan juntos, todo irá bien." - soltó la rubia en tono de clara advertencia. Tamao hizo un ruido de gorgoritos, como si de pronto se hubiera ahogado.

"¡Pero Anna! Qué manía la tuya de pensar en mí como si tuviera diez años!" - protestó la peliazul, enrojeciendo - "Yo no soy así, lo sabes!"

"Y tú, deja de estar metiéndole cosas en la cabeza." - sus ojos oscuros se clavaron en Yoh con la intensidad que la hacía temible en sus momentos de máxima seriedad - "Lo mejor que podría pasarle sería que se olvidara de Lyserg de una vez por todas; pero ya que no se puede, al menos de momento, haz el favor de no tratar de vendérselo. No quiero que sufra, y a buen seguro tú tampoco. "

"Claro que no, Annita... pero no puedes ser tan negativa." - fue la respuesta del shaman de cabellos castaños, acentuada por su sonrisa serena - "Además, sabes que al final siempre terminas dándome la razón."

"Por mal que me cae todas las veces, desearía que esta vez tuvieras la razón, Yoh..."

"¿Acaso sabes algo que nosotros no?" - la mirada perezosa del joven de pronto se había tornado aguda y alerta.

"Nada concreto. Pero no olvido las palabras que me dijo el mismo Lyserg al respecto, y ustedes tampoco deberían..."

Pilika ciertamente no necesitaba las palabras de Anna para sentir que la aprensión la invadía, y un escalofrío le recorrió el cuerpo. El joven amable, educado y melancólico del que se había enamorado - cielos, y qué miedo le daba esa palabra; qué terror le daba pensar que eso era lo que le había ocurrido - tenía muchos secretos...

Quizá demasiados.


N.A.: Un poquillo de insight de vez en cuando no duele. Otra vez trataré de dejar claro que esta es una historia completamente distinta y la protagonista principal es Pilika, como lo anuncié al final de El ganador. La que en aquel fic era la pareja principal aparecerá y tiene una trama secundaria como en cualquier novelita, pero no será el centro del fic. Se los aviso para que no se gasten. Y nadie se ganó el chocolate virtual... Edward Mass, el nombre oficial que le he dado a Choco, era el nombre original de Char Aznable, el Cometa Rojo, mi personaje favorito de Mobile Suit Gundam 0079.

Gracias a mis queridos lectores: Val Tao Yuy (si son más largos me tardo un mes o dos, como con los otros fics xD. Paciencia), Bibialita, Vane-chan96 (considero que he mejorado algo con la práctica, aunque no lo sabrías porque no has leído mis fics más serios xD. Y respecto a Pili, lee arriba), Rama-chan, Niacriza (según mis cuentas debe de tener dos años y medio, tengo un cuasi sobrino de esa edad), Seinko (tendrás que esperar a que aparezcan las tramas secundarias; yo no suelo apresurarme porque me gusta desarrollar), Maki Tasui (esperar toca...), Viosil Uab (seh, toda una damita xD, llegué a querer mucho a la chiquita cuando escribía el Ganador, y te juro que hoy por hoy casi la escucho hablar; tiene vida propia, al menos dentro de mi cabeza. Y ya irás viendo qué ha pasado con esos personajes xD. Gomen, lo único que he escrito de ese fandom es smut SH y porque tenía que sacármelo de la cabeza... no soy fan de HP), Nakuru Tsukishiro, Anna Kyouyama, Kena Tao, EsmeLi (es divertido especular xDD. Pero no, no es la misma mujer. Y ya los verás), Danielle Molloy (tu pregunta está contestada arriba xD), Mordecay (no seas exagerada; a veces se sale, pero estoy tratando de mantener la vaina neutra o lo más vernácula posible xD), Naoki Thanatos (pues nada, espero que lo disfrutes, aunque va a ser diferente, eso te lo advierto).